Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

Nuevo tema Responder al tema  [ 133 mensajes ]  Ir a página 1, 2, 3, 4, 5 ... 12  Siguiente
Autor Mensaje
 Asunto: VICTORIA I (DINASTÍA: HANNOVER).
NotaPublicado: 27 Feb 2008 23:09 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 20:47
Mensajes: 17069
Tema para la reina-emperatriz Victoria I, la más longeva de los monarcas, que marcó toda una época y cuya herencia genética conforma el actual panorama de la realeza europea...

Imagen


Última edición por Minnie el 28 Feb 2008 17:57, editado 2 veces en total

Arriba
 Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: 27 Feb 2008 23:23 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 20:47
Mensajes: 17069
LOS ANTECEDENTES

Al iniciarse el mes de noviembre del año 1817, Inglaterra tenía un rey relegado de su poder y prácticamente confinado porque se había declarado oficialmente su insania, es decir, las frecuentes crisis de locura que le impedían actuar por su cuenta: George III. La esposa de George III, la virtuosa y sensata reina Charlotte, se ocupaba, principalmente, de atender a ese marido a quien la porfiria, una enfermedad hereditaria de los Hannover, había arruinado la salud casi por completo a partir de 1788. En esas circunstancias, el hijo mayor de George III y Charlotte, George príncipe de Gales, tenía encomendada la regencia de sus dominios.

George príncipe de Gales, a quien los ingleses solían denominar "Prinny", no llevaba precisamente una vida modélica. Rodeado de petimetres que hacían de la elegancia en el vestir una especie de religión, había dedicado buena parte de su tiempo a los grandes banquetes, las fiestas extravagantes, el juego (acumulaba deudas impresionantes) y las mujeres.

Imagen
George príncipe de Gales, "Prinny", destinado a convertirse con el tiempo en el rey George IV.

Corría por doquier el rumor de que en su primera juventud había vulnerado abiertamente el "Acta de Sucesión" al casarse en secreto con una católica, Mary Anne Fitzherbert. En todo caso, esa unión se habría anulado con gran discreción para que George pudiese contraer un matrimonio apropiado desde el punto de vista dinástico con su prima Caroline de Brunswick.

Imagen
Caroline de Brunswick.

En el repertorio de matrimonios concertados por la realeza en el transcurso de siglos, uno de los más desastrosos, se mire por dónde se mire, es, sin duda, el que se celebró entre George y Caroline. Nada más verla, George supo que no sólo no le complacía mirarla sino que no podría experimentar ni un ligerísimo vestigio de atracción puramente erótica hacia aquella muchacha no demasiado bonita, entrada en carnes, que prestaba poca atención a la higiene personal. Se dice que, tras la ceremonia y el banquete, a la hora de pasar a la alcoba para consumar el vínculo, George pidió suficiente alcohol para nublarse por completo la cabeza. Sólo en estado de embriaguez logró meterse en la cama con su reciente esposa. Y sólo se produjeron dos actos sexuales entre ellos antes de que el príncipe declarase que no quería convivir con la princesa. Por suerte para la dinastía, una de esas breves e insatisfactorias cópulas derivó en la concepción de un bebé. Nació niña y se le impuso el nombre de la orgullosa abuela paterna: Charlotte.

La pequeña Charlotte suscitó un profundo y tierno amor en el pueblo británico, que lamentaba la situación en que se veía la niña. "Prinny" había alejado de su lado a Caroline, que, sin embargo, lograba hacerse querer por la gente de a pié. El príncipe tarambana y derrochador, que en sus años mozos había mantenido sonados idilios con la actriz Mary ("Perdita") Robinson, Grace Darrymple Elliot o Frances Twysden Villiers condesa de Jersey, a la vez que daba la "falsa campanada" con la católica señora Fitzherbert, volvía tras su separación a demostrar su capacidad para buscarse líos de faldas. Justo después del monumental escándalo que se produjo con la disputa por la custodia de Charlotte entre los padres y que había derivado en que la niña fuese entregada a la tutela de los abuelos paternos, George emprendería una nueva relación con lady Isabella Seymour-Conway, marquesa de Hetford.

Charlotte creció dividida entre sus dos progenitores que peleaban a cara de perro y se hizo evidente que había que casarla para garantizar el futuro de la monarquía. Hubo un intento de unirla al príncipe Willem de Orange, partido que, en principio, no le desagradaba a la muchacha; pero la intervención de una gran duquesa rusa de visita en territorio inglés, Catherine Paulovna, que acababa de perder a su esposo George de Oldenburg y estaba tonteando por su cuenta con Willem, hizo que Charlotte declarase que de ninguna manera pensaba casarse con "Silly Billy", a quien tendría que seguir a Holanda. Huyendo de su padre George, Charlotte buscó amparo en su madre Caroline: esa novia a la fuga originó una enorme simpatía a nivel popular. Luego, llegó el romance que la encumbró definitivamente: el apuesto Leopold de Saxe-Coburg-Gotha se convirtió en su marido con la plena aquiescencia de los británicos, encantados ante el idilio y posterior boda.

Imagen
Charlotte, la princesa amada.

Pero fue una felicidad efímera. Después de un primer embarazo que concluyó en aborto, Charlotte se encontró encinta por segunda vez. El parto se aguardaba con verdadero interés, como si de ese bebé que estaba aún en el útero materno dependiese por entero la felicidad de toda la nación. A principios de noviembre de 1817, la princesa Charlotte experimentó las primeras contracciones y rompió aguas en su mansión de Claremont. Leopold, que estaba a su lado, mandó llamar al obstetra elegido para la ocasión, Sir Richard Croft. Al principio, parecía que el alumbramiento seguía su curso; con el discurrir de las horas, el médico comprendió que lo que había en camino era una criatura bastante grande y posiblemente atravesada, que la parturienta, con sus empujones, no lograba hacer avanzar. En última instancia, a medida que se debilitaba la parturienta y se veía que no había ninguna evolución positiva, se decidió usar forceps. El niño, enorme, nació muerto, en tanto que una terrible hemorragia robaba la vida a Charlotte. Leopold estaba horrorizado: cincuenta horas de sufrimiento de su mujer habían concluído con un niño grande pero asfixiado en el proceso y con el fallecimiento al cabo de cinco horas de la desdichada madre. Inglaterra entera se sumió en una fuerte conmoción que cedería lugar a un duelo nunca visto con anterioridad por la princesa Charlotte.


Última edición por Minnie el 28 Feb 2008 18:34, editado 1 vez en total

Arriba
 Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: 28 Feb 2008 18:29 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 20:47
Mensajes: 17069
TRONO NECESITADO DE HEREDEROS...O HEREDERAS

Imagen
Retrato en miniatura, con marco enjoyado, de la reina Charlotte, consorte de George III, madre de George "Prinny" príncipe de Gales y abuela de la joven Charlotte de Gales muerta al dar a luz.

La reina Charlotte se quedó destrozada. Había amado profundamente a su nieta homónima, la que concitaba las esperanzas hacia el futuro de la casa real; ahora, aquella muerte dramática resultado de un parto difícil no bien resuelto por el prestigioso obstetra elegido para supervisarlo les ponía a todos en un brete.

Para la reina Charlotte se hacía particularmente duro considerar que ella, a fín de cuentas, había proporcionado a la nación nada menos que QUINCE retoños incuestionablemente legítimos, de los cuales TRECE habían alcanzado edad adulta (superando el peligro que representaba la elevada tasa de mortandad infantil). De los trece, dábase la circunstancia de que SIETE pertenecían al sexo masculino:

*George, el príncipe heredero apodado "Prinny".
*Frederick, duque de York.
*William, duque de Clarence.
*Edward Augustus, duque de Kent.
*Ernest Augustus, duque de Cumberland.
*Augustus Frederick, duque de Sussex.
*Adolphus, duque de Cambridge.

Se diría que semejante colección de príncipes en edad adulta tendrían que haber garantizado con creces la continuidad dinástica, con un amplio surtido de hijos e hijas en edades diversas. Pero no había ocurrido lo previsible, sino todo lo contrario:

*George de Gales sólo había tenido en su matrimonio con Caroline a la Princesa Charlotte.

*Frederick de York llevaba años separado de su esposa la princesa Frederica Charlotte de Prusia, en quien no había engendrado ningún bebé. A esas alturas de la historia, entraba dentro de lo absolutamente improbable que Frederica abandonase su excéntrico retiro en Oatlands Park para volver a vivir en Rutland House con Frederick; pero aunque lo hiciese, no habría ningún bebé milagro ya que ella había alcanzado, a sus cincuenta años, la menopausia. Frederick había tenido, con su nutrida cohorte de amantes, varios hijos ilegítimos. Pero los hijos ilegítimos no contaban.

*William de Clarence estaba soltero. Llevaba muchos años conviviendo con su amante, la actriz Dorothy Jordan, que le había dado nada menos que diez hijos. Pero los hijos ilegítimos no contaban.

*Edward de Kent estaba soltero. Llevaba muchos años conviviendo con su amante, la emigrada de orígen francés Julie de Saint-Laurent, de la que no tenía hijos (y si los hubiese tenido, la bastardía les hubiese privado de derechos en cualquier caso).

*Ernest de Cumberland se había casado dos años atrás con la princesa Frederica de Mecklenburg-Strelitz. La reina Charlotte se había opuesto rotundamente al enlace, a pesar de que la mencionada Frederica era su sobrina carnal. La pésima reputación de Frederica, viuda ya dos veces, de los príncipes Louis de Prusia y Friedrich Wilhelm de Solms-Braunfels, horrorizaba a su tía Charlotte. Aunque la boda se había celebrado, la pareja vivía en la lejana Hannover precisamente por designio de la reina Charlotte. Pero Frederica era evidentemente fértil, pues había tenido ocho hijos en sus dos primeros matrimonios, aparte de dos bebés muertos nada más nacer con Ernest.

*Augustus de Sussex estaba oficialmente soltero, ya que el Parlamento había anulado su matrimonio, contraído fuera de lo que dictaba el Acta de Matrimonios Reales, con lady Augusta Murray. Sin embargo, por entonces el príncipe seguía viviendo con lady Augusta, madre de unos hijos que tampoco se podían tomar en consideración en la sucesión al trono.

*Adolphus de Cambridge estaba soltero.

El panorama resultaba desolador. A su pesar, la reina Charlotte hubo de admitir que el Parlamento tenía razón para poner el grito en el cielo acerca de la "intolerable conducta" de aquellos príncipes. Se les habían asignado propiedades y rentas anuales, pero siempre estaban endeudados hasta las cejas porque les gustaba vivir por encima de sus posibilidades reales; para colmo, no cumplían el deber principal que se les atribuía: casarse honorablemente, sobrellevar con dignidad sus matrimonios y procrear hijos e hijas con las esposas.

Ahora, el Parlamento se expresó de nuevo con meridiana claridad. No íban a sostener a unos zánganos derrochadores que ni siquiera sabían engendrar herederos. En adelante, el que quisiese peces tendría que mojarse el trasero, pues sólo se garantizaría el abono de deudas e ingresos más acordes con el estilo de vida a los que se casasen dentro de las pautas marcadas por el Acta de Matrimonios Reales y con el buen propósito de tener descendencia...


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: 28 Feb 2008 23:06 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 20:47
Mensajes: 17069
LA GRAN CARRERA MATRIMONIAL

Tres bodas, tres, saldrían de la perentoria necesidad de asegurar la sucesión. George de Gales aún mantenía la esperanza de poder divorciarse de su Caroline de Brunswick, contraer segundas nupcias y quizá proveer los ansiados herederos; pero no se podía apostar a esa carta de la baraja, así que había que multiplicar las jugadas.

Es importante señalar que, en este punto, muchos metían la cuchara en el puchero y entre ellos figuraba el viudo de Charlotte, Leopold.

Imagen
Leopold de Saxe-Coburg.

Seguía viviendo el Claremont House, sin haber perdido el derecho a una asignación anual garantizada en sede parlamentaria de cincuenta mil libras; los ingleses no íban a regatearle simpatía ni respeto a aquel príncipe que había llegado al reino para hacer feliz a una princesa que había tenido una triste infancia a causa de las venenosas relaciones entre sus separados padres. Leopold procedía de una familia que estaba buscándose desde hacía tiempo una notable progresión hacia arriba en el escalafón dinástico: originariamente, los Saxe-Coburg de los que provenía por vía paterna no tenían apenas relevancia en el esquema de las numerosísimas dinastías germánicas, en tanto que la madre había sido en principio una simple condesa palatina. Pero esa simple condesa tenía ambición y empuje, viéndose muy reforzada por la actitud igualmente comprometida con el porvenir de la familia del hijo primogénito, Leopold. La boda de Leopold con Charlotte había representado el culmen, si bien otra hija, Juliane, había tenido ocasión de ingresar años antes en la familia imperial rusa al casarse con un verdadero gran duque: el matrimonio había sido desastroso desde el principio, concluyendo en un escandalosísimo divorcio tras el cual ella se instaló con su amante en territorio suizo.

Leopold contaba con que en una de las bodas se favoreciese a su casa. William de Clarence era el príncipe con mejores opciones de alzarse con el premio gordo en la lucha por la sucesión: si su hermano mayor George no tenía hijos legítimos, la corona pasaría a Frederick duque de York, también sin descendencia, por lo que a él le correspondería en un futuro el trono; y dado que había demostrado su potencia engendradora haciéndole diez hijos a su querida actriz, parecía evidente que llenaría las nurseries de palacio en cuanto se metiese en la cama con una princesa en edad fértil. Pero el príncipe de Gales, George, que no simpatizaba en exceso con su yerno Leopold, frustró esa posibilidad de antemano "orientando" a su hermano Willy hacia una princesa de Saxe-Meiningen: Adelaide.

Tras William, estaba en la línea de sucesión Edward Augustus de Kent. Siempre cabía la posibilidad de que William y su Adelaide fracasasen: había mujeres que no tenían hijos o que tenían hijos que sucumbían a la tasa de mortalidad infantil. Edward Augustus no contaba con demasiadas probabilidades considerando el historial de Willy y valorando la edad fértil de Adelaide, pero todo podia pasar. Leopold se dedicó a persuadir a Edward de que, más que una joven virgen, le convenía una mujer en el apogeo de la madurez que ya había demostrado fehacientemente su facilidad para concebir y alumbrar. Él tenía a una candidata perfecta, aseguró: su propia estimada hermana Victoria, viuda del príncipe Carl de Leiningen, de quien habían quedado dos hijos, Carl y Feodora.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: 02 Mar 2008 11:47 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 20:47
Mensajes: 17069
EDWARD AUGUSTUS DUQUE DE KENT

*El príncipe duque aún niño:

Imagen

*El príncipe duque ya adulto:

Imagen

Edward había tenido una trayectoria más bien discreta. Cuando aún se hallaba en su primera juventud, sus padres, los reyes George III y Charlotte, habían barajado la opción de enviarle a la universidad de Göttingen, pero, al final, se habían decantado por proporcionarle un entrenamiento militar. Junto con su tutor, el barón Wagenheim, había iniciado su preparación castrense en Lüneburg y Hannover; después de una breve temporada en Génova, su primer destino en calidad de oficial lo había integrado en el séptimo regimiento de fusileros acantonado en Gibraltar. Demasiado rudo y estricto, no se ganó precisamente la simpatía de los hombres que estaban bajo su mando ni en Gibraltar ni durante una posterior expedición a Canadá. Cuando regresaron a Gibraltar desde Canadá, se le elevó a la categoría de gobernador del peñón pero la situación empeoró paulatinamente: llegó a producirse un motín de la soldadesca que hizo que el hermano mayor, Frederick duque de York, en esa época comandante en jefe del ejército británico, le llamase a capítulo para pedirle aclaraciones y exigirle responsabilidades. Aunque formalmente retuvo el cargo de gobernador gibraltareño y se le otorgó el rango de mariscal de campo, no se le permitió retornar con sus descontentas tropas sino que se le mantuvo "en casa".

Edward no tenía un pelo de tonto: comprendió que, en adelante, sólo le proporcionarías títulos honoríficos, vacíos de contenido. La idea resultaba frustrante para un hombre en plena madurez, pero se consoló dedicándose a mantener un ritmo de vida que sus recursos económicos no le permitían sostener. Junto a él permanecía su encantadora amante, Julie de Saint-Laurent, que había reemplazado a la antecesora Adelaide Dubus y que conservaría su puesto a lo largo de décadas. Puede que Edward no le fuese estrictamente fiel a Julie, pero sus canas al aire no causaron ningún estrago en una relación que se consolidó con el paso del tiempo.

A los cincuenta años cumplidos, parecía impensable que Edward diese un giro brusco a su existencia. Pero la muerte de su sobrina Charlotte de Gales le llevó en una dirección que no había pensado tomar jamás. Llamado al orden por su familia, con el señuelo de que los parlamentarios aceptarían pagar sus deudas y revisar al alza su asignación anual si cumplía como príncipe, se dejó persuadir por el viudo de Charlotte, Leopold, de que necesitaba a su lado a una verdadera princesa que era asimismo una mujer hecha y derecha que ya había demostrado su fertilidad. Edward marchó entonces a Amorbach, en Leiningen, para solicitar la mano de Victoria de Saxe-Coburg-Saalfeld, princesa viuda de Leiningen.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: 02 Mar 2008 12:30 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 20:47
Mensajes: 17069
VICTORIA DE SAXE-COBURG-SAALFELD

Imagen

Victoria (cuyo nombre de pila completo era en realidad María Luise Viktoria) tenía, en 1818, treinta y dos años de edad. Ya no se trataba de una jovencita que pudiese llenarse la cabeza de pájaros para echarlos a volar: había adquirido plena conciencia, años atrás, de que no representaba ni más ni menos que un bonito peón enjoyado en el tablero de las alianzas ventajosas para su familia de orígen. La madre, Augusta Caroline Reuss von Ebersdorf, una simple condesa palatina que se había casado con el insignificante duque Franz Frederick Anton de Saxe-Coburg-Saalfeld, había puesto su considerable astucia al servicio de una tarea de gran envergadura: encontrar las mejores alianzas para sus numerosos retoños.

En ese sistema de chalaneo matrimonial, a Victoria le había tocado un enlace que, en principio, no podía resultar nada atrayente para una agraciada y pizpireta muchacha. En 1801, cuando Victoria contaba quince apetecibles años, el príncipe Carl de Leiningen, de treinta y ocho cumplidos, se quedó viudo de su primera mujer, Henrietta Reuss von Ebersdorf. Dábase la circunstancia de que Henrietta había sido una hermana menor de Augusta Caroline, la madre de Victoria. Ésta enseguida aprovechó la coyuntura para negociar con su cuñado un casamiento que le convertiría en su yerno: Carl desposó a Victoria en Coburgo, un frío día de diciembre de 1803.

Como era de esperar, Victoria no encontró ninguna alegría en su vida conyugal con el hasta entonces "tío Carl". No se trataba de un hombre inteligente ni cultivado, más bien tenía los modos de un patán y se dedicaba principalmente a acumular deudas de juego. Las francachelas de Carl salían demasiado caras, poniéndoles siempre al borde de la bancarrota, por decirlo en pocas palabras. Victoria hubo de encargarse de economizar, tratando de sacar el máximo rendimiento a su no muy generosa asignación anual. A los cuatro años de la boda, les nació una niña, bautizada Anna Feodora Auguste Charlotte Wilhelmine, a la que siempre se denominaría por su segundo nombre -Feodora- y entre sus allegados con el diminutivo Fidi. Carl, que esperaba un varón, no se tomó el nacimiento de Fidi con alegría; de hecho, ni siquiera se molestó en ponerle al mal tiempo buena cara, para gran bochorno de Victoria. Al cabo de dos años, sin embargo, llegó el ansiado heredero: Carl Friedrich Wilhelm Emich. Fidi tenía siete años y Carl cinco cuando murió el padre de ambos, Carl de Leiningen: tras su entierro, bastante lúgubre, empezaron a salir acreedores hasta de debajo de las piedras.

Victoria le echó "un par de narices" a la situación, por expresarlo en términos coloquiales. Establecida con sus niños en Amorbach, luchó bravamente por equilibrar el balance de ingresos y gastos mientras se encargaba de ir saldando las deudas de su difunto marido. En esa tesitura, Victoria contó con ciertas ayudas de su familia, más específicamente de sus hermanos: su hermano Ferdinand acaba de casarse en Viena con la princesa húngara Antoinette Koháry de Csábrág, la heredera de la mayor fortuna de la época, en tanto que su hermano Leopold no tardaría en dar la campana del siglo al comprometerse con la princesa Charlotte de Gales, previsible futura reina de Gran Bretaña e Irlanda. Ferdinand y Leopold, bendecidos por la diosa fortuna, bien podían darse el lujo de contribuír con algunas monedas a que su hermana viuda se desenvolviese con dignidad en la reducida corte de Amorbach.

Así las cosas, Victoria no tenía especial interés en que otro príncipe solicitase su mano. No obstante, cuando apareció en escena Edward Augustus de Kent, comprendió que no había posibilidades de darle calabazas al príncipe inglés. Sencillamente, no se le daban calabazas a un príncipe inglés que, para colmo, venía recomendado por su hermano Leopold con la aquiescencia de la madre, Augusta Reuss Von Ebersdorff. Victoria sabía que ella se debía a su familia, por lo que no había forma de eludir esa inesperada pero ventajosa proposición.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: 02 Mar 2008 12:47 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 20:47
Mensajes: 17069
BODA

Imagen
Edward Augustus de Kent.

Imagen
Victoria de Saxe-Coburg-Saalfeld.

La "primera" boda de Edward Augustus y Victoria se celebró en Coburgo, el 29 de mayo de 1818. Fue una ceremonia relativamente discreta, festejada con cierta sencillez, tras la cual la flamante pareja debía emprender viaje hacia Inglaterra. Se había acordado que el único hijo varón de la novia, Carl, un niño de ocho años, se quedaría en Leiningen, de dónde, pese a su corta edad, era príncipe soberano. En cambio, la novia se llevaría consigo a su hija Fidi, de diez años. A ambas las acompañarían algunas damas seleccionadas, como la baronesa Späth y "fräulein" Lehzen.

El viaje se realiza con escasa comodidad, en el menor tiempo posible. El príncipe regente George, "Prinny", ha decidido que la boda que ha tenido lugar en Coburgo no es suficiente. El príncipe William, duque de Clarence, ha obtenido la mano de Adelaide de Saxe-Meiningen y piensan unirse en el curso de una ceremonia anglicana en el palacio de Kew, a primeros de julio. En opinión del regente, debe haber un doble casamiento que incluirá a Edward de Kent y su Victoria de Saxe-Coburg. No se puede discutir con "Prinny", así que ceden a sus requerimientos.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: 02 Mar 2008 13:26 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 20:47
Mensajes: 17069
Imagen
George de Gales "Prinny".

En Kew, George "Prinny" se encarga de conducir al altar a las dos novias: Adelaide para Clarence, Victoria para Kent. El príncipe de Gales tiene, desde el principio, muy claras sus preferencias. Siempre le ha agradado más su hermano William que su hermano Edward; ahora le ocurre lo mismo con Adelaide respecto a Victoria. Adelaide, de veinticinco años, soltera y virginal, es una criatura de aspecto tan delicado como un camafeo, genuínamente bondadosa y afectuosa hacia quienes la rodean. Victoria, a sus treinta y dos años, viuda, es una mujer mucho más pagada de sí misma, presuntuosa y evidentemente ambiciosa. Probablemente, en el juicio que "Prinny" se hace de su cuñada Victoria influye el hecho de que se trate de la hermana de su yerno Leopold, a quien atribuye los mismos rasgos de carácter que a ésta reciente incorporación de la familia real. En cualquier caso, "Prinny" siempre se decantó por William y Adelaide.

Imagen
William de Clarence.

Imagen
Adelaide de Saxe-Meiningen.

De hecho, a "Prinny" también le agradaba más que Victoria la buena Augusta de Hesse-Cassel, que se había casado con un tercer hermano, Adolph duque de Cambridge, un mes antes de que se celebrase con la adecuada pompa la doble boda anglicana de los duques de Clarence y Kent. Incluso la joven y discreta Augusta, cuyas probabilidades de que un bebé concebido por ella heredase el trono británico en un futuro dependían de que fallasen en el intento de tener descendencia tanto Adelaide como Victoria, le gustaba más a "Prinny".

Imagen
Adolph de Cambridge.

Imagen
Augusta de Hesse-Cassel.

Con tres bodas consecutivas, tres nuevas parejas legalmente constituídas y bendecidas, se habían arrojado los dados en una partida contra el destino. Quedaba por saber quien de las tres mujeres proporcionaría una continuidad a la dinastía Hannover de Inglaterra...


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: 02 Mar 2008 14:00 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 20:47
Mensajes: 17069
Centrándonos en los Kent...

Imagen

Imagen

...lo cierto es que no permanecieron mucho tiempo en Inglaterra. Edward había logrado un préstamo del banquero Coutts cuando había iniciado el rápido cortejo de Victoria en Amorbach, pero de aquella suma ya no quedaban apenas unas migajas. Los gastos de viaje, los salarios de los miembros del séquito, los obsequios adquiridos para los miembros de la familia real inglesa con motivo de la boda, el nuevo gusto de la duquesa por los sombreros adornados con plumas y los trajes a la moda, habían agotado por completo los recursos de la pareja. Así, tras una "luna de miel" en Claremont House, la residencia de Leopold, Edward y Victoria, comprendiendo que no podían alquilar una residencia adecuada, empacaron sus pertenencias para regresar a Amorbach, dónde, por lo menos, no les faltaría un hogar acorde con su rango social.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: 02 Mar 2008 18:02 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 21:02
Mensajes: 25317
Ubicación: ESPAÑA
Ya estoy en Victoria, kalli. :)
Me pongo a leer a comentamos luego.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: 02 Mar 2008 18:45 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 21:02
Mensajes: 25317
Ubicación: ESPAÑA
Ya veo, te has remontado más en la familia, lo que le da más perspectiva :)
Me gusta.

Antes nos centramos mucho en William y Adelaide, pero veo que todos los hermanos tienen su historia, espero un poco más que desarrolles la historia y nos centremos ya en la propia familia de Victoria y pondré algunas fotos.

Me alegro de haber retomado este tema, me gustaba mucho y además... va a ser largo ;)


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: 02 Mar 2008 18:47 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 21:02
Mensajes: 25317
Ubicación: ESPAÑA
Una pregunta, Los Hanover eran portadores de Porfiria, y ¿Podría venir de ellos también la Hemofilia?
Ya sé que se sabe poco del origen de la enfermedad.


Arriba
 Perfil  
 


Mostrar mensajes previos:  Ordenar por  
Nuevo tema Responder al tema  [ 133 mensajes ]  Ir a página 1, 2, 3, 4, 5 ... 12  Siguiente


¿Quién está conectado?

Usuarios navegando por este Foro: No hay usuarios registrados visitando el Foro y 2 invitados


No puede abrir nuevos temas en este Foro
No puede responder a temas en este Foro
No puede editar sus mensajes en este Foro
No puede borrar sus mensajes en este Foro
No puede enviar adjuntos en este Foro

Buscar:
Saltar a:  



Style by phpBB3 styles, zdrowie zdrowie alveo
Powered by phpBB © 2000, 2002, 2005, 2007 phpBB Group
Base de datos de MODs
Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com
phpBB SEO
Crear Foro | Subir Foto | Condiciones de Uso | Política de privacidad | Denuncie el foro