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 Asunto: Re: ANA DE CLEVES Y CATHERINE HOWARD
NotaPublicado: 04 Abr 2019 15:55 
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Se me ha colado Katherine Parr (grin) (grin) (grin)

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Y tampoco voy a decir que lo lamente, porque es que...se hace necesario introducirla. Ana de Cleves, nuestra Ana, no podía dar crédito a sus oídos cuando se le informó de la preferencia de Enrique hacia Katherine Parr.

Vale, de acuerdo: Katherine Parr cumplía con el requisito básico de que nadie, nunca, íba a poder pedirle cuentas por no haber llegado virgen e intocada al lecho de Enrique. A fín de cuentas...¿¿qué clase de estúpido esperaría algo así de una dama que había estado casada dos veces, la primera con sir Edward Burgh (de una ilustre familia lancastariana aposentada durante siglos en el Lincolnshire) y la segura con John Neville lord Latimer?? Era evidente que los familiares, parientes y amigos de Katherine Parr podían apostar con ella sin asumir riesgos. No les íba a pasar lo que les había pasado a los Howard en las Navidades de 1540.

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Joely Richardson como Katherine Parr junto a Sarah Bolger en el papel de lady María en Los Tudor.


A Katherine no cabía reprocharle que no hubiese interpretado a la perfección su rol de esposa de sir Edward o, después, de lord Latimer. En el caso de lord Latimer, éste se había casado con ella después de enviudar en dos ocasiones: la primera mujer, Dorothy de Vere, había muerto tras dar a luz un niño llamado John y una niña llamada Margaret, en tanto que la segunda esposa, Elizabeth Musgrave, había fallecido sin descendencia. Katherine, al casarse con lord Latimer, se había encontrado con un hijastro, John, de catorce años de edad, y una hijastra, Margaret, llamada Meg, de nueve años de edad. Dice mucho a favor de la actitud cálida y afectuosa de Katherine el hecho de que tanto John como Meg le cobrasen rápidamente un enorme afecto. La ligazón sentimental de Meg hacia Katherine demostraría su profundidad a través de años y años, lo que implica que supo ser una madrastra ejemplar para los Latimer.

Pero Ana de Cleves tenía dos cositas que señalar: en su opinión, Katherine no era ninguna belleza, de hecho se atrevió a afirmar que en aspecto podía considerársela inferior a ella misma (y nadie la contradijo, lo cual sugiere que Ana no estaba pecando de vanidosa), aparte de que resultaba muy plausible que se tratase de una mujer estéril. Katherine, a sus treinta y un años, estaba acercándose a la madurez sin haber tenido ningún embarazo ni en su primer matrimonio ni en su segundo matrimonio. Por lo visto, el rey Enrique renunciaba de manera definitiva a la perspectiva de lograr "un duque de York", porque, si hubiese soñado aún con obtener ese nuevo hijo varón, más sentido hubiese tenido restituir el matrimonio Cleves que apostar por un casamiento con Katherine Parr.


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 Asunto: Re: ANA DE CLEVES Y CATHERINE HOWARD
NotaPublicado: 04 Abr 2019 19:14 
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Me tocas el corazón, ya que Katherine Parr es mi de mis favoritas, creo que junto a Catalina, fue de las más astutas esposas que tuvo, e incluso te diría que incluso más. Ya que supo maniobrar muy bien las cartas con las que jugaba, salió victoriosa, y encima se dio el gusto de enterrarlo, que no es poco. Esa salvada que tuvo en el jardín con los guardias, es de antología. :-p

Respecto a Catherine Howard... sé que está mal que me genere tan poca empatía pero no hay caso.

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 Asunto: Re: ANA DE CLEVES Y CATHERINE HOWARD
NotaPublicado: 05 Abr 2019 14:20 
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Jajajajajaja, Konradin...¿así que eres #teamKatherine Parr? La verdad es que se trata de una esposa interesante, muy interesante.

Cuando Katherine se incorporó a la casa de lady María, en 1542, todavía vivía su esposo lord Latimer, un noble que había salido muy bien parado del papel un tanto ambiguo que había representado unos años atrás durante el archifamoso Peregrinaje de Gracia. A Lord Latimer, un acérrimo católico, lo que le salvó el pellejo fue que su esposa Katherine, una firme reformista, y sus hijos, John y Meg, habían sido tomados como rehenes en su castillo de Snape, en el Yorkshire, por los rebeldes Peregrinos. Así que si Latimer había tenido, por sí mismo, una postura "dudosa" en aquella cuestión, se le podía exhimir de culpa en atención a las dramáticas circunstancias en que había incurrido su familia directa.

Lord Latimer ya tenía una salud, cuando menos, delicada. Quizá su final se presentía cercano cuando el rey Enrique, a principios de febrero de 1543, ofreció a lady Latimer el primer obsequio del que ha quedado constancia: un paquete que contenía pliegues y mangas para complementar sus ropajes. Se trataba de un obsequio muy fino, que Katherine pudo aceptar sin ningún escrúpulo. En apariencia, sólo daba indicio claro de que el rey apreciaba y valoraba a lady Latimer, de treinta años cumplidos, mujer hecha y derecha, inteligente, aficionada a la lectura, culta (se expresaba en latín, entendía un poco el griego clásico, manejaba el francés a la vez que el italiano), excelentemente predispuesta a debates de cierta enjundia sobre materia religiosa. Lo mismo que su hermano William lord Parr y que su hermana Anne Parr, lady Herbert, era una reformista convencida. En marzo, el mismo mes en que murió lord Latimer, William lord Parr ascendió a miembro del Consejo Privado; luego, en abril, se le convertiría en Caballero de la Jarretera y el rey le distinguió con el nombramiento de caballero de Guardián de las Marcas Escocesas. Esa progresión de William Parr recordaba tiempos pasados: el rápido ascenso del padre y del hermano de Ana Bolena, la vertiginosa elevación de los hermanos de Jane Seymour, la preeminencia casi instantánea de los hermanos, tíos y primos Howard de Catherine Howard.

Curiosamente, en ese entramado de relaciones a los que era tan dada la corte Tudor, surgió, justo entonces, un escándalo que concernía muy de cerca al enaltecido William, lord Parr. Resultaba que él estaba casado con Anne Bourchier, baronesa Bourchier, única hija del extinto segundo conde de Essex. Anne Bourchier, lady Parr por matrimonio, resulta uno de esos personajes que vuelve a ponernos blanco sobre negro hasta qué punto todos estaban mezclados unos con otros en la corte de Enrique. Por ejemplo, la madre de Anne Bourchier, Mary Say, había sido una dama distinguida por Catalina de Aragón, lo mismo que Maude Parr, la madre de William Parr. Adicionalmente, a través de su madre Mary Say, Anne Bourchier descendía de Elizabeth Cheney. Esto significa que Anne Bourchier compartía una bisabuela -Elizabeth Cheney- con Ana Bolena, Jane Seymour y Catherine Howard.

A la postre, Anne Bourchier acabó con la reputación tan manchada como sus primas Ana Bolena y Catherine Howard. En 1541, Anne, que siempre había sido profundamente infeliz con lord William Parr, se fugó de su mansión campestre con su amante, John Lyngfield, prior de la iglesia de Saint James en Tanbridge, en pleno Surrey. Anne estaba embarazada de John Lyngfield y dió a luz un niño, John Hunt. Como es obvio, esta secuencia de acontecimientos puso fuera de sí a lord William Parr, que ni estaba dispuesto a asumir el papel de adúltero ni a que le heredasen bastardos de una esposa por la que sólo sentía desprecio. Entre tanto, además, William, lord Parr, mantenía una -conocida- relación sentimental con la bella Dorothy Bray, una de las damas de honor primero de Ana de Cleves y después de Catherine Howard.

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Dorothy Bray, amante de lord William Parr.


Nuestra Katherine Parr comprendía, naturalmente, los sentimientos de su hermano y estaba de acuerdo en que él buscase un divorcio de su esposa Bourchier que eludiese cualquier riesgo de que en un futuro heredase sus tierras el hijo de John Lyngfield. Pero Parr fue más lejos aún: insistió ante el rey en que quería no meramente un divorcio, sino también la ejecución por adúltera probada de Anne Bourchier. Katherine Parr debió considerar esto un tanto excesivo: adúltera había sido su cuñada, sí, pero adúltero era también su hermano. Finalmente, la intervención de Katherine Parr ante el rey Enrique determinó que William lord Parr se viese libre de su matrimonio pero conservando, vinculadas a su propio patrimonio, las grandes fincas de los Essex que habían constituído la herencia paterna de Anne Bourchier. A Anne Bourchier no le quedó otra que resignarse a vivir en relativa pobreza en Little Wakering, en Essex.

Por el camino, por cierto, ya metidos en chismorreos tudorianos, William Parr había perdido interés en la bella Dorothy Bray y empezó a cortejar a una sobrina de ésta, Elizabeth Brooke (que no debe confundirse con otra tía homónima suya, Elizabeth Brooke esposa separada del cortesano poeta Thomas Wyatt).

Entonces, la reciente viuda lady Latimer, Katherine, también tenía ya su corazón ocupado. En algún momento, en aquel constante trasiego de la corte de los Tudor, la dama, célebre por su compostura, se había enamorado nada más y nada menos que del turbulento hermano de la difunta reina Jane Seymour, Thomas Seymour...


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 Asunto: Re: ANA DE CLEVES Y CATHERINE HOWARD
NotaPublicado: 05 Abr 2019 14:59 
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Imagen -retrospectiva- de Los Tudor en la que aparece Thomas Seymour, interpretado por Andrew MacNair, aconsejando a su hermana Jane Seymour, la que fue tercera esposa de Enrique.


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Katherine Parr y Thomas Seymour.


Los dos hermanos de la difunta reina Jane Seymour, Edward Seymour y Thomas Seymour, constituían figuras relevantes en la corte de Enrique. A fín de cuentas, nadie podía pasar por alto que ambos eran tíos maternos del principito Edward, heredero del trono, a quien la mala salud de Enrique podía convertir en rey en cualquier momento. Se hubiera podido esperar que Edward y Thomas trabajasen ambos en estrecha cooperación, pero nada de eso había sido posible ya que el menor, Thomas, de carácter más intenso y turbulento, parece haber albergado siempre cierto resquemor y muchos celos respecto a Edward, a su vez arrogante e imperioso.

Edward Seymour, conde de Hertford, casado con la ambiciosa Anne Stanhope, íba pasando de cargo importante en cargo importante dentro de la corte de Enrique, mientras que a Thomas, por su parte, se le utilizaba para que desempeñase diversas misiones diplomáticas. En 1538, por ejemplo, se había desenvuelto como embajador ante el rey de Francia y él había sido uno de los elegidos para desplazarse a Calais, entonces posesión británica, para el recibimiento oficial de una princesa alemana, Ana de Cleves, que íba a cruzar el Canal en cuanto el tiempo lo permitiese. Unas semanas después, a principios de 1540, Thomas había viajado a la corte de Fernando de Habsburgo, rey de Hungría, hermano menor del emperador Carlos V, para tratar de lograr una ventajosa alianza. Hasta dos años había pasado Thomas en la corte de Fernando de Habsburgo, retornando luego a Inglaterra. Y en ese retorno a Inglaterra debió de ser cuando surgió cierto idilio entre la reciente viuda lady Latimer, bastante rica, y nuestro aventurero Thomas Seymour.

Pero por mucho que Katherine se enamorase de Thomas Seymour, ella no tuvo dudas respecto a cuál debía ser su camino en el momento en que Enrique VIII hizo patente su interés por elevarla a la condición de (sexta) reina. Katherine era una mujer recta, muy recta, que siempre, invariablemente, cumplía con lo que se estimase su deber. Ninguno de sus dos primeros matrimonios habían obedecido a impulsos románticos, sino que habían sido enlaces convenientes. Aunque le hubiese gustado emplear su reciente libertad en embarcarse en un romance con Thomas Seymour (ya le íba tocando un poco de romance también a aquella mujer...) se hizo cargo de que no podía rechazar las proposiciones de Enrique. El rey la necesitaba, el reino la necesitaba, la causa de la reforma la necesitaba. Por otro lado, teniendo en cuenta la edad y el ruinoso estado de salud de Enrique, Catalina podía albergar ciertas ilusiones. Quizá, sólo quizá, no tardase demasiado en enviudar por tercera vez y, entonces, sí se sentiría perfectamente legitimada a casarse con Thomas Seymour. Para el propio Thomas Seymour, eso también debía tener sentido. Convertirse a sí mismo en un estorbo en el camino de Enrique VIII no era una opción. En cambio, podía esperar tranquilamente a que Enrique VIII muriese. Siendo tan tío del joven Edward como lo era el conde de Hertford, el mero hecho de casarse rápidamente, a su debido tiempo, con la reina viuda de Enrique VIII le hacía tomar ventaja en la carrera por el ambicionado puesto de regente.

De modo que Thomas se iría, tras el casamiento de Enrique con Katherine, a hacer de embajador en la corte habsburguesa de Bruselas, un lugar candente siempre. Dice mucho de hasta qué punto había una conciencia general respecto a su elevada opinión de sí mismo y de sus enormes expectativas de futuro el hecho de que, en años siguientes, surgiesen a menudo rumores acerca a que "apuntaba muy alto" en lo que tocaba a su matrimonio. No se hablaba de tal o cual joven dama, ninguna aristocrática muchacha. En 1547, por ejemplo, el embajador francés comunicaría en sus informes que Thomas Seymour, señor de la hermosa propiedad de Sudeley, aspiraba bien a la mano de Ana de Cleves, la "buena hermana" de Enrique VIII, o bien a la mano de la mismísima lady María, la mayor de las hijas de Enrique VIII. Fuese lo que fuese lo que opinase Katherine Parr de esos rumores, para ella se lo guardó.


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 Asunto: Re: ANA DE CLEVES Y CATHERINE HOWARD
NotaPublicado: 05 Abr 2019 15:44 
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La actriz Alice Patten en el papel de Katherine Parr.


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Katherine Parr (Joely Richardson) y lady María (Sarah Bolger) en Los Tudor.


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Katherine Parr (Joely Richardson) convirtiéndose en la reina de Enrique VIII.


"Ser útil en todo lo que hago": ése fue el "motto" elegido por Katherine Parr, y, francamente, resumía a la perfección el carácter y las aspiraciones de aquella mujer. El obispo Gardiner había casado a Enrique y Katherine en el camarín de los días santos de la reina, en el palacio de Hampton Court, el 12 de julio de 1543. Las dos hijas del rey, lady María y lady Elizabeth, estaban presentes, mientras que la cola del rico traje de la novia era llevada nada menos que por la sobrina escocesa de Enrique, lady Margaret Douglas. Ésta, tras sus años de confinamiento primero en Syon House y después en Kenninghall a cuenta de aquel episodio amoroso con Charles Howard, había sido restituída, por fín, en el favor del rey. Las festividades del enlace también incluyeron a las sobrinas Brandon de Enrique, lady Frances y lady Eleonor, ambas mujeres casadas y con descendencia propia.

La un tanto despechada Ana de Cleves declaró, con rotundidad: “A fine burden Madame Catherine has taken upon herself!”, traducible por "buen peso se ha echado encima la señora Catalina". Era una frase ingeniosa, claro: Enrique era un buen peso, en más de un sentido. En primer lugar, se trataba de un anciano (según los canónes de su tiempo) extraordinariamente obeso, con una úlcera en una pierna que a menudo se abría y supuraba, con un olor poco menos que pestilente. En segundo lugar, se trataba de un hombre con una tremebunda carrera marital: repudiada/decapitada/muerta/repudiada/decapitada. Ser la sexta esposa de semejante señor podía constituír una losa aplastante encima de los hombros. Pero Ana de Cleves había estado esperando, a tenor de los testigos, verse ella misma reina de nuevo tras la caída en desgracia de Catherine Howard. Por tanto, quizá hubiese un asomo de rencor en aquella frase de doble sentido.

En última instancia, Ana de Cleves podía considerarse afortunada. Era rica, muy rica, y gozaba de una libertad que la equiparaba a cualquier viuda de gran patrimonio. Se la trataba con deferencia en la corte y fuera de la corte, mantenía su excelente avenencia con los tres hijos de Enrique.

Pero, por supuesto, Katherine se había elevado a una posición de indiscutible superioridd en el plano mundado. Podía gozar, por ejemplo, del privilegio de favorecer a los suyos: en un primer momento mantuvo como chambelán de su casa al muy erudito sir Anthony Cope, por quien sentía gran estima, pero al cabo de pocos meses lo reemplazó por su propio tío carnal, sir William Parr, a quien se nombró, a la vez, primer barón Parr de Horton. La querida hermana de Katherine, Anne Parr, lady Herbert, se convirtió en la dama principal de la reina. Una prima de Katherine y Anne, Maud Parr lady Lane, también accedió al círculo de damas de la reina. Katherine proveyó lugares destacados para sus hijastros Neville, tanto el joven John como Meg Neville, a la vez que para su primita Mary Woodhull, nieta del baron Parr de Horton. Otras personas cercanas a ella, como por ejemplo Elizabeth Oxenbridge, Lady Tyrwhitt, corrieron la misma suerte. Era evidente que había que favorecer a damas que, por sí mismas, tenían mucho peso en la corte: Katherine Willoughby duquesa de Suffolk, Anne Stanhope lady Hertford, o Jane Guildford lady Dudley. Pero, en resumen, muchos del entorno Parr se hallaron de pronto en posiciones que no se les hubieran sido facilitadas excepto por obra y gracia de aquella boda de Katherine.

El círculo de la reina era muy evidentemente reformista, lo que cualquier buen católico de entonces hubiese catalogado de "nido de herejes". Katherine no ocultaba su posición reformista, aunque no se mostrase tan abiertamente luterana como, por ejemplo, su tocaya Katherine duquesa de Suffolk (y no dejaba de resultar irónico, teniendo en cuenta que las madres de ambas, Maude Parr y María de Salinas, habían sido buenas damas católicas de la buena reina católica Catalina de Aragón). De hecho, Katherine duquesa de Suffolk era más provocadora en sus manifestaciones que Katherine Parr: llegó a llamar a un perrito Gardiner, por el obispo conservador Gardiner, sólo por darse el gusto de hacerle saltar y sentarse cuando a ella le apeteciese divertirse un poco.

Pero todo esto no debe pasar por alto el hecho de que era una corte brillante y entretenida. Quizá Katherine fuese muy dada a la lectura y al debate teológico, pero no era, para entendernos, ninguna siesa. Le encantaban las flores e insistía en que sus aposentos estuviesen siempre profusamente adornados. Le gustaban las telas lujosas, que importaba alegremente desde Amberes. Ella misma realizaba unos bordados de una exquisitez indubable mientras la entretenían sus músicos y sus bufonas. Entre sus músicos preferidos, figuraba el gran Thomas Tallis, lo cual dice mucho de su excelente gusto. En conjunto, Katherine era una auténtica reina de su tiempo, que disfrutaba, y no poco, de las ventajas que le confería su posición. Simultáneamente, igual que seguía patrocinando con generosa solicitud a sus hijastros Neville, se preocupó por mantener las mejores relaciones con los hijos de Enrique, que encontraron en ella una "madre" considerada y atenta, presta a ocuparse de ellos y a colmarles de obsequios. Lady María, por ejemplo, llevaba años disponiendo de aposentos en los distintos palacios reales, pero fue gracias a la intervención de Katherine que lady Elizabeth logró su serie de habitaciones en Greenwich y en Whitehall, contiguas a las de la mismísima soberana. La misma facilidad con la que antaño había transmitido calidez y confianza a Meg Neville fue ahora empleada especialmente en Elizabeth Tudor. Posteriormente, al círculo de la reina Katherine llegaría otra jovencita, lady Jane Grey, hija de lady Frances Brandon y del marqués de Dorset, que también se beneficiaría de aquella benevolencia.


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 Asunto: Re: ANA DE CLEVES Y CATHERINE HOWARD
NotaPublicado: 05 Abr 2019 19:13 
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¡Claro que sí! #TeamKatherineParr all the way! O al menos, hasta que enviuda... su comportamiento como tutora de Elizabeth dejó bastante que desear, quiero creer que esa mujer se relajó de más, porque entre nos, parece que hablaremos de otra persona. :thumbdown:

Katharine se casó para desempeñar el papel de enfermera, lectora, a todas vistas esto fue un «matrimonio blanco», Enrique a esa altura a duras penas se podía mover. Y creo que eso pesó en su decisión, como en sus bodas posteriores, comercialmente era una buena decisión. Por supuesto que se metía en un nido de víboras, vamos que transitar por esa corte era cual jugar a la ruleta rusa, más siendo mujer. Pero insisto, jugó muy bien sus cartas.

Me hizo reír mucho el comentario de Anna, no lo negaré. :lol:

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 Asunto: Re: ANA DE CLEVES Y CATHERINE HOWARD
NotaPublicado: 08 Abr 2019 12:35 
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Konradin escribió:
Me hizo reír mucho el comentario de Anna, no lo negaré. :lol:


Es que Ana, ahí, estuvo sembrada.
Creo que Ana tenía por un lado listeza y por otro lado viveza de espíritu. Opinión enteramente subjetiva, claro. Le había machacado criarse "a la distancia de un codo" de su muy pacata madre, pero ya divorciada a la inglesa empezó a espabilarse. Precisamente, por cierto, María de Jülich-Berg murió a finales de agosto de 1543, cuando ya Enrique se había casado con Katherine Parr (recuerdo: fue el 12 de julio). Quizá se muriese con el sentimiento de no haber logrado impedir el matrimonio británico de su hija Ana, un evento al que ella, a tenor de los coetáneos, no había sido nada proclive. Pero, en última instancia, podría estar orgullosa de lo bien que se manejaba Ana en un país lejano dónde no contaba con ningún respaldo efectivo.

Katherine debió sufrir un tanto, al cabo de unos años, cuando cundieron por la corte rumores en el sentido de que Thomas Seymour aspiraba bien a la mano de Ana de Cleves, bien a la mano de la mismísima lady María. Eso sí que tuvo que resultar duro, en el aspecto sentimental, para Katherine, atada a su matrimonio "por deber" con el rey Enrique VIII mientras conservaba en su corazón la imagen rampante de sir Thomas Seymour.


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 Asunto: Re: ANA DE CLEVES Y CATHERINE HOWARD
NotaPublicado: 08 Abr 2019 13:38 
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Katherine Parr, retrato.


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Joely Richardson como Katherine Parr.


Después de la muy joven, retozona, caprichosa y atolondra Catherine Howard, resultaba, quizá, un gran alivio encontrarse con una nueva reina madura, responsable, que se tomaba con mucha seriedad su posición y sus obligaciones, que no íba a salirse del recto camino. Paradojicamente, el único peligro que rondaría a Katherine Parr sería de índole religiosa...por "pasarse" de reformista. En este aspecto, conviene recordar que la corte británica seguía siendo, básicamente, una corte católica; apartada de la obediencia al Papa de Roma, sí, y habiendo establecido con firmeza la supremacía del rey sobre la Iglesia de Inglaterra, pero todavía católica. Los católicos conservadores vivían, eso sí, en constante pugna con los reformistas, y entre los reformistas existían aquellos que podían considerarse (muy prudentemente) moderados y aquellos que cada vez adoptaban unas convicciones y unos modos de vivir la religión claramente protestantes. Esto último todavía resultaba -y resultaría por un tiempo- ser "peligroso". El terreno religioso era, por decirlo finamente, muy resbaladizo en esos años concretos.

Enrique y Katherine eran, formalmente, católicos, y, de hecho, tiene su miga el que su matrimonio lo oficiase el conservador obispo Gardiner, en vez del reformista obispo Cranmer. Para hacerse una idea del ambiente general, conviene tener en cuenta toda clase de detalles, que, en su conjunto, arrojan cierta idea de ambigüedad, confusión y contradicción.

Para Enrique, Katherine representaba la reina fiable, en cuyo carácter sosegado y evidente buen juicio podía "descansar". La confianza en la plena capacidad de obrar adecuadamente de Katherine por parte de Enrique recuerda, en gran medida, a la que, antaño, había depositado en Catalina de Aragón. Pero Catalina de Aragón, recuérdese, era hija de dos grandes soberanos: Fernando de Aragón e Isabel de Castilla. Tenía su lógica visualizar en ella las hechuras no solamente de una buena consorte, sino también de una eventual regente. Katherine Parr, no obstante, resulta, por sus antecedentes, menos "previsible" de antemano en ese rol.

Cuando Enrique, en 1544, se embarcó en su última campaña bélica francesa a partir de julio, Katherine fue elevada a la categoría de regente. La verdad es que, en un ámbito de relaciones exteriores y en el aspecto militar, 1544 no estaba siendo en absoluto un buen año para Enrique: los escoceses, que tenían de regente a la formidable María de Guise, habían logrado frenar a los ingleses, infligiéndoles una notable derrota, nada más estrenada la primavera, en Ancrum Moor. Aprovechando la ocasión, los franceses se decidieron a tomarse la revancha por la pérdida, tiempo atrás, de Bologne, navegando con una poderosa flota para tomar la isla de Wight, fantástica base desde la cual lanzar una invasión de Inglaterra. Enrique VIII, achacoso como estaba, tuvo que viajar, llevando consigo a Katherine, hasta Portsmouth. Se trataba de supervisar personalmente el sistema defensivo que se había organizado y se insuflar moral a sus tropas, claro.

El 9 de julio, cuatro días después, Enrique observó, con una terrible impotencia, el hundimiento en las aguas del Solent de su buque de guerra favorito, el "Mary Rose". El "Mary Rose" se había construído entre 1509 y 1511: algunos decían que llevaba el nombre "Mary" en honor a la mismísima Virgen, otros aseguraban que se trataba de un tributo de Enrique la hermana pequeña que había querido tanto Mary Tudor, reina de Francia, duquesa de Suffolk; el Rose, no obstante, constituía un orgulloso recordatorio de la rosa de los Tudor. El navío significaba mucho, en términos emocionales, para Enrique, que, en un aspecto práctico, se enorgullecía de que pudiese albergar más de quinientos hombres listos para combate y que dispusiese de entre sesenta y ochenta cañones.

Se calcula que unos 700 hombres se hundieron con el "Mary Rose" en plena refriega con los buques franceses en aquel estuario del Solent. Pocos de esos setecientos hombres lograron mantenerse a flote y nadar hasta ser rescatados por otros navíos británicos: la mayoría se ahogaron, clamando en vano por un auxilio que no se les pudo proporcionar. Los gritos de los que íban a morir alcanzaban la costa y, por tanto, los oídos del horrorizado rey Enrique. Sus barcos habían conseguido mantener a raya a los barcos franceses, pero no fue posible evitarse el desastre del "Mary Rose" ni una serie de incursiones rápidas de los franceses en diferentes puertos del condado de Suffolk, que provocaron una oleada de pánico entre la población.

En ese escenario bélico, mientras Enrique trataba de recuperar la iniciativa, Katherine quedó en casa investida de los poderes de una regente, a la vez que se le otorgaban las lucrativas mansiones de Hanworth, Mortlake y Chelsea. La asistían personas "en cuyo honor se podía confiar": el propio tío de la soberana, lord Parr de Horton; sir Edward Seymour, lord Hertford, tío carnal del heredero del trono y el obispo -reformista- Cranmer. Katherine podía apoyarse en ellos, para mantener la situación bajo control y no perder ni un instante la comunicación, fluída, con lord Shrewsbury. entonces guardián de las Marcas Escocesas. La reina dictó, al menos, cinco provisiones, lo que refleja que se mantuvo atenta y activa en cada momento. Hubo una sensación de respeto general hacia la reina Katherine -similar al que, otrora, se le había tributado a la reina Catalina de Aragón-. Para cuando Enrique firmó la paz con Francia, comprometiéndose a devolver Bologne a cambio de una fuerte suma de dinero, su esposa estaba en condiciones de recibirle con la cabeza bien alta tras haberle salido al encuentro en el castillo de Leeds en Kent.

Y una vez más dice mucho de Katherine que, entre tanto, hubiese seguido desempañando su papel de "madre". Su buena relación con lady María nunca se había visto comprometida, pero, obviamente, con quienes Katherine pudo establecer vínculos de naturaleza maternal fue con los menores: lady Elizabeth y el príncipe Edward. Por cuestiones de edad, lady Elizabeth no recordaba a Jane Seymour, la que había reemplazado a su propia madre decapitada Ana Bolena; había tenido la alegría de ser tratada con cariño siempre por la efímera madrastra y luego tía postiza Ana de Cleves y, al parecer, había sido ignorada ampliamente por Catherine Howard, pese al vínculo de sangre entre ambas. Katherine Parr fue la que se ocupó de que lady Elizabeth, en edad muy sensible, dispusiese de habitaciones adyacentes a las suyas propias tanto en Whitehall como en Greenwich. En ausencia de Enrique, Katherine no sólo había supervisado la educación de los -precoces- lady Elizabeth y Edward, sino que había tomado previsiones relativas a asegurar la salud de todos: cuando se produjo un brote de peste en Londres, tardó nada y menos en desplazarse con sus hijastros al castillo de Oakham, en el que tendrían como anfitriona a la condesa de Rutland. Katherine no dejaba, por tanto, nada al azar: era organizada, previsora y sensata.


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 Asunto: Re: ANA DE CLEVES Y CATHERINE HOWARD
NotaPublicado: 08 Abr 2019 14:49 
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Uy, que se me había pasado introducir también a Deborah Kerr, "mi" Deborah Kerr, en el papel de Katherine Parr...

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