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 Asunto: MARIA NICOLAEVNA DUQUESA DE LEUCHTENBERG
NotaPublicado: 17 Feb 2020 18:21 
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María Nicolaevna, gran duquesa de Rusia.


"El nacimiento de la pequeña Marie no fue bien recibido por su padre con particular alegría: esperaba un hijo; posteriormente, a menudo se reprochó a sí mismo por esto y, por supuesto, se enamoró apasionadamente de su hija".

Con esas palabras, resumió la entonces gran duquesa Alexandra Feodorovna, nacida princesa Charlotte de Prusia...

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Charlotte de Prusia, gran duquesa Alexandrovna Feodorovna.


...la reacción de su marido, en aquel momento gran duque Nicolás Paulovich de Rusia...

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Nicolás.


...al producirse el nacimiento de la segunda de sus retoños. En abril de 1818, Alexandra, a quien su enamorado Nicolás llamaba cariñosamente Mouffy, había dado a luz un niño, bautizado con el nombre de Alexander en honor al tío paterno y emperador Alejandro I...

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Tío Zar Alejandro I.


...quien carecía de descendencia con su bella zarina Elizaveta Alexeyevna.

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Tía Zarina Elizaveta.


Ahora, en agosto de 1819, en el palacio Pavlosk, acompañada de su suegra la zarina viuda María Feodorovna...

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María Feodorovna, viuda de Pablo I. Nacida princesa Sofía Dorothea de Württemberg.


...Alexandra había dado a luz su nueva criatura. Aunque Nicolás había deseado otro niño, para que quedase claro que se freforzaba la continuidad dinástica, el resultado fue la Marie así bautizada para "bailarle el agua" a la abuela paterna, que aún mandaba mucho. En casa, por supuesto, la llamaron Masha. Y aquí aparece en una de sus primeras imágenes, meses después de su nacimiento, columpiándose junto a su hermano Alexander, Sasha.

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Sasha y Masha.


Mientras que aquí se luce en un primer plano en solitario:

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Masha.


Como sus padres estaban en el apogeo de su fertilidad, Alexandra "Mouffy"...

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Alexandra con sus hijos Masha y Sasha.


...se embarazó enseguida por tercera vez. Desdichadamente, el 22 de julio de 1820 dió a luz una niña muerta, tan muerta que ni siquiera pudo recibir nombre en un bautizo apresurado. Esa experiencia resultó muy dura en el aspecto emocional para Mouffy y la gran duquesa cayó de lleno en una depresión. Su preocupado marido Nicolás, tras consultar con los doctores, decidió llevarla a Berlín, en una visita a los escenarios de su niñez y juventud, así como a su padre, hermanos y resto de familiares. El gesto de Nicolás tuvo un profundo significado para Mouffy, ya que le estaba resultando extremadamente difícil acostumbrarse al clima y a los usos y costumbres de la corte rusa.

En septiembre de 1822, Mouffy dió a luz una nueva niña, la gran duquesa Olga, que llamarían Ollie. Un quinto embarazo daría como resultado una niña nacida sin vida en octubre de 1823, otro episodio de muerte perinatal que, de nuevo, costó un episodio depresivo a Mouffy. Alexandra, "Adini", nacería en junio de 1825, justo después de que llegase a la corte rusa de visita la hermana favorita de su padre Nicolás, la gran duquesa Anna Paulovna, a la sazón esposa del príncipe de Orange, heredero del trono de los Países Bajos.

Adini fue la última en nacer ANTES de la ascensión al trono de su padre. Llegado el otoño, el tío zar Alejandro I, que no se encontraba bien, se dejó persuadir por su esposa Elizaveta, con la que atravesaba una época de casi sorprendente armonía, para realizar un viaje al sur de sus dominios. Desdichadamente, el zar pareció resfriarse durante el trayecto, aunque lo que llevaba consigo era un tifus que le causó la muerte el 1 de diciembre en Taganrog, junto al mar de Azov. La desaparición de aquella luminaria de los Romanov, el vencedor de Napoleón, fue tan prematura, repentina e inesperada, que surgirían leyendas según las cuales él, cansado del mundo, había orquestado en complicidad con su esposa una falsa muerte que le permitiese retirarse para vivir como un humilde eremita. En realidad, Elizaveta estaba absolutamente desconsolada, lo que se reflejó en sus muy emocionales cartas dirigidas a su madre, la margravina Amalie de Baden. Elizaveta misma...

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Elizaveta en luto riguroso.


...se consumía por la tuberculosis y murió en la ruta de Taganrog a San Petersburgo, concretamente en Beliov, el 16 de mayo de 1826. Tenía solo cuarenta y siete años, había sido celebrada por su extraordinaria hermosura y su gentileza y entre sus méritos figuraba haber inspirado a Pushkin el emotivo poema titulado "Je ne suis pas né pour amuser les tsars".

Para ser rigurosos, tras el difunto Alexander, por edad, le correspondía ascender al trono imperial al hermano gran duque Konstantin Paulovich.

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Gran Duque Konstantin, gobernador en Polonia.


La zarina viuda María Feodorovna -recordemos todos: mandaba mucho, de hecho se la tenía por la principal autoridad en la familia...- señaló a Nicolás que el finado Alejandro había dejado una disposición testamentaria señalándole como heredero. Sin embargo, Nicolás tenía muy grabada a fuego la disposición de las Leyes Paulinas, promulgadas por su propio padre para acabar con aquella fea costumbre de que el trono ruso no fuese ni hereditario ni electivo sino de quien lograba sentarse en él. Las Leyes Paulinas habían establecido la línea masculina por orden de edad, de mayor a menor, excluyendo la sucesión femenina. Ateniéndose estrictamente a las Leyes Paulinas, Konstantin era el heredero al margen de cuál hubiese sido el gusto o el antojo de Alejandro. Nicolás se negaba a ceñirse la corona de Konstantin: de hecho, él mismo escribió a Konstantin a Varsovia, dándole tratamiento de Majestad y rogándole que acudiese lo antes posible, que no abandonase a Rusia a su suerte. Pero Konstantin, sin moverse del sitio, replicó que había enviado a su madre -que sí, que mandaba mucho...- expresando su renuncia a cualquier derecho.

De modo que el escrupuloso Nicolás se convirtió, ahora sí y sin lugar a dudas, en el zar Nicolás I...

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...y su Mouffy, claro, "ascendió" de gran duquesa a zarina Alexandra...

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...celebrándose la coronación, con ese ostentoso ceremonial que tanto gustaba en Rusia, el 3 de septiembre de 1826, después de que Nicolás hubiese sofocado por las bravas la revuelta de los Decembristas, que se había producido coincidiendo con su advenimiento al trono.

En 1827, Alexandra tuvo su primer parto en calidad de zarina, un "hijo nacido en la púrpura", para ponernos tan snobs cual corresponde. Fue el gran duque Constantin Nicolaevich [y aquí tengo que hacer el "spoiler" breve pero necesario de que algunos relatos incluyen una niña en 1826, previa a Constantin, que se habría llamado Elizaveta y habría muerto a temprana edad, pero no aparece en todas las referencias, sólo en alguna, razón por la que la he omitido pero introduciéndola de esta manera tan particular].

Alexandra todavía tendría otros dos varones, Nicolás y Mikhail, nacidos en 1831 y 1832 respectivamente, es decir, ambos después de la desaparición de la formidable María Feodorovna, la que tanto había mandado. Nuera de Catalina la Grande, esposa y viúda de Pablo I, madre de Alejandro I y de Nicolás I, María Feodorovna se apagó en su querido Pavlovsk el 5 de noviembre de 1828, a los sesenta y nueve años de edad. Sólo unos meses antes de que expirase María Feodorovna, el 24 de febrero, había muerto, en el mismo lugar, otra mujer que también había tenido mucho peso en la vida de Nicolás I: Charlotte Margarete von Lieven, nacida von Gaugreben...

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Charlotte von Lieven.


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 Asunto: Re: MARIA NICOLAEVNA DUQUESA DE LEUCHTENBERG
NotaPublicado: 17 Feb 2020 19:30 
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:bravo:


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 Asunto: Re: MARIA NICOLAEVNA DUQUESA DE LEUCHTENBERG
NotaPublicado: 17 Feb 2020 20:16 
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Minnie escribió:
(...)

En 1827, Alexandra tuvo su primer parto en calidad de zarina, un "hijo nacido en la púrpura", para ponernos tan snobs cual corresponde. Fue el gran duque Constantin Nicolaevich [y aquí tengo que hacer el "spoiler" breve pero necesario de que algunos relatos incluyen una niña en 1826, previa a Constantin, que se habría llamado Elizaveta y habría muerto a temprana edad, pero no aparece en todas las referencias, sólo en alguna, razón por la que la he omitido pero introduciéndola de esta manera tan particular].[/i]

El tatarabuelo de la reina Sofía/Prince Philip y bisabuelo de Prince Philip. Un gran cellista. (love)

Minnie, me tienes con el corazón en la boca con todos estos temas. :love: Me la paso leyéndolos en tiempos libres en el trabajo.

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 Asunto: Re: MARIA NICOLAEVNA DUQUESA DE LEUCHTENBERG
NotaPublicado: 17 Feb 2020 20:26 
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Muchos, muchos años atrás, allá por 1783, la entonces emperatriz autócrata de Todas las Rusias Catalina II, de sobrenombre La Grande, también apodada a veces la Semíramis del Norte...

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Catalina II.


...buscaba una gobernanta. No se trataba de intervenir en la educación de sus dos nietos mayores, Alejandro y Konstantin: de ellos ya se había ocupado especialmente en su momento, seleccionando con esmero sus preceptores, muy al modelo Ilustrado, y diseñándoles un completo programa formativo. Sí se trataba, en cambio, de dirigir la educación de sus nietas -las grandes duquesas- y de sus dos nietos menores, Nicolás y Mikhail.

Yuri Yurievich Browne, un ruso de ascendencia irlandesa, en aquel tiempo gobernador general de Riga, había enviado a Tsarskoye Seló fuertemente recomendada a Charlotte von Lieven, de cuarenta y un años de edad, viuda desde hacía dos años del barón Otto Heinrich von Lieven, general del ejército imperial. Charlotte, una mujer de baja estatura y muy fornida, tenía una presencia severa y una personalidad no menos rotunda que su figura. En cierta ocasión, la mismísima Catalina, sentada tras un biombo ricamente decorado, escuchó cómo la gobernanta se quejaba a un alto dignatario imperial de que no podía cumplir con la función de darle una educación basada en los más elevados principios a aquellos jóvenes en una corte dónde nadie, de la emperatriz para abajo, parecía cuidarse en absoluto de ajustar su comportamiento a los dictados de la moral. Catalina, una mujer inteligente, salió de detrás del biombo elogiando esa rectitud y ese "yo no tengo pelos en la lengua" de la gobernanta. A partir de entonces, ni ella ni María Feodorovna dudaron nunca de que Charlotte von Lieven estaba hecha "de otra pasta" y que no habría ninguna capaz de igualarla.

Nuestro Nicolás adoraba a Charlotte von Lieven. La gobernanta era tan especial a sus ojos, que cuando Mouffy dió a luz a su primogénito, Sasha, Nicolás rogó a Charlotte que se ocupase ella de dirigir la crianza de ese niño y de los que esperaba que llegasen posteriormente. De 1818 a 1828, durante diez años, Charlotte fue la que estuvo al frente de todo: Sasha, Masha y Ollie la recordarían siempre, aunque a Adini y Konstantin no les quedase ni un difuso recuerdo de la formidable señora de la que alguien había dicho que sería fantástico que cada general del ejército tuviese su misma fortaleza, energía y resolución.

Por supuesto, aunque Charlotte había sido la gobernanta, había habido una niñera, Maria Vasilievna Kaysovskaya, y para cuando salían de la órbita de influencia de la niñera, se encontraban con la institutriz, Charlotte Dunker. Nicolás y Alexandra habían encomendado, por otra parte, al gran Vasily Zhukovsky, que había guiado personalmente en su aprendizaje de ruso e historia y literatura a la zarina cuando esta había llegado desde su Prusia natal. No se escatimó en recursos para que los hijos recibiesen una esmerada instrucción. Por supuesto, se puso especial énfasis en la preparación del niño Sasha, el vivaz e inteligente heredero...

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Sasha retratado cuando aún era un chiquillo.


...pero también se cuidó la formación de las tres chicas -nuestra Masha, Ollie y Adini- y de los tres chicos menores -Constantin, Nicolás y Mikhail-.

Nuestra Masha siempre fue la niña de los ojos del zar Nicolás I. Un bonito cuadro muestra al padre paseando a su hija adorada por San Petersburgo...

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Masha, niña, de paseo junto a su padre Nicolás.


...lo que ya da una idea clara, precisa, de lo privilegiada que fue esa relación desde el principio. Masha, además, era como su padre: se parecía a él físicamente y también en lo que se refería a rasgos de carácter.

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Masha niña.


Junto a Ollie y Adini, se acostumbró a una rutina que se iniciaba cada mañana a las ocho en punto, hora en la que debían abandonar sus habitaciones, confortables pero nada pretenciosas. Las muchachas tenían un horario de clases riguroso que no excluía tiempo al aire libre fuese cual fuese la estación del año y sin tener en cuenta la climatología. Adicionalmente, la dieta de todas ellas se veía controlada a diario. Pero en medio de esa disciplina, había espacio para cultivar el talento personal: por ejemplo, Masha destacó en actividades artísticas y sus acuarelas recibían elogios constantes; Ollie por su parte disfrutaba coleccionando minerales desde pequeña y le atraían la jardinería e incluso la horticultura, aunque también era buena en dibujo e incluso escultura; Adini estaba dotada para la música y el canto a tal punto que se pidió a la mismísima Henriette Sontag, la gran soprano alemana, que le impartiese lecciones particulares.

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Masha con su madre a orillas del mar.


La suerte de aquellas muchachas, no demasiado común en círculos de la realeza, procedía del hecho de que sus padres, que se amaban de verdad, supieron crear una atmósfera familiar que les agrupaba a todos. Aquella no era una paternidad desapegada, sino que, por el contrario, existía una considerable ligazón afectiva entre los miembros de la familia. Nicolás, el mismo autócrata que gobernaba con puño de hierro y mostraba una determinación implacable a no ceder nunca ni un ápice de autoridad, era, de puertas para adentro, un padre al que le gustaba corear las canciones que interpretaban sus bonitas hijas. A la zarina Alexandra le encantaba bailar, en particular las mazurkas, para las que demostraba considerable estilo, y los juegos de interior, los acertijos ingeniosos y las charadas tan de moda en aquel tiempo.

Aquello "marcaba la diferencia". Un ejemplo cercano lo tenían todos en el hermano menor de Nicolás, el gran duque Mikhail...

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Tío gran duque Mikhail.


...que había tenido un golpazo de suerte con su esposa alemana, una princesa de Württemberg que se había convertido a la ortodoxia con el nombre de Elena Pavlovna. Elena era de esas princesas que te sale una entre diez mil...

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...guapa, refinada, elegante, con un intelecto superior a la media, cultivada, capaz de sostener con finura y aplomo sus posiciones en cualquier debate. Tenía todas las cualidades para destacar -y vaya si destacaba-. Pero su esposo Mikhail, sencillamente, era el tipo de hombre que no servía para la vida de casado. Si por él fuese se pasaría la vida acuartelado con sus hombres, dedicando el tiempo libre a las mismas activades que tanto agradaban a los camaradas: el juego, las apuestas, el trasiego de vodka, perseguir mujeres. Mikhail y Elena habían tenido, casi al mismo tiempo que Nicolás y Mouffy, cinco hijas en serie: María, Elizaveta, Ekaterina, Alexandra y Ana, aunque las dos menores habían muerto con poco tiempo de vida, para gran tristeza de la madre. A Elena le habían quedado María, Elizaveta "Lilli" y Ekaterina. Las tres crecían más o menos en simultáneo con sus primas hijas del zar y la zarina, pero la atmósfera doméstica de las niñas Nicolaevna no tenía nada que ver con la de las niñas Mikhailovna...sencillamente no había punto de comparación.

Porque el "quid" de la cuestión es que Nicolás siempre mantuvo su amor y su devoción por Mouffy, que conocía perfectamente el valor de los sentimientos que la unían a su esposo. Había entre los dos una adhesión inquebrantable, algo que nada ni nadie podría romper. Si Nicolás tenía sus aventuras, éstas eran, más que nada, de naturaleza muy básica y elemental, debidas al hecho de que la delicada constitución física de Alexandra había sufrido un terrible desgaste con la secuencia de embarazos y partos. Exponer a Alexandra a más embarazos y partos de los que había vivido suponía un riego tremendo que él no deseaba asumir. Retirarse de la cama de su querida Mouffy tenía por finalidad salvaguardar la vida de ella, que necesitaba mucha tranquilidad y mucho reposo, con frecuentes estancias en lugares de climas más benévolos que el clima de San Petersburgo. Pero Nicolás tuvo siempre el tiento de exhibir su apego a Mouffy sin ningún tipo de reticencia: cuando en 1837 un incendio se propagó a sus aposentos palaciegos, ordenó a sus ayudantes que no se preocupasen de salvar nada excepto el cofre en el que guardaba las cartas que le había escrito Mouffy durante su noviazgo.


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 Asunto: Re: MARIA NICOLAEVNA DUQUESA DE LEUCHTENBERG
NotaPublicado: 17 Feb 2020 20:45 
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Aquí un retrato de Nicolás I, que como zar no me hubiera gustado sufrirlo, pero de marido no estaba mal:

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Mouffy:

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La pobre Mouffy no había heredado la belleza radiante de su madre, la reina Luise de Prusia. Poseía desde jovencita unos rasgos un tanto marcados, muy Hohenzollern:

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Pero ciertamente se estropeó luego mucho a raíz de su llegada a Rusia, cuando clima le sentaba peor que mal, y después de la serie de embarazos con sus consiguientes alumbramientos. Los retratos la sacan favorecida...

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...pero se le nota que envejeció antes de tiempo, de hecho hacia los cuarenta años parecía bastante mayor que su "Niki".

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Además, durante la revuelta de los Decembristas, que Nicolás sofocó de manera despiadada, Mouffy había pasado no solamente miedo...había llegado a sentir verdadero terror, porque estaba convencida de que si los sublevados se hubiesen salido con la suya, habrían masacrado a toda la familia. De la tremenda tensión psíquica que padeció en esas jornadas, le quedaron tics faciales para siempre, que causaban una triste impresión en quienes la contemplaban; también convulsionaba a menudo. Sin embargo, hay algo muy tierno en Alexandra: una vez apresados los líderes decembristas, los que no fueron ejecutados, fueron enviados a la gélida Siberia a pagar su culpa con trabajos forzados en aquellas condiciones climáticas extremas; las esposas de los pobres desterrados, a pesar de todo, habían dejado atrás sus vidas relativamente acomodadas para seguirles a aquellos lugares dejados de la mano de Dios a pasar frío y penurias. Al enterarse, a Mouffy se le habían llenado los ojos de lágrimas y había escrito en su Diario, conmovida: "¡Oh!En su lugar...¡yo habría hecho lo mismo!". Eso sí, los nervios a ella le habían quedado "tocados" para siempre (recuérdense sus tics faciales y las convulsiones febriles).


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 Asunto: Re: MARIA NICOLAEVNA DUQUESA DE LEUCHTENBERG
NotaPublicado: 17 Feb 2020 21:01 
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Algunas imágenes que no quiero dejarme atrás...

Aquí Masha con su hermano Sasha, el futuro emperador:

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Y unas imágenes de la pequeña Adini que explica porqué Mouffy consideraba que de sus hijas era la que tenía un aspecto más "prusiano":

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Esta muestra a Ollie en plena adolescencia:

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 Asunto: Re: MARIA NICOLAEVNA DUQUESA DE LEUCHTENBERG
NotaPublicado: 18 Feb 2020 10:33 
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Antes de seguir, he encontrado un maravilloso retrato de la condesa Charlotte von Lieven, la gobernanta de Nicolás I que luego se transformó en gobernanta de los hijos mayores del propio Nicolás y Mouffy...

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Y de propina una fotografía de Mary Yuse, identificada como gobernanta de los hijos menores de Nicolás y Mouffy...

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No tengo datos sobre Mary Yuse, aunque imagino que llegó a alcanzar su posición coincidiendo con el declive de salud de Charlotte von Lieven. Sí sé que la primera institutriz de los hijos imperiales, Charlotte Dunker, fue luego reemplazada en 1836 por Anna Alekseevna Okulova, que es esta señora aquí retratada...

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Anna Okulova, institutriz de Ollie.


Anna Okulova recibía el cariñoso diminutivo "Anette" en el círculo de la familia imperial. Procedía de una familia de intelectuales y ella misma había recibido una cuidadosa formación en la Escuela de San Petersburgo de la Orden de Santa Catalina, fundada y patrocinada por la difunta emperatriz María Feodorovna, la enérgica madre de Nicolás. Anette, muy eficiente y de naturaleza alegre, creó un vínculo afectivo particular con su pupila Olga, Ollie, pero todos estaban encantados con ella, al punto de que cuando años después, en 1841, llegó a la corte la novia hessiana del zarevitch Sasha, se le encomendó a Anette la tarea de familizar a la joven con el idioma ruso.

Por supuesto...sobra decirlo...el foco de la educación proyectaba su luz especialmente en Sasha, el hijo mayor, el heredero. En ese caso concreto, el niño salió de la órbita de gobernantas y niñeras a temprana edad, con siete años: a partir de entonces, se le puso bajo la atención permanente del coronel Karl Karlovich Merder, que dos años después cedería ese puesto al mayor Pavel Petrovich Ushakov, el padre de Varvara Ushakova, quien, como hemos comentado en el pasado se había ocupado igualmente del zar Nicolás y del gran duque Mikhail. Cuando Ushakov se retiró de escena, llegó Christopher von Lieven, destacado hijo de la difunta gobernanta.

Aparte, el programa educativo trazado por nuestro Vasily Andreyevich Zhukovsky incluía un repertorio de profesores especializados para Sasha. El heredero tuvo expertos en historia y estadística (Arsenyev), en finanzas (Kankrin), en legislación rusa (Speransky) y en política exterior (Brunnov), pero también había profesores de matemáticas, ciencias naturales y química, francés, alemán, tecnología, etc, aparte de instructor de esgrima y equitación.

Vamos, que Nicolás y Mouffy se distinguieron por poner interén en unos planes formativos amplios para el heredero y las chicas, intentando después replicar más o menos el sistema empleado con Sasha en los hijos menores -Konstantin, Nicolás y Mikhail-. No fueron nada "dejados" en ese aspecto. Hubo incluso aspectos muy novedosos, a pesar de que el zar Nicolás era el monarca más despótico y rígidamente conservador que os podáis imaginar. Por ejemplo, llegada la adolescencia de Sasha, éste fue el primer heredero ruso que se hizo una gira por veinte de las regiones de su extensísimo imperio (nunca alcanzó mayor extensión territorial que precisamente en el reinado de Nicolás I).


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 Asunto: Re: MARIA NICOLAEVNA DUQUESA DE LEUCHTENBERG
NotaPublicado: 18 Feb 2020 11:18 
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La familia de Nicolás I preparada para un baile de disfraces:

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Sospecho que Ollie es la jovencita de pelo más claro que aparece justo detrás de la zarina Alexandra, mientras que Masha aparece detrás del zar Nicolás I.

Los años pasaron y Masha creció en aquel entorno familiar privilegiado en el que el único motivo real de preocupación era la salud quebradiza de la madre, que forzaba a ésta a alejarse en ocasiones a Crimea, a las estaciones termales alemanas o incluso a lugares tan mediterráneos como la isla de Sicilia. Aquí la joven Masha practicando equitación con su madre Mouffy:

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Y aquí un retrato de Masha en traje tradicional femenino de corte ruso, versión lujo total, claro, que los Romanov no escatimaban los rublos para esas cosas:

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 Asunto: Re: MARIA NICOLAEVNA DUQUESA DE LEUCHTENBERG
NotaPublicado: 18 Feb 2020 12:11 
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Masha:

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Siempre me ha intrigado ese surtido de referencias al enorme parecido de María Nicolaevna a su padre Nicolás, hasta que miré atentamente ÉSE retrato y lo comparé con el siguiente, poco conocido, del zar cuando era un jovencísimo gran duque:

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Y estaban también la naturaleza y el temperamento. Masha era una rusa orgullosa, aunque, ateniéndonos estrictamente a su ADN, podríamos considerarla germánica. Se la consideraba hermosa, o al menos muy atractiva físicamente, aunque no tanto como a Ollie, que transmitía en general una impresión de mayor delicadeza en su aspecto. Podía mostrarse un tanto altiva e imperiosa: existía le idea generalizada de que, de haber fallecido la casi siempre achacosísima Mouffy, María hubiese asumido de forma espontánea el rol de primera dama de la corte. Pero la propia zarina Alexandra estaba convencida de que Masha poseía un lado intensamente emocional, se dejaba gobernar por sus sentimientos e impresiones y trataba invariablemente de salirse con la suya. Ollie, muy aplicada y diligente, siempre atenta, admiraba mucho a su hermana Masha, a la que consideraba apasionada, bondadosa, inclinada a comprender las faltas ajenas, pero nada dispuesta a dejarse corregir o mandar; en su opinión, de los siete hijos de los zares, ninguno poseía la energía y el dinamismo de María, pero sin embargo adolecía de una falta de sentido del deber. Resulta curioso que en ese punto coincidiesen Mouffy y Ollie, por lo que debía resultar algo muy pero muy evidente en el círculo familiar e incluso en la corte.

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Masha y Ollie.

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Masha.

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Ollie.

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Adini.


Sin duda alguna, encontrar un marido apropiado para Masha no íba a revelarse como una tarea fácil, en especial porque Nicolás y Mouffy, conscientes de lo importante que se hacía una mútua inclinación para sostener la vida de pareja a través del tiempo, no querían imponer casamientos dinásticos a las chicas. Hay que admitir que, en ese punto, los dos compartieron una mentalidad sorprendentemente moderna, de no querer sacrificar la felicidad de sus hijas a un repertorio de alianzas ventajosas. La esposa del gran duque Mikhail, Elena Paulovna, que también tenía tres hijas de edades similares a las que casar, se quejaba con relativa frecuencia de que sus hijas se verían bastante perjudicadas en sus expectativas matrimoniales por el mero hecho de que competían contra unas primas hijas de emperador y emperatriz. Cuando Nicolás se enteró, el asunto le hizo poca o ninguna gracia. Siempre había mantenido una excelente relación con su hermano pequeño Mikhail y, de hecho, nunca había entendido porqué Mikhail, que solía hacer migas con todo el mundo por su propio carácter relajado y afable, desde el principio había guardado distancias con su esposa Elena, tan agraciada física e intelectualmente. A Nicolás nunca se le hubiera pasado por la cabeza perjudicar a las hijas de Mikhail, así que se apresuró a hacer saber que "mis sobrinas son tan gran duquesas rusas como mis hijas y en mi condición de zar no puedo ni debo favorecer a ninguna a costa de las otras, así que todos los interesados podrán elegir a cual cortejan libremente". Pero a pesar de esa postura tan ecuánime de Nicolás, lo cierto es que Elena no lo veía claro.


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 Asunto: Re: MARIA NICOLAEVNA DUQUESA DE LEUCHTENBERG
NotaPublicado: 18 Feb 2020 13:40 
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Masha.

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Masha.

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Masha, vestida en azul, y Ollie.


En el año 1837, Masha frisaba en los dieciocho años. Su vida era animada y feliz, casi siempre en compañía de sus hermanas Ollie y Adini, pero también rodeada de un grupo de damas de honor que se consideraban afortunadas por servirla: Alexandra Voeikova, Ekaterina "Katia" Poltavtseva, Olga Kalinovskaya. No había ninguna perspectiva matrimonial, ni a corto ni medio plazo. Masha gozaba de una sorprendente libertad para crecer rodeada de su -bien avenida- familia.

En ese contexto, apareció de pronto en el escenario palaciego un gallardo mozo de veinte años de edad. Se llamaba Maximilian y ostentaba el título de tercer duque de Leuchtenberg:

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Max de Leuchtenberg.


En principio, NO le hubiese correspondido ser duque de Leuchtenberg. A la muerte de su padre Eugène de Beauharnais, primer duque de Leuchtenberg y príncipe (fürst) de Eichstätt, esos títulos los había recibido el mayor de los dos hijos varones nacidos de su felicísimo matrimonio con Augusta Amalia princesa de Baviera. El segundo duque de Leuchtenberg y príncipe de Eichstätt, por tanto, había sido el joven Augusto...

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Augusto, hermano mayor de Max.


...quien había dado uno de los grandes braguetazos del siglo XIX al casarse -por poderes en Munich el 1 de diciembre de 1834, en persona en Lisboa el 26 de enero de 1835- con la jovencísima reina portuguesa María da Gloria, oficialmente María II. Ella, a decir verdad, tenía apenas quince años, acababa de ser repuesta en el trono que había perdido durante un tiempo en favor de su absolutista tío Miguel y todos confiaban en que Augusto, un chico inteligente a quien cuatro años atrás se había considerado candidato a ocupar el trono del recién creado reino de Bélgica, sabría ocuparse de facilitarle la vida a María II. Por desgracia, Augusto había enfermado de difteria y había muerto el 28 de marzo de 1835, dejando viuda y sin embarazar a María II.

Así que nuestro Max había heredado los títulos de Augusto, pasando a ser duque de Leuchtenberg y príncipe de Eichstätt mientras desarrollaba su carrera militar. Completada su instrucción, había sido incorporado en calidad de teniente al cuarto regimiento de Baviera de Caballería Ligera. No había tardado en ascender al rango de coronel de sexto regimiento de Baviera de Caballería Ligera. Independientemente de lo que valiese o dejase de valer el chico, cuando su tío materno el rey Ludwig I de Baviera le había designado coronel del sexto regimiento de Caballería Ligera estaba, en realidad, no sólo favoreciendo al sobrino sino perpetuando una tradición de familia: la misma posición la habían ocupado Eugène de Beauharnais y Augusto de Leuchtenberg antes de marcharse a Lisboa a hacer de príncipe consorte.

Precisamente, el rey Ludwig I de Baviera íba a marcar, involuntariamente, el destino de su sobrino Max, al decidir que éste formase parte de un selecto grupo de oficiales bávaros enviados a Rusia para formar parte de unas maniobras de la caballería imperial rusa que íban a tener lugar en Vosnesensk, en la provincia de Kherson. Aquello tenía especial sentido, porque poco antes habían recibido en Munich la visita del hermano menor del zar Nicolás, el gran duque Mikhail, y éste había sido calurosamente agasajado por los Leuchtenberg, sus anfitriones en la capital. El zar Nicolás I estuvo encantado de saludar a Max en Kherson y le invitó a acompañarle, primero a Odessa y después a San Petersburgo.

Max, un pariente tan cercano del rey de Baviera, era también el hermano menor de Josefina, que se había casado con Óscar príncipe heredero de Suecia y Noruega...

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Josefina, hermana mayor de Max, princesa heredera de Suecia y Noruega.


...y de la adorable Amelia de Leuchberg enviada en 1829 a Brasil para que se convirtiese en esposa del emperador Pedro I:

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Amelia, hermana mayor de Max, emperatriz de Brasil.


Otra hermana, Eugenia, se había casado con un rico príncipe de Hohenzollern-Hechingen cuya madre era por nacimiento princesa de Curlandia, con ciertas vinculaciones a los Romanov, y quedaba aún por colocar la menor de las chicas, Theodolinde.

En fín: que con ese entramado de parentescos, sumado al excelente trato que la familia Leuchtenberg había brindado al gran duque Mikhail en Baviera, lógicamente Max tuvo acceso inmediato a una recepción en el Palacio de Invierno, lo que le permitió cumplimentar a la zarina Alexandra y al resto de miembros de la familia imperial. Y aquel encuentro con Max de Leuchtenberg debió ser un verdadero flechazo en lo que respecta a la joven Masha, porque su hermana Ollie anotó en su Diario que en apenas cuatro días a todos les había quedado bastante claro que el oficial bávaro y su hermana estaban hechos "el uno para el otro".


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 Asunto: Re: MARIA NICOLAEVNA DUQUESA DE LEUCHTENBERG
NotaPublicado: 18 Feb 2020 14:04 
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Pero su esposo Mikhail, sencillamente, era el tipo de hombre que no servía para la vida de casado. Mikhail y Elena habían tenido, casi al mismo tiempo que Nicolás y Mouffy, cinco hijas en serie: María, Elizaveta, Ekaterina, Alexandra y Ana, aunque las dos menores habían muerto con poco tiempo de vida, para gran tristeza de la madre.


Parabéns por mais um tema interessantíssimo.

Se me permites uma correcção, Mikhail e Elena tiveram 4 filhas e 1 filho, Alexander (28 Jan 1831-27 Mar 1832)


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 Asunto: Re: MARIA NICOLAEVNA DUQUESA DE LEUCHTENBERG
NotaPublicado: 18 Feb 2020 14:15 
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Masha y Max al galope.


El -fulgurante- enamoramiento de Masha cogió por sorpresa a sus padres. Por mucho que el zar Nicolás, siempre embobado con la mayor de sus hijas, quisiese contribuír y no estorbar a su felicidad, lo cierto era que aquel "entusiasmo amoroso" por Max de Leuchtenberg era absolutamente INCONVENIENTE.

Max había tenido por padre nada menos que a Eugène de Beauharnais, hijo del primer matrimonio de Josephine con Alexandre de Beauharnais, hijastro luego formalmente adoptado por el emperador Napoleón para que luciese el rango de Alteza Imperial y ejerciese de virrey en Italia. Pocos podrían decir nada malo de Eugène y de su esposa bávara, la princesa Augusta Amalia: los dos habían demostrado ser la clase de personas con sólidos principios, de los que permanecen a las duras y las maduras. Eugène había sido leal a Napoleón hasta el final, y Augusta Amalia había sido leal a Eugène por encima de todas las cosas, así que el padre de ella, el rey Maximilian I José de Baviera, no había podido por menos que admirarles. El zar Alejandro I de Rusia, vencedor de Napoleón, sabía que Eugène había luchado con valentía incluso formando parte de la Gran Armada que había osado invadir sus territorios, arrastrando a los rusos a la entonces denominada Guerra Patriótica de 1812. No obstante, Alejandro I de Rusia había visitado a Josephine en la Malmaison tras la debacle bonapartista y, mientras paseaban por las rosaledas, le había prometido cuidar los intereses de los hijos de ella, Eugène y Hortense, ex reina de Holanda. Con dos grandes valedores...su suegro Maximilian I Josef de Baviera y el emperador Alejandro I de Rusia...Eugène había salido muy bien parado del Congreso de Viena, dónde se había acordado abonarle nada menos que cinco millones de francos a modo de compensación por la pérdida del virreinato en Italia. Eso sí: Eugène se había dado prisa en entregarle esos cinco millones de francos al padre de Augusta Amalia. Eternamente sorprendido por la dignidad del yerno, Maximilian I José le había hecho duque de Leuchtenberg, príncipe de Eichstätt y coronel de sexto regimiento de Ulanos.

Peeero...el rango era de Alteza Serenísima. A Eugène, que había nacido simple hijo del vizconde de Beauharnais y había llegado por curiosos avatares de una época rica en prodigios a Alteza Imperial de Francia, eso le daba bastante igual. Salvado el honor, salvado todo, y lo único a lo que aspiraba era a vivir apaciblemente rodeado de los suyos. Sin embargo, los hijos no pasaban de Altezas Serenísimas, en contraposición con sus primos bávaros que habían recibido el rango de Altezas Reales.

Así que Max era un Alteza Serenísima católico a quien los rusos, gente que NO había echado en el olvido la Guerra Patriótica de 1812 con incendio de Moscú incluído, considerarían de hecho el NIETO de Napoleón. Aquello, por lo de pronto, se haría muy chocante.

Y si Nicolás I, aquí paseándose en trineo el hombre...

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...hubiese preferido eludir ese "encaprichamiento sentimental" de Masha, no digamos la madre de nuestro Max, Augusta Amalia de Baviera, viuda de Eugène de Beauharnais. Augusta Amalia...

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...ya había perdido la belleza de su juventud y sobrellevaba como podía una progresiva sordera, pero, alta y de gran porte, seguía causando impresión en quienes la veían. Se trataba de una mujer recia en sus convicciones. Colocar ventajosamente a sus hijas le había hecho romperse mucho la cabeza -y aún se la rompía con la joven Theodolinde-, pero, en cambio, NO veía nada interesante un casamiento de su hijo Max, que había heredado sus territorios a causa de la muerte prematura de Augusto, en Rusia. La gran duquesa María, Masha, había afirmado que ella pensaba permanecer en su Rusia natal toda la vida, y Augusta Amalia de Baviera podía alabarle el gusto de querer estar en el país al cual pertenecía, pero, claro está, no deseaba que su hijo Max fuese a establecerse en San Petersburgo y pasase por un inevitable proceso de rusificación que afectaría por completo a los hijos que la pareja tuviese en el futuro.

En fín: que ni el padre de Masha ni la madre de Max estaban lo que se dice conformes.

Y sin embargo...Masha exhibió ahí su intensidad emocional y su terquedad, dos características que la definían por completo. Ella quería a Max y estaba empecinada en obtenerlo por marido manteniendo su condición de gran duquesa ortodoxa y rusa. Nicolás I se dejó convencer, porque, al fín y al cabo, NO era mala cosa que su hija predilecta quisiese mantenerse cerca de la familia, ni imaginarse a corto plazo paseando a unos nietos rusos en su trineo. Max, por su parte, se mostraba dócil: sí, ella podía seguir siendo ortodoxa y sí, los hijos e hijas que llegasen podrían bautizarse en la iglesia ortodoxa, que él ya, si eso, se guardaba su catolicismo para su propia persona. La determinación de Max era fuerte: explicó a Augusta Amalia que su futuro suegro le elevaría a la dignidad de Alteza Imperial y que mejor carrera militar podía desarrollar en Rusia como yerno de zar que en Baviera como sobrino de rey.


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