Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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 Asunto: ALICE
NotaPublicado: 09 Nov 2008 19:31 
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Sin duda, la más conmovedora de las hijas de la reina Victoria...

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Alice Maud Mary, nacida en Buckingham Palace, Londres, el 25 de abril de 1843 y fallecida en el Neues Palais de Darmstadt el 14 de diciembre de 1878, a los 35 años de edad.


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NotaPublicado: 09 Nov 2008 19:53 
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Alice fue el resultado del tercer embarazo de la reina Victoria. Llegó al mundo cuando a la primogénita, Victoria, llamada alternativamente "Pussy", "Pousette" o "Vicky", le faltaban siete meses para cumplir tres años, y cuando el segundo retoño, Albert Edward, a quien se conocía por el diminutivo de "Bertie", tenía diecisete meses de edad.

A la nueva princesa se la acogió con franco regocijo. La elección de sus nombres de pila resultó, cuando menos, curiosa. El primero de los nombres, Alice, constituía un homenaje particular de Victoria a quien había sido su mentor en los inicios de su reinado, aquel primer ministro de quien había estado platónicamente enamorada: lord Melbourne. La infatuación de la jovencísima Victoria hacia el atildado y caballeroso lord Melbourne había sido tan evidente, que la gente se había mofado de ella apodándola Mrs Melbourne. A esas alturas, Melbourne era parte del pasado de Victoria, pero un pasado que se evocaba con cariño. La soberana se acordaba perfectamente de que Melbourne le había confiado, en cierta ocasión, que uno de sus nombres femeninos preferidos era Alice. Así que, al poner en el mundo a su segunda hijita, Victoria no tuvo dudas respecto a cómo llamarla. Sería su Alice.

Maud, el segundo nombre, era una antigua versión anglosajona para Matilda. Una de las madrinas designadas para la recien llegada era la princesa Sophie Matilda de Gloucester, una bisnieta del rey George II y sobrina del rey George III. A oídos de Victoria, Maud sonaba mejor que Matilda, por eso se decidió a emplear esa forma que evocaba tiempos pretéritos.

Mary, el tercer nombre, homenajeaba a una tía paterna de Victoria: Mary duquesa de Gloucester, que cumplía sesenta y siete años el mismo día en que se produjo el natalicio de la niña.

Los tres nombres, Alice Maud Mary, le fueron impuestos en el curso de la ceremonia religiosa oficiada por William Howley, arzobispo de Canterbury, el 3 de junio, en la capilla privada de Buckingham. De los dos padrinos y dos madrinas elegidos para la neófita, solamente una, la anciana Sophie Matilda de Gloucester, pudo estar físicamente presente en la solemne ocasión. La otra madrina, la princesa Feodora de Leiningen, de casada princesa Hohenlohe-Langeburg, que era medio hermana por parte de madre de la reina Victoria, fue representada, precisamente, por la duquesa viuda Victoria de Kent (madre tanto de Feo como de Victoria, por tanto abuela materna de Alice). Los padrinos, Ernest Augustus I rey de Hanover y Ernest de Saxe-Coburg-Gotha, fueron también representados, respectivamente, por Adolphus duque de Cambridge y por Georg de Mecklenburg-Strelitz.


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NotaPublicado: 09 Nov 2008 20:19 
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Al ampliarse la familia, Victoria y Albert empezaron a considerar la necesidad de adquirir una casa que pudiesen convertir en "su" hogar. Resultaba evidente que Buckingham Palace no era el lugar idóneo para criar a sus hijos, en tanto que Windsor, más del agrado de ambos, era, asimismo, demasiado "monumental". Les gustaba mucho Claremont, pero Claremont no les pertenecía. Había también un palacio en Brighton, pero a ambos les parecía que la decoración ostentosa de aquel palacio erigido en la célebre estación balneario recordaba en exceso la forma de vida "nada decorosa" de George "Prinny" de Gales, después rey George IV.

Victoria recordaba con agrado dos veranos de su infancia que habían transcurrido en Norris Castle, en la isla de Wight. Así que le da un vuelco al corazón cuando el primer ministro Peel le confirma que lady Blachford tiene intención de sacar a la venta su gran propiedad en la isla de Wight, denominada Osborne. En sí misma, la casa no es lo suficientemente amplia, aunque los prados que la rodean se consideren extensos; así que, nada más adquirirla a lady Blachford, Alberto, entusiasmado, se pone en contacto con el gran arquitecto Cubbit para que diseñe una mansión de estilo italiano, muy en boga.

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Estrenarán la nueva residencia en 1845, cuando ya a la nursery que dirige lady Littleton se ha agregado un cuarto hijo: Alfred, denominado Affie. Para esos cuatro niños (Vicky, Bertie, Alice, Affie) y para los que vendrían después (Lenchen, Louise, Artie, Leo y Bea) Osborne Hall constituiría el escenario principal de la primera tapa de sus vidas. La casa, elevada sobre un promontorio, permitía una vista magnífica de prados en los que el sol envolvía en un delicado fulgor el verde del césped, descendiendo en una suave ondulación hasta la playa privada desde la que veían las aguas claras del Solent, el brazo de mar que separa Wight de Inglaterra. En Osborne, los niños podían permitirse muchos momentos de esparcimiento al aire libre, en los campos y en la playa en la que jugaban a hacer castillos de arena. El otro lugar que les permitiría el mismo margen de libertad sería Balmoral, el castillo neogótico alemán que Albert se hizo construír en el valle del Dee, en las Highlands de Escocia. Balmoral otorgaba numerosas ocasiones de relacionarse con los "ghillies" de la zona, la gente sencilla que servía en el castillo o que residía en pequeñas granjas de los alrededores. Durante décadas, los hijos y nietos de Victoria disfrutarían de sus jornadas de caza o pesca en Balmoral, mientras que las muchachas recordarían con delectación las excursiones con picnics incluídos o las visitas a casas humildes pero limpias en las cuales mujeres del pueblo les enseñaban a preparar los típicos bollitos llamados "scones".

En conjunto, la infancia de los niños se caracterizó por la sencilla dignidad que querían que predominase en su familia Victoria y Albert. Albert en persona dedicaba mucho tiempo a revisar el funcionamiento de la nursery, mientras preparaba, con su viejo amigo y consejero aúlico el barón Stockmar, el programa de estudios que debían seguir los pequeños príncipes. Sorprendentemente, los chiquillos recibieron una formación bastante amplia. Se les inculcaba, desde tierna edad, el manejo de tres idiomas: el alemán, lengua en la que se comunicaban los padres; el inglés, que debían manejar con absoluta fluidez, y el francés, que se utilizaba con profusión en todas las cortes europeas. De hecho, la señora Hildyard se ocupaba de que tuviesen perfectamente asimilada la gramática inglesa, Madame Rolande de Sange hacía lo propio con la gramática francesa y Fräulein Gruner se encargaba de la gramática alemana.

Estudiaban álgebra, aritmética, ciencias naturales, historia, genealogía y religión. Pero, además, se ponía énfasis en materias artísticas y manualidades. Las niñas, en concreto, debían desenvolverse en labores de aguja igual que en dibujo, pintura (acuarelas principalmente), canto y piano. Entre otras actividades, figuraban la carpintería y la mecánica.


Última edición por Minnie el 09 Nov 2008 21:14, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: 09 Nov 2008 20:49 
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Dióse la circunstancia de que Vicky, la mayor, era una criatura extraordinaria. No sólo parecía una muñequita, sino que se trataba de una niña de sorprendente inteligencia y vivacidad. El delicioso aspecto, el donaire y la listeza de la chiquilla no sólo hacían que Albert reventase de puro orgullo (ella siempre sería la predilecta indiscutible, su auténtico tesoro) o que Victoria se mostrase entusiasmada. También Lady Littleton, las distintas nurses, los preceptores y cuántos rodeaban a la familia real estaban convencidos de que la primogénita constituía una verdadera luminaria. Aquel ferviente y constante reconocimiento de las cualidades de la princesa reforzó la confianza en sí misma de ésta. Vicky creció convencida de su talento y su valía, una seguridad que la hacía destacar todavía más.

Los grandes "damnificados" fueron los dos hermanos que seguían en edad a Vicky: Bertie y Alice. Bertie, el varón, el heredero del trono, no era una nulidad, pero, comparado con Vicky, lo parecía. Se le echaba en cara que no concentrase su atención, que se distrajese con facilidad, que remolonease en las clases, que se mostrase perezoso con sus deberes, que no tuviese ni pizca de la firme voluntad de aprendizaje de su hermana mayor. Seguramente, si se le hubiese alentado de forma positiva se hubiesen conseguido mejores resultados, porque el niño no carecía de inteligencia ni de ganas de complacer a sus progenitores. Pero ese sistema absolutamente antipedagógico, de hacerle sentir que nunca le llegaría a la primogénita ni siquiera a la suela de los zapatos, tuvo efectos desastrosos.

Alice, por su parte, enseguida se quedó con la etiqueta de: "this poor dear Alice". A diferencia de Vicky, nunca fue una niña bonita ni que se prestase al lucimiento. Tenía unos rasgos demasiado corrientes, un aspecto anodino. Pero, además, era una criatura extraordinariamente sensitiva, introvertida, reflexiva. En una etapa ulterior, como acertadamente ha señalado Jerrold Packard en su biografía colectiva de las hijas de Victoria, quedó meridianamente claro que Alice igualaba, si no superaba incluso, la inteligencia de Vicky. De hecho, Alice era la que interiorizaba, la que meditaba cuidadosamente, la que no se conformaba con adquirir una visión global de las distintas materias sino que trataba de profundizar en las mismas. Pero si alguien observaba juntas a Vicky y Alice, era Vicky, con su atractiva presencia y su vibrante personalidad, la que destacaba, en tanto que Alice quedaba en un discretísimo plano.

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Vicky, a la izquierda de la imagen, y Alice, a la derecha.

Dice mucho a favor de Bertie y Alice que ambos aceptasen con tranquila aquiescencia esa posición hegemónica de Vicky. Los episodios de celos fueron escasos y breves; ninguno de los dos desarrolló ni resentimiento ni aversión hacia su hermana, como bien hubiera podido suceder. El único hecho que refleja hasta qué punto les afectó es, precisamente, que ambos forjaron ya en la nursery un vínculo profundo y sólido. Para Bertie, Alice siempre sería la más querida de las hermanas, un sentimiento que ella retribuía con largueza.


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NotaPublicado: 09 Nov 2008 21:06 
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Alice:

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Alice se distinguía por su carácter silencioso, reservado e inclinado tanto a la teología como a la filosofía. También destacaba por su naturaleza compasiva y generosa, en la que no faltaba firmeza en la defensa de sus ideas ni cierto grado de obstinación. A la reina Victoria se le hacía difícil, por no decir imposible, comprender a esa muchachita. Alice se le antojaba una criatura desconcertante cuando no extraña.

Alice se preocupaba genuínamente por los demás. Disfrutaba el doble dando que recibiendo, motivo por el cual atesoraba, cuidadosamente, cada aguinaldo que recibía, como presente en su cumpleaños o en las navidades. Ese dinero que no empleaba en pequeños caprichos lo dedicaba en cambio a comprar regalitos para los miembros de servicio o para mostrarse caritativa cuando surgía la ocasión.

Tenía apenas doce años cuando la Guerra de Crimea hizo que llegasen al país miles de soldados heridos, incluso espantosamente mutilados, a los que se había hecho necesario repatriar con la mayor celeridad posible. Al igual que muchas otras muchachas inglesas de la época, la princesa se emocionaba hasta las lágrimas con los relatos que circulaban en torno a la decidida y valerosa Florence Nightingale, que dirigía al grupo de devotas enfermeras desplegadas en los remotos hospitales de campaña; pero, en el caso concreto de Alice, al influjo que podían tener en su psique esas historias, se sumó el impacto emocional causado por una serie de visitas a hospitales organizadas por su madre. Más adelante, Victoria lamentaría amargamente haber permitido que Alice acudiese a los hospitales, porque la adolescente desarrolló un apasionado interés por la medicina y, concretamente, por la anatomía (que, a fín de cuentas, constituía la base de todo, pues el perfecto conocimiento del cuerpo humano es el que permite realizar correctos diagnósticos para aplicar los tratamientos adecuados a cada enfermedad).

La tolerancia de Albert y Victoria tenía su límite, por supuesto. La anatomía NO ERA una materia que debiese enseñarse a una muchacha todavía absolutamente inocente y cándida, a la que le faltaban años para descubrir, a través del matrimonio, las realidades de la vida.


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NotaPublicado: 09 Nov 2008 21:31 
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Una jovencísima Alice con su hermano favorito, Bertie:

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Vicky, la maravillosa Vicky, se comprometió con apenas dieciséis años con el príncipe Friedrich "Fritz" de Prusia. Fritz, que estudiaba en la universidad de Berlín, era el hijo del entonces príncipe heredero Wilhelm y la esposa de éste, Augusta de Saxe Weimar. En teoría, Wilhelm y Augusta representaban el elemento liberal en la rígida, pomposa, ultraconservadora y militarista corte prusiana, razón por la cual contaban con la simpatía del príncipe Albert. En sus conversaciones con el barón Stockmar, Albert había fantaseado acerca de una Alemania unida en torno a Prusia, pero a una Prusia que hubiese asimilado un constitucionalismo de marcado sesgo liberal al estilo británico. La idea de emparejar a su brillante Vicky con Fritz, el guapo y prometedor heredero prusiano, era un primer paso en esa dirección.

El encuentro de Fritz y Vicky respondió, por tanto, a un "apaño" dinástico con serias implicaciones políticas, pero, afortunadamente, ambos se enamoraron en cuanto se conocieron. Fritz se quedó deslumbrado ante aquella chiquilla que rezumaba confianza en sí misma, que, a su vez, estaba prendada del atractivo príncipe prusiano que contaba con todas las bendiciones de su adorado papá. El idilio avanzó fácilmente hacia el natural desenlace: una declaración en toda regla que se transformó en compromiso oficial. Por deseo de Albert y Victoria, la boda, empero, no se celebró hasta que Vicky no alcanzó los dieciocho años de edad.

Alice asistió, de cerca, a la romántica ceremonia que unió los destinos de Vicky y Fritz. Por supuesto, la muchacha representó el papel de dama de honor para su hermana, siendo inmortalizada en un maravilloso retrato firmado por Winterhalter...

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Alice.

Pero Alice también vió cómo se venía abajo su padre ante la marcha de Vicky a Berlín. Albert bebía los vientos por su Vicky, de modo que reaccionó con una espesa melancolía a la ausencia de esa hija tan especial para él. Los signos de depresión del príncipe consorte preocuparon al principio, e irritaron después, a la reina, que, en cierto modo, no podía dejar de sentirse celosa ante la gran complicidad que había existido desde siempre entre su esposo y la primogéntia de ambos.

En aquellas circunstancias, Alice hizo lo que pudo por elevar la moral de su padre. Albert pronto reconoció, agradecido, los esfuerzos y desvelos de Alice, a la que consieraba una hija buena y cariñosa, aunque, por supuesto, no podía experimentar hacia ella el mismo orgullo apasionado que le inspiraba Vicky.

Pero en esa época, Albert reparó en Alice como no había reparado anteriormente, precisamente porque la joven no quedaba ensombrecida por la radiante presencia de Vicky. Fiel a su naturaleza, Alice pasaba largas horas distrayendo y atendiendo a su anciana abuela, Victoria duquesa de Kent, en la residencia que ésta ocupaba en el recinto de Windsor: Frogmore House. La dulzura y la paciencia de Alice se manifestaban día a día, cuando leía con voz pausada o tocaba el piano durante horas para solaz de la achacosa viejecita en la que se había convertido Victoria duquesa de Kent.

Alice tenía su propio valor, pensó Albert, que, enseguida, consideró que su hija merecía un marido con quien formar en su momento su propia familia no menos que Vicky. La tarea de encontrar un novio para Alice había comenzado...


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NotaPublicado: 09 Nov 2008 22:07 
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El primer "candidato" que se barajó para Alice fue el mayor de los tres hijos varones de una pareja profundamente infeliz: Willem, heredero del rey Willem III de Holanda, (mal)casado con Sophie de Württemberg. La reina Victoria experimentaba una gran simpatía, entreverada de sincera compasión, hacia la inteligente y culta Sophie de Württemberg, a la cual Willem III trataba de forma "abominable". Willem III era, en conjunto, ejemplo de lo que no debía ser nunca un marido, pues no sólo mostraba una rudeza que a menudo rayaba en la brutalidad con su mujer, sino que, para más inri, la humillaba públicamente yendo de prostíbulo en prostíbulo.

Es de suponer que Victoria esperaba que el chico, Willem, se pareciese a la madre y no al padre. Sin embargo, esto no era exacto. El joven Willem había heredado la naturaleza sensible de su madre, pero, como casi cualquier joven de su edad, experimentaba una natural inclinación a perseguir a muchachas atractivas. En resumidas cuentas, no se trataba del "mirlo blanco" que Albert y Victoria deseaban para su "poor dear Alice".

Entonces, volvieron la mirada hacia Alemania, que con sus treinta y cuatro estados siempre disponía de un amplio repertorio de príncipes en edad casadera. Dos de esos príncipes, los hermanos Louis y Henry de Hesse sobre el Rhin, recibieron, enseguida, la preceptiva invitación para visitar Inglaterra...


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NotaPublicado: 12 Nov 2008 01:11 
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Me encanta como va la historia hasta ahora...
Alice es mi hija favorita de Victoria.
En todas las fotos o incluso cuadros siempre tiene ese misterio en los ojos, esa tristeza a flor de piel...Como si estuviese al tanto de su futuro y el de su descendencia.
Espero con ansias la continuación.
Saludos

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NotaPublicado: 12 Nov 2008 19:57 
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Es difícil para mí decantarme por una de las hijas de Victoria. Cada una de ellas en su propio estilo me resulta un personaje interesante. Pero coincido contigo, Naotmaa, en que Alice me sugiere una infinita ternura. Incluso en sus fotos de cuando era joven y se la suponía feliz, las fotografías la muestran envuelta en una especie de densa melancolía. Casi da por pensar: "Dios mío, esta mujer presiente ya que le van a llover golpes...y que su descendencia tendrá que enfrentarse a verdaderas tragedias". Ya sabes...todo lo que se ha dicho sobre "the Hesse curse", la maldición de los Hesse: las imágenes de Alice transmiten la impresión, dolorosa, de que ella podía percibir esa "maldición". (Y yo te aseguro que no soy nada supersticiosa, jajaja, así que no creo en maldiciones de ninguna índole; pero las fotos de Alice me causan exactamente esa sensación...).


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NotaPublicado: 12 Nov 2008 20:25 
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Louis de Hesse.

Louis era uno de los cuatro hijos que habían nacido de uno de esos matrimonios dinásticos tremendamente afortunados: el formado por el príncipe Karl de Hesse y la princesa Elisabeth de Prusia. Karl, en su infancia y primera juventud, no había podido reconfortarse en la idea de pertenecer a una familia unida, armónica, relativamente dichosa: su madre, la encantadora Wilhelmine de Baden, se separó de hecho, que no de derecho, de su padre, el desagradable Louis II de Hesse, poco después del nacimiento de ese niño que resultaba ser su segundo hijo varón. En los años siguientes, los dos hijos mayores de Wilhelmine, indudablemente engendrados por su esposo Louis, que se llamaban Louis y Karl, permanecieron en Darmstadt, mientras que la madre se establecía en Heiligenberg con su chambelán, presunto amante, August von Senarclens de Grancy, a quien se atribuye, por lo general, la paternidad de los cuatro siguientes bebés alumbrados por la egregia dama.

Con esos antecedentes, Karl deseaba, por encima de todas las cosas, crear su propia familia. Lo consiguió al casarse con Elisabeth de Prusia, cuya hermana, Marie, sería reina de Baviera en virtud de su enlace con Maximilian II Josef. Elisabeth, una chica muy bonita, más incluso que su hermana destinada a reinar entre los bávaros, era también bondadosa, emotiva, compasiva y generosa. La pareja, magníficamente avenida, fructificó en el nacimiento de cuatro hijos: Louis, Henry, Anna y Wilhelm.

Aunque a la reina Victoria y a su consorte Albert no les importó cursar una invitación para que asistiesen a la Semana de Ascot a los dos mayores, Louis y Henry, las expectativas estaban puestas en Louis. A fín de cuentas, en su condición de primogénito de Karl, heredaría en un tiempo por venir el gran ducado que ostentaba el tío paterno, Louis III. Louis III no había tenido hijos en su primer matrimonio, dinástico, con Mathilde de Baviera, así que la sucesión pasaría a su hermano Karl y, en segundo lugar, a su sobrino Louis.

La perspectiva de una hija futura gran duquesa de Hesse satisfacía a Victoria y Albert. Por supuesto, no era una posición tan brillante como la adquirida por su primogénita, Vicky, que, previsiblemente, llegaría a ser reina de Prusia (de hecho, acabaría siendo incluso emperatriz consorte de Alemania, si bien sólo durante los noventa y nueve días que duró el reinado de su esposo Fritz...). Sin embargo, Hesse constituía un ducado germánico de gran tradición porque la dinastía que lo gobernaba tenía el mérito de ser la más antigua entre las dinastías protestantes del viejo continente. En ese sentido, a Victoria y Albert les parecía muy apropiado enviar a Alice a Darmstadt...

¿Y Alice? Alice estaba predispuesta a enamorarse de cualquier mozo que apareciese dispuesto a cortejarla con la venia de sus padres. La muchacha no había tenido ocasión de tratarse con muchachos apuestos y gallardos que le bailasen el agua. Era una criatura sensible en extremo, con la habitual veta de romanticismo; anhelaba sentirse especial para alguien a quien pudiese entregar su corazón -siguiendo la estela de su hermana Vicky, que amaba inmensamente a Fritz...-. Si Louis hubiese sido feo o malencarado, antipático y distante, Alice hubiese tenido que apelar a su sentido del deber para aceptar sus cortesías, preámbulo de un noviazgo conveniente o ventajoso; pero resultó que Louis era un chico de excelente planta, con un rostro agraciado, no particularmente brillante pero con un encanto superficial que encubría esa falta de sustancia intelectual. Al sumarse los dos factores (la natural predisposición de Alice + la donosura de Louis) no tiene nada de extraño que la princesa notase, casi de forma instantánea, el impulso de ofrecerle al príncipe llegado de un ducado germánico su corazón...


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NotaPublicado: 12 Nov 2008 21:07 
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En esa primera visita de Louis a Inglaterra, Alice, de diecisiete años, se enamoró. Pero todavía no parecía el momento para que se reconociese un noviazgo formal con visos de matrimonio. Duff, en su extraordinaria y siempre altamemente recomendable obra "Hessian Tapestry", indica que la princesa, en cuanto se marchó el príncipe, reconoció en carta a una amiga que todos sus pensamientos volaban en pos de Louis porque él era el único hombre al que amaba y al que amaría. Nunca habría otro amor excepto Louis, declaraba, arrobada, extática, Alice.

Así, soñando despierta y dormida con Louis, Alice prosiguió su vida, que, en esa época, se centraba de modo particular en atender a su abuela materna, la duquesa viuda de Kent. La dama, de edad avanzada, sufría un progresivo deterioro que la mantenía prácticamente confinada en Frogmore House. No obstante su delicada situación, se alegró profundamente cuando aquella nieta que la rodeaba de mimos le anunció entusiasmada, en noviembre de 1860, que Louis, en una segunda visita, se le había declarado tras mantener una conversación privada con Albert. Por supuesto, en la conversación privada, Albert alentó a Louis a dar un paso hacia adelante; obediente, el chico buscó a Alice para pedirle que fuese su esposa, a lo cual ella accedió sin pensárselo dos veces. Alice indicó también a la abuela Kent que Louis volvería "para pasar las Navidades en Windsor". De la felicidad de la anciana señora da cuenta el hecho de que, esas Navidades, ella también decidiese establecerse en Windsor para participar en las celebraciones a pesar de su evidente fragilidad.

Poco después, a finales de febrero de 1861, el doctor Clark, uno de los más apreciados galenos de la familia real, comunica, sin embargo, que se hace perentorio operar a la duquesa de Kent. El tumor maligno que ésta padece en un brazo debe ser extirpado rápidamente porque, si sigue progresando, causará un destrozo en el delicado organismo de la madre de la reina. Ante la insistencia de Clark, se prepara todo para una intervención quirúrgica fijada para el 9 de marzo. Alice está con su abuela durante el pre-operatorio...y durante el post-operatorio. Aparentemente, la intervención, muy osada desde el punto de vista médico, ha salido mejor de lo que se hubiera podido esperar. Pero...al cabo de seis días...la duquesa sufre un agravamiento inmediato, inesperado, en su estado. Clark manda avisar de inmediato a Victoria y Albert, que acuden a Frogmore con Alice. La anciana ya ha perdido la conciencia: no reconoce a su hija, a su sobrino-yerno ni a su nieta. Después de una noche en vela, éstos han de afrontar la muerte, acaecida a las nueve de la mañana del día 16 de marzo, de la duquesa de Kent.


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NotaPublicado: 12 Nov 2008 21:08 
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Una foto de Alice en luto por su abuela:

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