Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

Nuevo tema Responder al tema  [ 72 mensajes ]  Ir a página 1, 2, 3, 4, 5, 6  Siguiente
Autor Mensaje
 Asunto: SOPHIE CHOTEK VON CHOTKOWA, DUQUESA DE HOHENBERG
NotaPublicado: 17 Feb 2008 23:58 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 21:47
Mensajes: 17294
Imagen

Nombre completo: Sophie Maria Josephine Albina.
Título de nacimiento: Gräfin (Condesa) Chotek von Chotkowa und Wognin.
Nacida en Stuttgart el 1 de marzo 1868.
Casada desde el 1 de julio de 1900 (morganáticamente) con el príncipe heredero de Austria-Hungría, Franz Ferdinand.
Intitulada Duquesa de Hohenberg.
Asesinada junto a su esposo en Sarajevo el 28 de junio de 1914.

Ese doble asesinato sirvió de "casus belli" para el estallido de lo que el mundo, entonces, llamaría la Gran Guerra y que hoy conocemos como la Primera Guerra Mundial.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: 02 Mar 2008 22:27 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 21:47
Mensajes: 17294
En un principio, se hubiera dicho que la vida de Sophie nunca se saldría de los cauces sosegados y apacibles por los que en general discurrían las vidas de las jóvenes de una bien arraigada aristocracia bohemia. Dicho de otra forma: su biografía tendría que haber sido parecida a la de sus hermanas. Con excepción de una de ellas, llamada Zdenka Marie, que decidió tomar los velos de religiosa, todas las demás (María Pía, Karoline apodada "Kara", Oktavia, María Antonia y María Henriette) crecieron hasta transformarse en jóvenes agraciadas físicamente, con una magnífica educación y excelentes modales, que se casaron, a su debido tiempo, con miembros de otras familias de la nobleza (caballeros de apellidos tan prestigiosos como Thun-Hohenstein, Nostitz-Rieneck, Schönburg-Glauchau o von Wuthenau). Luego, por supuesto, cada una formaría con su esposo una familia armoniosa que perpetuaría el ciclo de los enlaces entre casas distinguidas.

Imagen

Pero Sophie rompió esa pauta meridianamente clara. No a propósito, desde luego: ella no hizo nada a conciencia para alterar su destino. Se limitó a acudir a un baile en Praga, con un bonito peinado y un elegante vestido; sonrió mientras conversaba haciendo gala del adecuado barniz social...y sólo por eso, por estar allí, siendo una encantadora condesa, enamoró a quien se suponía que no podía enamorarse de ella: un archiduque, heredero de un imperio.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: 02 Mar 2008 22:41 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 21:47
Mensajes: 17294
Imagen

Franz Ferdinand había nacido archiduque. Se había convertido en archiduque heredero de la corona imperial austro-húngara el día 2 de febrero de 1889, cuando contaba ya veintiséis años, y esos derechos al trono los había recibido a consecuencia de la renuncia expresa a favor suyo del auténtico detentador de los mismos: su padre, un hombre de cincuenta y seis años que no se veía ni con ánimos ni con ganas para asumir aquel difícil papel. A fín de cuentas, todavía faltaba enterrar al que había sido heredero natural de la dinastía: el archiduque Rudolf, único hijo varón del emperador Franz Joseph I, quien había fallecido, en circunstancias trágicas, el 30 de enero en el pabellón de caza de Mayerling junto a una amante del momento.

Para Franz Ferdinand, la vida acababa de dar un giro de ciento ochenta grados debido al presunto suicidio de su primo carnal Rudolf y a la decisión de no aceptar el rol de heredero de su padre Karl Ludwig. A partir de ahí, se esperaba de él que se casase lo antes posible con una princesa apropiada en todos los sentidos y que procrease para garantizar el futuro a largo plazo de la dinastía. Por un breve lapso de tiempo, alguien sugirió que podía casarse con la viuda de Rudolf, la infortunada Stephanie de Bélgica; pero el emperador Franz Joseph comprendió que aquello carecía de sentido y de lógica, ya que Stephanie, una nuera no querida, había tenido sólo una hija con Rudolf, la adorable Erzsi, antes de contraer de su disoluto esposo una enfermedad venérea que le había arrebatado la posibilidad de volver a concebir.

Para encontrar una esposa idónea habría que buscar más lejos...en otras cortes europeas cuyos soberanos profesasen la religión católica. Bastante se tambaleaba el prestigio de los Habsburgo debido a la muerte escandalosa de Rudolf con la baronesa Mary von Vetsera. Franz Ferdinand debía suponer el inicio de una etapa nueva, más positiva para la doble corona imperial, por mucho que a Franz Joseph le desagradase la situación de ver a ese sobrino ocupando el lugar que había desocupado, por las bravas, su hijo.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: 14 Jun 2008 09:32 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 21:47
Mensajes: 17294
El romance de Franz Ferdinand y Sophie constituye una de esas historias increíblemente conmovedoras, de principio a fín. Acaeció que Sophie "se colocó", en calidad de dama de compañía, con una de las parejas más notables de la amplia familia Habsburgo: la formada por el archiduque Friedrich de Austria-Teschen y su ambiciosa esposa Isabella, nacida princesa Isabella de Cröy-Dülmen. Friedrich tenía, entre sus hermanas, a dos reinas: María Theresa de Baviera -esposa de Ludwig III- y María Cristina de España -consorte de Alfonso XII, regente en nombre de su hijo Alfonso XIII que nació meses después de que ella hubiese enviudado-. Junto a Isabella de Cröy-Dülmen, el archiduque Friedrich había tenido nada menos que ocho hijas consecutivas antes de que llegase al mundo el ansiado heredero varón. Las hijas eran, en orden de mayor a menor: María Christina, María Anna, María Henrietta, Nathalia, Stephanie (aunque ésta falleció con apenas cuatro añitos), Gabriele, Isabella y Alicia. El benjamín, Albrecht, creció extraordinariamente mimado, por tanto bastante "estropeado" desde el principio, entre semejante repertorio femenino.

En cierto sentido, hay un paralelismo entre la archiduquesa Isabella, princesa de Cröy-Dülmen, y otra dama real que hemos conocido bien, la inefable Marie Alexandrine de Mecklemburg-Schwerin, por matrimonio María Paulovna gran duquesa Vladimir de Rusia. Al igual que "Miechen", Isabella era una dama con un tremendo orgullo de casta, imbuída de una fuerte conciencia del rol que le tocaba desempeñar; estaba encantada de haberse conocido a sí misma y de haberse casado con un archiduque que había alcanzado un elevado rango en el ejército imperial, disponiendo asimismo de una considerable fortuna; le encantaba vestirse de gala y adornarse con las mejores alhajas de su -impresionante- colección de joyas. También se trataba de una mujer con elevadas aspiraciones respecto al futuro de sus hijas archiduquesas. Isabella cuidaba mucho, muchísimo, el amplio abanico de relaciones familiares y sociales, confiando en que ahí encontraría las mejores oportunidades para colocar a sus hijas en elevadas posiciones. Por ejemplo: Friedrich e Isabella no sólo veían a la hermana de éste reina regente de España, María Cristina, en el curso de la estancia anual que nuestra querida "Doña Virtudes" se concedía en Viena, sino que visitaban con regularidad el país gobernado por la egregia señora en nombre de su hijo Alfonsito. Los viajes a territorio español no decayeron, sino que se incrementaron, después de que Alfonsito hubiese alcanzado la mayoría de edad. "Tante Isabella" tenía la certeza de que, si jugaba bien sus cartas, Alfonsito acabaría casándose con una de sus hijas mayores, María Anna. Y una cosa que le tocaba las narices es que ella percibía, en el papel de rival de su hija María Anna, a las sobrinas bávaras de Friedrich, hijas de la reina María Theresa con Ludwig III. En cuanto a María Cristina, nuestra "Doña Virtudes", se hubiera puesto como unas pascuas si Alfonsito se hubiese decidido bien por una de sus mencionadas sobrinas austríacas, bien por una de sus sobrinas bávaras: cualquiera de ellas le hubiese parecido altamente satisfactoria. Pero Alfonsito rompió los esquemas de todos al empeñarse en formalizar un noviazgo con la inglesa Ena de Battenberg...

Pues bien: este chasco con Alfonsito fue posterior al gran chasco con Franz Ferdinad. En el otoño de 1897, Franz Ferdinand había empezado a visitar asiduamente la fastuosa villa de los Teschen en Bratislava. A Isabella jamás se le pasó por la cabeza que el motivo que llevaba a Franz Ferdinand hasta allí fuese ver a la guapa Sophie Chotek von Chotkowa und Wognin, una de sus damas de compañía. Isabella dió por supuesto, en cambio, que Franz Ferdinand quería solicitar a una de sus hijas, muy probablemente María Anna, que, así, se vería elevada a la condición de futura emperatriz...


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: 14 Jun 2008 09:50 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 21:47
Mensajes: 17294
Durante los primeros meses de 1898, se mantuvo aquella especie de vodevil sentimental. Cada vez que Franz Ferdinand se presentaba en la villa de los Teschen, Isabella se desvivía por complacerle creyendo que él estaba reuniendo el valor para declararse a su hija María Anna. Poco a poco, sin embargo, surgió la duda, porque no había indicios de una particular preferencia de Franz Ferdinand hacia María Anna. La soberbia archiduquesa Isabella empezó a preguntarse si no preferiría quizá el archiduque heredero a una de las chicas menores, quizá Nathalia, quizá Gabriele. Estaba, por así decirlo, completamente despistada respecto a las posibles intenciones de su invitado preferido.

Franz Ferdinand aprovechó el tiempo para cimentar su relación con Sophie, a quien denominaba, cariñosamente, "Sopherl". Aunque era un mozo de carácter difícil, Franz Ferdinand se transformaba en un manso gatito en presencia de la encantadora Sopherl, que, poco a poco, comprendió que los sentimientos de él serían profundos, sólidos y duraderos. Por desgracia, en un cálido día veraniego, Franz Ferdinand, al abandonar la villa, se dejó olvidado, en un rincón, su reloj, uno de aquellos relojes guardados en una cajita esférica que se llevaban colgados de una cadena. Los relojes se abrían, y la parte superior de la cajita solía llevar, en el interior, el retrato de la persona más querida, generalmente la novia o esposa. Al encontrar el reloj, la archiduquesa Isabella sintió que, por fín, quizá encontrase respuesta para la pregunta que no dejaba de rondarla desde hacía ya meses. Con poco respeto hacia la intimidad ajena, abrió el reloj esperando encontrar el retrato de alguna de sus hijas. Pero se encontró el retrato de Sophie, lo que, de entrada, casi le provocó una apoplejía.

Ahí, nuestra Isabella perdió completamente los papeles. Inmediatamente fue en busca de su dama de compañía checa, poniéndola a caer de un burro a voces. ¿Qué se había creído aquella insignificante aristócrata empleada en su casa? ¿Pensaba que podía mofarse de todos ellos, apareciendo siempre seria, circunspecta y modosita mientras, a sus espaldas, trataba de engatusar al heredero del trono imperial? ¿Pretendía ser otra Mary von Vetsera, acaso, el juguete de un príncipe al que llevaría a un desastre sin paliativos? ¡Qué falta de moral, qué falta de decoro, que desvergüenza! Pálida, con los labios fruncidos, Sophie aguantó manteniendo la mayor compostura la diatriba de insultos de la archiduquesa Isabella. Pero a la joven Sophie sin duda le faltó poco para caerse redonda de la impresión cuando, a modo de colofón, Isabella le ordenó empacar sus pertenencias en un tiempo récord y abandonar la residencia.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: 14 Jun 2008 10:05 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 21:47
Mensajes: 17294
Imagen
Joven Sophie.

La imperiosa y dominante archiduquesa Isabella podía haber resuelto "aquella embarazosa situación" de forma discreta, con cierta "finura". Pero se había enfurecido de tal manera al darse cuenta de que su invitado predilecto, su previsible futuro yerno ideal, había estado "abusando de la hospitalidad recibida" para "bailarle el agua" a una "arribista condesita checa", que no midió sus actos. La manera en que echó a Sophie de la villa, con cajas destempladas, íba a originar un gran escándalo en Bratislava, cuyos ecos resonarían en toda Austria-Hungría.

Mientras Sophie, humillada, vejada y despedida, se dirigía a casa de su hermana Oktavia en un carruaje cerrado, debió sentirse francamente angustiada respecto a su futuro. Ante aquel escándalo público propiciado por la archiduquesa Isabella, el archiduque Franz Ferdinand tendría que mantener el tipo ante su tío emperador, Franz Joseph. Se ejercería una presión brutal sobre Franz Ferdinand para que detuviese ya sus "amoríos de baratillo" con la "insignificante checa". En esa tesitura, la posición de Sophie ante los ojos de la gente dependía por entero de la reacción que tuviese Franz Ferdinand. Si él la anteponía a cualquier otra consideración, saldría bien parada. Si él, en cambio, decidía "mostrarse pragmático" y "no sentimental", ella se quedaría en la estacada, con la reputación dañada por ese episodio (todos se harían lenguas, con notable malicia, acerca de "esa condesita que picó demasiado alto...").


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: 14 Jun 2008 10:17 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 21:47
Mensajes: 17294
Mientras Sophie buscaba refugio en su hermana Oktavia, Franz Ferdinand se enteró, rápidamente, del modo brutal en que la archiduquesa Isabella se había quitado de enmedio a la condesa Chotek. El archiduque se preparó mentalmente para presentarse ante el emperador Franz Joseph. A esas alturas, tenía claro que pensaba luchar por Sophie a capa y espada. Ella no era un capricho, un antojo pasajero, una aventura efímera. Estaba enamorado hasta los tuétanos y quería casarse con ella.

Franz Ferdinand preparó sus argumentos. Sophie no era una princesa de pura cepa, ciertamente, pero tampoco "una cualquiera". Pertenecía a una antigua y sólida aristocracia, que se remontaba hacia atrás varios siglos. Entre sus lejanos antepasados, incluso figuraba Elisabeth de Habsburgo, hermana de Rodolfo I de Habsburgo, emperador germánico, el que había iniciado la epopeya imperial de los Habsburgo. Antes de presentarse ante su tío emperador con esos datos en la cabeza, Franz Ferdinand buscó, sin embargo, el apoyo moral de su madrastra, la archiduquesa María Theresa. Y aquí merece la pena hacer un inciso para introducir una breve semblanza de familia...


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: 14 Jun 2008 10:43 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 21:47
Mensajes: 17294
El archiduque Karl Ludwig de Austria, uno de los hermanos del emperador Franz Joseph, se había casado con María Theresa de Braganza, infanta de Portugal, en Kleinheubach, Baviera, el 23 de julio de 1873. Para entonces, Karl Ludwig contaba cuarenta años de edad, en tanto que la guapa y estilosa María Theresa tenía dieciocho años recien cumplidos. Precisamente esa notable diferencia de edades, unida a la excelente apariencia de María Theresa, causaría pronto turbulencias en su vida conyugal ya que suscitó una gran inseguridad en Karl Ludwig, el cual reaccionó a ese sentimiento de inseguridad con un afán de controlar constantemente cada movimiento de su mujer y con desmedidos ataques de celos.

Imagen
Joven María Theresa.

En cualquier caso, María Theresa era una mujer con un bello aspecto, pero, sobre todo, con una naturaleza cálida, afectuosa y extremadamente generosa. Desde el principio, no sólo sobrellevó con resignación los ramalazos coléricos de Karl Ludwig, sino que se volcó en la tarea de ejercer de madrastra para los hijos que él había tenido en su anterior matrimonio. De su primera mujer, la difunta Margaretha de Sajonia, a Karl Ludwig no le habían quedado descendientes; pero la segunda mujer, la fallecida María Annunziata de Borbón-Dos Sicilias, sí le había dejado tres chicos (Franz Ferdinand, Otto Franz y Ferdinand Karl) así como una chica (Margaretha Sophie). Cuando Karl Ludwig contrajo nupcias con María Theresa, esos hijos huérfanos de María Annunziata estaban en plena infancia: Franz Ferdinand, el primogénito, tenía diez años; Otto Franz tenía ocho años; Ferdinand Karl tenía seis años y la benjamina, Margaretha Sophia, denominada cariñosamente Gretel, tenía un añito. En honor a María Theresa, hay que decir que, desde el primer instante, puso todo su corazón en criar a los niños, que la retribuyeron con un amor intenso, no menor del que hubieran sentido hacia su propia madre. Ni siquiera después de haber tenido María Theresa dos hijas biológicas -Maria Annunziata, llamada Miana, y Elisabeth Amalie, llamada Liesel- dejó de mostrar el mismo afecto hacia sus hijastros. Para ella, jamás hubo diferencias entre los chicos.

A finales del siglo diecinueve, María Theresa mostró su gran capacidad de comprensión cuando Franz Ferdinand se presentó a relatarle en detalle lo sucedido con Sophie. Para gran alivio y profunda emoción de Franz Ferdinand, su madrastra no se mostró nada "snob" sino todo lo contrario. "Sopherl" debía ser maravillosa si le había inspirado ese amor, declaró María Theresa, añadiendo que Friedrich e Isabella de Teschen se habían portado "abominablemente" mal al expulsar de su casa a la condesa, poniéndola en vergüenza públicamente; el sentido del honor y la caballerosidad de Franz Ferdinand, por supuesto, debían tener mayor fuerza que las consideraciones dinásticas. El apoyo incondicional de María Theresa redobló la firmeza y decisión de Franz Ferdinand cuando éste se presentó ante el emperador Franz Joseph...


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: 14 Jun 2008 11:04 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 21:47
Mensajes: 17294
Imagen
El viejo emperador Franz Joseph.

Imagen
Su sobrino heredero el archiduque Franz Ferdinand.

En el despacho del emperador en el Hofburg vienés se produjo una borrascosa escena entre Franz Joseph y Franz Ferdinand. El primero insistía en que se mantendría a toda costa la tradición imperial: el heredero se casaría, de mejor o peor gana, con una auténtica princesa que además profesase la religión católica. Ni siquiera una princesa que no fuese católica resultaría admisible para los Habsburgo. Menos aún, desde luego, íba a dar su brazo a torcer por una simple condesa checa, por mucho que ésta pudiese presumir de unas remotas conexiones familiares con los Habsburgo o los Liechtenstein. Franz Ferdinand insistió en que solamente aceptaría casarse con Sophie. Franz Joseph le replicó que jamás obtendría permiso para ello. Lo último que necesitaba la dinastía era un matrimonio morganático.

Es de suponer que, por respeto a la edad y al rango de su tío, Franz Ferdinand tendría que morderse bastante la lengua. En su juventud, Franz Joseph había podido casarse con quien le había pedido el corazón. Cierto que Elisabeth en Baviera era una princesa católica, pero, de hecho, seguramente había sido también la más inapropiada e inadecuada emperatriz de Austria debido a su completa reluctancia a cumplir sus deberes. El único hijo varón de Franz Joseph y Elisabeth, el príncipe Rudolf, no había sido precisamente un marido ejemplar para su esposa, la princesa católica Stephanie de Bélgica. Una enfermedad venérea que Rudolf había pillado en sus correrías se había transmitido a la pobre Stephanie, dejándola incapacitada para tener más hijos después de haber puesto en el mundo a una niñita que carecía de derechos sucesorios en razón de su sexo. Ulteriormente, Rudolf se había suicidado en el pabellón de caza de Mayerling con una -que no la única...- de sus amantes, la baronesa Mary von Vetsera. En otro sentido, de los hermanos del propio Franz Ferdinand, uno de ellos, Otto Franz, apodado por los vieneses "Otto el Hermoso" debido a su apostura, estaba casado con la princesa, católica, María Josepha de Sajonia; la pobre María Josepha criaba a solas a sus dos pequeños hijos, Karl y Maximilian Eugen, mientras que Otto, un tipo con un estilo de vida completamente disoluto, mantenía a sus amantes favoritas, Marie Schleinzer y Louise Robinson (que le habían proporcionado varios bastardos).

Con esos "ejemplos", debió pensar Franz Ferdinand, menos daño le haría a la dinastía que él se casase con su Sopherl. Pero Franz Joseph se mantuvo rígido e inflexible, antes de determinar que el archiduque heredero debía ausentarse por una larga temporada marchándose a un extenso recorrido por la costa del Adriático.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: 14 Jun 2008 11:35 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 21:47
Mensajes: 17294
Franz Ferdinand partió hacia la costa adriática justo cuando llegaba de visita a Viena una princesa católica muy guapa: Marie Amelie de Orleáns. Una tía de ella, la princesa Clementine, asentada en Viena con su marido August de Saxe-Coburg-Gotha, había "calculado" que Amelie podía ser una perfecta candidata a esposa de Franz Ferdinand, así que la había invitado a pasar una temporada a su residencia en la capital imperial austrohúngara. Pero para cuando se produjo la llegada de la princesa francesa, el archiduque heredero había iniciado su viaje hacia la costa adriática después de enviar una larga carta a su novia checa, asegurándole que seguiría plantando batalla hasta poder casarse con ella y rogándole que no perdiese la confianza nunca a pesar de la distancia física que se interpondría entre ambos.

Imagen
Sophie.

Indudablemente, no fue una etapa fácil para Sophie. Su propia familia estaba dividida, precisamente porque la querían mucho. Aunque entendían que existía un auténtico amor entre el archiduque y la muchacha, también consideraban que ella estaba esperando que se pudiese efectuar una boda que había suscitado la virulenta oposición de la corte imperial. En todo el amplio surtido de miembros de la casa Habsburgo, solamente la madrastra de Franz Ferdinand, María Theresa, apoyaba ese enlace por amor, secundada por sus hijas, Miana y Liesel (que adoraban a su hermanastro mayor). Los demás mantenían una postura enconada en contra de la boda. Entre los que se manifestaban con particular rudeza estaban los dos hermanos de Franz Ferdinand, Otto y Ferdinand. También, por supuesto, el archiduque Friedrich de Austria-Teschen con su enérgica esposa Isabella.

La familia de Sophie temía, lógicamente, que, al final, Franz Ferdinand tuviese que sacrificar sus sentimientos por imperativos dinásticos. Las promesas de Franz Ferdinand a Sophie serían, entonces, promesas que se habría llevado el viento. La joven quedaría desairada a ojos de la gente...y con un futuro poco halagüeño por delante. La perspectiva de una Sophie abandonada les turbaba, les preocupaba e incluso les angustiaba por momentos.

Pero Sophie mantuvo su fe en Franz Ferdinand. Los dos cruzaban extensas misivas mientras permanecían separados. Para cuando el archiduque regresó de su viaje, no tardó en buscarse las mañas para reencontrarse con la condesa Chotek en Praga...


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: 15 Jun 2008 07:24 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 21:47
Mensajes: 17294
En 1899 había quedado ya meridianamente claro que Franz Ferdinand no íba a ceder ni un palmo respecto a su postura: o le permitían casarse con su Sopherl o permanecería soltero. El emperador, Franz Joseph, también se había enrocado en su posición negativa, pero, paulatinamente, se vió sometido a un bombardeo de intervenciones a favor de su heredero. El káiser Wilhelm II de Alemania, su aliado, un individuo que por lo demás siempre se había mostrado muy puntilloso en lo que atañía a los matrimonios de los miembros de la casa Hohenzollern, pidió de pronto Franz Joseph que reconsiderase su actitud porque aquel conflicto abierto estaba minando a la dinastía reinante de Austria-Hungría. Hablando con franqueza, los Habsburgo se habían encontrado en una posición delicada a raíz de la muy cacareada tragedia de Mayerling, así que lo último que necesitaban era mantener durante lustros una fuerte pelea interna en torno a la relación de Franz Ferdinand con Sophie Chotek. Nicholas II, zar de Rusia, sumó su voz a la del káiser Wilhelm. Pero, probablemente, el factor decisivo, para el católico Franz Joseph, lo constituyó que abogase por la pareja el mismísimo Papa, León XIII. Un matrimonio, aunque morganático, conferiría la necesaria respetabilidad a Franz Ferdinand y Sophie, eliminando de un plumazo el escándalo que se estaba dando, algo que, en opinión de Su Santidad, el emperador debería tener también en cuenta...

Poco a poco, conferenciando con su Gran Maestro de Ceremonias, el príncipe Wilhelm Alfred de Montenuovo, Franz Joseph fue pergueñando minuciosamente las draconianas condiciones que llevaría implícito el matrimonio morganático de su heredero. La cosa tenía su miga, porque Montenuovo era un descendiente de una archiduquesa Habsburgo, María Luisa, tía por vía paterna de Franz Joseph, que, tras la derrota y exilio a una islita de su esposo, el emperador advenedizo de los franceses Napoleón Bonaparte, había llevado una vida amorosa bastante irregular: aún antes de quedarse viuda, la mujer ya había dado hijos bastardos a su amante, el conde Neipperg, separado de su esposa legítima. Montenuevo descendía de la pareja María Luisa-Neipperg, lo que quizá debería haberle proporcionado una visión más flexible acerca de aquella clase de asuntos; pero, por el contrario, se mostraba implacable en la materia.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: 15 Jun 2008 07:44 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 21:47
Mensajes: 17294
Las condiciones eran en realidad muy duras...

Franz Ferdinand tenía que comprometerse de forma pública y solemne a que nunca, cuando él accediese al trono, elevaría a su esposa morganática por encima del rango que se le adjudicase a la mujer. Los hijos que tuviesen compartirían el rango de la madre, lo que les excluiría por completo de la línea de sucesión al trono imperial. Había más: en sus cartas oficiales, Franz Ferdinand nunca podría hacer uso de la expresión "Mi esposa y yo...". Su esposa quedaba relegada a un ámbito casi meramente privado. Ella no podría sentarse a su lado en ninguna función de la ópera o del teatro imperial, igual que no podría sentarse a su lado en ningún carruaje abierto, ni siquiera para darse un paseo por los célebres bosques vieneses; en las ceremonias palaciegas, la pobre aparecería siempre como la última de la fila, por detrás del largo surtido de archiduquesas de la familia. Para rematar, ni siquiera se le concedería un buen título de mera cortesía: hasta nueve años más tarde de su casamiento, no la transformaron en duquesa de Hohenberg con rango de "Alteza".

Para Franz Ferdinand, un individuo de carácter extremadamente orgulloso y susceptible, resultaba durísimo tener que aceptar semejante trato futuro hacia la mujer a la que amaba. Percibía claramente la interminable serie de afrentas intencionadas y humillaciones que se le inflingirían a su esposa morganática. Pero Sophie tenía carácter suficiente para sobrellevar con cierto humor esa lista de restricciones que conllevaría su casamiento desigual. Lo importante, para ella, era que podrían vivir juntos y fundar una familia; el resto, le parecía un precio a pagar por su felicidad doméstica.

Después de que, en una ceremonia oficial en el Hofburg, Franz Ferdinand jurase respetar esas exigencias, Franz Joseph autorizó la boda, aún dejando bien claro que él no asistiría a esa ceremonia que debía realizarse con la mayor discreción posible. La actitud del emperador se contagió al resto de la familia. Incluso los hermanos de Franz Ferdinand, Otto, Ferdinand Karl y Margaretha "Gretel", se negaron a asistir a "la charada"...un insulto que el novio sabía que no olvidaría ni aunque viviese cien años. En cambio, reventaba de pura gratitud hacia su madrastra, María Theresa, y sus hermanastras, Miana y Liesel: las tres le habían ofrecido su aliento durante el período de controvertido noviazgo, así que, en coherencia con su postura, estaban decididas a no perderse la boda.

El célebre compromiso de Franz Ferdinand con la corona se había sellado al atardecer del 28 de junio de 1900 en el Hofburg vienés. Enseguida, se iniciaron los preparativos que derivarían en el casamiento. Sería pocos días después, el 1 de julio de 1900, en la capilla, consagrada a San Francisco Seráfico, del recoleto castillo de Reichstadt, en Bohemia. La foto que se conserva del evento muestra a los novios escoltados por la cariñosa madrastra y las comprensivas hermanastras de él, así como los miembros de la familia de la contrayente.

Imagen


Arriba
 Perfil  
 


Mostrar mensajes previos:  Ordenar por  
Nuevo tema Responder al tema  [ 72 mensajes ]  Ir a página 1, 2, 3, 4, 5, 6  Siguiente


¿Quién está conectado?

Usuarios navegando por este Foro: No hay usuarios registrados visitando el Foro y 0 invitados


No puede abrir nuevos temas en este Foro
No puede responder a temas en este Foro
No puede editar sus mensajes en este Foro
No puede borrar sus mensajes en este Foro
No puede enviar adjuntos en este Foro

Buscar:
Saltar a:  



Style by phpBB3 styles, zdrowie zdrowie alveo
Powered by phpBB © 2000, 2002, 2005, 2007 phpBB Group
Base de datos de MODs
Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com
phpBB SEO
Crear Foro | Subir Foto | Condiciones de Uso | Política de privacidad | Denuncie el foro