Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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NotaPublicado: 15 Jul 2008 17:32 
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Salva la reverencia y el respeto debido a la Augusta Señora, me permito copiar aquí lo que puboica Monarquía Confidencial...... solo porque da idea de la talla del personaje.

Unos calzones que se subastan de la reina Victoria revelan que tenía una cintura de 127 centímetros

lunes, 14 de julio de 2008

Unos calzones bombachos de la reina Victoria de la Gran Bretaña (1819-1901), que serán subastados próximamente, revelan que, hacia el final de su vida, la popular soberana tenía una enorme cintura de 127 centímetros.


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Con apenas metro y medio de altura, semejante barriga la hubiera hecho aparecer como una mujer obesa, pero los defensores de Victoria señalan, según el "Daily Mail", que ese tipo de calzón constaba de dos perneras separadas que se ajustaban a la cintura con un cordel, por lo que su perímetro era variable.

Los imponentes calzones, que pertenecían a la familia de uno de los sirvientes de la soberana, tienen un diseño discreto en algodón blanco, aunque, de acuerdo con los expertos, fueron cosidos a mano y aún exhiben un pequeña corona y las iniciales VR de la monarca. El considerable tamaño de la reina Victoria en su vejez queda confirmado por una camisa de 167 centímetros de busto, que también se ofrecerá al mejor postor en una puja dedicada a lencería real el 30 de julio en la ciudad inglesa de Derby.

Un camisón que también se subastará entonces demuestra la mínima estatura de la soberana, ya que tiene una longitud de menos de 1,30 metros. Se espera que los calzones, que hacían las veces de ropa interior, alcancen unas 500 libras (unos 625 euros o 995 dólares) en subasta, mientras que las otras dos piezas tienen un precio estimado de 300 (375 euros o 597 dólares).


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NotaPublicado: 16 Oct 2008 22:57 
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Reina Victoria y su familia.wikipedia.


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NotaPublicado: 16 Oct 2008 22:58 
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NotaPublicado: 29 Oct 2008 10:22 
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Un lindo retrato de la reina Victoria

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NotaPublicado: 21 Nov 2008 23:51 
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Google acaba de poner en la red el archivo de la revista Life, con miles de fotos históricas, ésta es una de ellas.

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NotaPublicado: 22 Nov 2008 21:58 
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Esto me ha encantado...

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Por cierto, mañana prometo ponerme las pilas con mi Drina, que lleva aquí desde que se inauguró el foro esperando atención ;)


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NotaPublicado: 23 Nov 2008 10:21 
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Bueno...para retomar el hilo, resulta que estábamos aquí:

Aunque con cierta desgana, "Prinny" había enviado un buque, el Royal Sovereign, a Calais. En cuanto los Kent, habiendo cruzado media Alemania y parte de Francia, alcanzasen Calais, se embarcarían en el navío que les acercaría a Inglaterra. En Calais, Edward Augustus y Victoria recibieron noticias frescas: la duquesa de Clarence, Adelaide, había tenido una niña que apenas había sobrevivido durante siete horas, en tanto que la duquesa de Cambridge había alumbrado un niño bautizado George. La máxima expectación se centraba, ahora, en la criatura que pronto traería al mundo Victoria duquesa de Kent.

Al final, los Kent llegaron sanos y salvos a Kensington, dónde todo estaba preparado para el inminente natalicio. El veintidós de mayo, la duquesa sintió los primeros dolores al anochecer: todos en su entorno inmediato contendrían la respiración a lo largo de las casi siete horas siguientes. Una niña a la que su eufórico padre definió empleando la expresión "rolliza como una perdiz" llegó al mundo al filo de las cuatro de la madrugada.


O sea, en el nacimiento de la pequeña hija de los duques de Kent.
El hecho de que se tratase de UNA NIÑA no causó ninguna decepción. El duque, su padre, declaró, convencido, que: "Los designios de la Providencia son siempre los mejores". Y la abuela materna, Auguste Reuss, princesa Saxe-Coburg, no se anduvo con chiquitas: "A los ingleses les gustan las Reinas". Los Saxe-Coburg siempre tuvieron meridianamente claro que esa "flor de mayo" era su mejor baza cara el futuro. Si nada se torcía...podría convertirse en soberana por derecho propio de una de las mayores potencias mundiales.

La duquesa de Kent estaba decidida a proteger a su tesoro desde el inicio. Había decidido que la pequeña no sería amamantada por ninguna nodriza, sino que ella misma le daría el pecho. De acuerdo con su marido, el duque, hizo asimismo que la niña fuese el primer miembro de la familia real británica en recibir la entonces novedosa vacuna contra la viruela. En una etapa posterior de su vida, se mostraría muy orgullosa de haber servido, recien nacida, para dar "buen ejemplo a la nación" en cuanto que receptora de aquella vacuna a la que, hasta entonces, la mayoría había manifestado absoluta reluctancia.

El primer gran acontecimiento en la vida del bebé, su bautizo, se convertiría, sin embargo, en un auténtico conflicto dentro del círculo de la realeza británica. Ya hemos comentado que el tío "Prinny" no sentía precisamente simpatía hacia su cuñada la duquesa de Kent. "Prinny" no disimuló nunca, en ninguna circunstancia, su preferencia por sus otras cuñadas...la dulce y conciliadora Adelaide, que se había casado con el príncipe William, o la afable Augusta, que se había casado con el príncipe Adolphus. Pero Adelaide no había logrado todavía tener un bebé que sobreviviese a la primera infancia, mientras que George, el niño de Augusta, se situaba inevitablemente por detrás de la chiquitina Kent en la línea de sucesión al trono. La orgullosa mamá, decidida a darle a su rorro una serie de nombres muy regios, dignos de una futura monarca, había solicitado la venia para bautizarla: Georgiana Charlotte Augusta Alexandrina Victoria.

"Prinny" no tardó en descargar un duro golpe en la nariz -metafóricamente hablando, claro- a su cuñada de Kent. Le envió a Kensington un lacónico mensaje, en el cual le indicaba que la criatura, su inminente ahijada, NO podía llamarse Georgiana en su honor. El motivo aducido: él no podía permitir que Georgiana, nombre que recibía por ser versión femenina del suyo propio, fuese POR DELANTE de Alexandrina, nombre previsto por ser la versión femenina del de Alexander, zar de Rusia, el otro padrino varón elegido para la princesita; pero, desde luego, añadió, tampoco podía permitir que Georgiana se situase detrás de Alexandrina; así que, como Georgiana no podía ir ni delante ni detrás de Alexandrina, se excluía la posibilidad de llamar a la nena Georgiana. Del resto de los nombres indicados por los Kent, agregaba "Prinny", ya se hablaría el mismo día del bautizo.

La duquesa de Kent tuvo que controlarse para no arañar las paredes de Kensington ante la evidente "descortesía" de "Prinny". Además, los nervios la corroían mientras acudía, con su marido y la nena, a Kensington en el día fijado para la ceremonia: el 24 de junio de 1819.

En esa tesitura, no se puede dejar de experimentar un ramalazo de simpatía hacia el pobre arzobispo de Canterbury, que aguardaba, ante la fuente de oro macizo que se había colocado en el centro de la estancia, a que se dirimiese el dilema: ¿cómo se íba a llamar la chiquitina?. Kent trataba de mantener una actitud firme, pero la duquesa, su consorte, se retorcía las manos en un signo inequívoco de tensión mientras observaba a "Prinny", quien parecía decidido a tomarse su tiempo. Al final, se pronunció: la niña se llamaría SÓLO Alexandrina Victoria, Alexandrina por el zar ruso y Victoria por su madre. Quedaban, pues, en el tintero todos los nombres de marchamo regio que habían elegido para ella...aquellos Georgina Charlotte Augusta que hubieran debido ser los tres primeros.

La duquesa de Kent se sintió terriblemente humillada. Jamás, en los años que le quedasen de vida, olvidaría aquel instante en el que "Prinny" les había insultado de forma deliberada escogiendo para la niña dos nombres que carecían de tradición en la dinastía británica.


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NotaPublicado: 23 Nov 2008 10:39 
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El duque de Kent bebía los vientos por su niña Alexandrina Victoria, a la que habían decidido dar el apelativo cariñoso de "Drina". Estaba embelesado con la pequeña...y con lo que representaba. Cada vez que la mostraba a alguien, decía, en tono solemne: Miradla bien, pues se trata de una futura reina de Inglaterra. Decidido a que los ingleses fuesen muy conscientes de la existencia de su princesita, cuando el bebé contaba apenas dos meses de edad su progenitor tomó la iniciativa de llevarla consigo a un gran desfile militar en las calles de Londres. El príncipe regente George, "Prinny", se puso verdaderamente furioso al ver llegar a su hermano Edward de Kent con Drina en brazos. "¡¿Qué razón de ser tiene un bebé en un desfile militar?!" -bramó, exigiendo que sacasen de allí al instante a la niña.

Pero aquel hombre que había descubierto el orgullo de la paternidad en la madurez no pudo disfrutar de la princesa mucho tiempo.

Los Kent andaban siempre "cortos de dinero". Ésa era la razón, como se ha visto, por la cual, recien casados, habían retornado a Amorbach, en Leiningen, dónde podían mantenerse con el necesario decoro; pero el embarazo de la duquesa les había impelido a retornar a suelo británico y, una vez nacida la princesita, no había ni que pensar en llevársela lejos de su futuro reino. Así que permanecían en territorio inglés, pero estaban siempre al borde del colapso económico. Afortunadamente, el príncipe Leopold, hermano de la duquesa de Kent, mantenía su palacio de Claremont, que había sido su domicilio conyugal en la etapa del matrimonio con la difunta princesa Charlotte. Los Kent pasaron varios meses en Claremont, antes de decidirse, en vísperas de Navidad, a dirigirse a Woolbrook Cottage, en Sidmouth, una pequeña villa costera del condado de Devon.

En el camino de Londres a Sidmouth en Devon, el duque quiso hacer una escala en Salisbury para visitar la magnífica catedral. Era un día extremadamente desapacible, con un alto grado de humedad flotando en el aire sorprendentemente frío. El duque no íba tan abrigado como hubiese sido deseable, así que pilló un constipado. Pero, de momento, no le dió mayor importancia. Al llegar a Sidmouth, tras instalarse en Wooldbrook Cottage, aún tuvo el impulso de salir a dar un paseo a orillas del mar, confiando en que la brisa marina ejercería un benéfico efecto en sus muy congestionados pulmones. Pero aquello empeoró su estado: empezó a subir la fiebre y hubo de meterse en cama. Pronto fue evidente que se encontraba muy enfermo...por lo que su esposa, que acababa de destetar a su hija, mandó recado urgente a su hermano Leopold. Leopold llegó con su amigo y consejero, el barón Stockmar, a tiempo para orientar a su cuñado Edward en cuanto a la redacción del testamento de éste.

Edward, duque de Kent, murió el 23 de enero de 1820, cuando su hija Drina contaba ocho mesecitos de vida. Seis días después, el 29 de enero de 1820, fallecía el rey loco, George III, a quien abnegadamente había cuidado durante décadas la reina Charlotte.

El príncipe regente, "Prinny", acababa de convertirse en el rey George IV. Y la duquesa de Kent, ahora duquesa viuda de Kent, sabía que dependía de él para poder mantenerse dignamente con su niña Drina...la eventual heredera del trono.


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NotaPublicado: 23 Nov 2008 11:02 
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No me digais que no es una gozada como se lee el texto ahora... :wink:

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NotaPublicado: 23 Nov 2008 11:03 
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La duquesa Victoria de Kent, viuda, con su pequeña princesa Drina:

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Y así se inició la infancia de Drina. Una infancia marcada por la feroz rivalidad entre su madre, la duquesa viuda de Kent, y su familia paterna, que se arracimaba en torno al flamante rey George IV, que durante tanto tiempo había ejercido la regencia.

La duquesa de Kent desarrolló una actitud ultra-protectora hacia la niña. Establecida en la serie de aposentos que se le asignaron en Kensington, aquella mujer plenamente consciente de la antipatía que le tenían en el entorno del nuevo monarca creó un círculo compacto, cerrado, en torno a sí misma y a sus pequeñas, especialmente la menor. El hijo varón de la duquesa, Carl Emich, permanecía en Amorbach, en Leiningen, su principado hereditario; pero su hija del primer matrimonio, Feodora, cariñosamente denominada Feo, estaba en Inglaterra. Feo fue una presencia constante en los primeros años de vida de Drina.

Un hombre tomó las riendas. Se trataba de John Conroy, el caballerizo de origen irlandés del difunto duque Edward de Kent. Éste, durante su agonía, mientras íba perdiendo la escasa vitalidad que le había dejado su fuerte constipado por obra y gracia de una larga secuencia de sangrías con sanguijuelas aplicadas a su piel, había nombrado a John Conroy su albacea testamentario. La duquesa viuda Victoria se encontró pronto bajo la completa influencia de Conroy, que se distinguía por su fácil encanto y su carisma. Él pasó a ostentar el título de controlador de finanzas, pero, en realidad, eso le hacía poco menos que el dueño de la casa, quien hacía y deshacía a su antojo. Paulatinamente, los rumores acerca de la vinculación de la duquesa viuda Victoria con John Conroy fueron extendiéndose por los palacios, después por la ciudad.

Dos alemanas, la baronesa Späth y la baronesa Lehzen, ésta última institutriz de Feo de Leiningen, formaban el núcleo principal de servicio. Sólo debido a la insistencia de sus parientes se agregó una inglesa, Mrs Brock. No importaba que Feo de Leiningen se criase a la alemana, se adujo, pero era imperativo que Drina de Kent aprendiese el inglés, idioma de sus futuros súbditos, en la niñez. Para Drina, Mrs Brock fue siempre la querida "Boppy". En realidad, "Boppy" y Lehzen constituirían las dos principales referencias afectivas de la chiquilla, junto con su medio hermana Feo.


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NotaPublicado: 23 Nov 2008 11:22 
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El palacio de Kensington tenía la ventaja de hallarse casi en pleno Hyde Park. La residencia en sí misma estaba un tanto destartalada en su interior, pero el entorno era francamente bucólico y encantador. Casi cada día, Boppy bajaba a los jardines con Feo y Drina. Había dos actividades que entusiasmaban a Drina: que le diesen una regadera para dedicarse a regar los parterres, cosa que hacía, como señaló un testigo, repartiendo el agua entre flores y plantas con notable ecuanimidad, y montar en su pony. La gente que paseaba por Hyde Park se quedaba siempre observando a esa niñita que se mantenía erguida a lomos del pony, cuyas riendas sostenía su medio hermana. Invariablemente, Boppy instaba a Drina a saludar, con graciosa dignidad, a los curiosos. Boppy era inglesa y tenía claro qué debía hacer la pequeña para ganarse los corazones ingleses, desde luego.

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Drina retratada por Poyntz a los cuatro añitos.

Paradójicamente, Drina, potencial futura reina, tenía muy poca relación con su familia paterna. La duquesa de Kent vivía en un estado de permanente obsesión, reforzado por su querido amigo John Conroy, en torno a la idea de que los parientes por vía paterna de Drina sólo querían "perjudicarla". Era de cajón que si la buena Adelaide, esposa del príncipe William, ponía en el mundo finalmente un hijo o una hija que no se malograse, esa criatura privaría de la condición de heredera del trono a Drina. Por tal razón, Victoria de Kent y John Conroy apenas disimularon su satisfacción cuando murió, en marzo de 1821, la pequeña Elizabeth de Clarence, segunda de las dos hijas que tuvo, para amortajarlas al cabo de meses, la delicada Adelaide. Pero lo triste de este asunto es que Adelaide, mujer con un corazón que no le cabía en el pecho, apenas podía visitar a su sobrinita Drina, sin que Victoria de Kent y John Conroy mostrasen ciertos recelos. Se trataba de algo absurdo, ya que Adelaide jamás hubiese hecho daño a esa pequeña por la que sentía inmenso afecto.

También los Cambridge eran sospechosos a ojos de la duquesa de Kent. Al fín y al cabo, la muerte de las niñas Clarence habían hecho heredera a Drina, pero la muerte de Drina haría heredero a su primo George de Cambridge, el favorito del tío George IV. Así que los Cambridge tenían un motivo para desear el fallecimiento de Drina al menos con la misma intensidad con la que había deseado la desaparición de las niñas Clarence la duquesa de Kent.

En conjunto, Drina apenas veía a sus parientes de la casa real, exceptuando a su tía Sophie y a su tío Adolphus duque de Sussex, que también residían en Kensington. Sophie, un alma cándida, no suscitaba desconfianza en la duquesa viuda de Kent, máxime después de que la princesa accediese a confiar sus asuntos financieros en John Conroy. Sussex apenas se cruzaba en el camino de Drina, si bien, en cierta ocasión, permitió que su sobrinita jugase un largo rato con su orden de la Jarretera.

Pero lo más llamativo fue su escaso contacto con el rey George IV...


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NotaPublicado: 23 Nov 2008 11:42 
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George IV no llevaba una vida convencional.

El día de su coronación, su esposa Caroline de Brünswick, de la que llevaba largos años separado, se había cansado de aporrear las puertas de la abadía de Westminter porque consideraba que ella debía ser coronada como su consorte. Caroline no se había salido con la suya, a pesar de que el pueblo se dolía de su triste sino. Pero el rampante George enseguida se estableció, principalmente, en Royal Lodge, Windsor. Allí le rodeaban dos mujeres: su ex amante, Isabella Seymour-Conway, marquesa de Hertford, y su amante durante los últimos diez años de su existencia, Elizabeth Connyngham, marquesa Connyngham. Se daba la circunstancia de que el marido de lady Connyngham, Henry, asumía con garbo sus cuernos porque ejercía el distinguido papel de Lord Mayordomo del rey George IV.

La duquesa viuda de Kent consideraba, y no sin razón, que ese entorno "absolutamente inmoral" no era el apropiado para su hijita. Sin embargo, en el verano de 1826, cuando Drina tenía siete añitos, George IV insistió en que le visitase en Royal Lodge. La duquesa viuda no tuvo otro remedio que dirigirse a Windsor, con Feo y con Drina. Ésta última demostró un sorprendente desparpajo al avanzar hacia su tío el rey: aquel que en su juventud había sido un auténtico dandy, al cual se llamaba the first gentleman of Europe por sus excelentes modales sumados a su sofisticada elegancia, se había convertido en un hombre obeso, castigado por la gota. George IV extendió una mano diciéndole a la niña: "A ver, dadme esa garrita". Y la niña, con una sonrisa que le marcaba hoyuelos en las mejillas, extendió su "garrita", una mano diminuta que se perdió en el interior de la manaza del rey. Acto seguido, lady Connyngham condecoró a la pequeña princesa con un retrato en miniatura, bellamente esmaltado, del monarca, que se convirtió en el gran tesoro de Drina.

Drina tenía un don para tratar con George IV, quien, pese a su virulenta animadversión hacia la duquesa viuda de Kent, no pudo dejar de prendarse de la chiquilla. Se produjeron anécdotas que reflejan ese talento de Drina para acariciar el ego de su tío. En un momento determinado, al concluír un pequeño concierto, el monarca pidió a su sobrinita que eligiese la siguiente pieza que debería interpretar la orquesta. Con expresión arrobada, la niña declaró que desearía escuchar de nuevo el "God Save the King" -lo cual, desde luego, era muy halagador para los oídos de su tío "Prinny". Antes de que Drina abandonase Windsor, el rey George, curioso, le preguntó: "Dime, querida...¿qué es lo que más te ha gustado de la visita?". Y de nuevo su sobrina demostró una singular dote para la diplomacia: "El paseo contigo, tío Rey", declaró muy convencida.

A partir de entonces, George IV mostró mayor inclinación hacia Drina, aquella muñequita tan salerosa y complaciente. El monarca hubiese querido ver más asiduamente a la pequeña sobrina, aunque la duquesa viuda dedicó años a poner trabas a sus encuentros.


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