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 Asunto: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 13 Ene 2020 14:24 
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Retrato de Sofía de Baviera, archiduquesa de Austria.


Sí, ya lo sé: esta gran dama NO gusta. Cada vez que uno lee o escucha su nombre, si algo viene a la mente, es, de manera casi automática e inevitable, la imagen rotunda e imperiosa de la actriz Vilma Degischer, interpretándola en el ciclo de películas sobre Sissi que dirigió Ernst Marischka. Los guiones convertían a Vilma Degischer en una archiduquesa Sofía severa, rígida, estricta en todo lo referente a la etiqueta, exigente, implacable, determinada siempre a salirse con la suya aunque para ello tuviese que “amargarle la vida” hasta extremos indecibles a su sobrina a la par que nuera Sissi. Para el imaginario colectivo, quedó Sofía encasillada eternamente en el rol de suegra por antonomasia, más suegra que ninguna otra suegra: entrometida, desaprensiva, fastidiosa, repelente. Aquí dos imágenes magníficas: en una Sofía confronta a Sissi, mientras que en la otra Sissi llega al altar en el día de su boda acompañada no por su padre (el duque Max no pinta nada…) sino por su madre (con cara de circunstancias) y especialmente por su inminente suegra (con cara de haberse tragado un buen sapo a cuenta del absurdo encaprichamiento amoroso de su hijo mayor).

Miradlas bien, que son estupendas:

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Sofía ha sido más veces representada en la ficción, aunque todos nos quedemos con los filmes de Marischka grabados a fuego en la memoria. La última revisión “biográfica” a la figura de la emperatriz Sissi se realizó en una miniserie italo-germano-austríaca del año 2009. En ella, para encarnar a la Sissii a la que atribuíamos con carácter general los rasgos bellísimos de Romy Schneider, le tocaba meterse en la piel de una visión más realista, equilibrada y empática a la guapa Cristiana Capotondi. Cristiana lucía espléndida, por cierto, y no me puedo resistir a la tentación de introducir una foto en la que su Sissi lleva uno de mis vestidos rojos favoritos de la historia fílmica, televisiva o cinematográfica.

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Sissi en rojo carmesí, interpretada por Cristiana Capotondi.


En la miniserie, el papel de Sofía quedó encomendado a Martina Gedeck, que gracias a los guionistas tuvo ocasión de ofrecer una archiduquesa algo menos rancia y estirada y algo más entendible en su postura frente a Sissi. Aquí va imagen, claro, no me íba yo a privar…

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Martina Gedeck muy metida en su papel de Sofía.


Ahora que llevamos una semana loca “on fire” gracias a los Sussex, me pregunto a menudo qué hubiesen pensado ante semejante percal damas de la vieja escuela de las cortes europeas con protocolo borgoñón. Una Sofía, vamos. Y me entran ramalazos de ternura por ellas, gracias a Harry y Meghan. Que no son, claro que no, los primeros abusones desafiantes de la Historia de la Realeza, pero, en nuestros tiempos, episodios así adquieren unas dimensiones impensables en el siglo XIX:

Mi propuesta es que “echemos a un lado”, porque no vamos a ser capaces de “echar a la papelera”, nuestra visión previa acerca de Sofía. Mi propuesta es que le demos una oportunidad a Sofía por sí misma, no categorizándola desde el principio como la suegra de Sissi. Porque resulta de justicia señalar que Sofía tuvo una existencia propia. Tuvo padres, medio hermanos, hermanas, sobrinos, primos, antes de convertirse en esposa, hija política, cuñada. Hubo un entramado de relaciones personales, y una concatenación de etapas, de la infancia a la vejez.

Que a lo peor, al final, os cae rematadamente mal. Pero…¿y si esperamos al final antes de decidir si rematadamente mal, mal a secas, regular, bien, muy bien o sorprendentemente bien? No me diréis que la propuesta no tiene su interés.

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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 13 Ene 2020 14:29 
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Nuestra protagonista se llamó Sophie Friederike Dorothea Wilhelmine y nació en Munich el 27 de enero de 1805, conjuntamente con otra niña, su hermana gemela, a la que se impusieron los nombres de Maria Anna Leopoldine Elisabeth Wilhelmine. Las dos criaturas, a las que vamos a llamar Sofía y María para abreviar, tenían por padre a Maximilian Josef, por entonces “solamente” Elector de Baviera, y a la segunda esposa de éste, Karoline, en origen princesa de Baden.

Karoline de Baden…

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… había estado aparentemente destinada, en su juventud, a casarse con el francés duque de Enghien, Louis Antoine de Borbón, que, huyendo de la Francia revolucionaria contra la cual conspiraría sin tregua, se había asentado en Ettenheim, una encantadora población situada a orillas del Rhin en el margraviato de Baden. No llegó a existir un compromiso formal entre Enghien y Karoline, porque el abuelo paterno de Karoline, margrave de Baden, no quiso correr el riesgo de un enlace que quizá causase bastante resquemor en Francia. De hecho, nuestro Rohan vivía abiertamente y se casó secretamente con otra emigrada, la encantadora Charlotte de Rohan, antes de ser “secuestrado” por orden de Napoleón Bonaparte, a la sazón Primer Cónsul de Francia. Dragones franceses habían cruzado el Rhin de forma clandestina, para apoderarse de su persona y llevarle, quieras que no, a Estrasburgo, desde dónde se le conduciría al château de Vicennes. Con apenas treinta y un años, Enghien negó con vehemencia las acusaciones que se le formulaban, en el sentido de haber participado de modo muy activo en conspiraciones que buscaban la restauración de una monarquía borbónica en su patria. Pero el proceso a Enghien estaba orientado a lograr una rápida condena y una rápida ejecución: el apuesto mozo acabó fusilado, su cuerpo acribillado a balazos arrojado a una fosa que se había preparado con antelación.

Aquí os pongo, para que le conozcáis, una imagen del guapo Enghien:

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El rapto, el proceso sumarísimo y la violenta muerte de Enghien provocaron una notable convulsión en todas las cortes europeas de entonces. A la joven Karoline de Baden, que en un determinado momento se había tenido por futura duquesa de Enghien, le quedó grabado a cincel un vehemente disgusto, desprecio y rechazo hacia Napoleón Bonaparte. Lo cual es una de esas cosillas que conviene ir sabiendo, por adelantado.

No hubo mozo en la flor de la juventud y de notable atractivo para Karoline cuando ella sobrepasó su vigésimo cumpleaños. A cambio, se le buscó un viudo que le doblaba la edad y que había tenido, en sus primeras nupcias con una princesa hessiana, cinco retoños de los que quedaban con vida cuatro. La ventaja que ofrecía el maduro futuro esposo radicaba en su herencia: los electorados del Palatinado y de Baviera. Se trataba de una alianza entre vecinos conveniente para Baden.


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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 13 Ene 2020 14:39 
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Aquí resulta interesante introducir una figura femenina que va a tener su significación en nuestro relato: la de la madre de Karoline. Se llamaba Amalia...

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Amalia.


...y había llegado a este mundo hija de un landgrave de Hesse-Darmstadt, Luís IX, y de la palatina Caroline de Zweibrücken-Birkenfeld.

Si nos metemos en harina, ésta es una formidable “memorabilia” de mujeres con cierta brillantez: a la palatina Caroline de Zweibrücken-Birkenfeld se la llamó en su día la Gran Landgravina, porque, viviendo prácticamente separada de un marido a quien solo le interesaban los asuntos militares, presidió una corte propia en Buchsweiler, repleta de escritores, filósofos y músicos.

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La Gran Landgravina.



Llegó a alcanzar fama como una de las señoras de mente cultivada e innegable espíritu artístico, recibiendo numerosos elogios. A su primogénita homónima, Carolina, la habían casado por sólidas razones de conveniencia dinástica y territorial con su pariente el landgrave Federico de Hesse-Homburg, pero la siguiente hija en edad, la princesa Federica de Hesse-Darmstadt, había dado la campanada del momento al convertirse en la esposa del mismísimo príncipe heredero de Prusia. La celebridad y las excelentes conexiones de la Gran Landgravina derivó en que Incluso la entonces todopoderosa zarina rusa Catalina La Grande, al llegar la hora de elegir una novia apropiada para su hijo el zarevitch Pablo, pensó en las mozas de Hesse-Darmstadt.

Éste es un episodio entretenido de la Historia de los Matrimonios Concertados de nuestra Realeza. La Gran Landgravina se quedó, claro, felizmente sorprendida al serle transmitida una invitación de la zarina Catalina La Grande. Se la recibiría en San Petersburgo, a dónde debía acudir llevando consigo a las tres hijas que tenía en edad de merecer, entre las cuales Pablo podría escoger a la que más le gustase. A toda prisa, las mozas pulieron su francés, perfeccionaron su talento para la danza y asistieron a la selección de sus mejores vestidos antes de prepararse los equipajes.

Tres hermanas tenemos ahí: Amalia, nacida en 1754; Guillermina Luisa, nacida en 1755 y Luisa Augusta, nacida en 1757. Las tres se dirigen con su madre a Berlín, para realizar la preceptiva escala de cortesía en la corte prusiana, dónde se recordará que estaba casada con el heredero del trono la princesa Federica…

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Federica de Hesse.


…antes de proseguir su viaje a la costa del Báltico. Catalina la Grande prefería que no sufriesen un viaje por tierra larguísimo y agotador, como el que ella misma había padecido en su juventud al ser llamada por la difunta zarina Elizabeth Petrovna para que se casase con el sobrino Pedro, heredero al trono. Así que la emperatriz autócrata ha tomado sus disposiciones: envía una flota de cuatro barcos, al mando del joven y apuesto amigo del zarevitch Pablo, llamado Andrei Kirilovich Razoumovsky. Ahora, si fuese yo buena, os pondría retrato de Razoumovsky, porque estaba divino el chaval, un Mr Darcy a la rusa. Pero no me apetece distraeros, que este es el tema de Sofía de Baviera y estamos todavía con su futura abuela y dos tías abuelas de la futura protagonista.

El viaje se hace así más apetecible y entretenido. Llegan a San Petersburgo y se dirigen a Gatchina, el espléndido palacio en el cual encuentran a la corte más opulenta de Europa, de un lujo inconcebible casi para los viajeros que en ella recalan, dispuesta a acogerlas con un torbellino de banquetes y bailes de gala. Nada debe fallar en ese instante en que el zarevitch Pablo debe elegir una novia entre las hessianas Amalia, Guillermina Luisa y Luisa Augusta. De manera quizá predecible, Pablo, muchacho poco agraciado, hosco y receloso, se siente poderosamente atraído por la mediana de las tres, Guillermina Luisa. A fín de cuentas, Guillermina Luisa es muy bonita, exuberante en su figura y en sus maneras, vivaz, alegre. Tiene todo para destacar…y destaca, vaya si destaca.

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Guillermina Luisa, la hermana pibón.


El taciturno Pablo no pierde un minuto en manifestar su predilección y, con franqueza, a Catalina tampoco le apetece demorar en el tiempo la resolución de ese asunto. Así que Guillermina Luisa realiza el inevitable proceso de renunciar a la fe evangélica luterana para abrazar la ortodoxia, recibiendo en su nuevo bautizo el nombre de Natalia Alexeyevna. La boda se celebra con pompa y circunstancia. Tras el evento, la Gran Landgravina ya puede retornar a su hogar con las dos hijas que no han sido agraciadas con un zarevitch, es decir nuestra Amalia y Luisa Augusta. Se llevan, a modo de premio de consolación, la Orden de Santa Catalina…y generosos obsequios de la zarina cuya extraordinaria presencia escénica no van a olvidar jamás.


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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 13 Ene 2020 14:43 
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En fín…que, para no variar, me enrollo que da gusto, pero todo esto viene a cuento para entender a la futura margravina de Baden, Amalia de Hesse-Darmstadt.

Llegó a la corte de Baden, en Karlsruhe, en el año 1775, con veintiún años; y no tuvo tiempo de hacerse ilusiones románticas de ninguna clase respecto a su primo y esposo Carl Ludwig. Él era un mozo de veinte años que sorprendía por su obesidad y su propensión a las indisposiciones, así como por un carácter infantil y, a menudo, un tanto ridículo. Amalia hubiera podido con eso: ninguna de sus dos hermanas mayores, ni Carolina con su marido Hesse-Homburg ni Frederica con su marido Prusia, habían encontrado maridos de buena presencia y buen carácter que las tratasen con afecto o, siquiera, con apreciativa cordialidad. Pero Amalia se resentía también de sus suegros, el margrave y la margravina. El margrave manifestaba una gran frialdad a su nuera. La margravina, “tante Carolina Luisa”, podía haber marcado la diferencia en ese contexto hostil: a fín de cuentas, era su tía carnal y su perfil guardaba, cosa curiosa, parecido con el de su difunta cuñada la Gran Landgravina.

Carolina Luisa tenía fama de culta y esclarecida: mostraba talento para la pintura y la música, le encantaban todas las ciencias desde la botánica y la minerología a la química que practicaba en su propio laboratorio,y entre sus amigos preferidos figuraba el mismísimo Voltaire, y para Amalia hubiese representado un sólido punto de apoyo. Pero, por desgracia, Carolina Luisa no tenía interés alguno en simpatizar con su sobrina nuera Amalia, a la que solía poner a hoja de perejil. Así que…no, Amalia no tuvo las cosas facilitas en esa corte de Karlsruhe que por otra parte no tenía el grado de esplendor que había visto con sus ojitos tanto en la corte de Prusia como, evidentemente, en la corte de Rusia.

Dio a luz por primera vez en 1776, el 13 de julio para ser concretos. Para sorpresa general, Amalia alumbró un par de niñas simultáneamente: las gemelas recibieron cada una su correspondenciente colección de nombres de pila, siendo bautizada una de ellas Katharina Amalie Christiane Luise y la otra Friederike Karoline Wilhelmine. Lo curioso es que se las llamó siempre Amalie y Karoline. Sí, esta es, por fín, nuestra Karoline, la futura madre de la futura Sofía de Baviera. Como se apreciará, vamos avanzando.

Curiosamente, Amalia se había convertido en madre de gemelas tres meses después de que su hermana más celébre, la gran duquesa Natalia Alexeyevna de Rusia, esposa del zarevitch Pablo, hubiese muerto con apenas veinte años después del prolongadísimo y muy laborioso parto de un varón sin vida de enorme tamaño.

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Natalia Alexeyevna.


La corte rusa, por entonces, era lo que se diría un hervidero de rumores: Natalia, que vivía a su ritmo alegre y atolondrado, negándose a aprender ruso y animando al enamoradísimo Pablo a conspirar contra Catalina la Grande, se había embarcado en una aventura extraconyugal con el amigo de su marido, el guapo Andrei Kirilovich Razoumovsky (nuestro Mr. Darcy, recordad), algo de lo que todos estaban al corriente menos el cornudo; por tanto, nadie sabía si el bebé que alumbraba era hijo biológico de Pablo o de Andrei, aunque, para el caso, la zarina Catalina no ponía pegas de ningún tipo con tal de que hubiese un nuevo niño en su línea de sucesión al trono. Lo triste del asunto es que Natalia sufrió un tormento, cinco días de contracciones mediante las cuales su cuerpo trataba de expulsar en vano un niño de gran tamaño, mientras los doctores que la atendían no se decidían ni a usar fórceps ni menos a intentar una cesárea, operación de grandisísimo riesgo en ese tiempo. El bebé falleció en el vientre de la muchacha, que desarrolló una sepsis galopante. Pablo, el zarevitch, se volvió literalmente loco de dolor por la pérdida de Natalia, e incluso barajó la opción de suicidarse. Catalina la Grande no estaba dispuesta a que su dinastía se acabase en sí misma por una nuera sin mucha cabeza, así que, con la mayor brutalidad, le dijo a Pablo que podía dejar de hacer el tonto lloriqueando a una mujercita vana y frívola que le había puesto los cuernos con el atractivo Andrei. Fue un tremendo shock para Pablo, que enseguida tendría que volver a casarse, por designio de su madre, con una princesa de Württemberg que parecía una muñequita de porcelana y que adoptó el nombre de María Feodorovna. (Y esto se cuenta, porque tiene su importancia posterior).

Amalia había recibido, como el resto de sus hermanas dispersas en las cortes alemanas, las noticias referentes al dramático final de Guillermina Luisa, la gran duquesa Natalia Alexeyevna. Y había recibido las noticias justo cuando ella misma estaba a punto de pasar por el trance del alumbramiento. Había experimentado una creciente ansiedad y temor ante el parto, pero, por suerte, salió indemne del apuro de poner en el mundo dos niñas de una tacada.


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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 13 Ene 2020 14:48 
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En los años siguientes, Amalia daría a luz, sucesivamente, otras tres hijas: Luise María Augusta nació en un gélido día de finales de enero de 1779, una criaturita tan pequeña y tan delicada que nadie esperaba en realidad que saliese adelante; en marzo de 1881 apareció en escena Frederika Dorothea Wilhelmina, también una niña frágil, enfermiza, que de hecho mostraría tempranos síntomas de reumatismo y en septiembre de 1782 le tocó su turno a la pincesita Marie Elisabeth Wilhelmine.

Ya os podéis imaginar la irritación del margrave y la margravina con su nuera Amalia cada vez que se incrementaba el número de niñas en los aposentos infantiles de palacio. Amalia tenía que lidiar contra la presión creciente para que pariese un hijo varón que asegurase la continuidad dinástica, como si eso dependiese de ella, y a posterior debía convivir con el desdén por no producir otra cosa que niñas, cinco niñas consecutivas. Eso sí, las pequeñas recibieron una cuidada, esmeradísima educación “muy francesa”. En la época, el francés se consideraba el idioma cortesano y diplomático por excelencia, de modo que en realidad se expresaban casi siempre en dicha lengua. El alemán se tenía por demasiado tosco y vulgar, con lo que lo hablaban, claro, pero se reservaba para conversaciones cotidianas un poco al margen del necesario glamour cortesano.

Precisamente en París, corriendo el mes de abril de 1783, fallecería la margravina Carolina Luisa, la abuela paterna de esas cinco niñas. Carolina Luisa ya había “dado un susto” en el año 1779, cuando una aparatosa caída por unas palaciegas escaleras, había causado serio quebranto a la señora. Más o menos, se había recuperado para seguir con su vida, en la que tenían parte significativa sus viajes a la rutilante París. Estando allí en compañía de su hijo Karl Ludwig, Carolina Luisa sufrió un ataque cerebral masivo que la mató a los cincuenta y nueve años. Detrás de sí, dejaba el legado de una extraordinaria colección de arte, por cierto.

La desaparición de Carolina Luisa dejó viudo al margrave...

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Karl Friedrich.


...y convirtió instantáneamente a su nuera Amalia en la primera dama de la corte de Karlsruhe. Se daba una curiosa situación: el margrave había tenido con la finada tres hijos varones que habían sobrevivido a la alta tasa de mortalidad infantil y juvenil, que venían siendo, a la sazón, el príncipe heredero Karl Ludwig, el príncipe Friedrich y el príncipe Ludwig. Pero Karl Ludwig, con su Amalia, les había decepcionado produciendo únicamente cinco chicas, a las que su sexo impedía heredar el margraviato; Friedrich, casado con Christiane Luise de Nassau-Usingen, no tenía ni hijos ni hijas; y el menor, Ludwig, sostenía una vida privada absolutamente licenciosa y promiscua en extremo. Como se aprecia, la casa de Zahringen no disponía de ningún niñito que les garantizase su permanencia en la Historia, y eso tenía nerviosísimo al margrave que había cumplido a la sazón cincuenta y cinco años de edad. El hombre debió pensar: si mis tres hijos VARONES no consiguen darme nietos VARONES, yo seguiré engendrando otros hijos que tal vez triunfen en “esa sencilla tarea” en la que los actuales fracasan miserablemente.

Cuando el punto de vista del margrave de Baden-Durlach se hizo pasto de comidillas, la pareja formada por Karl Ludwig y Amalia se llevó un buen susto. Eran todavía jóvenes y no se había perdido la esperanza de que Amalia concibiese y pariese un hijo, por supuesto. Pero no les apetecía recibir en la corte a una madrastra/suegrastra que ocupase la posición de primera dama que tanto agradaba a Amalia, ni les parecía buena idea que el margrave demostrase la misma capacidad para tener hijo tras hijo que ellos mostraban para tener hija tras hija.

Según la leyenda, y suena plausible, Amalia concibió el plan de “meterle por los ojos” a su maduro suegro una jovencita lozana y apetitosa, aparte de bien educada, que ella tenía a su servicio. Se trataba de la quinceañera Luise Caroline Geyer von Geyesberg, cuyo abuelo paterno, en su día, se había atribuído “porque yo lo valgo” el título de barón mientras servía a un príncipe de Württemberg.

Luise Caroline tenía ya, se decía, cierto “rodaje”. En Karlsruhe, se rumoreaba que era una de las numerosas amantes del príncipe Ludwig, el cuñado menor de Amalia. Por supuesto, el margrave picó el cebo y empezó a cortejar a Luise Caroline, que, espabilada ella, pedía un casamiento aunque fuese morganático a cambio de su entrega. Entre tanto, Karl Ludwig y Amalia seguían esforzándose por cumplir su papel reproductivo: el 13 de septiembre de 1783 tuvieron un niño, bautizado Karl Friedrich para halagar al margrave, que, no obstante, parecía de constitución endeble. Amalia centró todas sus ilusiones en que saliese adelante del modo en que lo habían hecho sus cinco hijas previas, pese a que la única con una salud bastante buena era Karoline. Cuando el pequeño murió pocos días antes de cumplir seis meses de edad, representó un golpe francamente difícil de encajar para Amalia. Por suerte, consiguió embarazarse de nuevo a finales de 1785 y en junio de 1786 de nuevo pasó por un parto que, desde su punto de vista, mereció la pena ya que se obtuvo otro príncipe: Karl Ludwig Friedrich. Eso despejaba, de momento, la incógnita de la sucesión de la casa de Zahringen.

El 24 de noviembre de 1787 tendría lugar la boda que demandaba Luise Caroline a su encendido margrave, y éste otorgó el título de condesa de Hochberg. Amalia seguía firme en su idea de lograr otro hijo, porque siempre representaba un gran riesgo depender de un único heredero varón. Se embarazó otra vez, diligentemente, y en septiembre de 1788 se puso de parto. Después de dos niños sucesivos, esperaba un tercero para reforzar su éxito, pero llegó la sexta niña: Wilhelmine Luise.


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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 13 Ene 2020 15:02 
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Hasta aquí podría llegar, más o menos, el capítulo de “antecedentes familiares” de Karoline. Se pueden apreciar los grandes hitos que jalonaron su infancia y juventud en Karlsruhe. La figura dominante del panorama era, obviamente, un abuelo paterno poco satisfecho con un auténtico “superávit” de princesas. Su padre quedaba claramente eclipsado por su madre, que empezó a saborear las mieles del poder tras la muerte de la suegra en 1783. Por ese tiempo, las hijas mayores, las gemelas Amalie y Karoline, tenían siete años. Las dos niñas fueron las más conscientes del considerable revuelo causado por la llegada del primer hijo varón y del tremendo impacto que tuvo su muerte; también supieron apreciar el nuevo golpe de suerte de que naciese Karl Ludwig Friedrich en 1786, momento en el que ellas frisaban en los diez años. Ya habían celebrado, por otra parte, su decimosegundo aniversario en el tiempo en que nació la benjamina de la extensa camada de retoños, Wilhelmine. En años sucesivos, mientras Amalia había dejado de lado la vida conyugal con Karl Ludwig, empezó a producir hijos la condesa de Hochberg, la esposa morganática del abuelo margrave. Su primogénito, Leopold de Hochberg, nació en agosto de 1790, y otro niño, Wilhelm, lo haría en abril de 1793. Luise Caroline de Hochberg no se libró de su propia pérdida neonatal: su tercer varón seguido, Friedrich, nació para morir a los ocho días en el mes de junio de 1793. La niña Amalie Christina Caroline llegó en enero de 1795 y la familia cerró su círculo con un nuevo chico, Maximilian, en diciembre de 1796.

Realmente, la segunda familia del abuelo margrave no representaba en ese momento ninguna inquietud particular. Desde el punto de vista de Amalia, los enlaces morganáticos se saldaban con criaturas que se libraban del estigma de la bastardía, pero carecían igual que los bastardos de derechos sucesorios. Los Zahringen eran su propio marido, sus hijas y su preciado hijo. Los Hochberg estaban “aparte”.

Porque, además, entre el natalicio de Leopold de Hochberg en 1790 y el natalicio de Wilhelm de Hochberg en 1793, se había producido un nuevo acontecimiento relevante, muy relevante incluso, para Amalia. Se trató del compromiso nupcial de una de sus hijas, concretamente la tercera, Luise.

Esto sí que va a tener su espacio, claro. Por el año 1792, a Catalina la Grande de Rusia le entraron prisas por casar a su nieto mayor, Alejandro, heredero del heredero. Catalina no había vacilado en “apoderarse” de los hijos que su nuera María Feodorovna íba teniendo en su matrimonio con aquel tsarevitch Pablo viudo de Natalia Alexeievna. Los hijos de esta pareja fueron criados según las precisas y detalladas pautas señaladas por la abuela Catalina, lo que, inevitablemente, les mantuvo bastante distantes respecto a sus progenitores. Alejandro coincidía que era un mocito educado de manera muy ilustrada por La Harpe, según los principios sobre la naturaleza humana de Rousseau. El resultado fue un chico idealista y soñador. A los quince años, mostraba una absoluta falta de curiosidad por el sexo opuesto, en una corte tan promiscua y en cierto modo tan decadente como la de Catalina. La abuela se quedó sorprendida por la actitud recatada y pudibunda de Alejandro: no sabía, a decir verdad, si elogiarle la castidad o preocuparse porque hubiese algún otro problema, tipo abulia sexual combinada quizá con impotencia. Catalina, ya veis, tenía sus miedos.

Y entonces se acordó de Amalia de Hesse-Darmstadt...

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Amalia.



...que criaba una recua de princesas en Karlsruhe. La zarina quería ir más o menos a lo seguro, de manera que envió a Karlsruhe a su representante, el conde Rumiantsev. Rumiantsev había sido cuidadosamente instruído para escoger lo mejor de lo mejor para Alejandro. No valía cualquier princesa, sino que era necesario encontrar la princesa idónea, la perfecta para él.

Rumiantsev llegó con intención de echarle el ojo a la tercera y la cuarta hija: Luise y Frederica, a la que llamaban cariñosamente “Frick” o, en versión francesa, “Frique”. Se trataba de dos hermanas físicamente muy distintas: Luise una rubia de piel clara y ojos de un delicado azul, Frique una castaña de ojos almendrados.

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Luise.


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Frique.



Pero las dos, cada una en su estilo, eran francamente hermosas. A Rumiantsey le gustó Luise: en ella vio un conjunto de cualidades (belleza física, naturaleza amable y modesta, finura en el trato, calidez…) que le hicieron convencerse de que encajaría de maravilla con Alejandro.


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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 13 Ene 2020 15:06 
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Posiblemente Catalina la Grande no tenía ganas de volver a recibir a Amalia en la corte, para no recordar aquella lejana visita en que la princesa heredera de Baden había sido una de las tres hermanas de Hesse-Darmstadt entre las que Pablo había (mal) escogido a la mediana. De modo que Luise, de trece años, y Frique, de once años, se largaron solas a la corte rusa, aunque, por supuesto, rodeadas de un amplio séquito adecuado a su rango. La situación debió hacerse muy dura para ambas, porque Amalia había sido siempre una madre muy pendiente de sus hijas, de modo que su vínculo emocional con todas ellas era bastante sólido a la par que intenso. Luise adoraba a su madre de manera especial, y Frique, menor que ella misma, estaba un poco asustada ante la perspectiva de tener que comparecer ante Catalina la Grande.En resumen, las dos llegaron a su destino: Luise, de catorce años, se comprometió con Alejandro, de quince años; todos se extasiaban porque formaban una pareja ideal, en apariencia, pero lo cierto es que se vieron empujados a un matrimonio demasiado temprano, lo cual tendría sus repercusiones negativas. Luise, convertida en la gran duquesa Elizaveta Alexeievna...

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Elizaveta Alexeievna.


...se quedó en la fastuosa e inmoral corte rusa, en tanto que Frique regresaba a su palacio de Karlsruhe.

Amalia, nuestra Amalia, había logrado colocar a su hija Luise/Elizaveta como esposa del hereredero del heredero del trono ruso –y siempre existieron rumores respecto a que la muy dominante Catalina pensaba saltarse en la línea sucesoria a su propio hijo, al que detestaba y que la odiaba, para favorecer a su nieto, al que adoraba y que la reverenciaba. La historia sucesoria de los Romanov era tan pero tan peculiar, basada más en golpes de mano que en otra cosa, que todo podía ocurrir y todo entraría dentro “de lo normal”. Dicho lo cual, no eran buenos tiempos para que la realeza actuase contra sus propios principios rectores: en Francia en 1789 se había producido una Revolución de efectos brutales, una verdadera sacudida que tumbaría el Viejo Régimen para siempre. El rey de Francia, Luís XVI, había sido condenado a muerte y guillotinado. A su esposa austríaca, María Antonieta, se la sometió a juicio, un juicio espectacular en el que incluso se la acusó de pervertir a su único hijo varón el Delfín, en septiembre de 1793; y en octubre de 1793, había perdido la cabeza y la vida en un patíbulo rodeado de tricoteuses.

Lo importante es que en los años siguientes Amalia casó con éxito a otras hijas, llegando a convertirse en “la suegra de Europa”. 1797 fue, en ese sentido, el año clave: en el mes de marzo se celebró la boda de Karoline con el viudo Elector de Baviera, Maximilian Josef; y en octubre festejaron por todo lo alto el enlace por poderes de Frique con el joven rey Gustav IV Adolfo de Suecia.


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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 13 Ene 2020 15:17 
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Karoline.


Espero que haya merecido la pena este largo, largo prolegómeno.

Karoline…ahora vamos a Karoline. La Karoline que hubiese podido ser, en un determinado momento, prometida del duque de Enghien, algo que su abuelo margrave eludió por no tocar las narices a la Francia del Consulado. La Karoline que finalmente se casó en 1797 con el viudo Maximilian Josef, heredero del electorado de Baviera que aún detentaba un primo lejano suyo. La Karoline que, a los veintiún años, se encontró unida de por vida a un hombre que le doblaba la edad y que era un perfecto prototipo de buen hombre, buen marido y buen padre, algo quizá nada emocionante, pero tal vez bastante reconfortante. La Karoline que de repente se transformó en madrastra de cuatro hijos huérfanos de madre: el príncipe Ludwig, de diez años; la princesa Augusta, de ocho años; la princesa Charlotte, de cinco años y el príncipe Karl, de apenas dos años de edad.

Karoline había tenido la suerte de criarse en gran apego a su madre Amalia y a todos sus hermanos. Los vínculos eran, en ese núcleo familiar, fuertes y resistentes, de lo que daba idea la muy copiosa correspondencia sostenida por Elizaveta Alexeievna desde la corte de Rusia con su madre Amalia y con sus hermanas desde 1793. Karoline llegó por tanto a la vida de Maximilian con la voluntad de crear un ambiente familiar no menos afectuoso que el suyo. Aunque Ludwig y Augusta, por sus respectivas edades, mostraron cierta reticencia a su flamante madrastra, no fue el caso con los pequeños, Charlotte y Karl. De hecho, tanto Charlotte como Karl la considerarían su madre, lo cual tenía perfecto sentido porque ninguno de los dos guardaba recuerdos de su madre biológica, una princesa hessiana que había sido, por cierto, tía carnal de Amalia margravina de Baden y tía abuela de la Karoline que llegaría a ocupar el lugar que ella había dejado vacío.

Karoline enseguida congenió con su Maximilian...

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La pareja.


...y eso hay que subrayarlo mucho. Ella era lo bastante inteligente como para no tener claro que rara vez existía felicidad personal en el entorno de los matrimonios concertados por motivos dinásticos y territoriales. Ni su madre ni las distintas hermanas de su madre habían podido sentirse a gusto con sus respectivos maridos: todo lo más, existía cierto grado de mutua tolerancia y cortesía recíproca. Ni su hermana Elizaveta ni su hermana Frique tenían tampoco suerte en ese aspecto, aunque les hubiesen tocado maridos jóvenes y apuestos –lo que en principio parecía representar mejor augurio que un “vejestorio” con sus costumbres y manías demasiado consolidados-. Pero a Karoline, por suerte, no le nublaban el sentido común ni el romanticismo ni las expectativas demasiado elevadas. Era una moza pragmática, que se contentaba con que se le hubiese permitido mantener su religión evangélica luterana y con disponer no solamente de plena confianza de su marido, sino de la cercanía geográfica respecto a su madre y hermanas aún solteras, en particular su propia gemela, Amalie.

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Amalie, gemela de Karoline.


Así las cosas, Karoline tardó un poquito en embarazarse, aunque a Max no le faltaban hijos y no existía en ese sentido la presión que podían experimentar Elizaveta en Rusia o Frique en Estocolmo. Curiosamente, Elizaveta se quedó embarazada a finales de 1798 y sus hermanas Karoline y Frique lo harían a principios de 1799. Por lo tanto, 1799 iba a ser, en ese aspecto, un año crucial: Amalia debía convertirse nada menos que en abuela por partida triple.


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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 13 Ene 2020 15:24 
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Karoline.


Elizaveta, “Louischen”, fue la primera en dar a luz, superada la primera mitad del mes de mayo. El resultado fue una niña, la gran duquesa María Alexandrovna. Se la recibió bien: puesto que Alejandro y Lischen eran tan jóvenes aún, lo importante era que hubiesen demostrado capacidad reproductiva, y detrás de una gran duquesa, podían llegar aún bastantes grandes duques.

Luego, en septiembre, dio a luz Karoline, la única que, por cercanía, podía contar con la asistencia de su madre Amalia y de su hermana gemela Amalie, que le era tan devota. Para su profunda aflicción, el parto, desarrollado a lo largo del cinco de septiembre, no fue fácil y produjo un niño, un varoncito, nacido muerto.

Karoline tuvo que asimilar su pérdida, aunque, afortunadamente, contaba con puntos de apoyo. Cuando en noviembre llegó la noticia de que Frique había alumbrado felizmente a un niño que se llamaría Gustav, su alivio y alegría se mezcló también con un nuevo brote de pesadumbre. Su hermana Lischen tenía a María, su hermana Frique tenía a Gustav, y solo ella había tenido que conocer la desolación de una pérdida perinatal.

Las cosas cambiaron en 1800. Karoline dio a luz por segunda vez en su residencia de Arnberg el 27 de octubre de 1800 y en esta ocasión todo el sufrimiento obtuvo su recompensa con un niño que se bautizaría con el preceptivo surtido de nombres de pila: Maximilian Josef Karll Friedrich. Tres meses atrás, en octubre, Elizaveta, allá en su imperio, había sufrido el rudísimo golpe de la muerte de su hijita María; y, simultáneamente a ese segundo parto de Karoline, Frique en Estocolmo estaba llevando adelante un segundo embarazo.

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Frique.


En mayo de 1801, Frique dio a luz a una niña: Sofía Wilhelmina de Suecia. Sus padres de Baden habían aprovechado ese año para, llevando consigo a su joven hijo heredero el príncipe Karl, realizar una visita a Elizaveta en San Petersburgo y desde allí se dirigieron a Estocolmo para hacer compañía unas semanas a Frique: Amalia fue directamente consciente de las dificultades maritales de sus dos hijas, la primera unida a un hombre que la trataba con una frialdad incomprensible y la segunda (mal)casada con un obseso sexual. Entre tanto, la hermana mayor Karoline volvía a estar a la espera de un nuevo parto, que se produciría en Munich el 13 de noviembre. Hubo sorpresa general y cierto regocijo cuando Karoline, ella misma gemela de otra princesa, puso en el mundo un par de gemelas: serían las princesas Elisabeth Ludovika y Amalie Augusta. Estaba todavía recuperándose Karoline de la impresión cuando se recibió noticia de que en pleno retorno de sus padres y de su hermano de quince años a Baden desde Estocolmo, se había producido un muy penoso accidente al volcar el carruaje en el que viajaba su padre. El hombre...

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...murió ante la mirada llena de espanto de su hijo. Amalia y Karl volvieron a casa con un cadáver, y el chico pasó a ser el heredero de su –incombustible- abuelo margrave.


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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 13 Ene 2020 15:31 
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En noviembre de 1802, Karolina tuvo ocasión de asistir en la corte de Karlsruhe a la boda de su hermana Marie,de recientes veinte años cumplidos...

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...con el príncipe Friedrich Wilhelm de Brunswick-Wolffenbüttel, hijo de la princesa Augusta de Gran Bretaña, el cual ostentaba una posición destacada en el ejército prusiano. María se establecería en Prenzlau en esos agitados tiempos de guerras napoleónicas que asolaban tierras alemanas, con un marido que, por lo visto, se enamoró apasionadamente de ella, pero al que, por circunstancias, veía menos de lo deseable. El 2 de diciembre, en la lejana Estocolmo, Frique tuvo a su tercer vástago Vasa: el príncipe Carl Gustav.

La desgracia acechaba a Karoline. Ella estaba francamente encandilada con su pequeño hijo varón, Max...

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Imagen maternal de Karoline con Max.


...y el mundo se le cayó encima cuando el niño, de poco más de dos años, murió en febrero de 1803. Aunque Karoline podía volcarse emocionalmente en sus hijastros de menor edad, muy en particular en Karl, y en sus hijas gemelas Elisa y Amalie, la muerte de Max representó otro gran golpe emocional. Su madre, que sabía por experiencia lo doloroso que era enterrar a un niño pequeño, trató de darle soporte en aquella situación.

El 12 de junio de 1804, en Karlsruhe, se casaba la menor de todos los hijos de Amalia, la princesa Wilhelmine, con su primo hermano Ludwig II, duque soberano de Hesse-Darmstadt. Y el 30 de octubre de 1804, Marie daría a luz su primer hijo, un principito llamado Carl de Brünwsick-Wolffenbüttel. Ese mismo año de 1804, en diciembre, el hasta entonces Primer Cónsul de Francia, Napoleón Bonaparte, se coronó emperador en Notre Dame y coronó a su esposa criolla Josephine de Beauharnais emperatriz.


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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 13 Ene 2020 15:40 
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Y así llegamos a 1805. Nuestro año. El año de arranque de la vida de Sofía, que ya habéis visto de qué linaje procedía. Ha costado lo suyo, pero ahora…tendremos Sofía, Sofía y más Sofía.

Karoline se puso de parto el 27 de enero de 1805, en Munich. Su madre estaba allí, asi como su hermana soltera Amelia y una dama de honor de Amalia que era muy querida por las dos princesas, Karoline Sophie von Freystedt. Karoline von Freystedt ayudaba a otra joven dama badenesa, la baronesa Charlotte von Rogenbach, gobernanta de las princesas mayores, las gemelas Elisa y Amalie. Nadie esperaba, por supuesto, lo que estaba a punto de acontecer en la residencia palaciega: de nuevo se presentaba en el mundo un par de princesas, dos hijas más. Una vez superado el shock inicial, es de suponer que hubo bastante regocijo colectivo ante ellas. Se les dieron los nombres de Sophie Frederika Dorothea Wilhelmina y María Anna Leopoldine Elisabeth Wilhelmina. A dónde vamos sin nombres, pensarían, para que luego se las llamase siempre Sofía y María.

Ya tenemos a Sofía. La protagonista del tema está aquí.

Pero hay que entender el contexto de la época. De las cenizas de la Francia Revolucionaria había nacido la Francia Napoleónica, que no se sentía constreñida dentro de sus fronteras porque aquel corso con una visión militar extraordinaria tenía grandes aspiraciones que incluían afianzar su poder en toda Europa creando una miríada de estados satélites. Se hace imposible tratar la biografía de los reyes y príncipes europeos de la época sin tener en cuenta, constantemente, que Napoleón representó una potencia hegemónica, que avanzaba de victoria en victoria, consolidando su influencia, expandiendo su capacidad de obrar a la vez en la península italiana y en el amplio elenco de principados, ducados o margraviatos germánicos. Las otras potencias –Prusia, Austria, Rusia- buscaban la fórmula correcta para sacudirse de encima esa “plaga napoleónica”, pero hubo un proceso de años, durante los cuales todos jugaron un intrincado juego de alianzas más o menos oportunistas y también de traiciones.

Una de las dos hermanas mayores de Amalia de Baden, se recordará, y por si no lo recordáis con tanta princesa pululando por distintas cortes ya os refresco yo la memoria…había sido Frederica, segunda esposa del entonces príncipe heredero de Prusia que había llegado a rey Federico Guillermo II en el año 1786. El reinado de Federico Guillermo II había sido muy breve: se había acabado con su muerte el 16 de noviembre de 1797, después de haber insistido durante su última enfermedad en ser atendido por su amante oficial, la condesa de Lichtenau, para gran humillación de su esposa “la buena reina” Frederica y agitación de los príncipes y princesas que la rodeaban. Muerto Federico Guillermo II, había ascendido al trono de los Hohenzollern su hijo mayor con Frederica, Federico Guillermo III, casado con la bellísima y extraordinariamente popular Luisa de Mecklenburg-Strelitz. A Frederica no le importó nada vivir en plácido retiro, en invierno en su Postdam y en verano en una hermosa residencia ubicada en Bad Freienwalde, dónde recibía con sumo gusto las visitas de sus hijos, sus nietos y otros parientes. Amalia de Baden sabía que su hermana Frederica se había vuelto un tanto excéntrica: aseguraba que la acosaban los fantasmas palaciegos, y por dicho motivo prefería dormir de día y mantenerse despierta con sus damas de honor cada noche.

Detalles chuscos a un lado: Amalia era, como se puede colegir, tía carnal del rey de Prusia. También era suegra del rey de Suecia, Gustav IV Adolfo, y del zar de Rusia, Alejandro I, que había sucedido a Pablo en el trono en marzo de 1801, después de que Pablo, dicho sea de paso, muriese asesinado por un grupo de conspiradores con los que Alejandro había estado en perfecta connivencia (si bien es posible que él sólo esperase la deposición de su padre, no su fallecimiento violento; pero el rencor de su madre, María Feodorovna, acentuó para siempre el sentimiento de culpa que inundaría al nuevo flamante zar). Asimismo era suegra de Maximilian Josef ya Elector de Baviera y de los herederos de los ducados de Brunswick-Wolfenbüttel y de Hesse-Darmstadt. A todo esto había que añadir otra circunstancia muy importante: su suegro seguía siendo el margrave de Baden, pero su hijo jovencísimo era el heredero que en cualquier momento podía verse llamado a la sucesión. Obviamente, con su red de parentescos e influencias, Amalia estaba muy particularmente interesada en todo lo que acontecía en aquella Europa que parecía ir de convulsión en convulsión a cuenta, en especial, de las ansias de prevalecer del advenedizo Napoleón Bonaparte.

Aquello era un constante ejercicio de equilibrismo. Afortunadamente, Max, el marido de su Karoline, que simpatizaba con el ideario ilustrado francés, sabía moverse con sorprendente habilidad en una situación que equivalía casi a pisar a diario un campo de minas a la hora de elegir alianzas. Napoleón estaba contento con Max. Tan contento que, a la hora de ir colocando a la cohorte de príncipes y princesas imperiales que había creado, enfocó con su vista de halcón el Electorado de Baviera.

Amalia, ya lo sabemos...

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Inciso: serán cosas mías, pero en esta imagen Amalia se me parece a su yerno Max.


...pasaba mucho tiempo con su hija Karoline y su yerno Max, llevando casi siempre consigo a su hija soltera Amalie y a su dama favorita, Karoline Sophie von Freystedt, Esa cercanía le había permitido combinar una boda para su hijo Karl...

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Karl, en la época, era un poco más joven que en este retrato, tenedlo en cuenta.


...prometiéndole en matrimonio a la princesa Augusta de Baviera, la mayor de las dos hijas que había tenido Max con su primera esposa hessiana. A Karl por lo visto le estaba echando a perder su licencioso tío Ludwig y mostraba en general cero interés por las mujeres, pero dentro de esa limitación le gustaba bastante Augusta, que era una monada y además encantadora. Augusta también estaba contenta ante la perspectiva de casarse con el hermano de su querida madrastra y tener por suegra a Amalia. Todo estaba así organizado en 1805, pero Napoleón, que había firmado con Max el Tratado de Presburgo y recompensaba su fidelidad metamorfoseándole de Elector de Baviera en rey de Baviera, tenía otros planes tanto para Augusta como para Karl.


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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 13 Ene 2020 15:47 
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Augusta, esa monada.


Por su cuenta, Napoleón había iniciado maniobras para que Augusta se casase con su muy apreciado hijastro, Eugène de Beauharnais, un mozo a quien había elevado al rango de Alteza Imperial y a quien otorgaría, en junio de 1805, el rango de virrey de Italia. Con su facilidad para echar cálculos, Napoleón decidió enviar un emisario a Karlsruhe para que se entendiese con el viejo margrave Karl Friedrich suegro de Amalia y abuelo de sus hijos. El anciano, se recordará, vivía en permanente arrebato amoroso a su morganática condesa de Hochberg y sentía especial afecto por los hijos nacidos de ese segundo casamiento. Así que Napoleón le tentó con una oferta: él mismo se encargaría de garantizar el futuro de la rama Hochberg, reconociendo los derechos sucesorios de Leopold, el hijo mayor del margrave y de su mujer de la mano izquierda. El precio a pagar era estar de acuerdo con la ruptura del compromiso adquirido por el nieto Karl con Augusta de Baviera.

Simultáneamente, por supuesto, se indicaba a Max la conveniencia de aceptar un noviazgo entre Augusta y Eugène de Beauharnais. Karoline, a la sazón, estaba que roía el suelo con los dientes de puro enfado. Había querido ver a su hijastra convertida en su cuñada, y no le parecía nada correcto que la muchacha tuviese que casarse con el hijo de Josephine de Beauharnais. Max se encontró un poco entre la espada y la pared, ya que por un lado las conveniencias del momento eran las que eran y, por otro lado, quería a su hija de verdad y le fastidiaba imponerle una ruptura con Karl de Baden a cambio de un compromiso con el virrey de Italia. Ganó la necesidad, para shock de Karoline y de su madre Amalia. El 24 de diciembre de 1805, en plenas celebraciones navideñas, Max remitió a su hija Augusta una carta muy sentida, orientada a que la chica comprendiese que debían plegarse a los designios imperiales. Se sabe que Amalia lloró desconsoladamente ante ese giro de los acontecimientos, lo que incrementó el rechazo de Karoline a todo aquel asunto.

El 31 de diciembre de 1805, en ruta desde París a Viena, Napoleón llegó a Munich. Había un excelente motivo para efectuar escala: el 1 de enero de 1806, Maximilian Josef y su Karoline serían coronados reyes de Baviera. Pero lo sustancial era arreglar definitivamente la boda de Eugène con Augusta, claro. El día 1, el emperador escribió a Eugène en términos bastante lacónicos: lo tenía todo resuelto y él mismo se había entrevistado con la moza, a quien definió como “bonita”. Eugène debía ir a toda prisa, para asistir a su propia boda. No había margen alguno para la resistencia, claro. También la emperatriz Josephine llegó, pues debía asistir al enlace de su querido hijo con su nuera. Fuese cuál fuese su pasado, se hacía evidente que Josephine poseía natural encanto y elegancia, así que Karoline, al menos, no tuvo nada que reprocharle.

Eugène, que llegó tras un viaje agotador, apenas se sacudió el polvo de su vistoso uniforme antes de reunirse con Augusta. El chico tenía agallas: le explicó amablemente a Augusta que si ella verdaderamente encontraba aborrecible la perspectiva de ser su mujer, él mismo rompería el compromiso y asumiría la responsabilidad ante Napoleón. Era una oferta muy galante, considerando todo lo que estaba en juego. Augusta debió percatarse de que ese Beauharnais virrey de Italia era bastante más guapo y gallardo que el primo Karl de Baden y rechazó usar dicha escapatoria. La boda tuvo lugar…

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Ahí salen todos: presidiendo la boda, Napoleón con su Josephine y Max con su Karoline.


...y las celebraciones se prolongaron durante una semana…antes de que la nueva pareja, feliz a todas luces, partiese rumbo a Milán previa escala en Venecia.


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