Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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 Asunto: STEPHANIE, LA PRINCESA QUE NO PUDO SER EMPERATRIZ
NotaPublicado: 20 Feb 2008 00:29 
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Registrado: 17 Feb 2008 20:47
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Tema para la desafortunada esposa del príncipe heredero Rudolf, hijo de Franz Joseph I y de su consorte Elisabeth (nacida duquesa en Baviera). Rudolf hubiera tenido que suceder a su padre en el título de emperador, lo que habría derivado en que su mujer se elevase al rango de emperatriz. La tragedia de Mayerling desbarató por entero la situación...

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Stephanie.


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NotaPublicado: 20 Feb 2008 01:02 
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Stephanie retratada como una jovencísima princesa, felizmente ilusionada a raíz de su enlace con el archiduque heredero Rudolf, decidida a representar a las mil maravillas su nuevo papel en la corte imperial de Viena. No podía imaginar lo que le esperaba en los años siguientes...

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Para ella, el simple hecho de encontrarse en Viena representaba un hito. Rudolf había aparecido en el palacio de Laeken en Bruselas con su buen aspecto, mostrando su evidente inteligencia y unos modales impecables: no se podía esperar más de un futuro emperador. A la princesa Stephanie, adolescente poco desarrollada físicamente (ni siquiera menstruaba aún...) y absolutamente cándida, le había parecido el mejor novio que podía haberle tocado en suerte en el mercadeo matrimonial de las dinastías europeas. Además, la queridísima hermana mayor de Stephanie, Louise, casada con el primo de ambas Philippe de Saxe-Coburg, residía con su esposo en la capital austríaca, dónde ambos se habían hecho excelentes amigos de Rudolf (según las malas lenguas, Louise había tenido incluso una efímera aventura con el heredero del trono Habsburgo). La idea de convertirse en la mujer de Rudolf, atractiva en sí misma, adquiría mayor atractivo por el hecho de que volvía a reunir a Stephanie con Louise.


Última edición por Minnie el 22 Abr 2008 00:04, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: 02 Mar 2008 21:42 
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:-)


Última edición por sabbatical el 02 Mar 2008 22:50, editado 3 veces en total

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NotaPublicado: 02 Mar 2008 21:50 
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Eres terrible, Sabba, jajaja. Siempre tienes la foto de la dama en su momento más espléndido con otra de la alhaja que ha realzado a la susodicha en dicho momento capturado por obra y gracia de una cámara ;)

Esa ya es una Stephanie en la plenitud de la madurez. La jovencita que se comprometió con Rudolf era bastante menos elegante y sofisticada, aunque seguramente más risueña:

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NotaPublicado: 02 Mar 2008 22:03 
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Rudolf, que al encontrarse en edad casadera empezaba a recibir ciertas presiones, viajó de Viena a Bruselas a principios de marzo de 1880. En concreto, el heredero austro-húngaro fue recibido en el palacio de Laeken el día cinco de marzo. Se esperaba que se tomase su tiempo para conocer a la segunda hija de los reyes belgas, Stephanie, que le había sido recomendada por la atractiva hermana mayor de ésta, Louise. El joven, sin embargo, ni siquiera se concedió a sí mismo ese margen para evaluar a la muchacha como potencial esposa: a los dos días, el siete de marzo, estaban comprometidos. Se enviaron telegramas anunciándolo a la corte vienesa, dónde se hallaba el padre emperador del flamante novio, y a una residencia señorial inglesa en la que se encontraba, practicando la equitación y la caza, la madre emperatriz. Fue la madre, la emperatriz Elisabeth, quien se dirigió de immediato a Bruselas para asistir a la conmemoración del compromiso formal de Rudolf y Stephanie. Una de las damas predilectas de Elisabeth, María de Festetics, describiría el encuentro en un andén entre la soberana de cuarenta y tres años, en el apogeo de su hermosura, y la nueva pareja. Rudolf observaba constantemente, embelesado, a su bellísima madre, para luego desviar la mirada hacia la muchacha de rasgos regulares pero sin nada sobresaliente, poco desarrollada y vestida con escaso gusto. María de Festetics sintió un escalofrío: estaba claro que la comparación proyectaría una sombra sobre la pequeña Stephanie.

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Elisabeth.

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Stephanie.


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NotaPublicado: 02 Mar 2008 22:21 
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Es que era la única foto que tengo :-D
Pero la edito y la pongo más adelante


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NotaPublicado: 02 Mar 2008 22:32 
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sabbatical escribió:
Es que era la única foto que tengo :-D
Pero la edito y la pongo más adelante


¿Porqué? Pedazo tontorrona...jajajaja. No lo decía porque la foto estuviese de más o a destiempo, lo decía porque siempre tienes a mano una foto de la dama en su momentazo joya soberbia e imagen adicional de la alhaja en cuestión. Me hace gracia, estás muy deformada, jajajaajaja, pero era una aportación estupenda, así que reedita para dejarlo como estaba, rica ;)


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NotaPublicado: 02 Mar 2008 22:50 
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A la orden ;D


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NotaPublicado: 20 Abr 2008 11:50 
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Para desarrollar cierta empatía hacia Stephanie, es obligatorio empezar señalando que, al igual que su hermana mayor -Louise- y que su hermana menor -Clementine-, fue producto de un matrimonio absolutamente desastroso...

El del rey Leopold II de Bélgica...

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...y su consorte Marie Henrietta, nacida archiduquesa de Austria, de la rama de húngara de la familia imperial:

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Les habían casado, en plena juventud de ambos, por motivos dinásticos. Por entonces aún reinaba el padre de él, Leopold I, y ellos ostentarían el rango de duques de Brabante. Pero aunque no se tratase de un matrimonio por amor y ni siquiera existiese inclinación mútua, podía haber ocurrido lo que ocurría en la mayoría de los casos: que aprendiesen a convivir de forma relativamente armónica e incluso amistosa. Sin embargo, Leopold, con su carácter áspero, su brusquedad y su rudeza que en ocasiones se transformaba en ramalazos de violencia, le hizo la vida imposible a Marie Henrietta. Esta se sentía absolutamente miserable, cuando veía cómo el único hermano varón de su esposo, Philippe, conde de Flandes, rodeaba de gentileza y atenciones a la princesa que le había tocado en suerte, Marie de Hohenzollern-Sigmarigen. Mientras que Philippe y Marie se desenvolvían en un ámbito doméstico cálido, afectuoso, confortable para ambos así como para los hijos que tuvieron en común, Marie Henrietta sufría lo indecible sobrellevando a un marido de carácter endemoniado. Visto lo que había que aguantarle a Leopold, casi era una suerte que él se marchase a menudo a visitar burdeles dónde solía escoger a las muchachas más jovencitas, casi niñas.

Marie Henrietta había creído que tenía sus deberes conyugales bien cumplidos tras el nacimiento de tres retoños: Louise, Leopold y la pequeña Stephanie. A fín de cuentas, había proporcionado a la dinastía dos princesas con las que se podría participar en el futuro en el juego de los cambalacheos matrimoniales entre familias reales, aparte de un príncipe de aspecto encantador, inteligente y sensitivo, que a su tiempo se sentaría en el trono.

Pero todo aquel esquema se había venido abajo a principios del año 1869, cuando Leopold y Marie Henrietta ya lucían coronas reales. Louise tenía entonces casi once años y Stephanie íba a cumplir cinco años cuando el hermano de ambas, Leopold, de diez años, contrajo una neumonía de la forma más tonta: después de haberse caído dentro de una profunda poza de agua cuando jugaba en los jardines de palacio, calándose hasta los huesos. La neumonía se llevó a la tumba al pequeño duque de Brabante. Leopold II estaba tan afectado que, en el entierro de su hijo, se le vió llorar y soltar alaridos de pura angustia mientras trataba de abrazarse al féretro. Marie Henrietta no tuvo apenas tiempo para condolerse por la pérdida de su adorado niño. Enseguida se encontró "forzada" a compartir el lecho del marido, en un intento desesperado por engendrar un varón que reemplazase al varón perdido.

Hubo un último embarazo y un último parto, que resultó en una niña llamada Clementine. Marie Henrietta no estaba dispuesta a seguir siendo brutalmente utilizada por su marido, de forma que, en adelante, se mantuvieron separados. Una separación no amistosa, cargada de virulentos reproches mútuos y tremendamente amarga.


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NotaPublicado: 20 Abr 2008 12:30 
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Louise, Stephanie y Clementine crecieron en una "atmósfera familiar envenenada". No tuvieron la suerte de sus primos hermanos, los hijos de los condes de Flandes: mientras que Baudouin, Henriette, Josephine Caroline y Albert vivían junto a unos padres que se amaban, transmitiendo ese cariño hacia los hijos, ellas tenían que desarrollar sus personalidades en una corte fría por no decir helada. El padre, cuando se hallaba en Laeken, resultaba una presencia imponente e incluso llegaba a infundir pavor en las dos hijas mayores, aunque la menor podía permitirse una actitud más relajada porque se trataba de "la favorita". La madre pasaba el menor tiempo posible en Laeken, pero, en el tiempo en que permanecía allí, se mantenía convenientemente aislada.

La frialdad de la reina Marie Henrietta hacia las chicas hay que situarla en el contexto de su desgraciadísimo matrimonio. Para "producir" esas princesas, ella había tenido que someterse a los requerimientos sexuales de un marido que nunca se había mostrado atento ni delicado. Leopold alternaba las noches "de cumplimiento del deber conyugal" con otras más animadas y alegres con chiquillas "con la moral de una gata callejera", lo cual no podía sino ofender a la esposa. Ella no sólo tenía que dejarse hacer, sino que estaba permanentemente expuesta a ser contagiada de cualquier enfermedad venérea. Obviamente, Marie Henrietta, que llegó a sentir puro odio por Leopold, no encontraba ningún regocijo en la contemplación de las hijas fruto de un matrimonio tan absolutamente bochornoso para ella.

Resultó inevitable que entre las tres muchachas se generase dependencia emocional y afectiva. Louise y Stephanie se adoraban la una a la otra. Louise, por su parte, parece haber experimentado celos de la benjamina, Clementine, que podía darse el lujo de mostrar naturalidad y desparpajo en presencia del temido padre. Stephanie, sin embargo, volcaba un enorme afecto en Clementine, que sentía, más que ninguna, el rechazo de la madre (Marie Henrietta no podía olvidar que la habían obligado a concebir esa hija poco después del entierro del hijo fallecido prematuramente).


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NotaPublicado: 20 Abr 2008 22:13 
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En ese contexto familiar, resulta muy comprensible que, en el año 1875, una Stephanie de once años de edad se sintiese absolutamente desolada cuando su hermana mayor, Louise, se casó con su primo en segundo grado Philippe de Saxe-Coburg. Tras la boda, la pareja abandonaría Bruselas en dirección a Viena, dónde establecerían su residencia. La distancia de Bruselas a Viena era muy considerable en una época en que los desplazamientos y las comunicaciones en general requerían tiempo, por lo que Stephanie tenía motivos para lagrimear durante los festejos que acompañaron el casamiento de Louise...

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Imagen de los novios: la princesa Louise y el príncipe Philippe de Saxe-Coburg.

A partir de entonces, a Stephanie sólo le quedaba Clementine. Con Louise, había sido la relación de dos hermanas más próximas en edad, que se habían desarrollado al unísono y entre las cuales existía, ante todo, una profunda complicidad. Con Clementine, el papel que asumía Stephanie era más bien de hermana mayor cariñosa pero, sobre todas las cosas, protectora. En conjunto, Stephanie se encontraba bastante sola y vivía esperando recibir las cartas que enviaba Louise desde la lejana capital imperial austríaca.


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NotaPublicado: 20 Abr 2008 22:32 
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Imágenes de Philippe de Saxe-Coburg y su esposa Louise.

En Viena, la pareja Saxe-Coburg no pasaba desapercibida. De hecho, daban bastante pábulo a comentarios y rumores que se esparcían por doquier.

Philippe estaba considerado entonces, y esa reputación iría a más con el paso de los años, uno de los príncipes más disolutos de la época. Estaba acostumbrado a "ceder fácilmente a todas las tentaciones" que ofrecía la capital austríaca, que no eran pocas. Louise se encontró, de pronto, en una ciudad que ella no conocía, con un marido que anteponía el placer al deber y rodeada de una familia política en la que solamente su joven cuñado, Ferdinand, se mostraba atento con ella. Ferdinand parece haber concebido alguna clase de juvenil enamoramiento puramente platónico hacia Louise, lo que hacía que la tratase con afectuosa solicitud. En esa atmósfera decadente, Louise enseguida decidió dejarse llevar hacia una vida bastante alegre, de excursiones al Prater, visitas a los Heurigen y fiestas de mayor o menor relevancia social. Dicho de otra forma: Philippe y Louise no se perdían ni un sarao.

A eso contribuyó que Louise no tuvo hijos de forma inmediata. Su primer bebé, un niño bautizado Leopold, no nació hasta tres años después de la boda de los padres. La segunda criatura, una niña llamada Dorothea pero cariñosamente denominada Dora o Dolly, según el momento, apareció en escena cuando el hermanito mayor tenía casi tres años.

Quizá si Louise se hubiese visto encadenando embarazos y partos, no hubiese tenido tiempo de lanzarse al tumulto de festejos. Pero el hecho de que su fertilidad tardase en manifestarse, le hizo convertirse enseguida en una de las damas más activas socialmente de la ciudad. Puesto que era guapa, atrayente, sugestiva, vivaracha y aficionada al coqueteo, las malas lenguas enseguida le atribuyeron tantos deslices como los que cometía su marido. De hecho, uno de los rumores predilectos de los vieneses vinculaba a Louise con el príncipe heredero Rudolf, gran amigo y compañero de francachelas de Philippe de Saxe-Coburg.


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