Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

Nuevo tema Responder al tema  [ 40 mensajes ]  Ir a página Anterior  1, 2, 3, 4  Siguiente
Autor Mensaje
 Asunto: Re: LA REINA DE WESTFALIA
NotaPublicado: 14 Ene 2012 11:43 
Desconectado
Madre Fundadora
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 20:47
Mensajes: 18377
Es una ilustración muy buena, Legris. A golpe de vista, presenta el formidable contraste entre Friedrich y Napoleón. Ciertamente, desde una perspectiva histórica, Napoleón es la figura que impone, la que alcanzó unas proporciones casi míticas, mientras que Friedrich ha de consolarse con un papel entretenido pero secundario en una eventual película sobre la Europa de aquel período. Los coetáneos, queriendo hacer burla de Friedrich, le llamaban "el más grande de los reyes europeos". Claro, cinta métrica en mano, la frase le definía a la perfección. Pero sólo cinta métrica en mano.

Aunque ahora vamos a centrar la atención en la tercera figura masculina de este tema: Jérôme Bonaparte.

Imagen

Nacido el 15 de noviembre de 1784 en Ajaccio, fue el decimotercero de los retoños concebidos por la enérgica Letizia Ramolino en su matrimonio con Carlo María Buonaparte. No todos los hijos habían prosperado, pues las tasas de mortandad infantil eran notables en la época: en realidad, únicamente ocho superarían la niñez y, en ese cómputo, nuestro chico era el octavo. El benjamín de la casa, lo miremos del modo en que lo miremos; y esa posición definió en buena medida su destino.

Cuando Letizia dió a luz a Girolamo, el padre de la criatura, Carlo María, no estaba en casa. Se había marchado a la ciudad de Montpellier, en el sur de Francia, acompañado por el mayor de su hijos, Giuseppe, que contaba casi diecisiete años. Carlo deseaba consultar a un prestigioso médico, porque llevaba tiempo sufriendo espantosos dolores estomacales. En ese período, el hermano que seguía en edad a Giuseppe, Napoleone, también estaba ausente, pues se había incorporado a la escuela militar en Brienne -dónde sus compañeros se burlaban sin piedad de su nombre y de su acento corso-.

Cuatro meses después, Giuseppe hubo de volver a casa con la tremenda noticia de que su padre había muerto, consumido por el cáncer de estómago. El doctor no había podido hacer nada por Carlo. Letizia se encontró viuda a los treinta y cuatro años. Había heredado la casa de Ajaccio y una casita campestre, Villa Milelli, pero carecía de dinero para cubrir las necesidades de su amplia familia. Una asignación del gobierno francés, que así pagaba los servicios prestados por Carlo, no parecía suficiente. Pero pudo complementarse con estipendios familiares. Y, más o menos, salieron adelante, aunque Giuseppe, que había completado su educación, hubo de retornar a Córcega para ejercer de eventual cabeza de familia, en tanto que Lucien fue enviado a suelo francés a que se formase. Asimismo, aprovechando una beca, la mayor de las chicas, Elisa, también se marchó para incorporarse a un pensionado para muchachas, la escuela de Saint-Cyr.

¿Qué es lo que podía percibir, en sus primeros años, nuestro Girolamo? Su madre hacía frente a la vida con sorprendente determinación y coraje. La habían casado a los catorce años y la sucesión de embarazos con partos a menudo complicados habían dejado secuelas en su salud. Pero era una mujer corsa, decidida y valerosa. Contaba con la ayuda de una criada, Severia, a la que pagaba una auténtica miseria sencillamente porque carecía de fondos. Pero Severia era absolutamente fiel a Letizia. Las dos trataban de disciplinar a los hijos menores de la señora Bonaparte, cuya situación económica empeoró en 1788, cuando los franceses instauraron una nueva administración en Córcega. La nueva administración, más rigurosa, acabó de un plumazo con los subsidios que estaba recibiendo Madame Bonaparte.

Los hijos mayores hacían lo que podían. No podía decirse, realmente, que nuestro Girolamo conociese a su hermano Napoleón. Éste había aprovechado un permiso para visitar Ajaccio en 1786, pero Girolamo frisaba aún en los dos años de edad. En 1788, Napoleón, deseoso de ayudar a su madre, reclamó a su hermano Louis, para que también recibiese instrucción militar. Girolamo tenía cuatro años. En casa sólo quedaban Pauline, Caroline y él mismo.

En 1789, Napoleón volvió a Córcega...y esa vez, permaneció en su patria un total de seis meses. Formalmente, Giuseppe/Joseph, un abogado que estaba ganando cierto prestigio en la isla, era el cabeza de familia, pero Napoleón siempre tuvo ese carácter imperioso que le hacía marcar las pautas. Su impresión del hermano menor, Girolamo, fue que se trataba de un mocoso impertinente. Quizá, a pesar de ellas mismas, Letizia y la criada Severia eran más blandas con el menor de los hijos Bonaparte.

A partir de 1791, las cosas fueron pintando peor en Córcega. Paoli, el líder nacionalista corso, a quien los Bonaparte habían jaleado fervorosamente en tiempos anteriores, consideraba abominables tanto la Revolución francesa como su evolución política posterior. El deseo de Paoli, expresado claramente, consistía en sacudirse de encima a la administración francesa, designada por la Convención Nacional. Asimismo, la Convención Nacional estaba dispuesta a mantener Córcega como parte del territorio de Francia. Designaron a Salicetti, otro corso, para que echase tierra encima de las aspiraciones independentistas de Paoli. Napoleón Bonaparte, joven militar, tenía que servir de refuerzo a Salicetti. Si los paolistas no entraban por el aro en base a mandatos taxativos, tendrían que hacerlo a cuenta de duros bombardeos.

Letizia estaba seriamente preocupada por la seguridad de su familia. En Francia, 1792 fue un año dramático, en el que el Terror empezó a manifestar su intensidad. Establecimientos educativos como el de Saint-Cyr se clausuraron mientras se incrementaba la violencia contra todo lo que oliese, siquiera remotamente, a aristocracia. Napoleón hubo de rescatar a su hermana Elisa, que llevaba en la escuela desde los ocho años. Era inevitable que los acontecimientos que sacudían suelo francés no se hiciesen sentir en Córcega. Los paolistas estaban ganando posiciones, día a día. Letizia, como medida de precaución, había mandado a sus hijos Caroline y Jérôme con sus propios familiares maternos, los Pietrasanta. Pero Napoleón mandó a su madre que se concentrase con los chicos en una antigüa torre, a la sazón abandonada, de Capitello, población situada al este del golfo de Ajaccio. Sin embargo, el conflicto íba de mal en peor, al punto de que Napoleón acabó decidiendo trasladarles a Calvi, uno de los tres bastiones franceses junto con Bastia y Saint-Florent. Puesto que el bombardeo de Ajaccio no consiguió derrotar a los pujantes paolistas, Napoleón tomó la decisión de que se irían a Francia. De hecho, Lucien ya se había marchado unos meses antes; ahora, se embarcó a resto del clan rumbo a Toulon.

La "emigración a Francia" fue un episodio traumático para Letizia Ramolino. Considerando el patriótico pasado compartido con su difunto esposo Carlo, para ella supuso un duro golpe saber que un congreso paolista había sentenciado a la familia Buonaparte a perpetua execración e infamia. Pero todavía íba a escocerle más la situación al llegar a Toulon. Si Letizia había esperado que el gobierno francés les proporcionase una situación medianamente desahogada en retribución por la lealtad mostrada a la Convención Nacional, íba a llevarse un chasco de mil narices. Primero en el pueblecito de La Valette y después en el pueblecito de Bandol, Letizia se percató de que apenas disponían de dinero suficiente para cubrir sus necesidades básicas -eso al margen de que las gentes de aquellos lugares no disimulasen el desdén ante la visión de los desaharrapados corsos-. El traslado a Marseille, una de las principales ciudades portuarias de Francia, no mejoró las perspectivas. A Letizia y a su leal criada Severia debió costarles mantenerse en pie cuando llegaron a lo que fue su primera vivienda en la ciudad, una serie de lóbregas habitaciones en el cuarto piso de una casa de la rue Pavillon.

Afortunadamente, Napoleón pudo recurrir a su vínculo con el político corso Cristoforo Salicetti. Salicetti rescató a la familia de aquella casi extrema pobreza, proveyendo un cargo de asistente del comisario de guerra en la región para Joseph y un puesto de tendero para Lucien, a la vez que les buscaba una casa un poco mejor en la rue du Faubourg de Rome. No obstante, Letizia siguió pasándolo mal. Su pésimo francés la hacía blanco de las burlas de los vecinos, que, asimismo, hacían mofa de las chicas Bonaparte, de las que se decía que se trataba de impúdicas mocitas que se pasaban el día en las calles.

Pero la carrera de Napoleón íba a progresar en los años siguientes. Aunque Joseph pareció asegurar cierta respetabilidad a la familia al lograr comprometerse en matrimonio con la señorita Julie Clary, de una distinguida familia de negociantes marselleses, con buena dote y rentas anuales procedentes del comercio de tejidos, Napoleón era quien subía como la espuma. Hubo algunos momentos en que pareció que no sólo podía frustrarse su ascensión, sino que incluso podía caer en picado, pero no ocurrió así. Napoleón progresaba. Nunca se olvidaba de Letizia, para quien, en cuanto tuvo oportunidad, alquiló una enorme casa de campo en los aledaños de Antibes, denominada château Salle.

Robespierre había caído y el Directorio mandaba en Francia, con un líder particularmente destacado en Paul Barras. Napoleón necesitaba hacerse valer ante tipos como Barras, para que se le encomendasen misiones que incrementasen su prestigio y su popularidad. Por eso trataba de acceder a ciertos círculos. En ese marco, una visita a los salones de Therese Tallien alteraría su vida al introducir en ella a una amiga íntima de la anfitriona, Josephine de Beauharnais. Josephine, una criolla de la Martinique, viuda del aristócrata revolucionario ulteriormente decapitado Alexandre de Beauharnais, tenía dos hijos de aquel primer matrimonio y una reputación bastante dudosa a la sazón por sus vinculaciones con otros hombres, incluyendo al mismísimo Paul Barras.

A Letizia se la llevarían los demonios durante el resto de su vida, al pensar que Napoleón, que en Marseille había mostrado el buen sentido necesario para comprometerse con la hermana menor de Julie Clary, Dèsirée Clary, había estropeado las cosas al decidir casarse con la amante de Barras, Josephine. Luego, los maliciosos dirían que Barras estaba cansadísimo de Josephine y que, en pago porque Napoleón se había casado con la señora de Beauharnais, maniobró en favor de que a Bonaparte se le acabase encomendando el mando de la campaña en Italia. Letizia nunca pudo transigir con Josephine, que introdujo en el círculo familiar a su hijo -Eugène- y a su hija -Hortense-. Para Letizia Ramolino, Josephine de Beauharnais siempre fue, simple y llanamente, "la puttana".

Pero aquí quien nos interesa es Jérôme, que había llegado a Marseille con nueve años y que tenía doce años cuando Napoleón se casó con Josephine. El enamoramiento de Napoleón respecto a la viuda Beauharnais incidió muy directamente en las vidas de los hermanos menores del militar corso, Caroline y Jérôme. Y esto sucedió porque Napoleón consideró oportuno "copiar" para sus hermanos menores la educación que Josephine había creído apropiada para su hija Hortense y para su hijo Eugène. Así, puesto que Hortense acudía a la academia de Madame Campan, Caroline fue enviada a la academia de Madame Campan; y puesto que Eugène se había incorporado tiempo atrás al Collége Irlandais que un tal Patrick MacDermot había fundado en Saint-Germain-en-Laye, Jérôme fue inscrito en el mismo centro. Cuando la muerte de Patrick MacDermot acabó con su Collége Irlandais a finales del año 1797, los alumnos fueron transferidos a una nueva escuela masculina dirigida por Monsieur Mestro en un edificio cercano que había pertenecido a las monjas ursulinas. En una etapa posterior, cuando Napoleón había concluído exitosamente su campaña italiana y se disponía a iniciar su campaña egipcia, tomó la determinación de que Jérôme completase sus estudios en el Collége de Juilly.

En resumidas cuentas: por su condición de benjamín, Jérôme fue, entre todos los hijos de Letizia, el que menos padeció la época de privaciones de los Bonaparte, así como el que antes se benefició del extraordinario avance de Napoleón. Napoleón regresó de Egipto como un héroe popular en octubre de 1799, época en que Jérôme, de quince años, permanecía en Juilly. Pero poco después se produjo el golpe de mano claramente bonapartista del 18 Brumario. Empezaba el Consulado, con Napoleón Bonaparte en el papel estelar de Primer Cónsul en febrero de 1800. Se le asignaron a Napoleón Bonaparte apartamentos en el mismísimo palacio de las Tuilleries, una residencia que decidió compartir con sus familiares. Una serie de aposentos en el denominado Pabellón de Flora fueron preparados para Jérôme Bonaparte.

Cuando Napoleón partió para una nueva campaña en Italia, en 1800, Jérôme estaba en una fase en que deseaba emular a su hermano. Pidió encarecidamente que se le permitiese acompañarle en aquella expedición militar. Napoleón no quiso tomar en serio a Jérôme, que hubo de quedarse en París, aunque, eso sí, con una generosísima asignación económica para que pudiese entretenerse. Jérome gastó todo el dinero...e incluso incurrió en fuertes deudas...pero semejante capacidad de despilfarro no le hicieron perdonar a su hermano que no le hubiese llevado consigo a Italia, dónde había obtenido la épica victoria de Marengo. A la vuelta a casa, Napoleón se percató de que Jérôme aún estaba profundamente enfadado y, tratando de solventar la situación, le invitó a hacer las paces, sugiriéndole que estaba dispuesto a darle lo que él pidiese. Jérôme no se anduvo con chiquitas: pidió que le regalase la espada que había enarbolado en Marengo. Poco después, Napoleón descubrió que su hermanito tenía unas dudas francamente cuantiosas.

Napoleón hubo de encarar el hecho de que Jérôme era un mozo exageradamente protegido y mimado. Le habían convertido en un muchacho alegre y extravagante, capaz de gastar a manos llenas sin preocuparse en absoluto por lo que podía significar ir coleccionando acreedores. Era evidente que contaba con que sus hermanos mayores le sacarían siempre las castañas del fuego. Estaba claro que aquello no era algo que hubiese que perpetuar en el tiempo: Napoleón se hizo cargo de que había que trazar unas pautas para que Jérôme no fuese un petimetre desbocado, sino un hombre con oficio y beneficio. Lo que quería Jérôme era ser, como Louis había sido en Italia, un aide-de-camp de Napoleón. Pero la decisión de Napoleón respecto a Jérôme fue la de proporcionarle una carrera militar...¡en la marina!. En particular desde su campaña en Egipto, Napoleón había tomado plena conciencia de la importancia de disponer de una buena armada y quería que Jérôme se desarrollase en ese ámbito...empezando desde muy abajo. Jérôme se comió el marrón de ser enviado como un simple aspirante de segunda clase al buque "Indivisible", al mando del almirante Ganteume, que estaba fondeado en el puerto de Brest.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: LA REINA DE WESTFALIA
NotaPublicado: 14 Ene 2012 15:27 
Desconectado
Madre Fundadora
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 20:47
Mensajes: 18377
Napoleón fue franco en su carta dirigida al almirante Ganteume. Le constaba que el almirante íba a afrontar un desafío importante, el de sacar una pequeña flota desde la rada de Brest, cuidadosamente vigilada por buques de guerra británicos, para trasladarse con ella al Mediterráneo, el mar en el que, para enojo de Bonaparte, los ingleses ostentaban un dominio prácticamente absoluto. La tarea de Ganteume era de gran relevancia. Por tanto, Napoleón se tomó el interés de dejarle claro que no pretendía distraerle encomendádole el cuidado de Jérôme. Jérôme sería un aprendiz de segunda clase como cualquier otro, debería espabilarse por sí mismo y manejarse lo mejor que pudiera. Ganteaume podía mostrarse estricto y exigente, no necesitaba perder el tiempo facilitándole la vida a bordo de un buque a Jérôme.

Como aquí no es cuestión de demorarnos en detalles, diremos sólo que aquella primera singladura marítima de Jérôme fue un tanto azarosa. La flotilla encontró numerosas dificultades tras haber conseguido doblar la Península Ibérica: primero las pésimas condiciones climáticas les obligaron a una escala en Toulon, después hicieron un poco el ridículo ante la guarnición anglo-turca que protegía la isla de Elba y cuando por fín lograron acercarcarse a un punto de la corta egipcia, se toparon con un navío británico con el que entraron en combate. Por suerte, el navío británico hubo de rendirse ante los buques franceses. Nueve meses después de haber salido de Brest, Jérôme pudo presentarse en París con la cabeza bien alta: los informes del almirante Ganteume le dejaban en muy buen lugar. El chico pudo disfrutar de tres meses de vida alegre en París, un período en el que, nuevamente, gastó más de lo que correspondía. Pero a finales de noviembre de 1801, Napoleón le ordenó que se dirigiese a Rochefort, dónde se hallaba la flota que íba a zarpar en una expedición militar a las Indias Occidentales. La flota la dirigía el general Charles Victoire Emmanuel Leclerc, casado con Pauline Bonaparte, la más hermosa de las hermanas de Napoleón y Jérôme. Napoleón, que no se fiaba de que Paulina Bonaparte se mantuviese fiel a Leclerc si permanecía en suelo europeo, le ordenó a la que era denominada "belle des belles" a sumarse a la expedición.

Con la capacidad para analizar fríamente los propios actos que proporciona el paso de muchos años, Napoleón llegaría a considerar una absoluta equivocación el haber mandado a Leclerc a Santo Domingo para retomar el control de una isla que se había hecho autónoma de la metrópoli bajo el liderazgo de otro general, en este caso negro, llamado Toussaint Louverture. La idea consistía en devolver la isla a la administración francesa, desarmando a los partidarios de Toussaint Louverture, para, a continuación, reestablecer la esclavitud que había sido abolida. Pero la expedición resultó calamitosa, porque aunque en principio parecía haber triunfado, hubo de afrontar una gran sublevación popular al anunciarse la restauración del sistema esclavista y para rematar las cosas surgió un brote de fiebre amarilla que se cebó con los expedicionarios europeos. Leclerc fue una de las víctimas de la fiebre amarilla, alrededor de cuatro mil quinientos hombres de armas. Murió en las Tortugas y Pauline, la "belle des belles", se cortó los ricitos en un gesto de duelo muy teatral antes de disponerse a devolver el cadáver de su esposo a Francia. Entre tanto, Jérôme, teniente Bonaparte, permanecía a bordo del buque "Epervier", dónde pudo sobrevivir a su propio brote de fiebre.

Una escala de Jérôme en Martinique, que le permitió reponerse del acceso de fiebre, le permitió también estrechar lazos con tres hombres que serían importantes en su trayectoria existencial. Uno era Pierre Simon Meyronnet, de una distinguidísima familia de la Provenza, que también había llegado al "Epervier" en el puesto de teniente. Otro era Jean-Jacques Reubell, oriundo de Colmar y cuyo padre había sido uno de los miembros del Directorio. El tercero sería un criollo, Pierre Alexandre Lecamus o Le Camus, cuyo padre, Pierre-Timothée Le Camus, ostentaba la condición de procurados en el Consejo de La Martinique. La afinidad entre Jérôme y el joven Le Camus le hizo convertir a éste en su secretario privado.

Fue con esos tres hombres, y con el doctor cirujano René-Jean Rouillard, con los que Jérôme Bonaparte abandonó La Martinique en un velero americano en julio de 1808, zafándose así de un intensivo bloqueo británico sobre las islas en las que los franceses habían tratado de afianzar su dominio. El velero les llevó a Norfolk, en Virginia: llegaron allí el 20 de julio de 1802. El plan consistía en, una vez en suelo americano, buscar un velero de bandera neutral, que no pudiese ser interceptado por los británicos, para retornar a Francia. Por eso, se decidió que Pierre Simon Meyronnet se encargaría de buscar una alternativa en Filadelfia, mientras que el propio Jérôme, con sus otros tres compañeros, se desplazaría a Washington a fín de reunirse con el Cónsul General de Francia en Estados Unidos, Monsieur Louis-André Pichon. A Monsieur Pichon le tocó "abrir la bolsa" y soltar todo el dinero, más de diez mil dólares, para que un buque con base en Filadelfia, el "Clothier", aceptase devolverles a Francia. Pero el "Clothier" no zarparía hasta el ocho de agosto. Había margen de tiempo suficiente, pensó Jérôme, como para que tuviesen que aburrirse en Filadelfia. Prefería viajar a la animada Baltimore, dónde residía un hombre a quien había conocido en las Islas Occidentales, el aventurero Joshua Barney.

El viaje a Baltimore de Jérôme acabó siendo muy sonado, pero no por su reencuentro con Joshua Barney. Baltimore era tan entretenida, que a Jérôme se le pasaron las ganas de retornar a Francia. La ciudad le divertía demasiado...y para añadir un nuevo aliciente, conoció a la que probablemente pudiese merecer el título de la mujer de su vida: Elizabeth "Betsy" Patterson.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: LA REINA DE WESTFALIA
NotaPublicado: 14 Ene 2012 16:17 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 27 Jul 2011 15:11
Mensajes: 897
Ubicación: España
(like)

Minnie yo no conozco apenas a esta princesa, pero te seguiré con total entrega. ;)

_________________
Princesa Celta


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: LA REINA DE WESTFALIA
NotaPublicado: 14 Ene 2012 16:31 
Desconectado
Madre Fundadora
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 20:47
Mensajes: 18377
Betsy Patterson:

Imagen

Era hija de William Patterson y su esposa Dorcas, de soltera Spear. Su padre estaba considerado el segundo hombre más rico de Maryland, lo que hacía de Betsy una especie de princesita mimada de la alta sociedad de Baltimore. Con esos antecedentes, difícilmente podía pensar que estaba "picando demasiado alto" mientras empezaba a tratarse con el joven oficial francés Jérôme Bonaparte, hermano del Primer Cónsul Napoleón Bonaparte. Hay dos versiones acerca del primer encuentro de ambos: una lo sitúa en unas carreras de caballos, en tanto que la mayoría indican que sus caminos se cruzaron en un baile ofrecido por Samuel Chase. Independientemente de ello, Jérôme, que era muy aficionado a las mujeres guapas, había oído hablar previamente de los encantos de Betsy, al menos a una persona. La persona era la joven Henriette Pascault, con la que su compañero de aventuras Jean-Jacques Reubell tuvo un noviazgo relámpago coronado con una precipitada y romántica boda.

El subsiguiente idilio entre Jérôme y Betsy no sólo fue la comidilla de Baltimore. Como era de esperar, la noticia llegó rápidamente a oídos de Napoleón, que, allá en la lejanía del Viejo Continente, puso el grito en el cielo. El Cónsul General de Francia en Estados Unidos, Monsieur Louis-André Pichon, se encontró en la tesitura de que debía frenar los avances de Jérôme con Betsy, mientras que el teniente Bonaparte encontraba un aliado la mar de complaciente en el representante diplomático español, el marqués de Irujo. Curiosamente, llegado el momento, fue el marqués de Irujo el hombre señalado por Jérôme para que se entrevistase con el millonario William Patterson en una solicitud formal de la mano de Betsy. Fueren cuales fueren las dudas de William Patterson, se diluyeron cuando su hermosa hija le aseguró que preferiría ser la esposa de Jérôme durante una hora que la esposa de cualquier otro hombre de mérito durante toda la vida. Es probable que William Patterson juzgase que el disgusto de Napoleón por un eventual casamiento americano de Jérôme se diluiría en cuánto Betsy, tan guapa y perfectamente educada, pudiese ser presentada a los Bonaparte en París.

Cuando Pichon se enteró del papel jugado por el marqués de Irujo, el representante español se encontró con que el representante francés le ponía a caer de un burro. Jérôme siguió preparando el terreno para su boda con Betsy, adquiriendo la pertinente licencia nupcial. Debió gastar en ello el último dinero del que podía disponer, porque en su sejour al estilo Baltimore había fundido más de quince mil dólares; se había quedado a dos velas y no podía contar con que el cónsul francés le proporcionase nuevos fondos, así que empezó a buscarse créditos. Las maniobras de Pichon convencieron a William Patterson de que se había equivocado al autorizar el enlace. Elizabeth fue despachada a una propiedad rural de la familia, en el estado de Virginia; en cuanto a Jérôme, Pichon le conminó a que cumpliese su deber de oficial presentándose en una fragata francesa, la "Poursuivante", que, con curioso sentido de la oportunidad, acababa de fondear en Maryland. Pero Jérome prefirió darse una vueltecita hasta Nueva York, a la vez que se las arreglaba para sostener una apasionada correspondencia con Betsy.

Finalmente hubo boda. Menos de cuatro meses después del primer encuentro, Jérôme Bonaparte y Betsy Patterson se casaron el 24 de Diciembre de 1803 en la mansión de William Patterson, en Baltimore. El obispo y primado católico de los Estados Unidos, John Carroll, ofició la ceremonia, en la que la novia lució un finísimo traje de muselina india guarnecida con antigüos encajes y llevó perlas (se vé que no era supersticiosa...). Tras el casorio, la pareja se desplazó a una propiedad del padre de la novia, Homestead, para la luna de miel. La noticia llegó pronto a un Pichon que no podía hacer ya nada excepto aguardar la reacción de Napoleón -y la reacción sería privarle a él de su cargo de Cónsul General, claro-.

En febrero de 1804, la nueva pareja estaba instalada en Washington, muy cerca del Capitolio. Era complicado definir el siguiente movimiento, porque Jérôme estaba dispuesto a retornar a Francia, como se le pedía, pero no sin su esposa, sino acompañado de ésta. La idea era presentarle a Napoleón el fait accompli de manera que él acabase cediendo y, haciendo de la necesidad virtud, acogiese a la rica ex señorita Patterson como una apreciada Madame Bonaparte. Había fragatas francesas en las que Jérôme hubiera podido retornar a Francia, pero ninguna aceptaba llevar en ese viaje a Betsy, puesto que Napoleón lo había prohibido expresamente. Pero Jérôme persistía en su empeño, al igual que Betsy, que sabía lo peligroso que era que se largase el marido sólo quedándose ella atrás a esperar un resultado de sus gestiones. Dado que estaba embarazada, Betsy tenía particular empeño en no separarse de Jérôme.

Al final fue William Patterson quien puso los medios para que un buque llamado "Erin" llevase a la pareja a Europa. No viajarían solos: les acompañaban Le Camus y el doctor Garnier para asistir a la embarazada Betsy, así como un hermano de ella, Will. Elizabeth apenas saldría de su camarote durante el trayecto, ya que la navegación la puso muy enferma: no paraba de vomitar. Finalmente, llegaron a Lisboa el 8 de abril de 1805.

Napoleón había tomado medidas. Había mandado publicar una solemne protesta usando el nombre de su madre Letizia por el matrimonio que Jérôme había contraído sin el consentimiento previo de ella, que hubiese sido legalmente necesario debido a la edad del muchacho. Juzgaba ese enlace como un enlace carente por completo de valor y se negaba a que la mujer con la que estaba viviendo su hermano en lo que para él no era más que un simple concubinato pusiese un pié en territorio francés. Fuese cual fuese el puerto de Francia en el que se presentasen, el caso era que Jérôme podría desembarcar, pero Betsy Patterson (se le negaba el apellido Bonaparte...) no estaría autorizada a hacer lo propio. Estando así las cosas, se decidió que Jérôme iría a París a explicarse y a cambiar aquella situación, en tanto que Betsy, con su hermano Will, iría a Londres a esperar el desarrollo de los acontecimientos.

Jérôme y Betsy nunca volvieron a verse...y ésta es la parte más dolorosa de la historia. Betsy se estableció en el número 95 de Camberwell Grove, en Camberwell, cerca de Londres. Su embarazo había progresado a tal punto que no era prudente seguir viajando, sino que convenía esperar el parto...y las noticias que pudiese enviar Jérôme. El parto llegó en julio: tuvo un hijo varón a quien decidió llamar Jerome Napoleón, aunque ella le denominaría siempre afectuosamente Bo. Napoleón había preferido obviar también el nacimiento de su sobrino Bo. Sencillamente declaró nulo el casamiento americano de Jérôme, a quien envió a Génova a cumplir una misión para que se olvidase definitivamente de Betsy. Y lo cierto es que, aunque seguía enviándole cartas románticas a Betsy, Jérôme, a quien su hermano había amenazado con enviar al exilio en absoluta pobreza si no se conformaba con su suerte, no tardó tampoco en consolarse. En Génova inició una tórrida aventura con una muchacha llamada Bianca Carrega. Bianca sería enseguida más conocida por la versión francesa de su nombre de pila, Blanche.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: LA REINA DE WESTFALIA
NotaPublicado: 14 Ene 2012 16:32 
Desconectado
Madre Fundadora
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 20:47
Mensajes: 18377
BRIANNA escribió:
(like)

Minnie yo no conozco apenas a esta princesa, pero te seguiré con total entrega. ;)


Harás bien, porque era muy interesante aunque permaneciese casi siempre "en la sombra". Ya lo verás, jajajaja.

Ahora estábamos haciéndonos una idea de cómo era Jérôme, el hombre con quien se casó ;)


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: LA REINA DE WESTFALIA
NotaPublicado: 14 Ene 2012 18:45 
Desconectado
Madre Fundadora
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 20:47
Mensajes: 18377
La cuestión, la gran cuestión, radica en que Napoleón había dejado de ser el Primer Cónsul con carácter vitalicio para convertirse en el emperador Napoleón I, siendo la abeja dorada el símbolo de la dinastía Bonaparte que él mismo inauguraba. El ascenso a la dignidad imperial por parte de Napoleón se había verificado el 18 de Mayo de 1804, menos de dos meses antes de que Elizabeth "Betsy" diese a luz a su hijo Bo en Londres. Los delirios dinásticos de Napoleón eran algo anterior en el tiempo a su ascenso al trono: en 1794 había organizado un escándalo en torno al primer casamiento de su hermano Lucien con la joven Christine Boyer, hija de un respetable posadero, con el argumento de que era poquita cosa para un Bonaparte, algo que dejó boquiabierta a Letizia Ramolino; poco a poco, Christine había ganado su propio lugar en la familia, con su dulzura y sencillez características, hasta que había muerto y su viudo, hacia 1803, había tenido la desfachatez, según Napoleón, de contraer otro enlace absolutamente inconveniente con Alexandrine de Bleschamp, viuda del banquero Jouberthon. Lucien había opuesto su firme voluntad a la furia incontenible de Napoleón. Pero cuando el joven Jérôme siguió el patrón desafiador de Lucien, Napoleón ya era casi el emperador de Francia. Estaba menos dispuesto que nunca a transigir con matrimonios inadecuados "para un príncipe". Porque el caso es que Napoleón haría a sus hermanos y hermanas Altezas Imperiales, pero este rango imponía ciertas exigencias.

En realidad, Napoleón se obsesionó con obtener bodas dinásticas en su entorno. Su hijastro Eugène de Beauharnais, su Virrey en Italia, fue el primero en tener que contraer un casamiento de ese tipo, con una princesa de Baviera. Pero para Jérôme, Napoleón no tenía planes de menor entidad que para Eugène. Si a Eugène le había hecho Virrey en Italia, a Jèrome pensaba hacerle Rey en Westfalia, un reino hecho de porciones territoriales arrebatadas a otros soberanos, en tierras germánicas. Una princesa al lado le vendría estupendamente. Eso, a pesar de que los hermanos mayores carecían de princesas para los reinos que les tocaron: Joseph llegó a ser primero Rey de Nápoles y años después Rey de España sin tener que cambiar a su Julie Clary por ninguna mujer de rancia estirpe; Louis llegó a ser Rey de Holanda casado con Hortense de Beauharnais, la hija de Josephine; su cuñado Joachim Murat fue primero príncipe de Berg y luego Rey de Nápoles por estar casado con Caroline. La manía de los casamientos dinásticos, no obstante, la mantuvo siempre Napoleón. Louis-Alexandre Berthier, su mariscal favorito, convertido en príncipe de Neufchâtel, tendría que prescindir de su amante en el año 1808 para casarse con una prima carnal de la mujer de Eugène, la duquesa Maria Elisabeth Franziska de Baviera. Y en 1811, una prima de Eugène y Hortense, Stephanie, adoptada como hija por Napoleón, se casaría con el príncipe heredero de Baden.

La mujer elegida para Jérôme era la única hija del rey de Württemberg: Catherine.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: LA REINA DE WESTFALIA
NotaPublicado: 14 Ene 2012 19:48 
Desconectado
Madre Fundadora
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 20:47
Mensajes: 18377
Reencontramos a Catherine ;)

Imagen

Catherine no aspiraba a vivir intensamente, más bien al contrario. Era una muchacha que se consideraba afortunada por poder permanecer en un discreto segundo plano de la corte que presidían su padre y su madrastra en Stuttgart. Si alguna vez pensaba en el matrimonio, sin duda habría dado siempre por supuesto que, por su entramado de parentescos, parecía predestinada a contraer nupcias dentro del conjunto de familias reales o ducales centroeuropeas.

Un casamiento en el círculo de los advenedizos Bonaparte nunca había entrado en el cálculo, aunque es posible que el compromiso de una de las hijas del flamante Rey de Baviera con Eugène de Beauharnais hubiera podido poner sobre aviso a la única hija del igualmente novedoso Rey de Württemberg. A fín de cuentas, Württemberg y Baviera eran dos reinos limítrofes.

Lo que sí se sabe es que cuando Friedrich aludió por primera vez a un eventual casamiento con Jérôme Bonaparte ante su hija Catherine, esta, visiblemente azorada, explico que no era un matrimonio que coincidiese con sus gustos y que desearía que no se la forzase a ir en esa dirección. Pero las verdaderas princesas rara vez han tenido margen de maniobra en esos asuntos. Friedrich puso a su hija casi entre la espada y al pared, al asegurarle que de su buena predisposición dependía no sólo la prosperidad de su dinastía de orígen y de su ducado convertido en reino, sino, probablemente, la pervivencia de los mismos. Por otra parte, había otra ventaja en casarse con Jérôme: no tendría que establecerse en la corte imperial francesa, tan peculiar en sí misma. Sería la reina de Westfalia, un reino que se crearía a partir de una serie de territorios obtenidos por Francia a cosa de Prusia y que tendría capital en Cassel. En semejante país, quizá el corso reconvertido en francés Jérôme necesitase cierta voluntad para aclimatarse, pero a una Catherine de Württemberg debería resultarle algo bastante fácil.

Catherine no pudo rebatir los argumentos de su padre, ante el cual siempre experimentaba un respetuoso temor. Las cosas fueron avanzando hasta llegar al punto en que se formalizó el compromiso, tras haberse concretado la paz de Tilsit. Una vez lograda dicha paz de Tilsit, Napoleón, nada más haber regresado a París, tomó la pluma para escribir una carta afectuosa a su "querida hermana" Catherine. Para llevar la misiva a Stuttgart, se comisionó al mariscal Bessières y a Jeanne Charlotte condesa de Luçay, nacida Jeanne Charlotte Papillon d'Auteroche. La mujer había asistido a la coronación de Napoleón y Josephine, ocupando la posición de una de las damas de honor de la nueva emperatriz.

De carácter apacible y excelente educación, Madame de Luçay resultó ser una excelente elección de Napoleón. De alguna forma, parece haber transmitido a Catherine cierta calma mientras ésta se preparaba para la boda por poderes con Jérôme, quien fue precisamente representado por el mariscal Bessières en Stuttgart. Después de celebrada esa ceremonia de esponsales, Catherine debió emprender el viaje desde Stuttgart hacia el château de Raincy, situado en la ruta que une París con Meaux. Raincy era el castillo en el que, antaño, en la época del Directorio, había ofrecido fiestas inolvidables la peculiar Madame Recamier. En ese verano de 1807, se había determinado que en Raincy Catherine se despediría de sus acompañantes wurttemburgueses tras ser recibida por Madame Junot y por un séquito francés, cuidadosamente elegido entre los miembros de la casa de la emperatriz Josephine.

El viaje hasta Raincy discurrió como era de esperar. Las primeras impresiones de Catherine en Raincy, legado de Madame Junot, no son demasiado amables. Madame Junot había nacido siendo Laure Permon, hija del que había sido por un tiempo administrador civil en Córcega Charles Permon y de la esposa de éste, Panoria Stéfanopoli de Comnène, supuestamente una descendiente de emperadores bizantinos. Los Permon, Charles y Panoria, habían estado siempre profundamente ligados a los Bonaparte: de hecho, Carlo Buonaparte se había instalado en su casa de Montpellier cuando había viajado a esa ciudad en la esperanza de que un médico de excelente reputación le salvase del cáncer de estómago que estaba ya cavando su tumba. Las hermanas Cécile y Laure Permon podían recordar a Napoleón en su casa luciendo su primer traje de oficial; de hecho, se habían reído de él porque las relucientes botas negras parecían demasiado grandes para un hombre de la estatura de Bonaparte. Durante muchos años, Napoleón llamó a Laure "mi pequeña peste". Y ése es una clase de vínculo que nunca se rompe.

A la sazón, Laure, esposa del mariscal Junot, era una de las mujeres ilustradas y sofisticadas del París del Primer Imperio. En Catherine de Württemberg, Laure encontró a una muchacha de rasgos no demasiado agraciados, con las mejillas intensamente sonrojadas, regordeta, silenciosa y luciendo un traje que estaba absolutamente pasado de moda. Precisamente en lo que se fijó Laure fue en que la chica había sido expedida a aquel París que siempre íba a la última con un vestido que habría que considerar desfasado hacia cuatro o incluso cinco años. No parecía un buen punto de partida para conocer a los Bonaparte en las Tuilleries aquel 21 de agosto de clima inusualmente apagado y fresco.

En la ruta de Raincy a París, Laure observó que el sonrojo desaparecía paulatinamente de las mejillas de Catherine. Hacia las siete, hora en la que la procesión de carruajes entró en París, la princesa wurttemburguesa estaba blanca como la cal. Esa palidez extrema era el único síntoma de nerviosismo por parte de la novia de Jérôme.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: LA REINA DE WESTFALIA
NotaPublicado: 14 Ene 2012 19:49 
Desconectado
Madre Fundadora
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 20:47
Mensajes: 18377
Otra imagen de Catherine:

Imagen


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: LA REINA DE WESTFALIA
NotaPublicado: 14 Ene 2012 20:18 
Desconectado
Madre Fundadora
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 20:47
Mensajes: 18377
Dignidad era un concepto que se le había inculcado a Catherine desde sus años de infancia en Montbéliard, a cargo de sus abuelos paternos. De ese sentido de la dignidad hizo acopio cuando la introdujeron en las Tuilleries y la condujeron a una sala de recepción, en la que ardía un buen fuego en la chimenea porque, pese a estar todavía a finales de agosto, se trataba de un día inusualmente destemplado. La muchacha apenas había tenido tiempo de tomar asiento en una butaca cuando entró en la sala Jérôme, su prometido, a quien había acudido a buscar el mariscal de Bessières. Según Laure Permon, Madame Junot, Jérôme llegaba con aire serio, grave, típico de un hombre que acude a una entrevista que no desea en absoluto sostener, simplemente para cumplir una orden que no ha podido eludir de ninguna manera. Pero Catherine estuvo muy digna ante la entrada de Jérôme: se levantó, ejecutó su perfecta reverencia y respondió con elegancia a la estereotipada bienvenida del muchacho. Después, incluso esbozó una sonrisa mientras él le ofrecía el brazo para conducirla a presencia de Napoleón, que aguardaba en una estancia cercana.

Si Jérôme se había limitado a observar una conducta apropiada, Napoleón, en cambio, exhibió una cálida amabilidad ante Catherine de Württemberg. Fue él quien, sin escatimar elogios hacia su "nueva hermana", la condujo a la sala en la que aguardaban Madame Mère, Letizia Ramolino; la emperatriz Josephine; la reina de Nápoles, Julie Clary; la gran duquesa de Berg, Caroline Bonaparte y la princesa Stephanie, es decir, Stephanie de Beauharnais. Todas estaban ya preparadas para lucirse al día siguiente en la boda de Jérôme y Catherine, que se llevaría a efecto en la magnífica Galería de Diana de las Tuilleries.

Esta boda en las Tuilleries de Jérôme no guardó, lógicamente, ni un remoto parecido con su primer casamiento en la casa Patterson de Baltimore. Un cuadro magnífico refleja el enlace dinástico de un muchacho que había llegado a ser Alteza Imperial y estaba en un tris de tomar posesión de aquel reino de Westfalia creado expresamente para él por su hermano mayor:

Imagen

La escena, como se puede observar, es grandiosa, con Napoleón presidiendo junto a su esposa Josephine, en brocado de oro, y flanqueado también por su Madame Mère. Entre los testigos de Jérôme, figuraron sus cuñados el príncipe Borghese -marido de Pauline- y el gran duque de Berg Joaquin Murat -marido de Caroline- pero también el príncipe de Neufchâtel, Berthier, que pronto pasaría también por el aro de una boda dinástica. En representación de Württemberg, firmaron el acta el príncipe de Baden, el príncipe de Nassau y el conde Wintzingerode.

El banquete había sido preparado con esmero. Curiosamente, justo cuando todos los ilustres invitados se habían situado en sus posiciones para empezar a disfrutar de aquel banquete, se cernió sobre el palacio de las Tuilleries una virulenta tempestad. Josephine, siempre una criolla en el fondo de sí misma, era profundamente supersticiosa y expresó su deseo de que la novia no lo fuese, porque aquella lluvia inclemente sin duda arrojaba un mal presagio sobre la pareja. Por suerte, Josephine habló bajo y lo hizo cuando no estaba cerca Catherine, de modo que Catherine no pudo enterarse de ese comentario de la emperatriz.

Concluído el banquete, en el que Catherine cumplió su papel ornamental pero comió lo justo, hubo que despedir a los emperadores antes de que se retirasen los invitados. Napoleón y Josephine habían decidido, anticipadamente, retirarse esa misma noche a Saint Cloud, para que la pareja Jérôme-Catherine dispusiese libremente de las Tuilleries durante la breve luna de miel. Era el día 22 y hasta el 25 no hicieron los recien casados su primera aparición pública, en la Ópera de París. Para entonces, era evidente que Catherine había entregado por completo su corazón a Jérôme, a quien ella llamaba cariñosamente Fifi, mientras que él le daba el afectuoso nombre de Trinette.

Los franceses tienen un viejo adagio, según el cual, en toda pareja, hay uno que ama y otro que se deja amar. De ser cierto el adagio, no cabe duda de que en aquella combinación Jérôme-Catherine, Trinette era la que amaba, mientras que Fifi era el que se complacía en que le amasen. Ella acudía, claramente embelesada con su nuevo marido, a la ronda de visitas y fiestas en que se convirtió su existencia. Cumplimentaron a los emperadores en Saint Cloud y a los reyes de Nápoles en Mortefontaine, antes de acudir con excelente disposición a la gran fiesta en su honor que preparó Eugène de Beauharnais, Virrey de Italia, en el Elysèe, el 29 de agosto de 1807. A principios de septiembre, Catherine se quedó sola unos días en las Tuilleries mientras Jérôme participaba en una serie de conferencias con Napoleón, en Rambouillet, acerca de cómo gobernar el reino de Westfalia, que ya había sido formalmente constituído, hallándose administrado por un consejo de regencia. Luego, Jérôme volvió a las Tuilleries en busca de Catherine. Los reyes de Wesftalia se sumaron a los emperadores de Francia en Fontainebleau. La atmósfera era muy animada y surgieron rumores de que Jérôme prestaba menos atención a su esposa Catherine que a su parienta Stephanie de Beauharnais, bastante más atractiva. Pero, por supuesto, esa clase de rumores siempre proliferan en las cortes europeas.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: LA REINA DE WESTFALIA
NotaPublicado: 14 Ene 2012 20:46 
Desconectado
Madre Fundadora
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 20:47
Mensajes: 18377
Catherine:

Imagen

Catherine con Jérôme:

Imagen

Napoleón quiso que su hermano Jérôme emprendiese el viaje que le llevaría a tomar posesión efectiva de Westfalia sin rémoras del pasado. El emperador estaba dispuesto a saldar las deudas contraídas por su hermano pequeño, que constituían una suma ciertamente abultada. La verdad es que Jérôme nunca sabía ajustar sus gastos a sus ingresos, por elevados que éstos fuesen; en ocasiones anteriores había tenido que pedir ayuda para salir airoso de alguna acumulación de créditos impagados y una vez Napoleón había llegado a montar en cólera al enterarse de que Joseph había acudido al rescate de Jérôme con un oportuno "préstamo casi a fondo perdido" de unos ochenta mil francos. En ese momento, tras la boda de Jérôme con Catherine, Napoleón estaba dispuesto, sin embargo, a hacer tabla rasa. Eso sí: cuando Jérôme presentó una relación completa de todas las obligaciones que había contraído y no había satisfecho, tuvo el detalle de olvidarse de incluír algunos préstamos todavía pendientes de reembolso que había asumido durante su estancia en Estados Unidos.

El ritmo de vida en la corte imperial había sido tan intenso, que Catherine estaba al límite de sus fuerzas en noviembre de 1807. De forma comprensible, el primer virus gástrico que pasó por allí hizo mella en la muchacha, que tuvo que guardar reposo, lo que obligó a retrasar la partida de los reyes de Westfalia. Pero, finalmente, Jérôme y Catherine abandonaron París con su amplio cortejo el 18 de noviembre. Bien calculada la ruta con sus preceptivas escalas, llegaron a Stuttgart, la capital del reino de Württemberg, el 28 de noviembre. Friedrich y su esposa Charlotte estaban listos para recibir a la hija de él con su flamante marido. Una vez completada esa visita familiar, Jérôme y Catherine prosiguieron su viaje. Cassel, la capital de Westfalia, se había engalanado para recibirles en la primera semana de diciembre de 1807.

En Cassel, les aguardaba un palacio espléndido, digno de servir de corte a un rey y a una reina. Se llamaba Wilhelmshöhe, aunque Jérôme decidió rebautizarlo prácticamente de inmediato con el nombre de Napoleonshöhe:

Imagen

Éste lugar íba a ser el escenario principal de los primeros años de casada de Catherine de Württemberg.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: LA REINA DE WESTFALIA
NotaPublicado: 14 Ene 2012 21:06 
Desconectado
Madre Fundadora
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 20:47
Mensajes: 18377
Jérôme y Catherine:

Imagen


Evidentemente, el hecho de ser el hermanito pequeño de un genio de la estrategia militar y hábil político como Napoleón Bonaparte no otorga de manera automática a un hombre la personalidad, el carácter, la preparación y/o el talento necesarios para convertirse en primer rey de un reino hecho de retales. Por eso, Napoleón había pedido a Jérôme que, de entrada, respetase la posición de los caballeros que, por decreto imperial, llevaban ejerciendo la regencia en Cassel desde agosto. Se trataba de los consejeros de Estado Beugnot, Simeon y Jolivet, junto con el general Lagrange, en esa época gobernador de Hesse: todos ellos tenían a su favor sólidas trayectorias, buena reputación y no poca capacidad de trabajo. Para solventar el hecho de que ninguno conocía bien los entresijos de los usos y costumbres germánicos, se les había agregado a Herr Mossdorff, un distinguido consejero de la Prefectura de Maguncia muy vinculado a Jolivet.

Pero si Jérôme se atuvo a la petición de su hermano de no remover a los miembros de la regencia de sus puestos, no demostró el mismo buen sentido en otros aspectos. Para empezar, se había hecho acompañar por un nutrido séquito de personajes más o menos valiosos con los que había surgido la chispa de la afinidad en distintas etapas de su vida. Estaba decidido a favorecerles, lo mereciesen o no. Y, por añadidura, no pensaba modificar sus pautas de conducta: fuese cual fuese la cantidad que se le hubiese asignado en la Lista Civil, e incluso aunque Napoleón se hubiese encargado de liberarle de deudas, nunca tendría suficiente dinero y siempre acabaría creándose nuevos pufos. Es sintomático que una de las primeras personas a quien manifestó deseo de conocer al poco de llegar a Cassel fuese el muy importante banquero judío Herr Jacobsohn. A través de él negociaría numerosos créditos con financieros judíos alemanes, que se convertirían en sus principales acreedores en un breve lapso de tiempo.

En este tema, quien más nos interesa es Catherine y, por tanto, de lo que se trata es de dilucidar cómo encajó ella en el reino de Westfalia desde su llegada a Cassel aquel día de diciembre, vistiendo un traje de tafetán azul bajo una cálida capa de rico terciopelo con bordados en hilo de oro, la cabeza cubierta por un elegante sombrerito parisino. En ese sentido, resulta inevitable repasar el entorno de favoritos y favoritas que llevó consigo Jérôme, porque la larga serie de intrigas que se desarrollaron en el marco incomparable de Napoleonshöhe en los años siguientes tienen mucho que ver con esa serie de personajes...


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: LA REINA DE WESTFALIA
NotaPublicado: 14 Ene 2012 21:40 
Desconectado
Madre Fundadora
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 20:47
Mensajes: 18377
Un personaje esencial en la biografía de Jérôme seguía siendo Pierre Alexandre Le Camus, el criollo de la Martinique a quien había hecho su secretario privado tiempo atrás. La importancia de Le Camus se extendía a otros miembros de la familia de éste: un hermano suyo, Auguste, fue invitado a reunirse con ellos en Cassel después de que hubiese visitado previamente Baltimore, para ofrecerse a Betsy Patterson, que había vuelto a su ciudad natal con su hijo Bo, un acuerdo ventajoso que se le había ocurrido a Jérôme. El flamante rey de Westfalia estaba dispuesto a que no quedasen fuera del reparto de beneficios ni su primera mujer americana ni el que hasta entonces era su único descendiente, por lo que, usando de mensajero a Auguste Le Camus, propondría a Betsy que viajase con Bo a Cassel. Se les otorgarían títulos y tierras, por supuesto.

Para cuando Auguste Le Camus apareciese por Napoleonshöhe, su hermano Pierre Alexandre ya no sería simplemente el secretario privado de Jérôme sino que, más importante, se habría convertido en el Gran Chambelán. Paralelamente, una hermana de Pierre Alexandre y Auguste, Claire Le Camus, se había casado con otro de los predilectos de Jérôme, el militar Joseph Antoine Morio de Marienborn.

Aparte de los Le Camus, también estaba en Cassel otros dos viejos compañeros de andanzas: Pierre Simon Meyronnet y Jean-Jacques Reubell. Meyronnet, que enseguida recibió el título de conde de Wellingerode, fue elevado al puesto de Gran Mariscal del Palacio, en tanto que Reubell se quedó con la distinguida posición de ayuda de cámara de Su Majestad. Otro hombre rápidamente agraciado con un buen puesto y un título nobiliario fue Contantin Delaflèche o de La Flèche. Se convirtió en Maestro de Ceremonias de la corte, con el título de barón von Keudelstein. Lo más llamativo es que, a diferencia de Le Camus, Meyronnet o Reubell, su mérito no consistía en haberse ganado la amistad de Jérôme en los años aventureros del hermano menor de Napoleón. En realidad, el único mérito de Constantin La Flèche para convertirse en el barón Keudelstein, Maestro de Ceromonias de la corte de Westfalia, residía en que tiempo antes se había casado con la amante genovesa de Jérôme, Blanche Carrega. Con eso había hecho su fortuna el bueno de Constantin y, para no ser menos que Le Camus, se llevó a la corte, deseando que sacase ventaja de ello, a su hermana predilecta, Jenny La Flèche.

Las mujeres íban a ser capítulo aparte en la corte de Cassel...y eso que Betsy Patterson Bonaparte tuvo el detalle de negarse a aceptar la invitación que le había formulado Jérôme para que fuese a recibir el título westfaliano de condesa von Smaalkalden. Betsy sacó a relucir su ingenio, al contestar que Westfalia le parecía un reino demasiado pequeño para contener en su interior dos reinas, ella misma y Catherine. Ciertamente, lo único que faltó fué que se sumase al elenco femenino Betsy, porque Napoleonshöhe fue un auténtico enredo galante, porque la vida privada de Jérôme no era ejemplar; él tenía una especie de lema personal que le encantaba repetir: “Loustic hoy, Loustic mañana, Loustic siempre”. Loustic es un término que no existe, era su forma francesa de pronunciar la palabra alemana “lustig”, traducible por “alegre”. Con semejante actitud, no tiene nada de extraño que se llamase a Jérôme Le Roi Loustic.


Arriba
 Perfil  
 


Mostrar mensajes previos:  Ordenar por  
Nuevo tema Responder al tema  [ 40 mensajes ]  Ir a página Anterior  1, 2, 3, 4  Siguiente


¿Quién está conectado?

Usuarios navegando por este Foro: No hay usuarios registrados visitando el Foro y 0 invitados


No puede abrir nuevos temas en este Foro
No puede responder a temas en este Foro
No puede editar sus mensajes en este Foro
No puede borrar sus mensajes en este Foro
No puede enviar adjuntos en este Foro

Buscar:
Saltar a:  



Style by phpBB3 styles, zdrowie zdrowie alveo
Powered by phpBB © 2000, 2002, 2005, 2007 phpBB Group
Base de datos de MODs
Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com
phpBB SEO
Crear Foro | Condiciones de Uso | Política de privacidad | Denuncie el foro