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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 16 Ene 2020 16:53 
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Un pequeño, para mi gusto pequeñísimo, retrato de Sofía:

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A quien es fácil imaginar triunfante tras el nacimiento de Franzi. En los meses siguientes la presencia constante junto al pequeño de su primo Reichstadt volvió a suscitar rumores acerca de la proximidad del muchacho con su tía Sofía. Era algo cíclico, en realidad: si menguaban los rumores sobre Gustav de Vasa, arreciaban los rumores sobre Reichstadt. Pero aunque muy probablemente Sofía ni siquiera tuviese intención de cometer un desliz (que por otro lado le hubiese resultado muy difícil cometer sin que se enterase el canciller Metternich...), la biográfa de Sissi Brigitte Hamann tiene razón al indicar que el mero hecho de que se atribuyesen esa clase de aventuras a la archiduquesa era un indicativo de hasta qué punto se consideraba que la habían malcasado.

Estas son imágenes de Reichstadt joven:

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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 17 Ene 2020 11:24 
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Más Reichstadt:

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Un guapo mozo, y dotado de una personalidad interesante, al que, además, sus extraordinarias circunstancias convertían en una figura extremadamente romántica. Tener alguien así en constante compañía de la archiduquesa Sofía invitaba, sin duda, a los rumores. Ella parece haber sido ajena a los mismos, o, al menos, haber actuado con perfecta indiferencia respecto a semejantes comentarios maliciosos. No alteraron su relación de amistad con Gustav de Vasa, a cuya esposa, su propia prima Louise Amalie, acogió con cariño en Viena:

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Aquí la prima y esposa de Gustav, también prima de Sofía...


En eso también influía, claro, que Sofía había logrado que se le aprobase como su dama de compañía de excepción a otra prima, hermana de Gustav y por tanto cuñada reciente de Louise Amalie. Se llamaba Amalie, también (ay, Oma, Oma, dando nombre a tantas nietas) y había nacido en Estocolmo apenas unos meses antes de que Sofía naciese en Munich. Amalie era, por nacimiento, princesa de Suecia, pero sus padres se habían ído al exilio con los hijos cuando ella contaba apenas cuatro años. Ni la pequeña Amalie ni su hermanita de dos años Cecilia guardarían recuerdos de la vida en el palacio real sueco: la crianza de ambas fue completamente badenesa. El divorcio de sus padres había representado el episodio crucial de sus infancias, pero también había acontecido, en realidad, cuando eran niñas. La madre, Frique, siempre se salud endeble había muerto joven, con cuarenta y cinco años, en 1826. El padre, el ex rey Gustav IV Adolf, seguía vivo, pero se había establecido en una triste pobreza en la localidad de Saint Gallen, en Suiza.

Amalie de Suecia, o de Holstein-Gottorp...

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...sufría raquitismo y una salud en general bastante pobre, pero era amable e inteligente, con especial gusto por la música y las artes. Sofía hizo de ella su dama de confianza y principal amiga en la corte austríaca; estarían juntas, algo que se suele pasar por alto, hasta la muerte de Amalie en 1853, un suceso que afectó profundamente a nuestra archiduquesa.

Pero estamos en 1831. Sofía es plenamente feliz con su hijo Franzi, a quien comúnmente se considera futuro emperador de Austria; pero a finales de 1830 se ha producido un hecho inesperado que hace estallar en llanto colérico a la archiduquesa: Metternich decide casar al hasta entonces célibe kronprinz Ferdinand, a quien se ha devuelto a la corte de Viena tras una estadía en Hungría. Ferdinand, el de "hasta veinte ataques epilépticos en un día", parece haber experimentado siquiera una ligera mejoría en su condición. Después de conferenciar con el médico que le atiende constantemente, el doctor Stifft, Metternich quedó convencido de que quizá Ferdinand lograse realizar el acto básico de consumar un matrimonio -y tal vez de ahí surgiría un nuevo heredero al trono imperial, que tendría obvia precedencia sobre el hijo de Sofía con Franz Karl. Sofía se tomó muy pero muy mal la noticia, algo bastante comprensible: el único aliciente en su matrimonio con Franz Karl residía en el hecho de que su niño, y los niños que llegasen en un futuro, estaban a un pasito del trono imperial.

El "cabreo" de Sofía llegó a su punto álgido mientras se negociaba apresuradamente la boda su cuñado Ferdinand con la princesa María Anna de Saboya, hija del rey Victor Emmanuel I de Cerdeña y de la esposa de éste, nacida archiduquesa de Austria. María Anna, al igual que Sofía, tenía una hermana gemela, María Teresa, que llevaba diez años casada con el duque de Lucca. La hermana María Teresa era famosa por su hermosura y por su religiosidad:

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María Teresa de Saboya duquesa de Lucca.


Y había demostrado, ya puestos, que era fértil, pues tenía un hijo y una hija. Los informes sobre María Anna la señalaban como una princesa no de menor mérito que su gemela y por tanto perfecta futura emperatriz:

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María Anna de Saboya.


Para apaciguar a la enrabietada Sofía, el mismo doctor Stifft que le había asegurado a Metternich que el kronprinz era apto para el matrimonio, se entrevistó privadamente con la archiduquesa y le aseguró que las probabilidades de que Ferdinand lograse consumar el matrimonio jugaban totalmente a la contra de su inminente esposa de la casa de Saboya. Sofía no estaba convencida, por supuesto, pero demostró su buena crianza al recibir a María Anna en la corte en Viena. La boda por poderes se había llevado a cabo en Turín el 12 de febrero de 1831 y la ceremonia religiosa solemne la oficiaría el tío Rudolf, príncipe arzobispo de Olmütz, en la iglesia de los Agustinos, como mandaba la tradición, el 27 de febrero. No está claro hasta qué punto se había informado previamente a María Anna respecto a las condiciones físicas y psíquicas de su prometido Ferdinand, pero a nadie se le escapó el hecho de que la joven princesa llegada a la ciudad imperial, en su presentación a la familia y la corte, una ceremonia bastante pomposa y prolongada que la mantuvo en pie recibiendo cumplidos durante horas, estaba pálida como una muerta y con los ojos casi vidriosos. La misma escena de una novia aturdida y conmocionada se repitió durante la ceremonia en la que se explayaba en tío Rudolf. Sofía tenía corazón: simpatizó con la situación en que se veía María Anna (aún peor que la suya, pues comparado con Ferdinand, el pobre Franz Karl parecía un bombón) y compadeció a su nueva cuñada cuando supo que Ferdinand, en un vano intento de consumar el matrimonio, había sufrido delante de María Anna cinco crisis epilépticas sucesivas. La virginidad de María Anna parecía quedar completamente garantizada de cara al futuro, aunque no se pudiese excluir totalmente un milagro. Sofía culpó de aquel desastre al canciller Metternich. Consideró que Metternich había sentenciado la vida de María Anna con sus "cínicas maniobras" y, por así decirlo, se la guardó.

Pero otra preocupación sacudió pronto a Sofía. Una epidemia de cólera se había ído acercando a la mismísima Viena hasta que se hizo evidente la presencia de aquella enfermedad letal en la ciudad imperial. Sofía, en sus cartas a su madre, expresaba una verdadera aprensión, no tanto por sí misma (que también) como por su pequeño lozano archiduque Franzi. Franz Karl reaccionó llevando a su esposa e hijo, acompañado por la inevitable Aja Luise, a Bad Ischl, dónde pasaron messes y desde dónde se dirigieron al iniciarse el otoño directamente a Praga, instalándose unas semanas en el Hradcany. Se consideraba ya Viena limpia de cualquier resto de epidemia, pero, con todo, extremaron las precauciones: al regreso, prefirieron quedarse en principio en el palacio de Laxenburg, que estaba un poco retirado de la capital.

Por tanto, en 1831, Sofía pasó mucho tiempo alejada de su sobrino político Reichstadt. Al verle de nuevo, se quedó impresionada por el deterioro de su buen amigo, con quien tantos momentos felices compartía. Reichstadt padecía de "debilidad pulmonar", eufemismo para no mencionar la palabra maldita "tuberculosis", que, en ese tiempo, representaba una condena a muerte. Los médicos aseguraban que le hubiese convenido pasar temporadas en climas templados, por ejemplo en el sur de la península italiana, pero Metternich no íba a arriesgarse a permitir que el aguilucho de Napoleón se alejase de aquella jaula de oro que era Schönnbrun, así que el abuelo Franz, que pese a todo adoraba a su nieto, nunca otorgó la venia. Quizá eso hubiese incrementado la esperanza de vida de aquel mozo tan solitario -y con tantos motivos para lamentar su suerte.

Sofía escribía a Karoline: “Cuán trágico es ver cómo alguien tan joven y hermoso va consumiéndose”. El progreso de la enfermedad había ído alejando a Reichstadt de la "nursery", dónde tanto disfrutaba visitando a los pequeños de la familia imperial y muy especialmente a Franzi. Existe una litografía que precisamente muestra a Reichstadt sosteniendo en su regazo a Franzi y teniendo al lado a la pequeña Carolina "Lina" princesa de Salerno, hija de la archiduquesa María Clementina, Tante de Reichstadt y hermana de Franz Karl:

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A finales de 1831, Sofía se embarazó de nuevo. Después de los abortos recurrentes en sus primeros años de matrimonio, Sofía era naturalmente aprensiva y de una gran prudencia. Aún así, pasaba todo el tiempo posible con el enfermo Reichstadt durante esos meses iniciales de embarazo, lo que de nuevo recrudeció los rumores en torno a la naturaleza exacta de su relación. Se hizo inevitable que los cotilleos especulasen sobre la paternidad de la criatura que esperaba Sofía, en particular porque Reichstadt manifestaba una constante solicitud y preocupación respecto al bienestar de su Tante. Tuviesen o no la menor idea acerca de esas murmuraciones, siguieron en estrecho contacto a medida que avanzaba la destrucción física del mozo de veintiún años.
En junio de 1832, Sofía llevó a Franzi a visitar al enfermo, algo que conmovió intensamente a Reichstadt, y alargó la visita todo cuanto pudo. Luego, ella siguió acudiendo diariamente a los aposentos, pese a su avanzada gestación: para entonces ya sabía que su muy querida abuela Amalia, Oma, había muerto, con setenta y nueve años de edad, en Bruchsal. Aunque ese desenlace había sido el esperado, puesto que Amalia llevaba tiempo bastante deteriorada a cargo de Tante Stephanie, a Sofía le afectó saber que se había ído para siempre y, más aún, imaginar la soledad familiar de su madre. Porque la ex reina Karoline de Baviera ya sólo tenía una hermana pequeña, Wilhelmine de Hesse, que, separada de su marido, vivía apartada de la corte hessiana, en el castillo de Heiligenberg, con su amante el conde Augusto von Senarclens de Grancy. Karoline había llorado a su hermano Karl en 1818, a su gemela Amalie en 1823, a su zarina rusa Elizaveta y a Frique en 1826: por tanto, Sofía era consciente de que su madre, en ese sentido, se había quedado sin puntos de apoyo. Afortunadamente para Karoline, tenía cerca a su hijastro Karl Theodor, que la adoraba, y a su hija Ludovika, que había empezado a reproducirse. Reichstadt trató de consolar a Sofía, que, por su parte, no se cansaba de leerle sus obras predilectas.

El 4 de julio de 1832 Sofía visitó a Reichstadt le visitó por última vez, notando ya punzadas en el área lumbar que anunciaban la inminencia de las contracciones de parto. Reichstadt temía más el parto de Sofía que su propia agonía.


Última edición por Minnie el 17 Ene 2020 13:46, editado 1 vez en total

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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 17 Ene 2020 12:54 
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Inciso, porque...¡¡torpe de mí!!...había olvidado incluír este cuadro idílico de la familia del kaiser Franz I datado en 1826. El propio káiser aparece a la izquierda de la imagen con su kaiserina Caroline Augusta sentada delante de él. A la derecha, se ve a un Reichstadt niño aún junto a su madre María Luisa y al lado de María Luisa, con un vestido oscuro, nuestra archiduquesa Sofía. Los mozos tan gallardos, idealizados a tope, son el kronprinz Ferdinand y el archiduque Franz Karl.

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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 17 Ene 2020 16:20 
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Aquí una imagen curiosa de Reichstadt en pose desafiante, con unos ocho años de edad:

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Y Reichstadt joven:

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Lo que no íba a llegar a haber, era un Reichstadt completamente adulto, maduro. Todo lo que se puede hacer sobre cuál hubiese sido su destino son puras conjeturas. Su mal se había hecho notar después de que hubiese alcanzado los dieciséis años de edad, siendo diagnosticado por el célebre físico vienés doctor Staudenheim como de "condición escrofulosa". Sólo tras la muerte de Staudenheim, otro doctor famoso en su tiempo, el doctor Johann Malfatti, hablaría abiertamente de tuberculosis. Y de ahí en adelante, varios años habían demostrado cuanto progresaba la enfermedad en su cuerpo, impidiéndole ejercer el papel de general de ejército con el que soñaba.

Reichstadt ya estaba muy enfermo cuando el 4 de julio puso su mejor cara al despedir a Sofía. Ella, recluída en sus apartamentos, inició enseguida las labores de un parto que no resultó fácil y que produjo otro niño de apariencia hermosa aunque más delicado de lo que había sido el primogénito Franzi. Reichstadt, que había pedido prácticamente cada hora noticias sobre cómo avanzaba el parto, experimentó un enorme alivio al enterarse de que Sofía había sobrevivido, aunque estaba considerablemente debilitada por el esfuerzo, y de que había un nuevo archiduque en la línea de sucesión que recibiría los nombres de Ferdinand Maximilian. Por supuesto, Ferdinand honraba a su tío paterno el kronprinz, mientras que Maximilian venía a ser un homenaje al difunto padre de Sofía. Significativamente, nunca se le llamó Ferdinand, sino Maximilian: para Sofía sería su "Maxi".

El parto había afectado tan severamente la salud de Sofía que sus médicos le prohibieron levantarse de cama en varias semanas. Nadie quería alterarla, obstaculizando de paso su recuperación, de manera que no se le indicó que Reichstadt empeoraba a una velocidad vertiginosa.

A decir verdad, la señal clara de que no se confiaba en que lograse superar aquella etapa de su enfermedad fue que se mandó llamar a la madre del chico, María Luisa duquesa de Parma.

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María Luisa.


Viuda ya de su segundo marido, Neipperg, María Luisa seguía al frente del ducado de Parma, aunque en 1831 las tropas imperiales de su padre Franz habían sido necesarias para apuntalarla en el gobierno tras una de esas algaradas revolucionarias que venían siendo colatazos de la revolución liberal de 1830 en Francia. El 7 de junio de 1832, Klemens von Metternich, que recibía constantes informes del doctor Malfatti, estaba convencido de que el chico no sobreviría al verano; el declive, creían, se había iniciado con un desmayo del joven mientras paseaba por el Prater vienés en el mes de abril. El coronel Hartmann seguía ocupándose de la casa del duque, y el barón Moll atendía todas sus necesidades, pero la cancillería decidió mandar llamar a María Luisa, que llegó a Viena el 24 de junio, coincidiendo con una ligera mejoría de Reichstadt. No obstante, desde el 13 de julio, Reichstadt empezó a hablar en voz entrecortada de su final. Sus frases partían el corazón:

-¿Debo concluír tan joven una vida inútil y sin fama [se entiende que ganada por sí mismo]? Mi nacimiento y mi muerte: esa es toda mi historia.

El 21 de julio respirar suponía un tormento para él, tanto que afirmaría:

-Deseo morir, sólo morir.

A las cuatro de la madrugada del 22 de julio su valet, Lambert, estaba con él a solas, pues el barón Moll, exhausto por tantos días y noches de desvelos, se había retirado a descansar un poco. Reichstadt, sofocado, gritaba:

-Llamad a mi madre, llamad a mi madre.

Aunque la relación de María Luisa con su hijo había estado tan fuertemente condicionada por todo lo acontecido después de la caída de Napoleón, en su última hora el muchacho quería tener consigo a la mujer que le había concebido y puesto en el mundo con riesgo de su propia vida.

No sólo llamaron a María Luisa, sino también al hermano de ésta, el archiduque Franz Karl. María Luisa llegaría del brazo del barón Moll, que en realidad la sostenía, porque la mujer temblaba de la cabeza a los pies. Ella y Franz Karl se situaron cerca del moribundo. En la habitación permanecían cuántos habían servido al duque: el doctor Malfatti, Hartmann, Standeiski, la condesa Scarampi. Todos contenían la respiración.

A las cinco de la madrugada, una aparatosa tormenta, con profusión de truenos y relámpagos, se cernió sobre el palacio de Schönbrunn. El capellán imperial ya había administrado los últimos sacramentos al chico, y éste falleció tranquilamente.

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Muerte de Reichstadt.


El emperador Franz se había ahorrado el final de su nieto porque ni siquiera se encontraba en Viena: estaba en Linz con su kaiserina Caroline Augusta. Metternich se apresuró a informarle en una carta, en la que aseguraba que había sido preferible esa distancia física porque le había ahorrado una escena desoladora. Franz coincidió con el parecer de su canciller. De hecho, el emperador replicaría: "La muerte de mi nieto ha sido una bendición para él mismo, y quizá también para mis hijos y el mundo en general". Porque la cruda realidad era que Reichstadt, por mucho que le tuviesen en jaula de oro, siempre había sido la esperanza de resurrección de un imperio fenecido en Francia, el imperio de los Bonaparte.

El mismo 23, María Luisa, acongojada, sacó fuerzas de flaqueza para escribir de su propia mano a la que había sido su suegra, Letizia Ramolino, a la que se dirigía como "Madame". Ella misma le informaba de la defunción de Reichstadt en un tono que no deja lugar a dudas sobre su propia aflicción. Firmaba "su devota hija", un recordatorio del vínculo que antaño las había unido.

Entre tanto, Viena se preparaba para honrar al difunto con un funeral a la altura de su rango. A fín de cuentas, por vía materna, era un Habsburgo.

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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 17 Ene 2020 17:23 
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Hay personajes de los que da pena despedirse...

Imágenes de Reichstadt:

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Por cierto, Eugène de Beauharnais, el honorable, se lo perdió, porque una sucesión de hemorragias cerebrales le habían matado a los cuarenta y dos años de edad, en febrero de 1824, casi coincidiendo en el tiempo con la boda de su cuñada Sofía...

Hay que reconocer que al archiduque Franz Karl le había tocado un muy mal trago. Había tenido que asistir al dramático desenlace de la enfermedad de un sobrino al que quería sinceramente, tratando de confortar a su impactada hermana María Luisa. Y a posteriori, él se encargó de comunicar lo ocurrido a su esposa Sofía, confinada en su cama, en sus habitaciones, desde que había dado a luz a Max.

La reacción en Sofía fue de alta intensidad. La archiduquesa, demudada, perdió el conocimiento y tardó horas en recuperarse; para cuando lo hizo, se le había retirado la leche por el tremendo impacto emocional. Hubo un verdadero colapso psíquico, cayó presa de fiebres nerviosas y no pudo levantarse de la cama hasta transcurridas tres semanas del nacimiento de Max. Su angustia había sido tan grande que los maledicentes encontraron en ese episodio una "confirmación" para los rumores que ellos mismos habían creado. Cuando Sofía logró salir, enlutada, de sus habitaciones, había una nueva dureza en su mirada y en su expresión. De alguna forma, había dejado de ser la joven archiduquesa llena de vivacidad y ganas de disfrutar:

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Joven Sofía.


Sofía ya no simpatizaba particularmente con el viejo Metternich...

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...a quien, recuérdese, acusaba de haber actuado con un cinismo intolerable al organizar la boda de Ferdinand con María Anna. Pero su antipatía subió de punto tras la muerte de Reichstadt, porque no olvidaba que Metternich había impedido siempre que el muchacho pudiese tratar de mejorar de su "consunción" viviendo por temporadas en climas meridionales, que se consideraban beneficiosos para quienes sufrían enfermedades pulmonares.

No obstante, Sofía era una mujer de mente aguda. Le constaba que Metternich seguía siendo el poder detrás del trono, en una suerte de cooperación trufada de rivalidad con Anton conde de Kolowrat-Liebsteinsky, otro de los puntales de la política austríaca. Metternich había enviudado dos veces: su primera mujer había sido Eleonore von Kaunitz y su segunda esposa había sido la baronesa Antoinette Leykam. Al llegar a Viena, Sofía a quien había conocido y tratado había sido a Antoinette, muerta en 1829. En 1831, un año antes de la muerte de Reichstadt, Metternich se había casado con un mujer muy espirituosa y con sed de protagonismo: la condesa Melanie Zichy-Ferraris.

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En esos años, Melanie, la nueva princesa Metternich, hizo todo lo que pudo y más por hacerse presente en el círculo de la archiduquesa, decidida a que sus hijos, que empezó a tener rápidamente, formasen "pandilla" con los hijos de Sofía, que representaban el futuro de la casa de Habsburgo. Aparentemente, Sofía mantenía una relación afable con Melanie Metternich y, de momento, no había todavía manifestación alguna de reserva o de animosidad hacia el canciller.


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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 17 Ene 2020 18:08 
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Al igual que Franzi, Max fue puesto bajo el cuidado de Aja Louise von Sturmfeder, que mantenía su idea de que los niños se criaban sanos con buenos aires y mucho aire libre, confiando poco en los médicos imperiales. No obstante, Max sería siempre un niño de constitución más débil que el robusto Franzi. Para Luise, las preferencias estaban claras: su primer amor y su gran pasión era Franzi. Max, un niño de rara sensibilidad, probablemente rasgo heredado de su madre Wittelsbach, se percataba de ello y sufría celos. Con apenas tres años de edad, el pequeño clavaría sus ojos azules en el rostro de Luise y en tono rotundo, afirmaría:

-Amie, sabes que te amo tanto como tú amas a Franzi.

Franzi, naturalmente, era el orgullo de la corte. Imágenes del pequeño:

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Franzi.


Y su importancia se incrementaría, como se verá, a raíz de la desaparición de su abuelo, el emperador Franz I.

En los años siguientes, Sofía volvió a dar a luz en varias ocasiones. El 30 de julio de 1833, a los pocos días del primer aniversario de la muerte de Reichstadt, Sofía tuvo a su tercer varón, Karl Ludwig Joseph Maria. Durante años, los cotillas habían puesto en duda que el abúlico Franz Karl pudiese engendrar hijos, una de las razones que esgrimían para murmurar que si Franzi era hijo del príncipe de Vasa, que si Max era hijo del duque de Reichstadt. Pero el nacimiento de Karl Ludwig demostraba, fehacientemente, que Franz Karl podía engendrar y, si había engendrado a Karl Ludwig, quedaba claro que había podido engendrar tanto a Franzi como a Max.

El 27 de octubre de 1835, Sofía superó su cuarto parto. Para su enorme alegría, se trataba de una niña, a la que no le íban a faltar nombres de pila. Dado que su madrina íba a ser la reciente kaiserina María Anna (luego veremos lo relativo a la muerte de Franz I), se le llamó María Anna de arranque. Pero a María Anna se agregó un nutrido elenco de nombres: María Anna Caroline Pía Annunciada Juana Josefa Gabriela Teresa Catalina Margarita Filomena. Ahí es nada...¿cómo se os queda el cuerpo? Pero, claro, tantos nombres no se usaban ni de chiripa. La niñita era simple y llanamente Ännchen.

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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 17 Ene 2020 18:59 
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El emperador Franz I...

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...falleció el 2 de marzo de 1835, a los sesenta y siete años de edad, a consecuencia de unas súbitas fiebres. Su esposa Caroline Augusta quedaba viuda con cuarenta y tres años, sin ningún hijo propio, pero volcada en los hijos de su medio hermana Sofía y su hijastro Franz Karl.

Caroline Augusta lamentó sinceramente la pérdida de su imperial marido. La impagable Melanie fürstin Metternich la visitó, para testimoniarle sus condolocencias, a principios de abril y la encontró aún tremendamente afectada. Según Melanie, Caroline Auguste...

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...estaba "pálida y demacrada". En el curso de su encuentro, la emperatriz viuda se refirió a su fallecido esposo con honda emoción, y confesó que, aparte de la dureza de asistir a sus últimos momentos, ella "había creído morir" cuando le habían sacado, ya cadáver, del dormitorio para llevarle a la capilla ardiente.

Muerto Franz, el trono correspondía a la pareja formada por Ferdinand y María Anna:

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Ferdinand.

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María Anna.


Ferdinand no era lo que debía ser un emperador. También hay que tomarse con cierto reparo la idea general de que era tonto de remate o imbécil integral, todo sea dicho: le encantaban el dibujo y la heráldica, bailaba y montaba a caballo con cierta pericia y podía expresarse en cinco idiomas, aunque su discurso era poco fluído y a veces un tanto confuso. El problema eran su hidrocefalia y sobre todo, por encima de todo, la epilepsia que le acosaba constantemente y producía escenas lastimosas de un emperador convulsionando y echando espuma por la boca. Era evidente que no podría gobernar y que tampoco convenía organizarle muchas ceremonias públicas. Necesitaba tranquilidad y, por suerte, tenía a María Anna: pasado el shock inicial, la mujer había llegado a sentir un profundo cariño por Ferdinand, de naturaleza bondadosa y afectuosa; él la quería muchísimo y la trataba con una sorprendente calidez, aunque nunca se llegase a consumar su matrimonio en términos físicos. Los cuadros no permiten hacerse una idea real del aspecto de Ferdinand, porque siempre "se arreglaban", pero hay al menos una foto de él, aunque le muestra no joven sino ya anciano:

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Dado que Ferdinand no íba a gobernar, se organizó una especie de Consejo de Regencia según los designios del difunto Franz. Klemens von Metternich seguía siendo el hombre fuerte, conjuntamente con el conde Kolowrat y con el archiduque Ludwig. Sofía estaba en aquel momento embarazada de su cuarta criatura (en siete meses llegaría su pequeña Ännchen), después de haber proporcionado tres archiduques a la dinastía. Consideraba necesario que su marido Franz Karl, flamante heredero al trono, participase en el Consejo. La insistencia fue tanta, que se atribuyó un papel a Franz Karl, pero éste mostraba la misma abulia de siempre. No obstante, a veces sorprendía a propios y extraños. En septiembre, un mes antes del nacimiento de Ännchen, Franz Karl dejó a Sofía y a los niños en Viena para irse a una visita oficial a Silesia que le había encomendado Metternich. El duque de Nassau, testigo presencial, escribió a Metternich que podía asegurarle que la conducta de Franz Karl había sido en todo momento impecable, causando una impresión positiva en todos.

Definir la educación de Franzi y Max fue un asunto de Metternich y Kolowrat. Ellos eligieron quienes debían encargarse de los niños, una vez superada la primera etapa de tierna infancia a cargo de la querida Luise. Franzi pasó a estar a cargo del conde Heinrich Bombelles, un soldado cortesano y diplomático, que se convirtió en su principal tutor con el cálido apoyo de Metternich.

Bombelles...

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...era hermano menor de Charles-René de Bombelles, un hombre muy capacitado a quien Metternich había enviado a Parma para que asistiese a María Luisa en el gobierno del ducado tras la muerte de Neipperg. La verdad es que ese Bombelles, un viudo, no solamente la asistió en el gobierno, sino que se convirtió en el nuevo esposo morganático de María Luisa en febrero de 1834...

Según Metternich, las cualidades de Heinrich Bombelles, el elegido para Primo Ajo de Franzi, eran perfectas porque aquel hombre "piensa como yo pienso, ve lo que yo veo y desea lo que yo deseo". Es decir, Bombelles era un perfecto reflejo de la concepción del mundo de Metternich, que se deseaba transmitir a Franzi. No obstante, Bombelles no estaba solo en su tarea: le asistía el conde Johann Coronini-Cronberg, de una familia de Gorizia, zona de influencia mitad italiana mitad eslovena. En realidad, el programa de estudios que se trazó fue supervisado por quien ejercería verdaderamente, el coronel Franz von Hauslaub.


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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 17 Ene 2020 20:23 
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Aquí una imagen que muestra a Sofía y Franz Karl hacia 1836 con Franzi, Max, Karl Ludwig y, en el regazo de su madre, Ännchen:

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Esta otra, anterior en el tiempo, muestra a Sofía pero con sus dos hijos mayores:

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Sofía era una madre absolutamente volcada en sus hijos. Esto es importante subrayarlo, porque seguía el estándar de su propia madre Karoline y de su abuela materna Amalia. Estaba siempre pendiente de los pequeños, nada escapaba a su atención.

Por supuesto, el programa de estudios se le comunicó de forma pormenorizada. Se esperaba que Franzi cumpliese con dieciocho horas de clase por semana a los seis años de edad. Cuando Franzi tuviese ocho años, las horas de clase semanales serían ya entre treinta y seis y treinta y siete horas. Llegaría a dedicar cuarenta y seis horas a los once años, y cincuenta y tres o incluso cincuenta y cinco a los quince años. Las materias eran muchas y extensas, poniendo especial hincapié en aprendizaje de distintas lenguas, y en combinar el aspecto intelectual con el físico, ya que se esperaba que recibiese un entrenamiento militar propio de un cadete del ejército austríaco. Max podría haber carecido de tanta presión, pero estaba demasiado cerca del trono y se decidió que, en su momento, se uniría a Franz en ese repertorio.

El programa, visto objetivamente, era una barbaridad. En las mismas épocas, tanto en la corte de Prusia como en la de Inglaterra se diseñaron programas más entretenidos y no tan pesados de llevar para el príncipe Friedrich "Fritz" (sólo quince meses menor que Franzi) o para Bertie de Gales. Pero Sofía aceptó ese programa de estudios, convencida de que su hijo mayor sería un perfecto archiduque y en el futuro un perfecto emperador. Con respecto a Max, sí hubo cierta manga ancha: como el niño adolecía de una salud algo más frágil, se le permitían esparcimientos, entre ellos paseos por un pequeño parque privado dentro del extenso recinto de Schönbrunn que incluía periquitos y papagayos.

El amor de Sofía por sus hijos rayaba en la adoración con su Ännchen. Eso también tenía su sentido: su abuela Amalia había gozado de unas relaciones de extraordinaria cercanía y calidez con todas sus hijas, algo que Karoline había reproducido también con cada una de las niñas nacidas de su matrimonio con Maximilian de Baviera. Los varones eran fervientemente deseados por su valor dinástico, pero Sofía había cubierto la cuota sobradamente con sus tres niños consecutivos, de modo que la niña representaba la ilusión de tener en alguien la misma clase de adhesión inquebrantable que ella y sus hermanas ofrecían a Karoline. Ännchen era un poco más suya y un poco menos del imperio (aunque, como archiduquesa, al crecer sin duda se le buscaría un enlace significativo desde el punto de vista del interés de la casa de Habsburgo).

Muy rubia y sonrosada, recordaba a Franzi en sus trazas, pero en versión femenina. Al principio, había parecido robusta y saludable, pero surgieron una serie de signos preocupantes, convulsiones, al cabo de unos meses. Aunque los doctores repetían hasta la saciedad que las convulsiones se debían al proceso de dentición, Sofía intuyó desde el primer momento que su hija era epiléptica igual que tío Ferdinand emperador o tía María Anna archiduquesa. Para Sofía representó un gran disgusto, pero precisamente tío Ferdinand y tía María Anna eran el ejemplo de que la epilepsia, incluso en casos graves, era compatible con la vida. Sofía prodigaba todos los cuidados habidos y por haber a Ännchen...

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Franzi, Max, Karl Luwig y Ännchen.


...pero una crisis epiléptica causaría la muerte a la niña en febrero de 1840. Sofía no disimuló la inmensidad de su duelo: estaba devastada y se explayaba en cartas a su madre, consciente de que Karoline, que tanto había sufrido la muerte prematura de su hijo Max y posteriormente la desaparición de Ni, sabría entenderla.

Cuando Ännchen murió, Sofía estaba precisamente al inicio de su quinto embarazo, que se desarrolló con la pobre mujer sufriendo una añoranza indescriptible de la niña perdida. El 24 de octubre Sofía dió a luz un hijo muerto, lo que acabó de rematar aquel año para ella. Hasta la segunda mitad de 1841, Sofía no volvería a quedar encinta y logró sacar adelante el embarazo a pesar del enorme disgusto recibido con motivo de la muerte de su madre Karoline en noviembre de ese año. Como Karoline había sido hasta el final protestante evangélica, la iglesia católica bávara forzó a que sus honras fúnebres fuesen casi de tapadillo y muy poco dignas de la que había sido reina de Baviera. Sofía nunca perdonó esa afrenta a su medio hermano Ludwig I, que consideraba que hubiese podido imponer unos funerales de estado a la madre que tanto había amado.

La afligida archiduquesa dió a luz a su último retoño en el Hofburg el 15 de mayo de 1842. Fue un hijo, a quien se llamaría Ludwig Viktor, si bien su madre siempre le apodó Bubby. Era casi doce años menor que Franzi, diez años menor que Max y nueve años menor que Karl Ludwig, lo que le situó, inevitablemente, bastante lejos de la existencia cotidiana de sus tres hermanos mayores.


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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 17 Ene 2020 20:40 
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Una de imágenes:

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Esta imagen de Sofía la hallé rastreando internet en la galería de Gogm, pero si he tomado nota correctamente, Gogm a su vez la encontró posteada en algún lugar por carolathdehabsburg, uno de los alias de nuestra Katyusha. Katy, si caes por aquí, siéntete libre de añadir todas las "alhajas" de ese calibre que aún guardes como ases en la manga :))

Aquí una imagen de Ender:

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También de internet, una miniatura de Sofía que me resulta un tanto extraña. Supongo que es una Sofía muy joven, pero le veo poco parecido con otros retratos de ella...

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Aquí en el cuarto de los niños, supervisando sus oraciones nocturnas:

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Este cuadro la muestra paseando por el Prater de Viena con su marido Franz Karl y sus hijos Franz Josef y Karl Ludwig:

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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 18 Ene 2020 21:06 
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Registrado: 17 Feb 2008 21:47
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Imágenes de los niños...

El pequeño Max jugando:

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Franz, Max y Karl Ludwig, presumiblemente en Bad Ischl:

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Franzi niño:

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Otra de Franzi:

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Y Max:

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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 18 Ene 2020 21:11 
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Registrado: 17 Feb 2008 21:47
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Sofía pintando:

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Que era uno de sus entretenimientos junto con escribir. Dedicaba horas, literalmente, a sostener una profusa correspondencia con su madre, hermanas y primas. Adicionalmente, tras la muerte de su madre, que quizá había sido su mayor confidente, inició una serie de Diarios a los que consagraba mucho tiempo.


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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 19 Ene 2020 01:05 
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Registrado: 05 Jul 2012 21:41
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Que entretenido¡


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