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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 15 Ene 2020 15:43 
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Y ya tenemos casadas a las dos gemelas mayores. A Max y Karoline sólo le quedaban por colocar un par de gemelas (Sofía y María) y Ludovika. Maximiliane, "Ni", la benjamina, había muerto en 1821, para gran desespero de su madre Karoline. Durante meses, Karoline pareció inmersa en un duelo que había tenido principio pero no parecía tener fin. Encargó a Stieler retratos de la hija perdida con once años escasos y se abstraía por completo cada vez que sus ojos se volvían hacia ellos.

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Retrato póstumo de Ni.


Con todo, tener una familia con lazos de afecto sólidos ayudaba a sobrellevar cualquier trance. Hay un cuadro que a mí me encanta, que muestra a la familia de Maximilian I Josef en el querido Tegernsee...

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Y en el que las dos jóvenes juntas al fondo parecen precisamente Sofía y María. Aquí otra imagen de las princesas idénticas, Sofía aparece a la derecha:

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Tegernsee, precisamente, sería el lugar en el que Sofía vería por primera vez a su prometido, el archiduque Franz Karl de Austria, a quien ahora vamos a conocer un poco mejor.


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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 15 Ene 2020 16:04 
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Por mucho que los retratos de corte tratasen de presentarlo bajo una luz muy favorable...

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...lo cierto es que al archiduque Ferdinand, hijo varón de mayor edad y por tanto heredero del emperador Franz I, no había "por dónde cogerlo". Ferdinad pagó el pato de la tradicional endogamia de la dinastía Habsburguesa: sus dos padres, primos hermanos, le transmitieron una carga genética que se cobró un alto precio. Físicamente enclenque, padecía hidrocefalia, cierto retraso mental y virulentos accesos de epilepsia. Llegaba a sufrir nada menos que veinte crisis epilépticas al día, lo que, por supuesto, consumía todas sus energías. Aún así, destacaba por su bondad y su diario muestra una coherencia sorprendente dada su situación clínica. Como heredero no se esperaba nada de él: sería un emperador "solo de nombre" y sus doctores creían imposible que lograse consumar un matrimonio y engendrar hijos.

Ante esa situación, cobraba relevancia el hermano varón que le seguía en edad, el archiduque Franz Karl:

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Franz Karl era un hombre simple, muy simple. También era de naturaleza abúlica y carecía de voluntad. Por supuesto, comparado con Ferdinand, parecía más o menos apropiado, y, en su caso, por lo menos se le consideraba apto para el matrimonio y la procreación. Por eso, en el Congreso de Viena se había tomado una decisión al respecto: llegado el momento, se casaría con Sofía de Baviera, la hija de Max y Karoline.


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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 15 Ene 2020 17:34 
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La expresión suprema de la belleza es la sencillez.
Alberto Durero.


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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 15 Ene 2020 19:59 
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Retratos de Franz Karl:

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En su niñez.


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En su juventud


La corte bávara estaba muy al corriente de lo que acontecía en la corte austríaca. No hay que olvidar que una de las medio hermanas mayores de Sofía, Charlotte, se había metamorfoseado por obra y gracia de un casamiento en la emperatriz Caroline Augusta de Austria, madrastra por tanto de Ferdinand y Franz Karl. Así que se sabía, vaya si se sabía, que los hijos varones del buen emperador Franz, entre los dos no servirian para hacer uno siquiera a la altura del padre.

Sofía era guapa. De hecho, era la más guapa de las hijas que habían tenido Max y Karoline conjuntamente con Ludovika. El kronprinz Ludwig, medio hermano de Sofía, no solamente era un mujeriego redomado, sino que tenía un sentido estético tan desarrollado que quiso combinar ambas pasiones creando una "Galería de las Bellezas" en Munich. Significativamente, entre las mujeres de considerable hermosura cuyos retratos escogió para integrar la "Galería de las Bellezas", figuró Sofía, con este fabuloso retrato obra de Joseph Stieler:

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Adicionalmente, Sofía era lista. Todas las princesas habían recibido una cuidadosa educación, pero Sofía siempre se había distinguido por su agilidad mental. Uno de sus preceptores, el filólogo Wilhelm Thiersch, les había puesto en cierta ocasión a sus principescas alumnas como ejercicio describir el parque de Nymphenburg en versos hexámetros, emulando la forma de composición habitual en la literatura clásica griega. Sofía había salido muy airosa de aquella prueba de agudeza y creatividad.

Guapa y lista, nada tuvo de extraño que al ser informada de que tenía que casarse con Franz Karl, se le cayese el alma a los pies y gritase, en tono de verdadero reproche: "¡¿Con ese imbécil?!". A continuación, después del primer arrebato colérico, llegaron las lágrimas, muchas lágrimas. Sofía lloró tanto durante varios días con sus noches que Charlotte von Rogenbach sintió que se le partía el corazón. Ella sabía que Karoline era una madre apegada a sus hijas y Max un padre amoroso, así que creyó que quizá había una posibilidad de llevarles a replantearse un compromiso que hacía tan desgraciada a Sofía. Pero cuando Charlotte informó a Karoline del grado de desesperación de Sofía, la reina se encogió ligeramente de hombros y respondió:

-¿Qué quiere usted...?¡El asunto se decidió en el Congreso de Viena!.

Karoline carecía de margen de maniobra, sencillamente. Por otra parte, no era mala perspectiva colocar a una hija tan capacitada en los mismísimos aledaños del trono de Austria, una de las potencias continentales. Sofía tendría que apañárselas con su imbécil, en resumidas cuentas. No había espacio para romanticismos, nunca los había habido, aunque por ejemplo Elise hubiese sido afortunada con su príncipe heredero de Prusia. En gran medida, el romanticismo estaba reñido con la realeza y sólo algunos rompían las reglas de juego: precisamente en 1823, el príncipe Karl Theodor, segundo de los dos hijos varones del primer matrimonio de Max, se había dado el gusto de casarse por amor. Como el kronprinz Ludwig y su Therese de Saxe-Hildburghausen ya habían tenido seis hijos juntos de los que tres eran varones (Maximilian, Otto y Luitpold), Karl Theodor había sido relegado a un cuarto puesto en el orden sucesorio. Consideró que bien podía priorizar su felicidad personal y contrajo nupcias con su amante desde hacía varios años: Marie Anne Sophie Petin, madre de sus dos hijas Caroline Sophie y Maximiliane Theodore. El rey Max había sido comprensivo y había garantizado a su nuera plebeya Sophie Petin el título de baronesa von Bayrstorff, extensible a las nietas que ella le había proporcionado.

Aquí os pongo un retrato de Karl Theodor, porque da gusto mirarle:

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Este tipo de solución morganática era inusual, y se reservaba a los hombres. Las princesas estaban en el mundo para lo que estaban y no cabía la posibilidad de eludir ese destino. Sofía, por suerte además, poseía sensatez y pragmatismo, dos cualidades de Karoline, en abundancia. Se decía en Munich que precisamente por eso se trataba de la favorita del rey Max, aunque la verdad era que Max adoraba a todas y cada una de sus princesas.

En mayo de 1824, Franz Karl se presentó en Tegernsee, la residencia favorita de los Wittelsbach. Sofía y su prometido se conocieron en un entorno idílico, pero eso no mejoró la impresión que ella tenía respecto a él, aunque él sí pareció quedar encantado con su atractiva novia bávara. La reina Karoline, en una carta a su madre Amalia, fue muy sincera: "¿Qué decir de nuestro pequeño archiduque?(...)Él me aburriría mortalmente". Pero Karoline agradecía al cielo, palabras textuales, la buena naturaleza de Sofía, que era "si raisonnable", o sea, tan razonable.

Desde luego, Sofía demostró ser "si raisonnable". Atrás quedaban las noches interminables llorando hasta no poder llorar ni una lágrima más. En tono firme, aseguró a su familia:

-He decidido ser feliz...y lo seré.


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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 15 Ene 2020 22:02 
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Minnie escribió:
(...)

En el siguiente aparecen Elise y Amalie con la menor de la casa, Ni. Es posterior a la etapa de la que estabamos hablando, recordad que tenemos aún a Ni recién nacida en la cuna mientras su hermano mayor el kronprinz Ludwig se casa con Therese:

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Estuve hace 2 años y mi buena memoria me hizo identificar enseguida este cuadro, pasé por sus habitaciones...

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Del primero, a la izquierda, obvio que salieron los sketches para el cuadro con la fallecida "Ni". ¿La del centro es Jósephine, la reina de Suecia o recuerdo mal? Las otras dos son obviamente las que subes que están en ropa griega con la pandereta.

El primero mejor aquí.
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Y ésta creo que es Thérese.
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Tengo que buscar en mis fotos, quizás encuentro alguna más del tema, recorrer das Residenz fue un placer, ídem Nymphenburg, aunque del segundo es poco y nada lo que te dejan ver. (sad)

No tengo que decirte que estoy enamorado de tu nueva historia, por supuesto que al principio un poco me perdí entre tanta boda y 200 hijos pero es lo usual. Nada que los útiles árboles genealógicos de wiki no puedan solucionar. :XD:

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"Ma fin est mon commencement, et mon commencement ma fin".


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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 16 Ene 2020 10:17 
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¡Que lujazo, Konradin! Una aportación maravillosa :bravo: :bravo: :bravo:

Sí, respecto a la jovencita que crees que es Josephine de Beauharnais, luego reina de Suecia: se trata de ella. Y la reina del cuadro es, efectivamente, Therese. Un cuadro precioso, por cierto, y no lo conocía.

Otro retrato de Therese:

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Y ya puestos, uno de su -constantemente infiel...- marido Ludwig:

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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 16 Ene 2020 11:02 
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Volvemos a poner el ojo en Sofía:

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Que, según Caroline, aparte de "si raisonnable", era también "si jolie et si vive", bonita y vivaz. Y nos lo creemos, porque tiene todo el aire de haber sido lo uno y lo otro. Para que veáis que no es momento de imaginarla con los rasgos y el carácter de su edad madura.

Max y Karoline eran unos "expertos" preparando dotes y ajuares. En los años precedentes, Charlotte había tenido que llevar un gran trousseau a la Viena Imperial; Amalie a la corte sajona de Dresde y Elise a la corte prusiana en Berlín. Así que, antes de emprender viaje a Viena porque se había acordado que la boda se celebraría en la capital imperial, hubo que consagrar todos los esfuerzos a la dote y el trousseau de Sofía.

El rey Max se aseguró de entregar a su hija que íba a ser archiduquesa un completísimo surtido de joyas: había diademas, collares y brazaletes, destacando las piezas engastadas con diamantes y las perlas. El valor del joyero de la princesa bávara ascendía a setenta y nueve mil florines, una cifra importante que equivaldría a llevar hoy en día alhajas con una tasación total de un millón ochocientos mil euros. Pero también se gastó un dineral en abarrotar de prendas y complementos un buen número de baúles. Karoline se dedicó a llenarlos de todo cuánto podía necesitar su hija para que nadie en la corte austríaca tuviese que arrugar la nariz ante eventuales carencias del guardarropa recibido de los padres. Por ejemplo, Sofía llevaba en sus baúles doce docenas de camisas para interior, o sea, ciento cuarenta y cuatro camisas, todas de género de buena calidad y con sus bordados, puntillas y lazos; también llevaba seis docenas de medias de seda, seis docenas de medias de algodón y seis docenas de medias de lino. Había doce camisones y nada menos que sesenta gorros de noche, así como dieciséis docenas de pañuelos de mano y doce docenas de foulards. Se puede apreciar que se tuvieron en cuenta todos los aspectos de la vida cotidiana de una archiduquesa. Incluyeron hasta treinta y seis docenas de pares de guantes, cuatrocientos treinta y dos pares si lo traducimos.

Con un equipaje impresionante y un séquito nutrido, Sofía y sus familiares se dirigieron de Munich a Viena en el otoño de 1824. Se había designado como fecha de la boda el 4 de noviembre y ya se sabía que oficiaría la ceremonia, en la iglesia de los agustinos, el príncipe arzobispo de Olmütz. Durante el viaje a Viena, la más mohína era la hermana gemela idéntica de Sofía, María. Entre ambas existía una clase de vínculo muy especial, la adoración recíproca alcanzaba cotas altísimas y a María se le partía el corazón pensando que, cuando rematasen las celebraciones nupciales, retornaría a Munich sin Sofía. En cambio, Ludovika, dos años menor, estaba encantada de tener esa oportunidad por asomarse "al gran mundo".

Aquí os muestro a María, la gemela idéntica de Sofía:

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Y a Ludovika, a quien la muerte prematura de Ni había convertido en la menor de la familia (y la única hermana que no tenía una gemela, por cierto):

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Realmente, Ludovika nunca olvidaría la boda de Sofía porque, en el curso de banquetes y bailes organizados en la corte imperial, conoció al príncipe Miguel de Portugal, que se encontraba exiliado en la capital austríaca bajo la amistosa protección del canciller Klemens von Metternich (incombustible Klemens von Metternich). Miguel representaba una "sorpresa" entre el elenco de hombres del linaje real portugués porque era un cañonazo en su juventud. Fijaos en estos retratos:

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Años después, Miguel se dejó barba durante un tiempo, igualito que hoy en día Justin Trudeau, y también le sentaba estupendamente:

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Se hizo evidente enseguida que Miguel correspondía a Ludovika, y a los ojos de cualquiera conformaban una pareja magnífica. La reina Karoline, que a esas alturas de la vida era plenamente consciente de lo extraordinariamente difícil que resultaba combinar inclinación amorosa y conveniencia dinástica, se sintió lo bastante conmovida por el enamoramiento de su hija pequeña como para intentar, en los meses siguientes, que se negociase un compromiso. Pero en la corte bávara no se veía "interesante" crear ese vínculo con el príncipe exiliado adalid de la monarquía absolutista. A Ludovika se le hizo saber que debía guardarse en el baúl de los recuerdos su breve idilio vienés con Miguel de Portugal y ella, al igual que Sofía cuando le habían informado de que se casaría con Franz Karl de Austria, tuvo que tragarse para sí las lágrimas.


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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 16 Ene 2020 13:03 
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El archiduque Franz Karl, aquí retratado unos seis años después de su boda con Sofía...

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...era básicamente lo que denominaríamos un hombre de pocas luces y carácter débil, pero bondadosa naturaleza. Le gustaba lo sencillo. Vestía ropa confortable y sobria, excepto cuando la etiqueta le forzaba a embutirse en los llamativos uniformes militares. Sus platos favoritos pertenecían al elenco de comida tradicional y popular vienesa, empezando por los schnitzel (una predilección que heredaría su hijo mayor, sorprendentemente). Le gustaba pasear cada tarde y saludaba amablemente a cuántos se cruzaban en su camino. Una anécdota refleja su capacidad para la empatía: por su gusto, hubiese salido del recinto palaciego a recorrer las calles de Viena en un sencillo faetón en vez de en una carroza descubierta tirada por seis caballos, pero se enteró de que los cocheros y lacayos imperiales, aparte de su sueldo fijo, cobraban un "bono" variable en función del número de desplazamientos para los que se requerían sus servicios; sabiendo eso, decidió que sus paseos de cada tarde los daría en carroza descubierta tirada por seis caballos para beneficiar a cocheros y lacayos. Es de suponer que eso le hacía "apreciado" entre el servicio.

Estaba contento de que le hubiesen casado con una princesa bávara guapa y resuelta, por supuesto. Sofía, por su parte, no podía amarle, pero sí llegó a desarrollar un aprecio un poco condescendiente hacia ese marido "tan flojo". Una coetánea que pisaba la corte vienesa, la condesa Ludovika Franziska von Thürheim, a quien se conocía generalmente como condesa Lulú von Thürheim, afirmaría que era muy difícil imaginar un motivo por el que Sofía hubiese podido enamorarse de Franz Karl. Y, desde luego, razón llevaba y lleva Lulú von Thürheim, porque una moza como Sofía no pegaba para nada con un mozo como Franz Karl. Pero dice mucho de la comúnmente elogiada sensatez de Sofía el que aprendiese a convivir con el esposo que le había tocado en relativa armonía.

Los primeros tiempos en Viena de la reciente archiduquesa Sofía no fueron fáciles. Despedirse de su familia le resultó penoso y se consumía de melancolía por su Baviera. Esto de echar de menos desesperadamente Baviera parecía muy típico de sus princesas: a Elise le ocurría lo mismo en Berlín y a Amalie en Dresde. Sofía escribía constantemente a su madre Karoline, en francés, el idioma que usaban habitualmente. Sus frases desprendían esa profunda añoranza: "Mon coeur, mon âme, je peux même dire tout mon enthousiasme appartiennent tout entier à Munich." O sea: su corazón, su alma e incluso todo su entusiasmo pertenecían por completo a Munich. Estaba "desarraigada" en Viena. Esto conviene subrayarlo porque la leyenda un poco negra en torno a Sofía la muestra en una etapa ulterior siendo insensible y dura a cuenta de la nostalgia que su sobrina nuera Elisabeth padecía de Baviera al poco de llegar a Viena. Es bastante dudoso que Sofía fuese insensible y dura al respecto, porque conocía, por propia experiencia y por la experiencia de sus hermanas, el mismo sentimiento de haberse visto arrancada de su círculo familiar y su país de orígen.

Con todo, Sofía fue recibida con calidez entre los Habsburgo. Su suegro, el kaiser Franz, se mostraba deferente y solícito. Su suegra era a la vez su medio hermana mayor, Caroline Augusta...

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Caroline Augusta, en su rol de emperatriz.


...que, simpática y piadosa, dedicaba sus desvelos a los albergues para pobres y los hospitales que fundaba. El pobre kronprinz Ferdinand vivía en semiretiro, debido a sus problemas neurológicos y sus crisis de epilepsia. Estaba célibe aún y, de momento, no existía ninguna perspectiva en ese sentido. De las distintas archiduquesas que había procreado en su segundo matrimonio, solamente una se había quedado sin casar y residía en palacio: la archiduquesa María Anna.

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María Anna, cuñada de Sofía.


La archiduquesa María Anna era considerablemente fea y además estaba aquejada de la misma "debilidad mental" que afectaba a Ferdinand y en menor medida a Franz Karl. Sufría también crisis epilépticas, lo mismo que el kronprinz. Por tanto, se procuraba que se mantuviese relativamente apartada del ajetreo cortesano, a fín de cuidar su salud.

Verdaderamente, cuando Sofía llegó a Viena a sus diecinueve frescos años, la familia imperial disponía de pocas archiduquesas atractivas. Probablemente el honor de ser la más atrayente, por su aspecto físico y por su buen talante, le correspondiese a la esposa de un hermano del emperador Franz, el archiduque Karl duque de Teschen. Karl era epiléptico, igual que su sobrino, pero en su caso la epilepsia, menos severa, no le había impedido convertirse desde joven en un excelente comandante militar, uno de los pocos oponentes dignos del talento de Napoleón. En su día, cuando estaba soltero, se le habían barajado distintas novias, entre ellas la Tante Amalie de Baden de Sofía. Pero finalmente, a los cuarenta y cinco años, Karl se había casado con una princesa de dieciocho años: Henriette de Nassau-Weilburg, una protestante que había conseguido que se le autorizase a mantener su religión. La archiduquesa Henriette, duquesa de Teschen...

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...había ganado muchos puntos al introducir la bonita costumbre del árbol de Navidad en la corte de Austria. Cuando Sofía llegó a Viena, su nueva Tante Henriette contaba veintisiete lozanos años y había tenido cuatro hijos de un marido con el que era sorprendentemente feliz: los pequeños María Teresa, Albert, Karl Ferdinand y Frederick. Recién llegada Sofía, Tante Henriette se embarazó por quinta vez y en septiembre de 1825 daría a luz sin complicaciones a María Carolina. Todavía tendría un último retoño en 1827, el archiduque Wilhelm Franz.

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Henriette con su hija mayor.

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Karl y Henriette de Teschen con sus hijos.


Un hermano menor del emperador Franz y de este archiduque Karl duque de Teschen tan enamorado de su Henriette, era el archiduque Josef, Palatino de Hungría. Josef había enviudado sucesivamente de una gran duquesa de Rusia, Alexandra Paulovna, que no le había dejado hijos, y de la princesa Hermine d'Anhalt-Bernbourg-Shaumbourg, que sí le había dejado una hija y un hijo. En 1819, seis años antes de la llegada de Sofía, su futuro tío político Josef había contraído terceras nupcias, también con una princesa protestante, María Dorothea de Württemberg.

La archiduquesa María Dorothea no tenía la belleza ni el estilo de su concuñada Henriette. Aquí os pongo una imagen de ella joven luciendo el traje típico húngaro:

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Pero era extremadamente inteligente y muy cultivada, con un talento notable para la música y los idiomas. Josef y ella residían habitualmente en Buda, pero acudían con relativa frecuencia a Viena. En 1825 dió a luz un hijo, el archiduque Alejandro, cuya llegada al mundo le permitió sacudirse de encima la pena que le había producido cinco años atrás tener una niña, Elisabeth, que había nacido para morir. Posteriormente, entre 1831 y 1836, María Dorothea daría a luz en orden de mayor a menor a Elisabeth Franziska, Josef y Marie Henriette. Aquí un retrato de esta María Dorothea, futura abuela materna de una futura reina regente de España, en edad madura:

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Había aún varios hermanos menores en edad del kaiser Franz, de Karl de Teschen y del Palatino Josef. El archiduque Anton Viktor, Gran Maestre de la Orden de los Caballeros Teutónicos, había desempeñado diversas funciones oficiales, la última de ellas como virrey de Lombardía y Venecia, pero permanecía soltero a su avanzada edad. El archiduque Johann vivía mayormente en Estiria, dónde practicaba con entusiasmo el alpinismo (era fabuloso en escaladas) y la caza además de coleccionar minerales. Pocos años después de la llegada de Sofía, Oncle Johann se casaría morganáticamente con Anna Ploch, a quien se otorgaría el título de cortesía de condesa de Merán.

Oncle Rainer era el que seguía en edad a Johann el Escalador. Rainer había sucedido a su hermano Anton Viktor como virrey de Lombardía y Venecia...

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...y se había casado cuatro años antes de que su sobrino Franz Karl desposase a Sofía. La archiduquesa de Rainer había nacido princesa de Saboya-Carignano y se llamaba María Elisabeth:

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Justo cuando Sofía había llegado a Viena, María Elisabeth había acabado de reestablecerse de su cuarto parto. De 1820 a 1824 había tenido a María Carolina, Maria Adelaide, Leopold y Ernest. En los años siguientes, pondría en el mundo cuatro archiduques varones más.

Todavía quedaban dos Oncles...será por oncles Habsburgo. Eran el archiduque Ludwig, un buen comandante militar soltero, y el archiduque Rudolf, que se había convertido en príncipe arzobispo de Olmütz y, en calidad de tal, había oficiado precisamente el matrimonio de su sobrino Franz Karl con nuestra Sofía.


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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 16 Ene 2020 13:58 
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Y me he dejado para el final, como no podía ser menos, lo mejor.

En Viena había crecido, en un espléndido aislamiento respecto de todos los que no fuesen miembros del círculo imperial, aquel niño llamado Napoleón Rey de Roma y a quien habían reconvertido en Franz duque de Reichstadt:

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Reichstadt era únicamente seis años menor que su nueva Tante Sofía. En 1825, cuando ella cumplió veinte años, él tenía catorce años de edad, atrás había quedado su etapa infantil y se había transformado en un mozalbete:

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Desde pequeño había demostrado pasión por sus soldaditos de plomo y a temprana edad inició su instrucción militar, que complementaba sus estudios en diversas materias. Su tutor, el conde Dietrichstein, se encargaba de supervisarle con máxima concentracción y de informar el kaiser. A los doce años, en 1823, se había convertido en cadete del ejército austríaco, algo de lo que estaba francamente orgulloso. Pero el muchacho íba a sufrir, en los años siguientes, todo el "cordón sanitario" impuesto en torno a su persona y todas las "restricciones" que le impedirían vivir una vida más o menos normalizada. Había idealizado la figura de su padre, Napoleón, muerto en mayo de 1821, pero no tendría nunca ocasión de ver a sus parientes paternos, ni siquiera a su abuela Letizia, Madame Mère, que le adoraba desde la distancia impuesta por aquellas penosas circunstancias. Con su madre, María Luisa, tenía una relación conflictiva. A Reichstadt le costaba asumir que su madre, que gobernaba Parma, hubiese olvidado fácilmente "sus deberes de leal esposa" para con Napoleón. María Luisa, al quedarse viuda, había tardado poco en casarse morganáticamente con su principal ministro en su ducado y amante de años, el ya también viudo Neipperg. Para cuando se casaron, en agosto de 1821, los dos habían tenido juntos dos hijos: Albertina, nacida en 1817, y Wilhelm Albert, nacido en 1819. Una tercera criatura, Mathilde, nacería en 1822, posteriormente a la boda. Cuando Reichstadt, tras el casamiento de María Luisa con Neipperg, fue informado de la existencia de Albertina y Wilhelm Albert, sus medio hermanos, se quedó literalmente en shock. No lograba encajar que su madre, con un Napoleón consumiéndose en Santa Elena, hubiese parido dos hijos ilegítimos de su nuevo padrastro Neipperg. Ese disgusto obvio de Reichstad se plasmó en algunas dolorosas escenas para María Luisa, quien, con cierta frecuencia, visitaba a su hijo en Viena.

Reichstadt no ocultaba que hubiese deseado ser hijo de Josephine, quien había sabido guardar una lealtad inquebrantable a Napoleón en la caída de éste a pesar de haber sido repudiada. Hay una frase de Reichstadt sobre su madre, María Luisa, que es para nota: "Mi madre es amable, pero débil. No era la esposa que mi padre merecía, Josephine sí lo era". Ese tipo de confidencias no podía realizarselas el muchacho a cualquiera: generalmente, se abría en canal con un amigo tan cercano como el entonces también muy joven Anton, conde Prokesch-Osten.

La emperatriz Caroline Augusta había exhibido una enorme ternura hacia Reichstadt desde su llegada a Viena. Acostumbraba visitarlo y, en la medida de sus posibilidades, le ofrecía muestras de verdadero cariño. Sofía, cuando llegó, estaba ansiosa por conocer a su nuevo sobrino político Reichstadt. Ella había salido a su padre Max, y no a su madre Karoline, en lo que a simpatías por Napoleón Bonaparte se refería. Sofía tenía presente que su padre había "ascendido" de Elector a rey de Baviera gracias a Napoleón. Adicionalmente, Sofía apreciaba a su cuñado Eugène de Beauharnais y a su tía política badenesa, Stephanie de Beauharnais. Había por tanto una base sobre la cual enseguida se desarrollaría la profunda simpatía entre Reichstadt y Tante Sofía.


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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 16 Ene 2020 14:54 
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En esos momentos -recuérdese, estamos en 1825- la rápida cercanía emocional y afectiva entre Sofía y su sobrino adolescente no llamó en absoluto la atención. En cambio, las lenguas viperinas, que nunca faltan en ninguna corte y en sus aledaños, sí se soltaron a paseo a propósito de la evidente buena sintonía entre Sofía, veinteañera, y un oficial del ejército austríaco que había nacido siendo príncipe heredero del trono de Suecia: Gustav Gustavson, conde de Iterburg.

Gustav era seis años mayor que Sofía, mientras que Reichstadt era seis años menor que Sofía. Y Gustav era su primo carnal, hijo de la tía Frique. Cuando Frique y su marido Gustav IV Adolf de Suecia habían sido exiliados de su reino escandinavo, habían buscado refugio en el país natal de ella, Baden. Allí se instalaron con sus hijos Gustav, Sofía Wilhelmina, Amalie y Cecilia. Tanto la abuela Amalia como la relativamente cercana tía Karoline de Baviera estaban pendientes de que a los niños suecos no les faltase de nada, lo que llevó a una constante sucesión de visitas recíprocas en las que las hijas de Karoline se trataban con los retoños de Frique. Amalia, Oma, había luchado para evitar un divorcio entre Frique y su marido Gustav IV Adolf, pero cuando se hizo obvio que ese matrimonio había acabado, desplegó una enorme actividad para favorecer a su hija y asegurarse de que las criaturas quedasen a su cargo, para lo cual se les nombró bajo custodia del zar Alexander de Rusia. Durante años, Alexander de Rusia sostuvo los derechos sucesorios del niño Gustav, en detrimento de los Bernadotte, simples burgueses franceses entronizados en Estocolmo al haberse agotado el linaje de los Vasa en la persona de Karl XIII (tío paterno de Gustav, había sucedido en el trono al hermano mayor Gustav IV Adolf). La viuda de Karl XIII, la reina Hedwig Elisabeth Charlotte, y la princesa Sofía Albertina también hubiesen querido ver en el palacio de Haga, como rey legítimo, a Gustav.

Pero las cosas discurrieron de otro modo. Los Bernadotte fueron afianzándose en su posición, que se haría totalmente firme a raíz de la muerte del zar Alejandro, tutor oficial de Gustav, en diciembre de 1825. Gustav, entonces un mozo fornido de 26 años de edad, se estableció en Viena entrando a formar parte del ejército austríaco, dónde enseguida se le atribuyó el rango de teniente coronel. Por supuesto, estaba monísimo con su uniforme...

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Entre Sofía y Gustav existía una obvia buena sintonía. Los dos tenían edades similares, los dos poseían excelente presencia así como caracteres sociables y los dos disfrutaban de los entretenimientos que ofrecía la capital, las representaciones teatrales o musicales. Se les veía charlar animadamente y reirse a gusto. No tenía nada de particular entre dos primos hermanos tan cercanos en muchos aspectos, pero como era de dominio público que a Sofía la habían "malcasado" con el pobre Franz Karl, se hizo inevitable que surgiesen rumores.

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Gustav.


Gustav gozaba de la estima del kaiser Franz y del canciller Klemens von Metternich. En 1828, se le negoció un compromiso matrimonial de bastante relumbre, con la muy bella princesa Marianna de los Países Bajos...

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Mariana de los Países Bajos.


Pero, desde Estocolmo, Carlos XIV Juan, ex mariscal Jean Baptiste Bernadotte, enojado porque el conde de Iterburg seguía presentándose a sí mismo como legítimo heredero de Suecia, presionó a La Haya para que se rompiese aquel compromiso de boda. Marianna acabó siendo enviada a la corte prusiana como esposa para el príncipe Albrecht, un cuñado soltero de nuestra querida Elise, en 1830.

Para 1830, Gustav ya ostentaba el título de príncipe de Vasa conferido por el kaiser Franz y el rango de general en el ejército imperial de Austria. Dado que no había aparecido ninguna posible novia de la talla de Marianna, se decidió casarle con una de sus primas de Baden, la mayor de las hijas de Karl y Stephanie de Beauharnais, Luisa Amelia de Baden.


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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 16 Ene 2020 15:33 
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En 1825, el 13 de octubre, se produjo uno de los hechos más luctuosos en la vida de Sofía: la muerte de su "bon père" el rey Maximilian I Josef, a los sesenta y nueve años de edad. En la corte vienesa, tanto la emperatriz Caroline Augusta como Sofía estaban devastadas por el sentimiento de pérdida, y ambas se preocupaban por su respectiva madrastra y madre, la ahora reina viuda Karoline. Coincidiendo con el ascenso al trono de Ludwig I y su esposa Therese, Karoline empezó a pasar menos tiempo en la Residenz de Munich o en el cercano Nymphenburg. Solía viajar a visitar a su madre, la que había sigo margravina Amalia de Baden, que se encontraba ya con la salud bastante quebrantada sobrepasada la barrera de los setenta años.

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Un pequeño retrato de Amalia, la querida Oma.


A Amalia la vida le había dado una lección importante en la persona de su nuera la francesa Stephanie de Beauharnais, a quien había recibido antaño con una evidente hostilidad. Stephanie, que había logrado cierto grado mínimo de entendimiento con su marido Karl de Baden cuando se hizo evidente que éste íba a suceder en el margraviato al abuelo paterno en dos telediarios, había hecho lo posible por asegurar la continuidad de los Zahringen. Tras dar a luz a su hija Louise Amelie, Stephanie había vuelto a embarazarse y había parido el 29 de septiembre de 1812 un niño varón fallecido el 16 de octubre del mismo año. El tercer embarazo de Stephanie, tristemente, había producido otra hija: Josephine, así llamada en honor a la inolvidable emperatriz de los franceses. En el cuarto embarazo se obtuvo un varón: Alexander. Stephanie estaba absolutamente emocionada con Alexander, pero el pequeño se mantuvo en el mundo solo por ocho días de 1816. El último retoño de Stephanie fue una tercera hija, Marie Amelie, nacida en octubre de 1817. Karl había muerto a principios de diciembre de 1818.

Al quedarse viuda, Stephanie había demostrado entereza y dignidad suficientes para parar un tren. Nunca hubo ni el más ligero rumor acerca de ella, pues se entregó por completo a la crianza de sus tres hijas y a cuidar a su suegra Amalia, que no la había querido. Amalia tuvo que rectificar su actitud del pasado hacia la afectuosa Stephanie, y amaba profundamente a sus tres nietas badenesas, excluídas de la sucesión por razón de su sexo. Los Hochberg, a la postre, se habían salido con la suya: Leopold, el hijo mayor del viejo margrave con la segunda esposa morganática, se había convertido en el gran duque Leopold I de Baden.

Entre las últimas bodas a las que acudió Amalia estuvieron las de su nieta Ludovika en Munich en 1828 y la de su nieta badenesa Luise Amelie con su nieto Gustav de Vasa, celebrada en Karlsruhe en 1830.

Ludovika no había superado la pena por no haberse podido casar con Miguel de Portugal, que, por cierto, se convirtió en rey absolutista de su país en mayo de 1828. Por entonces, ella, Ludovika, no estaba disponible, sino prometida en matrimonio a su primo el duque Max en Baviera, hijo de Pío Augusto y de Amalia de Aremberg. La idea del finado rey Maximilian I Josef había sido, durante años, que su benjamina Ni acabaría casada con el primo Max en Baviera, uniendo la rama real de los Wittelsbach con la rama ducal de los Wittelsbach; pero Ni, recuérdese, había muerto pronto, en 1821. Al rey Maximilian I Josef le pareció natural sustituír a Ni por Ludovika. Y se anunció el compromiso:

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Max, un verdadero Wittelsbach en sus trazas y maneras, tuvo la escasa delicadeza de informar a su novia Ludovika de que se casaba con ella por pura obligación, ya que estaba enamorado de su amante, una joven burguesa. Para Ludovika supuso una auténtica humillación esa actitud de Max. Una leyenda familiar afirma que, tras celebrarse la ceremonia en la iglesia abadial de Tegernsee, Ludovika arrojó con furia su ramo al suelo, mientras murmuraba: "Dieser Ehe und allem, was daraus hervorgeht, soll der Segen Gottes fehlen bis ans Ende". Era una manera de maldecir su matrimonio, contraído a pesar de ellos dos, y "todo lo que resultase de ese matrimonio". Si Ludovika en realidad fue tan osada en sus palabras, seguramente se debería a un momento de ofuscación, porque lo que estaba maldiciendo, por adelantado, era a sus propios hijos.

Aquí otra imagen, poco conocida, de Max y Ludovika montando a caballo:

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Que aquello no funcionaba en absoluto quedó claro cuando Ludovika se pasó todo el día de su primer aniversario de boda llorando a mares, de la mañana a la noche. Ni siquiera la reina viuda Karoline o la querida Oma hubiesen podido consolarla.


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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 16 Ene 2020 16:19 
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Joven Sofía.


Sofía no tuvo hijos en sus primeros cinco años de matrimonio, pero sí se produjeron una serie de abortos tempranos. Aparte los efectos en la salud física, cada pérdida había hecho mella en su ánimo. Allá lejos, en la corte prusiana, su hermana Elise también carecía de hijos. Solamente Amalie, en Dresde, lograría tener tres hijos antes de 1830: María Augusta, Albert y Maria Elisabeth.

A medida que cundía la tristeza en Sofía, ésta inició la costumbre de tomar aguas sulfurosas en el sur del país, en Bad Ischl. Franz Karl, que solía acompañar a su esposa durante los tratamientos de fertilidad de ésta, apreciaba enormemente aquel lugar de parajes hermosos y aires saludables en los que incluso podía ponerse sus pantalones tiroleses con una simple casaca de gamuza.

A principios de 1830, Sofía supo que volvía a estar embarazada. Los siguientes meses primeros meses fueron de constante incertidumbre sobre si lograría eludir en esa ocasión un aborto; poco a poco, se vio que la gestación progresaba felizmente y se acercaba el momento del parto. Todos en el círculo imperial contenían la respiración, esperando con ansia el resultado. Y el resultado llegó a las nueve y cuarenta y cinco minutos del que íba a ser cálido y luminoso día 18 de agosto de 1830. La archiduquesa Sofía había traído al mundo a un varón aparentemente robusto y sano, noticia que fue comunicada a los vieneses con la preceptiva salva de cañonazos. El niño enseguida recibiría los nombres de Franz Joseph Karl, situándose en la tercera posición en la línea de sucesión al trono que ocupaba su abuelo Franz I, detrás de su tío Ferdinand y de su padre Franz Karl. Se le llamaría, cariñosamente, Franzi.

Ya en sus primeros meses, demostró ser un niño de aspecto hermoso y sin ningún problema neurológico. Visto el historial de su familia inmediata, todos habían temido detectar algún signo de retardo o alguna convulsión que anunciase la temida epilepsia, pero era un bonito niño sin tacha alguna y Sofía estaba que reventaba de orgullo maternal con él:

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Sofía con su Franzi.


Su primo el duque de Reichstadt, que le sacaba diecinueve años, declaró en tono humorístico que el pequeño parecía un helado de fresa cubierto de nata montada, aludiendo a la maraña de ricitos dorados que coronaba el rostro sonrosado de Franzi. No faltó algún que otro vienés que rumorease con clara malicia que ese lechón parecía más hijo de Gustav de Vasa que de Franz Karl (por esas fechas, a Gustav de Vasa le faltaban tres meses para casarse en Karlsruhe con la prima Luise Amelie).

La aya del niño fue elegida con todo cuidado, por supuesto. Se trató de una aristócrata, Maria Aloisia von Sturmfeder, comúnmente conocida como Luise von Sturmfeder. Natural de la ciudad de Esslingen, por avatares de la vida había acabado en Munich, dónde ejerció como tutor suyo el representante austríaco Friedrich Lothar von Stadion, hermano mayor del ministro imperial Johann Philipp von Stadion. Esas credenciales habían permitido a Luise ser recomendada a la archiduquesa Sofía como la mejor posible niñera. Sofía estuvo de acuerdo, ya que Luise poseía en realidad excelentes cualidades para el cargo. Para Franz, y posteriormente también para los hermanos menores, Luise sería "Aja" o alternativamente "Amie".


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