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 Asunto: LOS STUART DE ESCOCIA EN EL TRONO DE INGLATERRA
NotaPublicado: 24 Feb 2008 20:11 
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Elizabeth I, ya anciana y achacosa, con la muerte asomándose por encima de su hombro, presta a llevársela.


Richmond Palace, Inglaterra.
24 de marzo de 1603.


Recien estrenado el siglo XVII, en la fecha y lugar señalados, fallece, tras un largo y próspero reinado, Elizabeth I. Nunca se había casado, no dejaba ningún hijo, por tanto era la última de los Tudor. Su muerte deja, como nuevo soberano de Inglaterra, a un hombre que ya ocupaba el trono de Escocia: James.


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NotaPublicado: 24 Feb 2008 20:51 
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James llevaba intitulándose rey James VI de Escocia desde que contaba apenas un año de edad. Por supuesto, estuvo sometido a regentes hasta que alcanzó su mayoría de edad (doce años) e incluso después de haberla alcanzado necesitó tres años para hacerse firmemente con el poder.

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James niño.

Si se consideraba el asunto seriamente, no había empezado a ejercer la soberanía de forma plena hasta que contaba quince años.

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James.

Ocho años más tarde, con veintitrés cumplidos, había escogido con tino a su consorte: la princesa Anne de Dinamarca, por entonces una quinceañera.

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James.

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Anne de Dinamarca, su consorte.

Cuando James VI de Escocia se transformó en James I de Inglaterra ya contaba treinta y siete años, mientras que Anne frisaba en los veintinueve. Su hijo Henry Frederick, que asumiría en adelante el flamante título de príncipe de Gales, tenía ya nueve años; su hija la princesa Elizabeth rondaba los siete años; su hijo Charles aún no había alcanzado los tres años. Un último retoño, Robert, hubiera sumado quince meses de edad por esas fechas, pero había muerto cuatro meses después de nacer, a principios de 1602. Por tanto, la familia real escocesa que acababa de convertirse en familia real británica constaba de cinco miembros, los padres con tres hijos.

Todos ellos dejaron atrás sus residencias escocesas: el castillo de Edimburgo; Holyrood también situado en la capital; el castillo de Stirling en la ciudad de idéntico nombre; el castillo Dunfermline y el palacio de Falkland en Fife, etc. A partir de entonces sus residencias estarían principalmente en territorio inglés: residirían en lugares que habían pertenecido a la antecesora Tudor, como Hampton Court, Whitehall Palace, Greenwich Palace, Richmond Palace o Hatfield Palace.

Era un curioso desenlace para una historia que venía de muy atrás, y ante el cual probablemente hubiera sonreído con deleite e ironía la difunta madre de James, la reina Mary de Escocia...


Última edición por Minnie el 24 Feb 2008 22:34, editado 3 veces en total

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NotaPublicado: 24 Feb 2008 21:19 
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Mary Stuart.

Mary Stuart había sido prima, pero también enemiga irreconciliable, de Elizabeth I. Se trataba de una lucha a cara de perro, aunque a veces camuflada tras el intercambio de hipócritas y melosas cartas, por el poder, tanto en Inglaterra como en la propia Escocia.

En una época temprana de su vida, cuando aún era la esposa adolescente del también adolescente rey Francis II de Francia, Mary había usado no sólo el título de reina de Escocia sino también el título de reina de Inglaterra e Irlanda. La católica Mary se basaba en el hecho de que, de los hijos del rey Henry VIII de Inglaterra, sólo dos habían nacido en legítimo matrimonio: Mary, hija de Catherine de Aragón, y Edward, hijo de Jane Seymour. En virtud de la prevalencia masculina, Edward había sucedido al padre bajo el nombre de Edward VI. Al fallecer prematuramente, sin haber engendrado herederos, la corona pasaba, por lógica dinástica, a Mary I. Pero ocurría que Mary I tampoco había logrado concebir en su matrimonio con Felipe II de España. Así pues, fallecida Mary se planteaba la cuestión sucesoria.

La mayoría de los ingleses no habían vacilado: debía ocupar el trono Elizabeth, hija de Henry con su segunda mujer, Anne Boleyn. Elizabeth ocuparía el vacío que habían dejado sus medio hermanos con sus fallecimientos. Pero había muchos ingleses, todavía fieles católicos romanos, que no admitían la legitimidad de Elizabeth: para esa gente, Catherine de Aragón había sido la reina indiscutible hasta su muerte, ya que no reconocían el divorcio decretado a petición de Henry, ni el posterior matrimonio de él con una Anne Boleyn. Desde tal perspectiva, Elizabeth carecía de derechos porque se trataba de una bastarda.

Mary, la escocesa, se subió a ese carro. Si se descartaba a Elizabeth, la corona le correspondía a ella misma, porque la madre de su padre había sido Margaret Tudor, la mayor de las dos hermanas de Henry VIII, hija al igual que éste de Henry VII con Elizabeth de York.

Elizabeth jamás perdonó a Mary que la hubiese cuestionado para arrebatarle "su" reino. A modo de revancha, trabajó en la línea de incrementar su influencia en el reino escocés, utilizando el camino de la religión. Los escoceses católicos podían apoyar, en principio, a Mary, pero los escoceses protestantes, generosamente subvencionados por Elizabeth, provocarían constantes roces y estarían dispuestos a aprovechar todos los errores que cometiese aquella soberana que había vuelto a su país natal después de haber permanecido largos años en territorio francés.

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Mary Stuart.

Los errores de Mary vinieron principalmente determinados por el fracaso de su matrimonio. Se había casado con Henry Darnley, un guapo mozo, pero vanidoso, presuntuoso y ansioso por reafirmarse a sí mismo dominando a su esposa. Los problemas matrimoniales estaban latentes, pero eclosionaron a raíz de que Darnley, cuando Mary se encontraba en avanzado estado de gestación, asesinase en su presencia al secretario de ésta, el italiano David Rizzio, con quien las malas lenguas le atribuían un romance extraconyugal a la apasionada soberana. Mary no lo perdonó y esperó el momento de desquitarse. Tras dar a luz a su hijo James, Mary ya se hallaba embarcada en una relación casi obsesiva con James Patrick Hepburn, conde Bothwell, casado con una Gordon, Jean. En esa tesitura, los acontecimientos se precipitaron: un Darnley enfermo fue trasladado del castillo a una casita en la ciudad que enseguida saltó por los aires debido a una gran explosión de pólvora, el asesinato se atribuyó a Mary y a Bothwell, éstos dieron todavía más cuartos al pregonero al casarse tras el expeditivo divorcio de él...en fín, que se plantaron las semillas para una rebelión a gran escala.

En plena contienda civil, Mary trató de salvarse poniendo rumbo a Inglaterra. Esperaba que su prima Elizabeth prefiriese ayudar a una reina ungida (la clásica solidaridad entre monarcas, basada en la conciencia de pertenecer a una casta especial sacralizada) antes que dejarla a merced de los vasallos rebeldes. Pero las cosas no salieron así: Mary fue recibida en territorio inglés, pero confinada bajo una fuerte custodia. Al cabo de un tiempo, resultó que estaba implicada o al menos servía de inspiración en conspiraciones que pretendían reemplazar a Elizabeth por Mary. El resultado no se hizo esperar: Mary de Escocia, condenada a muerte, fue decapitada el ocho de febrero de 1587, con cuarenta y cuatro años de edad, en el castillo
Fotheringhay, en Northamptonshire.


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NotaPublicado: 24 Feb 2008 21:37 
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No dejaba, pues, de haber algo profundamente irónico en el hecho de que el único hijo de Mary Stuart heredase a Elizabeth. A fín de cuentas, los derechos de él devenían de que tenía por madre a una mujer que había perdido literalmente la cabeza precisamente porque estaba en la línea inmediata de sucesión al trono.

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James I, miniatura de Nicholas Hilliard.

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James I, retrato de la época.

Por otro lado, si para los católicos Mary representaba poco menos que una mártir de la fé (había sido una víctima de la bastarda protestante Elizabeth), James, en cambio, se presentaba, en materia religiosa, dentro de la iglesia reformada, no de la tradición papista romana. El pastor calvinista John Knox, el mismo que había dedicado largos y encendidos sermones a poner de ejemplo de todos los vicios y crímenes a la reina Mary, había pronunciado el sermón en la ceremonia de coronación escocesa de James cuando éste contaba trece meses de edad. El niño, por decisión de sus regentes, creció dentro de la iglesia reformada escocesa, es decir, dentro del protestantismo. No obstante, el James adulto que llegó a Inglaterra pensaba que podía gobernar para protestantes pero con plena tolerancia hacia los católicos: bastante daño había causado en el siglo anterior la división religiosa.

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Anne de Dinamarca.

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Anne de Dinamarca, retrato de corte.

Otro asunto era dilucidar el credo de su esposa, Anne de Dinamarca. Formalmente protestante, pero con fuertes tendencias hacia el catolicismo, proliferaban los rumores sobre contínuos cambios de religión. Al final, el mismo Papa declararía que no sabría decir si la reina Anne había sido o no católica: el misterio quedaba ahí para que lo esclareciese Dios.


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NotaPublicado: 24 Feb 2008 22:08 
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Valorar a James y Anne como matrimonio resulta igual de complejo que determinar cuáles fueron las profundas creencias religiosas de la soberana...

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James y Anne jóvenes.

El principio había sido extraordinariamente romántico, quizá uno de los inicios más románticos en la historia de los matrimonios concertados por motivos de conveniencia. Anne se había casado con James por poderes, en una ceremonia que tuvo lugar en el castillo de Kronborg y en la que el noble escocés George Keith representó a su señor soberano. Una vez celebrada la boda, la muchacha fue rápidamente introducida en un buque que debía conducirla de Dinamarca a Escocia. Pero una climatología revuelta, bastante inclemente, provocó que el barco de la princesa debiese buscar puerto seguro al poco de haber iniciado su singladura; lo encontraron en una localidad costera noruega, desde la cual se trasladaron a Oslo.

James aguardaba a su novia en el Firth of Forth, cuando se le informó de lo ocurrido y se le indicó que los daneses aguardarían a que concluyese el borrascoso otoño para reiniciar la travesía. Eso significaba esperar a Anne durante meses, algo que él no tenía en absoluto intención de hacer. En un gesto inesperado, el monarca escocés se subió a uno de sus mejores navíos y ordenó poner rumbo hacia Noruega. La princesa Anne sencillamente tuvo que quedarse alelada cuando el rey James se presentó un día en Oslo, cubierto de polvo y barro, pero con una sonrisa de oreja a oreja, para darle un beso a la usanza escocesa. Los dos pudieron conmemorar sus esponsales en una iglesia de Oslo e incluso se acercaron a Kronborg en Elsinore a saludar a la madre y al hermano rey de la novia, antes de desplazarse a Coppenhague para no perderse la boda de la hermana mayor de Anne, Elizabeth, con un duque de Brünswick. Luego, juntos y satisfechos, emprendieron el viaje a Escocia, el país de él, el país al cual debía adaptarse ella.


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NotaPublicado: 24 Feb 2008 23:46 
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Ese entusiasmo inicial, que parecía tan promisorio, se consumió pronto. Anne, demasiado joven, se encontraba sola y aislada, bajo una presión constante porque no lograba concebir un heredero. Dos años sin signos de embarazo hicieron mella en el ánimo de la reina, que se daba cuenta de que, aunque el rey se mostraba paciente y afectuoso, ya no estaba encandilado con la rubia danesa de tez marfileña. La falta de hijos, por otro lado, hizo que corriesen de nuevo de boca en boca los viejos rumores acerca de la preferencia por los muchachos de James. Quizá para demostrar su hombría de nuevo, él se lanzó a un ardiente cortejo hacia lady Anne Murray. Ese romance del monarca no contribuyó precisamente a mejorar la relación conyugal con Anne.

Hubo un lapso de dicha en la vida de ella al quedarse encinta. Durante meses, extremó los cuidados y rezó con denuedo pidiendo un varón sano. Y, efectivamente, apareció un principito: Henry Frederick, nacido en febrero de 1594. Desgraciadamente, el bebé provocó una nueva brecha entre sus padres. Siguiendo la tradición de los Stuart, James se empecinó en enviarlo a que se criase en el castillo de Stirling bajo la tutela efectiva del conde de Mar, John Erskine. Por mucho que eso fuese lo que se esperaba, pues se mantenía una pauta trazada a lo largo de siglos, Anne se lo tomó fatal: quería conservar a su bebé, le angustiaba la idea de que lo criase la esposa de Erskine lady Mary sólo por cumplir con una vieja costumbre de los Stuart. Anne buscó el apoyo de John Maitland de Thirlestone, el canciller: le constaba que éste no estaba en buenos términos con Erskine de Mar, pero, además, la mujer de Maitland, Jean, figuraba entre las damas preferidas de Anne. Hubo una sucesión de melodramáticas escenas en la corte, con la reina Anne clamando por el hijito que le habían arrebatado y asegurando que lo recuperaría para sí a cualquier precio. El rey James, mientras enviaba órdenes estrictas a Stirling para que Erskine no entregase al niño a nadie excepto al monarca si acudiese en persona, trató de someter a su mujer, a quien consideraba una histérica en ese punto crucial de la historia. Las actitudes cortantes y bruscas de James hicieron que Anne llorase en público a menudo. La presión psicológica derivó en que abortase un segundo bebé, lo que no mejoró para nada la situación del matrimonio.

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Anne.


Última edición por Minnie el 25 Feb 2008 01:17, editado 2 veces en total

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NotaPublicado: 25 Feb 2008 00:00 
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La desolación y la rabia de Anne por verse privada de Henry Frederick no cedieron con la aparición de dos hijas, Elizabeth y Margaret, de las cuales esta última falleció enseguida. Un nuevo varón, Charles, llegó al mundo en 1600, pero tampoco constituyó un consuelo para la madre, que, de hecho, estaba convencida de que ese niño no sobreviviría a la infancia puesto que mostraba una frágil constitución, una salud endeble. Charles fue tardío para echar los dientes, para empezar a andar y hasta para hablar: nadie le escuchó pronunciar palabra hasta su tercer cumpleaños. Robert, el siguiente niño, parecía infinitamente más prometedor, pero, ironía del destino, no superó los cuatro meses de vida.

En 1603, con la muerte de Elizabeth, James hubo de viajar rápidamente a Londres a tomar posesión de su herencia. Para la ocasión, se rodeó de un séquito magnífico que incluía a su buen amigo y vasallo el conde de Mar. Anne, al encontrarse sola con Elizabeth y Charles a su cargo, concibió el plan de protagonizar un sonado rescate de Henry Frederick, a quien hacía cinco años que no veía. Pero en Stirling estaban los familiares de Erskine, su enérgica madre y su resuelto hermano a la cabeza, que se negaron a permitir que la reina accediese con más compañía que dos damas a los aposentos del príncipe.

No obstante, Anne enseguida dispuso de una nueva carta que jugar. James necesitaba que ella viajase a Londres, para participar a su lado en la ceremonia de coronación; la soberana escuchó el requerimiento de su marido con semblante inexpresivo, pero a continuación envió una carta en dónde aseguraba que sólo se desplazaría llevando a su lado a su hijo Henry Frederick junto a los hermanos Elizabeth y Charles. A James no tenía un pelo de tonto: le constaba que sus nuevos súbditos y los reyes de otros países se hubiesen chanceado de él por los siglos de los siglos de no aparecer a tiempo su mujer en la coronación, así que ella se aprovechaba para chantajearle abiertamente. El rey cedió, pero nunca olvidaría que había tenido que ceder.

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Anne.


Última edición por Minnie el 25 Feb 2008 01:20, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: 25 Feb 2008 00:08 
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A partir de 1603, los ingleses se encontraron con

*Henry Frederick, príncipe de Gales:

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*Elizabeth, princesa real:

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*Charles:

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A esas alturas, entre James y Anne sólo quedaban resquemores entremezclados con una buena dosis de amargura. La reina había inflingido otra humillación al rey al negarse a tomar la comunión anglicana en la coronación (ella estaba en una de sus estapas de católica clandestina, para entonces), pero él enseguida se tomó el desquite mandando que sus tres hijos comúnes se estableciesen en diferentes "casas" del país. Anne, que había soñado con que a partir de entonces podría mantener a los niños consigo, se quedó hecha un guiñapo en términos emocionales. Todavía alumbraría dos hijas más: Mary y Sophia Stuart. Pero, para su infinita pesadumbre, ambas tuvieron existencias muy efímeras. Después de perder a Sophia, se decidió a cerrarle a cal y canto la puerta del dormitorio conyugal a James, que bebía escandalosamente y gobernaba con su nuevo favorito, Robert Kerr, convertido más tarde en primer duque de Somerset: se rumoreaba que existía un fuerte vínculo amoroso (los rumores de homosexualidad siempre habían acompañado y acompañarían a James).

Anne no tardó en abandonar Greenwich Palace e instalarse en Somerset House, una mansión que reacondicionó a su capricho. No vamos a decir que James era tacaño, pero sí que contaba cada moneda que gastaba, un rasgo que los ingleses encontraban absolutamente escocés: con el tiempo aprendería a despilfarrar para que sus nuevos súbditos no se burlasen de su roñosería, pero no le hacía ni pizca de gracia que Anne tirase el dinero a manos llenas para decorar con magnificiencia Somerset House.


Última edición por Minnie el 25 Feb 2008 02:02, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: 25 Feb 2008 01:02 
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El rey James.

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La reina Anne.

No faltaron, en los inicios de su reinado, momentos dramáticos. En 1605, se descubrió el denominado "gunplowder plot" o "conspiración de la pólvora". La conspiración, en la que representaba el papel ejecutor un católico llamado Guy Fawkes, pretendía volar por los aires, con explosivos, el Parlamento inglés, en el que debían encontrarse, en una solemne ceremonia, James y Anne. La idea no era facilitarle el acceso al trono al príncipe Henry Frederick, un muchacho criado como un auténtico presbiteriano por los Erskine de Mar, sino entronizar a la hermanita de éste, Elizabeth, de nueve años, que se encontraba en la abadía de Coombe (Warwickshire), de quien se esperaba poder hacer una buena reina católica de Inglaterra, Irlanda y Escocia.

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Elizabeth Stuart: hubo quien quiso hacerla reina.

El complot de la pólvora fracasó, pero causó una profunda desazón en la familia real y dejó huella en la memoria colectiva inglesa. Los conflictos religiosos volvían a proyectar sombras en el país, la ya vieja división entre protestantes y católicos se exacerbó porque los primeros consideraban a los segundos culpables de lo que había podido ocurrir.

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Henry Frederick, príncipe de Gales, duque de Cornualles, conde de Chester.

Las esperanzas de los protestantes se centraban en Henry Frederick, el hijo primogénito de James y Anne, aquel por el cual la madre había luchado tanto en vano. Henry Frederick permanecía en el norte del país, un muchacho apuesto y atlético, que se distinguía en la equitación y el manejo de la espada, pero que, asimismo, adquiría una sorprendente cultura (en especial teniendo en cuenta la falta de pretensiones intelectuales de sus padres, él bastante limitado, ella considerada una nulidad en ese terreno). Se le conocía por su estricta moral protestante y su sentido del decoro, en especial desde que había rechazado la propuesta paterna de negociarle una boda con una princesa francesa declarando que, en su opinión, protestantismo y catolicismo no debían compartir la cama. En conjunto, la gente consideraba que él traería consigo una profunda regeneración moral de la corte (por esa época, se criticaba en todo el país que el rey, para ayudar a su amigo -¿y amante?- Robert Kerr a casarse con la querida de éste, Frances Howard, esposa del conde de Essex, tratase de forzar a Essex a admitir un divorcio basado en una supuesta impotencia, todo un golpe al orgullo masculino del pobre hombre).

Pero Henry Frederick enfermó, repentinamente, a principios de noviembre de 1612, cuando se encontraba en el londinense St James Palace. Una fiebre tifoidea empezó a consumir al muchacho, enmedio de la consternación general. Sus últimas palabras ("¿dónde está mi querida hermana?") revelaron el intenso afecto que se sentía por Elizabeth, a quien había animado unas semanas antes a comprometerse en matrimonio con el príncipe germánico Frederick von der Pfalz, de religión protestante.

La muerte de Henry Frederick fue un verdadero shock para el país, dónde se rumoreó que había perecido envenenado (la gente sencillamente se negaba a creer en una muerte natural) e incluso se sugería que el veneno se le había administrado por mandato de su padre, celoso de la popularidad del hijo. Anne, la madre que había batallado contra viento y marea por la custodia de ese chico, no lograba sobreponerse a su angustia, hasta el punto de que hubo que prohibirle a los embajadores extranjeros que le presentasen las oportunas condolencias porque ella "no lo resistiría" y "se volvería loca de dolor mientras tantos le recordaban el fallecimiento del hijo".

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Anne en luto por Henry Frederick.


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NotaPublicado: 24 Abr 2008 14:47 
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Mensajes: 2152
Ubicación: Gualeguaychú
Pero qué interesantes estas páginas de la historia inglesa.
Hace poco vi por cable, un film acerca de James y Anna, con el gran actor inglés Robert Carlyle. Pero, veo que lo pintaban al príncipe jorobado, o rengo, no recuerdo bien. Pero era un príncipe iracundo y desagradable. Incluso mostraban la relación entre los cónyuges amarga y tirante, sí, pero daban a entender que Anna finalmente se dejaba seducir por el poder adquirido por su marido.


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 Asunto: Re: LOS STUART DE ESCOCIA EN EL TRONO DE INGLATERRA
NotaPublicado: 23 Feb 2014 21:33 
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Registrado: 17 Feb 2008 22:02
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Ubicación: ESPAÑA
Este tema está de total actualidad con el eventual ascenso al trono escocés de nuestra Cayetana (grin)

Est semana he visto en The Show Culture un reportaje maravilloso sobre Bonnie Prince Charlie y entonces he recordado que vi otro no hace mucho también en la BBC sobre Holyroodhouse que me chifló y deprimió a partes iguales por la vida que nos llevó la pobre Mary y que felizmente he encontrado en youtube.

The Queen's Palaces. Holyroodhouse
PART I



PART II


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 Asunto: Re: LOS STUART DE ESCOCIA EN EL TRONO DE INGLATERRA
NotaPublicado: 23 Feb 2014 22:08 
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Registrado: 17 Feb 2008 22:02
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Ubicación: ESPAÑA
Por si alguien tiene acceso al iPlayer de la BBC. Solo estará unos días. Una maravilla.


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