Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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 Asunto: FEODORA
NotaPublicado: 04 Ene 2015 22:12 
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Es un personaje muy secundario en una etapa fascinante de la Historia, pero la encuentro adorable y, como plus, se trata de una de las abuelitas de Dona la kaiserina, por tanto bisabuela de Viktoria Luise, por tanto tatarabuela de Freddie de Hanover reina de Grecia, jejejeje. O sea, antepasada directa y aún relativamente cercana de la reina "emérita" Sofía, del rey Felipe VI y de la princesa Leonor.

Se trata de

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la princesa Anna Feodora Auguste Charlotte Wilhelmine de Leiningen.

Amorbach, capital del principado de Leiningen-Dacusburg-Hadenburg, la vió nacer un gélido 7 de diciembre de 1807. Se trataba de la segunda criatura que daba a luz su madre, nacida princesa Victoria de Saxe-Coburg-Saalfeld, conocida en familia por el diminutivo Vickerl. Empujada a un matrimonio de conveniencia con el príncipe Karl Emich de Leiningen, viudo de una de sus propias tías maternas, Vickerl había dado a luz a un niño llamado Karl Friedrich en septiembre de 1804. Karl Friedrich había cumplido pues ya tres años para la época en que Vickerl puso en el mundo a la niña que recibiría los nombres de Anna Feodora Auguste Charlotte Wilhelmine. Siempre se referirían a ella empleando el segundo nombre de pila: Feodora.

Feodora quedó huérfana de padre muy pronto: en julio de 1814. Todavía le faltaban meses para cumplir siete años de edad. Verdaderamente, la vida cambio poco para su hermano Karl y para ella misma, porque su padre había permanecido bastante al margen de sus vidas. Quedaban enteramente en manos de su madre, que estaba decidida a ejercer una cuidadosa regencia durante la minoría de edad del muchacho y a rodear de atenciones a la niña. Todo discurría de forma tranquila y sosegada...hasta que en la primavera de 1818 apareció por Amorbach un príncipe inglés llamado Edward, que ostentaba el título del duque de Kent. Había roto recientemente una vinculación afectiva que se había extendido durante algo más de veinticinco años con su querida, Madame Julie de Saint-Laurent, y había tomado la ruta hasta Amorbach en busca de una esposa apropiada, una princesa alemana protestante que ya había demostrado su fertilidad.

Por supuesto, nuestra pequeña Feodora de diez años no estaba al tanto de los entresijos de la visita repentina de Edward de Kent a Amorbach. Pequeño cotilleo hacia el futuro: Edward quedó prendado de una dama de la corte, Polyxena von Tubeuf, a quien solían llamar Pauline. Pauline había sido un amor de juventud del príncipe Leopold, hermano de Vickerl, y a la sazón estaba comprometida para casarse con Herr Wagner, tutor del príncipe Karl Friedrich de Leiningen. Si bien Vickerl no acababa de ver claro que le cuadrase a ella personalmente aceptar la oferta nupcial de Edward, un cincuentón de dudoso atractivo cuyas deudas superaban ampliamente los ingresos anuales, se dice que Pauline von Tubeuf la animó en aquella dirección.

Edward y Victoria se casaron el 29 de Mayo en el Schloss Ehrenburg, en Coburgo, rodeados por familiares de la novia. Luego, ambos pusieron rumbo a Inglaterra para poder repetir la ceremonia -y que nadie dudase jamás de su validez...- en Kew. Eso sí, tras la boda en Kew, el pésimo estado de las finanzas de Edward les impulsó a retornar a Amorbach. Como Edward podía estar sin blanca, pero era amigo de recurrir al crédito e incluso al sobreendeudamiento bestial, enseguida se puso a gastar dinero que no tenía en reedecorar los salones de Amorbach y en hacerse unos nuevos establos. Esta última idea, por cierto, encantó a su quinceañero hijastro, el príncipe Karl Friedrich de Leiningen.

Así las cosas, Feodora estaba tan tranquila hasta que su madre se embarazó y fue avanzando en su preñez. A medida que su abdomen se abultaba más y más, el padrastro empezó a repetir que aquella criatura, un potencial heredero o una potencial heredera del trono británico, debía nacer, sí o sí, en suelo inglés. Victoria tenía tantas ganas de irse a Inglaterra en su estado como de tirarse por un barranco, pero entendió que su marido llevaba razón. Así que Edward se puso a pedir dinero a sus amigos para emprender viaje en marzo de 1819, un viaje de 427 millas...


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 Asunto: Re: FEODORA
NotaPublicado: 04 Ene 2015 22:38 
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Ya tenemos aquí a la muy querida medio hermana de RV. :bravo: :bravo: :bravo: >:D<

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La risa es un antidepresivo sin efectos secundarios


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 Asunto: Re: FEODORA
NotaPublicado: 04 Ene 2015 23:00 
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El príncipe George de Gales, Regente de Inglaterra, destinado a convertirse más pronto que tarde en el rey George IV y entre tanto conocido en general por el apelativo de Prinny, no tenía en alta estima a su hermano Kent y para el caso tampoco le había gustado mucho Victoria de Leiningen. La esperanza de George radicaba en que su hermano William duque de Clarence, que le seguía a él y que precedía a Kent en la línea de sucesión, tuviese rápidamente una buena recua de hijos o hijas con su reciente esposa Adelaide de Saxe-Meiningen, aquella encantadora muchacha que le caía trillones de veces mejor que Victoria de Leiningen duquesa de Kent. Cuando Edward le pidió a George más de once mil libras para costear del desplazamiento, un yate esperándoles en Calais para acercarles hasta Dover y habitaciones preparadas en Kensington Palace, Prinny se limitó a soltar un bufido. No habría nada de eso.

Fueron pues los amigos de Kent, muchos de ellos notorios liberales, quienes reunieron fondos para sufragar aquella "vuelta a casa" de Edward. Aparte una contribución de uno de sus hermanos menores, el duque de Cambridge, fue gente como el conde Fitzwilliam, lord Dundas, lord Darnley o Mathew Wood la que se aflojó el bolsillo. Aportaron quince mil libras esterlinas. Con todo, el viaje se organizó contando el uso que se daba a cada penique. Victoria, a quien dolió mucho tener que despedirse de su hijo quinceañero Karl, el cual debía permanecer en Amorbach, sabía que debía viajar con su hija Feodora en un sencillo faetón conducido por el propio Edward, para evitarse pagar el sueldo de un cochero. Sin embargo, les seguían otros coches atestados de fieles servidores. No podían faltar el valet de chambre de Edward, Mathieu, ni su médico personal, el doctor Wilson; pero ocurre que también viajaba la dama de compañía de Victoria, baronesa von Späth, así como la gobernanta de Feodora, Louise Lehzen, y, para redondear el círculo, una muy reputada matrona, Frau Charlotte Siebold, reconocida incluso por la Universidad de Göttingen. Todas las precauciones parecían pocas, naturalmente, dado el avanzado estado de gestación de Victoria.

Es más que probable que ese viaje a Inglaterra constituyese el primer acontecimiento en sacudir las estructuras mentales y los sentimientos de Feodora, tanto como había sacudido su vida. Estaba yéndose con su madre y su padrastro a otro país, un país muy lejano en el que ella carecía de otros parientes. Su hermano quedaba en Amorbach, los familiares de su madre estaban en Coburgo. Los escenarios de su infancia, aquellos en los que se sentía resguardada, desaparecían a sus espaldas y enseguida tendría que afrontar desafíos como el aprendizaje de un nuevo idioma. Adicionalmente, su madre estaba a punto de tener un bebé que incluso en aquellos momentos ya parecía el centro de su existencia. El bebé engendrado por Edward se situaría en una posición destacada de la línea sucesoria de Reino Unido, una potencia de envergadura, y eso lo hacía muy pero que muy especial. Resultaba evidente que incluso para Victoria, Karl Friedrich y Feodora habían pasado a un segundo plano por comparación con el bebé Kent que estaba a punto de hacer su entrada -triunfal- en el mundo.

El 5 de abril, cuando ya llevaban agotadoras jornadas encima de sus hombros, cruzaron Colonia y al día siguiente, el 6 de abril, llegaron al puerto de Calais. El Regente había decidido, en el último momento, mandarles un yate que estaba anclado en el puerto de Calais, esperando a que ellos llegasen para llevarles a Dover. No obstante, la metereología no resultaba propicia, los vientos hacían desaconsejable cruzar el Canal en aquellos días. Hasta el 24 no pudieron emprender esa etapa marítima de su viaje, llegando a Dover cuando la duquesa Victoria ya sentía que se habían iniciado los dolores de parto.

Se dirigieron a Londres y se establecieron rápidamente en Kensington Palace. Seis horas fue lo que necesitó la duquesa para dar a luz una niña. El duque no se separó de su mujer en todo aquel tiempo. Fue Charlotte Siebold quien asistió a Victoria, aunque, consciente de que Siebold era una mujer alemana, una extranjera, el duque había juzgado apropiado tener cerca, siempre a mano, a un conocido obstetra británico "por si las moscas": el galés Dr. David Daniel Davis. Kent se quedó encantado con la niña que alumbró Victoria. Enseguida cogió pluma para escribir a su suegra Augusta, duquesa viuda de Coburgo. Elogiaba la paciencia y dulzura del comportamiento de Victoria, señalando que la pequeña princesa surgida de las seis horas de sufrimiento de ésta era una perfecta combinación de hermosura y robustez infantil.

La duquesa viuda Augusta de Coburgo se apresuró a mandar una carta de felicitación a su Vickerl, transmitiéndole su felicidad ante la nietecita que ella consideraría siempre una Flor de Mayo. Añadía que esperaba que su hija no estuviese en absoluto decepcionada por la condición femenina de la criatura ya que, afirmaba resuelta: "los ingleses aman a sus reinas". Era reconfortante esa muestra de entusiasmo de la abuela materna. Porque en Inglaterra, el Regente estaba poco interesado en la pequeña Flor de Mayo. De hecho, el bautizo de la princesita se convirtió en una auténtica "guerra de los nombres" que hizo llorar a la flamante madre. El Regente, con considerable mala leche, había descartado los nombres femeninos propuestos porque le parecían demasiado regios: Georgiana, Elizabeth, Charlotte y Augusta. Sugirió el nombre de la mamá, Victoria, precedido por el de uno de los ausentes padrinos de pila de la neófita, Alexander de Rusia, en su versión femenina Alexandrina. Así que la pequeña fue Alexandrina Victoria y enseguida la llamaron, sencillamente, Drina.


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 Asunto: Re: FEODORA
NotaPublicado: 04 Ene 2015 23:08 
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sambone escribió:
Ya tenemos aquí a la muy querida medio hermana de RV. :bravo: :bravo: :bravo: >:D<


Pues sí, es un personaje encantador...
:love: :love:


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 Asunto: Re: FEODORA
NotaPublicado: 04 Ene 2015 23:10 
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Así que el nombre de Victoria le pareció a Prinny adecuado por lo "poco regio" :lol: :lol: :lol: :lol: pues menudo ¡zas, en toda la boca! que le hizo la Historia :-D

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La expresión suprema de la belleza es la sencillez.
Alberto Durero.


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 Asunto: Re: FEODORA
NotaPublicado: 05 Ene 2015 00:08 
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Gracias Minnie. >:D< :-*
Feodora siempre me despertó enorme curiosidad :DD


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 Asunto: Re: FEODORA
NotaPublicado: 05 Ene 2015 01:17 
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Los padres de Fedora.


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Emich Karl 2º príncipe de Leiningen.wikipedia


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Victoria de Sajoni- Coburgo Saafeld. royalcollection


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 Asunto: Re: FEODORA
NotaPublicado: 05 Ene 2015 03:18 
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Que bueno Minnie volverte a ver sembrando el foro!!!


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 Asunto: Re: FEODORA
NotaPublicado: 05 Ene 2015 05:40 
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¡¡Feo!! :DD :DD :DD :DD

d:

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"Ma fin est mon commencement, et mon commencement ma fin".


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 Asunto: Re: FEODORA
NotaPublicado: 05 Ene 2015 18:17 
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Iselen escribió:
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Así que el nombre de Victoria le pareció a Prinny adecuado por lo "poco regio" :lol: :lol: :lol: :lol: pues menudo ¡zas, en toda la boca! que le hizo la Historia :-D


En aquel entonces, no era un nombre de ninguna reina inglesa, nada vinculado a la historia del país. A oídos de Prinny se trataba simple y llanamente "del nombre de la madre", como expresó con una notable falta de delicadeza hacia su cuñada Coburgo.

A ver...también hay que poner las cosas en su perspectiva. Después de Prinny, había un duque de York: Frederick, segundo en línea de sucesión. Estaba casado desde hacía años y carecía de hijos porque nunca había hecho apenas vida común con su esposa prusiana, pero no se podía descartar que el duque de York se reprodujese ahora que se trataba de una auténtica necesidad para el país. Más plausible era que tuviesen hijos, y no pocos, William duque de Clarence y su mujer Adelaide. No es que Prinny fuese fan de William y Adelaide, pero les prefería a los Kent. Adelaide, enferma de pleuresía en la lejana Hanover, había tenido una nena en marzo de 1819 que nació muy débil y apenas logró sobrevivir unas horas. La nena de Adelaide había recibido en un bautizo de emergencia el nombre que había llevado la malograda hija de Prinny en honor a la abuela paterna: Charlotte. O sea que los Clarence habían homenajeado de una tacada a la abuela reina Charlotte y a la difunta princesa Charlotte.

A Prinny el nacimiento de la niña Kent no le hizo especial ilusión. Le quedaba el consuelo de que los Clarence sin duda volverían a procrear rápidamente y no había porqué pensar que Adelaide perdería a todos los hijos que le hiciese William.

En cierto modo, los nombres más regios se "reservaban". Nada de una Elizabeth, glorioso desde la reina Tudor; ni siquiera una Anne, la reina Stuart; ni siquiera otra Charlotte o Charlotte Augusta o Augusta Charlotte, todo con demasiado empaque.

Llamadla Victoria...como a la madre, jajajajaja.


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 Asunto: Re: FEODORA
NotaPublicado: 05 Ene 2015 18:59 
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Pero bueno...éste es el tema de Feodora. Sólo estamos "introduciendo" un poco al personaje, a través de acontecimientos que unos pocos acontecimientos tempranos que definieron su vida. En pocas frases la historia sería...

Érase una vez una princesa viuda, regente temporal de un insignificante principado alemán en nombre de su hijo varón, que colgaba de sus faldas lo mismo que una hijita. Convencida de que podía haber beneficios en ello, la princesa viuda aceptó por segundo marido a un príncipe cincuentón exageradamente endeudado que seguía tirando de préstamos. El encanto de aquel príncipe radicaba en que su familia reinaba en una notable potencia y él poseía derechos al trono que recaerían en su progenie. La princesa viuda, nueva esposa, enseguida se embarazó y se desplazó al nuevo país. Nació una nena, lo que no estaba nada mal, y todo íba más o menos bien a pesar de que la familia del marido miraba a la esposa con indisimulada falta de simpatía. Y luego cuando la nena tenía ocho lozanos mesecitos...el padre cincuentón sobre-endeudado pilló lo que pareció un fortísimo constipado pero era una brutal neumonía... y se murió mucho antes de lo que se hubiera podido preveer.

Eso de forma muy somera.

Siendo algo más extensos, resulta que el nacimiento de Alexandrina Victoria, la pequeña Drina, no había mejorado la calamitosa situación financiera de los Kent. La pareja, necesitando economizar al máximo, había abandonado Londres para establecerse, en un semi incógnito, en una residencia alquilada por módico precio al general Baynes en el condado de Devon. La residencia se llamaba Woolbrook Cottage y se ubicaba en plena línea de costa, cerca de Sidmouth.

Allí enfermó Edward y allí murió. Su muerte supuso un preludio a la muerte de su propio padre: el rey "loco" George III se fue de este mundo sólo seis días después de que lo hiciese el duque de Kent. Por cierto que el fallecimiento del duque de Kent quedó eclipsado por la casi inmediata desaparición de George III, pero, al margen de esto último, parece obvio que Inglaterra apenas mostró reacción ante la pérdida repentina de Edward. La princesa Lieven, esposa del embajador ruso en Londres, no se anduvo con paños calientes al escribir que "nadie en el país estará de duelo por el duque de Kent". La Lieven opinaba que sólo trataba de dar la mejor versión de su persona cuando quería gustar a un público eventual, vamos, que en él todo era representación. Sin embargo, insistía, era un hombre "falso, duro y codicioso" ("false, hard and greedy").

El caso es que Edward se murió, George III se murió y Prinny, aparte de darle sepelio a un hermano príncipe y a un padre rey, se convirtió de repente en Su Majestad George IV.

No hace falta un tremendo despliegue de empatía para tomar inmediata conciencia de la sensación de inquietud que debió experimentar en esa época Feodora. Desde la llegada de su medio hermana Drina, todo parecía girar en torno al bebé que crecía saludable atendida por su nodriza la señora Brock, a quien en años posteriores la pequeña princesita británica denominaría dear Boppy. No sólo Boppy estaba pendiente de Drina, no obstante. La dama de compañía de la duquesa de Kent, la baronesa von Späth, se extasiaba constantemente contemplando a la bebé que estaba convencida de que acabaría luciendo la corona. La propia gobernanta de Feodora, Louise Lehzen, no mostraba la idolatría de Späth ante Drina, pero también admiraba contínuamente los progresos de la benjamina de la familia. Ante todo eso, la Feodora de doce años podría haber reaccionado con disgusto y resentimiento, pero dice mucho a su favor que siempre manifestase sincero amor por Drina. Seguramente, la Feodora de doce años, capaz ya de observar atentamente y analizar cuánto la rodeaba, estaba más preocupada por la precaria posición en la que las dejaba a todas la desaparición del duque de Kent.


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 Asunto: Re: FEODORA
NotaPublicado: 06 Ene 2015 14:43 
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Registrado: 17 Feb 2008 21:47
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Dos bonitos retratos de la duquesa de Kent

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La muerte de aquel duque de Kent que había presumido con considerable frecuencia y aún mayor osadía de ser el más fuerte de entre los hijos de su padre, augurándose a sí mismo una longevidad muy superior a la de sus hermanos, no dejó nada bien posicionada a la duquesa de Kent. A decir verdad, la mujer hizo lo que podía hacer en aquella situación: en un plano doméstico inmediato, apoyarse en un asistente muy cercano del extinto Edward, tan cercano que había sido designado por el duque de Kent ejecutor del testamento del mismo...sir John Conroy; en un plano más extenso, buscar rápidamente la asistencia de su hermano Leopold, el viudo de la princesa Charlotte de Gales, que gozaba de una magnífica posición en Inglaterra, dueño de Marlborough House en Londres, de Claremont House en Surrey y de una asignación anual de 50.000 libras esterlinas.

Mientras John Conroy...

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Conroy.



...trataba de provisionar el día a día de la duquesa y la niña princesa con la premisa de lograr el título de controlador financiero de su casa, Leopold buscó una vía de ayuda a su hermana a través de la princesa Mary, duquesa de Gloucester. Mary Gloucester era, sin lugar a dudas, la hermana favorita de Prinny.

A Prinny el hecho de que Edward dejase viuda y huérfana, en realidad, le importaba un ardite. Como ya hemos dicho y redicho, nunca le había simpatizado su hermano Kent, a quien consideraba un hipócrita pomposo, y tampoco le gustaba Victoria, sencillamente porque no le gustaban los Coburgo. Había tenido que transigir con un yerno Coburgo, pero eso había sido suficiente para él. Leopold, el yerno Coburgo, era consciente de la animosidad de su suegro. Por eso, mostrando su talento diplomático, buscó una intermediaria perfecta: Mary Gloucester. Mary era, se mirase por dónde se mirase, la persona ideal para rogarle a Prinny que garantizase a la cuñada Victoria y a baby Drina el uso de los apartamentos en Kensington Palace que en su día se habían asignado a Edward de Kent. Puesto que eso no resultaba demasiado pedir, y encima la petición la formulaba Mary, Prinny aceptó.

Fue todo lo que Prinny hizo para facilitarle las cosas a Victoria Coburgo duquesa de Kent. Le tocó a Leopold abonar el alquiler pendiente del cottage cerca de Sidmouth y, tras las exequias del duque de Kent, pagar el traslado a Londres de su hermana Victoria, sus sobrinas Feodora y Drina y todos los miembros de la casa de la duquesa de Kent. Leopold, en años posteriores, resaltaría en miles de ocasiones que él había sido el punto de referencia de Victoria y de Drina, porque, sin él, hubieran caído en un penosísimo abandono por parte de la familia paterna. Eso es cierto, pero con matices. Desde luego, es cierto que la familia paterna se desentendió de la duquesa y de su hija, pero es que Prinny seguía sin querer aceptar que la niña Drina iba a ser un día reina de Inglaterra.

La actitud de Prinny hacia Drina incidiría bastante en la propia vida de Feodora, así que tal vez sea conveniente explicarla. Prinny dejó de ser Prinny y pasó a ser George IV el 29 de enero de 1820, si bien la coronación, siguiendo la pauta tradicional, se conmemoró con todo el esplendor en Westminter Hall en el verano de 1821. En el momento en que ascendió al trono, George IV dejó claro que no pensaba reconocer el papel de reina consorte a su rechazada esposa Caroline, que había pasado los años anteriores llevando una existencia un tanto escandalosa en el Continente. Caroline, todo sea dicho de paso, tendría el "detallazo" de morirse pocos días después de la coronación de George IV de la que había sido deliberada y humillantemente excluída. Falleció por tanto en 1821, el día 7 de agosto, y el nada afligido viudo George IV seguramente lo consideró el mejor regalo de cumpleaños que jamás le habían hecho, porque coincidió que alcanzó la edad de cincuenta y nueve años el 12 de agosto. Evidentemente, George IV ya estaba cerca de convertirse en sexagenerio, pero tan providencial viudez le dejaba en libertad de volver a casarse con cualquier mujer en edad fértil.

Frederick duque de York, su heredero presumible, también estaba viudo desde agosto de 1820. La muerte de su mujer Frederica Charlotte le había dejado asimismo en libertad de contraer nuevas nupcias y procrear.

Pero aún dando por sentado que no habría segundos casamientos prolíficos para George y Frederick, estaba William de Clarence, Silly Billy. Recordemos que Adelaide había dado a luz en Hanover en marzo de 1819 a la pequeña Charlotte que apenas duró unas horas. Meses después, embarazada de nuevo, había emprendido con su marido viaje a Inglaterra decidida a dar a luz allí igual que había hecho su concuñada Kent. Adelaide corrió peor suerte, porque sufrió un aborto tardío o parto prematurísimo de un varoncito muerto entre Dunkerke y Calais. Pero cuando George IV ascendió al trono en enero de 1820, Adelaide seguía empeñada en ser madre. Volvió a embarazarse con gran prontitud, ya que diciembre de 1820, cuando el duque de York ya era viudo pero Prinny aún no, Adelaide dió a luz una niña.

Ahí Prinny demostró toda su animosidad hacia Victoria Coburgo duquesa de Kent. Por designio suyo, la pequeña de los Clarence fue presentada oficialmente como la princesa Elizabeth Georgiana Adelaide. El último nombre era el de la mamá, pero los dos primeros, Elizabeth Georgiana, eran indudablemente nombres elegidos para una reina de Inglaterra. No cabe duda de que, mirando a su pequeña Drina, la duquesa de Kent debió revivir en su interior la bochornosísima escena del debate por sus nombres ante la misma pila bautismal.

Mientras vivió Elizabeth Georgiana Adelaide, Drina fue sólo la cuarta en orden de sucesión. Delante de ella estaban el duque de York, el duque de Clarence y la niña Clarence. Es cierto que Elizabeth se malogró en tres mesecitos, falleciendo en medio de terribles convulsiones en marzo de 1821. Pero cuando en verano de 1821 Prinny se coronó y enviudó de Carolina, podía contar: con tener él mismo algún hijo, con que Frederick de York se casase y tuviese algún hijo y, no menos probable, con que los Clarence tuviesen una nueva criatura y esa vez no se echase a perder en la tempranísima infancia.

Drina era simplemente "una eventualidad". No una certeza, como parecían creer en el entorno Kent. Por eso, cuando lord Liverpool, el primer ministro, le rogó que estableciese algunas provisiones económicas para aquella Drina tan cercana al trono, George IV se negó en redondo, pronunciando una frase demoledora: "Su tío Leopold es lo bastante rico para ocuparse de ella". La frase era demoledora precisamente porque trasladaba la impresión de que la niña Kent era un asunto de los Coburgo, no un asunto de los Hanover ni menos aún de Inglaterra.


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