Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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NotaPublicado: 05 Oct 2008 18:05 
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Maria Teresa de Francia, Madame Royale
Retratada en 1827 por Caminade.

Museo del Louvre
Paris


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NotaPublicado: 02 Dic 2008 21:18 
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Madame Royale, duchesse d'Angoulême (1778-1851). Fille de Louis XVI et de Marie-Antoinette. Elle épousa son cousin Louis-Antoine de Bourbon, duc d'Angoulême.

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NotaPublicado: 06 Dic 2008 11:51 
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Recuerdo vagamente que estábamos hablando de la princesa de Lamballe cuando lo dejamos... pues bien, añado una imagen más.

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Marie Therese Louise, Princess de Lamballe (1749-92) French aristocrat married to Louis de Bourbon. A friend of Marie Antoinette she refused to take oath of detestation of monarchy and murdered by mob as she left courtroom.
Engraving.

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NotaPublicado: 08 Dic 2008 10:32 
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La despedida de Luis XVI a su familia en el Temple.

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Jean Jacques Hauer (1751-1829)
Ecole française
Les adieux de Louis XVI à sa famille le 20 janvier 1793 au Temple
1794
Paris, musée Carnavalet

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NotaPublicado: 09 Dic 2008 20:43 
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Sophie Prieur, d'après Kucharski
Portrait de Marie Antoinette (1755-1793) au temple
1793
Huile sur toile (0,357x0,270)
Paris, musée Carnavalet
France

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 Asunto: Re: MARIE THERESE, L´ORPHELINE DU TEMPLE
NotaPublicado: 21 Mar 2010 09:59 
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En julio de 1789, la Bastilla tenía por gobernador al aristócrata Bernard Jordan de Launay, que para su custodia y defensa contaba con una guarnición permanente formada por ochenta y dos veteranos de guerras pasadas, casi todos aquejados de invalidez parcial, así como treinta y dos guardias suizos enviados desde un regimiento acantonado en Salis. Evidentemente, esos hombres eran suficientas para guardar la prisión en circunstancias normales, pero ese día 14 se encontraron con que se acercaban a sus muros unos cuarenta o cincuenta mil parisinos que se habían proclamado milicianos y habían arrasado previamente Les Invalides, haciéndose con un botín de unos treinta mil o cuarenta mil fusiles, doce cañones y un mortero. Los milicianos reclamaban la pólvora que, según se decía, estaba almacenada dentro de la Bastilla. Dado que Bernard Jordan de Launay se negó a sus requerimientos, aquellos milicianos que enarbolaban banderas tricolores acabaron protagonizando un ataque violento sobre el recinto en cuanto se vieron reforzados por la llegada de sesenta y un guardias franceses dirigidos por un ex sargento de la guardia suiza. El resultado fue nefasto para Bernard Jordan de Launay, que perdió literalmente la cabeza a manos de la muchedumbre.

Aquí se nos quedó en suspenso el relato. Como véis, en un punto crucial. De hecho, visto dónde dejamos la concatenación de eventos, casi parece que me he permitido la vieja técnica del cliffhanger.

Para situarnos en pocas palabras: estamos en julio de 1789, se ha producido la toma de la Bastilla. Louis XVI y Marie Antoinette afrontan el momento crítico, el punto de inflexión en su reinado; la historia acaba de lanzar los dados al aire y aún no se sabe hacia qué lado caerán. En un plano puramente personal, son dos personas abatidas, porque la difícil convocatoria de los Estados Generales en Versailles y las noticias que llegan de la sublevación popular parisina coinciden en el tiempo con la muerte de su querido hijo mayor, Louis-Joseph, de siete años de edad. Les quedan, para consolarse de la pérdida, su hija Marie Therese, Mousseline, de once años, y su hijo menor Louis-Charles, que, a los cuatro años, ha dejado de ser el duque de Normandía para convertirse en el nuevo Dauphin.

Por razones de edad, es obvio que Mousseline, nuestra protagonista, tuvo mayor conciencia de cómo se estaban agitando las aguas del caudaloso río de la historia que su hermanito Louis-Charles, el "Chouchou" de la reina. Lo cierto es que, tras la toma de la Bastilla, una fuerte aprensión, ribeteada de puro pánico, se cernió sobre el círculo interno de la monarquía francesa. A ojos de Mousseline, tuvo que ser impactante la marcha hacia el exilio de los Polignac.

Los Polignac ya han sido objeto de atención en este tema, pero podemos permitirnos el lujo -¡después de tanto tiempo de inactividad!- de refrescar la imagen para evitaros la molestia de ir "hacia atrás" igual que cangrejitos. Pocas personas había en Francia que suscitasen a nivel popular tanta repugnancia y odio como Yolande Martine Gabrielle de Polastron, una aristócrata de cabello oscuro, tez clara y ojos del color de las violetas que se había casado con Jules François Armand, comte de Polignac. Jules y Yolande de Polignac constituían uno de aquellos matrimonios entre dos personas con similares credenciales de nobleza que habían conseguido prosperar de manera vertiginosa en Versailles gracias a la casi instantánea predilección que la reina Marie Antoinette había manifestado hacia Yolande. En 1780, Jules fue elevado al rango de duque de Polignac para que Yolande fuese duquesa. Esa nueva posición significó que se les adjudicó un "apartamento" permanente en Versailles compuesto por nada menos que TREINTA habitaciones; asimismo, Yolande disponía de una casita campestre en el célebre hameau de la reina en el Petit Trianon. Casi paralelamente, la hija primogénita de Jules y Yolande, la bonita Aglaé, se casó con el duque de Gramont y Guiche, razón por la cual se la denominaría a menudo Guichette: la boda de Aglaé fue un evento absolutamente fastuoso, se hubiera podido jurar que se estaba casando a una princesa de sangre real, y por añadidura recibió una dote colosal de los monarcas. Esto casi coincidió con el tiempo con un formidable crescendo de los rumores acerca de la vinculación sentimental de Yolande con el capitán de la Guardia Real, el conde de Vaudreil, a quien se atribuyó la paternidad biológica del tercer hijo de la duquesa de Polignac, Jules; al año siguiente habría también algunos cotilleos en torno a un cuarto hijo, Camille Henri.

En resumen...los Polignac se fueron transformando en el blanco de la diana en la que se clavaban todas las flechas. Los franceses devoraban los panfletos que circulaban en torno a la Polignac y Vaudreil, pero, con especial ansia, los numerosos libelos, profusamente ilustrados, que trataban de explicar el favoritismo descarado de Marie Antoinette por Yolande basando esa amistad en una relación lésbica. Se aseguraba que ninguna favorita de ningún monarca de tiempos anteriores, incluyendo a la mismísima Pompadour de Louis XV, había salido tan cara al Tesoro como estaba saliendo Yolande de Polignac. Las críticas arreciaban.

Hacia 1785, Marie Antoinette, generalmente tan inconsciente, tuvo un atisbo de sensatez. Se percató de que la animosidad general hacia la Polignac estaba menoscabando el prestigio de la corona y eso coincidió con el hecho de que a la soberana no le agradaba demasiado el conde de Vaudreil. En resumidas cuentas, empezó a mostrar cierta frialdad hacia Yolande. La favorita no era tonta. Enseguida comprendió que debía aligerar la presión que esa situación ejercía en la reina...y pidió la venia para retirarse con su familia a Inglaterra. En Inglaterra, Yolande contó con la amistad de la famosa Georgiana duquesa de Devonshire y vivió razonablemente feliz. Pero su "mutis por el foro" fue pasajero: a principios de 1789, los Polignac volvían a ser un elemento a tener muy en cuenta en Versailles.

Yolande se granjeó nuevas críticas acervas al predisponer a Marie Antoinette contra Jacques Necker, el ministro de Finanzas que hubiera debido resolver la papeleta de un déficit galopante que, a nivel popular, se atribuía casi en exclusiva al despilfarro compulsivo de la "perra austríaca". La caída de Necker había empeorado sustancialmente las cosas. Se había producido la convocatoria de los Estados Generales en Versailles, intento desesperado de enderezar todo lo que se había torcido. La atmósfera se tensó peligrosamente, se produjo una revuelta parisina y eclosionó la rabia acumulada en la toma de la Bastilla. Ante esa sucesión de acontecimientos, quedó claro que la reina debía prescindir instantáneamente de los odiados Polignac. Estos tuvieron que abandonar Versailles y Francia, para dirigirse a un exilio en Suiza.

Quedaba vacante el puesto de Gobernanta de los Niños Reales. Por una vez, Marie Antoinette sopesó cuidadosamente cada elemento antes de alcanzar una decisión bastante madura y responsable. Optó por Louise-Elisabeth, marquesa de Tourzel.

"Madame, j'avais confié mes enfants à l'amitié, je les confie maintenant à la vertu": con esas palabras, recibió en Versailles Marie Antoinette a Louise-Elisabeth de Tourzel. El significado de las mismas estaba suficientemente claro: en el pasado, la reina había confiado a sus niños "a la amistad" de Yolande de Polignac, pero ahora -maintenant...-había que confiarlos "a la virtud" de Louise-Elisabeth de Tourzel. Ciertamente, no había en el reino una dama de reputación tan intachable como Madame de Tourzel; nunca la había rozado la sombra de una murmuración, ni un leve atisbo de escándalo; se trataba de un auténtico mirlo blanco.

Madame de Tourzel había nacido siendo la princesa Louise-Elisabeth de Cröy d´Havre. Su padre, Louis Ferdinand Joseph de Cröy d'Havré, había sido un príncipe hereditario del Sacro Imperio, a la vez que un notable militar que había alcanzado la dignidad de mariscal de campo para acabar falleciendo en la batalla de Willingshausen. Su madre, Marie Louise de Montmorency-Luxembourg, también procedía de un linaje muy ilustre. En su juventud, con apenas dieciséis años, Louise-Elisabeth se había casado adecuadamente, con Louis François du Bouchet de Sourches, marqués de Tourzel. El padre de Louis François, flamante suegro de Louise Elisabeth, era marqués de Sourches, conde de Montsoreau y, por añadidura, Gran Prevoste de Francia.

Hasta ahí...Louise-Elisabeth surge como una dama de excelente pedigree que se empareja con un caballero de pedigree no menos excelente. Lo habitual era percibir esos matrimonios no como un asunto sentimental, sino como una especie de "sociedad de beneficio mútuo" en el que los dos miembros trabajarían al unísono por acrecentar la prosperidad y la influencia social pero cada uno tenía cierto margen de libertad para hacer su vida siempre que no se lesionasen los intereses comúnes. Esa era la norma. Pero la norma tiene, obviamente, excepciones. Entre las excepciones habría que situar a los Tourzel. Estuvieron casados desde 1764 hasta 1786, en total veintidós años; en ese período, tuvieron cinco hijos: Henriette, Josephine, Anne, Pauline y Charles Louis; nunca hubo ni el menor indicio de infidelidades del marido o la esposa, nunca flotaron en el aire rumores en torno a posibles ilegitimidades de los niños; se les consideraba una familia bien cohesionada y cariñosa.

El marqués de Tourzel falleció en 1786, en el mes de abril, a consecuencia de las graves heridas que le provocó una caída de caballo. Se encontraba en Fontainebleau, participando en una cacería organizada por el rey Louis XVI; su montura se encabritó y le lanzó por los aires, con tan mala suerte que, en la caída, se lesionó seriamente al golpearse la cabeza contra el tronco poderoso de un árbol. Louis XVI, que presenció la escena, lloró amargamente cuando Tourzel falleció al cabo de ocho días de espantosa agonía. La marquesa de Tourzel había permanecido constantemente junto al lecho en el que padecía su marido, sin querer probar apenas bocado y negándose a dormir. Cuando se quedó viuda, se envolvió en su luto y se retiró a Sourches a ocuparse de sus hijos. Henriette, la mayor, estaba casada: había contraído nupcias tres años antes de perder al padre con Armand-Joseph de Béthune-Sully, duque de Béthune-Charost. Pero Madame de Tourzel aún tenía a su cargo a Josephine, Anne, Pauline y Charles Louis. Josephine y Anne, no obstante, se casarían pronto, dentro de la aristocrática familia de los Sainte-Aldegonde.

Cuando Marie Antoinette reclamó a la marquesa viuda de Tourzel, ésta viajó a Versailles con su hija Pauline, de dieciocho años. Ya sabemos que Henriette, Josephine y Anne se hallaban establecidas por su cuenta tras sus respectivas bodas, en tanto que Charles Louis, el único varón, se encontraba inmerso en su formación militar. Pauline era lo que le quedaba a Madame de Tourzel y, por supuesto, iría a dónde fuese su madre. La siguiente imagen es un bonito cuadro que muestra a la joven Pauline, de dieciocho años, en una escena bucólica con su hermana mayor, Henriette, la duquesa de Charost:

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La aparición en escena de Madame de Tourzel y de Pauline es muy relevante. De la nueva Gobernanta de los Niños Reales se esperaba mucho: una prueba fehaciente de ello es que Marie Antoinette, siempre tan reacia a sentarse ante una escribanía y elaborar un documento, dedicase horas a compilar para Madame de Tourzel un retrato psicológico de su hijo Louis-Charles, el nuevo delfín. Stefan Zweig aduce que ese escrito de puño y letra de Marie Antoinette, en la que ésta se esfuerza por ofrecer a Madame de Tourzel un esbozo amplio y fidedigno de la personalidad del pequeño príncipe, es una señal de hasta qué punto estaba madurando, en la desgracia, la hija de la emperatriz Maria Theresa. Evidentemente, se confiaba en que Madame de Tourzel atendiese de manera prioritaria al delfín, futuro rey, quien hasta entonces había estado casi en exclusiva a cargo de su cariñosísima berceuse o nodriza, Agathe Rosalie Mottet de Rambaud.

Eso no implicaba descuidar a la Hija de Francia, Madame Royale. Aunque el enfásis se pusiese en el delfín, por razones obvias, Mousseline también estaría en manos de la marquesa de Tourzel. Para Mousseline, el cambio de gobernanta resultó providencial sobre todo por la inclusión en su círculo de Pauline de Tourzel. Ya hemos visto que, hasta esa época, Mousseline había estado, en realidad, basante sola: hasta 1788, es decir, un año antes, no había adquirido su primera amiga, en la personita de Marie Philippine Lambriquet, la hija huérfana de quienes habían sido dos leales servidores de la familia real. Pauline de Tourzel íba a convertirse, pese a ser siete años mayor que la princesa Marie Therese, en una nueva amiga, una amiga que estaría con ella durante años.


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 Asunto: Re: MARIE THERESE, L´ORPHELINE DU TEMPLE
NotaPublicado: 21 Mar 2010 10:41 
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La toma de la Bastilla es el clásico momento histórico "Pandora abriendo la caja de los truenos". Dado que Marie Antoinette es uno de los personajes más biografiados, es fácil trazar el curso de los acontecimientos desde la perspectiva de los infortunados reyes Louis XVI y Marie Antoinette. Claro que, aquí, lo que tenemos que intentar es recrear los hechos desde la perspectiva de esa jovencísima Madame Royale. La tarea se complica.

En octubre de 1789, tres meses después de la toma de la Bastilla, los acontecimientos dan un nuevo salto hacia adelante. La verdad es que, desde la toma de la Bastilla, había una atmósfera de fuerte predisposición no tanto hacia el rey, a quien se percibía como un pelele, sino hacia la reina. Los rumores surgían por aquí y por acullá. Se la acusaba de estar rumiando su venganza "contra el pueblo"; se decía que tenía intención de hacer saltar por los aires la sede parlamentaria de un bombazo y de mandar tropas a cercar París. Era obvio que toda la atención se centraba en Marie Antoinette, no en el pusilánime Louis XVI.

El 1 de octubre, se ofrece un banquete a un regimiento de Guardias de Corps que acaban de llegar de Flandes para contribuír a la protección de la familia real que todavía se encuentra en Versailles. De manera lógica, esos guardias son monárquicos y se encuentran profundamente imbuídos de su misión en esa etapa que parece crítica. Durante el banquete, se suceden los brindis a favor del rey y, especialmente, de la reina: ellos también la consideran, por lo visto, la figura a la que más deben ensalzar, quizá porque es la más vilipendiada por los "elementos sublevados". Los guardias van haciendo ostentación de escaparelas blancas, símbolo de su adhesión a los soberanos, pero también se les ocurre pisotear las tricolores. Enseguida circulan por París relatos minuciosos acerca de lo que ha sucedido en ese banquete. Para colmo, en París se está padeciendo una notable escasez de productos básicos; el pan alcanza un precio astronómico, lo que lo convierte en un auténtico lujo cuando se trata de una necesidad cotidiana. A la gente le subleva estar pasando falta de pan -nada menos que de pan...- cuando otros se dedican a darse banquetes. Eso acaba llevando a que miles de mujeres se sumen el 5 de octubre a una marcha hacia Versailles; van en busca del "boulanger" (el panadero, con lo que se alude al rey), la "boulangère" (la panadera, o sea, la reina) y el "petit mitron" (el aprendiz, lo que significa el delfín). Y no van con las manos vacías: se han armado de cuchillos y de picos.

El episodio es altamente dramático. La marcha de París a Versailles supone seis horas...en un clima pésimo. Hace frío, llueve y el camino está cargado de lodo. Las mujeres llegan hambrientas, sedientas, ateridas y cubiertas de barro, pero el simple hecho de haber alcanzado Versailles les devuelve voz para gritar mientras se dirigen, en primer lugar, al edificio que ocupa la Asamblea Nacional, en día de sesión. Muchos de los miembros de la Asamblea, empezando por los partidarios del traicionero duque de Orléans, no se sorprenden en absoluto ante la llegada de las mujeres: estaban perfectamente al tanto de lo que ocurriría. Las mujeres declaran ante la Asamblea que sólo están allí porque quieren pan. Se decide que se escogerá a unas cuántas, para que las representen a todas en una visita al rey en en palacio; las acompañará Monnier, en su calidad de presidente de la Asamblea Nacional, escoltado por alguno diputados.

Louis XVI se entera de la noticia al volver a palacio...¡tras una jornada de caza! Es sintomático del carácter de Louis que, estando como estaban las cosas, le pille una noticia de ese tipo volviendo a casa después de haberse dedicado a cazar. El monarca no sabe qué hacer: ¿debe coger a su familia y marcharse de Versailles a Rambouillet? Los ministros insisten en que sí: Saint-Priest le indica, rudamente, que las mujeres acabarán forzando el traslado de la familia real a París, y le indica que si eso ocurre, la corona estará perdida. Pero Louis vacila penosamente. Las dudas le sumen en una dolorosa parálisis. En cuanto a Marie Antoinette, es en ese instante cuando sus enemigos le atribuyen una frase cargada de insensibilidad: "Si no tienen pan, que coman brioches". No llegó a decir semejante barbaridad, pero el hecho de que se le atribuya la frase es sintomático. Se la tenía por una cabeza de chorlito, necia y despiadada, incluso ante una marejada de mujeres del pueblo llano que reclamaban pan porque no tenían la posibilidad de dárselo a sus hijos.


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 Asunto: Re: MARIE THERESE, L´ORPHELINE DU TEMPLE
NotaPublicado: 21 Mar 2010 11:42 
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Louis XVI es un tipo básicamente honesto y decente, un buen hombre, un devoto padre de familia. Recibe a la delegación de mujeres en Versailles con actitud sencilla y accesible; en su caso, se trata simplemente de ser lo que es, no tiene que esforzarse para tratar con llaneza a esas mujeres porque precisamente lo que le cuesta trabajo es asumir actitudes verdaderamente regias (Louis XIV debía removerse en su tumba).

Han decidido que hable una muchacha de aspecto bastante agraciado. Oficialmente, es una florista que desempeña esa función en los famosos soportales del Palais-Royal; es posible que, además de ramitos de camelias, vendiese también su cuerpo. En cualquier caso, es una chica que se impresiona tanto al explicarle al rey que están allí porque no tienen pan que acaba desmayándose a los pies del monarca. Louis ayuda a que se incorpore la chica y la abraza; promete que tendrán pan, nunca más les faltará el pan; si lo desean, podrán volver a sus casas de París en las carrozas que él pone a su disposición, para que no tengan que destrozarse los pies cubriendo otros seis kilómetros de caminata bajo la lluvia, entre el barro. Por un instante, durante unos minutos, parece que Louis XVI, con su campechanía franca, sin imposturas de ninguna clase, ha conseguido sortear ese episodio.

Pero el resto de mujeres que aguardan en la explanada de palacio están bastante agitadas. Quién las agita es una cuestión que podría analizarse en detalle, pero, desde luego, se encuentran tan caldeados los ánimos, que poco las falta para despellejar a las compañeras que ellas mismas habían elegido horas antes para que las representasen a todas en el encuentro con Louis XVI. Las acusan de ser estúpidas; o se han dejado comprar con oro o se han dejado engañar con promesas que no valen más que unas volutas de humo en el aire. No van a volver a París, no señor. Se quedarán en Versailles porque cuando regresen a París, insisten, lo harán llevando consigo al rey, a la reina y a la ralea real. La presencia de la familia en París será su garantía de que habrá pan.

Esas mujeres toman casi por asalto la Asamblea Nacional: en algún sitio tienen que dormir esa noche, a fín de cuentas. Las prostitutas, que las hay, aprovechan para hacer negocio con los soldados de los regimientos flamencos de la Guardia de Corps. Entre tanto, en el palacio, ha cundido el desconcierto. ¿No se ha reunido Louis con las mujeres?¿No ha sido Louis sencillamente afectuoso y comprensivo con las mujeres?¿No se había resuelto ese embrollo?¿No les ha dicho que les deja las carrozas -¡las carrozas!- para que hagan el viaje de vuelta a la capital?¿Porqué esas mujeres siguen soliviantadas?¿Porqué pernoctan en el edificio de la Asamblea?¿Quien las mueve, quien las manipula y las utiliza contra la monarquía?.

Nadie duerme -excepto los niños, a quienes se intenta mantener al margen de la algarabía-. Hacia medianoche, llega a palacio el mismísimo marqués de La Fayette, el héroe militar de antaño, convertido en comandante de la reciente Garde Nationale, que surgió después de la toma de la Bastilla. La Fayette ha viajado con sus tropas de París a Versailles, se ha presentado en la Asamblea y se ha dirigido a palacio. Nada más llegar, se inclina y asegura a Louis: "Sire, estoy aquí para traeros mi cabeza como garantía de la de Vuestra Majestad". Louis, que tiene a su lado a Marie Antoinette, permanece serio; la soberana frunce el ceño, en gesto de evidente reprobación. ¿Necesitan a La Fayette con sus guardias nacionales a modo de garantía para sus cabezas? ¡Pues vaya panorama! Pero el caso es que Louis y Marie Antoinette quizá hubieran debido atender a los consejos de Saint-Priest, marchándose a Rambouillet antes de que llegasen las mujeres. Se han quedado en Versailles...y ahora tienen que atenerse a esa pauta permaneciendo en Versailles. A las cuatro de la madrugada, Louis y Marie Antoinette se han retirado a sus aposentos, mientras que La Fayette mismo se ha ído a dormir al hotel de Noailles, la residencia en Versailles de su cuñado el duque de Noailles.

Curiosamente, los príncipes de sangre han eludido dormir en palacio esa noche. El menor de los hermanos varones de Louis XVI, Charles-Philippe, conde de Artois, es un primoroso ejemplo de que las ratas abandonan el barco cuando empieza a filtrarse un hilillo de agua: se había largado de Francia el 16 de julio de 1789, es decir, DOS días después de la toma de la Bastilla. Con el pretexto de hacer una gira por las cortes europeas en solicitud de apoyo para su hermano rey de Francia, Artois se había dado las de villadiego a la primera señal de peligro junto a su esposa, Marie Josephe, sus dos hijos los pequeños duques de Angulema y de Berry y su amante, Louise d’Esparbès de Lussan, una cuñada de Yolande de Polignac, por cierto. Pero aún estaban en Francia el conde de Provenza, hermano menor de Louis a la vez que hermano mayor de Artois. Y estaba en Francia el primo Louis-Philippe duque de Orléans. Provenza y Orléans se encontraban en Versailles, para más señas. Pero en esa noche de la que hablamos, ni Provenza ni Orléans, que llevaban tiempo minando el suelo bajo los pies de Louis y Marie Antoinette, tuvieron el mínimo decoro histórico de quedarse en el palacio de Versailles.

Así que Louis y Marie Antoinette estaban solos con la hermana ineludiblemente fiel de Louis, Madame Elisabeth, y sus hijos, a cargo de Madame de Tourzel. Sin duda alguna, los nervios estaban a flor de piel. Cuando Louis y Marie Antoinette se hallaron en sus aposentos, debían hallarse exhaustos, pero ella, al menos, no lograba conciliar el sueño. Ya avanzada la madrugada, abandonará el lecho de un salto cuando una camarera se precipita en la alcoba claramente espantada avisándola de que docenas de hombres y mujeres rabiosos se han adentrado en palacio después de haber franqueado misteriosamente varias entradas, matando a los guardias de corps sorprendidos por esa intrusión y que habían intentado en vano oponer resistencia. Los guardias de corps se habían sacrificado al límite: no habían muerto en silencio, sino entre gritos, para alertar de lo que estaba ocurriendo; uno de ellos, gravemente herido, había logrado recorrer un trecho de escaleras voceando a pleno pulmón: "¡Salvad a la reina!", con lo que expresaba claramente que el principal objetivo de los que se habían introducido por las bravas en palacio era llegar a la habitación de Marie Antoinette.

La camarera ha recogido el mensaje...y ha ído en busca de Marie Antoinette. La reina, con una robe de chambre cubriéndola, descalza y sosteniendo un par de medias en la mano, se apresura junto a la camarera por los pasillos hasta alcazar la puerta de las habitaciones del rey. Como de costumbre, está cerrada. Esas mujeres aterradas se afanan en golpear la puerta con los puños, pidiendo su apertura; el criado tarda cinco minutos en abrirles, porque estaba durmiendo y no entiende nada de lo que sucede de repente. Por fín, Marie Antoinette se reúne con Louis y mandan que se les lleve a los niños con su gobernanta. Todos esperan, con los corazones retumbando en el pecho.

No es necesario un exceso de imaginación para recrear la escena en la mente. En mi propia recreación, Louis aparece perplejo, aturdido; Marie Antoinette, azorada, nerviosa; Mousseline debía estar sencillamente en shock, porque después de años de vida plácida y resguardada en un palacio, ese palacio había resultado vulnerable a semejante ataque nocturno, abrazada a Pauline; el delfín Louis-Charles, quizá protegido por su corta edad, pero inquieto en brazos de Madame de Tourzel. Inspiran verdadera lástima en mi propia recreación, porque el mundo que les ha rodeado, que les ha envuelto con esa cálida suntuosidad del mejor terciopelo, acaba de romperse con estrépito en la madrugada del 6 de octubre de 1789.

La Fayette llega tarde. Quizá se da cuenta de que ha hecho el pardillo creyendo que todo estaba en calma y yéndose a dormir al hotel de Noailles mientras retorna a Versailles. La escena que le aguarda es singular; los que se han adentrado en palacio asesinando a varios guardias de corps, han devastado por entero los aposentos de la reina. Con la luz del día, llegarán también, curioso, el conde de Provenza y el duque de Orléans, con sus cabellos perfectamente empolvados, ricamente vestidos. Se ha producido una situación tremenda...y el desenlace lo será también, pero ellos tan campantes.

La multitud agolpada en la explanada ha permitido acceder a palacio (de nuevo: curioso) al conde de Provenza y al duque de Orléans. Desde el exterior, gritan con gesto torvo: "¡El rey a París!¡El rey a París!". Ya no se trata sólo de pan, desde luego. Los rugidos de la multitud se cuelan en palacio a través de las vidrieras. La Fayette convence a Louis XVI de que debe coger el toro por los cuernos asomándose al balcón, en una forma de aceptar la "petición" del pueblo, que, en realidad, está siendo la amenaza de elementos sublevados. Louis sale al balcón, con su habitual bonhomía, que ni siquiera le ha abandonado después de la trágica madrugada palaciega. El pueblo ruge entonces, reclamando que aparezca la reina. La Fayette tiembla: sabe que Louis es fácil de llevar, pero Marie Antoinette no. Marie Antoinette permanece en su sitio, lívida de puro enojo. No va a humillarse, ella, la hija de María Theresa. La Fayette insiste: "Señora, es preciso para tranquilizar al pueblo".

Marie Antoinette acabará haciendo lo que se le pide, con sus hijos. Con una mano sostiene la de su hija Marie Therese, con la otra a su hijo Louis-Charles. Quizá durante una milésima de segundo se alegra de poder ahorrarles ese trance a los dos hijos que se le murieron en la infancia, Sophie-Beatrix y Louis-Joseph. No hubiera tenido manos para cuatro niños, dos hubieran tenido que apoyarse el uno en el otro en esa terrible salida al balcón. Cuando la muchedumbre les ve, estallan las aclamaciones. Pero Marie Antoinette ha perdido hace tiempo la candidez. No se engaña en absoluto. Sabe que esos "¡Viva la reina!" no significan en realidad "¡Viva la reina!". Significan más bien: "Viva-esta-reina-a-la-que-hemos-acogotado-y-reducido-a-la-categoría-de-rehen-del-pueblo-de-París".

Ese 6 de octubre, el clima parece burlarse de la familia real. El 5 de octubre, había soplado un viento gélido y había llovido a mares; las mujeres que habían cubierto el trayecto de París a Versailles lo habían hecho a pesar de una verdadera tempestad. Pero el 6 de octubre el cielo amanece despejado, de un delicado tono celeste y no sopla ni una leve brisa. En ese extraño día casi primaveral, el rey, la reina, sus hijos, sus fieles, se preparan para subir a unas carrozas de cortinillas semibajas para viajar a París con quienes habían acudido a buscarles. Las mujeres se regocijan: "Aquí los llevamos, al panadero, a la panadera y al mozo de la tahona". Es el más doloroso epitafio para la monarquía que había hecho de Versailles el símbolo de su poder y de su esplendor.


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 Asunto: Re: MARIE THERESE, L´ORPHELINE DU TEMPLE
NotaPublicado: 21 Mar 2010 12:30 
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Entrañable retrato de Madame de Tourzel con el delfín Louis-Charles.


-¡Qué feo es todo aquí, mamá...!.

Ésa fue la exclamación que surgió de labios del pequeño delfín Louis-Charles al encontrarse de repente en el palacio de las Tuilleries. Marie Antoinette estaba agotada: el viaje de Versailles a París había supuesto una verdadera pesadilla y tener que aceptar los homenajes del satisfecho pueblo de París en una recepción ofrecida por el alcalde Bailly en el Ayuntamiento le había parecido el colmo de los colmos. Al entrar en las Tuilleries, lo único que esperaba es que todos pudiesen organizarse lo más rápido posible...y descansar. Pero ante la espontánea queja de su hijo Louis-Charles, habituado a la refinadísima opulencia de Versailles y a la encantadora elegancia del Trianon, replicó con sensatez:

-Hijo mío: aquí vivió Louis XIV...y se encontraba bien. No debemos ser más exigentes que él.

Marie Antoinette estaba siendo políticamente correcta. Sí, en las Tuilleries había vivido Louis XIV...y se había encontrado bien...hasta que las extraordinarias tensiones socio-políticas que habían eclosionado en las dos Frondas habían obligado a la regente Anne de Austria a huír en dos ocasiones de la capital con sus hijos, el rey niño y su hermano. A partir de ahí, Louis había concebido un evidente rechazo hacia las Tuilleries. Al convertise en un monarca de hecho, se había encargado de transformar Versailles, originalmente un pequeño pabellón de caza, en el emplazamiento del palacio real más soberbio de toda Europa. Versailles sería su residencia, el centro de la monarquía, la escenificación de su poder y de su gloria. Las Tuilleries habían quedado abandonadas. Al cabo de 150 años, volvían a las Tuilleries, obligados, no por propio deseo, unos descendientes de Louis XIV. Y sí: todo estaba muy feo. El tiempo había hecho estragos.

En las semanas siguientes, un verdadero ejército de obreros tratarían de devolverle habitabilidad y cierto grado de empaque a los interiores de las Tuilleries. Es un viejo palacio, con sus inevitables corredores demasiado largos, intrincados y oscuros, débilmente iluminados con lámparas de aceite; con sus escaleras de caracol y con demasiadas habitaciones. Pero dentro de lo que cabe, se hacen esfuerzos. Se pulen los suelos, se barnizan las maderas, se colocan nuevos tapices traídos de Versailles, se reemplazan cortinas, cuadros y muebles por otros traídos de Versailles, se intenta reproducir en alguna medida la atmósfera sofisticada de Versailles. Marie Antoinette dirige la transformación poniendo un interés limitado. Su marido, Louis, se contenta con cualquier cosa y lo único que a ella le preocupa es que sus hijos Marie Therese y Louis-Charles se encuentren a gusto dentro de las Tuilleries.

En realidad, vivirán de forma bastante tranquila: no preveen celebrar recepciones, redoutés ni bailes de gala, por supuesto. Bastante tienen con estar allí a la fuerza...custodiados por la Garde Nationale de La Fayette, que han sustituído a los guardias de corps. Eligen una zona del edificio cuyas ventanas miran hacia los jardines, no hacia la ciudad: es todo un símbolo de que pretenden permanecer encerrados en sí mismos con sus fidèles. En el piso superior, se prepara el dormitorio del rey, con una sala de recibir anexa; también está allí la alcoba de la querida hermana de Louis, Madame Elisabeth, con su vestidor; hay una habitación amplia para Marie Therese y otra para Louis Charles, así como un saloncito común. Por una escalera de caracol, ese piso superior está comunicado con la planta inferior en la que se encuentra el dormitorio de Marie Antoinette, con un gabinete de toilette; junto a éste, se halla el comedor, la sala de billar y una sala para audiencias.

El entorno se ha reducido. La suerte de los reyes cuando caen desde las alturas del poder a la simple y peligrosa condición de rehenes de lujo en una revolución es que sólo aparecen a su lado los verdaderamente leales. Allí está Madame Elisabeth, siempre disponible para su hermano, para su cuñada y para sus sobrinos que la adoran. Allí está Madame de Tourzel con Pauline. Allí ha vuelto una antigua amiga de Marie Antoinette, que antaño había sido la indiscutible favorita de Versailles, después reemplazada, o suplantada según se prefiera, por la Polignac. Se trata de la princesa de Lamballe:

Imagen
Hermoso retrato de Lamballe.

Otra presencia asidua en las Tuilleries era el conde de Fersen. Hans Axel von Fersen...

Imagen

...había estado ausente de la escena entre 1787 y la primavera de 1789. En 1787, el aristócrata sueco había acompañado a su rey, Gustav III, a Finlandia, en dónde estaban luchando contra la Rusia de Catherine II la Grande. A principios de 1789, Gustav III era un rey con serios apuros internos, derivados de la confrontación con su aristocracia; el padre de Fersen había sido uno de los oponentes del monarca y se había encontrado con un arresto. Esa primavera, Marie Antoinette había pedido a Fersen, su amigo del alma, su gran amor, su amante, que retornase a Francia. Él había obedecido aquella llamada, alquilando una casa en Versailles desde la que había seguido, con profundo desasosiego y no poco temor, el curso de los acontecimientos.

Marie Antoinette sólo podía confiar ya en personas como la princesa de Lamballe y el conde de Fersen. Otras relaciones eran puramente circunstanciales. Por ejemplo, el hermano del rey, el conde de Provenza, residía con su esposa y con las viejas Tantes (Madame Adelaide y Madame Sophie) en el cercano Palais du Luxemburg. Frecuentemente, acudían a almorzar o cenar a las Tuilleries. Pero esta imagen de familia unida no tenía sustancia. Marie Antoinette sabía que si alguien les ayudaba a salvar la monarquía de aquella situación de sometimiento a una revolución cuyo alcance aún no se había hecho patente pero que ya palpitaba en el aire enrarecido de la capital, serían personas del tipo de Lamballe o de Fersen, los que no tenían ningún interés propio sino que se guiaban exclusivamente por su devoción hacia la reina.


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 Asunto: Re: MARIE THERESE, L´ORPHELINE DU TEMPLE
NotaPublicado: 21 Mar 2010 15:27 
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Ubicación: Cádiz La Bella
Minnie, por favor, no pares ahora...me he pasado la mañana leyendo todo lo escrito y estoy ansioso por llegar al final...

¡¡Marie Therese es uno de mis personajes favoritos de la Historia y siempre mando trabajos sobre ella a mis alumn@s!!

Un retrato en profundidad como el tuyo, con su contexto y circunstancias, es un regalo... :bravo:

Por cierto, después de años escuchando hablar del suceso, y leyendo farragosas explicaciones, tu relato de "El misterio del collar" me ha parecido fabuloso...De hecho, me han entrado ganas de ver una película americana homónima (con Hillary Swank) que se hizo sobre el hecho...

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"Todo fracaso es condimento que da sabor al éxito" – Truman Capote


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 Asunto: Re: MARIE THERESE, L´ORPHELINE DU TEMPLE
NotaPublicado: 21 Mar 2010 15:34 
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Registrado: 24 Dic 2008 12:20
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Ubicación: Hannover-Valladolid
¡¡Continuad por favor!! La historia está en un punto álgido.
Maravilloso tema :bravo:

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 Asunto: Re: MARIE THERESE, L´ORPHELINE DU TEMPLE
NotaPublicado: 21 Mar 2010 19:45 
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Registrado: 17 Feb 2008 21:02
Mensajes: 27190
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Ahora voy a tener que volver al principio, éste era uno de mis temas preferidos del principio (wink)

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