Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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 Asunto: MARÍA FEODOROVNA (Sofía Dorotea de Württemberg)
NotaPublicado: 19 Mar 2020 09:21 
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ALERT, ALERT: Éste es el hilo del "Coronavirus". Intentaré mantener un buen ritmo, pero aunque en pleno estado de alarma me encuentro las veinticuatro horas del día en casita confinada, debo compartir los recursos tecnológicos en familia :tongue: y os aviso de que no siempre resulta fácil arañar minutos frente al ordenador.Pero vamos allá y, recordad: máximo aislamiento social y aplanemos la curva.

Esta mujer...

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...constituye una de las figuras más interesantes y apasionantes de la Historia de los Romanov. Su mérito consistió en acabar convirtiéndose en una especie de matriarca adorada y respetada por los suyos, que tenían en cuenta siempre hasta la más mínima expresión de disgusto por su parte. Supo ser una zarina, porque le sobraban inteligencia y talento.

Veréis lo que nos da de sí María, siempre y cuando queráis hacerle "casito" :whistling: :whistling:


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 Asunto: Re: MARÍA FEODOROVNA (Sofía Carlota de Württemberg)
NotaPublicado: 19 Mar 2020 10:39 
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UNA PRINCESA DE WÜRTTEMBERG...


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Sofía Dorotea de Württemberg.


Esta niña lustrosa y con cierto encanto a pesar de la expresión solemne íba a entrar por la puerta grande de la Historia de la realeza a los dieciséis años de edad, pero eso, por supuesto, nadie lo sabía cuando nació. Lo hizo en Stettin, en la Pomerania...

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...una ciudad un tanto oscura, húmeda y fría, marcadamente "provinciana", desde la que su padre, Friedrich Eugen de Württemberg, ejercía de gobernador de la región por designación de su señor, el rey Friedrich II "El Grande" de Prusia, quien, ya puestos, venía siendo tío de su señora esposa.

Cuando Sofía Dorotea nació, el 25 de octubre de 1759, ignoraba que allí mismo, en Stettin, en la residencia que la veía llegar a ella al mundo con el último pujo de su madre, treinta años atrás había nacido otra Sofía, en ese caso una Sofía Federica Augusta von Anhalt-Zerbst-Domburg, cuyo padre, Christian August, también había sido gobernador en la Pomerania. Era un curioso paralelismo, porque aquella Sofía a la que en su familia habían llamado "Figchen" se había convertido en su juventud en la gran duquesa Catalina Alexeievna, esposa del gran duque Pedro, heredero del trono de Rusia que aún ocupaba la tía materna Elizaveta Petrovna. De esto, nuestra Sofía Dorotea se enteraría con el tiempo, al cabo de unos años: para entonces, Catalina Alexeievna, anteriormente Figchen de Anhalt-Zerbst-Domburg, ya era la todopoderosa zarina autócrata de Todas las Rusias Catalina II.

A diferencia de "Figchen", que había sido malísimamente acogida por la madre que había ansiado mucho un hijo varón como recompensa a un embarazo complicado muriéndose de aburrimiento y aprensión en Stettin, nuestra Sofía Dorotea fue acogida por su madre con verdadera alegría. La madre, Friederike Sophia Dorothea de Brandenburg-Schwedt...

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Friederike Sophia Dorothea, madre.


...ya había tenido anteriormente tres hijos varones en rápida sucesión: Friedrich, Ludwig y Eugen. Después de haber parido tres chicos, agradeció que su cuarto parto le deparase una hija, que poco tiempo pasaría en Stettin porque se mudaron a una nueva residencia situada a ciento diez kilómetros en dirección noroeste, en la ciudad de Treptow an der Rega. En los cuatro años siguientes al nacimiento de nuestra Sofía Dorotea, Friederike volvería a dar a luz otros dos varones: Wilhelm y Ferdinand August. Hubo que esperar hasta julio de 1765 para recibir una segunda niña: Federica. El octavo parto, en 1767, produjo la tercera niña: Elisabeth. Después habría otra niña, Wilhelmine, que por poquito no alcanzó los cinco meses de edad. La familia se cerró con los últimos tres varones: Karl, Alexander y Heinrich. Por tanto, tened en cuenta que nuestra Sofía creció en el entorno de una familia que íba en constante crecimiento: cuando llegó a la adolescencia podía contar tres hermanos mayores que ella y siete hermanos menores que ella, de los que solamente dos eran chicas, Federica y Elisabeth.

Friederike, la madre, se encargó de que en su casa hubiese lo que se dice una buena crianza, incluso para los estándares de la época, con un decidido respaldo del marido, Friedrich Eugen, que tenía una mentalidad ilustrada e incluso llegó a sostener correspondencia con Jean Jacques Rousseau. Por supuesto, era una crianza en la que se priorizaba como idioma el francés, algo consustancial al círculo de la realeza europea de por entonces. Ella, que tenía fama de mujer de ingenio vivaz y naturaleza amable, se esforzó porque los hijos e hijas recibiesen una cuidada formación. Aunque era evidente que el principal objetivo respecto a los hijos mayores -Friedrich, Ludwig y Eugen- consistía en que más pronto que tarde recibiesen adiestramiento militar para desarrollar buenas carreras en el ejército prusiano, no se dejó de lado la parte académica previa.Se eligió un tutor de gran relevancia intelectual: Johann Georg Schlosser, que había estudiado derecho en las Universidades de Jena y Altdorf, con un profundo interés no solamente por el ámbito jurídico (llegó a ser doctor y a ejercer la abogacía) sino también por las lenguas clásicas y la literatura alemana. Schlosser se convertiría años después en el cuñado del inmortal Goethe, al casarse con la hermana de éste, Cornelia.

Nuestra Sofía Dorothea, lo mismo que sus hermana Federica y Elisabeth, estaban a cargo de la estricta pero afectuosa baronesa von Bork. Aprendían francés, alemán, italiano y latín; también tenían clases de historia, geografía, religión (hijos de un católico y una luterana, fueron criados en la religión de la madre)...y por supuesto las tradicionales materias que te daban un fuerte barniz cortesano: dibujo, música, danza, el arte de sostener una conversación animada y gestionar con finura las relaciones sociales.

En 1769, cuando Sofía Dorotea tenía unos diez años, se produjo un evento significativo para la familia: su padre renunció a prestar servicio activo al rey de Prusia para asentarse en el condado de Montbèliard. Sus cuatro hijos varones de mayor edad -Friedrich, Ludwig, Eugen y Wilhelm- fueron enviados desde Treptow an der Rega a Lausana, para completar la formación, pero Friedrich Eugen y Friederike llevaron consigo a Montbeliard a Sofía Dorotea, Ferdinand August, Federica y Elisabeth. Los tres varones pequeños aún estaban por nacer, lo harían justo en los años siguientes a la llegada a Montbeliard. Allí, en Montbeliard, se hicieron construír un palacio en Étupes y fue en ese lugar dónde discurriría la vida durante veinte años para la pareja. Sofía Dorotea, nuestra chiquilla, conoció en Montbeliard a la que sería una amiga de por vida: la alsaciana Henriette Waldner von Freundstein.


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 Asunto: Re: MARÍA FEODOROVNA (Sofía Carlota de Württemberg)
NotaPublicado: 19 Mar 2020 13:31 
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Federico Eugenio de Wütttemberg


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 Asunto: Re: MARÍA FEODOROVNA (Sofía Carlota de Württemberg)
NotaPublicado: 19 Mar 2020 13:52 
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Palacio de Treptow donde vivió María de niña.


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 Asunto: Re: MARÍA FEODOROVNA (Sofía Carlota de Württemberg)
NotaPublicado: 19 Mar 2020 15:59 
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¡Minnie al rescate! >:D<


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 Asunto: Re: MARÍA FEODOROVNA (Sofía Carlota de Württemberg)
NotaPublicado: 19 Mar 2020 17:47 
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¡La dueña de Pavlovsk! Y la responsable de eso que las zarinas viudas tenían precedencia para sufrimiento de todas las posteriores consortes. :XD:

Gracias, Minnie, necesito algo con lo que pasar el tiempo, básicamente soy el único que trabaja aún, homeoffice mediante, mientras el resto en mi casa están de parranda, necesito algo con que entretenarme o esto termina en asesinato con agravante por vínculo. :-D

_________________
"Ma fin est mon commencement, et mon commencement ma fin".


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 Asunto: Re: MARÍA FEODOROVNA (Sofía Carlota de Württemberg)
NotaPublicado: 20 Mar 2020 10:10 
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legris escribió:
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Palacio de Treptow donde vivió María de niña.



¡¡Genial, Legris!! Aprovecho que tú has incluído una vista de Treptow para añadir una imagen del château de Montbeliard, que todavía hoy en día acoge un "Museo de los Duques de Württemberg" muy interesante con la "sala de María Feodorovna" incluída en la visita:

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Repartían su tiempo entre Montbeliard y Ëtupes, que era un château como "más de estío", pero esa residencia, que también albergó en una etapa posterior visitas de Pablo y María, fue destruída en 1801. De Étupes sólo puedo mostraros una maqueta, para que os hagáis una idea:

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 Asunto: Re: MARÍA FEODOROVNA (Sofía Carlota de Württemberg)
NotaPublicado: 20 Mar 2020 10:12 
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Clara escribió:
¡Minnie al rescate! >:D<


No sé cómo citar dos post a un tiempo, en el caso de que eso sea factible, pero éste va en respuesta al tuyo incluyendo a Konradin: gracias, bonita, me alegra mucho saber que Legris, Konradin y tú estáis interesandos en María Feodorovna. Sé que este hilo avanzará un poco a trompicones, pero avanzará, seguro que sí. Sentíos libres de participar cuanto os dé la gana.


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 Asunto: Re: MARÍA FEODOROVNA (Sofía Carlota de Württemberg)
NotaPublicado: 20 Mar 2020 12:23 
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Nuestra Sofía Dorotea.


Hubo un primer instante en el que la pequeña Sofía Dorotea pudo verse catapultada a grandes alturas. Ocurrió en el año 1772, cuando ella tenía trece años.

La emperatriz autócrata Catalina II de Rusia había tomado ya la decisión de casar a su hijo el gran duque Pablo Petrovich, con quien, por cierto, mantenía una relación un tanto compleja. En época bien temprana, allá por 1764, cuando se trataba de un niño que crecía bajo la cuidadosa supervisión de Nikita Ivanovich Panin y con Semyon Poroshin en calidad de tutor principal, el embajador británico en San Petersburgo lord Buckinghamshire relató en sus informes a la corte de Saint James que se rumoreaba que la emperatriz odiaba al chico y que incluso podría llegar a asesinarlo mediante el uso de venenos. Por supuesto, esto era un poco fuerte y, a tenor de los hechos, podemos descartarlo ampliamente. Pero Catalina y Pablo nunca se entendieron bien, las cosas como son, y con el tiempo se abrió entre los dos una brecha repleta de desconfianza y recelos mútuos.

En 1771, Pablo había enfermado de tifus. Su condición había sido delicada y la enfermedad estropeó sus facciones, afeándole considerablemente: hasta entonces, a tenor de los reportes, había sido un niño bien guapo.

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Pablo Petrovich, niño.


La enfermedad de Pablo también sirvió para que Catalina tomase conciencia de la extrema necesidad de abrir camino a la llegada de una nueva generación que asegurase la continuidad hacia el futuro, sus nietos. En 1772, en cuanto Pablo alcanzó los dieciocho años, Catalina decidió que había llegado el momento de actuar: se consagraron grandes cantidades de tiempo y diligencia en proveer una novia adecuada para Pablo Petrovich.

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Pablo Petrovich, joven gran duque.


En aquel contexto, a Panin le tocó "darse una vuelta" por las cortes alemanas, echándole el ojo y analizando fríamente a cada una de las princesas que pudiesen resultar convenientes. Panin...

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Nikita Ivanovich Panin.


...fue por así decirlo el primer "filtro". Por supuesto, la última decisión estaba en manos de Catalina. El filtro de Panin había dejado apenas cuatro candidatas: las tres princesas de Hesse-Darmstadt, hermanas entre sí, y la princesa Sofía Dorotea de Württemberg. Los informes acerca de Sofía Dorotea resultaron muy del agrado de Catalina, que quizá también sintiese vibrar una cuerda emocional en su interior al tener constancia de que aquella niña, que llevaba el nombre de pila que ella misma había llevado, había nacido, igual que ella, en Stettin. Por añadidura, había un algo que le molestaba en las princesas de Hesse: la insistencia de Federico II de Prusia en recomendarlas. En opinión de Catalina, las recomendaciones de Federico II de Prusia no eran para tomarlas con confianza. Escribió:

"[...]sé cómo elige según su necesidad, y la que le gusta, apenas podría gustarnos. En su opinión, los que son más estúpidos son mejores: he visto y conocido a los elegidos por él".

Pero había que ser realistas. La landgravina de Hesse, madre de aquellas tres chicas tan recomendadas por Federico II, era una figura de peso en el escenario de las cortes alemanas de la época por sus meritorias cualidades: se la apodada "la Gran Landgravina". Había proporcionado una educación cuidadosa a sus tres hijas: la mayor, Amalia, tenía dieciocho años; la del medio, Wilhelmina, diecisiete años y la menor, Luise, quince años. Cualquiera de las tres mozas ofrecía la ventaja de la edad: se podía esperar que consumase rápidamente el matrimonio, se embarazase y pariese. En cambio, Sofía Dorotea de Württemberg tenía, recuérdese, trece años. En ese punto de la historia, eso pesó en su contra.

Por no elegir a una de las tres chicas Hesse, Catalina decidió enviar a la costa báltica tres fragatas para recoger a la madre con las hijas. Todas viajarían a Rusia y Pablo Petrovich gozaría del raro privilegio de poder escoger por sí mismo entre las tres candidatas a gran duquesa. Catalina lo explicó así:

"...que venga aquí [la Gran Landgravina] con este enjambre de hijas:seremos muy infelices si no elegimos entre las tres a aquella que nos conviene".

Sencillamente, NO había sido el momento de nuestra Sofía Dorotea.

Contar, porque es importante que lo sepamos para comprender el curso posterior de acontecimientos que sí incumben a Sofía Dorotea, que la Gran Landgravina se embarcó con sus hijas en aquellas fragatas, siendo la principal la que las acogía a ellas con los miembros más necesarios de su propio servicio personal. Esa fragata llamada "Catalina" se había puesto al mando de uno de los jóvenes cortesanos más atractivos de Rusia, el conde Andrei Kirillovich Razumovsky. Andrei Razumovsky, buen amigo de Pablo Petrovich, era extremadamente guapo e intelectualmente brillante, con una formación amplia para la época.

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Andrei Razumovsky.


No sé...yo siempre trato de imaginarme las situaciones, y me imagino a las tres princesas de Hesse en aquel barco que avanzaba hacia la costa rusa, sobreexcitadas ante la perspectiva de lo que íban a encontrarse en el notable palacio de Gatchina, puesto que la opulencia y el esplendor desmedido de la corte de Catalina era la comidilla en el resto de Europa. La visión de un buen mozo educado y galante como Andrei Razumovsky tenía que causar efecto, sí o sí. Por lo visto, en particular la mediana de las tres hermanas, Wilhelmine, de naturaleza vivaracha y coqueta, debió empezar pronto con los aleteos de pestaña y las sonrisas ruborosas.

Desde el primer momento en el que Pedro vió a las princesas hessianas en Gatchina el 15 de junio de 1773, se quedó prendado precisamente de Wilhelmine.

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Wilhelmine de Hesse.


Catalina reconocía que Wilhelmine era "bonita, cariñosa e inteligente", lo que, desde luego, resultaba una buena combinación para asegurarle una feliz vida matrimonial a Pablo. No obstante, la emperatriz, que ya tenía sus años de rodaje en el mundo, pidió a su hijo que considerase su elección durante tres días, a fín de que estuviese plenamente seguro. Cuando a los tres días Pablo le confirmó que la que le gustaba era Wilhelmine, Catalina decidió que no había tiempo que perder. Se hizo saber a la Gran Landgravina cuál era el gusto de Pablo: Wilhelmine inició su preparación acelerada con vistas a su conversión a la ortodoxia rusa, en la que adoptaría el nombre de Natalia Alexeievna. La Grand Landgravina enseguida hubo de prepararse para abandonar Rusia con sus dos hijas restantes, Amalia y Luise, llevando consigo, eso sí, generosísimos obsequios de una zarina que, bien pensado, ya no las necesitaba para nada y prefería evitar que pudiesen representar un estorbo (Catalina tenía la experiencia personal de cómo su propia madre, Johanna Elisabeth de Holstein-Gottorp, había causado ciertas alteraciones en la corte de la zarina Elizaveta Petrovna, al punto de disgustar seriamente a la soberana, que, acusándola de haber conspirado por detrás con el rey de Prusia, había acabado por casi echarla del país).

Pablo estaba enamoradísimo de Natalia Alexeievna:

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Natalia Alexeievna.


Catalina, of course, enamorada no estaba, y eso le permitía observar a la joven pareja con vista de águila. Tampoco hubiese hecho falta, por cierto, una enorme agudeza visual combinada con gran perspicacia para darse cuenta de que Natalia era como un precioso pájaro real, algo frívola, voluble, insconstante, pero con ganas de destacar y un poco, o un mucho, mandona. Era ella "la que marcaba los tiempos y los pasos" a Pablo Petrovich. No sólo Catalina se percató de eso. El inglés James Harris, primer conde de Malmesbury, enviado británico a San Petersburgo, escribió fríamente que Natalia Alexeievna...

"Gobernaba a su esposo despóticamente, sin siquiera permitirse mostrar el más mínimo apego a él".

Pero, por supuesto, habría que escuchar también a Natalia. Acababa de llegar a un país nuevo, una corte extraña, rodeada de personas dispuestas a evaluarla y juzgarla y, en la mayoría de los casos, irle con cuentos a la suegra Catalina. No era culpa suya el no poder corresponder a los sentimientos de Pablo, que exhibía su amor constantemente; tampoco era culpa suya estar bastante prendada del guapo Andrei Razumovsky. Pero esas cosas Catalina podía entenderlas: ella también tenía una historia juvenil parecida a la de Natalia. La diferencia estribaba en que Natalia parecida decidida a "no rusificarse": se había adherido a la ortodoxia por obligación, pero se negaba tozudamente a aprender ruso, idioma que exigía un considerable esfuerzo; adicionalmente, criada en una corte bastante más moderna en muchos aspectos, no vacilaba en expresar sus simpatías hacia quienes mostraban ideas o punto de vista más liberales. Natalia no dudó en expresar su acuerdo con quienes empezaban a apuntar, tímidamente, a la necesidad de abolir la servidumbre, aquella fea institución que abocaba a millones de personas a ser simplemente "almas", almas "masculinas" o "femeninas" sujetas al dominio de algún gran terrateniente. Era algo un poquito demasiado revolucionario para el gusto de Catalina, que navegaba constantemente entre ser la esclarecida ilustrada, la Semíramis del Norte, y una autócrata aferrada a las tradiciones nacionales.

Todo el disgusto acumulado por Catalina hacia Natalia quedó en suspenso, como motas de polvo flotando en el aire, en cuanto se supo que la joven estaba embarazada. En la corte se cruzaban apuestas sobre si el bebé se parecería a Pablo Petrovich o a Andrei Razumovsky, pero a Catalina misma eso le traía sin cuidado: por lo que a ella respectaba, su nuera íba a proporcionarle un heredero al trono ruso. No obstante, ni el embarazo ni el parto íban a ser fáciles. Las primeras señales de que estaba en proceso de dar a luz llegaron a las cuatro de la madrugada del 10 de abril de 1776, movilizándose de inmediato todos los médicos de corte bajo la batuta del cirujano Moreau para atender, junto a la experimentada partera Zorich, a la gran duquesa. Enseguida todos vieron que aquello íba a dilatarse bastante, lo que, de entrada, siempre multiplicaba los riesgos inherentes al parto.

A posteriori, muchos culparon a Moreau de haber sido "conservador". El cirujano no empleó fórceps y, por supuesto, no se arriesgó a una cesárea; ciertamente, se limitaron a esperar que la naturaleza siguiese su curso, con un Pablo cada vez más angustiado y una Catalina que mantenía la calma durante nada menos que cinco días completos. En algún momento, quizá en el segundo día, el bebé murió en el útero y al no conseguir expulsarlo la madre, ni practicarse ninguna operación para extraerlo, allí se quedó provocando una infección que enseguida se diseminaría a través de la sangre de la exhausta y aterrada Natalia Alexeievna. A las cinco de la madrugada del 15 de abril, la pobre Natalia Alexeivna murió tras dar a luz a su hijo muerto, entre fiebres y delirios. La autopsia posterior reflejó que sufría una curvatura de la columna vertebral que le había complicado extraordinariamente la tarea de alumbrar al bebé, y que, en última instancia, había sellado su destino.

La muerte de la gran duquesa despertó, sorpresivamente, una reacción de duelo espontáneo entre la gente del pueblo. Se esparció el rumor de que la emperatriz no había permitido que se la atendiese correctamente o que incluso el favorito Potemkin había ordenado a la partera Zorich que la dejasen ir, presuntamente por ser un incordio, un estorbo y la madre de un hijo de muy dudosa paternidad. Circuló una frase: "Las jóvenes mueren, las viejas babas [abreviatura de babuskhas, abuelas en ruso] no". Era una clara alusión, nada amable, a Catalina II.

Natalia...

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...había muerto, trágicamente, a los veinte años. Pero Pablo estaba absolutamente destrozado por la experiencia, por aquellos cinco días infernales que al final no le habían proporcionado un heredero y en cambio le habían arrebatado una esposa que le tenía hechizado. Catalina acabó hartándose de las escenas lacrimógenas de su hijo, que le parecían una clara señal de debilidad emocional: decidida a ponerle punto final, mostró a Pablo toda la correspondencia incautada a Natalia Alexeievna, que, por un lado, pondría de manifiesto, negro sobre blanco, el romance adúltero de la difunta gran duquesa con el apuesto Razumovsky, pero también otros detalles más peligrosos, como el hecho de que la muchacha, una auténtica despilfarradora, hubiese recibido "préstamos en condiciones ventajosas" de manos de los embajadores de Francia y España, lo que la convertía en una "potencial títere" de las conveniencias extranjeras.

El shock que recibió Pablo fue absolutamente brutal. Quizá desde la perspectiva de Catalina aquella conversación había sido "necesidad", pero en su hijo ejerció un efecto devastador.


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 Asunto: Re: MARÍA FEODOROVNA (Sofía Dorotea de Württemberg)
NotaPublicado: 20 Mar 2020 17:37 
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Como la Historia está llena de curiosos giros, para la época en que Natalia Alexeievna murió de manera tan atormentada, nuestra Sofía Dorotea era "casi" su cuñada, porque la habían comprometido con el príncipe heredero Ludwig de Hesse-Darmstadt. Me gustaría mucho enseñaros un retrato del prometido en edad joven, pero ese mozo, que en una etapa posterior al principio se convertiría en el landgrave Ludwig X de Hesse-Darmstadt y luego "progresó" a gran duque Ludwig I de Hesse-Darmstadt, no tiene retratos de juventud que yo haya podido encontrar. Sólo he encontrado retratos de cuando era bien talludito, las cosas como son.

Aconteció que Catalina II veía como una urgencia casar al viúdo Pablo y no quería ponerse otra vez a "pasar revista" a las princesas germánicas protestantes. Puesto que la de Hesse le había salido "rana", se acordó de la otra finalista de la ocasión anterior que había sido descartada en razón de su temprana edad: Sofía Dorotea de Württemberg. Alguien tuvo que informarla de que Sofía Dorotea estaba comprometida con el hermano de la finada Natalia, Ludwig de Hesse-Darmstadt. Puedo imaginarme a Catalina encogiéndose de hombros. Los compromisos se podían romper. Y, de hecho, el compromiso se rompió: Ludwig de Hesse-Darmstadt, que se sintió públicamente ofendido, reclamó por ese motivo una generosa compensación económica mientras se retiraba a lamerse las heridas en su orgullo en el Musenhof de Weimar, territorio en el que residía desde su matrimonio su querida hermana Luise de Hesse-Darmstadt.

En Montbeliard, cabe señalar que la madre de Sofía Dorotea, Friederike, no estaba en absoluto contenta por la "insistencia" de Catalina II en obtener la mano de la mayor de sus tres hijas para el gran duque Pablo Petrovich. Friederike tenía en la cabeza la historia, nada tranquilizadora, de los avatares de la línea imperial rusa desde la muerte de Pedro el Grande hacia adelante; adicionalmente, en aquella época el penoso destino de Natalia Alexeievna estaba en boca de todos en las cortes europeas, principalmente en las cortes alemanas. En opinión de Friederike, Hesse hubiese representado un destino apropiado y tranquilizador para su Sofía Dorotea; enviarla a San Petersburgo significaba una elevación espectacular, pero también asumir grandes riesgos. La propia Sofía Dorotea, a sus diecisiete años, parece haber acogido la idea con agrado y la mejor voluntad: estaba tan segura de sí misma, que afirmó ante sus padres que esperaba con ansia poder trazarse un camino bueno y seguro en Rusia.

Se decidió organizar un encuentro auspiciado por el rey de Prusia, en la corte de Berlín. Recuérdese que Friederike, la madre de Sofía Dorotea, era hija de Sofía Dorotea de Prusia, querida hermana del rey Federico II "El Grande". No había nada más natural que el hecho de que el rey Federico II "El Grande" invitase a su corte a su hermana Friederike y a su sobrina Sofía Dorotea para que ésta pudiese encontrarse allí con el prometido gran duque Pablo Petrovich en la atmósfera elegante y refinada de un banquete de gala para honrar la visita del heredero de Rusia.

Sofía Dorotea era, y no está de más subrayarlo, inteligente. Una moza alta, de cabello y tez clara, bastante miope, con tendencia a ensanchar...

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Sofía Dorotea como joven princesa de Württemberg.


...y por encima de todo, inteligente. Estaba dotada de lo que hoy en día llamaríamos "inteligencia emocional". Nada más saber que se comprometería con Pabo Petrovich, se aplicó a estudiar ruso con la misma pasión y el mismo empeño con el que lo había hecho años atrás la propia Catalina II. Era buena para aprender lenguas, como acreditaba su dominio de francés, alemán, italiano y latín; pero estaba dispuesta a avanzar rápidamente en el conocimiento del ruso, por difícil que resultase. Hizo buenos progresos y enseguida pudo componer, con poca ayuda de su profesor, una primera carta, amable pero formal, dirigida a su prometido Pablo antes de que se verificase el encuentro de ambos en Berlín. Era todo un gesto y una declaración de intenciones redactarla en ruso, quizá una manera de "ganarse" por adelantado a la suegra: nadie ignoraba que ésta había echado los bofes por el hecho de que Natalia Alexeievna se negase a aprender ruso.

Al propio Pablo le hubiese parecido natural recibirla en francés o en alemán. Pablo tenía una curiosa tendencia a querer reproducir los gustos e inclinaciones de su difunto padre, Pedro III, a quien se le habían ido un montón de energías en querer convertirse en "un perfecto oficial prusiano" y "devoto servidor del rey de Prusia". Pablo era muy prusófilo también y le gustaba organizarse regimientos a la prusiana, uniformados y equipados al estilo prusiano. No podía decirse que Pablo tuviese el afán de rusificación máxima que había exhibido siempre Catalina. Pero, desde luego, era significativo que Sofía Dorotea hubiese elegido aquel idioma para una primera comunicación que intentó que transmitiese cierta simpatía a pesar de los inevitables formalismos.

Adicionalmente, Sofía Dorotea...

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Sofía Dorotea.


...se había procurado mucha información acerca de Pablo Petrovich. La información, en manos de quien sabe usarla con buen tino, es poder. Sofía sabía que Pablo había recibido una esmerada educación, una formación de mayor calidad que cualquier príncipe ruso anterior a él. Catalina había adquirido para su hijo la voluminosa, y formidable, biblioteca del barón curlandés Johann Albrecht von Korff; también se había preocupado de seleccionar con cuidado a los preceptores que habían enseñado a Pablo francés, alemán, latín, historia, geografía, leyes, aritmética, geometría e incluso astronomía, así como filosofía (dominaba las obras de Diderot, Rousseau y Voltaire) aparte de baile, equitación y esgrima. A Pablo le fascinaban las matemáticas, para las que tenía una excelente cabeza.

Acontecía que Sofía Dorotea se preparó exhaustivamente para una primera conversación con Pablo que girase en torno a la geometría. Sí, habéis leído bien: geometría. Sofía Dorotea, aquella rubia de porte majestuoso, tenía la suficiente sensibilidad para percatarse de que Pablo, de por sí un tanto huraño, podría relajarse y sentirse cada vez más cómodo explayándose acerca de un tema que le apasionaba verdaderamente. Ella estaba más que dispuesta a concederle aquel triunfo personal, para agradarle. Eso ya nos dice mucho, pero muchísimo, acerca de Sofía Dorotea de Württemberg.

Había un regusto un poco malévolo en muchos de los asistentes a aquel banquete por ver cómo reaccionaba la atractiva Sofía Dorotea respecto a Pablo Petrovich, a quien muchos habían colgado el sambenito de "el hombre más feo del imperio ruso". Sofía Dorotea sabía, por anticipado, que un brote de tifus había arruinado el rostro de Pablo, así que estaba mentalmente preparada para aceptar aquel hecho y fijarse sólo en lo que hubiese de atrayente en él. Podemos decir, con cierta ironía, que era un reto difícil, pero, paralelamente, hay que admirar la valentía de la joven prometida.

Por parte de Pablo, él había llegado a la corte de Berlín con más ganas de ver al rey Federico II, a quien admiraba, que predisposición a que le gustase su nueva novia alemana. Pablo había sufrido una experiencia previa francamente dolorosa con Natalia Alexeievna, por lo que acogía la idea de contraer segundas nupcias con cierta reticencia emocional. Pese a los ánimos que intentaba insuflarle su amigo y acompañante, el conde Pyotr Alexandrovich Rumyantsev-Zadunaisky, lo cierto es que no estaba en la mejor disposición hasta que la rubia que tenía sentada al lado empezó a preguntarle, con naturalidad, por diferentes cuestiones geométricas. La rubia sabía escuchar con atención y sabía formular las preguntas adecuadas, lo que se le hizo agradable a Pablo Petrovich. No estaba acostumbrado a poder explayarse ante una joven innegablemente atractiva y, por lo que comprobaba, dotada de una buena dosis de gentileza. La charla fluyó y fluyó, dejándoles a los dos encantados. Al día siguiente, Sofía Dorotea escribió una carta absolutamente extática a su amiga íntima Henriette Waldner von Freundstein, convertida recientemente en baronesa de Oberkirch por su matrimonio con Siegfried von Oberkirch. En su carta, Sofía Dorotea describía a Pablo casi como un príncipe azul y afirmaba amarle con locura. Siempre me he preguntado...soy así de incrédula...si en verdad Sofía Dorotea experimentó un flechazo, si prefirió venderle al mundo empezando por sus más cercanos la versión de que había experimentado un flechazo o si escribía a beneficio de inventario por si acaso alguien -los rusos, por ejemplo...- interceptaba su correspondencia privada.

"Nunca, querida amiga, podría ser más feliz de lo que soy. El gran duque no podría ser más amable".

Añadía que "se enorgullecía de haber logrado que él la quisiese en gran medida, y se sentía muy afortunada". En una cartita destinada al propio Pablo, Sofía Dorotea rompía la barrera de la contención:

"No puedo acostarme, mi querido príncipe, sin deciros que os amo y os adoro locamente".

Pablo se había apresurado a comunicar a su madre, Catalina, su impresión positiva acerca de Sofía Dorotea, a la que describía:

"Es alta, bien formada, inteligente, ingeniosa y nada tímida".

Pero por mucho que le gustase la admiración y el afecto que le manifestaba su guapa prometida, Pablo seguía siendo Pablo. Quería dejar las cosas claras de antemano, porque se negaba a convertirse de nuevo en el perrillo faldero de una mujer brillante, como le había ocurrido, por enamorarse a lo tonto, con Natalia Alexeievna. En una conversación muy franca, Pablo le expresó a Sofía Dorotea lo que esperaba de ella: debía aprender a convivir con el carácter tan cambiante de él y, por encima de todas las cosas, no entrometerse nunca en política ni participar en conciábulos con embajadores extranjeros que quizá querrían utilizarla de peón ricamente enjoyado. Sofía Dorotea estuvo de acuerdo en todo.


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 Asunto: Re: MARÍA FEODOROVNA (Sofía Dorotea de Württemberg)
NotaPublicado: 20 Mar 2020 19:19 
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Registrado: 17 Feb 2008 21:47
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Pablo era consciente de que había tenido la fortuna de que se le sirviese en bandeja una mujer sobresaliente en el aspecto intelectual y artístico. El pobre heredero de Hesse-Darmstadt había salido perdiendo, aunque, también hay que decirlo, tanto clamó por una compensación, que Catalina II de Rusia le había aflojado diez mil rublos de una tacada. Pero Sofía Dorotea lo valía. Perfectamente educada, Pablo se percató de que disfrutaba de la vida sencilla y doméstica tanto como de las espléndidas festividades cortesanas; estaba acostumbrada a la lectura, la música, la pintura sobre óleo, la escultura de cera o la talla de hueso, y también había aprendido orfebrería con el prestigioso medallista Karl Leberecht. Íba a resultar una buena compañera, justo lo que no había sido por su naturaleza antojadiza y voluble Natalia Alexeievna.

Sofía Dorotea dejaba atrás Montbeliard y a unos padres dispuestos a no causarle nunca ni el menor inconveniente en su nueva posición. Sin embargo, sí se esperaba, y se juzgaba natural, que esa nueva posición tan encumbrada de la hija favoreciese las expectativas de sus hermanos así como, en el futuro, de eventuales sobrinos. Era algo que íba en el cargo, lo sorprendente hubiese sido despreocuparse de lograr cuántas más ventajas mejor para la familia. Catalina II había sugerido amablemente que ella se haría cargo de las dotes de las dos hermanas menores de Sofía Dorotea, por ejemplo.

A la joven Sofía Dorotea se la esperaba con interés. Para tenerlo todo perfectamente controlado, Catalina había insistido en que Friederike, la madre, se quedase en Berlín: a fín de aplacar a ésta, le había escrito unas líneas efusivas a Sofía Dorotea agradeciéndole que tuviese la voluntad de convertirse en "su hija" y añadía

"Estad segura de que no desaprovecharé una sola ocasión para demostrar a Vuestra Alteza los sentimientos de una tierna madre".

(Puede que Sofía Dorotea, leyéndola, escuchase al oído un susurro malicioso: "A no ser que me desagrades tanto como la tonta de Natalia").

Cuidadosa con los detalles, Catalina se apresuró también a mandar regalos: un espléndido aderezo de collar y pendientes de diamantes para la propia Sofía Dorotea, así como una fantástica espada y una caja de rapé con joyas incrustadas a los padres de la moza. Lo que quería era que se diese prisa la chica en llegar a Rusia: en su trayecto, que debía trazarse para que el desplazamiento se realizase en el menor tiempo posible, se encontraría, a la altura de Memel, con un profesor enviado para enseñarle a hablar suficiente ruso para poder realizar la confesión de fé ortodoxa en el tiempo récord de quince días a partir de su recibimiento.

Quizá otra se hubiese amilanado, pero Sofía Dorotea no. El 24 de agosto de 1776, Sofía Dorotea de Württemberg cruzó en Riga la frontera rusa. Apenas unos días después, ella y Pablo se encontraban con la emperatriz Catalina en Tsárskoie Seló.

Imagen

Cuadro que muestra a Pablo y Sofía Dorotea presentándose ante Catalina la Grande.


En una carta a su buena amiga frau Johanna Dorothea Bielcke, Catalina escribiría:

"Mi hijo ha regresado entusiasmado con su princesa. Os confieso que yo estoy encantada con ella. Es precisamente lo que se desea: bien torneada como una ninfa, con el cutis de las lilas y las rosas, la piel más hermosa en el mundo, alta pero grácil; en su rostro se refleja modestia, dulzura, amabilidad e inocencia...El mundo entero está encantado con ella...lo hace todo para agradar...En pocas palabras, mi princesa es cuanto deseaba. Por tanto, estoy contenta".

Lo que debió quedarse en el tintero debió ser algo del tipo: "Ya me he cercionado yo de que no hay una curvatura de columna vertebral aparentemente corregida gracias a un rígido corsé y de que no es tan tonta y dispuesta a los flirteos como la anterior, así que ésta, con suerte, va a centrarse en meterse en la cama con su marido y darme un par de potenciales herederos en el tiempo justo".

Los acontecimientos estaban planeados de acuerdo a la urgencia de la emperatriz. El 6 de septiembre, ella misma, junto a la joven pareja, se desplazó desde Tsarkoyé Seló al Palacio de Invierno de San Petersburgo, cuya magnificencia por poco tuvo que impresionar a Sofía Dorotea. Un pastor luterano muy prudente y un pope ortodoxo que no le andaba a la zaga en cortesía convinieron ante la joven princesa en que las diferencias doctrinales entre ambos credos eran mínimas y quedó acordado que la ceremonia oficial de la conversión de Sofía Dorotea se llevaría a efecto el 14 de septiembre. La muchacha disponía de un tiempo mínimo para prepararse antes de protagonizar aquel evento, pero no se dejó abrumar por la situación, lo que, sin duda, tuvo que resultarle agradable a Catalina. El 14 de septiembre, según lo previsto, Sofía Dorotea de Württemberg se convirtió en María Feodorovna. El 15 de septiembre, cumplimentado aquel proceso previo, pudo anunciarse de manera oficial el compromiso, una ceremonia con intercambio de anillos francamente impresionante. La flamante María Feodorovna seguía dispuesta a cultivar su relación con Pablo y aquel mismo día le escribió:

"Juro amaros y adoraros durante toda mi vida y permanecer siempre unida a vos, y nada en el mundo me hará cambiar respecto a vos. Estos son los sentimientos de vuestra siempre afectuosa y fiel prometida".

Desde el compromiso, tan solemne, a la pomposa boda transcurrieron apenas once días. El 26 de septiembre se verificó el enlace, acompañado de grandes festejos, y quizá no pocos recordaron -pero se lo guardaron para sí...- que la pobre Natalia Alexeievna llevaba menos de seis meses en su tumba.


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 Asunto: Re: MARÍA FEODOROVNA (Sofía Dorotea de Württemberg)
NotaPublicado: 20 Mar 2020 20:39 
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Registrado: 12 Mar 2008 17:10
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Ubicación: MURCIA - ALICANTE
Es curioso que las dos hermans que acompañaron a Guillermina acabarían emparentando con los rusos.

Amelia se casaría con el heredero de Baden y su hija mayor, Isabel , sería zarina por su matrimonio con AZlejandro I. Su hermana Luisa sería gran duquesa de Weimar y su heredero casaría con María de Rusia. Los dos cónyuges serían hijos de Pablo y María Feodorovna. :wink:


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