Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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 Asunto: Re: MARÍA FEODOROVNA (Sofía Dorotea de Württemberg)
NotaPublicado: 21 Mar 2020 18:07 
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María tuvo un acceso de melancolía ya en Roma. La Ciudad Eterna la fascinó, tanto ella como Pablo recorrieron sus lugares más emblemáticos y, además, se permitió visitar al notabilísimo pintor Pompeo Battoni, que en años anteriores había residido en la corte de sus tíos, el duque Carl Eugen y la duquesa Elisabeth de Württemberg. Pero entre toda aquella belleza y reminiscencias de la Antigüedad, María experimentó una profunda tristeza porque llevaba meses sin poder ver a sus hijos. Las cartas se recibían puntualmente, plagadas de detalles sobre los avances de Alejandro y Constantino; pero aquellos informes sobre papel no compensaban en absoluto el hecho de no poder acceder a la nursery para la preceptiva visita. Hizo un esfuerzo por sacudirse de encima la depresión incipiente, por el bienestar de Pablo, antes incluso de ser recibidos en audiencia por el Papa. Estuvieron en Sicilia, disfrutando de un clima mucho más templado y benigno, antes de afrontar el tramo de viaje hasta Francia, una escala particularmente destacada de su Grand Tour.

En Versailles, aguardaban Louis XVI y su célebre esposa austríaca, Marie Antoinette, hija de la difunta María Teresa, hermana del emperador José II, de la duquesa consorte Amalia de Parma y de la reina consorte María Carolina de Nápoles. Aquello era como conocer una amplia familia diseminada por todas las cortes europeas, haciendo bueno el viejo adagio según el cual la monarquía austríaca se afianzaba gracias a un excelente repertorio de alianzas matrimoniales. Marie Antoinette...

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Marie Antoinette.


...recibió junto a Louis y al resto de miembros de la familia real a sus ilustres visitantes el 20 de mayo de 1782. Louis XVI, con su característica sencillez y bonhomía, enseguida entabló una amable conversación con Pablo Petrovich; sin embargo a Marie Antoinette le resultaba un tanto intimidante María Feodorovna. Ésta, que llegaba seguida de cerca por su amiga Henriette von Oberkirch, era muy alta y los dos sucesivos embarazos la habían vuelto un tanto rotunda, opulenta en sus formas; aparte de su apariencia, rebosaba seguridad en sí misma y un aplomo que parecía marcar distancias. Hubo que esperar al momento en que Marie Antoinette presentó a María Feodorovna un hermoso obsequio: un conjunto de tocador elaborado en finísima porcelana de Sèvres con las armas de Württemberg esmaltadas.

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Regalo de Marie Antoinette a María.


María, que sabía apreciar la belleza en todas sus formas, se quedó extasiada y la conversación se hizo más vivaz y entretenida a partir de entonces. La cena privada resultó un éxito, al igual que la serie de festejos posteriores, que incluyeron una gran fiesta en el querido Trianon de la reina francesa:

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Cuadro conmemorativo de la fiesta nocturna en el Trianon.


Por cierto que el cardenal de Rohan (¿os suena ese señor, verdad que sí?) acababa de volver de una visita a Viena y cometió el patinazo de presentarse a sí mismo ante el "comte" y la "comtesse" du Nord en la fiesta nocturna, con los jardines repletos de luminarias. Rohan era así, le gustaba destacar. Según relataría años después Madame Campan, a Marie Antoinette le hizo más bien poca gracia, por no decir ninguna.

Aparte de que la corte francesa era el summun de la fineza, Pablo y María se quedaron francamente impresionados por el lujo desplegado por el príncipe de Condé cuando les recibió en su château de Chantilly. Y fijaos que no era nada fácil impresionar a los rusos, que a esos les salía el dinero por las orejas y no reparaban en gastos con tal de darle a todas sus celebraciones un tono opulento.

Cuando finalizó la estancia en Francia, Pablo y María pudieron irse, por fín, al condado de Montbeliard, a reunirse en Étupes con la familia de ella. Allí permanecerían ocho semanas y fueron ocho semanas de verdadera felicidad para María, pero también, sorprendentemente, para Pablo, que encontró tranquilizador y liberador el ambiente familiar en el palacete "sin pretensiones" de sus suegros.

En Rusia, Pablo siempre tenía los nervios de punta, una expresión alerta en el fondo de su mirada y perpetua desconfianza en su entorno. Sin embargo, Étupes le permitió relajarse por completo, sentirse rodeado de aprecio y poder expresarse sin medias tintas ni circunloquios. Estaba, hablando coloquialmente, en su salsa. Los padres de María...y aquí aprovecho para mostraros dos retratos que, por desgracia, sólo he encontrado en tamaño pequeño...

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Friedrich Eugen.

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Friederike.


...le proporcionaron lo que nadie le había proporcionado: comodidad absoluta para ser él mismo. Adicionalmente, Pablo hizo buenas migas con sus cuñados Friedrich, Ludwig y Eugen.

El príncipe Friedrich de Württemberg, el hermano mayor de María...

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Friedrich.


era un hombre que impresionaba. Impresionaba mucho, en realidad, porque superaba en doce centímetros los dos metros de estatura y estaba fornido, cuadrado como un armario. Se había casado dos años atrás con la jovencísima Augusta de Brunswick-Wolfenbüttel, que ya le había dado un hijo, Wilhelm, nacido en Lüben porque en aquel entonces su padre servía allí al rey de Prusia, Federico II, de quien era excelente amigo. La amistad entre Federico II de Prusia y Friedrich se había enfriado, y no poco, al saberse que el emperador de Austria, José II, había viajado a Étupes para arreglar en persona el matrimonio de su sobrino Franz con la hermanita pequeña de María Feodorovna, la princesa Elisabeth de Württemberg. Aquel compromiso austríaco de Elisabeth había desagradado en la corte prusiana. Retirado del servicio militar activo, Friedrich estaba libre y confiaba en poder acompañar a Pablo y María a San Petersburgo.

Ludwig y Eugen, por su parte, también habían desarrollado carreras militares en el ejército prusiano. Pablo estaba encantado de poder hablar largo y tendido acerca de los temas militares que tanto le apasionaban con sus cuñados. Entre tanto, seguramente María se divertía relatándole a su madre todas las compras que habían efectuado para amueblar y decorar Paulovsk. Habían adquirido muebles por un importe elevadísimo de los prestigiosos talleres de David Roentgen, Pierre Denizot y Dominique Daguerre, aparte de realizar encargos importantes al ebanista Henri Jacob, quien proveería a María, entre otras cosas, un magnífico lecho de madera delicadamente tallada con su rico dosel con cortinajes de seda de Lyon. También se habían dejado un dineral en tapices gobelinos, porcelanas de Sèvres y relojes. En Paulovks a más de uno le íba a arder la cabeza para colocar adecuadamente todo lo adquirido por los grandes duques.

Las hermanas de María, de cuyas dotes se había hecho cargo la zarina de Rusia, ya estaban la una casada y la otra comprometida. Federica...

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...había tenido que casarse a los quince años con Pedro de Oldenburg, que le sacaba diez años. Residían en Eutin, y, de hecho, todavía no habían tenido hijos.

La pequeña Elisabeth...

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...había sido ya enviada a Viena, al cuidado de la condesa Josepha von Chanclos, para que se preparase cuidadosamente en un convento de salesianas de cara a su conversión al catolicismo, prevista para diciembre de aquel año. El emperador José II había prometido cuidar a su futura sobrina, y cumple señalar que lo hizo con verdadera amabilidad y afecto, por lo que ésta se encariñaría mucho con él.

Pablo y María pudieron retornar a San Petersburgo en noviembre de 1782. Para realizar su gira europea y volver a casa, habían cubierto más de trece mil millas. Si esperaban un recibimiento feliz, se dieron ambos de bruces con una dolorosa realidad: sus pequeños hijos...

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Alejandro.


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Constantino.


...literalmente no se acordaban de ellos y en cuanto los vieron aparecer, entre extrañados y asustados por la presencia de aquellos desconocidos que pretendían abrazarles, se engancharon a las faldas de la abuela Catalina. María quedó entre aturdida y desolada. Para rematar las cosas, Catalina se permitió enviarle una nota bastante hiriente:

"Te pediría que fueses más moderada en la expresión que la gran alegría por la contemplación de tus hijos despierte en tí. No los asustes con un exceso de ardor...".

Pedirle aquello, la verdad, era inhumano. Por si fuera poco, la emperatriz pretendía chafarle otras pequeñas compensaciones de su gran viaje. Por ejemplo, siendo consciente de que María se había dejado mucho dinero en encargar tocados altos con plumas al estilo Marie Antoinette a la mismísima sombrerera de dicha reina, la aclamada Madame Bertin, Catalina ordenó llevar ese tipo de adorno en la cabeza en su corte. También conminó a María a devolver todos esos tocados que ya no íba a poder lucir, porque había gastado dinero muy estúpidamente, en opinión de su suegra, considerando que una mujer tan alta y espléndida como ella estaría mejor con "un sencillo vestido ruso".


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 Asunto: Re: MARÍA FEODOROVNA (Sofía Dorotea de Württemberg)
NotaPublicado: 24 Mar 2020 10:16 
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Retomo, tras un día o dos de "parón" :))

Estábamos en que el retorno a casa de María y Pablo no pudo ser más desolador, en muchos sentidos. Me pongo en la piel de María: mis hijos no me conocen, y mi suegra me ordena devolver a París todas mis sombrereras. Es un tragarse sapos contínuo, la verdad. Por añadidura, María enseguida descubrió que estaba embarazada por tercera vez. De nuevo tenía que pasar por nueve meses de gravidez y enfrentar la hora del parto, tan llena de peligros para las mujeres, contando con que una vez su hijo estuviese en el mundo quizá Catalina decidiese "acapararlo" del modo en que había acaparado a los dos primeros. No se trataba de una perspectiva agradable.

Hubo otro motivo para la melancolía en Pablo y María. En abril de 1783, cuando María tenía un embarazo de cinco meses, se difundió rápidamente la noticia de la defunción del conde Nikita Ivanovich Panin. Os enseño a continuación unos retratos de Panin en distintos momentos de su vida:

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Panin había estado durante muchos años extraordinariamente cerca de Pablo, sobre quien había ejercido una enorme influencia. La notable prusofilia de Pablo, por ejemplo, era un sentimiento nutrido y estimulado también por Panin, que tenía en alta estima a Federico II de Prusia. Catalina II siempre había sostenido una relación vamos a decir recelosa y tensa con el conde Panin, que vivía pegado a Pablo y María e incluso dictaba la conducta de los padres de María allá en Montbeliard. Pero la caída en desgracia de Panin, acaecida en mayo de 1781, tuvo mucho que ver con la urdimbre de la alianza de Catalina II con el emperador José II de Austria, un proyecto en el que estaba muy implicado Grigori Potemkin. Potemkin, en combinación con personajes distinguidos del momento como el representante británico James Harris, lord Malmesbury, encendió la ira de Catalina al explicarle que mientras se hacía lo posible por sellar el compromiso de la hermana pequeña de la gran duquesa, la princesa Elisabeth de Württemberg, con un sobrino del emperador austríaco José II. A Catalina se la llevaron las furias, literalmente. Panin, privado de su puesto destacado en el entorno de Pablo, se retiró prudentemente a su propiedad de Dugino, en la provincia de Smolensk, pero en septiembre de 1781 había retornado a San Petersburgo para usar toda su capacidad de influencia a fín de evitar el "Grand Tour" europeo de los grandes duques, pensado, como bien sabemos, para distanciar a Pablo de su prusofília y acercarle a José II, nuevo "amigo" de su madre Catalina.

Durante su gira europea, Pablo había sostenido correspondencia con Panin, para enojo de Catalina; pero lo cierto es que la distancia y el tiempo hicieron su trabajo en ese sentido. Si Panin había esperado retomar su relación de privilegio con Pablo y María en cuanto estos volviesen a instalarse en Paulovsk, íba a llevarse lo que se dice un chasco, así, coloquialmente. El tiempo de aquel sibarita que amaba la gastronomía refinada, el juego y las mujeres y encontraba un placer sublime en cada taza de chocolate caliente había pasado. No obstante, Panin había sido importantísimo en el desarrollo de Pablo, una especie de figura paterna, una referencia constante en su infancia y juventud e incluso después de sus dos matrimonios. La noticia de su muerte causó un gran efecto en Pablo y, de rebote, en la embarazada María.


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 Asunto: Re: MARÍA FEODOROVNA (Sofía Dorotea de Württemberg)
NotaPublicado: 25 Mar 2020 09:07 
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Imágenes de Paulovsk.


Durante aquellos primeros ocho meses de 1783, María se consagró básicamente al acondicionamiento y embellecimiento de Paulovsk. Disponer en su interior todos los muebles, alfombras, tapices y relojes adquiridos en la gira europea representó un estímulo mental, pero ella también disfrutaba mucho planificando los exteriores: en su adolescencia había hecho sus pinitos en el parque que rodeaba Étupes, en el Montbeliard, y ahora llegó a ser casi una experta en horticultura, una apasionada de las flores y las plantas en general. Aparte, tenía que dedicar muchos de sus esfuerzos a aplacar y animar a Pablo, que vivía perpetuamente ofendido porque su despóticamente ilustrada madre le tenía como un verdadero cero a la izquierda. Pablo se desahogaba en cartas a su amigo Heinrich de Prusia. El propio Heinrich, en sus misivas, trató de limar ciertas aristas del carácter de Pablo, según se deduce de la respuesta de éste:

"Me tacháis de hipocondríaco y malhumorado. Podría ser cierto. Pero la inacción a la que me veo condenado lo hace excusable".

A fín de cuentas, no era nada fácil vivir apartado de los acontecimientos políticos, con una madre que siempre encontraba algo que reprocharle y teniendo que tragarse el sapo de la larga serie de favoritos de ella (algo que Pablo siempre había llevado peor que mal).

María dió a luz por tercera vez en Tsarskoé Seló el 9 de agosto de 1783. Uno podría suponer que, teniendo ya dos nietos, Catalina agradecería recibir una nieta, pero no fue así en absoluto. La emperatriz escribió:

"Nació un tercer hijo que resultó ser una niña, a la cual se le puso el nombre de Alejandra en honor de su hermano mayor. A decir verdad, me gustan más los niños que las niñas".

Además, el aspecto de la pequeña Alejandra no era resplandeciente. Según Alexander Vasilievich Khrapovitsky, secretario de gabinete de la emperatriz, Catalina le confesó que su nieta "no era ni carne ni pescado", una manera de transmitir que la había encontrado absolutamente anodina e irrelevante. Como Alejandra no despertaba ningún interés en ella, Catalina permitió que se quedase en Paulovsk a cargo de María y Pablo. Por primera vez, la pareja de grandes duques podía experimentar la paternidad y la maternidad de una forma directa: los dos estaban encantados con esa novedad y, no en vano, todavía años después se afirmaría que la gran duquesa Alejandra había sido siempre la indiscutible favorita de su padre.

Adicionalmente, para conmemorar el natalicio de Alejandra, Catalina regaló a su hijo el palacio de Gatchina:

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Gatchina.


Ella misma lo había adquirido a los herederos de su anterior propietario, uno de los más destacados amantes de juventud de Catalina: el conde Grigory Grigorievich Orlov, padre de su hijo ilegítimo Alexei Grigorievich, futuro conde Bobrinsky. Pablo había odiado a Orlov apasionadamente, pero no tuvo reparos en aceptar Gatchina. Una de sus enormes frustraciones era que Catalina le había vedado la posibilidad de dirigir alguno de los regimientos regulares del ejército ruso, y tampoco le había permitido de ninguna manera incorporarse a la lucha contra los turcos, una nueva guerra que se había iniciado en junio de aquel año. Su cuñado Friedrich, el hermano mayor de María, a quien Catalina tras recibirle formalmente en la corte había enviado a gobernar el este de Finlandia, había sido puesto al frente de más de quince mil hombres en Kherson, en Ucrania, durante la guerra frente a los turcos. A Pablo le reconcomía el sentimiento de humillación y la vergüenza de no haber recibido ningún encargo similar.

En Gatchina íba a tener la opción de crearse un ejército personal, eso sí, lo bastante reducido para sólo incomodar a su madre, no ofenderla más de la cuenta. Pablo, siguiendo la estela de su difunto padre Pedro III, quería un regimiento a la prusiana, por lo que contrató a un capitán de instrucción prusiano, por supuesto, para que sus soldados pareciesen soldados al servicio del rey de Prusia. Estaba tan entusiasmado con aquel proyecto que empezó a pasar cada vez más tiempo en Gatchina: aquello significó el primer "distanciamiento" respecto a María, que permanecía en Paulovsk.


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 Asunto: Re: MARÍA FEODOROVNA (Sofía Dorotea de Württemberg)
NotaPublicado: 29 Mar 2020 08:54 
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Catalina II con sus nietos Alejandro y Constantino, con Pablo y María en segundo plano.

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María Feodorovna.


En diciembre de 1784, asistida por el obstetra Joseph Morenheim, completó con éxito su cuarto parto, que derivó en el nacimiento de una segunda niña. La recién nacida era sorprendentemente hermosa: hasta la abuela Catalina, que había deseado otro gran duque, quedó fascinada por aquella diminuta gran duquesa. Fijaos si la vió guapa que decidió que se llamaría Elena, en recuerdo a la legendaria Elena de Troya. Al igual que había acontecido con Alejandra, Elena se quedó a cargo de sus padres. Ni tenía a ojos de Catalina la relevancia de los hermanos mayores Alejandro y Constantino.

En 1784 precisamente, Alejandro alcanzó los siete años de edad y Constantino tenía cinco años. La educación de su adorado nieto mayor se convirtió en una especie de gran proyecto personal para la emperatriz autócrata. Así, en marzo de 1784, Catalina ordenó al príncipe Nikolai Ivanovich Saltykov que se ocupase de los dos niños.

Nikolai Saltykov...

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Príncipe Saltykov.


...tenía tras de sí largos años de servicio cortesano. Anteriormente, Catalina le había posicionado de manera destacada en el entourage de Pablo Petrovich. Saltykov, por ejemplo, había sido uno de los rusos que habían acompañado a Pablo en aquel viaje a Berlín organizado años atrás para que el gran duque conociese a la que íba a ser su segunda esposa, nuestra María. También Saltykov había sido uno de los elegidos para integrarse en el séquito que arropó al "conde y la condesa del Norte" durante la gran gira europea. Catalina depositaba confianza en él, pero también mantenía una relación cordial con Pablo y María. Saltykov era muy consciente de que al tener a su cargo a los niños imperiales (a los que solicitó rodear de otros niños escogidos entre su propia parentela, una forma de afianzar la influencia de su destacada familia de cara al futuro...) debería extremar el cuidado para navegar entre el autoritarismo de Catalina y el resentimiento de Pablo. Él se preocupó de acondicionar mentalmente a los niños para sobrellevar aquella constante y permanente tensión en el núcleo de la familia imperial rusa. Eso sí: no estaba acostumbrado a manejar las emociones infantiles y quizá por su forma de tratarles influyó bastante en que Alejandro desarrollase una naturaleza bastante reservada.

Frédéric-César de La Harpe...

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La Harpe.


...era un perfecto ilustrado, un republicano idealista, oriundo del cantón de Vaud en Suiza y que había cursado con gran aprovechamiento estudios de Derecho en la Universidad de Tübingen. Llegó a San Petersburgo también por aquella época, para desempeñar un papel crucial en la formación de los grandes duques rusos. La cosmovisión rousseauniana de La Harpe representaba el punto de contraste con el enfoque profundamente ruso, eslavista, tradicional y militar de Saltykov. Por espacio de once años, La Harpe desempeñaría su papel con entusiasmo y para Alejandro en concreto fue más que un preceptor, fue la perfecta figura paterna. Incluso en una etapa ulterior, después de una "vuelta a casa" en la que se convertiría en uno de los fundadores de la Confederación Helvética, La Harpe mantendría un vínculo profundo, nutrido por una correspondencia incesante, con el que llegaría a ser emperador Alejandro I.

En febrero de 1786, María dió a luz, de nuevo con la asistencia de Morenheim, a su tercera hija, María Paulovna. A esas alturas, Catalina II empezaba a refunfuñar por la cantidad de niñas que estaba produciendo su nuera, temiendo que no habría en el futuro manera de escoger maridos apropiados para cada una de aquellas grandes duquesas.


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