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 Asunto: YEVDOKIA (Eudoxia Lopukhina)
NotaPublicado: 06 Abr 2010 19:57 
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Debo advertiros que este tema no va a dar mucho de sí, pero necesitaba abrirlo porque siempre he querido rescatar de las sombras la figura de una de las tsarinas más desgraciadas de la historia: Yevdokia (o Eudoxia) Lopukhina, primera esposa de Pedro El Grande, madre del trágico zarevitch Alexis y abuela paterna del efímero zar Pedro II.

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Eudoxia aparece casi "de refilón" en cualquier obra que tenga por protagonista a Pedro El Grande o que gire en torno al conflicto entre Pedro El Grande y su zarevitch Alexis. En cierto modo, Eudoxia es una figura muy elusiva, pues la mayoría de los autores se limitan a describirla como bonita pero insulsa o hermosa pero estúpida, a elegir. No se profundiza en el drama de esa boyarina rusa cuyo único delito consistió en no resultarle atractiva al marido. Eso -no gustar, repeler- se paga carísimo cuando el marido en cuestión es un zar autócrata de Todas las Rusias.

A ver si podemos al menos "reconstruír" de manera breve el penoso tránsito por el mundo de Eudoxia.


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 Asunto: Re: YEVDOKIA (Eudoxia Lopukhina)
NotaPublicado: 06 Abr 2010 20:34 
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Se llamaba Yevdokia o Yevdokiya, es decir: Eudoxia. Había nacido el 30 de julio de 1669 en Moscú, siendo una de los hijos del matrimonio formado por Feodor Abramovich Lopukhin y Ustinia Bogdanovna Rtishcheva.

En ese verano del natalicio de nuestra Eudoxia, todavía representaba el papel de zar de Todas las Rusias Alexis Mikhailovich Romanov, Alexis I, cuya madre, por cierto, había llevado el mismo nombre que se le había impuesto a esa niña. El padre de la criatura, Feodor Lopukhin, era un boyardo, pero pertenecía a la nobleza menor, con orígenes en la región de Novgorod. La madre, Ustinia, estaba mejor relacionada, pues contaba entre sus parientes a Feodor Alekseyevich Rtishchev, amigo íntimo del zar Alexis I. En conjunto, los Lopukhin estaban bien posicionados en la sociedad moscovita. Nadie podía hacerles reproches porque se ajustaban milimétricamente a las convenciones sociales de su tiempo, con una firme lealtad al zar y a la iglesia ortodoxa. Podría decirse, en pocas palabras, que eran gente de lo más respetable.

Ustinia se encargó de que su hija Eudoxia asimilase una educación absolutamente tradicional. La chiquilla, a la que solían aplicar el diminutivo de Dunia, creció inmersa en las apacibles rutinas del térém, esto es, el espacio reservado a las mujeres en cada morada rusa. Sólo cuidadosamente veladas podían aparecer ante los ojos de otros hombres que no fuesen sus padres, hermanos y esposos, con quienes no se sentaban a la mesa cuando había invitados a comer o cenar. Ellas debían preservar su modestia viviendo en un cuidadoso confinamiento, dedicadas a la oración y a tareas propias de su sexo, del tipo de hilar en la rueca, coser o bordar. Para Ustinia no cabía duda de que la futura suerte matrimonial de Dunia dependería de que se convirtiese en una jovencita de perfecta candidez, piadosa en extremo, sencilla, complaciente y hacendosa.

Y en eso se convirtió Dunia. Seguramente, en cuanto a principios morales y a pautas de comportamiento, sería del estilo de la primera consorte del zar Alexis I, María Miloslavskaya, que había muerto dando a luz a su decimotercer retoño justamente el mismo año en que había llegado al mundo Eudoxia Lopukhin. María Miloslavskaya había sido apreciada y respetadísima porque encarnaba el ideal femenino. Paradójicamente, muerta María, su esposo Alexis, que la había llorado sinceramente, se había enamorado de Natalia Narishkyna, ahijada del boyardo Artamon Mateyev, quien, casado con una escocesa de apellido Hamilton, se caracterizaba por su notable occidentalización. De hecho, Natalia Narishkyna, criada en el hogar de los Mateyev, no era una muchacha del térém, sino una chica bastante consciente de su atractivo físico, animosa, vivaz, acostumbrada a relacionarse socialmente incluso con los hombres que visitaban la residencia de su poderoso padrino. Pero Natalia, la segunda mujer del zar, representaba la excepción a la norma y, de hecho, se la criticaba con acidez por no parecerse a la difunta María Miloslavskaya.


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 Asunto: Re: YEVDOKIA (Eudoxia Lopukhina)
NotaPublicado: 06 Abr 2010 21:31 
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En esta historia, resulta primordial quedarse con esa dicotomía María Miloslavskaya/Natalia Nariskhyna. Las dos tsarinas de Alexis I sirven para ilustrar el conflicto aún soterrado entre la Vieja Rusia y una Rusia no tan replegada en sí misma ni enclaustrada en sus antiguas tradiciones. Gente como Mateyev, el padrino de Natalia, habían expandido sus horizontes mentales hacia Occidente. Habían asumido que, paulatinamente, sin prisas pero sin pausas, su gran imperio debía sacudirse el férreo inmovilismo, las estructuras demasiado anquilosadas y caducas, para importar desde el exterior no sólo todas las innovaciones técnicas que pudiesen aprovecharles ni corrientes artístico-culturales en boga, sino también otra forma de enfocar la vida. Evidentemente, esas personas estaban en la vanguardia y constituían una minoría. Por lo general, los rusos se aferraban a lo que consideraban su esencia; la mera idea de dejarse influír por cualquier idea procedente del Oeste ponía los pelos cual escarpias a la inmensa mayoría. Una cosa era mantener cierto grado de relaciones comerciales con los extranjeros. Otra bien distinta empezar a introducir modificaciones en sus costumbres ancestrales. Palabras del tipo "reforma" o "cambio" inspiraban un intenso recelo, cuando no una ardiente reprobación.

Rusia era más que Rusia, era la Santa Rusia. En aquella Santa Rusia, había una estructura social bastante rígida y la religión se mezclaba con un amplio repertorio de supersticiones que conformaban lo que se podía denominar "carácter eslavo". Los hombres estaban particularmente interesados en que las mujeres siguiesen imbuídas de la filosofía del térém. No tenía nada de extraño que una boyarina del tipo de Ustinia criase a sus hijas de la manera en que la habían criado a ella o, para el caso, a damas todavía más encumbradas, tipo María Miloslavskaya. Natalia Narishkyna no era el ejemplo a seguir.


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 Asunto: Re: YEVDOKIA (Eudoxia Lopukhina)
NotaPublicado: 06 Abr 2010 22:31 
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Me alegra mucho minnie que inicies esta biografia la pobre siempre me ha dado ternura casada con Pedro, espero la conti, asimismo ojala y te animes a seguir la biografia de luise de baden

_________________
Ils ne passseront pas!


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 Asunto: Re: YEVDOKIA (Eudoxia Lopukhina)
NotaPublicado: 06 Abr 2010 22:55 
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rusia siempre me ha parecido como poco porosa a las innovaciones, en cualquier época siempre aparece como replegada en su tradición...


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 Asunto: Re: YEVDOKIA (Eudoxia Lopukhina)
NotaPublicado: 07 Abr 2010 17:52 
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Me parece un acierto este hilo, pues la historia rusa, anterior a Catalina la Grande, muchas veces es muy poco conocida o analizada y es fundamental para comprender el carácter ruso y todo lo que vino después. =D>


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 Asunto: Re: YEVDOKIA (Eudoxia Lopukhina)
NotaPublicado: 13 Abr 2010 17:57 
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Vuestro interés por Eudoxia me toca la fibra sensible. A veces he temido ser la única persona del mundo atraída por esa muchacha, una boyarina moscovita criada en la tradición del térém que, de pronto, se encontró elevada a la categoría de esposa de un zar que se íba a caracterizar, con el tiempo, por un remarcadísima tendencia rupturista.

Hoy en día, es difícil hacernos una idea exacta de lo que representaron esos momentos históricos para Rusia. Pensad que cuando Alexis I se murió, el 29 de enero de 1676, nadie podía creerse que tal deceso se hubiese producido. Alexis tenía, por entonces, cuarenta y seis años; se trataba de un hombre robusto, vigoroso, felizmente inmerso en su segundo matrimonio con Natalia Nariskhyna, una mujer en el apogeo de su belleza a los veintidós años. Echad cuentas: Alexis, tras enterrar a María Miloslavskaya, se había casado -enamorado- con una moza a la que él le sacaba nada menos que veinticuatro años de edad. Os imaginaréis que, para Alexis, Natalia representaba la promesa en ciernes de una nueva juventud. De María Miloslavskaya, quedaban hijos, pero la mayoría de sexo femenino. En el tiempo en el que Alexis había contraído nupcias con Natalia Narishkhyna, estaban vivas seis hijas de María Miloslavskaya: las tsarevnas Yevdokia, Marfa, Sofía, Ekaterina, María y Feodosia. Todas ellas eran mujeres del térém, discretas y piadosas, a excepción de Sofía, que parecía dotada de un espíritu "masculino" en el sentido de que se rebelaba ante la perspectiva de vivir confinada, dedicada a la oración y a las labores de aguja. Por otra parte, María Miloslavskaya sólo había dejado dos varones: Fyodor e Ivan. Los dos parecían figuras tristísimas: Fyodor, el heredero del trono, era inteligente y culto, pero una enfermedad misteriosa, probablemente escorbuto, le había desfigurado terriblemente y le mantenía postrado a menudo; Ivan, por su parte, el repuesto del heredero, era un niño enclenque, deforme y mentalmente retrasado.

De nuevo...echad cuentas: hombre viudo, ya maduro, sólo dispone de seis hijas a las que su sexo priva de derechos a la corona y dos hijos varones, potenciales herederos, lastrados por las enfermedades físicas (Fyodor) o físicas a la par que mentales (Ivan). Ese hombre viudo conoce a una muchacha bonita y criada en un ambiente occidentalizado, lo que la hace sustancialmente distinta de las demás boyarinas rusas disponibles. El hombre viudo se enamora de la muchacha bonita. Se casan. Inician una nueva familia, pues Natalia daría a luz enseguida un niño enorme y robusto, Pedro, seguido de dos niñas, Natalia y Fyodora.

Y de repente...el hombre en cuestión, Alexis, se muere repentinamente a causa de un inoportuno enfriamiento. Deja viuda a una mujer de veintidós años, que tiene a su cargo un niño de cuatro años (tercero en la línea sucesoria tras sus medio hermanos Fyodor e Ivan...), una niña de tres años (Natalia) y otra niña de dos años (Fyodora, que se malograría al año siguiente).

Ahí estaban las bases para un drama palaciego de los de aúpa...


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 Asunto: Re: YEVDOKIA (Eudoxia Lopukhina)
NotaPublicado: 13 Abr 2010 18:21 
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Este es un retrato del zar Fyodor III, hijo de Alexis I con María Miloslavskaya:

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Ascendió al trono el 29 de enero de 1676, tras la muerte repentina de su padre Alexis. En ese momento, Fyodor tenía solamente QUINCE años de edad. Poseía grandes cualidades: siempre se había distinguido por una mente curiosa, inquisitiva y reflexiva, así como por su excelente disposición al estudio. Su padre, orgulloso de esos rasgos de carácter, le había confiado a la tutela de uno de los más notables eruditos de la época, el monje Simeón Pólotski. Pólotski no hablaba meramente ruso y ucraniano, sino también un polaco fluído en extremo, al tiempo que dominaba el latín: su biblioteca personal, compilada pacientemente a lo largo de décadas, se consideraba la mejor surtida de Moscú. A modo de pasatiempo, el monje cultivaba la poesía.

Simeón Pólotski fue una magnífica elección del zar Alexis. Gracias a Pólotski, Fyodor se transformó en un muchacho cuya cultura excedía a la de todos sus predecesores en el trono moscovita. Nunca había alcanzado el poder un monarca con ese amor por las distintas lenguas y por las ciencias. Estaba dispuesto a patronizar instituciones nuevas que sirviesen para que los eruditos se multiplicasen y multiplicasen sus obras. Asimismo, había comprendido la necesidad de ir promoviendo reformas que, sin alterar la esencia de la Sagrada Rusia, la hiciese emerger desde el anquilosamiento y el inmovilismo. Fyodor tenía cabeza, tenía ideas y tenía proyectos a los que consagrar sus energías; deseaba reproducir en Moscú el fasto al estilo polaco, teniendo en cuenta que lo polaco superaba a lo ruso, en ese tiempo, en cuanto al refinamiento. Lo único que fallaba era su mala salud. Vivía semiparalizado.

Reinaría...durante apenas seis años. En seis años, dió lo mejor de sí mismo al trono, levantando no pocas suspicacias por su manía de "polonizar" la corte moscovita y de emprender una serie de cambios en el vetusto sistema ruso. Los que no estaban a gusto con las reformas de Fyodor sólo podían confiar en que su pésima salud se cobrase la vida del soberano. Con todo, Fyodor deseaba perpetuarse. En primeras nupcias, se casó con una aristocrática ucraniana, Agaphia Simeonovna Grushevskaya. Agraphia había recibido una educación a la vieja usanza, pero, deseosa de agradar y de complacer a Fyodor, enseguida se sintió contagiada por el espíritu renovador de su marido. Por desgracia, Agraphia murió tres días después de dar a luz un varoncito, el zarevitch Ilya, que apenas sobrevivió a la madre durante seis días. La muerte de Ilya con nueve días de vida fue un durísimo golpe emocional para Fyodor.

La segunda boda de Fyodor, con Marfa Matveievna Apraksina, respondió a la necesidad perentoria. Con el fallecimiento de Agraphia y del bebé Ilya, Fyodor se había consumido en el abatimiento y la tristeza. Antes, había estado hecho una piltrafa, pero después...se diría que llevaba la palabra "muerte" tatuada en la frente. La boda con Marfa represnetaba quemar el útimo cartucho para obtener herederos de ese zar casi inválido. Desdichadamente, Marfa casi no tuvo tiempo ni de ejercer el papel de zarina ni de embarazarse, porque enviudó a los tres meses de la boda.


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 Asunto: Re: YEVDOKIA (Eudoxia Lopukhina)
NotaPublicado: 13 Abr 2010 19:19 
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Ya podemos ahora hacer un salto en el tiempo, desde nuestro momento actual hasta el aquellos días de finales de abril/principios de mayo de 1682 (según el calendario que prefiráis usar) en los que se verificó la muerte del zar Fyodor III, con veinte años de edad. Había ocupado el trono heredado del padre durante seis años. Al cabo de ese tiempo, abandonaba el mundo dejando una viuda sobrecogida por el miedo y ningún hijo que pudiese sucederle.

¿Y ahora qué...?

Si uno se atenía estrictamente a la línea de sucesión, la corona de Fyodor debería ceñir las sienes del último hijo varón superviviente de Alexis I y María Miloslavskaya, esto es, Ivan. Ivan era hermano de vínculo completo del extinto Fyodor III. En circunstancias normales, se le hubiese proclamado inmediatamente zar con el nombre de Ivan V.

Pero...las circunstancias estaban lejos de ser normales. Ivan tenía dieciséis años, un año más de los que había tenido Fyodor al recibir el cetro que había pertenecido a Alexis. Fyodor, desfigurado y semiparalítico, había sido, al menos, inteligente, ilustrado y voluntarioso. Pero Ivan ofrecía una estampa lastimosa, por no decir patética. Se movía con dificultad, de hecho necesitaba que le sostuviesen para ir avanzando paso a paso tropezando con su propia sombra; casi era ciego, la lengua se le trababa al hablar y adolecía de un acusado retraso mental. ¿Quién podía querer que reinase aquel hombre de aspecto tan deplorable y que únicamente deseaba que le dejasen en paz? Obviamente, el clan de los Miloslavsky, la red de parientes y allegados por vía materna de Ivan. Veían en el hijo de la fenecida primera esposa de Alexis, María Miloslavskaya, al único legítimo sucesor, en el nombre del cual ellos podrían manejar los hilos del poder. La idea era convertir a Ivan en zar...bajo la regencia de una de las hermanas de éste, Sofía, que, a diferencia del resto de las tsarevnas, no era una mansa criatura del térém. Sofía Alexeevna tenía carácter; era culta, firme, resuelta...y ambiciosa.

Frente a los Miloslavsky, estaba el partido encabezado por los Naryskhin, formado por parientes y allegados de Natalia Nariskhyna, la segunda mujer de Alexis. Era obvio, para ellos, que el único hijo de Alexis digno de sentarse en el trono moscovita venía siendo el hijo que había dado a luz Natalia: Pedro. Pedro Alexeyevich contaba diez años, pero se diría que estaba ya en la adolescencia debido a su extraordinaria presencia física. Crecía mes a mes; seguiría creciendo hasta sobrepasar en cuatro centímetros los dos metros de altura (todo un gigante incluso hoy, imaginad en aquella época). Pedro era un muchacho saludable, vigoroso, dotado de fortaleza física y mental, espabilado, con ganas de pegarle bocados al mundo. No podía haber mayor contraste que el que representaban el pobre Ivan y Pedro. Los dos medio hermanos, no obstante, sostenían una relación afectiva. Fyodor había sido bondadoso con su madrastra Natalia y con los hijos de Natalia, Pedro y Natalia. Ivan, por su parte, amaba a Natalia y a Pedro.

Ciertamente, los hermanos de Natalia concibieron la idea de coronar zar a Pedro, en detrimento de Ivan. Dado que su sobrino reunía en su personita un amplio repertorio de cualidades físicas e intelectuales que hacían más patente la incapacidad del medio hermano mayor, tenían la pretensión de hacer de Pedro el monarca en el nombre de quien gobernarían. Pero los Miloslavsky contraatacaron rápidamente, alentados por la tsarevna Sofía. Se hizo correr la voz, por Moscú, de que los Nariskhyn pretendían no meramente usurpar el trono de Ivan, sino matar a Ivan. La muerte violenta, no natural, de Ivan, permitiría que Pedro accediese al trono sin que nadie pudiese acusarle de haberlo ocupado a expensas del auténtico heredero de la dinastía.

Los rumores pretendían soliviantar, en primer lugar, a los streltsi ("Streltzí" o "Strelets"). Se trataba de una especie de guardia de corps cuyos orígenes se remontaban al reinado de Ivan IV, El Terrible. Dentro del entramado de las fuerzas rusas, conformaban una auténtica élite, tradicionalmente vinculada a la monarquía; en épocas relativamente tranquilas, también servían de policía e incluso de brigadas anti-incendios en la capital rusa, construída con madera. Eran hombres que se inflamaban fácilmente. La tsarevna Sofía, apoyada por sus parientes Miloslavski, maniobró de forma inteligente para que los streltsi marchasen hacia el recinto del Kremlin imbuídos de la certeza de que debían salvar al zar Ivan de sus enemigos Narishkyn.


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 Asunto: Re: YEVDOKIA (Eudoxia Lopukhina)
NotaPublicado: 13 Abr 2010 19:51 
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Registrado: 17 Feb 2008 20:47
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Un cuadro dramático: Natalia Naryshina comparece en una balconada del Kremlin, llevando consigo a su hijastro Ivan y a su hijo Pedro, para mostarle a los streltsi que Ivan no ha sufrido ningún daño, sino que se encuentra perfectamente.

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La verdad es que Natalia le echó redaños. Cuando los streltsi se adentraron en el recinto palaciego, constituían una masa de hombres fuertemente armados, enardecidos hasta el límite, dispuestos a hacer correr ríos de sangre porque suponían que se había perpetrado un ataque mortífero hacia el zar Ivan. Para Natalia tuvo que ser un instante terrorífico. Había estado guardando duelo por Fyodor, acompañada por la viuda de éste, Marfa, y teniendo cerca de sí a sus hijos, Pedro y Natalia. Enseguida se dispuso a afrontar la situación, yendo en busca de Ivan para presentarse flanqueada por los dos varones, Ivan y Pedro, ante los streltsi. Pensaba que la única forma de evitar una masacre consistía en demostrarle a esos hombres que Ivan permanecía intacto y que ella le cuidaba con el mismo celo con el que cuidaba a su hijo Pedro. Debía persuadirles, a través de ese gesto, de que habían sido manipulados y utilizados por sus adversarios políticos.

Por un momento...sólo por un momento...el coraje de Natalia pareció inclinar la balanza a su favor. Pero los partidarios de los Miloslavsky seguían por allí, infiltrados entre los streltsi, dispuestos a señalarles que el hecho de que Natalia tuviese a Ivan consigo no significaba que los Nariskhyn renunciasen a la posibilidad de llevar a Pedro al trono eliminando primeramente al medio hermano mayor de ese muchachito. Los streltsi eran gente recelosa, desconfiada. Eso permitía seguir alimentando el fuego que ardía en ellos.

Ese once de mayo tendría una aciaga continuación el diecisiete. Los streltsi, convenientemente acicateados día a día, volvieron a la carga. Esa vez, no se contentarían con ver a Natalia ejerciendo de madre con Ivan y Pedro. Exigían que quienes habían "conspirado" para apartar de la sucesión a Ivan y hacer un pelele de Pedro pagasen el precio con sus vidas. Natalia estaba espantada, al igual que su "nuera" Marfa. Los niños captaban que la situación era crítica, incluso sobrecogedora. Pero la matanza superó ampliamente cualquier expectativa. El padrino de Natalia, Artamon Mateyev, fue uno de los asesinados, junto con los hermanos Nariskhyn y un amplio conjunto de partidarios que incluían al príncipe Dolgorukov. Si Natalia logró superar aquella carnicería salvaje entre sus seres queridos y sus simpatizantes, fue porque tenía que permanecer en pie para proteger a Pedro y Natalia.

La envergadura de aquel baño de sangre asustó incluso a los Miloslavsky. Una vez que los streltsi habían elimado al grueso del partido Nariskhyn, convenía alcanzar un arreglo que permitiese consolidar el trono y aplacar los ánimos en Moscú. Se llegó a una solución de compromiso: habría una coronación conjunta de Ivan y Pedro. Ivan sería el zar principal, por tratarse del mayor, pero Pedro también ostentaría la dignidad de zar. Los dos soberanos ("dvoetsarstvenniki") compartirían un trono con dos asientos, que se elaboraría para la ocasión, y recibirían coronas idénticas. De cualquier modo, los dos estarían bajo la regencia de la tsarevna Sofía Alexeevna, hermana de Ivan y medio hermana de Pedro.


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 Asunto: Re: YEVDOKIA (Eudoxia Lopukhina)
NotaPublicado: 14 Abr 2010 00:12 
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Registrado: 28 Mar 2008 16:02
Mensajes: 2152
Ubicación: Gualeguaychú
¡Bravo,querida Minnie!
Mil felicitaciones por este tema. >:D<

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Deja que todo te suceda


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 Asunto: Re: YEVDOKIA (Eudoxia Lopukhina)
NotaPublicado: 17 Abr 2010 08:09 
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Registrado: 17 Feb 2008 20:47
Mensajes: 17069
princesaguaraní escribió:
¡Bravo,querida Minnie!
Mil felicitaciones por este tema. >:D<


Me alegra que sea de tu agrado, Princesa ;)

Hemos llegado a un punto en que se produce la eclosión de un personaje la mar de entretenido: la tsarevna Sofía Alexeevna.

La imagen que ha perdurado en nuestras retinas de la tsarevna Sofía no es precisamente halagüeña. Hay un cuadro, obra de Repin, que muestra a una Sofía de mirada hostil y actitud claramente ominosa, ya encerrada en el convento de Novodevichi. Se trata de este cuadro:

Imagen

Pero ese cuadro habría que tomárselo con pinzas. A partir del ascenso de Pedro El Grande, hubo una natural tendencia a echar por tierra el período de regencia de su medio hermana Sofía. Se presentó una versión de Sofía como una princesa que había salido de las sombras del térém animada por una profunda envidia hacia sus hermanos varones y por una ambición exacerbada que no concordaba con su sexo femenino. Se la pintó como una intrigante, urdiendo tramas para alcanzar el poder y urdiendo tramas para perpetuarse en el poder; una mujer manipuladora, retorcida y en cierto modo siniestra a la que no había más remedio que encerrar por la fuerza en un convento.

Pero a mí -¡lo admito!- me encanta Sofía. A mis ojos, se trata de una PRECURSORA. El mérito y el valor de Sofía radican, precisamente, en que, siendo una mujer dotada de aguda inteligencia, de carácter enérgico y con ganas de representar un papel activo en la sociedad de su época, logró emerger desde las sombras del térém y hacerse a sí misma regente durante...SIETE AÑOS. Cierto que su apuesta era osada, incluso temeraria, y que acabó perdiendo tanto el poder como la libertad, dos cosas que había anhelado desde la infancia. Pero recordad que hizo falta un PEDRO EL GRANDE para encerrar en un convento a la tsarevna Sofía y que, mientras Sofía estuvo viva, incluso a pesar de hallarse estrictamente vigilada entre los muros del convento de Novodevichi, un PEDRO EL GRANDE jamás estuvo absolutamente tranquilo. Pedro temía a su hermana, porque le constaba que estaba hecha de una pasta especial.

Y esta Sofía...

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mucho más luminosa y atractiva que la que recreó Repin en su célebre cuadro, fue, reitero, una PRECURSORA. Abrió el camino para que en Rusia pudiese llegar a darse esa peculiaridad histórica que representa el siglo de las zarinas. De no haber habido una Sofía Alexeevna, no se hubiese quebrado la tradición del térém para las mujeres de la estirpe imperial. La situación extraordinaria en que llegó a colocarse Sofía sirvió de referencia, a posteriori, para Catherine I, Anna Ivanovna, Anna Leopoldovna, Elisabeth I y Catherine II. Todas ellas tienen una "deuda" con Sofía Alexeevna.


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