Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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 Asunto: Re: Enrique V y la batalla de Agincourt
NotaPublicado: 28 Oct 2011 02:32 
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Aquí os dejo unos vídeos de mi programa favorito del Canal de Historia, desgraciadamente en inglés....






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La expresión suprema de la belleza es la sencillez.
Alberto Durero.


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 Asunto: Re: Enrique V y la batalla de Agincourt
NotaPublicado: 04 Nov 2011 00:22 
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Enrique V no estaba dispuesto a confiar la campaña de Agincourt enteramente a sus arqueros puesto que su experiencia bélica en Gales le ha enseñado el arte del asedio y la importancia de la artillería. Los cañones se usan desde la década de 1320 pero la tecnología armamentística aún deja mucho que desear. En una de esas ironías de la vida es la Iglesia la que comienza a fabricar cañones aprovechando las fundiciones donde se fabrican campanas puesto que, los cañones más antiguos, tenían forma de campana y se hacían de bronce o latón.

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Los proyectiles también eran de bronce. En realidad, en principio, no eran muy efectivos, es más la impresión de ruido, humo y bolas de bronce volando por encima de sus cabezas lo que hace que al enemigo se le seque la boca del susto.

A principios del siglo XV se desarrolla un diseño tubular más largo, con largas tiras de hierro, calentadas y clavadas alrededor de un núcleo de madera desmontable y sujeto con aros de hierro.

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Los cañones se cargaban en la recámara y disparaban de todo, desde perdigones de plomo tipo metralla, a proyectiles redondos de piedra de entre 2 y 385 kg. Una segunda cámara metálica separada, también de forma tubular, se llenaba de pólvora, se tapaba con un tapón de madera y se colocaba detrás del tubo o barril del cañón. Se disparaba a través de un fogón en esta segunda cámara, pero el proceso era lento e impreciso y había cañones que apenas disparaban una vez al día porque recargarlos era un lío.

Si presumís de ser buenos artilleros y conseguís alcanzar tres objetivos diferentes el mismo día se os considerará confabulados con el diablo y os mandarán de peregrinación a Roma o Santiago a redimiros por hacer tratos con el maligno >:)

Toda esta tecnología punta cuesta, igual que hoy, un riñón y parte del otro. Un solo cañón fabricado en Brsitol y transportado a Londres le salió al monarca por 107 libras, 10 chelines y 8 peniques. Se calcula que para asediar una fortaleza de tamaño medio sobre un río o cerca del mar necesitaría 248 de estos, 13.600 kg de pólvora, 5.000 sacos de carbón, 20 braseros y 20 fuelles... ya hablaremos de lo que supondrá en transporte de todo este tinglado. Además, una pieza de artillería de gran tamaño sólo podía moverse una media de 11 km al día por tierra.

La logística es, aún hoy en día, el gran problema de cualquier ejército.

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 Asunto: Re: Enrique V y la batalla de Agincourt
NotaPublicado: 04 Nov 2011 00:27 
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Esta dama de la foto es "Margarita la Loca", un cañón flamenco del siglo XV, en su momento lo más del desarrollo de la artillería con pólvora. Una larga pieza fabricada a base de largas barras de hierro, en torno a las cuales se colocaron anillos del mismo material en un intento por dejar perfectamente sellado el poder explosivo de la carga.

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 Asunto: Re: Enrique V y la batalla de Agincourt
NotaPublicado: 04 Nov 2011 00:45 
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El 22 de septiembre de 1414, en plena orgía de preparativos, el rey ordena a Nicholas Merbury, maestro del "equipo para la guerra" que encontrara mamposteros, carpinteros, serradores, ensambladores, operarios y materiales... dónde sea y cómo sea, pero que le hagan el favor de acabarle los cañones en seguida. La misma orden le llega al fundidor William Wodeward pero en su caso no se trata de reunir cobre, latón, bronce o hierro sólo para los cañones sino que también debe abastecer la cocina real de cuencos, cazuelas y calderos para la campaña. Cuatro días después Enrique prohíbe la exportación de pólvora fuera del país por "ciertas razones", no sé a qué cuento tanto misterio si todo el mundo sabía que se estaba preparando un ejército de los gordos (bueno, los franceses aún no se lo creían del todo, así les va a ir ;) )

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William Merssh, el herrero del rey en La Torre, también estaba atareado y empleaba más operarios para cubrir las demandas. Su mujer, Margaret, era herrera por derecho propio y compartía la fragua con su marido. La señora cobró unos 35 chelines por 18 grilletes y 8 pares de manillas (más de 800 €) Ya sé que esto se opone a la imagen que tenéis del período medival pero la realidad es que se esperaba que las mujeres trabajasen en el oficio de su marido y su condición femenina no las salva del trabajo duro. De hecho, cada herrero tenía un aprendiz, pero se le permiten dos a aquellos que no tuviesen esposa. Eso sí, normalmente ganaba una doceava parte del salario del marido y recibía un penique por cada chelín que él ganaba. Actualmente, las mujeres siguen cobrando menos por hacer el mismo trabajo que un hombre, ya veis que no perdemos las buenas costumbres :thumbdown:

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 Asunto: Re: Enrique V y la batalla de Agincourt
NotaPublicado: 04 Nov 2011 01:04 
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Siempre ha habido fraguas en la Torre de Londres y también herreras trabajando en ella. Durante la campaña de Crécy de Eduardo III, Katherine de Bury, la madre del herrero real, cobraba 8 peniques al día por el mantenimiento y por el trabajo de la fragua. La señora era muy experimentada y había aprendido de su difunto marido durante 9 años.

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Viendo el precedente es posible que Margaret también dirigiera la fragua de su esposo durante su ausencia en la campaña de Agincourt. Lo malo es que Margaret estaría muy mal vista por sus vecinas, su reputación por los suelos, porque algún listo hizo correr el bulo de que el herrero al que se pidió hacer los clavos para la crucifixión de Cristo no se animó a hacerlo y fingió una lesión en la mano. Su esposa, menos escrupulosa, hizo los clavos ella misma. ¡Qué majo el que inventó la historia! Espero que en su próxima vida se reencarne en escobilla de water >:)

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 Asunto: Re: Enrique V y la batalla de Agincourt
NotaPublicado: 04 Nov 2011 01:07 
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Bombarda de la primera mitad del siglo XV, en el museo de Cluny.

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Cañón de 1410 en hierro forjado. De Wikipedia.

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 Asunto: Re: Enrique V y la batalla de Agincourt
NotaPublicado: 06 Nov 2011 23:42 
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El gran problema al que se enfrenta Enrique V es el transporte de todo el material de guerra. Una invasión a Francia exige, evidentemente, el uso de barcos... pues cuando nuestro protagonista sube al trono la Armada real está compuesta por la friolera de... ¡¡¡seis barcos!!! Menudo nivel... aunque la culpa no es suya. Su bisabuelo Eduardo III disponía de 45 embarcaciones pero también legó a sus descendientes cuantiosas deudas que se saldaron vendiendo los navíos. La práctica habitual era incrementar su número confiscando barcos de particulares en caso de necesidad, lo que provocaba mucha hostilidad por parte de los propietarios.

El reinado de Enrique V supone una revolución para la Armada real, en 1417 ya disponía de 34 barcos propios gracias a William Catton y William Soper, oficiales encargados de las naves del rey.

Volver a construir un navío sobre el armazón de otro viejo era práctica común en el período medieval. Resulta muy rentable vender todos los accesorios anticuados al tiempo que se reduce la inversión en madera y materiales reutilizables. La mayoría de las flotas se construían de este modo, incluida la de Enrique, que además contaba con barcos capturados a los piratas, lo que aumentó mucho el ahorro. La reparación de tres de estos barcos (uno de ellos capturado a los españoles) supuso algo más de 2.027 libras mientras que hacer uno nuevo de cero, aún con el regalo de 4.000 robles y el equipo de las embarcaciones capturadas, supuso más de 4.500 libras. Estoy hablando del "Gracedieu", el mayor navío del rey, que precisamente por eso, por ser enorme, no estaba listo al inicio de la campaña de Agincourt.

El astillero real estaba, igual que lo ha estado muchos siglos, en Southampton, debido a sus ventajas naturales, a la cercanía de un bosque que proporcionaba un suministro de madera y a su proximidad a la costa francesa. Se construyeron nuevos muelles, almacenes y defensas.

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Aún así, distaban mucho de poder competir con los astilleros franceses de Rouen. Aquí lo teneis en una obra de Camille Pisarro de 1898.

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(Si es que hasta cuando buscas imágenes de un puerto se nota que los franceses tienen más estilo ;) )

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 Asunto: Re: Enrique V y la batalla de Agincourt
NotaPublicado: 06 Nov 2011 23:54 
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Estos navíos reales no son útiles sólo como unidades de transporte de la tropa invasora, también patrullan la costa y el Canal de la Mancha protegiendo a los buques mercantes del pillaje de piratas franceses, bretones y escoceses y de los buques de guerra castellanos y genoveses. Además tenían un uso comercial: hacían regularmente la ruta de Burdeos para traer vino.

El 9 de febrero de 1415 Enrique comienza a reclutar tripulaciones, a veces por la fuerza, pero no hablamos sólo de marineros, también había hombres de armas y arqueros puesto que la lucha en el mar se hacía cuerpo a cuerpo después de abordar el barco enemigo. Los cañones ya sabemos que eran pocos e ineficaces y la idea de quemar a los enemigos con flechas incendiarias deja inservibles los barcos, que siempre se reaprovechaban si se podía.

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La batalla naval de Sluys de 1340, ganada por Eduardo III de Inglaterra.

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 Asunto: Re: Enrique V y la batalla de Agincourt
NotaPublicado: 07 Nov 2011 00:13 
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Con la Armada real construyendo barcos a todo trapo Enrique aún no tiene suficientes embarcaciones para transportar a todo el ejército y todo el equipo. Por eso manda embajadores a Holanda para tratar "discretamente" (¿a estas alturas hay alguien que todavía no se ha enterado que Enrique está preparando una campaña?) con los propietarios y patrones de barcos para alquilarlos al servicio del rey y enviarlos a los puertos de Londres.

Lo más interesante es que esta misión no puedo haber tenido lugar sin el consentiemiento del duque de Borgoña, cuñado del señor de Holanda, que precisamente el otoño anterior había firmado "alianzas secretas" con los ingleses que traían muy mosqueados a los franceses. Los embajadores pagaron más de dos millones de euros para alquilar barcos en Holanda y Zelanda lo que suponen unos 630 navíos para la expedición, aunque los documentos aproximan las cifras a 700.

Aún así, Enrique no tiene bastante. Confiscó todos los navíos de veinte toneladas o más que estaban en abril de 1415 en los puertos ingleses entre Londres y Newcastle. La noticia causó consternación en el extranjero puesto que la orden no es requisar los barcos de bandera inglesa sino todos los barcos que estén en puerto, sean de donde sean. A los venecianos casi les da un patatús cuando se dieron cuenta de que sus barcos mercantes se equipaban para ejercer de buques de guerra.

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 Asunto: Re: Enrique V y la batalla de Agincourt
NotaPublicado: 07 Nov 2011 00:29 
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A medida que se acercaba el verano de 1415, y con él el inicio de la campaña, la cosa empezó a desbocarse, los encargos se salían de madre y los preparativos iban a toda marcha. Los flecheros trabajaban a destajo para hacer los arcos y flechas "que fueran necesarios"; los carpinteros hacían astas de lanzas "cuantas fuesen necesarias"; los patrones de navíos reclutaban marineros; los sargentos adquirían "suficientes carretas y vehículos de transporte", madera, hierro, operarios, "suficientes caballos con suficientes mozos de cuadra"... Tal y como leéis va dada la orden, sin cifras, imaginad lo que suponía ser un servidor de Enrique que tenía que calcular cuánto era "necesario" y "suficiente" para cumplir las órdenes del monarca.

Un monarca muy exigente además, ningún detalle es demasiado intrancendente para su atento ojo. Anticipándose al problema de alimentar a la multitud que se iba a reunir en Southampton ordena a sus sheriffs que adquieran 300 reses: bueyes, novillos y vacas. Todas las aldeas del condado horneaban pan y fabricaban cerveza. Eso sí, insistía mucho en que no se cogiese nada que fuera propiedad de la Iglesia sin pagar un precio justo y que los proveedores no engañasen a los campesinos, aunque no siempre resultaba tal y como el rey quería. Aún así, Enrique prenteden mantener su fama y trata de vigilar que los tratos sean justos y razonables además de asegurar a la población una reparación si se sentía en cualquier modo agraviada o molestada por los soldados. Esto supone una novedad sin igual en la Europa medieval, como también lo es que sus órdenes fuesen siempre leídas en voz alta antes de ser ejecutadas. Enrique quiere y necesita la buena voluntad de sus súbditos y se asegura que cualquier hombre, mujer y niño del país sepa por qué se va a la guerra y qué se espera lograr.

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 Asunto: Re: Enrique V y la batalla de Agincourt
NotaPublicado: 13 Nov 2011 22:38 
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Hablemos de vil metal...

Decía Christine de Pizan en su "Libro de los hechos de armas y de la caballería" que el príncipe prudente ha de calibrar de cuánta fuerza dispone, cuánta puede conseguir y cuánto dinero le va a costar todo eso, "porque si no está provisto de estos elementos básicos, es una locura hacer la guerra, ya que son necesarios por encima de cualquier otra cosa, especialmente el dinero".

La amarga experiencia de Enrique V en Gales, con gran escasez de dinero, le ha enseñado la lección: una guerra exitosa es una guerra bien financiada, da igual si estamos en el siglo XV o el XXI.

Gracias al sencillo procedimiento de reducir el fraude y el despilfarro, de revisar las cuentas y vigilar de cerca el gasto, Enrique recibe el doble de ingresos que su padre por las mismas tierras. Tampoco es un hombre que condeda favores y rentas alegremente y, en el caso de otorgarlas, esperaba que se trabajase por ellas en consecuencia, so pena de perderlas.

El rey ordena a su tesorero Thomas, conde de Arundel, una auditoría general que informara de los ingresos con los que se podía contar. Todo oficial real, desde el conde al escribiente más humilde, sabe que el rey en persona está examinando con detalle sus cuentas, comprobando cifras y firmando pagarés de su puño y letra con anotaciones al margen según su importancia. Esta atención personal y meticulosa no tiene precedentes en ningún reino hasta la fecha.

El Tesoro comienza a ingresar dinerito contante y sonante a unos niveles nunca vistos y pese a todo no es suficiente. El rey debe gravar con impuestos a sus súbditos, medida impopular que no puede hacerse sin la aprobación del Parlamento. Por eso es una suerte que durante sus años como Príncipe de Gales, Enrique haya entablado unas relaciones extraordinariamente buenas con la Cámara de los Comunes reforzadas por el hecho de que se muestra como un rey modelo. Ese buen rollo dispone a los comunes a favor de las peticiones de impuestos del monarca que recibe entre 1414 y 1420 diez subsidios y un tercio, las mismas cargas fiscales habían provocado una revuelta contra Ricardo II.

Los subsidios o impuestos directos, que es lo mismo, los paga todo el mundo sobre el valor de sus bienes muebles, sea noble o no (gran diferencia con los reinos castellanos), excepto aquellos que tienen bienes muebles valorados en menos de 10 chelines. El clero paga subsidios al nivel más alto, aunque debían otorgarlos en sus propias asambleas llamadas sínodos (gran diferencia con los reinos castellanos, otra vez) A esto se suman los impuestos indirectos con los que se gravaba la exportación de la famosa lana inglesa, el vino y otras mercancías.

Pese a la generosidad de los subsidios era impensable pagarlos todos de una vez. En febrero de 1415 se recaudó la mitad, pero la segunda mitad no vencía hasta febrero de 1416 lo que deja al rey con la preocupación de encontrar efectivo para pagar sus gastos militares en ese período intermedio. Enrique tiene que pedir prestado a los banqueros italianos y, al revés que sus antepasados, como se considera un hombre de honor debe devolver los préstamos. Por ello, en vez de confiar en extranjeros, vuelve la mirada hacia sus súbditos para que le ayuden con la financiación.

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 Asunto: Re: Enrique V y la batalla de Agincourt
NotaPublicado: 14 Nov 2011 16:50 
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Londres era la ciudad más rica del reino y centro internacional del comercio por lo que sus ciudadanos tenían más acceso al "cash" que otros pueblos. Hay que tener en cuenta que en la Edad Media la mayor parte de la riqueza está inmovilizada en joyería y plata antes que dinero en metálico, que es lo que el rey necesitaba. Enrique, con toda cortesía, sienta al alcalde de la ciudad en el asiento de honor. Su amabilidad pronto recibe sus frutos, el 16 de junio Londres ofrece al rey un préstamo de 10.000 marcos (más de 3 millones 200 mil euros para entendernos) y recibió como garantía el Pusan d'Or, el collar con cuentas en S que había sido la librea de los Lancaster desde la época de Juan de Gante, pesaba más de kilo y medio en oro puro, con adornos de coronas y antílopes (emblema personal de Enrique V) en piedras preciosas y esmaltes.

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Este collar de plata con cuentas en S perteneció a un miembro de la Casa Real o de su séquito, el Pusan d'Or era igual pero infinitamente más rico al pertenecer al rey.

El 20 de mayo el monarca escribe una carta de súplica a sus súbditos, dictada por él mismo, sincera y directa, respaldada por una leve insinuación de amenaza :whistling: para que enviaran con toda premura la cantidad de dinero que el portador de la misiva sugería. Las ciudades, las comunidades religiosas y los individuos que la recibieron no pudieron, o no quisieron, negarse al llamamiento del rey. El obispo de Norwich y tesorero del rey era en el encargado de recibir el dinero puesto que, a la vez es el responsable de las joyas reales, que eran empeñadas como garantía, entre ellas por ejemplo la corona de Ricardo II, con 56 rubíes, 40 zafiros, 8 diamantes y 7 grandes perlas o un gran tabernáculo de oro y joyas que había sido del duque de Borgoña.

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La catedral de Norwich es famosa por sus bóvedas de abanico.

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