Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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 Asunto: Re: LUISE DE SAXE-GOTHA-ALTENBURG
NotaPublicado: 30 Ene 2020 13:50 
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Konradin escribió:
No la suficiente, lamentablemente. :eyes:


:)) :)) :))


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 Asunto: Re: LUISE DE SAXE-GOTHA-ALTENBURG
NotaPublicado: 30 Ene 2020 14:17 
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Aquí sale mi Leopold...

=D> =D>

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Que si algún día hacen una serie, yo quiero a Matthew MacFadyen, el que hacía de Mr Darcy, haciendo de Leo. Vamos, me "deben" algo así en Netflix. Por pedir...

Un poquito de vuelta atrás en el tiempo: el 6 de noviembre de 1817, Leopold había visto morir, después de un parto absolutamente terrible que había producido un hijo varón de considerable tamaño muerto, a "la esperanza de Inglaterra", la única hija de George IV, la princesa Charlotte. El matrimonio de Leopold y Charlotte había resultado tan feliz, que él quedó sinceramente devastado, aparte de que acababa de perder la posibilidad de llegar a compartir con su mujercita el trono británico. No cabe dudar del dolor de Leo, pero también conviene tener presente que se hallaba en inmejorable posición: se le había garantizado el título de Alteza Real, conservaba la mansión de Claremont, recibía una generosísima anualidad y había sido instrumental en organizar el casorio, reciente, de su hermana viuda en Leiningen, Victoria, con el duque Edward de Kent. El hijo o hija que Victoria (que ya había demostrado ser fértil) tuviese con Edward dispondría de una posición privilegiada en la línea de sucesión del trono que hubiera debido ocupar Charlotte.

Aún no había pasado un año de la muerte de Charlotte, y Leo, deprimido, buscó tranquilidad en Coburgo. Necesitaba la presencia de su madre, la cercanía de su hermano, los escenarios y paisajes de la infancia. Enseguida surgió una relación de simpatía con su cuñada Luise, que compadecía como media Europa (persona arriba, persona abajo) al apuesto y brillante Leopold. La visita se extendió varias semanas durante ese otoño.

El año siguiente, 1819, el 26 de agosto, Luise volvió a dar a luz. Ese segundo embarazo había estado acompañado de ciertas incomodidades y molestias recurrentes, así que su suegra, Augusta, había sugerido que se instalase en el encantador palacete de retiro, Die Rosenau:

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Que no me diréis que no es así como "de cuento de hadas". Hasta Die Rosenau llegó, casi sin resuello de la prisa que habían tenido que darse, una prestigiosa señora, tradicionalmente considerada la primera "ginecóloga" alemana: se llamaba Charlotte Siebold, que había aprendido incluso antes de ir a la Universidad gracias a su talentosa madre, la doctora Regina Josepha von Siebold. Charlotte había estado en Inglaterra, dónde en el mes de mayo había asistido al parto de la duquesa de Kent, que había producido a la niña Alexandrina Victoria, "Drina", a quien la abuelita Augusta de Coburgo llamaba, con entusiasmo evidente, "nuestra Flor de Mayo". El mismo servicio de asistencia le tocaba desempeñar ahora con Luise.

Luise se puso de parto a las tres de la madrugada, hora en la que su suegra ordenó buscar a Charlotte Siebold. Fue un asunto rápido y sin sobresaltos: el niño llegó al mundo a las seis de la mañana, una hora temprana. Un día después, Augusta cogió pluma y papel para escribir a su hija Victoria, indicándole que lo hacía sentada junto a la cama de "mi Luischen", que había dado a luz de manera tan fácil a "nuestro Alberinchen". Alberinchen, por supuesto, era el cariñoso diminutivo para Francis Albert Augustus Charles Emmanuel. Aquí le vamos a llamar Albertito y abreviando aún más.

Pero para cuando nació Albertito, el matrimonio de sus padres había empezado a mostrar las primeras señales de alarma...


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 Asunto: Re: LUISE DE SAXE-GOTHA-ALTENBURG
NotaPublicado: 30 Ene 2020 15:01 
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Matthew MacFayden envejeció tan mal... pobre. En la última película que hizo con Keyra, Anna Karenina, más que el hermano parecía el padre, por cierto, pésimo film. Y confieso que me estallé de risa con "Ernestito". :lol:

Respecto a Albertito y Ernestito, soy de los que se encontró buscando rumores sobre la paternidad del 2do dado que uno tiene ojos claros y el otro no, pero aparentemente es una posiblidad.

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Última edición por Konradin el 30 Ene 2020 15:10, editado 1 vez en total

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 Asunto: Re: LUISE DE SAXE-GOTHA-ALTENBURG
NotaPublicado: 30 Ene 2020 15:02 
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Luise.


En 1818, poco antes de la visita de Leopold a Coburgo, Luise había efectuado una visita a Dresde, a la corte de Sajonia, en dónde, según su dama de compañía Frau von Senft, coqueteó más de la cuenta. Luise siempre había sido inclinada a un ligero flirteo, que le ponía algo de sal y pimienta al día a día; la corte de Dresde simplemente ofrecía un nuevo escenario, más favorable a esa actitud que la corte de Coburgo, dónde siempre le recordaban su posición de duquesa. Es probable, también, que, reciente madre, fuese más consciente que nunca de su femineidad y su atractivo físico y quisiese reafirmarse a sí misma. Pero que von Senft la viese tan "suelta" no auguraba nada bueno.

Peor aún fue algo que sucedió iniciado ya 1819, cuando Luise estrenaba el embarazo que produciría a Albertito. En algún momento del mes de febrero, Charlotte von Bock empezó a hacer circular una afirmación según la cual Luise estaba enamorada del que durante largos años había sido mejor amigo de Ernest, Alexander, conde zu Solms. Aquello era como encender la mecha que podía hacer estallar un barril de pólvora en pleno Ehrenburg: fue cuestión de tiempo que Ernest se enterase y, evidentemente celoso a la par que enojado, se las arregló para confrontar al mismo tiempo a Alexander y a Luise. Hay que admitir que los dos "acusados" reaccionaron con coraje: Luise negó vehemente esos "infundios", mientras que Alexander se reía a carcajadas para demostrar lo que opinaba de la fantasía de von Bock. Sin embargo, la escena fue muy inquietante. Luise, a quien el embarazo hacía hipersensible, escribió a Augusta von Studnitz:

“Si él (Ernest) fuese sensible, se habría reído también, pero se lo ha tomado en serio y está enfadado conmigo. Hablamos sobre ello y todo acabó en lágrimas…Ahora me vigila, algo que nunca había hecho antes”

En marzo, Charlotte von Bock justificó su propia decisión de "haber hablado" en una extensa carta a Ernest que, desde luego, removía el barro. Augusta se mostraba en su correspondencia ajena a todo ese runrún, pero esto tenía una clara motivación: justo en una etapa en que su nuera íba a dar a luz de nuevo, hubiese sido muy inconveniente hacerse eco de "rumores" que no sólo podían comprometer la reputación de su casa, sino cuestionar la legitimidad de la criatura que íba a nacer. Sin embargo, algo de lo acontecido se transmitió a través de la estructura de mensajes cruzados tan propia de los Coburgo. Una cuñada de Luise, Sophie condesa Mensdorff-Pouilly, acudió en defensa tanto de ella como de zu Solms, considerando inaudito que se diese pábulo a tales habladurías. Ernest, en todo caso, no tardó en enviar a su amigo de años fuera de Coburgo, a encargarse de asuntos admistrativos en Sankt Wendel, capital de un pequeño estado, el principado de Lichtenberg, con el que habían recompensando las potencias a los Coburgo en el Congreso de Viena.

La historia zu Solms tuvo efecto retardado sobre la propia Luise. Dos años después, en marzo de 1821, Ernest seguía respirando por la herida de aquella "posible" traición nunca demostrada, y para dejar claro su disgusto, envió a Luise un tiempo al Schloss Friedenstein en Gotha, a que se encargase de ella Caroline Amélie. Luise, sencillamente, no podía creerse que su marido la estuviese castigando de esa manera. La duquesa redactó una larga carta para Ernest, en la que manifestaba su propio sentimiento de gratitud por haber sido recibida con comprensión y ternura por su madre (madrastra) y su padre a pesar de disgusto que ellos debían llevar por dentro, y de nuevo hacía constar su inocencia, además de defender vehementemente al exiliado conde zu Solms. Luise, con cierto espíritu, aprovechaba para recordar cuán ofendida debería estar ella, en todo caso, por los constantes rumores acerca de las numerosas aventuras extramaritales del propio Ernest. Ahí estaba, en realidad, lo tremendo del asunto: un marido abiertamente infiel se quejaba de una esposa que es posible que hasta entonces lo más grave que hubiese hecho, hubiese sido coquetear, coquetear y coquetear. Ni comparación, vamos, pero, claro, Ernest lo veía a su propio beneficio.


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 Asunto: Re: LUISE DE SAXE-GOTHA-ALTENBURG
NotaPublicado: 30 Ene 2020 15:04 
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Konradin escribió:
Matthew MacFayden envejeció tan mal... pobre. En la última película que hizo con Keyra, Anna Karenina, más que el hermano parecía el padre, por cierto, pésimo film. Y confieso que me estallé de risa con "Ernestito". :lol:


Rompes mis ilusiones MacFayden como si fuesen un delicado pájaro de cristal :)) :))

Ay, Ernestito. Los Ernestitos crecen, eh. Y la que es digna de compasión es su esposa, la querida Alejandrina.

:tongue:


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 Asunto: Re: LUISE DE SAXE-GOTHA-ALTENBURG
NotaPublicado: 30 Ene 2020 15:14 
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Konradin escribió:
Matthew MacFayden envejeció tan mal... pobre. En la última película que hizo con Keyra, Anna Karenina, más que el hermano parecía el padre, por cierto, pésimo film. Y confieso que me estallé de risa con "Ernestito". :lol:


Rompes mis ilusiones MacFayden como si fuesen un delicado pájaro de cristal :)) :))

Ay, Ernestito. Los Ernestitos crecen, eh. Y la que es digna de compasión es su esposa, la querida Alejandrina.

:tongue:

Yo me compadezco más del pobre Albert, lo drenó de vida, de y otras cosas también... :XD:

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 Asunto: Re: LUISE DE SAXE-GOTHA-ALTENBURG
NotaPublicado: 30 Ene 2020 15:46 
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Luise con Ernestito y Alberto:

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Esta escena debía ser algo así como el gran tesoro de Alberto. Ahora mismo no lo sé...tendría que dedicarme a revisar exhaustivamente el material...pero espero, confío, en que alguien le relatase que él siempre fue el favorito de su madre. Algo normal, porque Alberto no se parecía a Ernest, sino más bien, en sus hechuras y rasgos de personalidad, a Luise.

Cuando Alberto tenía dos años, tío Leopold volvió a visitar Coburgo. El encuentro entre los dos, tío y sobrino, tuvo algo de rapport mágico. Luise, en una corta, explicaba que...

"Albert adore son oncle Leopold, ne le quitte pas un instant...".

El niño adoraba al tío y no consentía en separarse de él ni un instante. Por otro lado, Alberto era un niño encantador, rubio y de ojos azules, que había echado los dientes de leche y había empezado a hablar muy pronto. Leopold también parecía fascinado con ese sobrino que siempre estaría más cerca de él que de Ernest en muchos aspectos.

Para entonces, el matrimonio ducal era ya un desastre. A principios de 1822, Luise aún estaba en Gotha, visitando al padre y la madrastra de Luise. Cuando estaba en Gotha, Luise sentía que "jugaba en terreno propio", en "su territorio"; quizá por eso quiso demostrar su proverbial ligereza firteando con el ayudante de cámara Thankmar von Munchauchen, de veintiocho años, pero también con el joven barón Stillfried, un mocito de diecisiete. En el fondo, era una reacción también a la tremenda humillación pública que había representado para ella la publicación de las Memorias de Pauline Panam, la ex amante de Ernest. Ernest, sabedor de que Pauline estaba a punto de entregar unas Memorias trufadas de un buen número de cartas privadas a un editor, había tratado de evitar que saliesen a la luz, pero no lo había conseguido. Y las Memorias eran claramente destructivas para los hombres Coburgo: Pauline acusaba a Ernest de no haber cumplido con ella y de haber intentado eliminarla, a Leopold de haber intentado violarla cuando ella estaba embarazada del hijo de Ernest y al gran duque Constantino de Rusia de haber querido aprovecharse de su desgracia, pero también dejaba en mal lugar a Augusta (las cartas la dejaban a la altura del betún) y se hacía eco de rumores que circulaban por Coburgo cuestionando la armonía matrimonial con Luise.

Al describir sus atardeceres con Münchhausen en una nota a Augusta von Studnitz, Luise se mostraba deliberadamente ligera:

“Él está lleno de atenciones y galantería. Salimos para maravillosos paseos en los bosques y campos, bastante solos, jugamos, charlamos y comemos…Él es extremadamente agradable…".

La duquesa acababa con una críptica alusión a las propias costumbres de su marido en Coburgo:

"Julius (von Wangenheim) sigue a mi marido como una sombra, así que los dos estamos provistos”.

Algunos han querido interpretar ahí una velada alusión a posibles vinculaciones homosexuales de Ernest con Julius, teniendo en cuenta que también circulaban rumores que le vinculaban en ese sentido con su gran camarada Maximilian von Szymborski, el mismo que NO disimulaba ni un ápice su animadversión hacia la duquesa Luise.

En mayo de 1822, murió el duque Augustus, el padre de Luise. De aquel hermoso joven ardientemente napoleónico que había sido...

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...había pasado a caballero anciano de muy buen porte...

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...pero igualmente excéntrico. Unos meses atrás, por ejemplo, se había presentado inesperadamente en Coburgo para visitar a su hija y yerno, sin avisar y llegando a las cuatro de la madrugada. Su consuegra Augusta lo consideró algo totalmente impropio.

Pero para Luise era su padre, el hombre que la había recibido, a su llegada al mundo, componiéndole un poema encantador. En cuanto fue informada de su gravedad, salió apresuradamente de Coburgo a Gotha, acompañada por Rosalie Lutzow y por el chambelán que no la podía ver ni en pintura, von Szymborski. Pese a las prisas que se dieron, cuando llegaron, Augustus había muerto y su hermano Friedrich era el nuevo duque. Luise estaba muy afligida, deshaciéndose en llanto en brazos de su madrastra Caroline Amélie, mucho más entera (ella hacía tiempo que, presuntamente, había rehecho su vida sentimental con su buen amigo el barón Franz Xaver von Zach). Ernest se tomó con calma lo de la muerte del suegro: llegó cinco días después, con el tiempo justo para asistir al solemne funeral. Aunque no ha quedado registrada la reacción de Luise a esa falta de empatía e incluso de respeto, es fácil imaginar que se la llevarían los demonios.


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 Asunto: Re: LUISE DE SAXE-GOTHA-ALTENBURG
NotaPublicado: 30 Ene 2020 16:46 
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Friedrich.


El nuevo duque de Altenburg, el tío Friedrich, quería mucho a su sobrina Luise. Ella seguía bien provista de apoyos, teniendo en cuenta que el muy esforzado y leal amigo de su difunto padre, el barón Bernhard August von Lindenau, se ocupaba de gestionar todo lo relativo a la herencia de Luise. Adicionalmente, seguía contando con la madre, Caroline Amélie, y digo madre porque, aunque madrastra, Luise la quería como si la hubiese parido debido a que, en verdad, la había criado con devoción. Por su calidad de viuda, Caroline Amélie recibió, a modo de nueva residencia oficial, el hermosos Schloss Eisenberg. Pero dado que su cuñado Friedrich no tenía ni íba a tener esposa, ella seguía siendo la primera dama de la corte de Gotha -y gozaba de mayor libertad que nunca para vivir su historia con el barón von Zach-.

Para Ernestito y Alberto...

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...Caroline Amélie siempre fue "abuelita Gotha". El hecho de que la Royal Collection esté tan surtida de retratos de "abuelita Gotha"...

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...también es un reflejo de hasta qué punto aquella mujer representó un pilar esencial en la estabilidad infantil de los dos príncipes, antes y después de la desaparición de Luise. Caroline Amélie no era menos querida ni menos recordada que Augusta, la "abuela Coburgo". Y eso dice mucho a favor de la señora.

En fín. Luise siguió con su vida matrimonial nada feliz con Ernest. Que él hubiese llegado con cinco días de retraso a ver al suegro muerto no era precisamente lo mejor que restañar las heridas de Luise. Por esa época, en una cacería, Ernest fue corneado por un ciervo al que había estado siguiendo, por lo visto no lo bastante sigilosamente: la herida le mantuvo postrado un tiempo. Luise escribió a Augusta que no pensaba aburrirse y añadía, significativamente:

“Sin embargo mi nuevo maître de plaisir is Hans von Thummel”.

¿Estaba Luise jugando con fuego? En cierto modo, sí. Es como si se hubiese dicho a sí misma: "Ya que me creen una frívola sin remedio, eso seré". Pero había otros problemas en su matrimonio: a diferencia de Ernest y de la propia Augusta, Luise era una mujer sentimental y compasiva, con un alto grado de impulsividad. En aquella época, sabiéndose heredera de bastante dinero, concibió la idea de dotar, a sus expensas, de un nuevo conjunto entero de ropa a cada uno de los pobres andrajosos que vivían en Coburgo y Saalfeld. Era, sin duda, la clase de actitud que cabía esperar de Luise. Pero Ernest no estaba dispuesto a aflojar el dinero: según los términos de su contrato matrimonial, a él le correspondía "administrar" la fortuna de Luise y, para ser sinceros, el duque tenía una seria dificultad para diferenciar "administrar" de "usar libremente". Augusta salió en defensa de su hijo, escribiendo a Leopold una frase taxativa: : “La niña tiene ideas que no son prácticas”.

Verse tratada como una niña con cabeza de chorlito no era precisamente la forma de estimular positivamente a Luise. Adicionalmente, los recelos de Ernest hacia ella persistían.

El 16 de diciembre de 1822, el duque Ernst ofreció un baile de máscaras en Ehrenburg. El tema de la mascarada íban a ser las novelas de Sir Walter Scott, entonces muy en boga. Cada uno debía caracterizarse como alguno de los personajes de las obras del autor escocés y, significativamente, a Luise se le atribuyó el papel de Flora MacIvor, de la novela "Waverley". En "Waverley", una historia situada en vísperas del levantamiento del Bonnie Prince Charlie, Flora MacIvor, una ferviente jacobita, afronta el fracaso de la causa, la ejecución de su amado hermano y un exilio en Francia, dónde ingresará en un convento de clausura.

El año 1823 se inició con una Luise bastante agotada, emocionalmente, por lo que tocaba a su triste convivencia con Ernest. Cuando en marzo ambos visitaron al tío Friedrich en Gotha, a nadie se le escapó lo distanciados que estaban y lo poco que se trataban. Pero, por supuesto, eso era tónica general en muchos matrimonios de la realeza. Antoinette, por ejemplo, la hermana de Ernestt casada con un duque de Württemberg, siempre se había sentido desdichada con su marido, un tipo inaguantable, feo y glotón; pero los dos vivían en la corte rusa, dónde él había hecho una gran carrera militar, y la mujer mantenía el tipo porque era lo que le convenía -y máxime después de la escandalosa ruptura de las convenciones sociales dominantes por parte de la hermana Jülchen-. En Gotha, Ernest volvía a pasar los días cazando y Luise coqueteando con Münchhausen. Y tampoco estaba tan mal, en realidad, ese planteamiento.


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 Asunto: Re: LUISE DE SAXE-GOTHA-ALTENBURG
NotaPublicado: 30 Ene 2020 17:33 
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Luise.


El punto de ruptura llegaría en 1824.

Ese verano, Maximilian von Szymborski persuadió a Ernest de que si de verdad quería alcanzar un buen acuerdo de separación respecto a Luise, tenía que lanzar un ataque que la dejase a ella a los pies de los caballos. El ataque, por supuesto, fue otra acusación de adulterio, en este caso con el cortesano Gottfried von Bülow. El 28 de agosto, Ernest expulsó a Luise de Ehrenburg, enviándola a Rosenau, mientras Augusta, en una acción sin precedentes, confiscaba sus joyeros. El canciller de Ernest, Theodor Heinrich von Opitz, recibió el encargo de realizar una investigación a fondo, todavía más rigurosa de la realizada en el viejo caso zu Solms. En esas, los habitantes de la ciudad se alzaron, porque resultaba que la duquesa Luise gozaba de gran popularidad entre la gente común: acudieron a Die Rosenau a buscarla y la devolvieron a Ehrenburg. Aunque Ernest mandó un informe de lo acontecido a Metternich en Viena para pedir apoyo, Metternich decidió que élñ movía soldados para sofocar revueltas políticas, no revueltas de apoyo a una duquesa a la que el marido deseaba repudiar.

Augusta informó por carta a su hijo Nandel de que se había decidido enviar a Luise a Schloss Eisenberg, la residencia de viuda de Caroline Amélie, mientras se llevaba a cabo la investigación, pero esto no llegó a producirse porque el 4 de septiembre la sacaron a medianoche de Ehrenburg para llevarla a Bruckenau. Auguste era claramente pesimista respecto a cuál sería el resultado: por lo visto, Luise había confiado a una joven criada que von Bülow la había visitado en sus habitaciones privadas durante una guardia y que en adelante podría volver a aparecer allí cuando él quisiese.

Esta vez, Luise acogió resignada el hecho de que la enviasen a casa de "madre". Si uno recuerda cuán ofendida se había sentido, y cuánto había protestado, cuando en su día se la había despachado a Gotha por causa del supuesto affaire zu Solms, se aprecia una clara diferencia de actitud. A lo largo del mes de septiembre, en Coburgo, von Opitz se dedicó a los interrogatorios cruzados. Empezó con la joven Lotte Heym y con frau Kahl, para seguir a continuación con el valet de Luise, Johann Gottlieb Seelmen. El resultado fue un enredo de declaraciones que permitieron sacar en claro que el acusado Gottfried von Bülow había dormido dos noches con Lotte Heym, una en Neuhaus y la segunda en Schwarzberg. De eso no se deducía ninguna culpa directa de Luise. Gottfried von Bülow, sin embargo, fue forzado a abandonar su puesto, lo que le dejaba sin ingresos, con poco dinero en los bolsillos y cuantiosas deudas. Marchó a Braunschweig, en cuya corte su padre desempeñaba un puesto destacado: éste von Bulow era más experimentado y resuelto que el hijo, así que remitió un escrito redactado con gélida formalidad que a la vez que defendía a Gottfried, sembraba dudas acerca de Luise. El consejero de Luise, von Lindenau, fue informado de todo. Von Lindenau, personalmente, estaba convencido de la inocencia de Luise en ese asunto, pero no quería ver el nombre de ella arrastrado por el lodo, como buen amigo del difunto duque Augustus. Decidió comprar "el silencio von Bülow" asumiendo las deudas que había dejado a sus espaldas Gottfried y asegurándole una anualidad de por vida.

Pero en realidad Luise, aunque inocente por lo que tocaba a von Bülow, era culpable de adulterio con otro hombre de la corte. Aquel era el típico caso de que habían apuntado en una dirección, cuando sin duda hubiesen debido apuntar en otra, porque los flirteos quizá públicos de Luise con tipos como von Bülow, le habían servido de tapadera para el romance verdadero que estaba sosteniendo con un joven que había ingresado en el batallón de Coburgo en 1822: Maximilian von Hanstein.


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 Asunto: Re: LUISE DE SAXE-GOTHA-ALTENBURG
NotaPublicado: 31 Ene 2020 15:41 
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En marzo de ese mismo año 1824, Luise había escrito una carta particularmente triste, incluso punzante en toda su tristeza, a su amiga Augusta:

“Ahora viene lo peor…no me culpes por entero. Lo he sacrificado todo, pero no me hagas perder también tu amistoso corazón”.

De lo redactado por Luise, se deducen dos cosas: ella sabía que estaba a punto de abatirse sobre su persona, sobre su vida, una especie de tormenta perfecta; tenía conciencia de que había provocado una situación en la que sacrificaba cuánto poseía, su reputación, su estado civil, su condición de duquesa; y lo único que rogaba a su mejor amiga desde la infancia, un vínculo profundo y duradero, venía a ser que "no le echase encima" todas las culpas, que la comprendiese o cuando menos no la juzgase de manera implacable.

Considerando la cascada de eventos posteriores, parece evidente que Luise, esta vez, sí había transgredido los límites. Pero tanto la investigación realizada a instancia de parte -el gran duque Ernest- como lo que sucedería en los años venideros transmiten la impresión de que Gottfried von Bülow sirvió solamente como pantalla. El verdadero motivo por el que Luise había arrojado su vida de gran duquesa en Coburgo por la ventana se llamaba Max von Hanstein, y en el caso, dudoso, de que Ernest no lo supiese desde el principio, tuvo que enterarse en algún momento de aquel proceso que culminaría en la firma por parte de Luise del acuerdo de separación que le puso por delante von Szymborski. No era un acuerdo nada "amable" para Luise: no sólo perdía a sus hijos, sino incluso la posibilidad de verlos, aunque fuese esporádicamente y en otro lugar fuera del ámbito del ducado de Coburgo, por ejemplo en Gotha; ella se comprometía a no mantener nunca en el futuro ninguna clase de contacto, ni siquiera por vía epistolar, con Ernestito y Alberto. Permanecería alejada, en Bruckenau, hasta que concluyese la investigación. Luego, más tarde, se le proveería una residencia en Sankt Wendel, en el principado de Lichtenberg, que, formalmente, pertenecía a Coburgo, pero estaba "a un lado". En Sankt Wendel dispondría de una mansión acorde a su categoría, pero en ningún caso un castillo, y se le asignaría una anualidad, con cargo a la herencia de su padre, de 3000 táleros. Con eso podría sostenerse muy decorosamente, qué duda cabe, pero no al nivel de gastos al que estaba acostumbrada.

"El 4 de septiembre, al llegar medianoche, dejé Coburgo acompañada por los Thummels [un chambelán y su mujer], Thekla, Gran, Brann y Falchen, y cogí la ruta hacia Bruckenau".

Así relataba Luise a Augusta von Studnitz su "mutis por el foro" una vez suscrito el acuerdo de separación, que, como se aprecia, se firmó incluso muchos días antes de que von Opitz concluyese su investigación en curso. Esto implicaba que daba igual cuál fuese el resultado final en el asunto von Bülow, porque aquello vendría a servir meramente de justificación al propio Ernest ante sí mismo y ante los suyos. La verdadera causa seguía "apartada", sin atraer la vista pública.

Aunque había sido lacónica al explicar el proceso de retirada, Luise no ocultaba su dolor personal al añadir:

"Separarme de mis hijos fue lo peor de todo”.

Ernestito tenía seis años y Alberto, el indiscutible preferido de Luischen, tenía cinco años. Hasta hacía un año, habían estado aún a cargo de una gobernanta, frau Müller; pero el barón Christian von Stockmar, médico y consejero áulico de Leopold, había visitado Coburgo y había decidido que los niños vivían demasiado consentidos y asilvestrados. En opinión de Stockmar, necesitaban urgentemente un preceptor que les metiese en vereda y les ilustrase sin pérdida de tiempo, así que se había ído a lo seguro mandando llamar a Herr Christoph Florschütz, en el pasado preceptor de los (perfectamente educados) hijos de Sophie Mensdorff-Pouilly. Como era normal, pasar de los abrazos cariñosos y la afectuosa condescendencia de Frau Müller a la estricta supervisión de Herr Florschütz no resultaba moco de pavo, ni para Ernestito ni mucho menos para Alberto, más sensible y emotivo (un claro trasunto de su madre Luischen, en ese aspecto). A Luise le dolía en el alma renunciar a sus dos pequeños, pero en especial dejar atrás, en la estacada, a Alberto. Y, sin embargo, había quemado sus naves y no disponía de ninguna otra opción ya, excepto la de conformarse con un arreglo y buscar cierta medida de felicidad en la distancia que se le imponía.

Luise permaneció en Bruckenau hasta noviembre, mes en el que von Opitz dió carpetazo a la investigación que había tenido en solfa a media corte de Coburgo. Después, se marchó a Sankt Wendel. Las personas elegidas para acompañarla a Sankt Wendel no eran las mismas que habían estado con ella en Bruckenau durante aquel "compás de espera". Su dama de cámara sería Amalie von Uttenhoven, a la que ella llamaba Malchen, y su chambelán, Carl Wilhelm von Spessar. A parte, se habían seleccionado algunos miembros secundarios de servicio: un asistente para el chambelán, una doncella de cámara para la dama de cámara, un encargado de guardarropa, un cocinero, un lacayo y un cochero. En resumen, era el staff mínimo que podía rodear a una mujer con el rango, por nacimiento y matrimonio, de la exiliada Luise. Un mes después, la propia Luise, en una carta a Sophie Mensdorff-Pouilly, que de sus cuñadas era la única que siempre le había manifestado simpatía y aprecio, afirmaba que había nombrado a Max von Hanstein su "maestro de caballerizas", lo que significa que él también se había movido ya de Coburgo a Sankt Wendel. En la misma carta, Luise lamentaba que su casa se encontraba en mal estado y necesitaba reformas que debía autorizar Ernest desde Coburgo (él seguía controlando, significativamente, el dinero de ella). Añadía, por último, que allí vivía tan tranquilamente que cada día parecía un calco del anterior y ya no sabía en realidad en qué día vivía.


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 Asunto: Re: LUISE DE SAXE-GOTHA-ALTENBURG
NotaPublicado: 31 Ene 2020 17:33 
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Dos retratos de Luise.


La tendencia a dejar que se acumulasen deudas era, desde luego, muy Coburgo. Se calcula que, en la época de su separación de Luise, Ernest tenía sus finanzas en semejante estado que sus acreedores esperaban el pago de unos 541.031 táleros, o sea, más de medio millón de táleros. Le interesaba, y no poco, seguir gestionando el grueso del dinero de Luise, la dote que ella había recibido y que se había engrosado con la herencia del duque Augustus.

Cuando el duque Friedrich IV de Saxe-Gotha-Altenburg murió, a los 50 años, el 11 de febrero de 1825, sus territorios se partían en dos: Gotha de un lado, Altenburg de otro. De acuerdo con lo establecido, Gotha pasaba a manos de Ernest de Coburgo...en su calidad de MARIDO de Luise y padre de los hijos de Luise, mientras que Altenburg lo recibiría otro pariente, Friedrich de Saxe-Hildburghausen, cuya esposa había sido sobrina de la reina de George III de Inglaterra y madre de George IV. Pero, además, el difunto Friedrich, en su testamento, había añadido un codicilo muy generoso con su sobrina "caída en desgracia" Luise: le dejaba nada menos que 35.000 gulden. Con esos incentivos, Ernest, al menos, debió valorar por un momento la posibilidad de "recomponer" su matrimonio con Luise. El porqué pienso eso, tiene su clave en una carta un tanto frenética que Augusta despachó desde Gotha a su hijo Nantel en Viena:

“Ahora habla tú a Ernest, querido Nantel, y dile que se divorcie formalmente de su esposa infiel y de mala conducta, porque el mundo cree que él quiere volver con ella”.

Por supuesto, quizá Augusta tenía razón en que ya había llovido mucho cotilleo acerca de la duquesa Luise; y, por otro lado, Luise tenía consigo a Max von Hanstein. Pero ese tono de Augusta es, por otro lado, muy cínico considerando el propio historial de su hija Jülchen, la ex gran duquesa Anna Feodorovna de Rusia, a la que todos ellos habían animado en su momento a volver junto a Constantino pese a ser conocedores del pésimo trato que ella había recibido -y pese a saber que era plenamente dichosa en su casa de Berna, y que, desde que había dejado a su gran duque ruso, había tenido dos hijos ilegítimos sucesivos cada uno con un padre diferente. Otra hija de Augusta, Antoinette, que había aguantado de cara a la galería su desdichado matrimonio con el duque de Württemberg feo y obeso con el que no se habló durante varios años, también parece haber tenido, si consideramos fuente fiable a la reina Luise de Prusia (y yo tiendo a considerarla fiable), algún amante extraconyugal e hijos de dudosa paternidad. Los Coburgo, por lo visto, tenían mucha manga ancha consigo mismos, pero se permitían ponerse pudibundos y santurrones con los pecados de la carne ajenos.

Lo que echaba de menos Luise en Sankt Wendel era, invariablemente, a los niños. La última vez que su "madre", Caroline Amélie, había viajado de Gotha a Coburgo, había sido justamente en junio de 1824, dos meses antes de que estallase toda la investigación enfocada a apartar a Luise para siempre de la casa ducal. Caroline Amélie, en aquella situación, poco había podido hacer para salvar a su hijastra de la debacle, pero se mantuvo firme en su posición de "abuela Gotha": en 1825, se las apañó para tener a los niños consigo en su residencia de viuda, a dónde Ernestito y Alberto llegaron acompañados de su preceptor Herr Florschütz. Gracias a eso, Luise recibía al menos algunas detalladas informaciones respecto a la evolución de los pequeños. En etapas posteriores, se quejaría de que, por otras vías, sufría lo que se dice un verdadero apagón informativo, una lamentable realidad corroborada por algunas cartas dirigidas por la propia Caroline Amélie a Ernest I.

Augusta tenía lo que se dice mucha prisa en que el "acuerdo de separación" de Ernest y Luise se transformase lo antes posible en un divorcio oficial. En diciembre de 1825, la señora ya estaba explorando el mercado para un eventual segundo matrimonio de Ernest. Es posible que faltasen opciones "de fuste", considerando el historial del novio, pero Augusta no tuvo escrúpulos en decidirse por su propia nieta María de Württemberg, la única chica entre los retoños de su Antoinette. De momento, todo quedaba, no obstante, en stand by.

El 32 de marzo de 1826, Ernest y Luisa obtenían su divorcio legal, con unas condiciones que, en lo esencial, reproducían las del acuerdo de separación de 1824. Luise todavia esperó varios meses antes de casarse, el 18 de octubre de 1826, con Maximilian Elisäus Alexander von Hanstein, casi cuatro años menor que ella misma. En atención a la condición de princesa por nacimiento de su mujer, Max fue creado conde von Pölzig und Beiersdorf.

Cuando a Luise se la había despachado a Sankt Wendel, un motivo determinante para alejarla hasta ese lugar distante de Coburgo era la enorme popularidad entre la gente de la duquesa. Recordad, como algo sintomático de ello, que los ciudadanos, enterados de que ella estaba sola en Die Rosenau y que Ernest pretendía echarla por mala conducta, se habían alzado para ir a buscarla y llevarla al palacio de Ehrenburg al grito unánime de “Die Herzogin kommt!”. Eso no había sido nada grato ni para Ernest ni para Augusta, por supuesto: al señalar Santk Wendel como lugar de residencia fijo para Luise, la suegra había escrito a uno de sus hijos que así los coburgueses nunca más la verían "y se olvidarían de ella".

Porque Luise tenía, pese a todas sus cosillas, la facilidad de hacerse querer. La propia perdurabilidad de sus vínculos afectivos representa una prueba de que era de amistades auténticas, nada superficiales: eso se refleja en sus intercambios espistolares de años con Augusta von Studnitz, con Julie von Zerzog (nacida Julie von Thorn Dittmar) y con Elisa Kumer. Julie von Zerzog estuvo a menudo con Luise en sus últimos años, lo que de nuevo transmite la impresión de afectos verdaderos. Hay algo conmovedor también en la simpatía correspondida con su dama de cámara Malchen von Uttenhoven y con otra dama de compañía de tiempos de escasa gloria mundana, Julie von Stuhs. Pero otro detalle revelador es que conservó la simpatía recíproca con su ex cuñada Sophie de Mensdorff-Pouilly, sin lugar a dudas la más amable y adorable de todos los Coburgo. También estableció una relación cercana y cálida con la hermana de Max, su nueva cuñada Christine von Rauchhaupt.

Asimismo, Luise y Max no vivían encerrados en casa (aquella casa que, pese a los reiterados intentos de ella, nunca recibió los arreglos necesarios, porque Ernest, ya lo sabemos, era un rata...). Hacían vida social, acudiendo a distintos eventos, y ahora que disponía de acceso a fondos propios, Luise se dió el gusto de manifestar su naturaleza caritativa. Max parece haber sido siempre atento con Luise, y frecuentemente la llevaba de viaje a Frankfurt, a Baden o a París. Pero Luise atravesaba etapas de depresión, porque llevaba la cuenta de cada día que había transcurrido desde el último día en que había visto a Ernestito y Alberto. En el verano de 1828, escribió a Julie von Zerzog:

“Aunque soy infinitamente feliz con mi querido Max, todavía tengo a menudo momentos de depresión. Mi pequeño Albert tuvo sarampión y nadie pensó en contárselo a su alejada madre…”.

Enterarse siempre "a posteriori", gracias a su madrastra principalmente, de los pequeños acontecimientos en la vida de los niños le provocaba verdadera angustia interior. Luise debía tener cierta propensión a los dolores agudos estomacales, que aumentaban en las épocas en que estaba particularmente agitada o disgustada; también es posible que se resfriase con relativa facilidad y se temiese por alguna complicación bronquial o pulmonar, porque Max hizo apaños, por ejemplo, para pasar los meses de otoño e invierno de 1828 a 1829 en el sur de Francia, con un clima más benigno que Turingia.

En 1831, la salud de Luise se había resentido mucho. Notaba fuertes pinchazos abdominales y probablemente sus ciclos menstruales fuesen irregulares y excesivamente abundantes, lo que le causaría la natural clorosis y debilidad general derivada. Quizá incluso a sus espaldas, Max debió consultar con Caroline Amélie, porque el querido amigo de ésta, y tal vez compañero sentimental en la sombra, el barón Franz Xaver von Zach, se mostró dispuesto a acompañar a la pareja a París para que se pudiese consultar a un muy prestigioso ginecólogo, el doctor Antoine Dubois...A Louise, esa visita a Antoine Dubois se la vendieron posiblemente como una actividad más, entre visitas a la ópera y compras en las mejores sombrerías, para quitarle hierro al asunto.


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 Asunto: Re: LUISE DE SAXE-GOTHA-ALTENBURG
NotaPublicado: 31 Ene 2020 18:44 
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Llegaron a París y se instalaron, según su costumbre cuando visitaban con regularidad la capital francesa, en un bonito y confortable establecimiento de la rue de la Paix, el Hôtel Mirabeau. La primera visita al doctor Dubois no debió resultar alentadora, ya que el prestigioso ginecólogo consideró que el cuadro clínico que ofrecía Luise, con aquellos dolores abdominales que la doblaban en dos y los constantes y abundantísimos sangrados, apuntaban a un tumor uterino; pero se decidió permanecer en la ciudad según lo previsto y buscar una segunda opinión.

Una noche, acudieron a la ópera para una representación. Hallándose cómodamente instalados en su palco, Luise empezó a sufrir una fortísima hemorragia y perdió el conocimiento. Max y el barón von Zach, pálidos como dos muertos, se las apañaron para, con ayuda, sacarla del teatro e introducirla en un carruaje para devolverla al hotel. Fue cosa de Max requerir la presencia de un doctor de orígen alemán, Karl Christian Mark, que se había ganado un notable prestigio por ser el doctor de confianza del mismísimo rey Luís Felipe. Llamar a un médico tan destacado significaba un fuerte desembolso económico, pero la ocasión lo requería. Por desgracia, el doctor corroboró el primer diagnóstico: Luise sufría un cáncer "femenino", probablemente en un estado muy avanzado. Lo único que se podía hacer era ofrecerle un alojamiento confortable y rodearla de cuidados.

Se buscó una pequeña casa en alquiler, para trasladar a la enferma, y Max se encargó de que tuviese siempre con ella a una amable cuidadora, Anna Metz. El propio barón von Zach no quería regresar a Gotha en esa situación, de la que sin duda informó a Caroline Amélie a la mayor rapidez posible, y permaneció en el Hôtel Mirabeau. Como de gastos andaban sobrados, el barón, día a día, rehusaba la posibilidad de tomar un carruaje para desplazarse a visitar a Luise y lo hacía, invariablemente, andando, pese a que representaba un gran esfuerzo para él. Luise estaba conmovida por la constancia de Max y por la fidelidad del barón von Zach. Pero le costaba, eso sí, asumir que de París ya no saldría excepto muerta. Seguía manteniendo correspondencia con su madrastra, su cuñada Christine y sus amigas Julie y Elisa sin transmitir la gravedad de su mal. Se preocupaba por los otros: en una carta a Christine, le pedía a ésta, que la había informado previamente de que los hijos pequeños de un tal sargento Schmidt de Sank Wendel habían estado gravemente enfermos, que entregase al pobre hombre, de su parte, la cantidad de 6 táleros para ayudarle con los gastos extra que habría tenido. Al pensar en los niños enfermos del sargento Schmidt, invariablemente sentía en el alma la falta de los suyos propios.

Alternaba períodos de melancolía con otros de una agitación casi febril: según lo que escribió Caroline Amélie a Ernest, tal vez procurando conmoverle...

“El pensamiento de que sus hijos casi la hayan olvidado por completo le causa mucha angustia. Deseaba saber si ellos todavía hablaban de ella”.

Para mediados de julio, Luise tenía claro que se moría y que lo haría lejos de casa, sin volver a ver a Ernestito y a su Alberto. Siete años llevaba sin ellos, siete años que le pesaban encima como una losa pese a la felicidad personal que había encontrado finalmente junto a Max von Hanstein. El día 25, Luise se decidió a dictarle sus últimas voluntades a Anna Metz, en presencia de un abogado y de otros testigos cuya presencia había requerido la cuidadora. Su testamento fue sencillo: dejaba lo que poseía a Max von Hanstein, su esposo, en reconocimiento a su amor y su constancia. Eran unas pocas joyas (las que no le había requisado en su momento Augusta), los muebles de su mansión, una anualidad a cargo de la herencia paterna de 3.000 táleros, unos ahorros personales de 25.000 táleros y los 35.000 táleros recibidos del tío Friedrich que no había querido gastar porque le proporcionaban seguridad.

Luise siguió sufriendo, aunque trataban de amortiguar sus dolores. Su vida se apagó definitivamente el 30 de agosto de 1831. Tenía solamente 30 años de edad. La noticia de la muerte, aunque esperada, representó un auténtico mazazo para la madrastra que había sido como una madre, Caroline Amélie. En los años siguientes, hasta 1835, Caroline, "Abuelita Gotha", tuvo consigo varias semanas cada año a los dos hijos de Luise, Ernestito y Alberto. La presencia de los niños representaba un consuelo para ella, aunque nunca dejó de lamentar la pérdida tan prematura de Luischen. De 1835 hasta el año de su muerte, en 1848, tras sufrir un derrame cerebral con setenta y seis años, se carteó constantemente con los nietos. Alberto siempre iniciaba las cartas con un "Amada abuela" y se despedía con un "Su fiel nieto Alberto". En 1845, durante su gira por Alemania, Alberto y Victoria no dudaron en visitar a la anciana dama, entonces de setenta y tres años.

Max von Hanstein, tras enterrar a Luise, decidió ofrecer sus servicios como militar al reino de Prusia. Se tomaba muy en serio su posición de oficial, y enseguida tuvo a su cargo un regimiento de coraceros en Postdam. Faltando cuatro meses para el segundo aniversario de la muerte de Luischen, Max volvió a casarse, esta vez con la veinteañera Marie Therese von Carlowitz, con quien tendría un hijo y dos hijas. En 1845, durante la gira por Alemania de Alberto y Victoria, Max fue recibido por Alberto, a quien pudo realizar un relato pormenorizado sobre los últimos años de vida de Luise. Alberto se sintió tan conmovido, que estableció a favor de su padrastro una anualidad que éste debía recibir de por vida.

En cuanto a Ernest I de Coburgo, en diciembre de 1833, con cuarenta y ocho años, contrajo segundo matrimonio con su propia sobrina María de Württemberg, que se convertía, así, en madrastra de sus primos hermanos Ernesto y Alberto. Ernest seguía haciendo su propia vida, así que el matrimonio enseguida se mostró como un completo fracaso. María se mantuvo apartada del marido, aunque la relación con los chicos era benévola y amable y ellos la llamaban, a veces un poco ceremoniosamente, "Mamá" o "Mamá María". María no tuvo que padecer intromisiones de su suegra, la abuela Augusta, porque la gran señora se había muerto el 16 de noviembre de 1831, pocos meses después de su ex nuera Luise.


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