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 Asunto: Luis II Baviera: el rey loco
NotaPublicado: 06 Dic 2010 19:54 
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Buenas, tengo que confesar que ha sido una figura, junto a su prima Sissi, que siempre me ha fascinado. Hasta donde yo sé, no existe ninguna biografía en castellano sobre él, a ver si entre todos conseguimos hacer un perfil de este personaje.

Para calentar motores pongo la biografía típica de wikipedia:

Luis de Wittelsbach, de su nombre Ludwig Otto Frederik Wilhelm, (Palacio de Nymphenburg, Baviera, 25 de agosto de 1845, Lago Starnberg, ídem, 13 de junio de 1886).
Fue hijo del rey Maximiliano II de Baviera y de la princesa María de Prusia. A causa de su rango de heredero de la corona fue consentido inusitadamente en algunos aspectos, pero severamente controlado por sus preceptores y sujeto a un estricto régimen de estudio y ejercicios. Algunos de sus biógrafos explican que mucho de su excéntrico comportamiento fue causado por la presión de haber crecido en la Familia Real. A pesar de todo, su juventud tuvo momentos felices, tales como las visitas al Castillo de Hohenschwangau y al lago Starnberg con su familia. Durante su adolescencia, Luis tuvo como mejor amigo a su ayuda de campo, el apuesto aristócrata y actor Paul Maximilian Lamoral de Thurn y Taxis, miembro de una de las familias más ricas de Baviera. Los dos jóvenes cabalgaban juntos, leían poesía en voz alta y representaban escenas de las óperas románticas de Richard Wagner. Sin embargo, su relación se rompió cuando Paul se empezó a interesar en las mujeres. Paralelamente, había iniciado una amistad de por vida con su prima, la duquesa Isabel de Baviera, más conocida como Sissí. Ambos amaban la naturaleza y la poesía y en su mundo privado se llamaban «Águila» (Luis) y «Cisne» (Isabel).

El rey Luis II de Baviera sucedió a su padre el rey Maximiliano II de Baviera en el año 1864, a la edad de 18 años. Tuvo siempre como ideal los reinados absolutos y quiso reconciliar a los estados alemanes. Pronto surgieron dos problemas; la expectativa de engendrar un heredero y las relaciones con Prusia. Estaba comprometido con la princesa Sofía, su prima y la hermana menor de Sissí. Después de postponer el enlace varias veces, Luis anuló el compromiso y Sofía se casó poco después con el duque de Alençon; posteriormente moriría en un incendio.
A pesar de su alianza con Austria contra Prusia en la Guerra de las Siete Semanas, aceptó un tratado de defensa mutua con los prusianos en 1867 después de ser derrotado. Como consecuencia de este tratado Baviera tuvo que ser aliada de Prusia en la Guerra Franco-prusiana. Otto von Bismarck persuadió a Luis de la idea de un imperio alemán, con lo que la independencia de Baviera estaba agotada.
Debido a la desilusión de gobernar en su época, Luis II se fue retirando cada vez más de la capital constitucional, Múnich, en que debía residir un número mínimo de meses al año, cumpliendo tan sólo el mínimo exigible, y haciendo que sus ministros se dirigieran al castillo de Neuschwanstein, donde residía habitualmente, para firmar las leyes propuestas por éstos.
A pesar de que ciertas películas hayan insinuado una relación amorosa entre Luis II y la emperatriz Sissi, ésta es carente de fundamento y sin base real. Tenían una gran amistad, reforzada por su afición por la hípica, la música y la naturaleza y Sissí visitó en varias ocasiones a su primo el rey bávaro.
A través de su reinado, Luis tuvo una serie de enamoramientos con hombres apuestos, incluyendo su principal caballerizo de casa real Richard Hornig, la estrella de teatro húngara José Kainz y el cortesano Alfons Weber. En 1869, comenzó a llevar un diario en el cual registró sus pensamientos privados y habló de sus tentativas de suprimir sus deseos sexuales y mantenerse fiel a sus dogmas católicos. Los diarios originales de Ludwig se extraviaron durante la Segunda Guerra Mundial, y todo lo que queda hoy son copias de escritos hechos antes de la guerra. Estos escritos copiados del diario, junto con cartas privadas y otros documentos personales que han sobrevivido, sugieren que Luis luchó contra su homosexualidad.

Su vida excéntrica originó su declaración de incapacidad para gobernar (aunque a veces se ha sugerido que ésta no fue sino una estratagema familiar para arrebatarle el trono) y pasó sus últimos días bajo atención psiquiátrica. Su muerte se produjo en el lago de Starnberg el 13 de junio de 1886. Por la tarde-noche Luis pidió pasear con su médico-psiquiatra Gudden (quien le había diagnosticado una Esquizofrenia paranoide). Éste aceptó de buen grado y mandó a los guardias que no les siguiesen, ya que confiaba en Luis debido a su reciente recuperación. Los dos hombres nunca volvieron y fueron encontrados ahogados dentro del lago Starnberg a las 23.30. La muerte estuvo bajo sospecha de todos, de hecho, Luis era un gran nadador, y se dice que fueron dos hombres los que "amablemente" le acompañaron hasta el lago. No obstante, la otra versión de la historia dice que la propia construcción de Neuschwanstein (donde acabó viviendo al final de su vida, supervisando su edificación) desmonta la supuesta locura del gobernante, la cual no sería sino una distorsión de su figura a posteriori realizada por los que le robaron el trono. La construcción de este palacio, que Luis exigió que estuviera hecho de cabo a rabo por trabajadores bávaros, con materiales bávaros, sin apenas importaciones extranjeras, desarrolló una poderosa artesanía que hace que, hoy por hoy, Baviera siga siendo uno de los enclaves industriales más poderosos de Alemania, haciendo que en el año 2006, con una crisis económica y de empleo galopante en toda Alemania, Baviera sólo posea un 5% de trabajadores parados. En el lugar de su muerte se construyó una pequeña capilla en la que se realiza una ceremonia en recuerdo del rey cada 13 de junio. Su cuerpo fue enterrado en la Iglesia de San Miguel en Múnich mientras que su corazón se encuentra en la Iglesia de la Imagen Milagrosa de Altötting, como mandaba la tradición de los reyes bávaros.

Volcó sus mayores energías en paraísos artificiales, diseñando y construyendo tres grandiosos castillos siguiendo el estilo historicista imperante en la época: Linderhof, Neuschwanstein y Herrenchiemsee. En esto perpetuaba la tradición de su familia, que había construido grandes avenidas en Múnich, y castillos por toda Baviera. Contrariamente a lo que se piensa, Luis II gastó su fortuna familiar para la construcción de estos castillos, sin arruinar las arcas del Estado. En la construcción de los castillos fue ayudado por el diseñador de edificios Christian Jank.

Fue el gran mecenas de Richard Wagner, al que admiraba desde que era príncipe heredero. De hecho, el rechazo del pueblo y el gobierno de Baviera a los Wagner (debido, entre otras cosas, a sus continuas interferencias en política), le sumieron en la melancolía (Wagner acabó buscándose otro mecenas), y fueron un factor determinante en su alejamiento de la corte y de las responsabilidades de gobernante. Dicen que se trataba de probablemente del rey más cercano a los cuentos de hadas: de hecho, admiraba estos relatos desde su juventud, sus narraciones preferidas (y en las que se basaron sus palacios), fueron las leyendas tradicionales alemanas (Tristán e Isolda la que más), y su propio retrato en el momento de la coronación (la cual refleja la forma en que se presentó ante los bávaros) no andan muy lejos de la representación clásica de un príncipe azul. Según este punto de vista, Luis II, también llamado el rey Loco, deseaba vivir en un mundo de fantasía, y no en uno de verdad, y de ahí su búsqueda de refugio en los palacios de cuento de hadas que construyó. Impulsó la construcción del Teatro del Festival de Bayreuth.
Bruckner le dedicó su Séptima sinfonía, compuesta entre 1881 y 1883.

Viendo el caso de Luis, su propio hermano Otón, Sisii y otros miembros del clán Wittelsbach, está claro que eran propensos a la melancolía y que eran personas muy sensibles y tímidas

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Última edición por Bluemoon el 06 Dic 2010 19:57, editado 1 vez en total

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 Asunto: Re: Luis II Baviera: el rey loco
NotaPublicado: 06 Dic 2010 19:56 
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Registrado: 17 Feb 2008 20:47
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Fenomenal, Bluemoon. Lo primero: sé bienvenido o bienvenida. Lo segundo: el tema es fascinante y seguro que nos enganchará a todos (¡o casi todos!).


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 Asunto: Re: Luis II Baviera: el rey loco
NotaPublicado: 06 Dic 2010 20:06 
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Registrado: 05 Dic 2010 21:26
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Gracias Minnie.
Alguien podría decirme como subir las fotos? porque estoy intentando el clásico copia-pega y no sirve

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 Asunto: Re: Luis II Baviera: el rey loco
NotaPublicado: 06 Dic 2010 23:18 
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Registrado: 05 Oct 2009 04:01
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Bienvenido, Bluemoon!

La verdad es que era imperdonable que aún no existiera un hilo para la biografía de Luis II (hay uno, pero de fotos)...

Lo de las imágenes es bien sencillo, primero las subes desde tu ordenador a internet a través de alguna página como imageshack, flickr, etc., luego copias la url que te dé la página y la pegas aquí en el foro, en tu mensaje, señalas el texto de la url y pulsas el botón IMG, y listo. :thumbup:

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merece la pena en este asqueroso mundo"
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 Asunto: Re: Luis II Baviera: el rey loco
NotaPublicado: 07 Dic 2010 05:22 
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Registrado: 04 Mar 2010 04:28
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¡qué buen tema!

No se si te voy a poder ayudar mucho con los datos porque no he leído ninguna biografía completa pero pongo un par de video de youtube en la que se puede ver el castillo que, como bien sabemos, no es un castillo más sino que refleja un alma torturada, esteticista, obsesiva, romántica, contradictoria y varios epítetos más...

y seas bienvenido/a al foro




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Queenalix


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 Asunto: Re: Luis II Baviera: el rey loco
NotaPublicado: 07 Dic 2010 11:41 
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Registrado: 05 Dic 2010 21:26
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Muchas gracias Vandal y Queenalix.

Lo de las fotos me va a llevar su tiempo pero a ver como lo hago.

Yo tampoco he tenido la oportunidad de leer una biografía de Luis II en castellano porque creo que no hay, ni original ni traducción, al menos no he encontrado y mira que he buscado. Es un personajes que aparece siempre en las biografías de otros personajes, de secundario y nunca de principal. En inglés, y por supuesto en alemán pero como es un idioma que desconozco no me vale, hay varias obras, la más reciente es una traducción del alemán Wolfgang Till: Ludwig II King of Bavaria: Myth and Truth (Vienna, Christian Brandstätter Verlag, 2010).

Los Wittelsbach se caracterizaron en gran medida por una gran inestabilidad emocional y depresiva, que en algunos casos llegaron a la locura como Luis II y su hermano Otto. Otros miembros de esta familia como Sissi, su hijo Rudi y su cuñado Rudi también fueron almas hipersensibles para las cuales el rígido protocolo vienés era simplemente una tortura.

Volviendo a nuestro protagonista, si por algo fue famoso, además de por la construcción de sus fabulosos castillos, fue por su relación con el genio musical Wagner.


LUIS II DE BAVIERA, EL REY LOCO
Por Vicente Niño


La figura enigmática del desdichado rey de Baviera, ha quedado semi sepultada en los anales de la historia bajo la inmensa sombra del genial maestro de Bayreuth, y cualquier mención que sobre él se encuentra, además de una sarta de vituperios e insultos, lleva irremediablemente prendada la figura de Richard Wagner, el cual, sin embargo, no sabemos dónde habría podido llegar si los cielos no hubiesen enviado a su ángel salvador en forma de Rey Loco para apadrinarle.

Luis Otón Federico Guillermo de Baviera, vio la luz el 25 de Agosto de 1845, en Nymphenburg, hijo del rey Maximiliano II de Baviera y de María, hija del rey de Prusia que más tarde sería Kaiser alemán, Federico Guillermo I, mientras Richard Wagner en Bohemia proyectaba el plan dramático de la que sería obra preferida por su mecenas, "Lohengrin".

En su esmerada educación, como corresponde a un futuro rey, tuvieron una especial preponderancia las cuestiones artísticas, pues tanto su padre como su abuelo Luis I, eran profundos amantes del arte y la belleza, grandes mecenas de su tiempo y aprendices de poeta. Tanto es así, que su abuelo, el cual fue obligado a ceder su corona a su hijo por los escándalos de sus amores con la bailarina Lola Montes, pretendió que Munich fuese centro artístico y cultural de toda Alemania, volcándose en su cuidado y arreglo artístico como un moderno Pericles de su Atenas.

En este atento aprendizaje artístico, el joven príncipe Luis, el 25 de agosto de 1861, presenció por primera vez una obra wagneriana, precisamente "Lohengrin", y quedó tan sumamente cautivado por todo lo que había visto y oído, por lo que había sentido con esta obra y por lo que de sí mismo y de su espíritu había reconocido en aquel drama, que desde entonces su pasión wagneriana, su entusiasmo romántico y su ímpetu artístico, no conocieron límites.

Y es que ya entonces había formado el carácter plenamente romántico que le haría presa de insultos y mofas, el carácter que le valdría el apodo de Rey Loco. Era un joven príncipe dotado de un alma enfermiza y una imaginación asombrosa, inflamado de un sublime sentimiento, alto, pálido, con un espíritu turbado y melancólico, volcado en los delirios de su alma como un arquitecto de ilusiones ó un cazador de sueños. Un artista en el más profundo sentido de la palabra, con miras para todo lo hermoso y sublime que encontrase, con un espíritu elevado sólo preocupado por el sentimiento y la belleza, pero que sin embargo no había nacido para realizar y plasmar todos sus sueños, no era capaz de una verdadera actividad creadora; y en la búsqueda de esto, encontró en el Maestro Richard Wagner la figura que ponía en imágenes artísticas sublimes todos sus anhelos y sus ensoñaciones.

Con apenas 18 años sube al trono tras la muerte de su padre, ocurrida el 7 de marzo de 1864, y lo primero que hace como Rey, es mandar llamar a su lado a aquél al que se había entregado, a aquel artista que habla sido capaz de plasmar en sus magistrales obras todo el caudal de sentimientos, sueños e ilusiones que por su alma corrían y que él era incapaz de sacar a la luz; a aquel espíritu tan afín al suyo, y poner a su disposición un reino para que trabajase en su portentoso genio, sin pedir absolutamente nada a cambio, una entrega sublime de un rey amante del sentimiento, inflamado por completo por el arte y la belleza, a aquel que había plasmado en sus obras todo ese cúmulo de ilusiones y sueños que por su espíritu campaban, y el cual comprendía como en su propio ser todo lo que creaba y componía Wagner, pues no eran sino plasmaciones de su propio espíritu romántico.

Cuando el 6 de mayo recibe el Rey Luis II a Wagner en Munich, lo recibe con unas palabras que marearán toda su relación, y que ponen de manifiesto tanto esa entrega absoluta como esa afinidad de almas: «Sin que vos lo supierais, erais la cuenta de todas mis alegrías. Vos habéis sido mi mejor maestro, mi educador y un amigo que, como ningún otro, ha sabido hablar a mi corazón. Haré cuanto esté en mi mano para haceros olvidar vuestros sufrimientos, disiparé todas vuestras preocupaciones, os proporcionaré el reposo a que aspirais a fin de que desplegueis sin traba alguna, vuestro genio maravilloso. Ahora que visto la púrpura, emplearé mi poder en endulzar vuestra vida».

De Munich se traslada al castillo de Berg, a orillas del lago Stamberg en la isla de las rosas, donde proporciona a Wagner una villa cercana a su castillo para que trabaje con la tranquilidad de un creador, le dona una casa en Munich en la Briennerstrasse, paga las deudas del artista, todo está al servicio del Maestro para que trabaje y desarrolle su genio, el teatro, la orquesta, la intendencia..., otorga toda clase de favores y reconocimientos, proporciona cargos importantes a Hans von Büllow, todos los días el Rey va a visitar al Maestro o éste va al castillo... Es un período tranquilo y soñado por Wagner, no ha de preocuparse por su sustento ni por los medios con que dedicarse a su arte, algo que durante toda su vida le había rondado como un perro de presa y que al fin había conseguido dejar atrás... por ahora.

«Lo increíble se ha vuelto realidad. El cielo me ha enviado a este Rey, que es mi felicidad y mi patria... ¡Tan bello es, tan magnifico, y está tan lleno de Alma, que temo que su vida se desvanezca, en este mundo grosero, como un fugitivo ensueño de los dioses! Me ama con el intimo fervor y la fuerza del primer amor. Me conocía y sabe todo lo que se relaciona conmigo, y me comprende como mi propia alma puede comprenderme. Quiere que permanezca a su lado, que trabaje, que descanse. Me dará cuanto se necesite para la representación de mis obras. Soy su dueño absoluto. Ya no volveré a ser director de orquesta».

Tras una serie de representaciones de sus obras, -"El Holandés" a finales de 1864 y el "Tannhäuser" en febrero de 1865- se estrena en Munich, el 10 de junio de 1865 el "Tristán e Isolda" con Schnorr von Carolsfeld como Tristán y Frau Schnorr como Isolda. El Rey Luis, queda profundamente impresionado por esta obra y aún más entregado a Wagner y al ideal wagneriano si cabe que antes, y la misma noche de la representación, al acabar ésta, le escribe con profunda emoción pura y sublime, una nota llena de un exaltado sentimiento: «¡Sublime y divino amigo...! ¿No has perdido valor para nuevas creaciones? Te ruego que no renuncies a tu arte, en nombre de aquellos a quienes proporcionas dichas que sólo Dios podría dispensar. ¡Tu y Dios! Hasta la muerte, hasta el reino de las Tinieblas, sigue admirándote Luis».

Tras la representación del "Tristán" regresa al castillo de Berg acompañado por Wagner y del tenor Schnorr, donde tiene lugar una audición de todas las obras de su amigo, cantadas por el tenor y dirigidas por el Maestro. Es una época de proyectos, en que Wagner trabaja en el bosquejo de "Parsifal" y el Rey junto al arquitecto Semper y el propio Wagner, en la empresa de su abuelo de transformar Munich en una ciudad en la que se rindiese culto al arte y la belleza; se trazan los planes de un Teatro de los Nibelungos, de un nuevo Conservatorio, la remodelación de la ciudad, la creación de un periódico de los artistas... «Mi joven Rey y yo hemos resuelto crear para nosotros un mundo aparte...» escribe Wagner, un mundo aparte alejado de la necedad y la vulgaridad que les rodeaban, de un pequeño reino que no comprendía el arte del coloso de Bayreuth ni el sentimiento más puro y elevado de su Rey. Se veían a diario permaneciendo horas enteras en el pequeño salón con vistas al lago Starnberg charlando, tocando al piano las obras de Wagner o simplemente "mirándose el uno en los ojos del otro". La admiración, la unión y el espíritu de ambos hombres son perfectos, así se ve en algunas notas que Luis II escribe a Wagner y que describen perfectamente su apasionado carácter romántico, su impetuosa admiración wagneriana y su melancólico espíritu atormentado: «¡Uno y todo! ¡Síntesis de mi felicidad!... ¿Qué soy yo sin él? ¿Por qué no encuentro reposo? ¿Por qué estoy torturado siempre? ¡Oh! ¿Cómo hacer florecer para él, sobre la tierra, la tranquilidad, una paz eterna y una inmarcesible alegría? ¿por qué hay siempre tanta tristeza al lado de tanta felicidad?... Amigo mío, ¿necesito volverlo a decir? ¡Te seré fiel hasta la muerte! Eres, fuiste y serás toda mi vida, hasta el último suspiro... Te amaba antes de haberte visto. Oir una obra del Amigo es para mí una beatitud tan grande, que no puedo compararla con ninguna otra...».

Sin embargo, no todo era un mundo de rosas. Mientras Richard Wagner y el Rey creaban su mundo aparte, las intrigas palaciegas contra el Maestro habían nacido y se hablan ido desarrollando, y aunque en el primer momento la llegada de Wagner a Munich, había sido un hombre celebrado y agasajado por todos y el wagnerismo se había convertido en el último snobismo de moda entre las clases altas de Baviera, conforme se fueron dando cuenta de la inmensa personalidad del Maestro y de todo lo que el wagnerismo suponía tanto a nivel de ideología como de influencia sobre el Rey, comenzaron las hostilidades contra él. Apareció la política de por medio, los elementos más reaccionarios detestaban profundamente a Wagner por su concepción del mundo tan enfrentada a la suya, mientras que otros partidos trataban de aprovechar la influencia que tenía sobre Luis II; se cruzó también la envidia, que siempre nace en las más altas esferas de la vida, y había incluso quien miraba por el erario público ante las ayudas del Rey. La prensa, en manos de la sección reaccionaria, arremetía con saña contra él, recordando su pasado revolucionario, como en "El Mensajero del Pueblo":«Ese musicastro asalariado que hace unos años era capitán de una cuadrilla de incendiarios y asesinos, y quiso volar el Palacio Real de Dresde, ahora se propone alejar a nuestro Rey de sus amigos, aislándolo y fomentando un partido revolucionario que conducirá a la práctica de sus perversas doctrinas».

Pronto toda Baviera estuvo contra Wagner, y todas las personas alrededor del Rey Luis comenzaron a presionarle en su contra: su tío el príncipe Carlos, su madre, el secretario Pfistermeister -aquél que había ido en busca de Wagner a Stuttgart-, el consejero Luts, el presidente Von der Pfordten, exponen la situación como de un grave peligro interno para el país con múltiples amenazas organizadas por un artista, y el 6 de diciembre de 1865, el Gobierno en pleno expone su ultimátum al Rey: "Debe escoger entre el amor y la felicidad de su pueblo y la amistad de un hombre despreciado por todo lo bueno y sano del reino".

Colocado en tal situación, Luis II, no tuvo más remedio, aun en contra de su más profunda voluntad, de hacer caso al deber, y tras una desconsolada noche de insomnio, escribe a Wagner de una manera terriblemente angustiosa y desesperada: «Mi querido amigo: Con gran pesar de mi parte le ruego que acceda usted a los deseos que le expresó ayer mi secretario. Créame usted: debía obrar así. Mi afecto por usted durará lo que mi vida y con plena conciencia de mis palabras me atrevo a decirle que soy digno de usted. Sé que comprende mi profundo dolor. No dude usted nunca de la fidelidad de su mejor amigo. Suyo hasta la muerte, Luis».

El mismo Rey, el dia de la partida, el 10 de Diciembre, acompaña a Wagner en su salida de Munich hasta la misma frontera de sus dominios, despidiéndose de él con lágrimas en los ojos, reiterándole que sería "suyo hasta la muerte".

Los meses siguientes son de un profundo dolor y amargura para Luis II, pues aunque se había visto obligado por las esferas políticas de Baviera a aceptar la partida de Wagner, de ningún modo en su alma se había reducido su admiración y su profundo sentimiento hacia el Maestro y su obra, su ímpetu y su pasión no decayeron en absoluto, y su ánimo se resentía en lo más hondo de la partida, mientras Wagner se encontraba lejos, viajando por Suiza y Francia a la búsqueda de un lugar de su agrado para asentarse y continuar su trabajo. Su fidelidad no se limitó al plano artístico-ideológico de admiración y entrega de su espíritu, sino que en el plano puramente material contribuyó al sustento de Wagner y a su vida cómoda, así cuando éste decide instalarse en Triebschen, un retiro cercano a Lucerna a la orilla del lago de los Cuatro Cantones en Suiza, el Rey le concedió una crecida pensión proveniente de su tesoro particular, permitiendo que el Maestro se dedicase con holgura a la labor de creación artística.

En Triebschen Wagner goza de uno de sus mejores momentos, se dedica a "Los Maestros" durante la mañana y la noche, y por las tardes da largos paseos acompañado de su fiel perro Russ, comienza su relación con el que luego sería su enconado enemigo, Nietzsche, y al fin su situación con Cósima comienza a normalizarse. Aunque al principio Luis II se resistió a creerlo -«No puedo ni quiero creer que los lazos existentes entre Wagner y la señora Bülow sobrepasen los límites de la amistad. ¡Sería espantoso!»- pronto entendió que a los sentimientos no se le pueden poner barreras y que dos almas nacidas para estar unidas no podían detenerse ante las barreras convencionales de un mundo vulgar, aunque es cierto que siempre quedó el resquicio de ver a un hombre que él consideraba perfecto y sublime, también con sus errores humanos.

Mientras tanto, Luis II se prometió súbitamente con la princesa Sofia de Baviera, prima suya, hermana de la emperatriz Elisabeth, y aunque ésta sabía perfectamente el carácter y entrega ábsoluta del Rey a Wagner -«Tu eres la más amada de todas las mujeres, pero el dios de mi vida es, como sabes, Richard Wagner»- en otoño de 1867, rompe el compromiso, dejando sumido al Rey Luis de nuevo en su soledad, aún más profunda si cabe que antes. Es un período también en el que se ve impelido a tomar parte en las labores del estado a favor del presidente Hohenhole y del profesor Dölinger, contra la opinión de la Cámara del reino. Organiza representaciones de "Tannhäuser" y de "Lohengrin" y se dedica a preparar el estreno de "Los Maestros Cantores"; funda el Conservatorio de música tan ansiado y nombra director al propio Bülow. Cósima se convierte en su confidente alentando su espíritu wagneriano, pues como aún no estaba completamente normalizada la relación con Wagner, ésta pasaba largas temporadas con su marido y sus hijos en Munich. De esta época es la carta que Luis II le dirige: «Necesito deciros que me es totalmente imposible vivir por más tiempo separado de quien lo es todo para mí. No lo soporto. El destino nos ha creado al uno para el otro; si vivo, es por él. Cada día lo veo más claramente. Pero él no puede estar a mi lado, querida amiga mía. Os aseguro que no me comprenden, ni me comprenderán nunca. Como Rey, no puedo estar unido a él. Las estrellas no nos son favorables. Pero esto no puede, de ninguna manera, continuar así, porque me faltarían fuerzas para vivir. Sin él me siento solo y abandonado. Es preciso que nos reunamos para siempre. Amiga queridísima, os lo suplico: preparad al Bien Amado para la resolución que he tomado de renunciar a la corona. Que tenga misericordia de mí, que no me exija que soporte por más tiempo estos tormentos infernales. Mi misión divina es estar a su lado, como amigo fiel y amante... ¡Decídselo! Hacedle ver que nuestros proyectos pueden realizarse y que me moriré si tengo que vivir sin él. El amor hace milagros...»

Sin embargo, las relaciones entre Wagner y el Rey, son cada vez más delicadas, y quizás por ello no se decidió al fin a la abdicación de que habla en esa nota, y es que aunque la entrega del Rey no tiene igual, ya no es el muchacho pleno de pasión que era antes y las circunstancias de un reino totalmente opuesto a aquél que él había acogido como guía, se hacían imposibles de obviar. Cada vez ve más diferencias con su maestro y aunque no son a nivel espiritual, no sólo la relación de Wagner y Cósima se encontraba en su ánimo; le pesan mucho a nivel político, las actitudes de un Rey por obligación, eran distintas a las de un revolucionario, aunque aún persiste y siempre se encontrará en él el inmenso lazo indestructible de la obra wagneriana, y Cósima como confidente se ocupa de que no se rompa. El punto culmen de la relación del Rey con Wagner, y a partir del que sus caminos comenzarán a separarse, aunque la admiración y la entrega persistiesen de una manera casi absoluta, es en el estreno de "Los Maestros Cantores de Nuremberg", el 21 de junio de 1867, en Munich. Tras el estreno, habrían de pasar algunos años hasta que se volviesen a encontrar. El Rey Luis escribe a Cósima en la última carta que le dirige: «Cuento entre las horas más bellas de mi vida, las que he pasado al lado del Amigo querido, del más grande e inmortal Maestro, durante las representaciones de su admirable obra. No las olvidaré jamás...»

Durante el año de 1868 y de 1869, toman forma las obras finales de la que sería inmensa obra de Luis II, el castillo de Neuschwanstein sobre un picacho que dominaba la población de Hohenschwangau y los lagos Schwan y Alp. El castillo había sido proyectado por los arquitectos Dollman, Riedel y Hoffmann bajo la supervisión y la voluntad del Rey Luis, de un maravilloso estilo que recuerda a los castillos de los cuentos románticos e indudablemente creado con el mismo espíritu que Wagner creaba sus obras. Fue decorado con pinturas de temática wagneriana, así Aigner pintó en la sala de trabajo del Rey, la leyenda de Tannhäuser; Hauschild, en otras estancias, pinturas de Lohengrin; y Spiess en el dormitorio gótico, imágenes del Tristán, lo que atestigua que su espíritu wagneriano no había decaído en lo más mínimo. Fue una obra de gran coste de la que el erario público se resintió hondamente y que le costó serios disgustos con sus ministros de finanzas (1).

Son estos años el período en que Cósima y Wagner ya están plenamente unidos, y el rey volvió a intervenir de soslayo en su relación, cuando nació su hijo Siegfried en Junio de 1869, fecha que supone el divorcio legal y la renuncia sublime de Bülow a la que fuese su esposa. Tras eso Hans von Bülow decidió no seguir en Baviera y pidió la renuncia de su cargo como Director de la Orquesta Nacional de Baviera, la que aceptó Luis II no de muy buena gana, aunque al fin hubo de acceder a tales peticiones pues la realidad de la situación se hacia insoslayable.

Otro momento en que hubo un gran roce entre el Maestro y su amante discípulo, y que hizo aún más delicadas las relaciones entre ambos, fue con motivo de las primeras representaciones de "El Oro del Rhin" y de "La Walkiria", en 1869 y 1870 respectivamente. El Rey Luis había adquirido los derechos de las obras y se empeñó en la representación de éstas aún en contra de la voluntad de Wagner, el cual veía tales representaciones como un perjuicio para "El Anillo" como obra en su conjunto; además los montajes dejaban bastante que desear pues la preparación de ambos tuvo grandes dificultades por continuas dimisiones de los directos de orquesta y con los cantantes, así como eran escenificaciones deficientes, pueriles y hasta ridículas, algo que a Luis II le dio igual, y llevó acabo aún enfrentado con Wagner.

Sin embargo el afán wagneriano estaba por encima de esas cosas, y la admiración del Rey y la ayuda económica que éste aportada a Wagner, salvaron esas situaciones de más enfrentamientos. En el cincuenta y siete cumpleaños de Wagner, el 22 de mayo de 1870, tuvo un hermoso gesto Luis II, regalándole al Maestro un caballo llamado "Grane".

Durante la guerra Franco Prusiana de 1870, el Rey Luis tuvo un importante papel, y es que cuando ésta se venció y la unificación alemana como un imperio bajo el poder de Prusia se llevó a cabo, fue él quien le ofreció a su abuelo Guillermo, en nombre de los demás príncipes y como un mero acto protocolario pues estaba bastante alejado de toda política, la corona imperial que ya Bismarck había decidido para él.

Su wagnerismo y su entrega persistieron, pero ya de una forma plenamente solitaria, haciéndose representar para él las obras del maestro, y es que su soledad ya era casi absoluta, encerrado en Neuschwanstein, su palacio de ensueño, viviendo en un mundo aparte creado exclusivamente para él al son de los Dramas Wagnerianos.

Su relación con Wagner tampoco acabó a pesar de que no se veían desde hacía varios años, así tuvo una importantísima labor contribuyendo a la edificación del Festspielhaus de Bayreuth con la suma de 75.000 marcos, aunque en un principio desaprobase el proyecto de Bayreuth pues deseaba que fuese el teatro de Munich el que fue El Teatro de los Nibelungos, pero cambiando de opinión ante las necesidades del Maestro, algo que Wagner agradeció de corazón a pesar de los roces y diferencias que había podido suceder con el paso de los años, hizo su contribución personal. El día de la puesta de la primera piedra del Festspielhaus, en un brindis Wagner recordó a su solitario rey: «Es mi deber agradecer al soberano todo cuando ha hecho por mi. Cuando se me autorizó a volver a Alemania y nadie en este país, sobre todo las academias oficiales, no sabían que hacer de mi, su voz generosa me llamó y me dijo: "Cuidaré de ti porque eres un artista a quien aprecio. Es preciso que tu idea se lleve a cabo. Quiero emanciparte de toda preocupación material". Y a esa grandeza de alma se debe que yo pueda hoy realizar ante vosotros este milagro».

Cuando las aportaciones económicas fueron decayendo y el proyecto de Bayreuth peligraba, una vez más el Rey Luis acudió en ayuda de Wagner, prometiéndole en una carta de 15 de enero de 1874 su ayuda, que se manifestó en un crédito concedido a la administración de Bayreuth por valor de trescientos mil marcos.

En verano de 1875, en la noche del 5 al 6 de Agosto, volvieron a encontrarse tras 8 años sin verse el Maestro y su admirador Rey. Luis II recabó su tren a una legua de Bayreuth, para visitar a Wagner y hacerle saber que deseaba estar presente en las fiestas de inauguración, como simple espectador, declinando la invitación de permanecer en Wahnfried y permaneciendo solo en su tren. En los siguientes días, en el palco junto a Wagner, presenciaron en solitario los ensayos generales de todo "El Anillo", dejándose llenar e invadir una vez más por el espíritu y el sentimiento de las obras wagnerianas, uniendo una vez más su alma y su sueños, su entrega y su admiración a la obra de su Maestro. Pero en cuanto la última nota del "Ocaso de los Dioses" hubo sonado, de nuevo fue a refugiarse en la lejanía de sus montañas, y en los sueños de su mundo aparte, en el espíritu atormentado de su soledad romántica.

Así permaneció los siguientes años hasta el último encuentro en 1880 con Wagner, son unos años en que su soledad vital era casi absoluta, viviendo en su castillo alejado de un mundo que no le era cómodo pues no le entendía, un hombre con un espíritu y un sentimiento alejados de pleno de la normalidad del mundo, con ilusiones, anhelos y sueños completamente diferentes del resto de su reino y que, dominado por el wagnerismo que traducía su alma en arte y en idelogía, vivía encerrado en su castillo de cuento de hadas, en Neuschwanstein, reinando sobre un mundo de nubes y ensueños.

Como hemos dicho, la última vez que se vieron el Rey Luis y Wagner fue en Noviembre de 1880. Wagner regresaba de un viaje por Italia y paró en Munich para pedirle al rey una vez más su ayuda para el estreno de "Parsifal" en Bayreuth, donde deberían intervenir la orquesta y coros de Munich. Luis II aceptó y organizó una representación especial de "Lohengrin" para esa visita de Wagner. Dos días después pidió que se interpretara el preludio de "Parsifal", haciéndolo por dos veces y después el de "Lohengrin". Wagner se marchó indignado pues tras escuchar el Rey la obra cúlmen de su creación, donde su alma por completo estaba transcrita en un drama, el Rey pedía que se interpretara el preludio de una de las obras de su primera etapa. A Luis II le pasó inadvertido tal enfado y en su diario anotó de esa velada: «...el 12 de noviembre, por la tarde, he oído dos veces el admirable y maravilloso preludio de "Parsifal", dirigido por su propio autor. Profundamente significativo... Siempre he oído decir que entre Príncipes y súbditos no es posible ninguna amistad...»

La situación de soledad y de aislamiento del Rey ya le hacía hasta no darse cuenta de esas cosas y vivir por completo en su mundo distinto. En el reino tal situación hacía mucho que preocupaba pues al Rey apenas se ocupaba de cuestiones políticas y cuando intervenía era siempre para ir en contra de las decisiones de la Cámara del Reino, como en el caso del intento de censurar al ministro Pfretzner por unas críticas a la casa imperial, o su propia opinión respecto al abuso que Prusia tenía sobre el resto de reinos de Alemania y de su propio abuelo el Kaiser, al que él mismo le había ofrecido la corona imperial. La soledad y el aislamiento que éste tenía no eran vistos bien por los políticos quienes deseaban un rey normal, y tenían un Rey al que acusaban de "loco" y al que no entendían en lo más mínimo, ni su profunda sensibilidad, ni su ánimo perturbado, ni su espíritu romántico. Además era un rey derrochador, que cuanto peor se encontraba el erario público más dinero exigía para sus obras como en el castillo inacabado de Herrenschiemsee o sus ayudas al Bayreuth de Wagner y sus representaciones.

Su misantropía y su soledad eran tan absolutas que ni tan siquiera acude al estreno de "Parsifal" aunque envía como regalo a Wagner dos magníficos cisnes negros, dos como imagen de los dos hombres que habían soñado un mundo aparte, un arte nuevo y un mundo nuevo, pero que habían tomado caminos distintos, uno encerrado en su mundo de soledad buscada, de misantropía profunda y de sentimiento absoluto alejado del mundo, y otro que a su vez ha creado un mundo aparte, pero distinto y diferente al de su rey, de arte brillante y popular, para crear por su arte ese mundo diferente que anhelaba y soñaba, reflejado en su famosa frase: "Como hombre y como artista camino hacia un mundo nuevo".

Pero pese a esas diferencias, la relación entre ambos nunca se perdió, pues el lazo común a esos dos mundos era lo mas puro y profundo, lo que durante tanto tiempo los había mantenido unidos, el Arte Wagneriano.

Un mes antes de la muerte de Wagner, el Rey Luis le escribe un telegrama a Wagner el dos de enero de 1883, que seria la última carta que le enviase: «Desde lo más profundo de mi corazón, correspondo yo a sus deseos de suerte que me hicieron mucha ilusión. Me he alegrado mucho de su tan atenta carta. En las hojas recibidas hace poco he leído con el mayor interés los temas escritos y las composiciones anunciadas en noviembre».

Wagner le responde con una extensa carta muy interesante el 10 de enero que también sería la última misiva, y que acababa de esta forma: «Es así como cierro hoy el círculo de mi vida, penetrado del noble sentimiento de las bonanzas de las que he disfrutado, y en el cual yo muero, y seguiré a mi Señor y a mi amigo, para la eternidad».

La muerte de Wagner se produce el 13 de febrero de 1883 en Venecia y la desesperación de Luis II fue tan profunda que ni pudo ir al entierro de Wagner. Cuando se le comunicó la muerte de su Maestro exclamó: «¡Es horrible! ¡Espantoso» y ordenó que lo dejasen solo. Tan sólo en su soledad encontró algo de respiro, en la soledad que ya no era vida, en la soledad que lo identificaría para siempre como el Rey Loco. Ordenó que cerrasen y prohibiesen tocar los pianos de sus castillos, y exclamó lleno de tristeza, recuerdo y soledad: «El artista del cual hoy llora todo el mundo la pérdida, soy yo quien le salvó». En el coche fúnebre de Richard Wagner tan solo se permitieron colgar de los millares de coronas mortuorias que se enviaron, las dos de Luis II. El 16 de febrero escribe una carta de profundo duelo a Cósima:
«Muy distinguida Sra. y apreciada amiga: Me es imposible plasmar el profundo dolor que llena mi alma acerca de la horrorosa e insustituible pérdida que hemos padecido. ¡Qué golpe del destino más deplorable nos ha tocado a usted, a los pobres niños, a todos nosotros, los amigos y numerosos admiradores del gran e inolvidable amigo y maestro! ¡Qué lástima que nos fuera arrancado tan pronto, quien hubiera podido pensarlo!.
Esté usted segura, querida y muy apreciada amiga, que comparto en lo más profundo de mi alma con usted el amargo dolor sobre tan horroroso y precoz desenlace del querido glorificado, y me solidarizo con usted y los queridos niños, como amigo inamovible y fiel.
Que el Todopoderoso le dé fuerza, para soportar la desgraciada prueba y le conserve a usted para sus niños, que necesitan tanto de su madre. El pobre Siegfried, como le hubiera gustado a su padre instruirle, vigilar su educación, para poder tranquilamente algún día traspasar su legado espiritual y el cuidado de sus obras inmortales.
Por favor, dígale a todos como su pena me llega al corazón y me hago partícipe del luto. También compadezco profundamente a Liszt, que tan atado está al glorificado, siempre fiel como una roca; tan cerca le estuvo en la pena y la felicidad.
Dios sea con ustedes! ¡El está bien, ya ha dejado de padecer!
Como la quiero a usted por su amor fuerte y voluntarioso que le ha hecho tan inamoviblemente fiel a él, dedicado al inolvidable y le embelleció así la vida y le hizo feliz.
Con profunda tristeza, siempre a disposición de usted y de sus queridos hijos, inamovible fiel amigo Luis».
A pesar que en los últimos años las relaciones entre el Rey y Wagner estaban alejadas y que habían existido sus roces, es la más absoluta verdad que el espíritu y la entrega wagneriana de Luis II no decayeron nunca y que la unión espiritual de dos almas nacidas para el arte y el sentimiento, no se rompió nunca mantenida por el sublime lazo de la obra wagneriana.

Los tres últimos años de vida del Rey Luis II de Baviera, fueron de esa soledad misantrópica de Neuschwanstein, viviendo en su mundo aparte, habitando un castillo en las montañas de Baviera, dominando un reino de nubes y ensueños. Un mundo diferente, hermoso, sensible y artístico, en el que el arte wagneriano gobernaba por medio de un Rey Loco, dominado por completo por el sentimiento y la soledad, por las ilusiones y las hermosuras de un espíritu romántico, atormentado y sublime.

El dia 10 de junio de 1886, su primo el Príncipe Luitpoldo tomó la regencia del reino, pues la familia de Luis II y los políticos de Baviera, juzgaron que el carácter de Luis II era fruto de una enfermedad mental que le imposibilitaba para las labores de gobierno. Así, lo sacaron de su castillo de Neuschwanstein y lo recluyeron en el castillo de Berg. Tres días después, el 13 de junio, murió ahogado en el lago Starnberg, frente al castillo que había sido su última morada prisión. Junto a su cadáver se encontró el de su médico personal, el doctor Gudden.

La versión oficial con relación a su muerte, es la del suicidio, por la que habría puesto fin a su atormentada existencia de soledad y compañía, a su vida de continua contradicción romántica, llevando consigo a su guardián y médico.

Otra posible tesis sobre esa muerte, es la que contempla lo incómodo que en Baviera y en todo el Reich era un príncipe de ese carácter, incomprendido y extraño para la política y la sociedad vulgar de su momento, que además cada vez que intervenía en las cuestiones políticas era para ir en contra de la política oficial o para criticar a la casa imperial, junto con los profundos gastos que el erario público llevaba a cabo, que pudieron arrastrarlo a ser asesinado por los poderes de Baviera o de Alemania. No es nuestra intención decantarnos por una y otra tesis, sino simplemente exponer las circunstancias extrañas de su muerte tanto si fue un suicidio como si fue asesinato.

Luis II de Baviera, el Rey Loco, fue un personaje sumamente importante en la última etapa de la vida de Richard Wagner, quien no sabremos como habría llevado sus proyectos adelante sin la ayuda de él, pero al margen de su intervención en la vida del Maestro, fijándonos en su profunda personalidad romántica, incomprendida y desdeñada por casi todos, en su entrega al arte wagneriano y en su vida atormentada y espiritual, nos encontramos ante un personaje histórico como no ha habido otro igual en la historia, ante el más incomprendido de los hombres y ante el último gran Rey de Europa.

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 Asunto: Re: Luis II Baviera: el rey loco
NotaPublicado: 07 Dic 2010 12:29 
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Sobre su muerte: (es una traducción hecha al momento del inglés de varios artículos en la red, perdón si alguna expresión queda extraña en castellano o la simpleza del texto).

Nunca se conoció a ciencia exacta la verdadera razón de su muerte. Su cuerpo se encontró en el Lago Starnberg el 13 Junio de 1886 junto al de su médico. La versión oficial fue que se suicidó ahogándose en el lago, versión que nunca pudo ser asegurada en un 100%. Ahora, 111 años después, han surgido nuevas pruebas de que Luis pudo ser asesinado, y por eso se ha pedido a los miembros de la familia que faciliten la exhumación de la tumba de la Iglesia de San Miguel en Munich para que una nueva autopsia pueda aclarar lo que realmente sucedió. Wittelsbach
Este nuevo giro se debe a la entrada en escena de Detlev Utermöhle, un banquero muniqués de 60 años. En un declaración jurada, dice que recuerda nítidamente una reunión para tomar el café y tarta organizada por la condesa Josephine von Wrba-Kaunitz a la que asistió siendo un niño de 10 años junto a su madre. La condesa tenía en su poder algunos bienes de los Wittelsbach, y Wittelsbach recuerda como al condesa susurrando les dijo a sus invitados que iban a ver esos bienes sin que los Wittelsbach lo supiesen, y les enseñó el abrigo gris que Luis llevaba el día de su muerte . El banquero asegura que vio en la parte trasera de la chaqueta dos agujeros de bala, y que además su madre le dejó escrito un documento donde atestiguaba haber visto ese abrigo en aquella reunión.
Desafortunadamente para Detlev Utermöhle, en 1973 hubo un incendio en casa de la condesa, donde no sólo el abrigo pereció sino que la condesa y su marido fallecieron. De todas maneras, el historiador del arte bávaro especialista en la pintura del siglo XIX, Siegfried Wichmann, la publicado una fotografía desconocida hasta ahora de un retrato de Luis II de horas después de su muerte. El retrato muestra que en la boca abierta del rey había unas glutinosas manchas de sangre, y que no muestra signos de haberse ahogado. El historiador en su nuevo libro, "The Killing of King Ludwig", dice como en 1960 le vino un abogado con tres pinturas, una de ella precisamente el cuadro de Luis justo después de su muerte, el arriba mencionado. Estas manchas de sangre son iguales a las que él tuvo en la Segunda Guerra Mundial debido a unos disparos en los pulmones.
El gobierno bávaro, debido al despilfarro de Luis le desposeyó de sus poderes reales y su psiquiatra, Bernhard von Gudden, determinó que sufría de paranoia, caso que hoy en día sería clasificado como esquizofrenia. Como se vio desposeído de su título, Luis reaccionó suicidándose, o al menos ésta era la versión oficial hasta ahora. Por eso, el historiados dice que el rey fue muerto, como ha pasado en muchas otras ocasiones, por cuestiones monetarias.
Para darle peso a la teoría del asesinato, también se dice que el rey no estaba para nada loco y lo que le pasaba era que sufría una forma de meningitis, y que varios pescadores a la hora de la muerte de Luis oyeron disparos, causados por los asesinos que contrató el gobierno bávaro mientras Luis huía por el lago. También dicen que Von Gudden fue hallado muerto en el lago ya que él fue un testigo de todo esto.
Hasta hoy en día, la familia Wittelsbach se niega a admitir esta teorías del asesinato y aun menos a permitir que le cuerpo sea exhumado. El último intento para hacer cambiar de opinión a la familia viene desde el historiador berlinés Peter Glowasz, quien quiere contratar científicos suizos quienes usando nuevos métodos examinarán el cuerpo sin tocarlo y así poder demostrar que hay heridas de bala.
Por otra parte, está la sociedad secreta bávara (bueno, secreta secreta...) conocida como Guglmänner, defensora de la monarquía alemana y que nunca se creyó al versión oficial, y se unen a esta nueva corriente para pedir examinar el cuerpo del monarca.
Cómo dice el historiador Siegfried Wichmann, la familia sabrá porque se niega a que se hagan esos análisis.

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 Asunto: Re: Luis II Baviera: el rey loco
NotaPublicado: 07 Dic 2010 13:03 
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 Asunto: Re: Luis II Baviera: el rey loco
NotaPublicado: 07 Dic 2010 16:37 
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Greg King tiene una muy buena biografía de Ludwig II traducida al castellano. También está en castellano la biografía escrita por Jean des Cars... ;)


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 Asunto: Re: Luis II Baviera: el rey loco
NotaPublicado: 07 Dic 2010 17:26 
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hernangotha escribió:
Greg King tiene una muy buena biografía de Ludwig II traducida al castellano. También está en castellano la biografía escrita por Jean des Cars... ;)


no me digas! podrías pasar los títulos? gracias!

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 Asunto: Re: Luis II Baviera: el rey loco
NotaPublicado: 07 Dic 2010 17:46 
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Bluemoon escribió:
hernangotha escribió:
Greg King tiene una muy buena biografía de Ludwig II traducida al castellano. También está en castellano la biografía escrita por Jean des Cars... ;)


no me digas! podrías pasar los títulos? gracias!


He estado buscando esos dos autores y sobre Greg King sólo me aparecen las obras en inglés, imposible encontrar la traducción a castellano, así que tendré que hacer uso de amazon y conseguir la versión inglesa.
Respecto, a la obra de Jean des Cars tengo una muy buena noticia para los interesados en el tema, hay en la red una versión en pdf del libro "Luis II el Rey loco de Baviera", hay que registrarse en www.libroos.es y ya está!
Y ahora a leer y disfrutar!

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 Asunto: Re: Luis II Baviera: el rey loco
NotaPublicado: 07 Dic 2010 18:08 
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:yay: Mil gracias por este tema que me interesa tanto.

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