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PRESENTACIÓN DE CARTAS CREDENCIALES
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Autor:  Alexander [ 29 Nov 2008 00:24 ]
Asunto: 

Breve historia y descripción del Palacio Real de Madrid.


El Palacio Real de Madrid se halla en el extremo occidental de la Villa y ocupa un amplio solar, casi cuadrado, de 140 metros de lado.

Su emplazamiento, bellísimo, es el mismo del antiguo Alcázar o Palacio de los Reyes de la Casa de Austria, destruido por un gran incendio en la noche del 24 de diciembre de 1734.

El lugar, alto y dominando el Valle del Manzanares, fue antes el asiento de una fortaleza o alcazaba árabe (de donde le vienen a sus jardines el nombre de Campo del Moro), y castellana después.

Madrid y su Palacio están íntimamente ligados, lo cual es natural, como sucede en las viejas naciones europeas. Sin embargo, Madrid no crea el Palacio, sino que, al revés, en un largo proceso histórico Madrid es la consecuencia del Palacio, es decir, de las anteriores fortalezas cuyos restos existen hoy debajo de sus cimientos.

Pero contemos la historia desde un principio. Madrid, con su estratégica situación en la meseta, viene de un río, de una empinada ladera con denso bosque y en lo alto, dominante, de una fortaleza.

El río, origen del poblado en sus orillas. El bosque, fuente de alimento en sus animales. La fortaleza, refugio seguro ante el enemigo.

Esta primera fortaleza que el madrileño del Período Neolítico ha construido de un modo rudimentario, con tosca piedra, troncos de arboles enteros y barro recocido, cinco mil años después es uno de los más bellos Palacios de Europa; es el Palacio Real de Madrid.

Sucesivamente, defensa carpetana, castro romano y fuerte visigodo, a comienzos M siglo XI es ya un castillo almenado, la Alcazaba de Magerit, que iniciada por Hixem III, Último Califa de Córdoba, terminan los Reyes Muhamad I y Al-Mamun, de Toledo.

Por ultimo, Alfonso VI, Rey de Castilla y de León al conquistar Toledo en 1085, ha de tomar primero Madrid, pues su Alcazaba era la llave del camino.

De este modo Madrid y su fortaleza, tras tres siglos y medio de dominio hispano musulmán, retornan a las manos cristianas.

Sin embargo, es el Rey islámico de Toledo quien le ha dado a Madrid su ser, pues, construida la Alcazaba, el pequeño poblado sin nombre, junto al río ha subido la ladera, ha crecido y, al amparo de sus murallas, se ha transformado en ciudad.

Magrit, Magerit, Mageritum, Madrit, Madride y Madrid son los nombres que aparecen en el Fuero Real concedido el año 1202 por Alfonso VIII de Castilla a esta pequeña villa. Es curioso ver cómo el mismo documento contiene en esta cadena de nombres la evolución desde el primer vocablo, árabe, al ultimo, castellano, que ha permanecido hasta hoy.

En el siglo XIV, la vieja Alcazaba comienza a transformarse en Residencia Real por la afición a la caza de los Reyes Trastamara, Enrique II, Juan II y Enrique IV, e inclusive de los propios Reyes Católicos, que la habitaron con frecuencia atraídos por la abundancia cinegética de los bosques madrileños y del cercano cazadero de El Pardo.

Sin embargo, si estos Reyes ampliaron paulatinamente la Alcazaba árabe, transformándola en Alcázar, fueron Carlos V y su hijo Felipe II quienes realmente hicieron de ella un Real Palacio.

En 1537, el Emperador ordena dichas obras a los arquitectos Luis de Vega y Alonso Covarrubias; obras continuadas después por Juan Bautista de Toledo, Juan de Herrera y Francisco de Mora, en la época de Felipe 11, y Juan Gómez de Mora, en la de Felipe III.

Cuando en 1561 Felipe II hace de Madrid la capital M Reino, el Alcázar queda ya como la principal Residencia Real en España.

De este modo, el viejo Alcázar, grandioso y sombrío a la vez, pasa a ser el símbolo de los Austria, y como tal muere con ellos.

En 1700 fallece sin sucesión el Rey Carlos II.

Con el se cierra la vieja estirpe de los Austrias españoles y se abre la segunda guerra europea de aquel entonces, con las dramáticas consecuencias para España, aún vigentes hoy, el expolio colonial de Gibraltar.

En la noche del 24 de diciembre de 1734, el Alcázar, todo madera y piedra, queda destruido por un voraz incendio, iniciado, al parecer, en el taller de los pintores de Cámara.

Fue tan violento el incendio que, según relatos de testigos, muebles y cuadros eran arrojados por las ventanas al no ser posible sacarlos por las puertas. Así se salvaron grandes telas de maestros, que hoy admiramos en el Museo U Prado. Todavía pueden observarse hoy, por ejemplo, los efectos del chamuscado en el retrato ecuestre U Emperador Carlos V en la Batalla de Mulberg, de Tiziano.

Desgraciadamente, cerca de 500 obras, muchas de grandes firmas, perecieron en el incendio.

El Rey Felipe V proyectó inmediatamente levantar un nuevo Palacio que aventajase en belleza a los mejores de Europa. Eligió para ello al Abate Filippo Juvara, de Mesina, en Italia, a la sazón arquitecto de la Corte de los Saboyas en Turín quien concibió un grandioso proyecto, que no pudo llevar a cabo por su temprana muerte.

Muerto Juvara en 1736, el Rey nombro sucesor a su discípulo Juan Bautista Sachetti, quien tuvo que modificar los planos de Juvara para adaptarlos al espacio disponible, que según los expresos deseos del Rey debería estar contenido en la planta del viejo Palacio destruido.

Nos da una idea de la urgencia real por esta obra el que apenas transcurridos dos años y medio desde el incendio destructor del Alcázar, el 7 de abril de 1736, era puesta ya la primera piedra del nuevo Palacio en el centro de su fachada del mediodía. Sachetti ideó un Palacio de planta rectangular, casi cuadrada, con cuatro grandes salientes en los ángulos, que asemejan fuertes torres en recuerdo de las viejas del Alcázar, y un resalte en medio de la fachada norte, donde se encuentra la Capilla; con un alzado de 28 metros de altura desde ras del suelo.

Toda la obra es de piedra.

En el exterior, las fachadas, con un armónico contraste de grises y de blancos, son de granito del Guadarrama y de piedra caliza de Colmenar.

En el interior, un gran patio central de bellas proporciones, con 39 metros de lado y nueve arcos en cada frente, forma un noble conjunto de pórticos abovedados, sobre los cuales se levanta la gran galería, encristalada, de la planta principal.

La construcción recibió un gran impulso durante el reinado de su hijo Fernando VI, en que se termino la obra exterior y bastante de la interior. A este tiempo se debe también la parte ornamental de esculturas, columnas y relieves de sus fachadas.

Por temor a nuevos incendios, la entera construcción fue realizada en piedra. La consecuencia fue que las habitaciones del palacio, todas abovedadas, exigieron tal espesor de los muros para el contrarresto y soporte de las bóvedas que este espesor alcanzo en la planta baja los cuatro metros.

La obra era de tal envergadura que la terminación de las bóvedas interiores duraron aun algunos años Sin embargo, el decidido empeño del Rey Carlos III, sucesor de su hermano Fernando VI, hizo que el primero de diciembre de 1764 pudiera ser ya habitado, por lo que la construcción del llamado en aquella época Palacio Nuevo duró veintiséis años.

Obras complementarias fueron realizadas en reinados sucesivos, que llegan hasta la Regencia de Doña María Cristina de Habsburgo-Lorena, a finales del siglo XIX.

Así, los arcos y dependencias que prolongan el cuerpo del Palacio y cierran la Plaza de la Armería por la calle de Bailén son construidos a mediados del siglo XIX, en la época de la Reina Isabel II, y los que corresponden al lado occidental de la plaza, mirando al Campo del Moro, iniciados en el Reinado de Don Alfonso XII, ven su final al término del siglo, durante la regencia de su viuda Doña María Cristina.

Por ultimo y en el interior del Palacio merece destacarse el nuevo Salón de Baile y Comedor de Gala, construido en 1879.

Hasta ese año el Salón de Columnas era el utilizado por los Reyes de España para las recepciones y banquetes, pero el fallecimiento, a principios de 1879, de Doña María de las Mercedes de Borbón, primera esposa del Rey Alfonso XII, y, específicamente, el hecho de haberse celebrado el velatorio de la Reina, precisamente en ese Salón, lo inhabilitó en el futuro para estos menesteres.

En consecuencia, el Rey Don Alfonso, al contraer nuevas nupcias con la Archiduquesa Doña María Cristina de Habsburgo-Lorena, a finales del mismo año ordenó la rápida construcción de un Salón de parecidas dimensiones en otro lugar del Palacio.

Por razones del alojamiento de la Familia Real fue escogida el ala occidental para estas obras, llevadas a cabo por el Arquitecto Don Antonio González Velázquez, con singular rapidez por el límite de tiempo del nuevo matrimonio real.

Con especial habilidad y delicadeza fueron unidas, por medio de amplios arcos abiertos, tres habitaciones (las denominadas Antecámara, Cámara y pieza de Comer, y Besamanos de la Reina María Amalia de Sajonia, esposa de Carlos III), de tal modo que conservando sus bóvedas con frescos de Rafael Mengs, Antonio González Velázquez y Francisco Bayeu, se obtuvo un único ambiente de notables y armoniosas proporciones, donde, por ejemplo, puede instalarse la gran mesa de gala que sienta 140 comensales.

Y aquí termina el relato de este asombroso edificio, heredero de los que le precedieron en la Historia. De un Palacio que constituye quizá uno de los mas hermosos conjuntos arquitectónicos de Europa, pues a la singular belleza de su emplazamiento y estructura se añaden, en admirable armonía, la riqueza, la variedad y el arte de su contenido.

Autor:  Alexander [ 29 Nov 2008 00:25 ]
Asunto: 

Historia de los carruajes usados en la ceremonia de presentación de las Cartas Credenciales.

Al decir de los expertos llama la atención la acción por los carruajes de los Monarcas españoles. Afición que transciende de su Corte a los grandes señores y altas autoridades del Reino, en España y en América.

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Al término del siglo XV el carruaje español, de estructura rudimentaria y escasas comodidades, es «modernizado» por los Príncipes Don Felipe «El Hermoso» y Doña Margarita, hijos del Emperador Maximiliano, pues al contraer, respectivamente, matrimonio con la Princesa y luego Reina de Castilla Doña Juana y el Príncipe Don Juan, hijos de los Reyes Católicos, introducen en España los nuevos modelos borgoñones mas avanzados, es decir, mas confortables, ligeros y eficaces.

Según los estudiosos este puede ser el origen de la mencionada preferencia que, desde los inicios del siglo XVI, sitúa a España en la cabeza de los países europeos en el uso de este medio de transporte.

Sin embargo, y aparte de este origen, que explica la modernización del primitivo vehículo español, quizá la verdadera razón de la afición hispana por el carruaje este en las grandes dimensiones del Imperio español, en Europa y en América, que obligaba a sus Autoridades a cubrir con frecuencia largas distancias en el cumplimiento de sus funciones, para lo cual el nuevo modelo introducido por los Príncipes Flamencos era un medio más adecuado que la vieja carreta castellana o aragonesa, heredera de los carromatos medievales, o el lomo de la mula o del caballo.

El hecho es que cuando las restantes Cortes europeas usan de] carruaje solamente en las grandes ocasiones, en el naciente Imperio español su numero es tal que ya aparecen, en España y en las Indias, lo que podríamos considerar hoy como nacientes problemas de tráfico. De tal modo que en la segunda mitad del siglo XVI, Carlos V y su hijo Felipe II dictan ya diversas pragmáticas para regular y limitar su uso.

De ahí que las Reales Caballerizas de la Monarquía española, ya desde el siglo XVI, fueran de las más importantes de Europa.

Su esplendor al término del siglo aumenta en los dos siguientes de tal modo que en las postrimerías del siglo XVIII, durante el reinado de Carlos IV, existían en las Reales Caballerizas 179 carruajes de construcción española o importados de Francia y de Italia. Importación que cambia de signo en el siglo XIX al ponerse de moda el carruaje ingles y el austríaco.

A comienzos del siglo XX las Reales Caballerizas poseían un total de 151 vehículos, en los que estaban representados prácticamente todos los modelos existentes en el resto de Europa. De éstos, la mayoría eran de manufactura española, pues la citada afición de la sociedad hispana, a ambos lados del Océano por estos vehículos, favoreció el desarrollo de un importante artesanado especializado, de elevada calidad técnica y artística.

De este modo, en el ultimo tercio del siglo XVIII y en los inicios del siglo XIX, al tiempo que se importan modelos franceses, ingleses, italianos y austríacos ya se exportan al resto de Europa modelos españoles.

Paralelo al de los carruajes, el desarrollo M artesanado creador de sus guarniciones es aun mas importante. Aquí, la vieja tradición española del trabajo de la piel, el cuero y la plata, resultado en lo que a los carruajes respecta, de su secular cultura M caballo, da lugar a un producto de tan elevada calidad que los jaeces y guarniciones españoles no tuvieron igual en Europa.

Volvamos ahora al relato.

Por la insuficiencia de las viejas edificaciones, situadas en e lugar ocupado hoy por la Plaza de la Armería para el cuidado de carruajes y guarniciones, el Rey Felipe II encarga al Arquitecto Gaspar de Vega, en 1557, la construcción de unas nuevas Caballerizas Reales en el lado opuesto del Alcázar, es decir, donde se encuentran actualmente los llamados Jardines de Sabatini.

El gran incendio de 1734 no destruyo este edificio por su construcción de piedra. Si lo hizo, en cambio, con la mayoría de los carruajes de madera y con sus guarniciones.

Así, en la segunda mitad del siglo XVIII, el Rey Carlos III encarga en el mismo lugar un nuevo edificio de mayores dimensiones al arquitecto Francisco de Sabatini, edificio demolido en 1932 y cuyo lugar es ocupado hoy por los jardines que, como recuerdo, llevan su nombre. Entonces, la colección de carruajes quedo desperdigada, sufriendo grandes perdidas y daños.

Hoy, gracias a la admirable y paciente labor de recuperación y restauración llevada a cabo por el Patrimonio Nacional, así como a la construcción del excelente y funciona¡ Museo de Carruajes en los Jardines del Campo del Moro, obra del Arquitecto, Académico y ex Gerente del Patrimonio Nacional Don Ramón Andrada, existe en España una de las mejores colecciones del mundo de este histórico medio de transporte.

En la actualidad esta colección esta formada por las siguientes piezas:

La litera del Emperador Carlos V.
63 carruajes de diversos tipos y épocas.
6 sillas de manos.
7 tiros de guarniciones de 6 y 8 caballos.
38 sillas de montar de variadas clases.

Entre los carruajes más notables merecen destacarse los siguientes:

La «Carroza Negra», carruaje extraordinario, de constructor anónimo, y el más antiguo de la colección fabricado en madera de haya, hacia el ario 1660, durante el reinado de Felipe IV. Aunque en su época el color negro era el usual para estos vehículos de alto rango (hoy, por ejemplo, los automóviles de gran representación o como dicen en los EE.UU. de América, las «limo» o «limousines» son siempre de color negro), esta carroza asumió su carácter y nombre funerarios al ser usada como coche de respeto en 1885, en el entierro del Rey Alfonso XII.

La «Berlina Dorada», construida hacia 1720; la «Berlina de Gala», llamada «Coche de Concha», obra del famoso Carrocero francés Maurice Gautier en el último tercio del siglo XVIII, regalada a Carlos IV por Don Manuel Godoy, Príncipe de la Paz; el «Coche de Cifras», otra Berlina de Gala del mismo carrocero y regalo del Rey Carlos IV a su, esposa Doña María Luisa de Borbón-Napoles, cuyo anagrama adorna sus puertas.

Sin embargo, el coche mas importante de la colección es la «Berlina de Gala de la Corona Real», construida en Madrid por el Maestro Carrocero Julián González en 1832, verdadera joya barroca, de asombrosa belleza en sus sedas, maderas y bronces, usada, como indica su nombre, en las máximas ocasiones Reales.

Y llegamos a las carrozas usadas por los Señores Embajadores en la Ceremonia de Presentación de sus Cartas Credenciales a S. M. el Rey.

Son dos juegos iguales, de dos «Berlinas de Gala» y dos «Berlinas Coupé», construidas en 1875 en París por el Maestro Carrocero austríaco Joseph Ehrler, encargadas a propósito para este tipo de ceremonias por el Montero Mayor del Rey Alfonso XII.

De gran belleza, «la Berlina de Gala» era, y es todavía hoy, usada por el Embajador, y «la Berlina Coupé», también llamada «Coche de París», por los miembros de su Embajada.

Aunque fueron también utilizadas para otras ceremonias, sin embargo, y desde un principio, su misión fue el transporte hasta el Palacio Real de los Embajadores acreditados ante el Rey de España.

Esta específica misión, de más de un siglo de antigüedad, y el hecho de ser un doble juego, aparte de su belleza, las hace realmente únicas entre las de su género existentes en las viejas Monarquías europeas.

Al termino de este relato hablemos por último de los caballos de tiro de estas carrozas.

Hoy, el caballo, desgraciadamente, es casi una pieza de museo. Ha perdido su histórica misión, de tiro y de transporte, quedando relegado a la corta parcela del deporte, por lo que su crianza, fuera de este campo, prácticamente ha desaparecido.

Ello ha planteado el grave problema de la obtención de los caballos de tiro de estas carrozas, que, además, por no poseer frenos, es decir, frena el propio tiro equino soportando el peso del carruaje, exige un muy especial y educado tipo de caballo.

En la actualidad, para estas carrozas y cualesquiera otras que fueran necesarias, existen en las Reales Caballerizas 23 medio percherones: 4 cartujanos españoles y 19 hannoverianos.

Su formación es laboriosa, pues primero llegan a Madrid con una básica educación luego, durante un período que oscila entre uno y dos meses, según los casos, son sometidos a una intensiva especialización con estos carruajes, que realiza el Arma de Caballería de la Guardia Real.

He de decir, por ultimo, que en mi ya larga experiencia de diez años de estas ceremonias he visto, como nadie, la asombrosa educación de estos nobles animales, por lo que deseo terminar este relato rindiendo un tributo de admiración a los jefes, oficiales, suboficiales y tropa del Arma de Caballería de la Guardia Real, responsables de los mismos, así como a la Dirección y Funcionarios del Patrimonio Nacional por su magnífica labor.

Autor:  Alexander [ 29 Nov 2008 00:27 ]
Asunto: 

Historia del Palacio de Santa Cruz

«La cárcel de Madrid es un edificio tan bonito qué parece mas apropiado para ser el palacio de un príncipe que una cárcel para criminales, y vivir en ella tendría que ser mas bien un placer que una pena, si no fuese por el sufrimiento de estar encerrado. »
ROBERT BARGRAVE, 1654.

«La cárcel de aquí es la mas elegante que jamás he visto: fue construida Como palacio para un príncipe; el Cardenal-Infante, creo, hermano de Felipe IV, le dio este otro fin de Cárcel del Estado. »
WILLIAM BROMLEY, 1702.

En el siglo XVI, Madrid, a diferencia de Valladolid y Sevilla, en el Reino de Castilla y de Barcelona y Zaragoza, en el de Aragón, carecía de una cárcel digna de la ciudad que seria capital de un Imperio.

Hasta el año 1.541 los Alcaldes de la Villa habrían recurrido al sistema de requisa de inmuebles, llamado en aquel entonces «régimen de requisa temporal», por el que, durante un cierto tiempo, se dedicaba a estos menesteres el edificio requisado.

Naturalmente, el sistema provoco quejas y protestas de los vecinos perjudicados por el mismo, hasta que, finalmente en el año 1540, se agruparon 106 para solicitar del Concejo la construcción de una Cárcel de Estado a expensas de la Villa.

Aprobada la propuesta, en 1541 el Concejo adquirió las casas colindantes de Alonso López su mujer, Ana de Morales, y su cuñada Constanza de Morales, que daban a la Plaza de Santa Cruz. Tras unas rápidas obras de acondicionamiento, en 1543 quedaba terminada la primera Cárcel de la Villa de Madrid.

La Plaza de Santa Cruz recibió su nombre de la vecina iglesia. Esta, que primitivamente era una simple ermita de labradores, al parecer fundada el año 711, a mediados del siglo XIII es ya una iglesia mozárabe que, con la denominación De La Santa Cruz, presta auxilios espirituales a los presos del Rey, recluidos en las casas «requisadas» al efecto, que desde la Reconquista de la ciudad eran elegidas por la autoridad municipal, dentro siempre de este barrio.

La vinculación de la iglesia con la cárcel existió desde entonces, creándose en su seno, en el siglo XVI, la Cofradía de la Caridad y de la Paz para acompañar y auxiliar, en sus últimos momentos, a los condenados a la pena capital.

En 1621, cuando Madrid es ya la Capital del Reino, la primitiva prisión construida a instancias de los madrileños resulta inadecuada, y encontrándose en estado ruinoso es derribada.

El Concejo, por razones de economía, repite el mismo procedimiento, de tal modo que, en 1629, la llamada Cárcel Vieja ocupaba dos caserones en la vecina calle de El Salvador, conocidos por los nombres de sus antiguos propietarios, los licenciados Rebellón y Salcedo.

En los primeros anos U reinado de Felipe IV, la Cárcel Vieja contenía difícilmente la multitud de presos de diversa índole que ingresaban en la misma. Asimismo, albergaba en sus salas un Alto Tribunal de origen medieval: los Alcaldes de Casa y Corte, que untan a sus funciones judiciales el gobierno de la ciudad.

En especial, el edificio no era apto para la custodia de los presos, imposible de garantizar, pues sus viejos portones, postigos y rejas cedían con frecuencia a las tentativas de evasión sus condiciones higiénicas, además, no eran menos deficientes sus locales, por ultimo, eran inadecuados para el servicio del mencionado Tribunal, en cuyas salas celebraba audiencia, y de sus numerosos colaboradores, servidores de la Justicia.

En consecuencia, ya en los inicios del reinado, los Alcaldes, atendiendo el prestigio judicial y las necesarias garantías en la custodia y salud de los presos, patrocinaron el proyecto de construir «ex novo» una Cárcel de Corte adecuada para estos fines.

El plan de los Alcaldes, que se reflejó en los diversos proyectos, estaba inspirado en los principios humanitarios enunciados por los eminentes penalistas españoles de la época, Cristóbal Chaves, Cerdán de Tallada y Bernardino de Sandoval.

Deseaban los Alcaldes compaginar la seguridad de los encarcelados con el respeto debido a la persona humana; que llegase el aire, la luz y la limpieza al mundo desgraciado que expiaba crímenes y delitos, y que la Justicia estuviera digna y eficazmente acomodada.

Sin embargo, la realización de este ambicioso proyecto exigía la inversión de cuantiosas sumas.

La colaboración del Consejo de Castilla, ordenada por el Rey Felipe IV, resultó insuficiente. Fue el pueblo de Madrid quien, por medio de una sisa en el consumo de vino, establecida por un Auto de la Sala de Alcaldes, de 17 de junio de 1630, lo hizo posible.

En 1627, los Alcaldes formalizaban la adquisición de los terrenos y anejas edificaciones, que fueron derribadas, para formar el solar donde habría de levantarse el edificio.

El 14 de septiembre de 1629, en solemne ceremonia presidida por el Cardenal Obispo de Málaga, D. Gabriel de Trejo, Presidente del Consejo de Castilla, es colocada la primera piedra. Junto a ella, en una arqueta de plomo, quedaban depositadas diversas monedas del reinado de Felipe IV y un pergamino que decía así:

«La Magd del Rey Don Phelipe nuestro Señor Quarto de este nombre, Rey de las Españas y de las Indias, mandó hacer este edificio para Cárcel Rreal de su Corte octavo año de su Reynado y 1629 del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo siendo Sumo pontífice Urbano VIII y Presidente de Castilla el Iltmo. y Rmo. Sr. Cardenal de Trejo Obispo de Málaga que se hallo personalmente a ber poner esta primera piedra a 14 de Sete del año rreferido y sean patronos destas obras la Sacratísima madre de Dios y el arcangel San Miguel y Santiago patrón de las Españas.»

Hoy, bajo la torre vecina de la iglesia de la Santa Cruz, torre que se llamo en su día «de los calabozos», permanece la arqueta con su pequeño «tesoro» y el mencionado pergamino.

Las obras finalizaron en 1636.

Quizá por los incendios del Real Alcázar, en 1734, y de la Cárcel de Corte, en 1791, y consiguiente destrucción de documentos, existen lagunas en la historia de su construcción.

En los siglos XVIII y XIX la paternidad es atribuida al arquitecto, de origen romano, Juan Bautista Crescenci, llegado a la Corte en 1617, y que por sus excelentes recomendaciones (dos Cardenales de la Curia romana), alta profesionalidad y atrayentes dotes personales pronto alcanzó el favor real.

Ya en nuestro siglo esta paternidad es discutida, pues el propio carácter de la Cárcel de Corte parece desmentirla, al constituir uno de los más claros ejemplos del estilo denominado de los Austrias, nacido en El Escorial, e inspirador de nuestra edilicia pública del siglo XVII.

Historiadores y críticos de arte barajan los nombres de los dos principales arquitectos de los reinados de Felipe III y Felipe IV, representantes de este estilo, Alonso de Carbonell y, su máximo exponente, Juan Gómez de Mora.

La existencia de planos de la Cárcel de Corte con la firma de este genial arquitecto, el manuscrito encontrado y publicado por el Conde de Altea, en el que Gómez de Mora informa a los Alcaldes de las obras, y el documentado estudio de la Profesora Virginia Tovar sobre su proceso constructivo no dejan lugar a dudas sobre la autoría del edificio.

Pero es que, además, y como acertadamente señala la Profesora Tovar, «el propio lenguaje del edificio habla en favor de esta tesis con tanta evidencia y precisión como el más elocuente documento escrito».

"Juan Gómez de Mora, "maestro mayor" de las obras de Felipe III y Felipe IV; trazador de] Palacio de la Zarzuela y de la Casa de la Villa; aposentador, mayordomo e, incluso, "Valido" del Rey, como en algunas ocasiones se le llama; arquitecto por excelencia de la Corte en el siglo XVII, y máximo exponente de su estilo», en palabras de la Profesora Tovar, es Indiscutiblemente el autor de este grandioso palacio.

Pero volvamos a nuestro relato. En 1636 se instalaron. los Alcaldes de Casa y Corte, y en 1638 se efectuó el traslado de los presos, hasta entonces recluidos en las vecinas casas de Rebellón y de Salcedo.

El proyecto de los Alcaldes, inspirador del edificio,* llevaba aparejada la introducción de importantes innovaciones, según las nuevas teorías penalistas, ya mencionadas en el presente trabajo. El sistema de clasificación de los presos, según su sexo, tipo de pena y peligrosidad; el de su ubicación en locales adecuados, con buena luz y ventilación; la construcción de un patio, a espaldas de la cárcel llamado «de ejercicio», para el paseo de los reclusos en determinadas horas, y el principio de la «inspección universal», con vigías que en elevados lugares contemplaban los diversos sectores del edificio, hicieron de ella una cárcel modelo para su época.

Por otra parte, los jueces y sus colaboradores dispusieron para sus audiencias y servicios burocráticos; de espaciosas naves y locales.

Como detalle anecdótico, hasta el verdugo del Rey obtuvo una vivienda digna, de acuerdo con la importancia de su oficio. Vivienda situada a la espalda, junto a la iglesia de Santa Cruz, por lo que el callejón que limitaba la trasera de la cárcel denominado «de la Audiencia», fue bautizado por el pueblo madrileño «del Verdugo». Actualmente, este callejón forma el patio interior que separa el edificio viejo del nuevo, del Palacio de Santa Cruz.

Sin embargo, la historia vuelve a repetirse, pues con el paso del tiempo reaparece el viejo problema de la falta de espacio en el mismo edificio para alojar a la Administración de Justicia y la custodia de los presos.

De tal modo que en 1786, reinando Carlos III y tras la expulsión de los Jesuitas en cumplimiento de la Pragmática Sanción, la Sala de Alcaldes de Villa y Corte negocia la permuta del Oratorio y Convento de la Congregación de Sacerdotes Misioneros U Salvador U Mundo (Orden fundada en 1644 y denominada vulgarmente de Misioneros del Salvador), construidos por esta congregación en 1658, a espaldas de la Cárcel de Corte y haciendo esquina con las calles de Concepción Jerónima y la que, por esta causa y desde entonces, se llamó de El Salvador; por el gran convento desalojado por los Jesuitas, llamado del Noviciado, en la calle de San Bernardo.

El Rey autoriza la permuta y los Alcaldes toman posesión del edificio. Las obras de transformación del convento en cárcel, encargadas a los Arquitectos Mateo Guill y Bautista Sánchez, se realizan rápidamente

En plenas obras de adaptación, el 4 de octubre de 1791, un voraz Incendio surge en la Cárcel de Corte. Juan de Villanueva, Arquitecto Mayor del Reino, dirige personalmente los trabajos de extinción. Durante cinco días arde el palacio, quedando destruida casi en su totalidad su planta superior. Con ella desaparece gran parte de su archivo histórico y judicial.

La reconstrucción del edificio, cuya fachada había quedado incólume, se llevo a cabo según el proyecto de Juan de Villanueva, que, respetando escrupulosamente su estilo, efectuó importantes mejoras, como el reforzamiento en bóvedas y cubiertas, la ampliación de la escalera noble y la apertura de escaleras de servicio.

En los primeros meses de 1792 finalizan las obras de adaptación en cárcel del anterior Convento de El Salvador, y el 22 de mayo son trasladados y recluidos 180 presos de ambos sexos.

En agosto de 1793, reconstruido el edificio y trasladados los reclusos, la hasta entonces llamada Cárcel de Corte pasó a ser el Palacio de Justicia, bajo la denominación de «Palacio de la Audiencia».

El caserón de El Salvador, anexo al Palacio de la Audiencia, hoy Palacio de Santa Cruz, sirve de cárcel hasta el año 1846, en que, amenazando ruina, es definitivamente clausurado. Los presos son trasladados a otros locales provisionales y el edificio es subastado, por el Ayuntamiento, a Don Antonio Fernández Casariego, que acto seguido, según nos relata el Conde de Altea, anuncia su propósito de derribar el edificio y de alzar en su solar «casas modernas».

Estas «casas modernas» serían expropiadas por el Estado en 1941 para la edificación de la parte nueva de] Palacio de Santa Cruz.

En este histórico barrio madrileño, la vecina iglesia de la Santa Cruz, en 1872, amenazando ruina, es derribada y reconstruida en el año de 1902. Su Arquitecto es Don Francisco de Cubas, autor de la vieja Almudena.

A los viejos y ceremoniosos Alcaldes de Casa y Corte han sucedido modernos jueces y magistrados. Así, hasta el año 1885 la Audiencia y los Juzgados de Madrid se encuentran en este Palacio.

En esta fecha acoge al Ministerio de Ultramar, y los bustos de Cristóbal Colon y de Juan Sebastián Elcano presiden los dos patios o claustros interiores.

De este modo, los viejos nombres de los patios, «de la Audiencia» y «de los Calabozos», pasan a adoptar los nobles de Colon y de Elcano, que han perdurado hasta hoy.

Cuando en 1898 el Reino de «las Españas y las Indias» queda dimensionado a su núcleo esencial, el Palacio de Santa Cruz queda vacante.

Finalizando 1900, a propuesta del Ministro del Departamento, Don Ventura García-Sancho, Marqués de Aguilar de Campoó, el Consejo de Ministros aprueba la instalación en Santa Cruz del Ministerio de Estado, que desde la época de los Austria y como Primera Secretaría de este nombre, habría ocupado dependencias, primero, en el Regio Alcázar y, luego, en el Palacio Real.

En diciembre se ultiman los trabajos de instalación, y el 1º de enero de 1901 los servicios del Ministerio de Estado funcionan ya en el Palacio de Santa Cruz.

En su fachada existen dos inscripciones, que dicen:

"Reynando la Magestad Catolica de Phelipe III
Se construyo Este Edificio An de MDCXXXVI"

«Reynando la Magestad Catolica de D. Alfonso XIII
Bajo la Regencia de Su Augusta Madre
Se traslado a este Edificio el Ministerio de Estado Año de MCMI"

En 1930, Don Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó, Duque de Alba, es Ministro de Estado.

Durante su breve paso por el Palacio de Santa Cruz embellece y moderniza sus instalaciones. Suya es la idea de cubrir ambos patios con una estructura metálica encristalada, esencial para la habitabilidad invernal de este palacio. Obra que vera su fin en 1932, siendo titular del Departamento Don Luis de Zulueta y Escolano.

El 30 de enero de 1938 el Ministerio de Estado pasa a denominarse de Asuntos Exteriores.

Ya en los años treinta sus servicios rebasan el Palacio de Santa Cruz y se diseminan en edificios próximos, alquilados al efecto. Nada mas lógico, por consiguiente, que ampliar el viejo caserón. Así, la Administración en el siglo XX repite su experiencia del siglo XVIII: el aprovechamiento e incorporación de los espacios colindantes.

Las gestiones preliminares se inician en 1935. En 1941, tras la expropiación y derribo de las «casas modernas», construidas en 1850 por Antonio Fernández Casariego en el solar de la antigua cárcel de El Salvador, se inicia la realización del proyecto.

El Arquitecto Don Pedro Muguruza traza los planos de una fábrica semejante al viejo Palacio, siguiendo con cuidado el mismo estilo, en rosado ladrillo y granito del Guadarrama. Dos torres más cuadran en un armónico rectángulo su planta y alzado. El antiguo callejón de la Audiencia, llamado por el Madrid castizo del siglo XVIII «del Verdugo», se transforma en un patio interior que separa el viejo del nuevo edificio, comunicados entre si por un pasadizo aéreo, que, por su parecido con el veneciano de conocida memoria, es llamado por los diplomáticos «Puente de los Suspiros».

Por ultimo, siendo Ministro de Asuntos Exteriores Don Alberto Martín Artajo, en el año 1950 finalizan las obras y queda este viejo Palacio tal y como hoy lo conocemos.

Cárcel de Corte, Palacio de la Audiencia, Ministerio de Ultramar, Ministerio de Estado, Ministerio de Asuntos Exteriores y, actualmente, Palacio de Santa Cruz fueron los nombres sucesivos de este Palacio.

Pero cuándo y por qué adoptó esta ultima y bella denominación.

La razón parecía evidente. Su colindancia con la iglesia de la Santa Cruz, vinculada desde un principio a su propia historia, y con la plaza del mismo nombre.

El autor de estas líneas sólo sabía de su aproximada aparición en el inicio de los años cuarenta, pero, a pesar de su empeño no consiguió averiguar mas detalles al respecto, por lo que abandonó el problema.

Ya en prensa este trabajo, en una casual conversación en el mismo Palacio, el Embajador Don Alfonso de la Serna desveló el misterio.

Esta es la historia.

Corría el año de 1939. La Segunda Guerra Mundial había estallado. En la cotidiana Información de nuestra Prensa eran frecuentes los nombres de «la Wilhemstrasse», «el Quai d'Orsay», «Palazzo Chigi», «Downing Street», "La Casa Blanca», etc., nombres todos de prestigiosos edificios públicos que eran noticia.

Como nuestro Ministerio de Asuntos Exteriores, a pesar de su belleza y dilatada historia, no lo tenía, una fría mañana de diciembre del citado año, en la cotidiana reunión de redacción del vespertino Informaciones, su Director Don Víctor de la Serna y Espina, tras la discusión de varios, propuso el nombre de Palacio de Santa Cruz para definirlo en el titular de una noticia. Esgrimió como argumento el de la plaza de este nombre.

Sin embargo, el edificio no miraba a esta plaza, sino a la Plaza de la Provincia. Lo que motivó la decidida oposición de un conocido redactor y escritor madrileñista del periódico, y la cuestión quedó aparcada.

Pero al redactor de internacional, presente en la reunión, le había gustado y, sin consultar a nadie, aquella misma tarde lanzo el titular: «HOY EN EL PALACIO DE SANTA CRUZ ... »

Continuó este vespertino, siguieron los demás diarios de la capital y luego los de las restantes ciudades españolas.

Hoy ya es un nombre universalmente establecido.

Esta historia es relatada por el propio Víctor de la Serna y Espina, bajo el seudónimo de «Diego Plata», en un artículo aparecido en el diario ABC del 22 de febrero de 1958, bajo el titulo «Pequeña historia de un gran nombre».

Autor:  Alexander [ 29 Nov 2008 00:29 ]
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Historia del Palacio de Viana

Doña Beatriz Galindo, «La Latina», Dama de la Reina Isabel al enviudar en 1501 del madrileño, Don Francisco Ramírez de Madrid, apodado «el Artillero» por su especialidad en las armas, y Secretario del Rey Católico, tras instituir un mayorazgo en su hijo Nuflo, dedicó el resto de su vida a las obras religiosas y de caridad.

En la primera década del siglo XVI funda el Monasterio de la Concepción Jerónima, próximo a la calle hoy de este nombre, y edifica, junto al citado monasterio, una casa señorial que, con el tiempo y sus transformaciones, es conocida por el nombre de Palacio de Viana.

Esta casa, de una planta, constaba de dos edificaciones escalonadas con sendos patios intermedios. Su fachada daba sobre el espacio urbano encuadrado por el monasterio,, espacio que por esta razón se llamó Plazuela de las Monjas, y que actualmente lleva el nombre de calle del Duque de Rivas.

La fachada, en su derecha, poseía una torre fuerte situada en el ángulo limitado hoy por las calles de Concepción Jerónima y Duque de Rivas. El resto de la misma, sobre la Plazuela de las Monjas, era de estilo plateresco, con un gran portón rematado en amplio escudo con las armas de los Ramírez y de los Galindo. El aspecto, según relata Don Ramón Mesonero Romanos en su obra El antiguo Madrid era el de un palacio-fortaleza del Renacimiento español

«La Latina» vistió el hábito de la orden de la Concepción Jerónima, en el monasterio que había fundado, donde vivió hasta su muerte en el año 1534. Recibió sepultura en el coro alto de la iglesia, en uno de los dos cenotafios renacentistas con estatuas yacentes, destinados a los fundadores.

Como los restos de su esposo, «el Artillero», fallecido en 1501, en la campaña contra la primera insurrección de los moriscos granadinos, nunca fueron hallados, con posterioridad al fallecimiento de «La Latina», las monjas retiraron el vacío mausoleo destinado a Don Francisco.

Tras el derribo y venta, por la orden, del viejo monasterio que amenazaba ruina, a mediados del siglo XIX, y de su sucesor construido en el barrio de Salamanca, en la confluencia de las calles de Lista y Velázquez, un siglo después, el mausoleo «viajero» con los restos de Doña Beatriz Galindo, constructora original del Palacio de Viana, se encuentra en la actualidad en la iglesia del convento que la orden de la Concepción Jerónima ha construido recientemente en El Goloso, cerca de Madrid.

A mediados del siglo XVII la Casa-Palacio de los Ramírez de Madrid, que con el tiempo y los entronques de familia pasaron a denominarse Ramírez de Saavedra, pertenecía por sucesión a la Condesa del Castellar, que le añadió una edificación mas, cerrando el cuadrilátero como muestra el célebre plano de Madrid trazado por el cosmógrafo portugués Don Pedro Texeira Albernas, en el año de 1656.

A finales del siglo XVIII la Casa-Palacio sufre nuevas transformaciones, pues, entre otras, la fachada renacentista asume un aire neoclásico; pero es en el siglo XIX cuando la casona de los Ramírez de Saavedra pasara a tener su actual aspecto.

También por sucesión llega a manos del célebre poeta romántico Don Angel María de Saavedra y Ramírez de Baquedano, Duque de Rivas. Este fino aristócrata político, humanista y diplomático, pues fue Embajador en Nápoles y, en especial, gran poeta del movimiento romántico español, se enamora de este viejo caserón, de¡ que hace su morada en la capital del Reino.

En 1843, el Duque de Rivas encargó al Arquitecto Don Francisco Javier Mariátegui, autor de la vieja Universidad de San Bernardo, la reforma del edificio.

De¡ gran proyecto de Mariátegui, cuyos planos se conservan en el Archivo de la Villa de Madrid, sólo se ejecutó una parte. La actual fachada corresponde a la realizada entonces.

Se añadió* una segunda planta, elevando el cuerpo principal a la altura de la primitiva torre de¡ palacio, que fue demolida, pero no se llego a reformar toda la fachada, pues Mariátegui conservo muchos elementos de la anterior del siglo XVIII.

Terminadas las obras, que coincidieron con el derribo del colindante Monasterio de la Concepción Jerónima y posterior venta del solar, el Duque de Rivas amplio el primitivo jardín, adquiriendo la limítrofe huerta del convento que convirtió en amplio parque arbolado, de corte romántico.

El Duque de Rivas habitó el palacio hasta su muerte, acaecida en 1865. Heredado por su hijo mayor, en 1880 el nuevo Duque transmite la propiedad del inmueble a su hermano menor Don Teobaldo de Saavedra y Cueto, primer Marqués de Viana.

Su hijo y heredero, Don Fausto de Saavedra y Collado, Marques de Viana, realiza en 1920 una nueva reforma a cargo de Arquitecto Don Valentín Roca, consistente en la ampliación de las dependencias de la parte posterior del palacio y en la remodelación del jardín interior, conservando su bello estilo romántico.

De este modo, el palacio, que fue uno de los centros aristocrático-políticos del Madrid de Alfonso XII, la Reina Regente y Alfonso XIII, pasa a denominarse «de Viana», por ser la residencia de los marqueses de ese nombre, mientras que la vieja «Plazuela de las Monjas» a su vez, y para perpetuar la memoria del Duque de Rivas, que vivió y murió en este palacio, por sabia decisión del Ayuntamiento de Madrid, adoptó su actual nombre de calle del Duque de Rivas.

En el año de 1939 el Ministerio de Asuntos Exteriores arrienda el palacio, que pasa a constituir la vivienda oficial del Ministro del Departamento.

Desempeñando esta Cartera Don Alberto Martín Artajo y siendo Introductor de Embajadores Don Luis Alvarez de Estrada, Barón de las Torres, el 25 de abril de 1955, el palacio fue adquirido por el Estado a sus propietarios los Marqueses de Viana.

Por ultimo, en los años sesenta realiza su restauración y actual decoración el siguiente Ministro de Asuntos Exteriores, Don Fernando María Castiella, asesorado por su buen amigo y distinguido experto en arte Don Carlos de Beistegui, siendo el Arquitecto remodelador Don Luis Martínez Feduchy.

De este modo, la Casa-Palacio erigida en los inicios del siglo XVI por Doña Beatriz Galindo, «La Latina», como solar del mayorazgo de los Ramírez de Madrid, paso a ser, cuatro siglos mas tarde, uno de los mas bellos palacios existentes en la Capital y lugar de residencia y representación de los Ministros de Asuntos Exteriores de España.

Autor:  sabbatical [ 29 Nov 2008 18:02 ]
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¿Podría alguien poner aquí TODAS las carrozas que tiene Patrimonio...??
Me encantaría, gracias (happy)

Autor:  alitojrm [ 29 Nov 2008 18:05 ]
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Sabba:

http://dinastias.forogratis.es/foro/co ... html#37009

Autor:  sabbatical [ 29 Nov 2008 18:10 ]
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Ya, pero pensaba que alguien tendría a mano las españolas sólo (wink)

Autor:  Halcón [ 29 Nov 2008 22:33 ]
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Como siempre, Milady, tus deseos son órdenes.
[img]http://img249.imageshack.us/img249/2192/berlinadeamarantoec9.jpg

Autor:  Halcón [ 29 Nov 2008 22:35 ]
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Sabba. espero que ahora si.
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Autor:  Halcón [ 29 Nov 2008 22:36 ]
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La número uno:
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Autor:  Halcón [ 29 Nov 2008 22:39 ]
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La número dos, de cortesía real.
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Autor:  Halcón [ 29 Nov 2008 22:41 ]
Asunto: 

Mas de P.N.
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