Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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 Asunto: Re: LEOPOLD I
NotaPublicado: 05 Ene 2014 18:43 
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Bueno en realidad sí, la falta de piezas dentales obliga a cerrar más los labios en un rictus severo, además la barbilla se aguza y tiende a acercarse a la nariz formando un perfil "de bruja de cuento" :XD:

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La expresión suprema de la belleza es la sencillez.
Alberto Durero.


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 Asunto: Re: LEOPOLD I
NotaPublicado: 05 Ene 2014 18:48 
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Bueno, sigamos leyendo a Minnie, porque este hilo promete mucho. Deduzco que en este momento
Leopold es un chico bonito. ;)


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 Asunto: Re: LEOPOLD I
NotaPublicado: 05 Ene 2014 18:52 
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Veamos.

Érase una vez una emperatriz autócrata de Todas las Rusias a quien sus admiradores llamaban "la Semíramis del Norte". Había nacido siendo una insignificante princesa germánica, Sophie Friederike Auguste (simplemente "Figchen" para sus allegados...) von Anhalt-Zerbst-Dornburg, pero, elegida por la zarina rusa Yelizavieta Petrovna, hija del gran Pedro el Grande y de la también recordada Catalina I, para casarse con el sobrino heredero de ésta, Pedro de Oldenburgo, la muchachita demostró estar hecha de una pasta muy especial. Supo sobreponerse a infinidad de duras pruebas en Rusia y, a su debido tiempo, supo hacerse con el poder supremo, desplazando a su marido Pedro III y en detrimento del pequeño hijo "oficialmente de ambos", el zarevitch PabloPetrovich. Catalina nunca estableció una relación verdaderamente maternal con su retoño Pablo Petrovich, de quien Yelazievieta la había privado, decidida a criarlo a su gusto, nada más haber nacido el bebé. De ese mal inicio poco bueno se podía esperar, ciertamente. Cuando Pablo creció, buscó la forma de reafirmarse en su -dudosa- identidad de heredero de la casa Romanov tratando de parecerse en todo, física y psicológicamente, a su padre "oficial", el extinto Pedro III (muerto asesinado por amigos de Catalina, pero al parecer sin que ella hubiese auspiciado el crimen, en una remota fortaleza a la que se le había enviado tras la forzada abdicación". Pablo quería ser un revival de Pedro III para de esa forma plantar cara a la indiscutible hegemonía de Catalina. Es muy comprensible todo el asunto, pero bastante penoso porque, sumado a la persistencia de Pablo en mirar con malos ojos a los favoritos de su resueltísima madre, contribuyó a hacer imposible una cierta concordia entre ambos.

Los matrimonios de Pablo tampoco ayudaron, aunque Catalina fue quien "eligió" a las dos sucesivas esposas de su hija. La primera, Wilhelmina Luise de Hesse-Darmstadt, rebautizada en la ortodoxia como Natalia Alexeievna, resultó un fiasco pese a que Pablo la amó apasionadamente. Natalia Alexeievna tuvo al menos, por lo que concernía a Catalina, la deferencia de morirse pronto al dar a luz a un bebé de gran tamaño que murió en el proceso. Era imposible saber si el bebé lo había engendrado Pablo...o el amante de Natalia Alexeievna, el muy guapo Andrei Razumovsky. Para que Pablo dejase de llorar la pérdida trágica de su mujer y "su hijo", Catalina le puso en las manos las cartas de amor que probaban el affaire de Natalia con Andrei. Al menos, eso sirvió para arrancar a Pablo de la melancolía y para que se aviniese a irse a tierras germánicas en busca de la segunda esposa. Eso sí: hacer trizas la memoria de Natalia no ayudó a que Pablo mejorase ni un ápice la opinión que tenía acerca de su madre. Aquel episodio incrementó la amargura y el rencor del hijo hacia Catalina II.

La princesita Sophie Dorothea of Württemberg, rebautizada en la ortodoxia con el nombre de María Feodorovna, fue bastante mejor compañera para Pablo de lo que había sido la infortunada Natalia Alexeievna. María Feodorovna no andaba escasa de firmeza de carácter ni de temperamento, aparte de que estaba plenamente decidida a mostrar una lealtad inquebrantable hacia Pablo. No obstante, Catalina II seguía siendo Catalina II, la que hacía que todos bailasen al son que ella tocaba, por las buenas o por las malas. Cuando María tuvo a su primer hijo, la emperatriz, extática, le arrebató a su nuera al pequeño a quien ella misma decidió llamar Alexander, pensando en Alejandro Magno. Cuando María tuvo a su segundo hijo, la emperatriz, todavía capaz de enfervorizarse, le quitó de nuevo al niño a quien había decidido llamar Constantino por Constantino El Grande. Catalina tenía sus planes: un día, echaría a los turcos otomanos de la vieja Bizancio y volvería a forjarse el imperio bizantino ortodoxo con capital en Constantinopla. Entonces, Alexander sería zar de Todas las Rusias, pero Constantino sería emperador en Constantinopla. Para ir preparando el terreno, Catalina quiso que incluso el ama de leche del niño Constantino no fuese ninguna robusta moza rusa, sino que se decantó por una griega con el evocador nombre de Helena.

Así era Catalina II. Faltaría más.

Llegado el momento que a ella le pareció idóneo, en el año 1793, Catalina había decidido casar a su adorado nieto Alexander. Amelia Frederica de Hesse-Darmstadt, por matrimonio esposa del entonces príncipe heredero de Baden, fue invitada a viajar a San Petersburgo con dos de sus hijas: Luise y Frederica. Entre las dos muchachas, el heredero del imperio ruso podría elegir a su consorte. Luise, una auténtica preciosidad de catorce años, cándida y tímida, adorable en sus rubores, fue la elegida para transformarse en Elizaveta Alexeievna. Catalina vibraba de entusiasmo ante el enlace de Alexander y Elizaveta -algo enteramente natural, porque formaban al menos en apariencia una pareja de cuento de hadas-. En 1795, Catalina decidió que había sonado la hora de tomar las mismas provisiones respecto a su nieto Constantino, que no era un mozo tan dotado ni física ni intelectualmente como Alexander y adolecía de peor carácter. Catalina envió a un hombre de su confianza, el general Andrei Yakovlevich Budberg, a recorrer tierras de Alemania en busca de una princesa apropiada para Constantino Paulovich. Hay que decir que el minúsculo ducado ernestino de Coburg-Saalfeld no era una de las cortes principescas que formasen parte del itinerario trazado con antelación por Budberg. Fue una repentina enfermedad, cuando viajaba de una corte a la siguiente, la que le obligó a detenerse en Coburg y a solicitar hospitalidad a la familia ducal. Pero eso le permitió conocer a Augusta Reuss zu Ebersdorf, con fama de increíblemente bella, y ver de cerca a las tres hijas mayores de ésta, unas mocitas francamente encantadoras...


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 Asunto: Re: LEOPOLD I
NotaPublicado: 05 Ene 2014 19:40 
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Sophie

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Antoinette

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Juliane

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Estas eran las tres bazas que los Coburg Saalfeld podían jugar en ese momento en el mercadeo nupcial. Había una cuarta hija, Viktoria, pero ésta tenía solamente diez años. Hubiera sido forzar mucho la mano incluír en el lote de "nuestras chicas en edad de merecer" a Viktoria. Además, tampoco había necesidad de anticipar tanto los acontecimientos. Tenía lógica colocar a las mayores antes de centrar el interés en las menores. De hecho, las menores, muy a menudo, se beneficiaban de las buenas bodas que hubiesen podido concertarse para las mayores.

Budberg fue muy elogioso respecto a las niñas Coburg Saalfeld, tanto que Catalina no se lo pensó mucho antes de remitir la pertinente invitación a San Petersburgo a Augusta Reuss zu Ebersdorf. Augusta era una mujer muy espabilada, no necesitaba que le dijesen a las claras a qué se estaba jugando porque podía analizar el caso someramente y extraer sus propias rápidas conclusiones. En particular, hay que recordar que estaba cerca en el tiempo el caso de Amalie de Baden viajando rauda a San Petesburgo para exhibir los encantos de sus hijas Luise y Frederica. Luise había sido la elegida para Alexander. Una de las niñas que llevase Augusta tenía todas las papeletas para ser la elegida para Constantino. En cualquier caso, Augusta decidió hacerse escoltar por el mayor de sus hijos, Ernst. Era algo que daba más empaque a la expedición.

Posteriormente, Ernst diría que era una pena que la elegida no hubiese sido Antoinette...

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...seguramente porque él la consideraba la más hábil a la hora de conducirse en una gran corte. Por su propia naturaleza, Antoinette le parecía a Ernst capaz de haber hecho un magnífico papel en San Petersburgo. Pero el caso es que, aunque las tres mozas Coburg fueron muy admiradas, Constantino se decantó por la pequeña Juliane.


Última edición por Minnie el 06 Ene 2014 00:35, editado 1 vez en total

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 Asunto: Re: LEOPOLD I
NotaPublicado: 05 Ene 2014 19:52 
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La risa es un antidepresivo sin efectos secundarios


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 Asunto: Re: LEOPOLD I
NotaPublicado: 05 Ene 2014 20:17 
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Una foto de la abuela Sofia Anton ia en color :cool:


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 Asunto: Re: LEOPOLD I
NotaPublicado: 05 Ene 2014 20:21 
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Las tres hermanas Coburgo

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Sofia


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Antoinette


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Juliana


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 Asunto: Re: LEOPOLD I
NotaPublicado: 05 Ene 2014 23:01 
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Minnie, los retratos que has puesto de las dos primeras hermanas, Sofia y Antoinette, son el mismo, no?

Y aprovecho para darte las gracias por reabrir hilos...siempre son una alegría !! >:D<


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 Asunto: Re: LEOPOLD I
NotaPublicado: 06 Ene 2014 00:36 
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carmela escribió:
Minnie, los retratos que has puesto de las dos primeras hermanas, Sofia y Antoinette, son el mismo, no?

Y aprovecho para darte las gracias por reabrir hilos...siempre son una alegría !! >:D<


Ya he corregido las inserciones de imágenes. Gracias por avisar, Carmela, querida. He ído a toda prisa para dejar "lanzado" el último post antes de marcharme a la cabalgata de Reyes...y las prisas nunca son buenas, jamás de los jamases. Pero, bueno, ya está todo como debe estar, jejeje.


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 Asunto: Re: LEOPOLD I
NotaPublicado: 06 Ene 2014 02:38 
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Minnie, gracias por escribir nuevamente!!!
:cheerleader: :cheerleader: :cheerleader: :cheerleader: :cheerleader: :cheerleader: :cheerleader: :cheerleader: :cheerleader: :cheerleader:


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 Asunto: Re: LEOPOLD I
NotaPublicado: 06 Ene 2014 11:36 
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El matrimonio de Juliane, transformada rápidamente en la gran duquesa Ana Feodorovna...

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...fue absolutamente desastroso desde sus inicios. La aristócrata rusa Varvara Golovina, nacida princesa Galitzine, que formaba parte del entourage de la gran duquesa Elizaveta Alexeievna, la esposa de Alexander, tenía claro que Constantino detestaba la idea de contraer matrimonio. Se trataba de un mozo de dieciséis años, mucho menos apuesto que su hermano Alexander y de un carácter cuando menos difícil. Había en él una extremada inquietud, estaba en perpetuo movimiento buscando sobre todo un estilo de vida cuartelero que satisfaciese su tendencia a la rudeza y la arrogancia. Solía mostrarse muy terco y a menudo un tanto violento. Nadie podría definirle como un príncipe encantador, aunque desde luego fuese un magnífico partido por su posición en el seno de la familia imperial rusa.

Golovina nos explica que Constantino tardó tres semanas en elegir a una de las niñas Coburgo precisamente porque, como no le apetecía lo más mínimo casarse, no ponía interés en seleccionar a una de las hermanas que le pasaban constantemente por delante de los ojos. Al cabo de tres semanas, la emperatriz Catalina II consideró colmada su paciencia y directamente le ordenó a su nieto que se decantase por una, ya que ella consideraba a las tres unas peritas en dulce. Constantino pidió a Juliane, la menor. Es probable que le pareciese la más cándida, la más dúctil y maleable. Hay que decir que Juliane nunca tuvo posibilidad alguna de ofrecer resistencia, al contrario, se suponía que debía mostrarse extática. Al fín y al cabo, ascendía desde el insignificante Coburgo hacia la fabulosa corte de los Romanov, tan dada a un ceremonial extremadamente recargado y a un lujo que bordeaba siempre la opulencia más ostentosa.

Lo significativo es que, con un casamiento de aquella envergadura, por mucho que la pobre Juliane quedase abocada a la infelicidad personal, había "adquirido" una repentina elevación en la estima social para su familia. Los Coburg-Saalfeld pasaban a estar "a la sombra protectora" de los Romanov. Hubo el habitual caudal de honores derramándose sobre los nuevos parientes políticos Coburg-Saalfeld. Por ejemplo, nuestro Leopold, que todavía no había cumplido los seis años en esa época, se encontró de repente convertido en coronel de un celebérrimo regimiento de la Guardia Imperial rusa, nada menos que el regimiento Izmaylovsky, que por entonces había sido designado para garantizar la protección específica del gran duque Constantino.

A decir verdad, esa conexión rusa no era algo que careciese de significación. Si descartamos a las chicas, cuya función se restringía al ámbito del intercambio de novias entre dinastías con la esperanza de obtener de vez en cuando algún casamiento tan brillante como el de la pequeña Juliane, el caso era que Franz y Augusta tenían tres hijos varones: Ernst, Ferdinand y Leopold. Leopold era el pequeño de la casa, dado que el benjamín Franz Maximilian había sido en el mundo como un ligero soplo de brisa entre las ramas de los frondosos árboles de los bosques de Turingia. Ernst parecía destinado a desarrollar una carrera militar en la cercana Prusia y, a su debido tiempo, actuar como duque soberano de Saxe-Coburg-Saalfeld. A Ferdinand se le encauzaba hacia una brillante carrera militar en las fuerzas imperiales austríacas, o sea, al servicio de su señor natural, el emperador Habsburgo del Sacro Imperio. Pero...¿y el petit Leopold? Ese nombramiento temprano como oficial -evidentemente honorífico...- de uno de los regimiemtos emblemáticos rusos parecía abrir la puerta a una futura carrera militar en Rusia, dónde, a fín de cuentas, su hermana había ingresado en el círculo de la familia imperial.


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 Asunto: Re: LEOPOLD I
NotaPublicado: 06 Ene 2014 12:22 
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