Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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 Asunto: VICKY, "KAISERIN FRIEDRICH"
NotaPublicado: 06 Mar 2008 11:45 
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Tema para Vicky...

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Última edición por Minnie el 06 Mar 2008 11:57, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: 06 Mar 2008 11:56 
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Victoria Adelaide Mary Louise, nacida en Buckingham Palace el veintiuno de noviembre de 1840, fue el primer retoño de los nueve que nacerían en el -feliz- matrimonio de la reina Victoria I con su príncipe consorte, Albert de Saxe-Coburg. Esa niñita, a quien en sus primeros meses de vida denominarían con afecto "Pussy" e incluso "Poussette", se convertiría casi en lo que dura un aleteo de pestañas en la favorita de su padre. Albert, que dedicó mucho tiempo y energía a organizar las nurseries así como a planificar la formación de los hijos, siempre mostró una abierta predilección por Vicky, quizá porque se trataba de una bonita niña sorprendentemente inteligente y de precoz madurez. En una etapa ulterior, la clara adoración mútua entre Albert y Vicky incluso provocaría celos en la reina Victoria, quien, no obstante, acabaría desarrollando una relación epistolar muy especial con la muchacha a raíz de que ésta, tras su matrimonio, abandonase su país natal para establecerse en la patria del esposo elegido.


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NotaPublicado: 06 Mar 2008 15:18 
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como agua de mayo estaba yo esperando este tema!! :wink:


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NotaPublicado: 06 Mar 2008 20:52 
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carmela escribió:
como agua de mayo estaba yo esperando este tema!! :wink:


Me alegra mucho, porque presiento que también va a ser uno de mis rincones favoritos ;)


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NotaPublicado: 07 Mar 2008 00:43 
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La reina Victoria en una maternal escena con Vicky.

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Victoria y Albert, con la pequeña Vicky.

A decir verdad, resulta muy fácil empatizar con el formidable orgullo que experimentaba Albert ante Vicky. Lady Sarah Littleton, la gobernanta designada para ocuparse de la niña -quien solía llamarla Laddle, más fácil de pronunciar sin duda- se quedaba literalmente abrumada ante los rápidos progresos de la princesa. Madame Charlier, la encargada de hacerle aprender francés casi desde la cuna, tampoco escatimaba elogios hacia su pupila. A los tres años de edad, Vicky podía soltar por su boquita auténticas parrafadas en alemán -el idioma natural de sus padres-, en inglés o en francés. El programa de estudios que se trazó puede considerarse bastante avanzado para la época: incluía lenguas clásicas (latín), literatura, ciencias naturales, geografía, historia y genealogía, teología y filosofía, etc. Ninguno de los preceptores o tutores tuvo nunca nada malo que decir de esa muchachita de mente clara y despejada, reflexiva, aplicada, ocurrente e ingeniosa: de hecho, la encargada de impartirle clases de historia y genealogía, Sara Anne Hyldiard, plasmaría por escrito sus alabanzas.

Había tiempo para actividades educativas que, no obstante, ella encontraba lúdicas. Vicky adoraba leer, desde periódicos a gruesos tomos. Desarrolló un notable interés por estar al tanto de lo que publicaba la prensa de su época, pero también un alto grado de exigencia hacia la literatura. Curiosamente, su madre, la reina, al igual que numerosísimas mujeres de la época, se decantaba por las novelas románticas tremendamente empalagosas de Marie Corelli. Vicky jamás transigió con ese tipo de "obra". Mientras las demás se extasiaban con los arrebatos presuntamente líricos de la famosa autora, ella definió sus creaciones en pocas palabras: "montones de basura".

El talento artístico de Vicky constituye otro de sus rasgos distintivos. Incluso a edad temprana, sorprendía su facilidad para el dibujo: con el paso del tiempo, se transformaría en una excelente pintora y destacada escultora. En ese aspecto, sólo una entre sus hermanas menores -Louise- estaba a su nivel o quizá por encima de su nivel. Las dos poseían sensibilidad y creatividad a raudales.


Última edición por Minnie el 07 Mar 2008 01:45, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: 07 Mar 2008 01:07 
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Una niña tan brillante eclipsó, de forma natural, a los hermanos que la siguieron. En concreto, la luminosidad de Vicky proyectó desde el principio sombras sobre su hermano Edward Albert -Bertie-, príncipe de Gales, a quienes sus padres consideraban "absolutamente decepcionante". Bertie no poseía la viveza ni el desparpajo de su sobresaliente hermana Vicky. Ella podía hacer alarde de su notable cultura con un grado de confianza impropio de sus pocos años, en tanto que él permanecía a un lado, a veces distraído y remolón, en ocasiones apocado y taciturno.

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Dos imágenes de la época que muestran a Vicky y Bertie.

En esa tesitura, quizá lo más previsible hubiese sido que Bertie desarrollase celos y animadversión hacia la hermana que todo lo hacía mejor de lo que él podría hacerlo jamás según opinión de sus progenitores. Dice mucho a favor del buen talante de Bertie que nunca concibiese tales sentimientos hacia Vicky: antes al contrario, la admiraba y la adoraba a partes iguales. Existía un fuerte vínculo afectivo, que se extendió a los demás hermanos en mayor o menor medida. En otra época y en otra corte, la austríaca, la inmensa mayoría de los hijos de la emperatriz María Theresa habían padecido porque la madre distinguía con un afecto singular a la bonita María Christina, apodada Mimí. En esa época y en esa corte, la inglesa, los retoños de la reina Victoria daban por descontado que Vicky era especial sin que ello les causase ningún trastorno. Lo cual, por cierto, también dice mucho a favor de Vicky: no abusaba de su posición privilegiada del modo en que lo había hecho Mimí en Viena.

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Vicky.

Tras Bertie, nacieron Alice, Alfred (Affie), Helena (Lenchen), Louise, Arthur, Leopold y Beatrice (Baby). De las cuatro chicas -Alice, Lenchen, Louise y Baby Bea- se suele considerar, en general, que solamente Louise estaba a un nivel parecido al de Vicky. Louise era una rubia muy atractiva, con una personalidad apasionada y vibrante, con un enorme talento artístico sumado a su inclinación por la cultura; en el reverso de la moneda, también era en cierto modo la que se salía de los cauces marcados, se rebelaba contra las convenciones que pretendían limitarla, hacía comentarios francamente irreverentes o provocadores y originaba fricciones con su particular temperamento. Las demás quedan oscurecidas por sus hermanas Vicky y Louise. Alice no poseía un aspecto demasiado sugestivo: sus rasgos resultaban demasiado anodinos, su figura aceptable. Sin embargo, no andaba escasa de inteligencia (desarrolló un gran interés hacia la filosofía, la medicina y en concreto la anatomía humana), pero le marcaba cierta tendencia a la melancolía y a una concepción fatalista de la vida. Lenchen pasó de preocuparse únicamente por sus caballos a representar el papel de consciente y atribulada madre de familia. Baby Bea, cuyas respuestas a temprana edad recuerdan el ingenio socarrón de Vicky, se vió muy condicionada por la atmósfera luctuosa en la que hubo de crecer: el príncipe Albert falleció cuando apenas contaba cuatro años de edad.


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NotaPublicado: 07 Mar 2008 01:25 
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Vicky, Bertie, Alice y Alfred, los cuatro mayores juntos.

Debido a la diferencia de edad que la separaba de Baby Bea, nada menos que diecisiete años, Vicky no se crió en realidad junto a la benjamina de la familia. La infancia y primera juventud de Vicky transcurren ligadas a las de tres de sus cuatro hermanas: Alice, Lenchen y Louise.

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Vicky, a la izquierda de la imagen, con Alice, a la derecha.

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Lenchen.

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Louise.

En general, la niñez de Vicky no estuvo plagada de grandes eventos. A la hora de destacar algunos momentos especialmente señalados, habría que ceñirse al año 1849: en el mes de agosto, contando Vicky nueve años y Bertie ocho años, ambos acompañaron a la pareja real conformada por Victoria y Albert en un viaje a Irlanda. Fue una breve visita oficial, tras la cual embarcarían rumbo a Cherburgo para otra más elaborada a Francia. La princesa tuvo ocasión de recibir un regalo que encontró encantador: un precioso boceto de sí misma elaborado por un joven pero prometedor artista, Millet. Tras regresar a casa, en octubre, los dos niños, Vicky y Bertie, representaron a su madre, que había contraído varicela de uno de los hijos menores que ellos, en una inauguración que tuvo lugar en Londres. Para Vicky y Bertie fue muy excitante poder llevar a cabo, tan jóvenes, una "misión representativa" de ese tipo. Los londinenses, por lo demás, se volcaron con ellos, aunque, por lógica, su atención se centró más en el príncipe heredero que en su hermana.

Para encontrar otro acontecimiento realmente significativo hay que esperar a 1851. Ese año, con once años, Vicky conoce a quien con el tiempo será su esposo: el príncipe Friedrich Wilhelm "Fritz" de Prusia.


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NotaPublicado: 07 Mar 2008 01:57 
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El joven Fritz.

Fritz era el único hijo varón del príncipe Wilhelm de Prusia y su esposa Augusta, nacida princesa de Saxe-Weimar. Se había tratado de un matrimonio concertado, en el que si bien la joven Augusta había estado apasionadamente enamorada de un Wilhelm que jamás pudo darle una oportunidad a su mujer porque durante toda la vida seguiría adorando a su prima y primer amor imposible, Elisa Radziwill; en un aspecto físico, además, resultaba que a Wilhelm la pobre Augusta le "dejaba frío", de manera que buscaba desfogue a sus instintos básicos con otras mujeres. Augusta sufrió mucho por esa situación privada, que incluso alteró gravemente su equilibrio emocional y psicológico; cierto consuelo lo obtuvo en el nacimiento de sus hijos, Luise y Fritz.

En teoría, Wilhelm y Augusta debían ascender al trono prusiano cuando falleciese el hermano mayor de él: Friedrich Wilhelm IV. Éste último se había casado -por amor- con la princesa Elisabeth de Baviera, la reina Elisa, una encantadora mujer que, sin embargo, había fracasado en su principal deber dinástico: carecía de progenie. A su debido tiempo, Wilhelm y Augusta reinarían en Prusia. Después de ellos, le tocaría el turno a Fritz, que seguía soltero.

Hay que tomarse con cierto cuidado la leyenda romántica tejida entorno al primer encuentro de Fritz y Vicky. El príncipe prusiano visitó la corte británica en 1851: por entonces, él era un joven estudiante universitario (asistía en Bonn a cursos de historia, leyes y literatura) de veinte años, mientras que ella era una niña de apenas once años.

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Vicky en esa época.

Es probable que Fritz se quedase intrigado y sorprendido ante una chiquilla que poseía una absoluta confianza en sí misma unida a una facilidad para expresarse acerca de variados asuntos que no cuadraba con su edad. Pero eso, indudablemente, no tiene nada que ver con otra clase de sentimiento que una tierna diversión.

Sin embargo, ya entonces Albert empezó a considerar con su amigo y consejero aúlico, el barón Stockmar, las posibilidades y probabilidades de un matrimonio prusiano para Vicky. Albert seguía viendose como un alemán, o, para expresarlo más correctamente, "un buen alemán de Coburgo". Sin embargo, había asimilado por completo el modelo político británico: una monarquía parlamentaria, con partidos que concurrían a elecciones, con una alternancia en el poder de tories y whigs, etc. A Albert le parecía un reto fascinante hacer que Prusia, la más recia, jerarquizada y conservadora nación germana, avanzase por la senda de un liberalismo "à la anglaise". Victoria, que solía mostrarse admirativa hacia la cosmovisión de su adorado esposo, estaba bastante de acuerdo. Ella apreciaba mucho a Wilhelm, por entonces eventual heredero del trono prusiano, pero, además, mantenía una relación muy amistosa con Augusta. Fritz parecía un muchacho excelente, aparte de apuesto y bien educado.

Aunque no podía plantearse en serio un compromiso de Vicky hasta después de haberse celebrado la confirmación de ésta (la confirmación suponía un acto importante en la vida de las muchachitas anglicanas, pues abría el camino hacia la presentación en sociedad y posterior noviazgo formal que acabase en boda), la idea había caído en terreno fértil y había germinado hacia el año 1855.

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Una bonita imagen de Vicky tomada precisamente en 1855.

Ese verano, se envió una invitación formal a Berlín para que Fritz se reuniese con la familia real inglesa en Balmoral hacia el mes de septiembre. Efectivamente, Fritz se presentó en Balmoral el 14 de septiembre. En los días siguientes, no sólo mantuvo largas conversaciones con Albert (principalmente) y Victoria, sino con la joven Vicky. La adolescente de quince años estaba encantada con las galanterías que le brindaba el príncipe de veinticinco años. Hacia el día 20, Fritz declaró a Victoria y Albert su deseo de casarse con Vicky. Ellos aceptaron, siempre y cuando no se le hiciese saber todavía a la muchacha nada del asunto. No querían precipitar el anuncio de boda, ni menos aún la boda en sí misma: se insistió en que había que aguardar a que ella cumpliese diecisiete años. Sin embargo, el día 21, Albert, muy consciente de sus deberes, mandó una nota a lord Clarendon para que comunicase el asunto al primer ministro de entonces, Lord Palmerston. El astuto "Pam" enseguida hizo saber al príncipe consorte que encontraba ese futuro enlace magnífico...algo positivo para Inglaterra, positivo para Prusia y, por ende, positivo para Europa.

Al final, Fritz y Vicky anunciarían su compromiso en abril de 1856. Y la boda se celebraría en enero de 1858, en la capilla del Palacio de San James, en Londres.


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NotaPublicado: 08 Mar 2008 13:39 
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Vicky en 1857, el año en que se anunció su compromiso.

Estamos ante una de las grandes historias de amor de la realeza europea.
Cierto que había un amplio trasfondo dinástico y político en aquel noviazgo. Albert y Victoria, por un lado, habían hecho sus cálculos acerca de un eventual compromiso entre Vicky y Fritz; Wilhelm y Augusta, a su vez, también habían participado entusiásticamente en la planificación anticipada de semejante evento. Pero aunque Fritz tuviese plena consciencia de lo que implicaba solicitar la mano de Vicky, no sólo no actuó en contra de su propio gusto o inclinación, sino que se dejó llevar en gran medida por lo que le pedía el corazón. La brillante princesita inglesa le había encandilado por completo mientras paseaban juntos por las campiñas que circundaban Balmoral. Cuando se le declaró, entregándole una ramita de brezo, lo hizo muy seguro de sus sentimientos hacia ella.

Vicky comprendía lo que estaba en juego. Dada su especial afinidad y complicidad con su padre, le constaba el deseo de éste de que ella, a través de ese enlace, se convirtiese en la persona capaz de ejercer un influjo liberalizador en la rígida corte prusiana. Pero, independientemente del desafío que representaba aquella tarea, estaba literalmente embelesada con Fritz. En el momento en que había aceptado la ramita de brezo, ella correspondía ampliamente al amor del joven prusiano.

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Vicky en 1857, pocos meses antes de su boda, con la reina Victoria. Ambas están de luto por la prima preferida de la soberana, Victoria de Saxe-Coburg, duquesa de Nemours, fallecida en Claremont House unos meses antes


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NotaPublicado: 08 Mar 2008 13:40 
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Capilla del palacio de San James, Londres, 25 de enero de 1858. El príncipe prusiano Friedrich Wilhelm Nikolaus Karl, llamado Fritz en su círculo familiar y entre sus allegados, contrae matrimonio con la princesa Victoria Adelaide Mary Louise del Reino Unido, conocida por los suyos como Vicky. El enlace respondía a una primorosa obra de ingeniería dinástica con fuerte carga política, pero, en esencia, fue la boda de dos jóvenes de sangre real sinceramente enamorados el uno del otro.

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Miniatura de la Colección Real Británica: Vicky como una novia, con su corona de azahar sujetando el velo sobre la cabeza.

Los preparativos para el casamiento habían extenuado al príncipe consorte de la reina Victoria, Albert. Él mismo se había encargado de disponer un alojamiento adecuado para los miembros de diecisiete familias soberanas germánicas invitadas a asistir. Cuando todos los invitados se encontraron "en buen acomodo", el príncipe se encargó de ejercer de anfitrión llevando a los hombres a una serie de monterías "de inconfundible estilo inglés" mientras que las damas recorren los principales rincones de la capital británica. Cada noche, durante la semana previa, se celebran cenas en las que no menos de ochenta personas se sientan a la mesa. En la víspera de la ceremonia, a la cena le sigue un baile de gala al que asisten mil personas.

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Vicky.

El día de la boda, la reina Victoria se muestra claramente nerviosa enfundada en un traje de color malva bordado con hilo de plata, al lado de su madre, Victoria duquesa de Kent, que lleva un vestido de terciopelo violeta. Las dos mujeres observan fascinadas a Vicky, preciosa en su vestido de muaré blanco cuajado de delicados encajes. Las hermanas menores de Vicky llevan vestidos rosados, coronas de flores silvestres sujetando sus cabellos y ramos de rosas y brezo blanco en las manos. Un cortejo formado por treinta carrozas se dirige a la capilla palaciega, la primera de ellas ocupada por el príncipe Albert junto al tío Leopold, rey de Bélgica, y con los dos príncipes varones de mayor edad, Bertie y Affie, que lucen el tradicional kilt escocés. Cuando la pareja, ya casada, abandonó el templo, sonó, por primera vez, la Marcha Nupcial de Mendelssohn.

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Fritz y Vicky, en su luna de miel.

Tras el "lunch" que siguió a la boda, Fritz y Vicky pudieron marchar hacia Windsor. Su luna de miel, en realidad, fue brevísima. Al cabo de dos días de feliz intimidad conyugal, los dos se vieron reclamados por la reina Victoria y el príncipe Albert en la corte. La reina Victoria estaba ansiosa por hacer entrega a su flamante yerno de la Orden de la Jarretera, mientras que Albert no estaba menos impaciente por depositar en sus manos un extenso memorandum sobre las ventajas del liberalismo "a la inglesa". Pronto llegó el momento de la despedida: la reina dió sus bendiciones a la pareja en la puerta del palacio de Buckingham, en tanto que Albert, con sus hijos Bertie y Affie, acompaña a los recien casados hasta Gravesand, en la desembocadura del río Támesis. Fritz y Vicky embarcaron allí en el yate real de los padres de ella, muy apropiadamente llamado "Victoria and Albert", para cruzar el Canal de la Mancha en dirección a la Europa continental.


Última edición por Minnie el 24 Ago 2008 17:09, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: 08 Mar 2008 13:42 
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Victoria y Albert. Fotografía tomada en 1858.

La marcha de Vicky supuso un profundo desgarro emocional para Albert. Hablamos de un padre que estaba absolutamente embelesado con esa hija mayor que había sido siempre, en gran medida, una "niña prodigio". En ella se mezclaban todas las virtudes. Era razonablemente bonita, dotada de un gran desparpajo, con una auténtica confianza en sí misma, inteligente, culta, artística. A Albert se le cayó el alma a los piés cuando se vió privado de esa muchacha tan especial, aunque pronto reconocería que su segunda hija, "la querida y buena Alice", hacía "lo que podía" por reconfortarle. Albert sentía ternura por Alice, pero no la amorosa fascinación que le suscitaba Vicky.

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La joven Vicky.

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Alice, hermana de Vicky.

La reina Victoria no respondía al tipo de mujer profundamente maternal. Victoria experimentaba por Albert un amor apasionado, que se traslucía en una intensa -y satisfactoria- vida sexual. Desde el punto de vista de la reina inglesa, era "un aspecto oscuro" de un matrimonio por lo demás "absolutamente luminoso" el hecho de que se produjesen constantes embarazos. Victoria detestaba los embarazos, un proceso plagado de molestias y engorros que precedía a "las terribles horas" del parto. Cuando se había encontrado encinta de su primera criatura -precisamente, nacería Vicky...- había vivido nueve meses en gran angustia, temiendo que lo sucediese lo mismo que le había sucedido a su prima Charlotte de Gales, casada con su tío materno Leopold de Bélgica: después de un parto casi interminable, la pobre había dado a luz un enorme bebé muerto y había fallecido a continuación enmedio de una espantosa hemorragia. Con cada uno de sus siguientes ocho embarazos, Victoria revivía esos temores. Se exponía considerablemente en aquella serie de partos, por mucho que se ahorrase algunos dolores gracias al uso del cloroformo (absolutamente novedoso...y polémico).

A Victoria tampoco le gustaban los bebés: los encontraba feos y carentes de cualquier gracia. Sólo cuando los niños crecían encontraba la reina cierto regocijo en su presencia. Aún así, no tenía la misma inclinación hacia los niños que surgía de forma natural en Albert. Albert era quien se empeñaba en controlar las nurseries...y el proceso educativo subsiguiente, algo muy propio de un hombre que declaraba que, de no haber sido destinado a cumplir la tarea de un príncipe consorte, se hubiese enorgullecido de ser profesor en cualquier universidad. Se trataba de un padre estricto y exigente, pero eso lo demostraría especialmente con los hijos varones. Con las niñas, se reblandecía. Y desde luego su indiscutible favorita entre los nueve retoños había sido, era y sería Vicky.

La afinidad y complicidad de padre e hija mayor habían causado algunos nubarrones en el matrimonio real, pues la esposa se celaba de que su marido pareciese tan embobado con la chiquilla. Que Vicky se largase no mejoró las cosas sustancialmente. Quizá Victoria había esperado que Albert afrontase la separación con mayor entereza, pero el príncipe se mostraba intensamente abatido. Aún no habían transcurrido veinticuatro horas desde el momento en que Albert había estrechado a su Vicky contra el pecho en el camarote del yate atracado en Gravesand, cuando ya se dedicaba a escribir una carta que representaba toda una explosión emocional a la hija perdida: "Por mi carácter, no soy dado a exteriorizar mis sentimientos. De ahí que te resulte difícil saber hasta qué punto he llegado a quererte y cuán hondo es el vacío que dejas dentro de mí...". La melancolía enseguida prendió en Albert.

A Victoria le costaba encajarlo. Ella misma sentía amor por su primogénita y la necesidad de intercambiar una copiosa correspondencia. De hecho, el constante flujo de cartas de Victoria y Vicky constituye uno de los documentos históricos más conmovedores de todos los tiempos, concediendo a los estudiosos de esa familia y esa época una cantidad ingente de información o chismorreos a la vez que permite vislumbrar el sentimiento de cariño y lealtad recíprocas de las dos mujeres. Pero no hay duda de que la vinculación afectiva de Albert con Vicky fue mayor que la vinculación afectiva de Victoria con Vicky...hasta que se murió el príncipe consorte.

Lo que ni Victoria ni Albert habían previsto es que su brillante hija sería objeto de un recibimiento poco cálido en la corte prusiana. La cancillería presidida por Bismarck, claramente reaccionaria, no estaba en absoluto interesada en facilitarle a aquella princesa que "hiciese los deberes" encomendados por el liberal príncipe Albert. De hecho, hubieran preferido otra alianza dinástica, dentro del ámbito de las familias reinantes germánicas, para Fritz, pues por mucho que Vicky llevase sangre Hannover de su madre mezclada con sangre Saxe-Coburg-Gotha de su padre, veían en ella a una princesa inglesa; pero, ya que tenían que acoger a la muchacha, no estaban en absoluto dispuestos a que ella jugase un papel político destacado. Hay que recordar que la suegra de Vicky, Augusta, estaba "marcada" como un "peligroso elemento de tendencias liberales" en la mente de Bismarck, algo que se cobraba mayor fuerza ahora que aparecía en escena la hija de Victoria y Albert.


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NotaPublicado: 08 Mar 2008 14:11 
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Eso constituye, precisamente, el elemento que marcó la vida entera de Vicky: el firme rechazo de la corte prusiana. Supuso un trauma para una princesa que estaba acostumbrada a ser no sólo claramente favorecida sino constantemente reforzada en su posición a través de los más cálidos elogios hacia su capacidad.

Vale la pena describir lo que se encontró Vicky en Berlín. En la corte prusiana, el rey Friedrich Wilhelm IV vivía prácticamente confinado, ya que un colapso nervioso le había dejado un claro desequilibrio mental; su esposa bávara, la reina Elisa (diminutivo de Elisabeth Ludovika), le cuidaba con una abnegación que provocaba general respeto hacia ella.

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Friedrich Wilhelm IV y Elisa.

Elisa había tenido sus más y sus menos con la cancillería prusiana: su firme catolicismo le había hecho ganarse algunas antipatías desde el principio, pero, sobre todo, hubiera deseado buscar una alianza provechosa con el imperio austríaco (una de sus hermanas había sido la emperatriz Caroline Augusta, consorte de Francis II, y otra la archiduquesa Sophia, quien en su matrimonio con Franz Karl, había tenido, entre otros hijos, al emperador Franz Joseph I, sobrino carnal, por tanto de Elisa). En un momento determinado, Elisa había tratado de favorecer un compromiso de una princesa prusiana sobrina de su marido, Anna, con el emperador Franz Joseph de Austria: la cancillería había tenido que pararle los pies, especificando que no le interesaba en absoluto al reino ese tipo de enlace con los Habsburgo.

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Elisa.

Para cuando Vicky llegó a la corte, Elisa ya no se preocupaba de nada excepto de su esposo enfermo. Sin embargo, no recibió calurosamente a Vicky: el enfoque británico en la boda de su sobrino Fritz le había suscitado escasa simpatía. Con los años, cuando ya era una reina viuda consagrada a obras de caridad, Elisa descubriría las cualidades de Vicky y le dispensaría un trato afectuoso; pero, de entrada, Vicky no encontró un apoyo en Elisa.

Wilhelm, el padre de Fritz, ostentaba la regencia dada la incapacidad de su hermano. La cancillería le sometía a un contínuo marcaje, porque se presuponía que albergaba proyectos liberalizadores que chocaban con la línea ultra-reaccionaria marcada por Bismarck. Se solía acusar a Augusta, la esposa de Wilhelm, de haber inoculado en él ese peligroso liberalismo: ella, por su parte, lo habría mamado en la avanzada corte de Weimar, de la que procedía. Resultaba en gran medida chocante, porque la única influencia que se atribuía a Augusta sobre Wilhelm, marido que nunca la había amado, era precisamente la de haberle incitado en esa dirección. La relación de Bismarck con Augusta era, por decirlo suavemente, mala; empeoró a posteriori, cuando Augusta, con una estúpida falta de tacto, hizo pagar la antipatía que le inspiraba el canciller a la querida esposa de éste, Johanna.

En teoría, Augusta debía ser la aliada natural de su nuera Vicky, máxime cuando su propia única hija, Louise, vivía ya en Baden, casada con un primo hermano heredero de aquel gran ducado. Pero la situación no tardó en derivar por otros derroteros...


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