Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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 Asunto: PAZ, INFANTA DE ESPAÑA.
NotaPublicado: 19 Ago 2008 19:15 
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Registrado: 17 Feb 2008 21:47
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La infanta española Paz, por matrimonio princesa de Baviera, es una de esas figuras prácticamente desconocidas de la dinastía Borbón. Sin embargo, también es un personaje entrañable que merece su espacio.

Llegué a esa conclusión hace unos días, en un viaje de avión. A miles de metros de altura, siempre "me refugio" en algún libro para que se me haga llevadero el "tiempo estimado de vuelo". Entre los que llevaba conmigo en esa ocasión, estaba una edición de bolsillo de "Las perlas de la corona" de Juan Balansó. Releyendo los párrafos consagrados a Paz, encontré, de nuevo, una historia conmovedora que había olvidado...

En la etapa inmediatamente posterior a la guerra civil española, que anegó en sangre y llenó a rebosar de amargos rencores el país, Paz, que vivía en Munich, tuvo la grandeza suficiente para acoger cálidamente y ayudar a numerosos republicanos exiliados. Durante esos años, los Wittelsbach de Baviera vivían con estrecheces y penurias...de modo que los republicanos intentaron compensarla realizando ciertos trabajos de mantenimiento o restauración en el palacio de Paz. Pero lo más emotivo sucedió a raíz de la muerte de la nonagenaria señora. Cuando los empleados de la funeraria trasladaban el ataúd en el que yacía amortajada hasta el lugar de entierro, se vieron sorprendidos por un grupo numeroso de republicanos españoles. Varios de ellos, los más fornidos, reemplazaron voluntariamente a los atónitos empleados de funeraria en la tarea de llevar a hombros el ataúd. La familia bávara de Paz observó junto a esos empleados que se habían quedado sin tarea cómo los republicanos depositaban cuidadosamente el ataúd en el sitio previsto para las exequias, antes de desfilar, uno a uno, para colocar una única flor por persona en homenaje a la infanta Paz.

¿Qué infanta española ha tenido nunca tal tributo de amor y respeto? Seguramente, sólo Paz, la infanta de ojos glaucos que había sabido hacer honor a su nombre de pila...


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NotaPublicado: 19 Ago 2008 19:23 
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Paz caminó casi de puntillas por los senderos más discretos y recoletos de la historia. El rey Alfonso XII solía afirmar que su hermana Isabel era el orgullo de su casa, en tanto que Pilar representaba la dulzura, Paz el sosiego y la calma, Eulalia la alegría. Efectivamente, Paz fue una muchacha afectuosa y noble, sencilla y apacible, tranquila y afable con un punto de timidez. Particularmente unida a su hermana Pilar, lloró amargamente la pérdida, demasiado temprana, de ésta; entre Isabel, la puntillosa guardiana del protocolo, y Eulalia, la rebelde apasionada, sirvió siempre para tender puentes, intentando quitarle hierro, con su carácter conciliador, a los malentendidos así como los conflictos encarnizados. Cariñosa con todos los que la trataban, Paz recibió el raro privilegio, en una princesa, de un matrimonio plenamente armonioso y feliz con uno de sus primos de Baviera. Vivió dedicada a su esposo e hijos, componiendo versos (un tanto cursis, hay que decirlo...) y unas memorias (deliciosas, al parecer).

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La reina Isabel II con sus tres hijas menores: Pilar, en pie a la derecha de la foto; Paz y Eulalia, a la izquierda de la imagen.


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NotaPublicado: 19 Ago 2008 19:55 
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María de la Paz Juana Amelia Adalberta Francisca de Paula Juana Bautista Isabel Francisca de Asis, infanta de España, nació en Madrid el 23 de junio de 1862. Oficialmente, era hija de la reina Isabel II y su rey consorte, Francisco de Asís, nacido infante de España. Extraoficialmente, la reina Isabel II, tan frescachona, vivía apasionadas aventuras al margen de su marido, apodado por el pueblo "Paquito Natillas". En la época de la concepción de Pilar, Paz y Eulalia, el compañero habitual de la reina Isabel II era Miguel Tenorio de Castilla. A Miguel Tenorio de Castilla se le suele atribuír, por tanto, la paternidad biológica de Pilar, Paz y Eulalia.

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Miguel Tenorio, político onubense, probable padre de Pilar, Paz y Eulalia de Borbón.

En el caso de la bondadosa Paz, hay argumentos que abonan esa teoría. En una etapa muy ulterior de su vida, Miguel Tenorio de Castilla se estableció en Alemania. Paz le acogió en su casa, tratándole con la mayor deferencia y afecto. En al menos una ocasión, según refiere Balansó, Paz halló que Miguel se encontraba desanimado y triste. La mujer no dudó en arrastrarle consigo a una fiesta, en la cual, con pasmosa serenidad, le presentó como "don Miguel Tenorio, mi padre". Seguramente, la presentación de la infanta española y princesa bávara causaría bastante revuelo. Pero queda claro que Paz no sólo no se avergonzaba de su progenitor, sino que estaba dispuesta a tributarle el mismo respeto en público que en privado, lo que dice mucho a favor de ella.


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NotaPublicado: 19 Ago 2008 20:12 
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Paz contaba solamente seis años cuando la Revolución Gloriosa de 1868 expulsó del trono, sin contemplaciones, a su madre. La familia real hubo de exiliarse, estableciendo su residencia en París. En 1870, Isabel II, instalada en el Palacio Castilla, abdicó de su corona en favor de su joven hijo varón, Alfonso XII. Pero Alfonso XII no reinaría, de hecho, hasta que se produjo la Restauración borbónica en diciembre de 1874. Al regresar Alfonso XII para tomar posesión efectiva del reino, a finales de 1874, se decidió que volverían también sus hermanas. La mayor, Isabel, condesa viuda de Girgenti pese a su juventud, ostentaba, a la sazón, el rango de Princesa de Asturias, por lo que ocupó el puesto de "primera dama del reino" hasta la boda de Alfonso con su prima Mercedes de Orleáns. Las menores, Pilar, Paz y Eulalia, quedaron "sometidas" a la tutela efectiva de Isabel Princesa de Asturias.

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Isabel, princesa de Asturias.

Hay algo bastante irónico en el hecho de que Isabel princesa de Asturias haya quedado para la historia chica como la infanta llana, castiza y popular por antonomasia. En realidad, Isabel era una mujer consagrada en cuerpo y alma a mantener el prestigio de la dinastía Borbón. Dolorosamente consciente de que su madre, Isabel II, y el consorte de ésta, Francisco de Asís, habían "enfangado" por completo la imagen de la realeza, propiciando, en una época de por sí turbulenta, que saltase la chispa de la Revolución que les había echado del país con cajas destempladas, Isabel, tras la restauración en la persona de su querido hermano Alfonso, estaba decidida a que nunca jamás volviese a suceder algo similar. Muy imbuída del protocolo de corte, se mostraba exageradamente puntillosa porque se daba cuenta de que servía para proteger a la monarquía. Que se pusiese la mantilla y asistiese infatigable a las diversas romerías populares o a las corridas de toros no significa que no tuviese siempre presente que ella era una infanta de España, por tanto debía mantenerse por encima de todos. Practicaba lo que alguien denominó "democracia de días de fiesta", pero nada más.

Sus exhortaciones a sus hermanas Pilar, Paz y Eulalia íban en la misma dirección. Las muchachas debían grabarse a fuego en la mente que, en su condición de hermanas jóvenes y solteras del rey, estaban constantemente en el punto de mira de la gente. No sólo no podían sacar los pies del tiesto, sino que era preciso que se abstuviesen de decir o hacer nada que pudiese malinterpretarse. Pilar y Paz se atenían a las estrictas pautas marcadas por Isabel, pero para Eulalia, un espíritu vivaz, se hacía muy duro ese estilo de vida.


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NotaPublicado: 19 Ago 2008 20:25 
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Infanta Pilar.

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Paz, sentada, con Eulalia, en pie.

Hubo un momento romántico en esa etapa: el noviazgo con posterior enlace de Alfonso con la prima Mercedes. Isabel II, desde París, se había opuesto vehementemente a que Alfonso rondase a Mercedes, una de las hijas de la infanta Luisa Fernanda, única hermana de la reina destronada, con el duque Antonio de Montpensier. Montpensier tenía una larga trayectoria de intrigas y conspiraciones contra su cuñada Isabel, algo que había envenenado las relaciones de Isabel con Luisa Fernanda. A ojos de Isabel, los Montpensier le habían asestado otra puñalada trapera poniendo ante los ojos golosos de Alfonso a la salerosa Mercedes. Montpensier, que no había podido gobernar sentando en el trono a su mujer Luisa Fernanda, querría ejercer ahora una considerable influencia logrando que ascendiese a ese solio su hija Mercedes. Isabel II, en suma, estaba que trinaba con la boda; tras haber estorbado todo lo que pudo, al final se negó a volver siquiera para asistir a la ceremonia.

Mercedes introdujo nuevos aires en palacio. En teoría, ella era ya la primera dama del reino, postergando a su prima y cuñada Isabel. En la práctica, Isabel seguía representando su destacado papel. La propia Mercedes admitía, sonriente, que para mantener el protocolo "ya tenían a Isabel". Pero lo indudable es que Mercedes creó una atmósfera menos densa y pesada, más relajada. Sus cuñadas Pilar, Paz y Eulalia se vieron, de pronto, colaborando con el "ropero de la reina", una iniciativa puesta en práctica por Mercedes para elaborar ropas destinadas a los pobres. La diferencia consistía en que Mercedes se negaba a utilizar retales de tejidos bastos, con feos estampados o colores chillones. Constantemente le recordaba a Pilar, Paz y Eulalia que "los pobres tienen el mismo buen gusto que vosotras". Necesitaban ropas bonitas y confortables, de estilo atemporal y que no se echasen a perder fácilmente.

Por desgracia, Mercedes duró lo que un suspiro. Tras haber sufrido un aborto en los primeros meses de matrimonio, su salud empezó a declinar. Oficialmente, la reina se murió de unas fiebres gástricas acompañadas de profusas hemorragias intestinales. Uno de los médicos que la atendió confesaría a sus íntimos, sin embargo, que la pobre reina se había muerto a causa de una tremenda infección interna causada porque no le habían legrado bien a raíz de su aborto natural. Fuere como fuere, la muerte temprana de Mercedes causó una profunda conmoción dentro y fuera de palacio. A la gente le costaba tanto asumir esa pérdida, que llegaron a florecer rumores en el sentido de que Isabel, celosa por haberse visto relegada a favor de Mercedes, había envenenado a su prima y cuñada. Eran rumores ridículos, por supuesto. Isabel quería a Mercedes y además comprendía perfectamente que por la lógica natural de la dinastía era necesario que ella cediese la preferencia a una esposa de Alfonso. En poco tiempo, de hecho, Isabel jugaría un papel destacado en concertar el segundo matrimonio de Alfonso con la archiduquesa María Cristina "Crista" de Austria, a la que, durante décadas, serviría con admirable devoción.


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NotaPublicado: 22 Ago 2008 11:03 
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El romance popular fue muy explícito en algunos de sus versos respecto a la temprana desaparición de Mercedes...

Te vas camino del cielo
sin un hijo que te herede...


Y ahí radicaba la cuestión. Aparte del profundo duelo popular suscitado por la desaparición en junio de 1878 de la reina casada cinco meses atrás, estaba la conciencia, agudizada, de que existía un problema serio en lo que atañía a la continuidad dinástica. Alfonso y Mercedes no habían logrado un hijo varón, ni siquiera una hija. Mercedes había fallecido, Alfonso no era ningún mozo robusto y vigoroso sino un hombre con frágil constitución. La heredera del trono era Isabel, princesa de Asturias, condesa de Girgenti: una viuda sin hijos. Se consideró, seriamente, la posibilidad de casarla en segundas nupcias, bien con el príncipe Arnulf de Baviera, bien con el archiduque Ludwig Salvator de Austria. Isabel, sin duda, hubiera asumido su deber hacia la corona, pero, entre tanto, se quedó el tema en "stand by" porque se negoció la boda de Alfonso con la archiduquesa María Cristina, Crista, de Austria.

De cualquier manera, los posibles enlaces de las hermanas solteras del rey Alfonso XII constituían un asunto de gran relevancia. Mientras Alfonso y Crista no tuviesen un buen hato de hijos comúnes, las muchachas estaban muy, pero muy cerca del trono. Sin embargo, había que tomar en cuenta la mala salud de Pilar, la mayor de las tres menores. Hacia junio de 1879, se encontraba bastante debilitada: una tisis había ído minándola poco a poco. El rey Alfonso decidió enviar a Pilar, Paz y Eulalia al balneario de Escoriaza, en Guipuzcoa, confiando en que tan renombrado lugar tuviese efectos benéficos sobre la dulce Pilar. Por desgracia, el largo y pesado viaje de Madrid a Escoriaza acabó con las fuerzas de Pilar. Llegó tan endeble, que se pasaba los días tumbada leyendo novelas de Lamartine. El tres de agosto sufrió fortísimas convulsiones que la sumieron en un coma del que ya no saldría: murió el cinco de agosto, seguramente a consecuencia de una meningitis tuberculosa, si bien se intentó que no trascendiese esa noticia porque resultaba muy preocupante.

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Imagen retrospectiva de la dulce y efímera Pilar.

La muerte de Pilar consternó a sus hermanos. Sin duda, todos estaban afligidos, aunque quizá la más afectada fue Paz. Pilar y Paz habían crecido profundamente unidas; sus respectivos caracteres, apacibles y complacientes, las habían hecho entenderse a las mil maravillas. La desaparición de Pilar supuso un golpe emocional fuerte para Paz, que jamás olvidó a su hermana. En una etapa ulterior de su existencia, cuando, ya casada, dió a luz una niña, Paz pediría a su esposo, tímidamente, permiso para llamar a la pequeña Pilar, en honor a su hermana mayor fallecida antes de tiempo. Una de las mayores alegrías de su vida se la proporcionó la aquiescencia de su marido.


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NotaPublicado: 22 Ago 2008 11:24 
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La imagen muestra a la reina María Cristina, Crista, sosteniendo a su primer retoño, una niña bautizada Mercedes en honor a la difunta esposa de Alfonso, que aparece en pie. A la izquierda de la imagen, la infanta Paz, en pie. A la derecha, Isabel y Eulalia. Esa era, en esencia, la familia real española a finales de 1879.

El matrimonio de Paz se arregló "dentro de casa". Francisco de Asís, primo y esposo conflictivo para la reina Isabel II, padre "oficial" tanto de Alfonso XII como de las infantas Isabel, Paz y Eulalia, tenía una hermana, la infanta Amalia, que, en la juventud, se había casado con el príncipe Adalbert de Baviera. Establecida en Munich con Adalbert, Amalia había sido razonablemente feliz junto a su marido, a quien había proporcionado cinco hijos. Amalia había alumbrado dos varones: Ludwig Ferdinand y Alfons. También tres féminas: Isabella (llamada Bella, era ahijada de bautismo de su tía-prima la reina Isabel II de España), Elvira y Clara.

Ludwig Ferdinand, el hijo primogénito de Adalbert y Amalia, era un príncipe de Baviera que, sin embargo, había nacido en Madrid, en el curso de una de las frecuentes visitas de sus padres a la corte española de la que procedía su madre. A ojos de su primo Alfonso XII, Ludwig Ferdinand resultaba la persona idónea para contraer nupcias con Paz. Las insinuaciones de Alfonso XII, que llegó a definir a Paz como "lo mejor de su casa", a la tía Amalia no cayeron en saco roto. Una foto de Paz fue mostrada a Ludwig Ferdinand, que, en principio, consideró agradable el aspecto de su posible novia. En cuanto a Paz, poseía una naturaleza tan modesta que estaba segura de que su primo Ludwig Ferdinand se quedaría chasqueado cuando se encontrasen cara a cara: en la foto quizá estaba favorecida, pero en las distancias cortas, él se daría cuenta de que ella no poseía ni belleza ni garbo.


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NotaPublicado: 22 Ago 2008 11:44 
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El encuentro de Ludwig Ferdinand de Baviera y Paz de España en el verano de 1880 tuvo un resultado, cuando menos, curioso. El apuesto Ludwig Ferdinand se ratificó en su deseo de casarse con Paz. En cambio, Paz se mostró renuente al enlace.

Ciertamente, la infanta veía las buenas cualidades de su primo. Se trataba de un mozo gallardo, que había seguido una carrera militar hasta empecinarse en que deseaba acudir a la universidad para doctorarse en medicina. En general, los Wittelsbach eran príncipes y princesas notablemente excéntricos o cuando menos muy extravagantes; pero, entre todos ellos, surgían algunos que se mostraban equilibrados y con una acusada tendencia a labrarse una carrera profesional: un ejemplo lo constituía, en esa época, el duque Carl Theodor en Baviera, prestigioso oftalmólogo, en tanto que otro podría serlo el príncipe Ludwig Ferdinand, que llegaría a adquirir una sólida reputación en su condición de médico. Ludwig Ferdinand, de talante serio y responsable, transmitía solidez y firmeza.

Sin embargo, Ludwig Ferdinand necesitó dos años de cortejo para que la mansa Paz se decidiese a aceptarle. El veintidós de enero de 1882, por fín, mientras daban los dos un paseo por la Casa de Campo, Ludwig Ferdinand consiguió que Paz se comprometiese a convertirse en su esposa. La infanta, muy emocionada, sólo le puso, según su testimonio, una condición previa para el sí: que él aceptase, de antemano, realizar frecuentes viajes de Munich a Madrid, porque ella no quería, de ninguna manera, desligarse de España aunque su destino la llevase a vivir en Baviera.


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NotaPublicado: 22 Ago 2008 11:45 
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La pareja...

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NotaPublicado: 22 Ago 2008 11:46 
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NotaPublicado: 23 Ago 2008 17:14 
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Minnie, que interesante!, me encanta como cuentas las historias, no me canso nunca de leerte.
Una curiosidad, en agradecimiento de como habían tratado en Eskoriatza a su hermana Pilar, y en recuerdo de su muerte en dicho lugar, Alfonso XII regaló a la iglesia del pueblo un cáliz


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NotaPublicado: 23 Ago 2008 18:37 
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Me alegra de que te guste la historia de Paz, Fariboz ;)
Lo cierto es que desconocía que Alfonso XII hubiese donado un cáliz a la iglesia de Escoriaza en agradecimiento al pueblo y por honrar la memoria de su hermana Pilar. Pero no me extraña, porque tengo entendido que el pueblo de Escoriaza se volcó en la despedida del cortejo fúnebre que emprendía camino hacia Vitoria. Alfonso XII era un hombre sentimental y afectuoso en lo que atañía a sus hermanas. Realmente, yo creo que sólo tuvo algunas palabras duras hacia la jovencísima Eulalia, que, a menudo, le exasperaba con su carácter veleidoso y caprichoso. Cuando Eulalia de pronto salió con que no quería ennoviarse formalmente con el infante Antonio de Orleáns, su primo y que además había sido cuñado de Alfonso, el rey no daba crédito. Según parece, la muchacha le había estado dando carrete a Antonio durante meses, igual que había hecho anteriormente, con poco sentido común, tanto con el príncipe Carlos de Portugal como con el archiduque Eugen de Austria. Alfonso XII trinaba...y no le faltaban motivos, jajaja. Pero Isabel era "su orgullo", mientras que Pilar y Paz jamás le habían provocado ni el más leve dolor de cabeza ;)


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