Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 24 Ene 2020 16:10 
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Registrado: 17 Feb 2008 21:47
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Clara escribió:
Nené era atractiva pero aparecía con una mirada tremendamente sombría en las fotos.


Sí...¿verdad? Yo pienso lo mismo:

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Hamann señala que Helena ofrecía una imagen un tanto "severa". Pero esa mirada, como bien dices, es un poco sombría. De todas formas, a veces me pregunto si tiene que ver en gran medida con el tipo de fotos que se hacían, posando tan serios y rígidos como palos. La que no parece sombría, parece melancólica en grado extremo. Brillan por su ausencia la vivacidad, la alegría. Fíjate a modo de ejemplo en otras parientas de Sissi...

Aquí dos fotos de María de Nápoles:

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Aquí Carlota de Bélgica:

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Aquí Marie Henriette, cuñada de Carlota:

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Es que ninguna de ellas parecen capaces de animarse ni en Carnaval, no sé si me explico...Aunque en el caso de Helena es particularmente llamativo, porque desde que se casó hasta que se quedó viuda, tuvo una vida que todos describen como muy feliz.


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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 24 Ene 2020 16:41 
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Os presento a la nueva nuera de nuestra Sofía:

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Ciolla.

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Sentada junto a su hermano Francesco II, en el centro, y su esposo Karl Ludwig, a la izquierda de la imagen.

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Ciolla de cuerpo entero.


Ciolla era una muchacha de carácter calmo y sereno, modosa, púdica y reservada en extremo, hecha casi a imagen y semejanza de su madre María Teresa. Se parecía mucho en cuanto a temperamento a la hermana sólo un año menor que ella, Inmaculata, a la que llamaban Petita. También estaban cortadas por el mismo patrón las hermanas pequeñas: María Pía y María Luisa. Eran ese tipo de princesas que nunca darían nada que hablar, rectas y piadosas.

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Aquí las cuatro hermanas cuando aún estaban todas solteras a cargo de su devota madre. Ciolla es la de la derecha de la imagen.


Considerando los quebraderos de cabeza que estaba causando Sissi con su volubilidad y su inestabilidad, todo muy Wittelsbach, Sofía no podía por menos que agradecer la presencia de la discreta Ciolla, a quien enseguida tomó mucho cariño. La única "pega" que ponerle era que se trataba de una muchacha de salud un poco endeble, no era robusta.

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Karl Ludwig con Ciolla.


Pero formaba una pareja reposada y armoniosa con Karl Ludwig: los dos compartían el gusto por todo lo sencillo y una acendrada religiosidad. Y Sofía encontró admirable que la joven Ciolla, casada en octubre de 1862, diese señales claras de embarazo tras seis meses de matrimonio. El primogénito de la pareja, además, íba a ser un niño, el archiduque Franz Ferdinand, nacido en Graz el 18 de diciembre de 1863. Sofía estaba extasiada por haber recibido un segundo nieto varón, que se colocaba justo detrás de Rodolfo, Maximilian y Karl Ludwig en la línea de sucesión imperial de los Hasburgo. La única que en ese sentido le había fallado lastimosamente era Carlota, precisamente la Carlota a la que había dado una bienvenida apoteósica en su día.


Última edición por Minnie el 24 Ene 2020 20:02, editado 1 vez en total

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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 24 Ene 2020 17:05 
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Antes de seguir...

Franz Ferdinand, de pequeñito, era monísimo. Mirad qué foto de Annunziata con Franz Ferdinand:

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Claro que también por entonces eran preciosos Rodolfo y Gisela, eh...

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(love) (love) (love)


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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 24 Ene 2020 19:55 
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Casi se me pasa por alto este retrato de nuestra Sofía:

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Aquí una foto "con libro", pose muy habitual.

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Aparte el muy feliz nacimiento de Franz Ferdinand, 1863 resultó un año bastante preocupante para Sofía a cuenta, esta vez, de Max y Carlota.

Max, aquí en una foto retrospectiva tomada cuando rondaba los veinte años que me ha encantado porque aparece de perfil, sin barba, en actitud relajada y un tanto casual...

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...siempre había constituído una "debilidad" de Sofía. Muchos creían que aunque la estricta archiduquesa sentía adoración por su hijo emperador Franz, su ojito derecho venía siendo Max. Los de memoria de elefante y lengua viperina sugerían que eso se debía a que Max podría haber sido engendrado por el difunto Reichstadt, el desdichado y muy apuesto hijo de Napoleón. Malevolencias a parte, Sofía no podía dejar de experimentar cierto favoritismo por aquel hijo tan Wittelsbach, que en su tempranísima juventud siempre se las apañaba para acumular deudas comprando de forma compulsiva libros y obras de arte. Invariablemente, Sofía "disculpaba" su prodigalidad y abonaba sin rechistar (ojo: sin rechistar) las facturas pendientes de Max. Aquello representaba un patrón: la archiduquesa siempre íba a estar disponible para sacarle a Max las castañas del fuego, ocurriese lo que ocurriese.

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Durante un tiempo, Max había tenido una posición "a la altura de su rango", como un virrey en el reino Lombardo-Véneto. Pero Franz Josef había hecho que el general Gyulai, gobernador general del reino, marcase unos límites estrictos a la autoridad de Max, que estaba subordinada a los intereses miltares austríacos en aquella región tan rica...y tan dada a las agitaciones. Mucho tiempo atrás, un tío de Max, Eugène de Beauharnais, había tenido, con su padrastro Napoleón en calidad de emperador, bastante más libertad de acción en Milán de la que tuvo Max en época. Aún así, la pérdida del reino Lombardo-Véneto había repesentado un golpe. Max residía en su Miramar, en Trieste, cerca de la flota de guerra austríaca de la que él era almirante, una flota, sin embargo, bastante reducida (y por ejemplo risible a ojos de los ingleses, siempre tan orgullosos de su dominio de los mares). En Miramar, construído gracias a la dote de Carlota...

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...la pareja, sin hijos, llevaba aparentemente, era una buena vida. Max tenía tiempo para sus hobbies: la literatura, la poesía, la filosofía, la historia, el arte en todas sus manifestaciones. Pero carecía de un objetivo al que enfocar sus ideas burbujeantes y sus aspiraciones, lo cual le frustraba. Carlota, que era una mujer inteligente y ambiciosa, también necesitaba algo distinto, un aliciente poderoso, una gran motivación. Dedicarse, como pretendía Maxi entonces, a llenar de reliquias arqueológicas de distintas épocas y procedencias los jardines de Miramar no parecía suficiente.

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Carlota.


El preludio de todo estuvo en algo que, en principio, no tenía nada que ver con ellos: una especie de delirio imperialista que llevó a Napoleón III de Francia a meter su cucharón en un potaje que ni siquiera se cocinaba en la Vieja Europa. Aprovechando que los Estados Unidos de Norteamerica estaban plenamente enzarzados en su guerra del Norte contra el Sur y el Sur contra el Norte, la Guerra de Secesión, Napoleón III envió en 1861 tropas francesas a hacerse con el control de México con el pretexto de que el país no pagaba la monumental deuda contraída con Francia. Los generales Élie-Frédéric Forey (quien se convertiría en mariscal de Francia en 1863) y François Achille Bazaine eran tipos muy competentes, aparte de que comandaban unas tropas excelentes: enseguida realizaron una aparatosa entrada en la ciudad de México, en junio de 1863. La idea era que México conservase la apariencia de país independiente, aunque como una especie de protectorado francés, que se beneficiaría como nadie en un aspecto comercial de esa vinculación manteniendo simultáneamente el control del territorio, del ejército y de la política de defensa. En realidad, el factor económico era, para no variar con el respecto a lo que suele acontecer desde los albores de la Humanidad, decisivo: a Napoleón le habían convencido de que hacerse con aquel país y mantenerlo costaría todo lo más 20 millones de francos, pero con un beneficio previsible de 50 millones de francos. Llegados ese punto, Napoleón III quería un emperador para México que se aviniese a "sus términos". Eso de darles un emperador concordaba con los deseos y expectativas del partido conservador mexicano, por añadidura.

La esposa de Napoleón, Eugenia de Montijo, le había secundado entusiásticamente. Muchos incluso verían en ella el verdadero "motor" que había echado a andar la gran aventura mexicana. Hamann, que también ha estudiado en profundidad ese episodio, resalta que durante el gobierno de Juárez, que habían abominado los elementos conservadores mexicanos, algunos de sus más destacados exponentes habían asentado sus reales en la capital francesa, buscando la cercanía de la emperatriz Eugenia por ser ésta española. Eugenia les tenía en alta estima y les agasajaba con gran consideración, lo que empezaría a plantar las semillas, que germinarían a toda velocidad, de aquella expedición francesa en ultramar y la posterior entente para conformar un imperio americano con un príncipe europeo.

Cuando se barajó el nombre de Maximiliano, a Eugenia le gustó. Opinaba, como señala Hamann en su obra "Con Maximiliano en México, el diario del príncipe Karl Khevenhüller", que esa selección estaba "justificada por la capacidad de adaptación, el elevado espíritu y las cualidades deferentes que (Max) había mostrado unos años antes durante el difícil gobierno del reino Lombardo-Véneto". A todo eso había que unir el prestigio histórico de la casa de Habsburgo, claro. Maximiliano era una descendiente de los Reyes Católicos a través del gran Carlos V de Alemania y I de España. Eso generaba cierta mística que podía atraer a los mejicanos -y de seguro agradaba a Eugenia, una Portocarrero y Palafox. Adicionalmente, Max, en un pasado no tan lejano de viajes, había estado en Brasil, también conformado como un imperio, un imperio americano cuyo primer emperador había sido un Braganza portugués casado en primeras nupcias con una tía paterna del propio Max, la archiduquesa austríaca Leopoldina de quien era hijo el segundo Pedro, y en segundas nupcias con una prima hermana de Max, Amelia de Leuchtenberg, que hubiera podido ser su suegra de no habérsele muerto pronto la hija encantadora.

Las piezas del puzzle encajaban. José María Gutiérrez de Estrada, Francisco Javier Miranda y don José Manuel Hidalgo Esnaurrízar encabezaron la delegación mexicana que, previo placet de Napoleón III, se prsentó en Miramar para ofrecerle la corona a Max y Carlota, siguiendo al pie de la letra el dictamen de la Junta de Notables el 10 de julio de 1863:

1.- La nación mexicana adopta por forma de gobierno la monarquía moderada, hereditaria, con un príncipe católico.
2.- El soberano tomará el título de Emperador de México.
3.- La corona imperial de México se ofrece a S. A. I. y R., el príncipe Maximiliano, archiduque de Austria, para sí y sus descendientes.
4.- En caso que, por circunstancias imposibles de prever, el archiduque Maximiliano no llegase a tomar posesión del trono que se le ofrece, la nación mexicana se remite a la benevolencia de S. M. Napoleón III, emperador de los franceses, para que le indique otro príncipe católico.


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Escena del ofrecimiento a Max de la corona imperial.


Cuando esas noticias llegaron a Viena, obviamente el impacto en la familia y la corte fue fabuloso. Y resulta llamativo y sorprendente que solamente dos mujeres coincidiesen en tomarse aquello como una tremenda ocurrencia de la que no íba a salir nada bueno: una era la archiduquesa Sofía, madre de Maxi; la otra, la emperatriz Elisabeth.


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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 24 Ene 2020 20:59 
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A posteriori, Sofía siempre se mostraría agradecida por la comprensión y el apoyo sin fisuras que en aquella cuestión en concreto, tan relevante para ella por el infinito amor que sentía hacia su Max, había recibido de Sissi. Las dos culpaban a Carlota de que Max quisiese meterse en semejante embrollo al otro lado del océano Atlántico.

La posición de Franz era más ambivalente, como sus propios sentimientos respecto a Max. Amaba a Max, le habia amado desde la primera infancia, pero, a la vez, existía un bagaje de celos mutuos entre ellos; Max se celaba de que Franz siempre hubiese estado por encima y Franz se celaba de que cada uno de sus súbditos descontento con el conservadurismo de su gobierno pronunciase con ansia el nombre de Max, a quien se atribuían -acertadamente- posiciones bastante más liberales que las del emperador. Había viejos agravios, algunos sorprendentes: cuando allá en 1853 el sastre húngaro Janos Libényi había tratado de asesinar a Franz en un baluarte de las murallas vienesas clavándole un cuchillo en la yugular, Max, que no se encontraba en la capital sino en Trieste, había viajado a toda velocidad a Viena. Al llegar, Max había manifestado un alivio lacrimógeno y vehemente por el hecho de que su hermano se hubiese salvado y en menos que canta un gallo había empezado a recaudar fondos para elevar la Votivkirche. Pero por mucho que Max hiciese alarde de felicidad por la resolución de aquel peligroso episodio, a Franz le brotó dentro la sospecha de que su hermano se había apurado tanto en aparecer por si acaso las heridas recibidas le llevaban a él a la tumba. Dispuesto a heredar, vamos, corona, cetro y trono.

Así que a Franz no le parecía mal que Max se fuese a México a servirle de emperador títere a Napoleón III, a quien juzgaba un pícaro redomado. Los riesgos de la aventura corrían por cuenta de Napoleón III, desde la perspectiva de Franz. Eso sí: el emperador exigía que su hermano, antes de tomar posesión de su imperio en ultramar, renunciase expresamente a sus derechos a la corona de los Habsburgo. Recuérdese que en ese tiempo Max era, a fín de cuentas, el segundoo en la línea de sucesión, justo detrás del niño Rodolfo -y todo el mundo sabía con cuánta facilidad podía malograrse un príncipe-. Detrás de Max, íba Karl Ludwig, bastante más fiable a ojos de Franz Josef.

Precisamente las exigencias de Franz estuvieron a punto de determinar que Max rechazase la oferta mexicana. Pero Carlota, que soñaba con un reino propio, empujaba en esa dirección. A Sissi no le extrañaba: siempre había creído a Carlota taimada y ambiciosa en extremo, un trasunto femenino del padre, Leopold I de Bélgica. La archiduquesa Sofía, que antaño había exaltado a Carlota con verdadera fruición, empezaba a ver también a esa nuera bajo una luz nada favorecedora. Para Sofía, Max ya tenía una elevadísima posición en el mundo, como uno de los archiduques más destacados de la casa de Habsburgo. No había necesidad de dejarse utilizar en un país que estaba en otro continente por Napoleón III, que NO le gustaba ni un pelo y menos desde la jugada en Italia.

Pero la bola seguía rodando y haciéndose más y más grande. Maximiliano solicita consejo y apoyo a su suegro Leopoldo I, comúnmente considerado el Néstor entre los monarcas europeos; Leopoldo sólo le sugiere que se asegure de que realmente va a tener un sustento importante entre los mexicanos, y los enviados de este país insisten en reiterarle sus "garantías" de que él será emperador porque el pueblo le requiere para ello. En marzo de 1864, Maximiliano y Carlota viajan a París, la capital francesa en la cual Napoleón y Eugenia les dispensan un recibimiento que nublaría el sentido a cualquiera. Napoleón III le promete a Max que mantendrá en México un contingente de veinte mil soldados hasta el año 1867; eso sí, Max, por su parte, se compromete a que se le abonará una suma de dos millones y medio de francos por los gastos acumulados. Eugenia, entre tanto, cumplimenta a Carlota, que casi parece el gato de Cheshire del cuento después de acabarse la leche.

De un París que ha resplandecido para ellos dos, Max y Carlota viajan a Calais para embarcarse y cruzar el Canal. Quieren visitar a la prima hermana de Carlota, la gran reina Victoria, que les recibe en el castillo de Windsor. Victoria no quiere hablar de aquella "epopeya americana": es extremadamente cariñosa, pero cada vez que Max o Carlota pronuncian la palabra México, se apresura a cambiar de tema, haciendo alguna referencia a sus queridos perritos o al tiempo tan espantoso que está haciendo en Escocia. Frustrados, Max y Carlota renuncian a obtener cualquier clase de respaldo efectivo de Victoria. Pero es más impactante lo que sucede a continuación, cuando, tras despedirse de Victoria en Windsor, viajan hasta Claremont, dónde aún vive la abuela materna de Charlotte, la ex reina María Amelia de Francia.

María Amelia había nacido en el palacio de Caserta, en Nápoles, allá por 1782, hija de una madre hermana de la mismísima María Antonieta que había muerto en la guillotina. Se había casado, venciendo las reticencias de su familia, con Luís Felipe de Orleáns y había representado una sorpresa para ella acabar convertida de la mano de su marido en reina de Francia. Una revolución, la de 1830, les había deparado un trono y otra revolución, la de 1848, se lo había quitado. Habían tenido que huír apresuradamente a Inglaterra, dónde ella, ya octogenaria, no se hacía ninguna ilusión acerca de la naturaleza humana. Era una mujer extraordinariamente realista, y quizá fatalista después de todo lo que le había tocado pasar en la vida. Cuando vió a la queridísima Carlota, la única hija entre los tres retoños de su fallecida hija Louise, Amelia perdió por completo el dominio de sus nervios. Agarrando con fuerza las manos de Carlota, había gritado: "No vayais, querida mía...¡No debéis ir!". Y, mirando directamente a Max, había añadido en tono aún más perentorio: "¡Ellos te asesinarán!". Había sido una escena tremendamente impactante -aunque prefiriesen obviarla como un delirio de una anciana muy apegada a su nieta y por eso mismo sobreprotectora y miedosa-.

De Inglaterra a Bélgica. Leopold I sí estaba dispuesto a ser de ayuda a su yerno y a su hija. Obtener un trono representaba una jugada con riesgos, que le íban a contar a él, pero en caso de que fracasasen en México, lo peor que les podía pasar era que tuviesen que emprender con las orejas gachas viaje de vuelta a Europa. En su conversación con Max, Leopold prometió crear un cuerpo expedicionario belga, formado por voluntarios y debidamente pertrechado a sus expensas, para que fuese a México a servir al nuevo emperador.

Y ya...de Bruselas a Viena. Carlota se había venido arriba, definitivamente, y Max también. Hubo alguna escena desagradable, claro, porque Franz insistía en obtener una renuncia que a Max le costaba la vida ofrecer. Sofía, en ese caso, apoyaba a Max y no quería comprender la actitud implacable de Franz. Max propuso una solución intermedia: una renuncia que contuviese una cláusula secreta, según la cual en caso de que fracasase su imperio en México, si tuviese que retornar a Europa, se le devolverían los derechos sucesorios porque no habría hecho una renuncia incondicional, sino sujeta a la condición de que triunfase su empresa americana. Franz Josef se negó: ni cláusula secreta ni pollo a la Stroganoff, vamos; renuncia cien por cien y un buen Schnitzel vienés. La trifulca sube de volumen, pero, a la postre, Franz se sale con la suya. Max firma el pacto de familia, ante la mirada lúgubre de Sofía, el 9 de abril de 1854, comunicando ya oficialmente a los delegados mexicanos que acepta la corona.

Ante eso, Franz puede sentirse y ser magnánimo: Max podrá usar para su viaje la fragata imperial Novara, y acepta que el archiduque y su mujer incorporen a su séquito numerosos austríacos. Se les despide a Max y Carlota en la estación de Viena, desde la que marchan a Trieste: la última comida en familia con la pareja resulta tristísima para Sofía, que escribe en su Diario que parecía la comida "con un reo condenado a muerte" y presiente que nunca volverá a ver a su hijo.

Max va a llevarse consigo, a la aventura, al conde Franz Zichy y a la esposa de éste, Melanie, que será dama de Carlota; a la condesa Paula von Kollonitz, que también servirá en posición destacada a la emperatriz de México; a su amigo desde la infancia Charly Bombelles, hijo del que había sido su Ajo Bombelles; a Sebastian Scherzenlechner, su nuevo jefe de gabinete; al marqués Giuseppe Corio, su chambelán, y a Jacob von Kuhachevich, su tesorero, así como al general Adrian Woll. A esos se añade el secretario privado, este un ingeniero belga, Félix Eloin, recomendado por el rey Leopold I. El resto del séquito lo conformarán mejicanos. Todos se embarcan en la Novara, con la pertinente escolta de otros buques, y mientras atronan salvas de despedida, Max no contiene las lágrimas, que ruedan por sus mejillas y empapan su barba rubia. Carlota, conmovida, dice a la condesa Melanie Zichy: "Comme il pleura, mon pauvre Max!" (¡Cómo llora mi pobre Max!).

Allá, en Viena, Sissi, por una vez, dedica todo su afán a prodigar cariñosos consuelos a Sofía.


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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 25 Ene 2020 04:37 
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Fantástico este tema.
Parabéns.
Que se sabe sobre a descendência ilegítima do duque Max na Baviera ? Reconheceu alguns filhos ?


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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 25 Ene 2020 09:18 
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Registrado: 08 Dic 2011 07:25
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Muchisimas gracias Minnie por tu trabajo y esfuerzo en publicar este tema. Estoy disfrutando como una enana leyendote.


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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 25 Ene 2020 11:21 
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Registrado: 17 Feb 2008 21:47
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José escribió:
Fantástico este tema.
Parabéns.
Que se sabe sobre a descendência ilegítima do duque Max na Baviera ? Reconheceu alguns filhos ?


Obrigada, José.
Eu sei soamente que tiña dúas fillas ilexítimas. Pero non sei máis e non atopo outros datos. No 2016 publicouse unha bio sobre Max...

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pero está en alemán e non a merquei (meu alemán é básico).

Era ben guapo:

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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 25 Ene 2020 11:23 
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Isabel66 escribió:
Muchisimas gracias Minnie por tu trabajo y esfuerzo en publicar este tema. Estoy disfrutando como una enana leyendote.


Muchas gracias a tí por el interés y la compañía, Isabel.
Hacía tiempo que no me metía tan de lleno en un tema y lo estoy disfrutando mucho, aunque seguro que, al ir tan de prisa, hay más gazapos que los pocos que he detectado y corregido.

<o>


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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 25 Ene 2020 11:32 
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La ÖNB (Biblioteca Nacional de Austria) tiene un "Bildarchiv" (archivo de imágenes) que es una maravilla. Siempre digo, y no me canso a riesgo de ser pesada, que es tristísimo que nuestro Patrimonio Nacional no haga un trabajo así con los fondos de imágenes del Palacio Real, que por experiencia os digo que son fabulosos. Podían aprender de la Royal Collection, yo que sé.

Pero a lo que íba, que me disperso...unos cabinet de Sofía:

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El tercero me tiene (love) (love)

Y un retrato a color:

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Que me gusta mucho porque, como podéis constatar, la refleja en una edad intermedia, ni jovencísima archiduquesa ni mujer ya en plena adultez, sino en un período de transición.

Otro cabinet, este con su hermana gemela María de Sajonia, es enternecedor:

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Sofía es la que aparece sentada.


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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 25 Ene 2020 11:39 
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Retratos, que ya nunca podrían repetirse, de Franz Josef con sus tres hermanos:

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De izquierda a derecha: Ludwig Viktor, Franz Josef, Karl Ludwig y Max.


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De izquierda a derecha: Karl Ludwig, Franz Josef sentado, Max y Ludwig Viktor.


Una imagen de Max, ésta no de la ÖNB:

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Y Carlota, sí de la ÖNB:

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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 25 Ene 2020 14:15 
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Precisamente en 1864, y coincidiendo con las fechas en que Max y Carlota aparecieron por Viena para resolver lo del tira y afloja con Franz Josef a propósito de la renuncia de los derechos sucesorios del archiduque, en Munich, Baviera, se produjo un fallecimiento. Con solamente cincuenta y dos años de edad, tras una breve y sorpresiva enfermedad, fallecía el rey Maximiliano II José, sobrino tanto de la archiduquesa Sofía como de Ludovika:

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Sus hermanas Adelgunde e Hildegarde, ambas archiduquesas, viajaron de inmediato a la capital, para acompañar a su cuñada María, nacida príncesa de Prusia, en aquel trance. Las exequias de Max se desarrollaron en una climatología bastante adversa, con frío y un viento que empeoraba la sensación térmica. Hildegarde, duquesa de Teschen, de treinta y ocho años, pareció coger lo que se dice un fuerte constipado y regresó a Viena bastante pachucha. Enseguida se le diagnosticó una pleuresía que resultó ser fatal. Su prima la emperatriz Sissi tenía escasa simpatía al ultraconservador marido de Hildegarde, el archiduque Albert, que siempre formaba tandem, en cuanto a ideas políticas y sociales, con la archiduquesa Sofía. Pero, sin duda, Sissi tenía cariño a Hildegarde y se sentía conmovida por la situación, ya que sus visitas a la enferma eran frecuentes y prolongadas, para sorpresa incluso de la hija mayor de la duquesa de Teschen, la Teresa a la que tanta información debemos.

Tristemente, Hildegarde murió el 2 de abril.

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Imágenes de Hildegarde, de la ÖNB.


Dejaba dos hijas demasiado jóvenes: Teresa, de diecinueve años, y Mathlde, de dieciséis años. El luto ceremonial que cayó sobre la corte austríaca no era nada comparado con el sentimiento de pena profunda por la repentina desaparición de Hildegarde, a la que se suponía que le quedaba "tanta vida por delante" compartida con sus hijas. La archiduquesa Sofía, en pleno spleen por la aventura mexicana que quería emprender Max, estaba anonadada y conmocionada. El clima de duelo, unido a su constante sensación de que el hijo se íba a una aventura sentenciada de antemano, la dejó muy tocada aquel mes de abril de 1864.


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