Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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 Asunto: Re: SOPHIE CHOTEK VON CHOTKOWA, DUQUESA DE HOHENBERG
NotaPublicado: 29 Jun 2014 14:56 
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Esos antecedentes eran los antecedentes de Franzi cuando conoció a Sophie, de cuyos antecedentes de familia muy aristocrática pero de poco dinero que había logrado un triunfo al entrar al servicio de la archiduquesa Isabelle ya habíamos hablado. Ser dama de compañía en el círculo de Isabelle era todo un éxito para la joven Chotek, cuya hermana Zdenka se había colocado también como dama pero en su caso en el círculo de Stephanie en Viena. Otras hermanas habían estado rápidas para hacer buenas bodas: Klara se había casado con el conde Leopold Nostitz-Rieneck en 1886, Marie se había casado con el conde Jaroslav von Thun Hohenstein en 1887. Jaroslav von Thun Hohenstein, el marido de Marie y flamante cuñado de Sophie, era uno de los asiduos compañeros de cacerías de Franz Ferdinand. Por eso a veces se ha especulado con que pudieron conocerse Franzi y Sophie en casa de los von Thun Hohenstein, aunque existe otra versión comúnmente aceptada de que se encontraron en un baile en Praga. En teoría, a partir de ahí Franz Ferdinand hizo muy asiduas sus visitas al palacio de los archiduques Friedrich e Isabelle, el Teschen Palais de Feltorony, en Pressburg. Por eso Isabelle se hizo ilusiones rápidamente acerca del inminente noviazgo de Franzi con una de sus hijas, lo que la hubiese convertido a ella en madre orgullosísima de una futura emperatriz de Austria-Hungría.

Como sabemos, aquel noviazgo llegó a boda gracias al apoyo de María Teresa. María Teresa y sus hijas no fueron las únicas que comprendieron a Franzi. Quizá de forma en apariencia sorprendente él encontró un afectuoso entendimiento en Stephanie, la viuda de Rudolf, que a inicios del siglo XX luchaba ardorosamente para poder casarse morganáticamente con un conde húngaro. Fuera de ese círculo, nadie quiso entender. Lógico que la muy frustrada archiduquesa Isabelle hiciese campaña contra la novia en Viena, pero enseguida se vió respaldada por damas de la familia como, asombroso, la jovencísima hija de Rudolf y Stephanie, Erzsi. A ojos de Erzsi, la Chotek era una intrigante, una aventurera que ponía al trono en un aprieto. Por supuesto, Alfred Montenuovo, el gran personaje de la corte, compartía esas impresiones negativas, lo mismo que los dos hermanos de Franz Ferdinand y otros miembros masculinos destacados del clan Habsburgo, por ejemplo el habitualmente mesurado archiduque Rainer.

Montenuovo, el caballero distinguido de la foto, hizo mucho daño en los años siguientes a Franz Ferdinand y Sophie al insistir constantemente en subrayar la inferioridad de la duquesa de Hohenberg cada vez que ella pìsaba el de por sí muy resbaladizo suelo de la corte imperial. Durante años y años, a Sophie le hicieron sentir constantemente que era la morganática, la no igual, la extraña que debía permanecer siempre en un rincón. Aquello podía herir a Sophie, pero a quien hacía casi reventar de pura rabia acumulada era a Franz Ferdinand. Había podido casarse con ella, pero no podía protegerla de una situación terriblemente humillante para su mujer. De hecho, sabía que nunca podría protegerla...hasta que no se convirtiese él mismo en el emperador.


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 Asunto: Re: SOPHIE CHOTEK VON CHOTKOWA, DUQUESA DE HOHENBERG
NotaPublicado: 29 Jun 2014 17:38 
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Antes de poder casarse con Sophie, Franzi había tenido que renunciar a los derechos al trono para su eventual progenie en una ceremonia estudiada al milímetro. Había tenido que hincar rodilla en el suelo en un gesto de profunda sumisión ante el emperador Franz Joseph, antes de acercarse caminando con aire marcial a una mesa a la derecha del trono. Flanqueado por dos candelabros, se distinguía un crucifijo. El cardenal vienés, Grushcha, sostenía la Biblia sobre la cual posó la palma de su diestra Franzi antes de formular su juramento, válido para aquel momento y para la posteridad, ya que se comprometía a no tratar de revertirlo nunca en un futuro. En realidad, la corte vienesa nunca acabó de fiarse de que no intensase, cuando llegase a ser emperador, darle la vuelta a las cosas en favor de los hijos que le pudiese proporcionar "la esposa morganática".

Formalmente, desde ese instante, el hermano que seguía en edad a Franz Ferdinand, el archiduque Otto, se convertía en heredero al trono. Pero nadie pensaba verdaderamente que Otto llegase a heredar nada. Era menor en edad que Franz Ferdinand, pero si a Franzi le aquejaba una tuberculosis, lo del disipadísimo Otto era peor: la sífilis hacía estragos en su organismo. Afortunadamente, desde los cánones imperiales, Otto había cumplido al menos con el deber de casarse bien: su esposa, su sufridísima esposa, era la princesa María Josepha de Sajonia, que aguantaba carros y carretas con admirable presencia de ánimo. María Josepha había proporcionado a Otto dos hijos: Karl, nacido en 1887, y Maximilian, nacido en 1895. Entre el nacimiento de Karl y el de Maximilian, por cierto, Otto había tenido otros dos descendientes fuera del matrimonio, con su amante burguesa, Marie Schleinzer. Otto, que había sido desde pequeño el favorito de su padre Karl Ludwig, siempre había tenido una relación tremendamente conflictiva con su hermano mayor Franz Ferdinand, pero las cosas habían empeorado sustancialmente cuando Otto, casado por deber y que se contentaba con tener a su querida disponible, reprochó a Franz Ferdinand que fuese a contraer nupcias morganáticas con una simple condesa Chotek.

No obstante, desde el mismo momento en que Franzi renunció expresamente a los derechos de sus futuros hijos, los hijos de Otto adquirieron una gran significación dinástica. El pequeño Karl vió su vida alterada desde aquel mismo verano de 1900. Karl y su hermano estaban acostumbrados a repartir su tiempo entre el palacio Hetzendorf de Viena, el castillo de Reichenau e incluso Miramar, las residencias favoritas de María Josepha, que conservaba una excelente reputación a pesar de que, viviendo separada de hecho de su marido, se sentía libre de mantener una estrecha amistad con el actor Otto Tressler. Más o menos la cosa siguió la misma pauta, pero la educación que estaba recibiendo Karl contemplaba a partir de ese instante que ya no estaban forjando a un archiduque, sino a un futuro emperador.

Como ya sabemos, porque lo hemos visto al principio del tema, Sophie enseguida se quedó embarazada, para deleite del enamorado Franz Ferdinand. Entre 1901 y 1904, la intitulada duquesa de Hohenberg (el título retrotraía a Gertrudis de Hohenberg, la esposa de Rudolf I, el fundador del imperial linaje...) dió a luz a tres retoños. La primogénita, Sophie Marie Franziska Antonia Ignatia Alberta, nació el 24 de julio de 1901. La seguiría Maximilian Karl Franz Michael Hubert Anton Ignatius Joseph Maria, el 29 de septiembre de 1902. El tercer hijo, Ernst Alfons Franz Ignaz Joseph Maria Anton, nació el 17 de mayo de 1904. Sophie y su hermanito Ernst llegaron al mundo en Konopiště, un bonito castillo de estilo gótico renacentista situado a unos cincuenta kilómetros al sudoeste de Praga. Max, el del medio, llegó al mundo en el palacio Belvedere, en Viena.

Entre tanto, Otto, el hermano de Franzi, había ído empeorando a consecuencia de su sífilis. Desde 1904, el archiduque devastado por la enfermedad se estableció en una villa situada en Währing, uno de los suburbios de Viena. Su amante Marie Schleinzer, la madre de sus hijos naturales, había sido reemplazada por otra querida: Louise Robinson. A Louise le tocó la tarea de atenderle en su decadencia, ayudada por la archiduquesa María Teresa, aquella mujer que nunca dejaba en la estacada a los hijastros. En octubre de 1906, creyendo que el final de Otto era inminente, se avisó de ello a su esposa oficial, María Josepha, que viajó hasta Viena desde Miramar con sus hijos Karl y Max. En cuanto llegaron, se les dijo que Otto había mejorado, para sorpresa de todos los que le rodeaban, así que se largaron de nuevo a Miramar. No les dió tiempo de volver ante el segundo aviso, por lo que estaban ausentes cuando se produjo finalmente la defunción.


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 Asunto: Re: SOPHIE CHOTEK VON CHOTKOWA, DUQUESA DE HOHENBERG
NotaPublicado: 29 Jun 2014 21:58 
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Sin duda alguna, las muy solemnes exequias del archiduque Otto supusieron para miles de vieneses una oportunidad para observar de cerca la serena y circunspecta figura de su hijo mayor, Karl, que presidió el evento. El muchacho acababa de convertirse, formalmente, en el segundo en línea de sucesión al trono, por lo que su tío abuelo Franz Joseph reafirmó su interés personal en la formación en materia política de éste, diseñada por el conde Wallis en consenso con el conde Polzer-Hoditz. A partir de 1907, al alcanzar los veinte años, Karl adquirió su propia casa, como un archiduque ya adulto. De acuerdo a la voluntad de Franz Joseph, el príncipe Lobkowitz se convirtió en el jefe de la Casa de Karl, mientras que para el cargo de asistente personal fue designado el conde Ledebuhr.

Franz Joseph era muy pragmático. No había aceptado con gusto la boda de Franz Ferdinand con Sophie, había accedido muy a su pesar a la resuelta vehemencia de la archiduquesa María Teresa. A Franzi se le había forzado a aceptar condiciones duras para su inminente esposa y futura progenie, antes de celebrar aquella boda a la que la inmensa mayoría de los Habsburgo no quisieron acudir. Pero una vez casados, a Franz Joseph le pareció que su heredero necesitaba que se le asignase un palacio digno del heredero del trono a modo de residencia capitalina, aunque Franzi disponía, por sí mismo, del Palais Módena. El maravilloso Belvedere se convirtió en la residencia oficial de Franzi y Soph o Sopherl, pues de ambas maneras la llamaba su marido. Franz Joseph había recibido poco después de la luna de miel de su sobrino y la nueva duquesa de Hohenberg a ésta en el palacio. Hubo de admitir que Sophie era una mujer "natural", por tanto nada artificiosa, y "modesta", por tanto nada pretenciosa, pero opinó que "ya no parecía joven". Como el emperador tenía a gala ser muy cumplido, devolvió la visita a la pareja en el Belvedere y quizá para sus adentros envidió un poco la atmósfera de doméstica felicidad que halló en aquel magnífico escenario palaciego.

Ya sabemos que la primera hija de Franzi y Soph nació en Konopiště, y el segundo en Belvedere. Los escenarios principales de la vida de Franzi y Soph con sus hijos fueron, indudablemente, Konopiště y el Schloss Artstetten. A partir de 1906, Franz Joseph, respetuoso con la condición de heredero de su sobrino, determinó que todos los informes oficiales de relevancia debían serle remitidos, pero el caso es que Franzi pasaba poco tiempo en Viena. Su asistente von Brosch calculó que Franzi estaba una media de 200 días al año fuera de Viena, lo que significaba que estaba en la capital apenas una media de 165 días al año. Pero en esto tenía que ver el hecho de que su mujer no era tratada con aprecio en la corte imperial y él deseaba estar a gusto con ella y con sus hijos, no verles pasar malos tragos por culpa de la rigidez de personajes como Alfred Montenuovo.

El gran evento de ese momento histórico, para la familia imperial, fue la conmemoración del Jubileo del emperador Franz Joseph. En 1908 tocaba celebrar que el monarca llevaba nada menos que sesenta años sentado en el trono de un vastísimo imperio. Prácticamente la totalidad del clan imperial se reunió en Schönnbrunn mientras la ciudad de Viena se engalanaba con miles de guirnaldas luminosas para la ocasión; el programa de festejos fue verdaderamente amplio y muy completo, combinando eventos familiares con otros de tipo cortesano y público. Al fin y al cabo, se trataba de halagar al anciano soberano pero también de reafirmar la imagen pública de la monarquía danubiana. Y la monarquía danubiana, sin duda, necesitaba reafirmar su imagen, porque las dudas acerca de lo que era y cómo debía evolucionar se cernían constantemente sobre ella como una bandada de oscuros cuervos. Mientras viviese Franz Joseph, él parecía sostener sobre sus hombros de patriarca de blancos cabellos y mostachos todo el entramado. Pero Franz Joseph no sería eterno. Franz Ferdinand tenía su propia visión de las cosas, a veces un poco teñida de cierta fobia a lo húngaro. Acerca de ls futura estructura del imperio, se sabe que, durante el Jubileo, hubo algún debate entre Franz Ferdinand y su sobrino Karl. Karl era un mozo de carácter serio y respetuoso, que nunca se enzarzaría en una discusión con su tío Franz Ferdinand. Pero los dos tenían opiniones diversas acerca de cómo debía ordenarse en un tiempo aún por venir la extensa amalgama territorial que constituía el imperio. Quizá el que mejor se lo pasó fue el hermano que le quedaba vivo a Franz Ferdinand y también tío de Karl...el archiduque Ferdinand Karl,a quien el avance de la tuberculosis, enfermedad que le afligía lo mismo que a su hermano mayor, había forzado a retirarse del Ejército en 1904. Ferdinand Karl vivía retirado en el Tirol con su amante, Bertha Czuber, hija del ilustrísimo matemático checo Emanuel Czuber: había prometido al emperador que la relación sería discreta y nunca iría "a más". En los actos de Jubileo, Ferdinand Karl permaneció en Viena y fue el escenógrafo de una entretenidísima obra interpretada por los nietos y sobrinos nietos del emperador, la nueva generación de los Habsburgo. Al año siguiente, ese mismo archiduque que, al igual que el difunto Otto, había criticado ácidamente la boda morganática de Franz Ferdinand, tendría la ocurrencia de casarse, morganáticamente, con Bertha Czuber, hija del ilustrísimo matemático checo Emanuel Czuber a despecho de la promesa formulada a Franz Joseph. Franz Joseph escribió una nota a su sobrino heredero Franz Ferdinand en la que expresaba su disgusto porque Ferdinand Karl se había unido a Bertha en un enlace desigual...sin siquiera pedirle permiso, saltándose todas las convenciones de la familia a la vez que la palabra dada.

En 1909, Franz Ferdinand tenía la esperanza de que Soph fuese "mejor vista" en el ámbito palaciego. En cierto modo, parecía que la culpa de que ella se viese a menudo ofendida en público recaía exclusivamente en la acrimonía de aquel Montenuovo a quien Franzi "se la tenía jurada". Montenuovo, por ejemplo, se "olvidó" (¡él que nunca olvidaba nada en cuestión de etiqueta cortesana...!) de designar el caballero que debía escoltar a Sophie de Hohenberg al interior del gran salón de baile durante una fiesta de corte en 1909. Años atrás, en una situación parecida, Soph se había sentido tremendamente avergonzaba. En 1909 era ya una mujer hecha y derecha gracias a una vida no siempre fácil, madre de tres hijos y que había dado a luz a un retoño muerto meses antes. Levantó la cabeza, enderezó su figura y entró en el salón sola, exudando dignidad en cada paso que daba. Un joven archiduque sintió tal tristeza que corrió a su encuentro, para ofrecerle galantemente el brazo. Ella, tras una leve duda, aceptó el gesto, pero aquello despertó un auténtico escándalo en la familia. Al día siguiente, archiduques y archiduquesas se quejaban de que "la morganática" hubiese aparecido del brazo de un archiduque que no había pensado en las implicaciones de su gesto.

Unos meses después, no obstante, Franz Joseph aceptó que Sophie amadrinase el Radetzky, un nuevo acorazado de la Armada austríaca, en Trieste. Aquello hizo que Franz Ferdinand concibiese ciertas esperanzas, en vísperas precisamente del viaje que debía efectuar junto a su tío emperador al Tirol, que conmemoraba el centenario de la expulsión de aquella provincia de las tropas de Napoleón. El Comité encargado de organizar los fastos tirolenses, aparte de contar con la presencia de Franz Joseph y de Franz Ferdinand, había tenido la deferencia de enviar una invitación para que acudiese a Sophie. Franz Ferdinand se mostró entusiasmado, pero el emperador Franz Joseph enseguida le echó encima un jarro de agua fría. Sophie no pudo ir al Tirol.

En realidad nuestra Sophie rara vez pudo participar en la vida pública de Franz Ferdinand, al margen de que en las celebraciones de corte Montenuovo la ningunease haciendo alarde de una notable insensibilidad. En 1902, cuando Franz Ferdinand había visitado al zar Nicolás II en San Petersburgo, había suplicado que dejasen que le acompañase Sophie...en vano. En 1904, cuando el príncipe George de Gales y su mujer Mary, nacida Teck, visitaron Viena, Sophie fue excluída deliberadamente de las recepciones oficiales. Fue George quien insistió en pasarse por el Belvedere a presentar sus respetos a la mujer de Franz Ferdinand, un gesto que denotaba "visión de futuro". Mary cedió...no muy conforme por tener que rozarse con la morganática (y eso que ella también era la nieta de una pareja morganática, vivir para ver).

En mayo de 1906...y esto os hará especial ilusión a muchos...Franz Ferdinand acudió a Madrid para presenciar el enlace de Alfonso XIII con Ena de Battenberg. La madre de Alfonso XIII, María Cristina, en origen archiduquesa de Austria, hermana de Friedrich de Teschen y cuñada de la gran Isabelle, se negó en redondo a incluír en la invitación a Sophie de Hohenberg. Sophie, la pobre, viajó con su marido sólo hasta Biarritz. Allí se quedó, alojada en un hotel bajo la identidad de condesa de Artstetten. A Franz Ferdinand, claro, se lo llevaban los demonios mientras proseguía su ruta en tren a Madrid. Es de suponer que ya llegó a los fastos de la boda con un humor endiablado, lo que no mejoró cuando el día del casorio le tocó compartir carruaje con el gran duque Vladimir de Rusia y el príncipe heredero Alberto de Bélgica. El humor sombrío de Franz Ferdinand persistió hasta el mismo momento en que pudo abandonar España y reunirse con Soph en Francia.

Hasta avanzado 1909 no se permitió que Sophie visitase una corte europea con su marido -y aún así marcando normas estrictas respecto a cómo debía mostrarse en público-. Su primer viaje fue a Rumanía, porque el rey Carol I la había incluído en la invitación oficial cursada a Franz Ferdinand. Cuando en julio de 1909 el tren de Franz Ferdinand y Sophie llegó a una pequeña ciudad de la frontera rumana, les aguardaban en el andén el príncipe heredero Ferdinand y su esposa Missy: por primera vez, la pareja austríaca pisaba junta una alfombra roja y recibía honores. Era normal que Franz Ferdinand estuviese exultante cuando llegaron al castillo de Peles, en el que les aguardaban Carol I y la reina Elisabeta, Carmen Sylva, que había sido gran amiga de la emperatriz Elisabeth. Elisabeta no era nada convencional y de hecho se había labrado fama de excéntrica. Recibió a Soph atrayéndola hacia sus brazos y besándola con sincera efusividad, lo que contrastaba tanto con el ceremonioso proceder que cabía esperar en ese tipo de encuentros de la realeza que Franz Ferdinand se sintió ligeramente incómodo.

Poco tiempo después, fue cuando se produjo la famosa visita de Franz Ferdinand y Sophie a la corte de Berlín. Se trató del segundo viaje a una corte real de Sophie con su esposo. En la estación Anhalter, el kaiser Wilhelm II no sólo recibió con efusividad a Franz Ferdinand, sino que hizo una inclinación de cortesía, besó la mano y ofreció un bouquet de orquídeas a Soph. Fue algo a lo que, desde luego, ella no estaba acostumbrada, pero reaccionó comportándose con una notable elegancia. La kaiserina Augusta Viktoria, Dona, les aguardaba en el Neues Palais de Postdam, dónde aquella misma noche se celebró una cena con gran baile de gala.

Para ser sinceros, el rango otorgado por los austríacos a Soph hacía inviable colocarla junto a su marido en la gran mesa presidencial que solía montarse en las cenas de Estado. El kaiser Wilhelm, demostrando que sabía cambiar las reglas a su gusto, decidió que esa noche se montarían pequeñas mesas redondas, en una de las cuales cenarían él y su Dona con los ilustres visitantes. Cuando Soph accedió al salón, llevando un traje de fiesta naranja adornado con pieles, fue recibida por el mismísimo kaiser. No se le estaban escatimando halagos a la mujer del heredero de Austria-Hungría aunque fuese "morganática".

Con esos antecedentes, Franz Ferdinand no tuvo inconveniente en irse unos días fuera de la capital, a un pabellón de caza junto a su anfitrión Wilhelm. Era muy obvio que las damas Hohenzollern pensaban deshacerse en atenciones hacia Soph. La kronprinzessin Cecilia, por ejemplo, organizó una cena en su honor en la cual la esposa de Franzi fue colocada entre la mismísima emperatriz Dona y la princesa heredera de Grecia, Sophie, hermana del Kaiser. Con tantos mimos, Soph flotaba entre nubes algodonosas...y su marido también. Al despedirse de la familia imperial alemana, Franz Ferdinand aseguró radiante ante Wilhelm que nunca olvidaría esos días pasados en Berlín. Lo decía muy en serio, no por cumplir.


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 Asunto: Re: SOPHIE CHOTEK VON CHOTKOWA, DUQUESA DE HOHENBERG
NotaPublicado: 29 Jun 2014 22:07 
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Dos fastuosas imágenes de Soph:

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Y una tercera, más "hogareña e intimista":

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 Asunto: Re: SOPHIE CHOTEK VON CHOTKOWA, DUQUESA DE HOHENBERG
NotaPublicado: 29 Jun 2014 22:26 
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La vida familiar era hermosa, en particular cuando estaban en Konopiště. Al igual que su tío Franz Joseph, Franz Ferdinand era, en el fondo, un hombre de costumbres sencillas. La diferencia entre ambos radicaba de que Franz Ferdinand, por hosco y malencarado que les pareciese a muchos, se transformaba en un cálido y amoroso esposo y padre dentro de su castillo.

En años muy posteriores, sus tres hijos expresarían haber sido intensamente felices junto a los padres, que eran entregados y devotos. Soph había ejercido la maternidad a conciencia: ella misma había acunado a sus hijos para dormirles cada noche, incluso cuando se despertaban varias veces llorosos en su época de bebés; ella misma, junto a su marido, les había bañado. Era un concepto claramente moderno de la paternidad y la maternidad. Cuando estaban en Konopiště, Franz Ferdinand se levantaba temprano, dejaba que su barbero particular Mellich le afeitase mientras charlaba animadamente con su Soph y después ambos bajaban a la sala de desayuno, dónde se reunían con los tres niños. A Franz Ferdinand le encantaba conversar con los pequeños mientras desayunaba sus dos huevos pasados por agua, sus tostadas y su té a la vez que revisaba los periódicos de la mañana. Sophie asistía sonriente a aquellas escenas que denotaban armonía. En aquel círculo, su hija Sophie era "Pinky". A Maximilian le llamaban, generalmente, Maxi y con Ernst, la cosa variaba, porque a veces le denominaban Ernie y a veces preferían aplicarle el mote cariñoso de Bululu. El secretario privado de Franz Ferdinand, Paul Nikitsch-Boulles, podía rememorar en una etapa ulterior muchas mañanas en las que, cuando él entraba llevando la correspondencia, el padre todavía estaba tan embelesado con los hijos que prefería revisar las carpetas allí mismo en vez de llevárselas al despacho. Sólo una vez que los chicos se largaban a su aula, dónde aguardaban los preceptores, aceptaba Franz Ferdinand recluírse en el despacho, en el que se alternaban fotos de Soph con fotos de los pequeños hijos de ambos.

Cuando Franz Ferdinand y Sophie debían alejarse de sus hijos por unos días, estaban completamente pendientes de ellos. Enviaban constantes cartas y telegramas, llamaban por teléfono asiduamente. Eran padres que se mostraban afectivos, que usaban expresiones cariñosas al dirigirse a los niños y no les regateaban elogios por sus logros.


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 Asunto: Re: SOPHIE CHOTEK VON CHOTKOWA, DUQUESA DE HOHENBERG
NotaPublicado: 29 Jun 2014 22:56 
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Minnie, que bien. Lo he pasado estupendamente, con la lectura anterior.
Me he visto, tras recorrer aquellos pasillos rojos, en el comedor tan blanco del Hofburg, observando a Sophie, sentada en una esquina, ( o a lo mejor en el centro, que no conozco la etiqueta de la mesa Vienesa). La he imaginado entre las paredes recubiertas de madera, del Belvedere, (he tenido el detalle de no contemplarla en la bañera, único vestigio de su época que vi allí). Y no he podido resistirme a diseñar el vestido naranja con pieles, que no me termina de convencer.
De entre todos los personajes del drama, que se desarrolló en la corte, durante los últimos años de siglo XIX y los primeros del XX, Franz Joseph siempre se me escapa. No logro tener una opinión sobre el, ni ponerle calificativos.


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 Asunto: Re: SOPHIE CHOTEK VON CHOTKOWA, DUQUESA DE HOHENBERG
NotaPublicado: 29 Jun 2014 23:02 
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(like) :bravo:


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 Asunto: Re: SOPHIE CHOTEK VON CHOTKOWA, DUQUESA DE HOHENBERG
NotaPublicado: 30 Jun 2014 07:44 
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Registrado: 25 Jul 2009 08:22
Mensajes: 1298
Ubicación: Buenos Aires, Argentina
Minnie escribió:
(...) Franz Ferdinand nunca olvidó que su tía la nada convencional y tremendamente elusiva emperatriz Elisabeth le había conminado a no aceptar nunca un matrimonio por conveniencia, ya que los matrimonios de ese tipo sólo proporcionaban hijos espantosos.

Esta mujer sigue sumando puntos conmigo, es todo lo que tengo que decir. :thumbdown: Ella como madre de matrimonio por conveniencia fue otro franco espanto, ya que hablamos del asunto. :rayos:

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"Ma fin est mon commencement, et mon commencement ma fin".


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 Asunto: Re: SOPHIE CHOTEK VON CHOTKOWA, DUQUESA DE HOHENBERG
NotaPublicado: 30 Jun 2014 10:34 
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Registrado: 17 Feb 2008 22:02
Mensajes: 25904
Ubicación: ESPAÑA
Doña Virtudes como siempre haciendo gala de su ausencia de ellas.

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 Asunto: Re: SOPHIE CHOTEK VON CHOTKOWA, DUQUESA DE HOHENBERG
NotaPublicado: 30 Jun 2014 14:12 
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Registrado: 27 Ago 2013 21:17
Mensajes: 2455
Querida Minnie: Muchas gracias por tan fascinante relato. Me lo he leído de un tirón. :bravo:

¡Verdaderamente, la archiduquesa María Luisa (la de Napoleón) se las traía! :shock:

Jamás he simpatizado con Franz Joseph, y, valga la aclaración, con Sissi tampoco. Doña Virtudes era
muy maleducada. :rayos:


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 Asunto: Re: SOPHIE CHOTEK VON CHOTKOWA, DUQUESA DE HOHENBERG
NotaPublicado: 30 Jun 2014 16:47 
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Registrado: 31 Mar 2008 13:17
Mensajes: 4374
No eran maleducados, era otra mentalidad y otros tiempos. Gracias a Dios todo eso hoy a cambiado...


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 Asunto: Re: SOPHIE CHOTEK VON CHOTKOWA, DUQUESA DE HOHENBERG
NotaPublicado: 30 Jun 2014 18:30 
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Registrado: 03 Sep 2011 10:47
Mensajes: 9757
Gracias,Minnie,por tu ,como siempre,magnífico relato,gracias a él me repuesto del soponcio que me ha dado al entrar al foro y ver esa "cosa" fea y peluda. :wink:

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