Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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 Asunto: MARIANNE DE LOS PAÍSES BAJOS, PRINCESA DE PRUSIA
NotaPublicado: 15 Feb 2020 18:59 
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Siempre ha sido -y no sabría explicar bien porqué, quizá por su valentía y su coraje...- una de mis princesas favoritas. Así que supongo que, en cierto modo, llevo años "en deuda" con ella. Sé que no siempre es fácil relatar con un mínimo de consistencia la vida de uno de esos personajes digamos "secundarios" del amplísimo elenco de la realeza europea, pero tengo ganas de intentarlo por lo muy bien que me cae. Os animo a ponerle interés, porque creo, de verdad, que ella nunca decepciona. Aquí está...

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Marianne de los Países Bajos.


Ella fue un hermoso regalo, como una especie de flor de mayo particularmente radiante a ojos de su madre, Wilhelmine, esposa de Wilhelm de Orange y por nacimiento princesa de Prusia. Como había superávits de Wilhelmines y Wilhelms entre los Hohenzollern y los Orange, al menos que os quede el consuelo de que a esta Wilhelmine la llamaremos exactamente igual que la llamaban los suyos: Mimí. Aquí os la presento:

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Mimí.


Y aprovecho para ir indicándoos que sólo cuatro años atrás, en 1806, Mimí había vivido en propias carnes lo que podemos denominar, sin pasarnos en absoluto de rosca, un “annus horribilis”.

1806 fue el año en el que Prusia se lanzó de cabeza a la guerra contra Napoleón y su supuestamente imparable ejército. El partido "beligerante" de la corte, liderado por la -mítica incluso en vida, que ya tiene mérito...- reina Luise...

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Mi reina Luise, otra de mis favs.


y apoyado entre otros por la princesa Marianne, nacida Hesse-Homburg...

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Marianne Hesse-Homburg princesa de Prusia.


...y por el romántico a la vez que carismático príncipe Ludwig Ferdinand...

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...se salió con la suya.

Resumiendo mucho, el marido de Mimí, Wilhelm de Orange, hijo del exiliado stadhouder Wilhelm V y de una princesa prusiana llamada Wilhelmine sólo para liarnos a nosotros, sabía que a él...

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Wilhelm de Orange, marido de Mimí.


...le concernía -¡y de qué manera!- aquel asunto. El propio padre de Wilhelm, el exiliado stadhouder Wilhelm V, se murió en abril de 1806, y su viuda, Wilhelmine, se había marchado a Braunsweich, dónde su hija Wilhelmine, llamada Loulou para aclararnos...

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Wilhelmina Louise de Prusia, Loulou, por matrimonio duquesa de Brünwick-Wolfenbüttel.


...podía acogerla, al menos momentáneamente.

Nuestra Mimí...

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Mimí.


...se quedó en el Niederländische Palais, la residencia berlinesa de su finado suegro, porque tenía un embarazo en curso. Tristemente, las angustias y tensiones de esos meses de 1806 se cobraron su precio: a finales de agosto dió a luz un hijo, que hubiera sido su tercer varón, muerto. Mimí casi no tuvo tiempo a recuperarse de su mal parto, que la había dejado bastante debilitada: la batalla de Jena–Auerstedt se libró el 14 de octubre. Aquello fue, para los prusianos y sus aliados, un verdedero apocalipsis. Apenas cuatro días antes habían librado otra batalla desastrosa para ellos, la denominada batalla de Saalfeld: entre los heridos de muerte figuró incluso el príncipe Ludwig Ferdinand, que entraba así por la puerta grande de las leyendas patrióticas al precio de perder la vida entre grandes dolores con apenas treinta y tres años). En Jena-Auerstedt, los franceses causaron muchas pérdidas a los prusianos, pero además hicieron montones de prisioneros ilustres, entre ellos Wilhelm de Orange, el marido de Mimí.

Los ejércitos napoleónicos, vencedores absolutos en Saalfeld y en Jena–Auerstedt., avanzaban hacia Berlín -ahí es nada...- y las mujeres de la familia imperial emprendían la huída. Nuestra Mimí se puso en marcha hacia Königsberg con sus tres hijos. La menor de los tres, y única niña, era Pauline, Polly, de seis años...

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Pauline, "Polly", de Orange-Nassau.


...que siempre había manifestado una salud delicada, con frecuentes fiebres nerviosas que la hacían convulsionar. Las circunstancias, bastante duras, que rodearon la huída a Königsberg hicieron que empeorase sustancialmente la pequeña Polly. En Freienwalde a la pobre Mimí no le había quedado otra que detenerse, porque Polly estaba agonizando en sus brazos literalmente. Cuando la criatura exhaló el último suspiro, Mimí se negaba a aceptar la realidad y soltar el cadáver de su niña. Todos en su entorno pensaron, por un momento, que la princesa, esposa de Wilhelm de Orange, estaba enloqueciendo de dolor y desesperación.

Cierto que su Wilhelm había sido prontamente puesto en libertad, y que los vencidos se habían apresurado a concertar con el victorioso napoléon la Paz de Tilsit en 1807:

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Aquí la paz de Tilsit: Napoleón, claramente receloso, toma la mano de Luise, reina de Prusia, flanqueada por el zar Alexander I que tanto la admira y por su enamorado esposo Friedrich Wilhelm III de Prusia.


Cuatro años después, Mimí tuvo una hija y la llamó Marianne, por su prima y cuñada Marinne de Hesse-Homburg, princesa de Prusia. aquella luminaria patriótica que no dejaba de ser un símbolo de esperanza para todos ellos...

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Aquí la incombustible Marianne de Hesse-Homburg, princesa de Prusia, con sus hijos.


Y así entró en la historia esta bebé, nuestra Marianne de Orange-Nassau:

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Nuestra Marianne.


Que íba a ser, por todo lo relatado, la gran pasión de Mimí:

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Mimí y baby Marianne de Orange.


Porque, a pesar de todo, Napoleón y la época turbulenta, convulsa, que él protagonizó, llegarían a su fín. Como no es cosa de meternos justamente aquí en detalles, sólo diremos que tres años después del nacimiento de nuestra Marianne, Napoleón se encontraría con la apoteósica derrota de la Batalla de Leipzig o Batalla de las Naciones. El padre de nuestra Marianne, Wilhelm de Orange, pudo por fín, el 30 de noviembre de 1813...

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...desembarcar con sus fieles en Scheveningen utilizando para llegar hasta allí el buque británico HM Warrior. En los años precedentes, los ocupantes franceses, que hasta habían creado un reino satélite con la pareja formada por Louis I (hermano de Napoleón) y Hortense de Beauharnais (hijastra de Napoleón a la par que cuñada) en calidad de monarcas, habían hecho trizas la economía holandesa. Y con las cosas del comer, ya se sabe, no se juega: la mayoría de los holandeses ansiaban un cambio de rumbo y acogieron con entusiasmo a Wilhelm de Orange. Al cabo de menos de tres meses, el 3 de diciembre de 1813, un parlamento congregado en la ciudad de Amsterdam aceptó de buen grado la proclamación de Wilhelm como "Príncipe Soberano de los Países Bajos", momento en que él, por su parte, se comprometió a gobernar atendiendo a los principios establecidos en lo que sería una "sabia Constitución" -o sea, con un marcado cariz liberal que íba a marcar un tremendo contraste con lo que había sido el gobierno en calidad de stadhouder de su propio fallecido padre Wilhelm V, con quien le había tocado abandonar el país a la carrera porque entraban a saco los franceses dieciocho años atrás...-.

Wilhelm se convirtió en el rey Wilhem I de los Países Bajos en marzo de 1815...

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Wilhelm marido de Mimí...


...cuando ya tanto el mayor como el menor de sus hijos se habían unido a la etapa final de la lucha contra Napoleón. El hijo mayor de Wilhelm y nuestra Mimí, otro Wilhelm para honrar esa largaaaa estirpe de Guillermos :whistling:...

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Wilhelm príncipe Orange.

,,,y su hermano de apenas cuatro años menos el príncipe Frederik de Orange...

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Frederik príncipe Orange.


...estarían presentes en la última gran batalla, la batalla de Waterloo, que daría carpetazo para siempre al período de hegemonía de Bonaparte sobre la escena continental.

Nuestra Marianne era una niña...

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Marianne y su muñeca.


...cuando la familia Orange al completo regresó a Holanda. Ella volvió con su madre, Wilhelmine, Mimí, pero también regresaron la abuela paterna, la otra Wilhelmine, y la hija de ésta, Loulou, dispuestas ambas a establecerse en el reino, pasando los inviernos en La Haya y los veranos Wilhelmine en la elegante Villa Welgelegen de Haarlem y Loulou en la casi vecina propiedad de Zorgvliet.

Oficialmente el reino de los Países Bajos, que incluía todos los actuales territorios de los reinos de Holanda y Bélgica, "echó a rodar" en marzo de 1815. Wilhem I...

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...y su esposa prusiana Wilhelmine, Mimí...

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...íban a quedar para la Historia como los primeros reyes de la casa de Orange, lo que representaba, sin duda, una considerable progresión.

Para entonces, no obstante, Mimí ya no era una mujer con un matrimonio lo que se dice satisfactorio y feliz. Los años de exilio (mayormente en el país natal de ella...) y de guerra quizá se habían cobrado su precio, marcando distancias entre una pareja que se había unido por razones dinásticas, pero que había sido, sorprendentemene, bastante feliz. Desde 1805 o 1806, el célebre "annus horribilis" al que ya habíamos hecho referencia, Wilhelm se había buscado una amante oficial, y, lo que era casi peor, la había seleccionado entre el elenco de damas que conformaban el círculo de su esposa Mimí. Se trataba de la joven Juliane Karoline Philippine von der Goltz, comúnmente Julie von der Goltz, una de las hijas de Karl Franz von der Goltz, ministro de la guerra prusiano. Julie había sido gobernanta de la pequeña Polly y, muerta Polly, se había quedado en el rol de dama de compañía: con esos antecedentes, a Mimí le íba a resultar francamente difícil hacer como que no se enteraba de que la joven von der Goltz íba pariendo sucesivamente, a partir de 1807, cuatro criaturas engendradas por Wilhelm. Como si el karma funcionase a pleno rendimiento, las tres primeras criaturas, una Wilhelmine y dos Wilhelms, murieron en baja edad, y sólo el cuarto retoño, la pequeña Wilhelmine Marie von Dietz, nacida en 1812, lograría sobrevivir y alcanzar edad adulta.


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 Asunto: Re: MARIANNE DE LOS PAÍSES BAJOS, PRINCESA DE PRUSIA
NotaPublicado: 15 Feb 2020 19:37 
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El hijo mayor de nuestra Mimí y hermano mayor de nuestra Marianne ya tenía edad de casarse cuando la pequeña de la casa jugaba con muñecas ajena a los tejemanejes de los adultos. Wilhelm de Orange...

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...había sido enviado a Reino Unido por si en Londres, entre bailes conmemorativos de la victoria sobre Napoleón, podía hacerse con la mano de la eventual heredera del trono, la princesa Charlotte, nieta del rey George III, hija única legítima del príncipe George "Prinny" de Gales. Tristemente para Wilhelm y sus familiares, Charlotte le dió calabazas porque le entraba mucho más por el ojo Leopold de Saxe-Coburg-Saalfeld. Pero Wilhelm tampoc se íba a dejar abatir por eso, eran gajes del oficio de príncipe heredero de reino recién proclamado a la búsqueda de esposa. Dado que en los años anteriores los Orange habían hecho muy buenas migas con los Romanov, se fue a San Petersburgo a cortejar a la hermana menor del zar Alejandro I, la gran duquesa Anna Paulovna, Annette para su familia.

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Wilhelm y Annette.

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Annette.


Aquello fue lo que se dice un pe-lo-ta-zo matrimonial. Annette no sólo era hija de zar y hermana de zar así como de futuro zar. Annette era riquísima, una reina Midas al estilo ruso, siempre suntuoso y opulento hasta un punto que le cortaba la respiración al resto de las cortes europeas. Cuando Annette se casó con Wilhelm en la capilla del Palacio de Invierno de San Petersburgo, en febrero de 1816, aportaba un ajuar de tales dimensiones que hicieron falta cuarenta y seis pliegos de papel para inventariarlo, conjuntamente con una dote de un millón de rublos en efectivo y una anualidad garantizada por los Romanov que era bastante sustanciosa. Seis meses después de la boda, la pareja (ella seguía manteniendo su fe ortodoxa, eso sí...) se trasladó a La Haya, dónde ocuparían el palacio Kneuterdijk. Annette era una muchacha de viva inteligencia habituada al estudio gracias a su serie de gobernantas de las que la última había sido Madame Sybourg: se puso a estudiar holandés y acabaría hablándolo con mucha mayor fluidez que su marido, un francófono al que le costaba abrir el oído a otros idiomas. Sin embargo, como Wilhelm de Orange se llevaba francamente mal con su padre Wilhelm I, y en particular arrastraban fuertes divergencias de tipo político, los príncipes no tardaron en marcharse a Bruselas, que les gustaba bastante más que La Haya.

En cambio, Mimí se sentía poco cómoda en Bruselas, dónde las damas de la buena sociedad se reían, sin recato alguno, de aquella reina prusiana que vestía de manera bastante germánica, rancia y sin gracia alguna...

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 Asunto: Re: MARIANNE DE LOS PAÍSES BAJOS, PRINCESA DE PRUSIA
NotaPublicado: 15 Feb 2020 22:02 
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Annete princesa de Orange.


Tal vez por aquello de que llegaba de fuera pero con ganas de absorber todo lo relativo a su familia política y su nueva corte, Annette fue de las primeras en transmitir observaciones interesantes sobre la princesa Marianne. Annette tenía la -saludable- costumbre de escribir a diario a su madre, la zarina viuda María Feodorovna, y con bastante asiduidad al resto de parientes; por eso, su fluída correspondencia representa un sustancial volumen de información.

Annette no ponía en duda que la gobernanta elegida para Marianne, la condesa Bentinck, nacida Jacoba Helena van Reede-Ginkel, era una excelente señora desde la cabeza a los pies. Sin embargo, Jacoba Bentinck no parecía capaz de llevar tiesa como una vela a la niña, y hubiese hecho falta alguien con esa clase de autoridad dado que la princesa tenía unos padres que le daban mucho amor pero también la consentían en exceso. Marianne tenía unos hábitos de comida basados en el puro antojo y unos horarios demasiado expuestos a cualquier capricho. Íba a convertirse en una joven acostumbrada a salir siempre con la suya y eso no era particularmente conveniente para una princesa.

Los años pasaron poco a poco y Marianne creció para convertirse en una jovencita...

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Marianne.


En octubre de 1820, la familia se había visto afligida por la muerte temprana, con solamente cuarenta y ocho años, de la tía paterna, Loulou, que llevaba tiempo regalándose una vida propia de una talentosa artista, llenando de cuadros sus residencias. La muerte de Loulou...

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...afectó en particular a su madre, Wilhelmine. Su vida, intensa y fascinante, ya le pesaba sin tener cerca a Loulou, dado que ambas habían estado tan cercanas desde que las dos habían enviudado en 1806. A los nueve meses de haber enterrado a Loulou, Wilhelmine murió en Apeldoom.


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 Asunto: Re: MARIANNE DE LOS PAÍSES BAJOS, PRINCESA DE PRUSIA
NotaPublicado: 16 Feb 2020 10:55 
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El príncipe heredero Wilhelm...

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empezó a cumplir la tradicional función reproductiva con su esposa rusa bien a tiempo. Todos los varones incluían como primer nombre de pila el inevitable Wilhelm, que nunca se sabía cuántos se podían malograr en la infancia y juventud y a quién le tocaría asegurar la sucesión. Sin embargo, ese primer nombre de pila se utilizaba generalmente con el primogénito, mientras que a los demás se les mencionaba por otro de los atribuídos. Así, por ejemplo, el primogénito de Wilhelm y Annette, nacido muy significativamente en Bruselas en 1817, sí empleaba el Wilhelm con el que se inauguraba su ristra de nombres (William Alexander Paul Frederick Louis). Luego, ya en el palacio de los Orange llamado Soestdijk, con su gran cuerpo central flanqueado por dos alas recién añadidas, Annette daría a luz en los años siguientes a Alexander, apodado Sasha por aquello de la madre rusa (agosto 1818), Hendrik (junio de 1820), Ernst (mayo de 1822) que resultó un bebé hidrocefálico que apenas logró sobrevivir cinco meses y un día y, para rematar la cuenta, abril de 1824, la única niña, Wilhelmine Marie Sophie Louise, a la que denominaban (benditos sean por ello) Sophie. En cierto modo se repetía la historia, pues Annette también tenía tres varones consecutivos (Wilhelm, Sasha y Hendrik) y una niña, la pequeña Sophie, que parecía destinada a recibir todos los mimos familiares. No obstante, la princesa estaba dispuesta a impedir que su Sophie creciese tan "asilvestrada" como lo había hecho su cuñada Marianne.

Aunque ya se puede apreciar que Wilhelm no desatendía sus obligaciones en lo que se refiere a cohabitar con su esposa Romanov y proporcionar herederos a la dinastía de Orange, entre tanto no había dejado de lado su vida paralela, en las que parece haber mezclado amantes femeninas con amantes masculinos. Cornelis Felix van Maanen, el ilustre Ministro de Justicia neerlandés, tuvo que apañárselas para gestionar un desagradable intento de chantaje al príncipe Wilhelm a propósito de lo que el hombre consideraba aquellos "vergonzosos y antinaturales pasatiempos" de éste. Supiese o no supiese en que asuntos extramaritales andaba enrededado Wilhelm, Annette íba a lo suyo, a brillar en la corte y a fundar orfanatos, que era su principal inclinación aparte de la de exhibir su un tanto apabullante y soberbia naturaleza Romanov. Después de haber parido a Sophie, Annette pudo darse el capricho de realizar un viaje con estancia prolongada a su Rusia natal, pues siempre echaba mucho de menos a su madre María Fedorovna y a sus hermanos.

La extensa familia de Wilhelm y Annette...

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redujo las perspectivas, o el valor, según queráis mirarlo, del segundo hijo de Wilhelm I y Mimí, el príncipe Frederik:

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De no haber sido por el hecho de que los Orange habían tenido que renunciar a sus territorios germánicos para que pudiese alcanzarse el gran tratado de reorganización territorial europea del Congreso de Viena, aquellos dominios le hubiesen pertenecido. De todas formas, Frederik no tenía particular interés: en 1816, muy joven aún, renunció a sus naturales derechos sobre el gran ducado de Luxemburgo a cambio de una indemnización de 190.000 florines neerlandeses por año. Se trataba de un hombre con buena cabeza encima de los hombros: algunos estudiosos de los Orange suelen considerar que Frederik juntaba toda la inteligencia práctica que les faltaba a su padre, a su hermano mayor y hasta al mayor de sus sobrinos. Esto significa que Frederik sabría invertir con cuidado y acierto su fabulosa anualidad, convirtiéndose en uno de los mayores terratenientes de Alemania en los años siguientes y en un hombre extraordinariamente rico.

En 1823, Frederik se comprometió en matrimonio a una prima a la que conocía desde la infancia, retomando así la tradición de su padre y su abuelo de las uniones de la casa Orange con la de los Hohenzollern: la princesa Luise de Prusia, una de las hijas que la mítica Luise había dado al rey Friedrich Wilhelm III (que llevaba años sobrellevando la pesada carga de ser públicamente el inconsable esposo de una leyenda nacional, pero que desde 1822 estaba ya enamoradísimo de la joven Augusta von Harrach, a la que había conocido en el spa de Teplitz). Frederik y Luise...

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...se casarían el 21 de mayo de 1825 en Berlín, para gran alegría de la alemana reina holandesa Mimí, que acudió con su hija Marianne. La nueva pareja estableció su residencia, primeramente, en Korte Voorhout, en La Haya. Estaban con frecuencia en Berlín, no obstante, dónde Frederik desempeñaría funciones públicas con el decidido respaldo de su suegro. Spoiler: con los años, esos príncipes dividirían su presencia en Holanda entre La Haya y la querida Huize De Paauw en Wassenaar con muy constantes estancias en Berlín, dónde dispondrían de un palacete recibido del rey Friedrich Wilhelm III. Tiempo después, ya se harían una residencia magnífica, muy al gusto de ambos: Schloss Muskau.

Luise de Prusia princesa de los Países Bajos...

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...se parecía a su concuñada Annette tanto como un huevo a una castaña. Era una mujer seria y reconcentrada en sí misma, con un enorme aplomo forjado en los años terribles de las guerras napoleónicas, que tanto habían afectado a su familia de origen. Era muy pro-prusiana, naturalmente: el fervoroso patriotismo lo llevaba grabado a fuego, como no podía ser menos en la penúltima de los retoños de Luise. Vivía centrada en su familia, la de origen y la que formó con Frederik. Su primera hija, Luise, llegó a su vida en 1828 y su benjamina, Marie, en 1841, trece años después; en medio de Luise y Marie, hubo dos chicos que se malograron, uno con dieciséis meses y otro con casi diez años, pérdidas que tuvieron un gran efecto en la salud anímica de Luise de Prusia.


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 Asunto: Re: MARIANNE DE LOS PAÍSES BAJOS, PRINCESA DE PRUSIA
NotaPublicado: 16 Feb 2020 11:48 
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Marianne.


Hacia 1828, Marianne, de dieciocho lozanos años, estaba en edad de merecer y era un gran partido, por no decir un partidazo. Por entonces, se presentó como posible candidato a su mano un príncipe con una biografía bastante particular y, en gran medida, bastante romántica: se trataba de Gustav Gustavson, que se presentaba a sí mismo como príncipe heredero de Suecia aunque su padre, el que había sido rey Gustav IV Adolf, había sido privado de su trono en el lejano 1809 y los derechos de sucesión no los había detentado el mayor de sus hijos, nuestro protagonista, sino un hermano del depuesto soberano, Karl XIII. Karl XIII, tío paterno de Gustav Gustavson, había sido, en realidad, el último de los reyes Vasa: como carecía de hijos propios con su esposa Hedvig Elisabeth Charlotte, había tenido que adoptar por circunstancias geopolíticas a un mariscal napoleónico como hijo y heredero. Se trataba de Jean Baptiste Bernadotte, natural de Pau, de familia burguesa, ardiente revolucionario y casado con una hija de comerciantes de telas marselleses, Dèsirée Clary, quien había sido, bien jovencita, la primera novia de Napoleón, a la que éste había "dejado tirada" para casarse con la sofisticada viuda Josephine de Beauharnais.

Menuda historia...¿eh? Los Vasa se extinguieron para darle relevo a los Bernadotte, pese a que en Baden, tierra natal de su madre Friederike, había crecido, conjuntamente con sus hermanos menores, nuestro Gustav Gustavson, un auténtico príncipe Vasa, que había nacido en Estocolmo y había abandonado Suecia de niño. A la sazón, Gustav residía en la corte imperial de Viena, un protegido especial del zar Franz I. Bajo ese manto protector, pero también gracias a su buen hacer, Gustav ya era teniente coronel en el cuarto regimiento de Ulanos. Mozo atractivo y elegante en su uniforme...

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...por la corte vienesa circulaban rumores según los cuales mantenía algo más que una amistad con su joven prima Sofía, nacida princesa de Baviera, (mal)casada con el abúlico archiduque Franz Karl. Al margen esos rumores, que podían carecer de fundamento alguno excepto el lógico cariño y simpatía recíproca entre dos primos hermanos que habían compartido mucho tiempo en sus respectivas infancias en Baden, Gustav tenía que "buscarse una esposa" apropiada. Marianne de los Países Bajos hubiera representado lo que se dice un pelotazo.

La propia Marianne parece haber sido "altamente sensible" a la bella apariencia de aquel Gustav Gustavson al que el rey Wilhelm I había invitado a La Haya. La corte neerlandesa festejó el compromiso con notable regocijo, en particular la madre de la novia, Mimí.

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Mimí.


Aquel anuncio de noviazgo oficial de la princesa con "un príncipe de Suecia" cayó a cuerno quemado en la corte de Estocolmo. El rey Karl XIV Johan (ex Jean Baptiste Bernadotte) se lo tomó como un insulto, ya que los únicos príncipes de Suecia y Noruega que él reconocía eran su propio único hijo heredero, Óscar, y los dos niñitos que éste había tenido ya con su joven encantadora esposa Josephine de Leuchtenberg, Karl y Gustav. Se daba la curiosa circunstancia de que Josephine de Leuchtenberg era una sobrina, por parte de madre, de la archiduquesa Sofía que, en Viena, se rumoreaba que le hacía caídas de ojitos a Gustav Gustavson.

Vamos: que el reino de Suecia protestó airadamente, en particular ante la corte imperial de Austria. El emperador Franz, preocupado, notificó a Wilhelm I de los Países Bajos que aquello había sido "un faux pas" en términos diplomáticos. Se ejercieron presiones a alto nivel...y los Orange prefirieron deshacer el compromiso, a pesar del enorme disgusto de Marianne, por quien Gustav había manifestado que estaba dispuesto a dejar de presentarse a sí mismo como príncipe de Suecia.

Gustav se había marchado para no volver y Marianne había aprendido una lección impartida con notable rudeza: las conveniencias políticas estaban siempre por encima de los sentimientos individuales. Su madre no podía hacer nada por ella, excepto enjuagarle las lágrimas y repetirle que habría otro príncipe en su futuro inmediato.


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 Asunto: Re: MARIANNE DE LOS PAÍSES BAJOS, PRINCESA DE PRUSIA
NotaPublicado: 16 Feb 2020 13:28 
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Dos pequeñas imágenes de Marianne, en color y en blanco y negro.


La solución estuvo -¡cómo no!- en Berlín, en el menor de los hijos de Friedrich Wilhelm III y la difunta Luise, o sea, en el hermano pequeño de la misma princesa Luise que se había casado con Frederik. El príncipe Albrecht, a quien aquí vemos retratado de chiquillo primero junto a su hermana Luise y después junto a su hermana Alexandrine...

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Con Luise.

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Con Alexandrine.


...había crecido, tenía un año más que la propia Marianne y se había convertido ya en teniente de un regimiento de caballería prusiano:

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Albrecht no recordaba a su madre: de hecho, él había nacido en Königsberg durante la fuga de las damas de la realeza ante el avance implacable de los franceses que íban ganando batalla tras batalla y se disponían a tomar Berlín. La gran Luise había muerto con el sabor amargo de tantas derrotas en la boca y el sentimiento de humillación perpetuo por haber tenido que suplicar por Magdeburgo al mismo Napoleón teniendo Albrecht un año. La tía Marianne, nacida Hesse-Homburg, se había hecho cargo de las criaturas de la reina Luise y Albrecht, por supuesto, había crecido en una corte bastante rígida y estricta, pero, en su caso, con la indulgencia plenaria de haber sido "el pequeño de la pobre Luischen". Siempre había oído hablar de la reina Luise, ella estaba en el recuerdo de todos y nadie dejaba de señalarle al niño que cuando los prusianos se habían lanzado al ataque en la famosísima Batalla de las Naciones, en Leipzig, lo habían hecho al grito de "¡Por Luise!". Con diez años, el niño había empezado a recibir instrucción militar: hallándose en la línea de sucesión por detrás de sus hermanos Friedrich Wilhelm, Wilhelm y Karl, se suponía que lo que le esperaba era una exitosa carrera en el ejército con su vítola de auténtico príncipe Hohenzollern.

Por supuesto, los hermanos mayores de Albrecht ya se habían casado -al igual que las hermanas, pero aquí nos centramos en ellos-. Friedrich Wilhelm, el heredero, el destinado a suceder al padre de todos ellos, había matrimoniado después de un largo noviazgo marcado por el conflicto religioso con una princesa bávara de aspecto encantador, Elisabeth Ludovika, cariñosamente denominada Elise.

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Elise de Baviera, princesa heredera de Prusia.


A Elise no la habían forzado, finalmente, a cambiar el catolicismo por la religión evangélica luterana, pero se había acordado que ella realizaría esa conversión al protestantismo en un plazo de tiempo posterior a su boda. No obstante, el principal "hándicap" respecto a Elise radicaba en que en los cinco años transcurridos desde su casamiento (de 1823 a 1828...) no había dado siquiera señales de algún embarazo malogrado. La infertilidad parecía sombrear su delicada figura, por mucho que la quisiese su marido y por mucho que se la apreciase "en famille".

Karl, el tercer varón, había sido el segundo en casarse. La elegida, en su caso, había sido Marie de Saxe-Weimar, nacida y criada en una de las cortes más refinadas intelectualmente, y más liberales, de toda Europa:

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Marie de Saxe-Weimar.


A diferencia de Elise, Marie, instalada con su marido Karl en Prusia, residiendo en invierno en el Prinz Carl Palais de la Wilhelmstrasse y pasando los veranos en el castillo de Glienicke, tardó nada y menos en embarazarse. En 1828 dió a luz su primer retoño y, para alegría de los Hohenzollern, se trató de un niño, Friedrich Karl.

El hecho de que Friedrich Wilhelm y su Elise no hubiesen tenido hijos había derivado cierta presión hacia Wilhelm, el hermano que se colocaba en primer lugar de la línea sucesoria. La desdicha es que al joven príncipe Wilhelm...

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Lo que cuesta encontrar retratos de Wilhelm joven...


se había enamorado apasionadamente de una muchacha muy directamente vinculada a la familia real prusiana, la princesa Eliza Radziwill:

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Eliza Radziwill.


Esa había sido una historia hermosa, digna del mejor romanticismo alemán. Wilhelm y Eliza se conocían desde la temprana infancia de ambos, por supuesto: ella era una hija del príncipe polaco Anton Radziwill, gran músico y avezado político, casado con la hermosa y talentosa princesa Louise de Prusia, una hermana de aquel príncipe Ludwig Ferdinand que se había dejado la vida en la batalla de Saalfeld. Los padres de Eliza (y de cuatro chicos y una chica más, llamada Wanda) formaban una extraordinaria pareja que residía mayormente en el Radziwill Palais de Berlín. Cuando se hizo evidente que Wilhelm estaba loquito por Eliza, nadie en la familia Hohenzollern hubiese querido tener que hacer trizas aquel romance, pero las normas dinásticas eran muy pero muy puntillosas en lo que se refería a la igualdad de rango en los matrimonios. Supuestamente, el rango de la princesa Louise de Prusia había sido superior al de su esposo Anton Radziwill porque los Radziwill, aunque príncipes polacos, NO pertenecían a la realeza en ninguna de sus formas. Evidentemente, Eliza compartía por su nacimiento el rango del padre, no el de la madre, lo que la situaba fuera de la realeza aunque fuese medio Hohenzollern.

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Eliza Radziwill, jovencísima, con su padre Anton Radziwill, gobernador de Poznan.


En aquel tremendo embrollo, Friedrich Wilhelm III quiso echarle un cable a su hijo Wilhelm rogándole al zar Alexander I de Rusia, que carecía de hijos con su adorable zarina Elizaveta, adoptase formalmente a Eliza Radziwill. Alexander I de Rusia, presionado por su madre María Feodorovna, se había negado a hacer esa clase de favor. Un príncipe prusiano, el príncipe August, se ofreció a adoptar a Eliza él mismo, pero la cancillería explicó que la adopción alteraba el tratamiento pero no borraba el rango de nacimiento. En resumen: Eliza era inelegible para un príncipe Hohenzollern. Wilhelm estaba amargadísimo por esa situación, y Eliza profundamente herida.

El pobre Wilhelm tuvo que irse a Weimar a hacerle la corte a la princesa Augusta, una hermana de aquella Marie que se había casado con su hermano Karl. Wilhelm seguía enamorado de Eliza, claro, así que era difícil que mirase con buenos ojos a cualquier otra mujer, pero, aún así, Marie hubiese sido más su estilo que Augusta. Reconocía que Augusta era bonita e inteligente...

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Augusta.


...pero a él "le dejaba frío". Más adelante, Wilhelm confesaría con profunda tristeza a su hermana Charlotte, la emperatriz Alexandra Feodorovna de Rusia de Nicolás I, que uno, en realidad, sólo se enamoraba del modo en que él se había enamorado de Eliza Radziwill una vez en la vida con suerte. Cuando Eliza Radziwill murió de tuberculosis cinco años después de la boda de Wilhelm y Augusta en 1829, él se sintió roto en pedazos por dentro. Augusta aprendió a vivir con esa realidad: aparte Eliza, la única mujer que llegaría a conmover emocionalmente a Wilhelm sería la hija que le dió su esposa, la princesa Luise, llamada así por la abuela mítica, claro.

Como se puede apreciar, la corte de Prusia tenía también espacio para historias sentimentales hermosas (la del viudo Friedrich Wilhelm con su esposa morganática Augusta von Harrach, la del príncipe Friedrich Wilhelm con su Elise, la del príncipe Karl con Marie de Saxe-Weimar...) pero también para dramas personales como el del príncipe Wilhelm con Eliza Radziwill, que dió mucho que hablar en Europa entera por entonces.

Wilhelm y su Augusta de Saxe-Weimar se casaron en 11 de junio de 1829 en la capilla del Schloss Charlottenburg.

Nuestra Marianne de los Países Bajos...

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Marianne sentada.


...se casó con el príncipe Albrecht, hermano menor de Friedrich Wilhelm, Wilhelm y Karl...

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Albrecht.


...en La Haya el 14 de septiembre de 1830, en un momento particularmente difícil porque a finales de agosto (el 25) se había iniciado en Bélgica un alzamiento de grandes proporciones que buscaba la separación del reino de los Países Bajos de los Orange...


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 Asunto: Re: MARIANNE DE LOS PAÍSES BAJOS, PRINCESA DE PRUSIA
NotaPublicado: 16 Feb 2020 14:18 
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Aquello no surgió de la nada.

El 27 de julio de 1830 había estallado lo que hubiera podido parecer una gran algarada en las calles de París, pero los parisinos, la verdad, tenían ya un "master" en convertir las grandes algaradas en auténticas revoluciones: les bastaron tres días de barricadas para derrocar al rey Carlos X, el último de la rama principal de la casa de Borbón, que había intentado in extremis, de manera infructuosa, salvar la situación abdicando tras convencer previamente a su hijo duque de Angulema de ceder sus derechos para que les heredase a ambos el joven príncipe Henri de Chambord, de doce años. Aquel movimiento no arregló nada de nada, porque ya se había presentado en el alborotado París, para sacar ventaja del alzamiento de carácter liberal, un primo del monarca, Luís Felipe de Orleans, que, paradojas de la vida, estaba casado con la princesa napolitana Marie Amelie, una sobrina carnal de la reina María Antonieta a la que habían cercenado la cabeza en una guillotina...

Sí, la Historia tiene cada ironía que no veas. Carlos X y los suyos tuvieron que salir rápidamente hacia Inglaterra, en busca de asilo, mientras Luís Felipe se convertía en el primer rey no de Francia sino "de los franceses", todo muy Egalité y Fraternité mezclado en el caldero con una monarquía que aspiraba a ser bastante burguesa.

Lo malo es que la chispa de Francia estaba destinada a ir prendiendo en distintos lugares de Europa, porque la dinámica social era la que era: el viejo orden restaurado no podía resistir ante la pujanza de la burguesía, que aspiraba a ocupar su propio espacio (así, grosso modo, resumiendo muchísimo). De forma natural, uno de los primeros sitios en los que íba a estallar el polvorín íba a ser Bruselas.

Resulta que nuestro rey Wilhelm I, aquí retratado en dos diferentes etapas de su vida...

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...nunca había sido popular en las provincias del sur, las provincias belgas. Bueno, tampoco era enteramente una cosa suya, existía una antigua y notable divergencia entre las provincias del norte, mayormente protestante y con vinculación notable a la casa de Orange, y las provincias del sur, mayormente católicas, con menor adherencia a la vieja línea de los estatúderes de aquel linaje. Siempre había existido una brecha norte/sur. Wilhelm I no había sabido hacerse apreciado en Bruselas, y recuérdese que también los bruselenses tenían inclinación a burlarse de los atavíos germánicos de la reina Mimí. Paradójicamente, el príncipe heredero Wilhelm y su Annette sí habían tenido cierta predilección por Bruselas y se habían ganado bastantes simpatías. Pero la cosa estaba tensa, por así decirlo.

El rey Wilhelm I cumplía 58 años el 24 de agosto de 1830 y existía un programa de conmemoraciones en distintos lugares de sus dominios, incluyendo, por supuesto, Bruselas. Ya en los días anteriores, repasando la lista de eventos previstos, muchos bruselenses claramente descontentos se habían burlado: Lundi, 23. août, feu d’artifice; mardi, 24. illumination, mercredi, 25. révolution. Y, efectivamente, se había cumplido la frasecita de advertencia. El 25 de agosto, la muchedumbre congregada para asistir a una ópera romántica, se había descontrolado después de que alguien pareciese lanzar la señal de arranque al grito de "¡Viva la Libertad!". Aquello les había inflamado de tal manera que habían salido a las calles empuñando armas que, por supuesto, se habían llevado consigo por si acaso; asaltaron el Palacio de Justicia y allí se hicieron fuertes a la espera de los soldados que se enviasen a reducirlos. Al día siguiente, los trabajadores, que llevaban tiempo furiosos porque la creciente introdución de maquinaria en las fábricas había precarizado las condiciones de unos mientras mandaba a muchos al desempleo y la miseria, destruyeron máquinas de vapor y telares en las fábricas bruselenses antes de meterse de lleno a expoliar los almacenes de alimentos. La situación se descontroló con considerable rapidez en la misma Bruselas...

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...pero también en Lieja, Verviers, Huy, Namur, Mons y Lovaina, así que la burguesía, cuyas aspiraciones íban por otros derroteros que las de aquellos trabajadores harapientos y hambrientos, buscaron reconducir la situación -así, resumiendo de nuevo...- eligiendo representantes para forzar a que se les concediese una administración nueva y diferente con amplias competencias fiscales y monetarias (el dinero, queridos y queridas, siempre está en la base de todo...).

Wilhelm I no tenía aún claro del todo qué hacer ante aquel follón que le habían armado los belgas. Mandó a su hijo Wilhelm a Bruselas a negociar, que para eso el chico siempre se había entendido mejor con ellos, pero simultáneamente ordenó a su hijo Frederik que se pusiese al frente de un ejército de unos 6000 hombres listos para sofocar las revueltas en la localidad de Vilvoorde. Eran señales contradictorias, claro, o quizá un plan A combinado con un plan B que no le hizo ninguna gracia a los levantiscos belgas. Daba la sensación de que Wilhelm I quería ganar tiempo, y en parte podía ser así: una vez celebrada en La Haya el 14 de septiembre la boda de la princesa Marianne con el príncipe prusiano Albrecht, los acontecimientos ya se precipitaron, porque el 23 de septiembre, apenas nueve días después, 12.000 hombres armados tomaron Bruselas, lo que desató para siempre, de forma irremisible, la cólera de los belgas contra los Orange. Por no alargarnos, montaron un Congreso Nacional que debía proceder a crear un gobierno provisional y un marco legal también encauzado a afirmar los nuevos órganos de administración en todos los órdenes. El 22 de noviembre de 1830, los belgas, que al principio habían tenido más idea de dotarse de una república, decidieron convertirse en un reino, quizá porque veían esa opción más vendible a las grandes potencias, pero a la hora de ofrecer una corona, descartaban de antemano a los miembros del linaje Orange. De buenas a primeras, el candidato que surgió en la mente fue, tal vez como una derivación lógica, uno de los hijos del reciente monarca francés Luís Felipe de Orléans, el joven Louis duque de Nemours, pero los ingleses se apresuraron a vetar ese candidato porque hubiese situado a Bélgica en un bloque demasiado compacto con Francia. La alternativa propuesta fue el príncipe germánico Leopold de Saxe-Coburg-Gotha, viudo de la que había sido princesa heredera del Reino Unido Charlotte. Curiosamente, tanto Leopold como el príncipe Frederik de los Países Bajos habían rechazado la corona de Grecia en 1829, para ganancia de Otto de Baviera. Ahora, Leopold dijo sí: ascendería solemnemente al trono en Bruselas el 21 de julio de 1831. (Si en un tema no saliese Leopold, me sentiría yo mal...).


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 Asunto: Re: MARIANNE DE LOS PAÍSES BAJOS, PRINCESA DE PRUSIA
NotaPublicado: 16 Feb 2020 15:03 
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 Asunto: Re: MARIANNE DE LOS PAÍSES BAJOS, PRINCESA DE PRUSIA
NotaPublicado: 16 Feb 2020 16:16 
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Como habéis podido apreciar, a nuestra Marianne...

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...le fastidiaron un poco la boda los franceses, con su idea de sublevarse junto en aquel caluroso julio de 1830, y un mucho los belgas, con su manera de subirse al carro de las revoluciones desde finales de agosto. Lo recordó, no os vayáis a creer que no: por ejemplo, nunca "tragó" a Luís Felipe de Orléans, que la parecía un muy oportunista capaz de pescar una corona en río revuelto. Unos meses después, en el curso de una recepción palaciega en Berlín en honor al rey Luís Felipe, la sagaz duquesa de Dino, sobrina y quién sabe qué más de Talleyrand, muy vinculada por sus orígenes familiares a la corte prusiana, observó que Marianne comparecía a la misma con una exhibición personal de antipatía y completa falta de tacto. Marianne había elegido presentarse en la recepción llevando en sus cabellos una corona de lirios en claro homenaje a la rama "legítima" que encarnaba el adolescente Henri de Chambord, exiliado de Francia. Los miembros de la familia real prusiana se quedaron bastante en shock, todo hay que decirlo, porque, opinasen lo que opinasen de Luís Felipe, ellos sí estaban plegándose a un ejercicio de pragmatismo diplomático. Marianne había ído por libre.

Debemos tener cierto cuidado en valorar el matrimonio prusiano de Marianne por su resultado POSTERIOR. En un primer momento pareció adecuado y razonablemente feliz, y la cuñada rusa de Marianne, Annette princesa heredera de los Países Bajos, futura reina Anna Paulovna, consideraba que los Orange habían hecho mejor negocio al decantarse por ese cuarto hijo varón del rey Friedrich Wilhelm III de Prusia, del que hubiesen hecho un tiempo atrás si hubiera prosperado el noviazgo con Gustav Gustavson. La verdad es que Annette, en sus cartas a sus hermanos rusos, había sido muy crítica en su día con Gustav Gustavson por la falta de posición y recursos para mejorarla de él (aunque por lo leído el mozo dinero sí tenía, una suma bastante considerable para garantizarle una existencia brillante a la familia que formase). En ese punto, Albrecht al menos te colocaba en el círculo interno de la corte de Prusia, una potencia de primera.

Albrecht había sido agraciado con un magnífico palacio berlinés, el Prinz Albrecht Palais...

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...y el consabido palacete en las afueras, para los retiros estivales: Schloss Schönhausen. Pero, valorando la situación fríamente, Marianne era sustancialmente más RICA que Albrecht. En aquella pareja, la que tenía los riñones cubiertos de láminas de oro venía siendo la esposa, pues había recibido valiosas joyas, dinero para aburrir e incluso una extensísima propiedad, Kamenz, en la Baja Silesia, obsequio personal de su madre Wilhelmine, Mimí, que la había adquirido en 1810 durante el proceso de secularización de bienes eclesiásticos.

De entrada, Marianne estaba contenta, o eso parecía. La duquesa de Dino...

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Dorothea duquesa de Dino.


se había tomado cierta revancha por el episodio lirios blancos en el pelo al dejar para la posteridad un "retrato" nada halagador de los rasgos de la muchacha. Aunque en los retratos de entonces Marianne ofrece un aspecto bastante atrayente...

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Marianne.


...Dorothea de Dino no se anduvo por las ramas al calificarla de "fea". La clave parecía residir en un rostro "excesivamente alargado y estrecho", en el que sorprendía la casi ausencia de cejas y una boca grande; sonreír, lo cual hacía con frecuencia, incrementaba esa impresión de falta de armonía en sus rasgos. Dorothea también señalaría que Marianne carecía de elegancia y porte principesco; era como una potranca salvaje, se movía de un lado a otro sin cuidar en absoluto la impresión que producía. Había crecido acostumbada a hacer lo que le daba la gana, sin refrenarse. No obstante, con el trato ganaba. Dorothea admitía que poseía una naturaleza bondadosa y afable, aunque esa actitud ante la vida propia de quienes han crecido demasiado mimados le restaba dignidad. Una característica de Marianne que debía sorprender y chocar bastante era que, inquieta e impredecible, siempre se burlaba de sí misma y de los miembros de su familia. Quizá en La Haya hubiesen estado acostumbrados -aunque una puede imaginar a Annette enarcando la ceja en gesto de sutil desaprobación...- pero en Berlín desde luego todos eran bastante más ceremoniosos.

Marianne dió a luz por primera vez en junio de 1831, en Schloss Schönhausen

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En aquel apacible lugar de retiro tradicionalmente para los veranos, puso en el mundo una niña que recibió los nombres de Friederike Luise Wilhelmine Marianne Charlotte, pero a la que llamaron Charlotte, en homenaje a la que seguramente era la más famosa de las hermanas de Albrecht: la zarina Alexandra Feorodovna, "Mouffy".

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Tita Charlotte, emperatriz de Rusia con el nombre de Alexandra.


Marianne, que siempre había disfrutado de notable apego respecto a su cariñosa madre Mimí, mostraría con el tiempo que había reproducido ese esquema afectivo con su hija Charlotte.

Un hijo que no llegó a recibir nombre, porque o bien nació muerto o murió al poco de nacer, fue el resultado del segundo parto de Marianne, que tuvo lugar en su Prinz Albrecht Palais de Berlín en diciembre de 1832. El siguiente, Friedrich Wilhelm Nikolaus Albrecht, a quien denominarían Albrecht, nació casi cinco años después, en mayo de 1837. también en Berlín. Fue el último retoño de Marianne que conoció la abuela Mimí, ya que la reina de Holanda falleció, después de años de salud bastante dudosa, en La Haya en octubre de aquel año.

Para cuando Mimí murió, no era un secreto para nadie, ni siquiera para los hijos de la pareja, que Wilhelm I llevaba años "haciéndole el salto". Después de una prolongada relación con Julie von der Goltz, Wilhelm se enamoró perdidamente de otra de las damas de compañía de su mujer, la aristócrata católica belga Henriette Adrienne Louise Fleur d'Oultremont de Wégimont et de Warfusée, que aquí, para no liarnos, la vamos a llamar Henriette d´Oultremont:

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El romance con Henriette parece haber evolucionado durante meses, antes de que Wilhelm decidiese que quería hacer de aquella mujer su segunda esposa. Pidió a su ministro de Justicia, Cornelis van Maanen, el mismo que años atrás había tenido que manejar los intentos de chantaje al príncipe heredero por su "desordenada" vida sexual, que explorarse las posibilidades de un casamiento morganático pero aceptable con Henriette. Entre tanto, consciente de que íba a producirse bastante revuelo, la propia Henriette se marchó de viaje a Italia y sus cartas desde la distancia redoblaban la pasión del rey. Julie von der Goltz, enterada de lo que estaba ocurriendo, montó en cólera y dejó La Haya con su hija Wilhelmine Marie von Dietz, para instalarse muy ostensiblemente en el Niederländisches Palais que los Orange poseían desde décadas atrás en la Unter den Linden berlinesa. El escándalo que se organizó fue estupendo, claro. El ministro van Maanen, consciente de todo el embolado de opiniones contrarias al rey y a "la belga" Henriette d´Oultremont, pasó por el -mal- trago de explicarle a Wilhelm que un matrimonio morganático no podía siquiera contemplarse.

Entre tanto, el asunto había saltado a la prensa, que en los Países Bajos no se andaba con chiquitas. Los tres hijos de Wilhelm -Wilhelm, Frederik y Marianne- se habían mantenido al principio exquisitamente "neutrales", pero a medida que crecía la polémica entre los neerlandeses, se posicionaron en contra. Las cosas íban de mal en peor en el verano de 1840 y Marianne recibía información preocupante en Kamenz, en la Baja Silesia, dónde Albrecht y ella se habían construído una neogótica residencia de cien habitaciones...

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Allí en Kamenz, el 27 de agosto, Marianne tuvo a su cuarta criatura y segunda niña, Elisabeth, cuyo nombre representaba un homenaje a la concuñada Elise de Baviera. La princesa Elisabeth íba a tener corta vida: falleció el 9 de octubre, justo dos días después de que en La Haya su abuelo paterno Wilhelm I hubiese abdicado al trono en favor del primogénito Wilhelm, ahora el flamante Wilhelm II de los Países Bajos.


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 Asunto: Re: MARIANNE DE LOS PAÍSES BAJOS, PRINCESA DE PRUSIA
NotaPublicado: 16 Feb 2020 16:44 
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Marianne...

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...tenía bien abierta la herida de la muerte de su bebé Elisabeth en el momento en que tuvo noticia de que su padre había abdicado y se denominaba ahora a sí mismo rey Wilhelm Frederik, conde de Nassau. Ya estaba completamente decidido a casarse con su Henriette, pero ella, devota católica, deseaba obtener una dispensa papal para contraer matrimonio mixto. Acompañada de su hermano Charles, Henriette se dirigió a Roma: allí solicitaron, por lo visto, la ayuda de su primo Émile d´Oultremont...

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Émile d´Oultremont.


que, por uno de esos golpes de suerte, venía siendo representante del reciente reino de Bélgica ante la Santa Sede. Las gestiones se realizaron y la dispensa se obtuvo finalmente.

Wilhelm y su Henriette viajaron a Berlín, dónde, por suerte, la despechada Julie von der Stolz ya había abandonado el Niederländisches Palais. Aunque los hijos varones de Wilhelm, el nuevo rey Wilhelm y el príncipe Frederik, seguían sosteniendo fuerte oposición a un enlace de su padre con la -altamente impopular en Holanda...- condesa belga, Marianne había modificado sustancialmente su actitud. La princesa y su marido Albrecht fueron anfitriones de Wilhelm y Henriette para que éstos pudiesen contraer matrimonio el 17 de febrero de 1841 según el rito protestante en la capilla del Prinz Albrecht Palais; la ceremonia católica, por su parte, se celebró en una pequeña parroquia valona situada en una discreta calle berlinesa. Wilhelm agradeció mucho el gesto de amabilidad de su hija, sobre todo cuando se enteró de que su hijo Wilhelm había dado instrucciones para que aquel casamiento realizado en el extranjero no se transcribiese a los registros oficiales neerlandeses, lo que equivalía a negarle validez. Wilhelm conde de Nassau estaba tan pero tan enfadado que amenazó con plantarse en La Haya y casarse allí con Henriette por TERCERA vez. Ante la amenaza, Wilhelm II, que ya se imaginaba en el vórtice del escandalazo del siglo, cedió. El matrimonio de su padre y su nueva madrastra fue debidamente inscrito y la pareja permaneció lejos, en el ostentoso Niederländisches Palais. Poco a poco, el príncipe Frederik, que ya sabemos que estaba con frecuencia en Berlín junto a su esposa prusiana Luise y a sus hijas Luise y Marie, recuperó el trato con su padre y admitió en su entorno familiar a Henriette.

El 1 de febrero de 1842, casi un año después de la boda de Wilhelm y Henriette, nació la última criatura de Albrecht y Marianne: fue una niña y se la nombró Friederike Wilhelmine Luise Elisabeth Alexandrine, aunque se la conocería por su último nombre de pila, Alexandrine, y, entre los suyos, por el afectuoso apelativo de Addy.


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 Asunto: Re: MARIANNE DE LOS PAÍSES BAJOS, PRINCESA DE PRUSIA
NotaPublicado: 16 Feb 2020 17:23 
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La familia real neerlandesa, la familia de origen de Marianne, era, ahora, un ente que había experimentado gran evolución. Su hermano Wilhelm...

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...era ahora el rey Wilhelm II de los Países Bajos...

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...y su cuñada rusa Annette era ahora la reina Anna:

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Pero esto no representaba el único cambio. El mayor de los chicos de Wilhelm y Annette, Wilhelm, cuyo bautismo en la iglesia de los agustinos de Bruselas aún podía recordar bien la títa Marianne...

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Imagen retrospectiva del bautizo del pequeño Wilhelm en presencia de los abuelos Wilhelm I y Mimí y de la tita Marianne.


...se había convertido en un adulto:

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Y, de hecho, el 18 de junio de 1839, antes incluso de la abdicación del abuelo Wilhelm I, se había casado en Stuttgart, la capital del reino de Württemberg, con la princesa Sofía, una hija del rey y de la que había sido su segunda nunca olvidada esposa Katherine "Katya" Paulovna, hermana de Anna Paulovna. La princesa Sofía...

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...había estado enamorada de otro príncipe y, sabiendo de antemano que no íba a poder contar con la solidaridad de su madrastra la reina Pauline, se había dirigido en cambio a su tía María Paulovna, duquesa de Saxe-Weimar-Eisenach, para rogarle ayuda porque estaba en juego su felicidad. La tía María Paulovna...

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...que era la madre de aquellas princesas María y Augusta casadas respectivamente con los hermanos Karl y Wilhelm de Prusia, se había limitado a encogerse de hombros y afirmar con sequedad que las princesas no nacían para ser felices.

Así que la desolada Sofía se había tenido que casar con Wilhelm para seguirle a La Haya, dónde su tía Anna Paulovna, que hubiese podido ser una buena suegra de querer serlo, proyectó hacia ella los celos que antaño, en tiempos remotos, había sentido respecto a su hermana mayor Katya. La joven Sofía se encontró sola y triste en La Haya, maltratada por su marido (literalmente) y desdeñada por sus suegros. El único que parecía tratarla con cierta dosis de aprecio era su cuñado Alexander, Sasha. Los otros cuñados, Hendrik y Sofía, eran todavía demasiado pequeños para contar con ellos.

Marianne, que visitaba La Haya con frecuencia, llegando siempre de forma imprevista y largándose de vuelta a Berlín cuando menos se lo esperaban, no congenió con la nueva princesa de la casa de Orange. Sofía la encontraba "vulgar", quizá porque, como habían subrayado en su momento tanto la propia Anna como la duquesa Dorothea de Dino, Marianne no ajustaba su comportamiento a la etiqueta cortesana, sino que parecía siempre demasiado "libre" y acaso demasiado "estridente".

Las visitas de Marianne se hicieron por otra parte más frecuentes y prolongadas a medida que se deterioraba salvajemente su matrimonio con Albrecht. El príncipe no era persona de fácil convivencia, y menos para una mujer con el temperamento de Marianne; solía tratar de manera adusta e incluso violenta a los miembros de su servicio, independientemente del sexo de estos y, a medida que se aburría de la vida de casado, se había incrementado de manera notable el número de aventuras extraconyugales. Esto, de por sí, no tenía nada de peculiar: Marianne había crecido en una corte dónde ni su padre ni su hermano mayor habían sido en absoluto ejemplo de maridos fieles. La diferencia estribaba en que Marianne no estaba dispuesta a tomarse con resignada fatalidad la serie de aventuras de Albrecht ni, menos aún, que él coleccionase enfermedades venéreas que podía transmitirle. Pero el golpe mortal a la vida de pareja lo recibió cuando Albrecht, sencillamente, se enamoró de una joven de excelente familia.


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 Asunto: Re: MARIANNE DE LOS PAÍSES BAJOS, PRINCESA DE PRUSIA
NotaPublicado: 16 Feb 2020 18:31 
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Marianne:

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Johann Justus Georg Gustav von Rauch, de distinguida ascendencia, había sido el Ministro de Guerra prusiano desde 1837 a 1841, época en la que había introducido en el círculo de damas de honor de la princesa Marianne a su hija Rosalie Wilhelmine Johanna von Rauch. Rosalie von Rauch, diez años menor que Marianne, seguía así la estela de sus hermanos varones en cuanto a colocarse en puestos distinguidos de la corte real.

De Rosalie sólo existe una imagen, al menos que yo conozca, y, por supuesto, una sola imagen no permite hacerse idea de cómo era aquella jovencita prusiana...

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Rosalie.


...pero transmite cierta impresión de frescura y finura a la vez. Fuese como fuese, Albrecht se enamoró apasionadamente de Rosalie, tanto como su padre de Augusta von Harrach o su suegro de Henriette d´Oultremont. Es probable que esto coincidiese con el período temporal en que Marianne estaba en duelo por la muerte de su padre Wilhelm, acaecida en diciembre de 1843. De juntarse todo, se hace más fácil entender porqué Marianne NO aguantó aquella posición de esposa que mira para otro lado y se abanica con fuerza mientras el marido corteja ardorosamente a una de sus damas.

En un gesto muy teatral, empezó a vestirse siempre de blanco para testimoniar su propia inocencia y se largó de viaje, primero a Silesia y después a Italia, llevando consigo un pequeño grupo de sirvientes entre los que estaba un cochero heredado de su difunto padre: Johannes van Rossum.

Durante un tiempo, Marianne viajó a Silesia y a Italia, esperando aún poder salvar su matrimonio, pero las cosas no evolucionaben en esa dirección. Hacia 1848, cansada de su vida errante, adquirió Rusthof, una especie de palacete en Voorbur, cerquita de La Haya...

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Quiso resolver las cosas solicitando un divorcio de Albrecht, que tanto en Holanda como en Prusia se le denegó. Su sobrina política la princesa Sofía fue especialmente incisiva en sus críticas a Marianne, afirmando que se trataba de una mujer de "inferior moralmente". Lo único que se esperaba de ella es que siguiese cumpliendo su papel de esposa y madre, pero Marianne no tenía intención de sacrificar su vida entera, en particular cuando ella misma se enamoró del holandés Johannes van Rossum, que había ascendido de cochero a secretario personal.

Lo mismo que me ha pasado con Rosalie von Rauch, me ha pasado con Johannes van Rossum: solo he encontrado una imagen de él y tampoco para tirar cohetes.

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Johannes van Rossum.


La información tampoco es particularmente exhaustiva, aunque un detalle salta a la vista: cuando Johannes entró al servicio de Marianne en Vorburg, era un hombre casado, con Catharina Wilhelmina Keijzer, y esa unión no se disolvió de ninguna manera. Así que cuando Marianne se quedó embarazada a principios de 1849, la situación se precipitó: de repente a las cortes de La Haya y Berlín les resultó muy aceptable un divorcio rapidito, en el que la princesa hubo de asumir condiciones draconianas, como la pérdida de la custodia de sus hijos Charlotte, Albrecht y Addy, o la restricción de permanencia en Prusia, a dónde podría viajar, pero sin poder dilatar nunca su estancia más de veinticuatro escuetas horas. Marianne aceptó todo, firmó todo lo que le pusieron por delante y alquiló un barco a vapor, llamado Wilhelm I en recuerdo de su padre, oficialmente para irse en viaje de formación personal a Tierra Santa. Por supuesto, un viaje a Tierra Santa requería meses y representaba una cobertura para poder alejarse y tener a su hijo ilegítimo a salvo de indiscretos ojeadores/as.

El niño nació en Cefalú, en Sicilia, dónde Marianne y Johannes habían desembarcado el 14 de septiembre, el 30 de octubre de 1849. Se le dieron dos nombres de pila: Johannes Wilhelm, el primero por su propio padre, el segundo por su abuelo materno, a quien Marianne seguía añorando terriblemente. Marianne dejó el niño por varios meses en Sicilia, atendido por gente de confianza, mientras completaba el trayecto a Tierra Santa y regresaba, para mantener la cobertura inicial. Sin embargo, es un hecho notable que la princesa no tenía ninguna intención de privarse de su hijo entregándolo en adopción y ocultando al mundo su existencia. De hecho, amaba a la criatura y estaba decidida a criarle personalmente, de modo que entregó a Johannes van Rossum para que éste adquiriese la Villa Celimontana, en Roma, Estados Pontificios, rodeada de frondosos jardines. Villa Celimontana...

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...sería el primer "hogar" de aquella peculiar familia, con una madre divorciada, un padre casado con otra y un hijo bastardo.


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