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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 14 Ene 2020 13:47 
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De nuestras niñas de Baviera, ésta es Elise, a la edad de nueve años, precisamente coincidiendo con la boda de Ludwig y Therese a la que acabo de referirme:

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Puesto que su hermana Amalie era practicamente idéntica según los testimonios de sus coetáneos, vale para hacerse una idea precisa del aspecto de ambas.

Estos retratos muestran a Elise y Amalie un poco mayores, más o menos once años:

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Elise.


En el siguiente aparecen Elise y Amalie con la menor de la casa, Ni. Es posterior a la etapa de la que estabamos hablando, recordad que tenemos aún a Ni recién nacida en la cuna mientras su hermano mayor el kronprinz Ludwig se casa con Therese:

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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 14 Ene 2020 14:23 
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Ya siento yo bien que el retrato que he encontrado de la pequeña Ludovika con sus hermanas las gemelas Sofía (en primer plano) y María enlazadas por el talle sea en tamaño tan diminuto:

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Afortunadamente, existe un dibujo boceto del rostro de nuestra Sofía:

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Y el siguiente es una joya, aunque también lo preferiría en mayor tamaño. Insisto en que refleja una etapa posterior, pero tiene la gracia de mostrar a Max y Karoline ante su residencia estival en Tegernsee rodeados de todas sus hijas menos la pequeña Ni:

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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 14 Ene 2020 15:12 
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Y tras este surtido de imágenes, volvemos a lo nuestro...

En 1810, a Napoleón Bonaparte le "hincharon las narices" las noticias que se recibían acerca de la penosa existencia badenesa de su sobrina "la princesa imperial" Stephanie de Beauharnais. Hubo presiones, todas y más, para que el príncipe heredero Karl dejase de lado la vida disoluta que llevaba con su tío Ludwig y atendiese mejor sus deberes maritales. A la pareja le fue ofrecida una notable residencia en Schwetzingen, pero, en un primer momento, solamente Stephanie se instaló en ella y Karl hizo oídos sordos a la larga secuencia de reclamos. La situación cambió cuando se hizo evidente que al abuelo de él, el margrave, le quedaban dos suspiros y que el mozo íba a ascender al rango de margrave más pronto que tarde. Se hacía perentorio engendrar herederos, así que, en apariencia, Karl manifestó un tardío y tibio interés por Stephanie. El resultado fue un embarazo que, sin embargo, produjo el nacimiento de una princesa, Louise Amelie Stephanie de Baden, el 5 de junio de 1811.

Ese mismo año, a finales de noviembre, Therese, la kronprinzessin bávara, tuvo a su primer hijo con Ludwig. Ella sí logró el propósito de toda princesa casada con un heredero al trono: producir un varón. El niño fue recibido con entusiasmo en la corte muniquesa y, por supuesto, se le llamó Maximilian en honor al muy satisfecho abuelo paterno.

Maximilian Josef, amoroso padre, era también un solícito abuelo. Estaba encantado de que su hija Augusta, la esposa de Eugène Beauharnais, hubiese tenido ya dos hijas: Josephine y Eugenia Hortensia. En el momento en que su cuñada Therese dio a luz a su primogénito Maximilian, Augusta estaba allá en Milán a punto de salir de cuentas de un tercer embarazo que resultaría en el nacimiento de otro varón, Augusto Carlos Eugenio Napoléon de Beauharnais, el nueve de diciembre. Para el rey Maximilian representó una satisfacción personal obtener dos nietos varones en tan breve lapso de tiempo. La única sombra la representaba su hija Charlotte, casada con el príncipe de Württemberg. Ella seguía, según todos los indicios, viviendo aparte de un marido que se negaba a tocarla ni siquiera con un palo.

Para cuando se inició 1812, parecía a punto de estallar, y de hecho estallaría, la tensión que venía acumulándose desde hacía tiempo entre el zar Alejandro I y Napoleón. Habían tenido su período "de amistad", pero una de aquellas amistades que podían convertirse en enemistad manifiesta con cierta facilidad, porque, a fín de cuentas, representaban dos potencias con visiones del mundo y posiciones antagónicas acerca de la hegemonía del panorama continental. El mal rollo reventó por ese grano llamado Polonia. A partir de ahí, Napoleón, que tenía en España un cisco importante de guerra de guerrillas contra sus imperiales tropas, hubo de concentrar un ejército incomparable para lanzarse a una campaña que, de haberle salido bien, le hubiese convertido sin lugar a dudas en el hombre más poderoso del siglo. Se trató de la campaña de Rusia, que íba a desarrollarse durante meses minando para siempre el poderío de Bonaparte.


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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 14 Ene 2020 16:03 
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Me he saltado, a propósito, un dato que, por ahora, puede parecer que no tendría que salir en este tema, pero más adelante ayudará, y mucho, al desarollo del relato de la vida de nuestra Sofía.

En marzo de 1811, el día 20, la archiduquesa austríaca convertida en emperatriz de los franceses, María Luisa, dió a luz a su primer hijo. Fue un parto extremadamente duro, en el curso del cual peligró la supervivencia de la madre o del niño; se dice que el doctor que atendía a la emperatriz preguntó a Napoleón, angustiado, a quién debía salvar en el caso, plausible, de tener que escoger y que Napoleón decidió salvar a María Luisa. A fín de cuentas, ella, el vientre fecundo de una Habsburgo, podría proveer príncipes y princesas.

Al final, no fue necesario llegar a extremos. María Luisa cumplió su deber y un hermoso bebé rubio llegaba a un palacio ansioso por recibirle. Hasta entonces, el "niño mimado" de la dinastía Bonaparte había sido el pequeño Louis Napoleón, nacido en 1810, hijo de Hortense de Beauharnais, reina de Holanda; oficialmente, el padre de la criatura venía a ser Louis Bonaparte, hermano de Napoleón casado con la hija de Josephine por pura conveniencia. Napoleón y María Luisa habían ejercido de padrinos de bautismo de Louis Napoleón, a quien mimaba escandalosamente en la Malmaison su abuela materna Josephine, la emperatriz

Pero el pequeño que acababa de parir María Luisa se convertía, por el mero hecho de existir, en el centro de la vida de Napoleón y de los Bonaparte. El niño, Napoléon François Joseph Charles Bonaparte, fue inmediatamente proclamado, entre grandes fanfarrias, Rey de Roma.

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Rey de Roma.


Todo parecía poco para ese pequeño que quedó a cargo de una gobernanta elegida con absoluto esmero: Louise-Charlotte Françoise de Montesquiou, nacida Le Tellier de Courtanvaux de Montmirail. Por supuesto, en una época algo posterior, el niño la llamaría simple y llanamente "Maman Quiou".

Napoleón había obtenido el precioso sucesor, que mezclaba en las venas su sangre con la de los centenarios Habsburgo. Había algo casi punzante en el hecho de que ese niño fuese un sobrino bisnieto de la extinta María Antonieta, claro. Pero a Napoleón lo que le interesaba era no solamente afianzar su hegemonía europea sino hacerla todavía más rotunda e implacable. A despecho de los "quebraderos de cabeza" que estaban dando los españoles, centró su atención en hacerse con Polonia y entró en conflicto con Rusia. A principios de 1812, ya había concebido en su mente la poderosa idea de entrar con una Grande Armée, un Gran Ejército.

Y lo era, vaya si lo era. Llegó alcanzar la cifra, fabulosa, de 680.000 efectivos, un cómputo total al que Francia aportaba un contingente significativo, pero se completaba con aportación de todos los aliados del emperador incluyendo en ese saco al imperio austriaco y al reino de Baviera. Karoline observaba, impotente, cómo Max tenía aún que bailarle el agua a Napoleón, aportando oficiales y soldados para ir a meterse de lleno dentro del gran imperio ruso del que era zar su cuñado Alejandro y zarina su querida hermana Elizaveta. Napoleón en persona dirigía la campaña, pero con él se llevó a su hijastro Eugène de Beauharnais, el marido de Augusta de Baviera, y a sus principales mariscales de campo: Berthier (a quien en 1808 Max de Baviera no había tenido otro remedio que conceder la mano de su propia sobrina la princesa Elisabeth de Baviera), Davout, Ney, Oudinot, etc. Entre los comandantes aliados, se distinguían el austríaco príncipe de Schwarzenberg, todo un talento, y el prusiano Ludwig Yorck von Wartenburg.

La emperatriz María Luisa acompañó a su marido y a la Grande Armée hasta Dresde, lugar en el que pudo reunirse con su padre, el emperador Franz, y con la tercera esposa de éste, su querida madrastra la emperatriz María Ludovika. Posteriormente, retornaría a París, dónde estaba su pequeño hijo y todo el clan de los Bonaparte, para recibir en su capital las noticias de la Campaña de Rusia.

Alejandro I de Rusia tuvo que oponer un gran ejército reunido a toda prisa, cuyo mando supremo ostentaba el príncipe Mikhail Koutuzov, asistido por otros tres reputados estrategas: Michel Barclay de Tolly, oriundo de la Livonia; Piotr Ivanovitch Bagration y Alexandre Petrovitch Tormassov.

Aquello íba a ser, sí o sí, un choque entre gigantes. El avance francés se verificó a través de una serie de grandes batallas: la batalla de Smolensko, la batalla de Borodino...Los rusos veían mermar sus fuerzas, pero también se mermaban las fuerzas francesas, y quienes jugaban en su propio territorio no dudaban en ir practicando una política de tierra quemada en cada retirada, para que los bonapartistas que les seguian no encontrasen nada excepto un panorama desolador. Para cuando los franceses lograron llegar a Moscú, el gobernador general de la emblemática ciudad, el conde Fédor Rostopchine, que tenía ancestros mongoles y se proclamaba a sí mismo descendiente del mismísimo Genghis Khan, había vaciado la capital, mandando evacuarla de habitantes que se habían llevado consigo todas las provisiones disponibles. El último detalle de Rostopchine había sido ordenar que se prendiese fuego a Moscú, así que los franceses se toparon con un gran incendio devorando los edificios de madera típicos de los moscovitas. Aunque Napoleón se permitió el gesto de instalarse en el Kremlin, allí no había nada que pillar. Sus tropas estaban diezmadas, las enfermedades y el frío causaban estragos entre los que habían sobrevivido a las batallas. Y se hacía evidente que, más pronto que tarde, habría que negociar un armisticio con el zar Alejandro I para iniciar la retirada de la Grande Armée de Rusia.


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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 14 Ene 2020 17:47 
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María Luisa y su Rey de Roma.


Hay cierta fatalidad en el hecho de que el nacimiento del Rey de Roma coincidio casi con el principio del declive de la estrella de Napoleón Bonaparte. Una vez obtenido el heredero, empezó a perder su imperio, el imperio que había creado con su talento, su voluntad y su ambición. Por supuesto, no fue algo inmediato, sino un proceso que se desarrolló paulatinamente a lo largo de 1813 y 1814.

Esto no es una crónica de la caída de Napoleón, así que no voy a ir "al detalle". Resumiento mucho, Napoleón sufrió su primera derrota estrepitosa en la batalla de Leipzig, en su momento conocida más bien como Batalla de las Naciones, que fue la mayor confrontación de toda la época y se libró entre los días 16 a 19 de octubre de 1813. Frente a Napoleón, los países que se habían organizado en la denominada Sexta Coalición: Rusia, Austria, Prusia, Suecia, Sajonia. Con sus trescientos treinta mil hombres, los aliados lograron vencer a Napoleón (y como detalle curioso, entre los mariscales que lucharon contra Bonaparte estaba un ex mariscal francés, Jean Baptiste Bernadotte, a quien el rey Carlos XIII de Suecia, sin hijos de su esposa Hedwig Elisabeth Charlotte, había "adoptado" como hijo y heredero del trono en 1810).

Justo en vísperas de la Batalla de Leipzig, el 8 de octubre, Maximilian I Josef de Baviera, nuestro campechano y simpático rey Max, firmó un tratado con el imperio austríaco, el denominado Tratado de Ried. La idea era clara: Maximilian, convencido de que aquella Sexta Coalición íba a aplastar a Napoleón, se dejó convencer por su hijo el kronprinz Ludwig y por el notable mariscal von Wrede y renunciaba a su alianza de años con Bonaparte para hacer migas con sus enemigos, a cambio de que el emperador de Austria asumiese la garantía de la integridad y permanencia del flamante reino de Baviera surgido en 1805. Si nos ponemos exquisitos, la verdad es que Max traicionaba a "un amigo y consuegro" por aquello de la boda de Eugène con Augusta, pero Franz, el emperador de Austria, traicionaba a su yerno y en cierta medida a su pequeño nieto. Tampoco era momento, claro, que andarse con sentimentalismos, sino que buscar ventajas. El 14 de octubre, iniciada la batalla el día 13, Baviera declaró la guerra a Napoleón. Eso les permitiría, en cuestión de horas, poder "celebrar" como un "triunfo" el resultado de la Batalla de las Naciones.

Tras Leipzig, Napoleón hubo de replegarse con sus tropas a Saint-Cloud. Tomó todas las disposiciones necesarias para "proteger" su imperio antes de afrontar la siguiente etapa de lucha frente a un ejército coaligado de Austria, Baviera y Württemberg dirigido por el príncipe von Schwarzenberg: el 23 de enero de 1814, se despidió de una llorosa María Luisa y del Rey de Roma, sin saber que no volvería a ver a ninguno de ellos jamás. María Luisa había recibido la encomienda de ejercer la regencia en ausencia de su marido, y, eventualmente, en caso de que él pereciese mientras el niño crecía. El hermano del emperador, José, ex rey de España, convertido en Lugarteniente General del Imperio, fue instruído por su hermano para que, en caso de que los aliados llegasen a las puertas de París, se llevase a la emperatriz regente y al Rey de Roma a Rambouillet. La situación era, pues, crítica, cuando el emperador Napoleón, al frente de sus hombres, realizó el intento de frenar el avance de los aliados que habían penetrado en territorio francés en la localidad de Arcis-sur-Aube. Los austríacos se impusieron y Napoleón quedaba a merced de los vencedores.

Cabe señalar que aunque Austria había comprometido la independencia e integridad de Baviera, en el Tratado de París que se firmó a continuación, el emperador Franz le pasó una bonita factura a Maximilian I Josef, su aliado demasiado reciente: Max debió renunciar a la región del Tirol, aunque, a cambio, se le garantizaba el pequeño ducado de Wurzburg.

Napoleón hubo de afrontar su exilio, primer exilio, a la isla de Elba, mientras que María Luisa, con su Rey de Roma, ya se había reunido con su padre, el emperador Franz. Ëste se apresuró a llevar a su hija y a su pequeño nieto a Viena, dónde el niño se criaría en el palacio imperial como el rehén de lujo de los triunfantes Habsburgo frente a los caídos Bonaparte. Aunque Napoleón consiguió volver de Elba a Francia para poner en pie el denominado Imperio de los Cien Días, María Luisa, pese a los reclamos de él, no acudió a París de nuevo. Y el Imperio de los Cien Días se acabó con una nueva derrota de Napoleón en los campos de Waterloo el 18 de junio de 1815, tras lo cual se las apañó para dirigirse con unos cuántos leales hasta Rochefort para rendir su sable al capitán del navío de guerra británico Bellerophon. Pronto se le mandó de nuevo al exilio, sí, pero esa vez en una isla remota del Atlántico constantemente vigilada por los ingleses: Santa Elena. Allí moriría con 51 años en mayo de 1821.


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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 14 Ene 2020 20:15 
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Esa etapa fue particularmente compleja en la vida de las dos hijas mayores del buen rey Max, que tan inteligentemente había mudado sus alianzas.

Tanto Max como su esposa Karoline se habían preocupado a menudo Charlotte, que, se recordará, se había casado con el príncipe heredero de Württemberg...

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...que había tenido la "deferencia" de informarla, lacónicamente, en el mismo día de la boda, de que ambos podían considerarse víctimas de la política de su tiempo y luego se había negado, en un gesto que reflejaba absoluta falta de educación, a compartir con ella el carruaje cerrado durante las horas que requería el trayecto de Munich, capital de Baviera, a Stuttgart, capital de Württemberg. En realidad, Wilhelm y Charlotte nunca habían cohabitado. Él se había apresurado a pasar buena parte de su tiempo en la corte del reino de Westphalia, dónde ejercía de monarca Jerome Bonaparte, casado quieras que no con la amable princesa Catalina de Württemberg, hermana de Wilhelm. Jerome y Wilhelm compartían juerga tras juerga y alguna amante destacada, como por ejemplo Blanche La Flèche, baronesa von Keudelstein. Entre tanto, en Stuttgart, la pobre Charlotte escribía constantes cartas a su hermano Ludwig, el kronprinz de Baviera, al que estaba francamente unida, y buscaba tranquilidad tanto en la amistad de su dama favorita, la baronesa Camilla von Andlau, como en la afectuosa solicitud de su confesor, el religioso Sebastian Franz Job. Los dos lograban que Charlotte, sintiéndose abandonada desde el principio por su marido, no fuese absolutamente infeliz en Stuttgart.

Así las cosas, Württemberg había participado después de manera activa en la Sexta Coalición para acabar con la hegemonía de Bonaparte, al coste de una verdadera sangría de hombres. El pequeño reino del sur alemán pagó con ríos de sangre su participación en la gesta de Leipzig, algo que Wilhelm, como heredero, esperaba que les rentase bastante a posteriori. Después de la firma del Tratado de París, él había sido uno de los "royals" continentales que habían viajado a Inglaterra, en dónde Prinny, príncipe de Gales, ejercía de anfitrión. En esa estancia inglesa, en junio de 1814, Wilhelm se enamoró apasionadamente de la hermana favorita del zar Alejandro I, Catalina, Katia, viuda del duque Georg de Oldenburgo, de quien le habían quedado dos pequeños hijos. Y Katia correspondía en plenitud los ardientes sentimientos de Wilhelm, así que la solución, para él, resultaba obvia: había que divorciarse de Charlotte, sobre la base de la no consumación de su matrimonio en todos aquellos años. En agosto de 1814, promulgado el divorcio, Charlotte de Baviera abandonó Stuttgart y Württemberg, para buscar tranquilidad junto a una de sus tías en Neuburg am der Donau, en Baviera. Aunque no tengo cien por cien claro quien fue la tía, apostaría por una hermana de Maximilian Josef, Maria Anna, esposa del duque Wilhelm en Baviera y madre tanto del futuro duque Pio Augusto como de la pobre Elisabeth a quien habían casado quieras que no con el mariscal Berthier.

La actitud de Wilhelm de Württemberg desembarazándose de Charlotte cayó como un relámpago en la corte de Munich. Quizá Max y Karoline estuviesen dolidos, pero el kronprinz Ludwig, que amaba sinceramente a su hermana, estaba francamente enfurecido. Posteriormente, cuando se cruzasen en el Congreso de Viena los caminos de ambos príncipes, se producirían escenas de considerable tensión e incluso alguna sonada escaramuza entre ambos. Desde la corte bávara, lo único que podían hacer en favor de Charlotte, aparte de sostenerla económicamente, era buscar una anulación formal de su enlace religioso en el Vaticano, un asunto que, desde luego, no se apañaba en pocos meses.

Y si por Charlotte había que preocuparse, también, en otro sentido, por la hermana mayor de ésta, Augusta de Beauharnais...

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Augusta de Beauharnais.


...quien, conjuntamente con su esposo Eugène, dieron al mundo una sorprendente lección de dignidad y lealtad. Incluso a pesar de que Napoleón había "repudiado" a Josephine, Eugène había mantenido su adhesión inquebrantable a quien durante largos años había sido su padrastro y no se dejó convencer para que "cambiase de bando" ni siquiera cuando existían enormes probabilidades de que el emperador cayese derrotado -como, de hecho, sucedió-. Augusta, por su parte, dejó claro como el agua que pensaba seguir ostentando con orgullo su condición de esposa de Eugène y miembro de la familia de Beauharnais. Para Josephine, en su Malmaison, representaban un costante apoyo, tanto su hijo y su nuera como su hija Hortense. Adicionalmente, Josephine seguía siendo encantadora: cuando el zar Alejandro I la visitó, ella ejerció de anfitriona con tanta elegancia y dulzura que el monarca prometió no desatender los intereses ni de Eugène ni de Hortense. Josephine, por cierto, enfermó después de esa visita, según parece por haber salido a las rosaledas sin cubrirse más que con un ligero chal sobre el vestido, y murió, a los cincuenta años, el 29 de mayo de 1814, mientras los royals continentales embarcaban a que les agasajase Prinny en Londres (recordad, dónde Wilhelm de Württemberg y Katia de Oldenburgo se enamorarían).

Eugène y Augusta tomaron, entonces, el camino a Munich, contando con obtener la simpatía y protección de Maximilian I Josef, lo que, de hecho, sucedió. Llevaban con ellos una recua de hijos: a sus pequeños Josefina, Eugenia y August, les habían seguido Amelie (nacida en Milán en 1812) y Theodolinda (nacida en Mantua en abril de 1814). Para las hijas de Karoline y Max, los pequeños Beauharnais, nietos de su padre, estaban más cercanos en edad que sus propios medio hermanos mayores Ludwig, Augusta y Charlotte. Todos conformaban un grupo ruidoso, mezclado también con los hijos de Ludwig y Therese: a Maximilian le había seguido la princesa Mathilde en 1813.


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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 15 Ene 2020 10:49 
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Después de dar carpetazo a la prolongada, y muy agitada, etapa napoleónica, a sus vencedores les tocaba hacer reparto de despojos y reorganizar el continente a su entera complacencia. Así que se organizó uno de los más vistosos episodios de la Historia europea: el Congreso de Viena.

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Aquí me tengo que contener, lo confieso, porque el Congreso de Viena es uno de mis "caprichos históricos". Creo que cualquiera que se pasase por casa, se sorprendería de la cantidad de libros que he ído recopilando acerca del Congreso de Viena, mayormente en inglés. Pero, bueno...muy a mi pesar, me domino y os resumo.

Aunque los primeros diplomáticos escogidos por cada país empezaron a afluír a la capital imperial austríaca en septiembre de 1814, en realidad el Congreso tuvo su pomposa apertura en noviembre de 1814 y se prolongaría en junio de 1815. Durante ese período de ocho meses, Viena fue centro de encuentro para una miríada de diplomáticos que tenían que negociar un nuevo esquema continental (una estructura territorial que, de hecho, perviviría con pocas variaciones hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial). El emperador Franz I de Austria ejercía su papel de anfitrión, teniendo a su lado a una amable emperatriz María Ludovika que sufría los efectos de una tisis galopante. En realidad, quien movía los hilos era el canciller austríaco, Klemens von Metternich, el cual, para mi gusto al menos, estaba como un queso:

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"Mi" Metternich.


Metternich lleno la ciudad de una red tan tupida de espías oficiales e informadores a sueldo que aquello se convirtió en un hervidero de cotilleos. Más salseo no pudo haber, vamos, sobre todo a medida que confluían en la ciudad todas las testas coronadas del momento.

Maximilian I Josef de Baviera estuvo bien presente en Viena. También acudió su impetuoso hijo Ludwig, el kronprinz, acompañado de la kronprinzessin Therese, y su hija Augusta con Eugène de Beauharnais, a quien Max quería asegurar un estatus digno (algo en lo que coincidía con su concuñado el zar Alejandro I de Rusia, que, se recordará, había prometido en la Malmaison a Josephine velar por los hijos de ella). Eugène, cumple decirlo, seguía siendo un caballero y visitó a menudo el palacio imperial para presentar sus respetos a María Luisa y al pequeño que había sido Rey de Roma. Por otro lado, Eugène y Ludwig, cuando estaban presentes aún en la capital austríaca sus respectivas esposas, formaban con estas un animado grupo en el carrusel interminable de cenas copiosas, bailes, conciertos y representaciones teatrales. Karl margrave de Baden, el hermano menor de la reina Karoline de Baviera, a quien ese Congreso había deparado la maravillosa oportunidad de recibir una visita muy deseada de su hermana la zarina Elizaveta, solía agregarse al grupo. Cuando no estaban las esposas, Augusta y Therese, los cuñados Eugène y Ludwig tenían sus alegres francachelas, también en unión de otros bon vivants como el duque Ernest de Saxe-Coburg-Gotha, que durante las pasadas guerras se había distinguido en el servicio de armas al reina de Prusia y confiaba en recibir de recompensa siquiera una porción de territorio a añadir a sus dominios hereditarios.

El Congreso fue resolviendo "sus papeletas" según una trama en la que tuvo mucho que ver la sagacidad y la habilidad de Metternich. Luego, hubo quien jugó mejor o peor las bazas, claro. Francia, la Francia de monarquía borbónica restaurada en la persona de Luis XVIII, hermano del guillotinado Luís XVI y cuñado de la guillotinada María Antonieta, estaba representada por aquel viejo zorro que venía siendo Charles Maurice de Talleyrand y salió sorprendentemente bien parada, al igual que, naturalmente, las potencias vencederas: Austria, Rusia, Prusia e incluso Inglaterra (representada por el serio y taciturno Castlereagh).

Uno de los asuntos entretenidos fue otorgarle un destino con suficiente empaque a la segunda esposa del Napoleón exiliado en Santa Elena, la archiduquesa María Luisa...

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...que, desde luego, no estaba "guardándole la ausencia" a aquel Napoleón de quien se había despedido entre lágrimas. De hecho, había acontecido que durante su viaje retirándose de una Francia ocupada para retornar a la Viena imperial de su infancia junto a su hijito, María Luisa había tenido, al frente de su nutrida escolta de tropas austríacas, a Adam Adalbert von Neipperg, un comandante que años antes había perdido su ojo derecho en una batalla y que lo llevaba cubierto por un parche negro. La pasión debió estallar en cero coma, a pesar de que no solo María Luisa estaba casada: Neipperg también tenía una esposa, Theresia Pola de Treviso, que le había dado cuatro hijos.

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Aquí Neipperg con su señora Theresia y sus dos hijos mayores.



En fín...esas cosas siempre han pasado. María Luisa no consentía por nada del mundo en privarse de su Neipperg, y el emperador Franz no tenía ya narices para "robarle la presente felicidad" a la hija querida a la que había sacrificado en aquel matrimonio (aborrecible desde la perspectiva Habsburgo) con Napoleón Bonaparte. Se decidió que María Luisa sería la duquesa soberana de Parma, Piacenza y Guastalla, con el título de María Luisa de Parma. Cuando ella partió, en verano de 1815, a sus flamantes territorios en la península italiana, por supuesto se llevó consigo a Neipperg.

A quien nunca le hubiesen permitido llevarse consigo era a su hijito el ex Rey de Roma. El niño era una preciosidad, y su imperial abuelo Franz estaba encantado con él; pero todos tenían claro que ese pequeño debía criarse en la corte vienesa con un contacto muy restringido con personas del círculo externo, ya que, bajo ningún concepto, debía convertirse en una bandera para los bonapartistas que aspirasen a rehacer el imperio perdido. Por supuesto, al chico ya no se le nombraba por su nombre de pila, Napoleón, sino Franz, igual que al abuelo imperial, y a partir de 1818 se le asignaría un título de resonancia claramente teutónica: duque de Reichstadt.


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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 15 Ene 2020 11:40 
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Tras el Congreso de Viena, Eugène y su esposa Augusta se instalaron en el reino de Baviera. Maximilian I Josef hizo a su yerno e hija duque y duquesa de Leuchtenberg, así como príncipes de Eichstätt. Era una forma de compensar la honorabilidad, sorprendente para los estándares de cualquier época, de la pareja, un matrimonio bien avenido y feliz. En 1816 les nació en Munich su sexto retoño y quinta hija, una niña bautizada Caroline Clothilde de Beauharnais, que, por desgracia, murió con apenas diez días de vida. Augusta nunca se había enfrentado personalmente al trago de una pérdida así, pero encontró consuelo en su madrastra Karoline y en su cuñada Therese. Se embarazó de nuevo pronto, y en octubre de 1817, también en Munich, tuvo a su séptimo retoño y segundo varón: Maximilian Josèphe Eugène Auguste Napoléon. Como se puede apreciar, aunque llevaba los nombres de su abuelo paterno rey de Baviera, se combinaron con el nombre de su padre, el de su madre y el del exiliado Napoleón -lo cual vuelve a decir mucho de la grandeza moral de Eugène-.

Adicionalmente, 1816 fue el año en que, por fín, el Papa Pio VII había tenido a bien anular los esponsales de la hermana de Augusta, Charlotte, con aquel Wilhelm de Württemberg que ya estaba prometido con su Katia de Rusia duquesa de Oldenburgo. Katia tardaría bien poco en embarazarse: en octubre de 1816 daría a luz en Stuttgart a la primera hija del matrimonio, la princesa Marie de Würtemberg.

Para entonces, a Charlotte le era absolutamente indiferente aquel primer marido que siempre la había tratado con fría indiferencia y absoluta falta de un mínimo de cortesía. No era una princesa guapa (recordemos las marcas de viruela en su cara), pero tenía un excelente carácter y aún se le podía combinar un matrimonio apropiado e incluso ventajoso. Dado que las alianzas dinásticas entre Habsburgos y Wittelsbach se habían establecido como un asunto diplomático prioritario durante el Congreso de Viena, hubo interés en negociarle una boda con un hermano menor del emperador Franz, el archiduque Ferdinand, recien convertido en gran duque soberano de Toscana. Ferdinand era veintitrés años mayor que Charlotte y, viudo de una prima suya princesa de Nápoles-Sicilia, tenía cuatro hijos. No era mala perspectiva para Charlotte: de hecho, la situación recordaba cien por cien a la que se le había presentado en su día a su querida madrastra Karoline de Baden, la reina de Baviera.

Pero aconteció que el káiser Franz, el emperador austríaco, perdió a su esposa María Ludovika el 7 de abril de 1816. La tisis, finalmente, había acabado con aquella muchacha sensible y amable de apenas veintiocho años. Para el emperador austríaco Franz, representaba su tercera viudedad: en su juventud había estado casado con Elisabeth Wilhelmina de Württemberg, que sólo le había dado una hija muerta antes de expirar, y posteriormente con su prima María Teresa de Nápoles- Sicilia, la cual no había fallecido sin haber puesto en el mundo previamente doce retoños. La sacrificada María Teresa se había ído a los treinta y cuatro, y de ella, al cabo del tiempo, quedaban en el mundo siete hijos de doce, de los cuales la mayor era aquella María Luisa ex emperatriz de los franceses y reciente duquesa de Parma, Piacenza y Guastalla. Con María Ludovika, la tercera mujer, Franz no había tenido descendencia.

Franz era "muy mal viudo", en el sentido de que sentía la perentoria necesidad de llenar apresuradamente el hueco que íba dejando cada una de sus sucesivas esposas. Tras enterrar en la Cripta de los Capuchinos como correspondía a María Ludovika, estaba dispuesto a casarse por cuarta vez lo antes posible. Así que se planteó una opción interesante: Charlotte de Baviera, cuyo compromiso con el duque de Toscana aún no se había materializado. Charlotte pudo escoger, y de viudo con hijos a viudo con hijos, escogió al emperador de Austria, sin duda un partido superior al gran duque de Toscana.

A la hora de hacerse público ese compromiso que la elevaría al rango de emperatriz, Charlotte dejó claro cuál era el nombre que pensaba utilizar en adelante. La versión Charlotte se convirtió en Caroline, como un homenaje a su madrastra la reina de Baviera, y se le agregó su segundo nombre de pila, Augusta, para crear un combinado con suficiente empaque: sería la kaiserina Caroline Augusta de Austria. Aquí unos retratos:

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Fue un bodón desde la perspectiva de los Wittelsbach, claro.

Karoline, nuestra reina Karoline de Baviera...

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...estaba en esa época también expectante respecto a su única hermana soltera, su gemela Amalie. Pese a haber sido hermana de una reina de Baviera, una zarina de Rusia, una reina de Suecia y una duquesa de Hesse-Darmstadt, Amalie, la menos agraciada de todas, se había quedado sin casar. No había sido por no mover los hilos tratando de obtener una combinación favorable, por cierto. En su día, allá por 1790, su abuelo magrave de Baden había intentado comprometerla primero con Federico de Anhalt-Dessau y posteriormente con el mismísimo príncipe William de Inglaterra, duque de Clarence. Esos "partidos" habían fallado.

Luego, en 1811 el emperador Franz había sugerido como opción su hermano el archiduque Karl, un mozo de buena planta y gran comandante militar. Karl vió a Amalie y no le gustó en absoluto la muchacha, pero se hubiese plegado a la decisión de su hermano emperador. Por su gran alivio, no obstante, el viejo margrave de Baden abuelo de Amalie temió que en ese período concreto una alianza con los Habsburgo molestase a Napoleón y no consintió en que se verificase un compromiso. Amalie siguió sin marido.

En 1816 hubo una "última ilusión" en ese sentido. En Gran Bretaña, el parlamento había urgido a sus príncipes solteros a casarse de una "maldita vez" a cambio de pagarles las escandalosas deudas contraídas por vivir con excesiva liberalidad. Uno de los afectados era el príncipe Edward, duque de Kent, y se consideró que podía convenirle Amalie de Baden. La madre de la muchacha, nuestra Amalia, daba casi por hecho, al recibir al príncipe Edward en una visita a Karlruhe, que éste solicitaría la mano de la princesa Amalie. Pero Edward llegó, vió y se fue, sin manifestar ni un ápice de interés en la princesa Amalie. Después de ese episodio, Amalia se resignó a que esa hija nunca fuese a conocer ni el matrimonio ni la maternidad, y la misma Amalie parece haber llevado con gusto su papel de Tante para los hijos de su hermana Karoline de Baviera y de su hermana Frique ex reina de Suecia, así como los de su cuñada Stephanie de Beauharnais margravina de Baden.

Aquí unos pequeños retratos que he encontrado casi de casualidad, dos de la que había sido margravina Amalia, la madre de Karoline:

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Y dos de su hija Amalie la princesa soltera:

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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 15 Ene 2020 12:17 
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Las hijas de Karoline y Max habían crecido en todo ese circundado de relaciones familiares, alianzas fallidas o perdurables, agitaciones políticas y con un saldo positivo según un punto de vista Wittelsbach. Karoline se había encargado de que tuviesen una educación moral y religiosa dirigida por un notable teólogo católico, Joseph Anton Sambuga; éste había llegado al entorno de Maximilian Josef para encargarse de la educación religiosa del kronprinz Ludwig y posteriormente se había quedado para desempeñar el mismo rol con las princesas hasta su fallecimiento, fecha en que le sucede Johann Sailer, futuro obispo de Aubsburg. No deja de ser curioso que, aunque Karoline había triunfado en su empeño de mantener su religión protestante evangélica que compartía con su madre y hermana soltera, frecuentes visitantes en la corte muniquesa, sus hijas recibiesen tal chute de catolicismo que algunas de todas ellas salieron extremadamente piadosas, a excepción de Ludovika, que tenía una actitud algo más relajada en ese aspecto concreto de la vida.

Charlotte von Rogenbach, la gobernanta, había recibido una clara premisa de Karoline: las niñas debían crecer hablando y escribiendo francés y se les debían facilitar libros edificantes, pero quedaban terminantemente prohibidas las novelas románticas tan en boga por aquellos tiempos. Karoline, hay que reconocerlo, actuaba con prudencia: ¿para qué dejar que aquellos idilios excitasen la imaginación de sus chicas cuando todas ellas íban a ver su futuro matrimonial condicionado única y exclusivamente por la necesidad política de los Wittelsbach? En la propia experiencia de Karoline, la felicidad era una "rara avis" para una princesa. Matrimonios como el suyo propio, razonablemente satisfactorio en su conjunto, o el de su hijastra Auguste de Beauharnais duquesa de Leuchtenberg, lleno de afecto recíproco con el marido Eugène, constituían más bien la excepción a la norma.

A pesar de todo, las chicas bávaras de Karoline tuvieron en conjunto infancias felices y con ciertos momentos de preciada libertad. La residencia estival en Tegernsee constituía su lugar favorito, más aún que el Nymphenburg de Munich. Pero Nymphenburg también ofrecía sus atractivos. En 1817, Maximilian I Josef, como rey ilustrado que era, había patrocinado una expedición científica al lejano Brasil, desde dónde el botánico Friedrich von Martius y el zoólogo Johann Baptist von Spix habían traído un amplio repertorio de plantas y animales exóticos como los papagayos de colorido plumaje. El parque de Nymphenburg se convirtió en uno de los rincones preferidos por las hijas de Karoline y los nietos de Maximilian I Josef, quienes disfrutaban particularmente con las jaulas de los papagayos.


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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 15 Ene 2020 13:26 
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La primera de las hijas de Karoline en casarse fue una de las que pertenecía al primer par de gemelas, concretamente la princesa Amalie Auguste:

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Para ella, se había elegido a un príncipe de Sajonia, Johann. La línea de sucesión al trono de Sajonia, configurada como reino en un pasado muy reciente, resultaba ser una historia muy curiosa en sí misma. El rey, Frederick August I, había matrimoniado con una hermana de nuestro Maximilian I Josef, Amalie de Zweibrücken-Birkenfeld-Bischweiler, junto a la cual había engendrado cuatro hijos, pero sólo había sobrevivido una niña: María Augusta. La Ley Sálica vedaba el acceso al trono a María Augusta, de modo que los herederos de Frederick August eran sus hermanos varones. Detrás de él, debía ascender al trono el príncipe Anton de Sajonia, que se había casado dos veces y había logrado cuatro hijos con su segunda mujer, de los cuales ninguno de los cuatro había vivido más de dos años. En resumen, a Frederick August I le heredaría Anton, pero eso convertiría en heredero de Anton a un siguiente hermano varón de ambos, Maximilian. Afortunadamente, Maximilian de Sajonia, llamado al trono en un futuro, se había casado con la princesa Carolina de Borbón, del ducado de Parma, y había tenido con ella siete hijos de los que tres eran varones: en orden de mayor a menor, se trataba de Frederick August, Klemens y nuestro Johann.

Frederick August se había casado en 1819 con la archiduquesa María Carolina de Austria, hija soltera del emperador Franz, pero, llegado 1822, aún no tenían ningún hijo. Eso hacía muy importante al príncipe Klemens, que figuraba en la línea sucesoria detrás de su tío Anton, su padre Maximilian y su hermano Frederick August, pero Klemens, desgraciadamente, falleció a causa de unas fiebres durante un viaje por Italia, hallándose en la ciudad de Pisa, el 4 de enero de 1822. Johann, hasta entonces quinto en la línea de sucesión, escaló un puesto, hasta ser el cuarto detrás de su tío Anton, su padre Max y su hermano Frederick August. No era nada descabellado, con el historial de su linaje, pensar que pudiese llegar a sentar sus reales posaderas en el trono de Sajonia.

Aquí os presento a Johann en dos retratos, uno en su juventud y otro algo más mayor:

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Según los usos de la época, hubo una primera ceremonia nupcial "por poderes" en el palacio de Nymphenburg, en Munich, el 10 de noviembre de 1822. Celebrado ese matrimonio en el que el ausente novio tuvo su representante, Amalie Augusta viajó con su madre y hermanas a Dresde, dónde se llevó a efecto una boda con toda la pompa requerida el 21 de noviembre. Aquí os pongo unos retratos de Amalie, flamante princesa de Sajonia:

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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 15 Ene 2020 14:22 
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Si hubo algo verdaderamente difícil para Amalie Auguste recien llegada a Dresde, fue hacerse a la idea de que se había separado de su hermana gemela Elisabeth Ludovika, la querida Elise. Las dos habían estado tan profundamente unidas y existía tal grado de entendimiento mutuo, que el hecho de no tener cerca a Elise representaba una constante aflicción en la vida de la muchacha.

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Retrato retrospectivo de Elise y Amalie.


Pero, siendo realistas, a Elise también le quedaba poco tiempo disfrutando del ambiente familiar cálido y relajado que Karoline y Max ofrecían a su abundante progenie. Elise era un calco de su hermana...

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...y compartía con Amalie la misma naturaleza conservadora y religiosa. En 1819, dos años antes de que se negociase la boda de Amalie con Johann de Sajonia, Elise había acudido con su madre y sus hermanas a unas curas de agua en Baden-Baden, que se estaba poniendo muy de moda. Karoline, recuérdese siempre, era badenesa, de modo que llevar a sus hijas a tomar las agua constituía también un buen pretexto para encontrase con toda la familia de origen de la soberana bávara.

Aconteció que en Baden-Baden coincidieron con dos príncipes de Prusia, el kronpinz Frederick Wilhelm, de veinticuatro años, y su hermano Wilhelm, de veintiún años. Casi desde un primer momento, el kronprinz prusiano, que estaba en edad de casarse...

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...se prendó de los ojos claros y la delicadeza de rasgos de Elise, así como su naturaleza tranquila y amable. Resultó evidente, por su parte, que a Elise le gustaba aquel mozo inteligente y con inclinaciones artísticas. Cuando el rey de Prusia fue informado, batió palmas con las orejas ya que estaba muy a favor de crear un lazo dinástico con los Wittelsbach. Por desgracia, el problema surgió el el momento en que Elise hizo saber que de ninguna manera consideraba la opción de abjurar del catolicismo para adherirse a la fe protestante evangélica.

Aquello tuvo que sorprender, y no poco, entre los Hohenzollern. Al fín y al cabo, la madre, la abuela materna y la tía favorita de Elise eran protestantes evangélicas, por lo que había parecido, en principio, cosa sencilla persuadir a la muchacha bávara de que cambiase de religión. Pero Elise se obstinaba, y su futuro suegro el rey de Prusia no encontraba forma de aceptar el matrimonio sin conversión al protestantismo de la princesa bávara. Durante cuatro años hubo un ir y venir de diplomáticos entre Berlín y Munich, Munich y Berlín. Al final se alcanzó un compromiso: Elise podría casarse conservando la religión católica y convertirse al protestantismo evangélico cuando tuviese inclinación verdadera a dar el paso, que acabaría dando sí o sí.

De modo que hubo una ceremonia católica en Munich el 16 de noviembre de 1823 y una ceremonia protestante en Berlín el 29 de noviembre del mismo año. Elise...

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...estaba extraordinariamente feliz con su atento y solícito marido, pero también escribió profusas cartas a su familia desde la corte prusiana en las que reflejaba cuán bien tratada se sentía por su suegro y por sus cuñados. Su ya legendaria suegra, la reina Luise de Prusia, estaba muerta, y todos coincidían en que la kronprinzessin Elise carecía de la excepcional hermosura y prestancia de Luise; pero pese a todo, era una muchacha encantadora y se la recibió con general simpatía en Berlín.

Retratos de Elise:

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 Asunto: Re: SOFÍA, ARCHIDUQUESA, NACIDA PRINCESA DE BAVIERA
NotaPublicado: 15 Ene 2020 14:33 
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Más retratos de Elise.

Aquí una pequeña miniatura ovalada, que la muestra muy jovencita, en sus años bávaros:

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Los siguientes son posteriores en el tiempo:

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