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 Asunto: Re: MARGHERITA, PRIMERA REINA DE ITALIA.
NotaPublicado: 18 Dic 2014 18:53 
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Ubicación: Gijón. Principado de Asturias.
Me temo que vengo a desmontar el mayor mito que existe en torno a Margarita: el de la pizza. No le sirvieron una, sino tres, y dudo mucho que ni las probase habida cuenta de que la pizza napolitana tenía fama de propagar el cólera, enfermedad que tuvo mucho que ver con este asunto.

Aprovechando el momento de relax me he enfrascado en la lectura del muy interesante libro Delizia! La historia épica de la comida italiana de John Dickie. En realidad, será el regalo de reyes de mi madre pero he aprovechado a leerlo antes de empaquetarlo. Lejos de lo que yo esperaba no es un recetario de platos italianos con un poco de ensayo, en realidad es más ensayo con alguna que otra (pocas en realidad) receta. Y doy gracias por ello… ¡es fabuloso! Desde una muy evocadora descripción del banquete nupcial de Hércules de Este, heredero del duque de Ferrara, con la princesa Renata de Francia el 24 de enero de 1529 a cómo las delicias que preparaba el cocinero Bartolomeo Scappi condicionaron la difícil elección del papa Julio III en 1550, pasando por la afición de Fernando IV por los macarrones que comían los desarrapados de la ciudad, lo que le ayudó a salvar la brecha entre los extremos de la sociedad y convirtió a la plebe en su máximo apoyo.

Pero a lo que iba yo: la pizza. La pizza viene de la pitta griega y la pide turca, uno más entre los muchos panes planos mediterráneos. A saber: un trozo plano de masa salpicado de grasa o aceite y cocinado rápidamente en un horno caliente. La cosa se complica porque la pizza napoletana, de toda la vida desde la Edad Media, era un pastel dulce de almendras y no sabemos en qué momento se empezó a identificar con lo que en otras partes de Italia se llamaba focaccia. En cualquier caso una de las primeras referencias a la pizza “moderna” la encontramos en los cuadernos de viaje de Alejandro Dumas (padre) en 1830, que por cierto al igual que la mayoría de los italianos hasta después de la II Guerra Mundial la consideraba una comida asquerosa, mugre grasienta, propia de los más indigentes dentro de las clases pobres.

Como esa primera referencia no es muy halagadora, los italianos se aferran más a la historia de Margarita: en junio de 1889 la reina visita Nápoles y, ansiosa por probar lo que come su pueblo, pide al pizzaiolo Rafael Expósito que le prepare una pizza. El pobre hombre debió quedar muy impresionado al cambiar su mísero local en el Barrio Español por las cocinas del palacio de Capodimonte, pero el caso es que preparó TRES pizzas: una sólo con aceite (la verdaderamente popular), una con boquerones (para los un poco más pudientes pescadores) y una de su invención con tomate, mozzarella y un par de hojas de albahaca desmenuzadas (versión pija que jamás un pobre napolitano había olido ni de cerca, ni tenía medios para oler) Al parecer fue esa la que prefirió la reina y por eso se le puso su nombre.

Peeero… resulta que no existen referencias al experimento de la reina con la pizza en ningún medio de prensa de la época y la antigua pizzería, hoy Casa Brandi, sólo puede exhibir este documento:

Casa de su Majestad Capodimonte, 11 de junio de 1889

Cuerpo de Inspectores

Apreciado señor Raffaele Esposito. Le confirmo que las tres clases de pizza que preparó usted para Su Majestad resultaron deliciosas.

Su más devoto sirviente,
Galli Camillo, Jefe de Servicios de Mesa de la Casa Real
.

O sea, que ni Margarita eligió la que lleva su nombre, ni el pizzero pudo atestiguar que la reina realmente se llevara un pedazo a la boca. Probablemente no se atrevió. En 1884, la periodista napolitana Matilde Serao decía que la pizza era una masa densa que se quema pero no se cuece, cargada de tomate casi crudo, ajo, pimiento y orégano, que se preparaba en gran cantidad por la noche y se vendía en mesas portátiles por las esquinas a lo largo del día. La pizza se congelaba de frío o se volvía amarilla por el sol y era pasto de las moscas. La pizza provocaba aversión a los propios napolitanos porque el problema de la pizza, y de la ciudad, era el cólera.

El cólera es… horrible (la siguiente descripción puede herir la sensibilidad de los foreros más delicados) La bacteria Vibrio cholerae está presente en la comida y el agua contaminadas por excrementos humanos; cuando se ingiere queda adherida a la pared del intestino. En ese momento, el sistema inmunológico del cuerpo la ataca y por desgracia causa su disgregación por el resto del aparato digestivo. La toxina invierte el flujo normal a través de la pared intestinal y comienzan las diarreas sanguinolentas. Si eres afortunado, sufrirás un colapso instantáneo y mortal. Si no, tu cuerpo queda reducido a un esqueleto pálido en pocas horas y la muerte sobreviene entre respiraciones violentas, vómitos, diarrea, escalofríos, una sed agónica, paroxismos de dolor abdominal y retorcimiento incontrolable del cuerpo a causa de espasmos musculares. El tormento es mayor por el hecho de que permaneces consciente y mentalmente alerta durante todo el proceso. A menudo las víctimas de cólera siguen retorciéndose un rato después de morir. Espeluznante…

El cólera apareció en Europa en 1830 desde la India y debió causar el mismo pavor que siglos antes la peste negra. Los médicos italianos desconocían cuál era su causa ni por qué Nápoles era tan vulnerable. Con casi medio millón de habitantes, Nápoles era la ciudad más poblada de Italia y la más abarrotada de Europa; 130.000 personas por kilómetro cuadrado en el Barrio Español, la parte baja de la ciudad, “el vientre de Nápoles” en el que nadie se adentraba sin ir armado. Familias enteras con sus animales en diminutas habitaciones donde no cabían acostados, ocho pocilgas como esa alrededor de patios del tamaño de un pañuelo entre callejuelas estrechas a donde nunca llegaba el sol. Sin cañerías, ni tuberías, ni alcantarillas, las letrinas se desbordaban y se filtraban a los pozos y depósitos de agua. Nadie cocinaba en ellas, los pobres se alimentaban por un soldo en la calle: una porción de pizza o unos buñuelos de repollo y anchoas. Unas desgraciadas condiciones de vida y dieta que eran el paraíso del cólera (los jugos gástricos de un estómago saludable matan la bacteria) Según dijo Mark Twain en 1867: Ver Nápoles y morir. El cólera mata a los napolitanos porque antes de que el médico consiga abrirse paso entre la suciedad para llegar al enfermo, este ya ha perecido.

Y llegamos al otoño de 1884 y la epidemia se extendió tanto que murieron 7.000 personas en un mes, 150.000 huyeron de la ciudad y las hogueras de sulfuro que supuestamente purificaban el aire mataron a cientos de habitantes por las dificultades para respirar. Se impuso el pánico y la ira y los rumores decían que la enfermedad había sido creada por el gobierno para acabar con los pobres. Europa contemplaba Italia con horror y The Times los describía como un pueblo ignorante y supersticioso abrumado por la tristeza y el miedo. Nápoles se convirtió en la desgracia de la Humanidad.

Y por fin el rey Humberto tomó la iniciativa y llegó a la ciudad en persona. Para ser un tipo famoso por ser insípido y falto de luces la medida fue muy astuta y muy muy valiente. Se enfrentó al cólera y al tumulto popular, su fama creció, apaciguó nervios y dio esperanzas a la población. Visitó hospitales, atendió peticiones y se paseó por los barrios más pobres. Y el rey dijo: ¡Nápoles debe ser destripada! Se demolieron edificios, se construyeron nuevos barrios limpios y aireados y apareció el Corso Umberto, el largo bulevar que atraviesa el corazón de la epidemia de 1884. En junio de 1889 el rey regresó a Nápoles para inaugurar las nuevas obras, esta vez iba acompañado de la reina… y ella “probó” la pizza para demostrar a la ciudad que el cólera era cosa del pasado.

Los napolitanos tienen fama de impresionables y la valentía de Humberto y el gesto de la reina no pasaron desapercibidos. La reina, rubia, franca y afable, se convirtió en el personaje más querido y en el modelo para las mujeres italianas por ser ejemplo de belleza, elegancia, caridad… y sobre todo higiene. Palabra ésta muy de moda que abarcaba desde lavarse y practicar ejercicio hasta seguir una dieta adecuada. Según los rumores, Margarita equilibraba higiénicamente lo que comía y prefería pollo y aves de caza, arroz, verduras hervidas, huevos y productos lácteos, con helado y café como capricho ocasional. Todo calculado para no alterar la digestión. Incluso en las cenas de Estado era modesta y tomaba consomé, un par de hors d’oeuvres, dos primeros platos, un sorbete, un asado, verdura y entremeses.

Evidentemente el suministro de agua de Nápoles había mejorado entre la epidemia de 1884 y la visita real de 1889 pero dudo mucho que la Reina de la Higiene tuviera el valor de probar la pizza, que los propios napolitanos consideraban repugnante y letal. Su gesto al aprobar el plato más pobre del país tenía un sentido político y humano, algo como cuando Lady Diana abrazó a un paciente de Sida en 1987. La pizza no se convirtió en el plato estrella de la identidad italiana hasta 1960 y sólo gracias a los italoamericanos.

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La expresión suprema de la belleza es la sencillez.
Alberto Durero.


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 Asunto: Re: MARGHERITA, PRIMERA REINA DE ITALIA.
NotaPublicado: 18 Dic 2014 19:00 
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Me ha encantado este libro sin haberlo leído todavía. Gracias, Iselen. Creo que me lo regalaré a mí mismo cuanto antes. (love) (love) (love)


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 Asunto: Re: MARGHERITA, PRIMERA REINA DE ITALIA.
NotaPublicado: 18 Dic 2014 19:02 
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Oh es fabuloso. Incluso la última parte sobre los hábitos alimenticios del Duce y la época fascista, la emigración, etc resultan muy interesantes porque desmontan grandes mitos de la cocina italiana. No sabes qué disgusto cuando me enteré de que el Molino Blanco no era auténtico :XD:

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 Asunto: Re: MARGHERITA, PRIMERA REINA DE ITALIA.
NotaPublicado: 18 Dic 2014 19:32 
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Ay, se me ha caído un mito...A lo de la pizza Margarita, me refiero, jajajajaja.

Ise, el tuyo ha sido un d: d: d: en toda regla :cheerleader: :cheerleader:


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 Asunto: Re: MARGHERITA, PRIMERA REINA DE ITALIA.
NotaPublicado: 18 Dic 2014 19:51 
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Pues prepárate para otro mito caído. La pasta seca es un invento árabe, de cuando los musulmanes estaban en Sicilia. El cronista al-Idrisi documentó tagliatelle en la corte del normando Roger II y se exportaba por todo el Mediterráneo. Marco Polo no trajo nada de China, de hecho no estuvo nunca en China. Llegó a Mongolia y el resto lo contó de oídas por rumores de comerciantes de ese país.

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 Asunto: Re: MARGHERITA, PRIMERA REINA DE ITALIA.
NotaPublicado: 14 Oct 2017 22:55 
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Iselen escribió:
Me temo que vengo a desmontar el mayor mito que existe en torno a Margarita: el de la pizza. No le sirvieron una, sino tres, y dudo mucho que ni las probase habida cuenta de que la pizza napolitana tenía fama de propagar el cólera, enfermedad que tuvo mucho que ver con este asunto.

Aprovechando el momento de relax me he enfrascado en la lectura del muy interesante libro Delizia! La historia épica de la comida italiana de John Dickie. En realidad, será el regalo de reyes de mi madre pero he aprovechado a leerlo antes de empaquetarlo. Lejos de lo que yo esperaba no es un recetario de platos italianos con un poco de ensayo, en realidad es más ensayo con alguna que otra (pocas en realidad) receta. Y doy gracias por ello… ¡es fabuloso! Desde una muy evocadora descripción del banquete nupcial de Hércules de Este, heredero del duque de Ferrara, con la princesa Renata de Francia el 24 de enero de 1529 a cómo las delicias que preparaba el cocinero Bartolomeo Scappi condicionaron la difícil elección del papa Julio III en 1550, pasando por la afición de Fernando IV por los macarrones que comían los desarrapados de la ciudad, lo que le ayudó a salvar la brecha entre los extremos de la sociedad y convirtió a la plebe en su máximo apoyo.

Pero a lo que iba yo: la pizza. La pizza viene de la pitta griega y la pide turca, uno más entre los muchos panes planos mediterráneos. A saber: un trozo plano de masa salpicado de grasa o aceite y cocinado rápidamente en un horno caliente. La cosa se complica porque la pizza napoletana, de toda la vida desde la Edad Media, era un pastel dulce de almendras y no sabemos en qué momento se empezó a identificar con lo que en otras partes de Italia se llamaba focaccia. En cualquier caso una de las primeras referencias a la pizza “moderna” la encontramos en los cuadernos de viaje de Alejandro Dumas (padre) en 1830, que por cierto al igual que la mayoría de los italianos hasta después de la II Guerra Mundial la consideraba una comida asquerosa, mugre grasienta, propia de los más indigentes dentro de las clases pobres.

Como esa primera referencia no es muy halagadora, los italianos se aferran más a la historia de Margarita: en junio de 1889 la reina visita Nápoles y, ansiosa por probar lo que come su pueblo, pide al pizzaiolo Rafael Expósito que le prepare una pizza. El pobre hombre debió quedar muy impresionado al cambiar su mísero local en el Barrio Español por las cocinas del palacio de Capodimonte, pero el caso es que preparó TRES pizzas: una sólo con aceite (la verdaderamente popular), una con boquerones (para los un poco más pudientes pescadores) y una de su invención con tomate, mozzarella y un par de hojas de albahaca desmenuzadas (versión pija que jamás un pobre napolitano había olido ni de cerca, ni tenía medios para oler) Al parecer fue esa la que prefirió la reina y por eso se le puso su nombre.

Peeero… resulta que no existen referencias al experimento de la reina con la pizza en ningún medio de prensa de la época y la antigua pizzería, hoy Casa Brandi, sólo puede exhibir este documento:

Casa de su Majestad Capodimonte, 11 de junio de 1889

Cuerpo de Inspectores

Apreciado señor Raffaele Esposito. Le confirmo que las tres clases de pizza que preparó usted para Su Majestad resultaron deliciosas.

Su más devoto sirviente,
Galli Camillo, Jefe de Servicios de Mesa de la Casa Real
.

O sea, que ni Margarita eligió la que lleva su nombre, ni el pizzero pudo atestiguar que la reina realmente se llevara un pedazo a la boca. Probablemente no se atrevió. En 1884, la periodista napolitana Matilde Serao decía que la pizza era una masa densa que se quema pero no se cuece, cargada de tomate casi crudo, ajo, pimiento y orégano, que se preparaba en gran cantidad por la noche y se vendía en mesas portátiles por las esquinas a lo largo del día. La pizza se congelaba de frío o se volvía amarilla por el sol y era pasto de las moscas. La pizza provocaba aversión a los propios napolitanos porque el problema de la pizza, y de la ciudad, era el cólera.

El cólera es… horrible (la siguiente descripción puede herir la sensibilidad de los foreros más delicados) La bacteria Vibrio cholerae está presente en la comida y el agua contaminadas por excrementos humanos; cuando se ingiere queda adherida a la pared del intestino. En ese momento, el sistema inmunológico del cuerpo la ataca y por desgracia causa su disgregación por el resto del aparato digestivo. La toxina invierte el flujo normal a través de la pared intestinal y comienzan las diarreas sanguinolentas. Si eres afortunado, sufrirás un colapso instantáneo y mortal. Si no, tu cuerpo queda reducido a un esqueleto pálido en pocas horas y la muerte sobreviene entre respiraciones violentas, vómitos, diarrea, escalofríos, una sed agónica, paroxismos de dolor abdominal y retorcimiento incontrolable del cuerpo a causa de espasmos musculares. El tormento es mayor por el hecho de que permaneces consciente y mentalmente alerta durante todo el proceso. A menudo las víctimas de cólera siguen retorciéndose un rato después de morir. Espeluznante…

El cólera apareció en Europa en 1830 desde la India y debió causar el mismo pavor que siglos antes la peste negra. Los médicos italianos desconocían cuál era su causa ni por qué Nápoles era tan vulnerable. Con casi medio millón de habitantes, Nápoles era la ciudad más poblada de Italia y la más abarrotada de Europa; 130.000 personas por kilómetro cuadrado en el Barrio Español, la parte baja de la ciudad, “el vientre de Nápoles” en el que nadie se adentraba sin ir armado. Familias enteras con sus animales en diminutas habitaciones donde no cabían acostados, ocho pocilgas como esa alrededor de patios del tamaño de un pañuelo entre callejuelas estrechas a donde nunca llegaba el sol. Sin cañerías, ni tuberías, ni alcantarillas, las letrinas se desbordaban y se filtraban a los pozos y depósitos de agua. Nadie cocinaba en ellas, los pobres se alimentaban por un soldo en la calle: una porción de pizza o unos buñuelos de repollo y anchoas. Unas desgraciadas condiciones de vida y dieta que eran el paraíso del cólera (los jugos gástricos de un estómago saludable matan la bacteria) Según dijo Mark Twain en 1867: Ver Nápoles y morir. El cólera mata a los napolitanos porque antes de que el médico consiga abrirse paso entre la suciedad para llegar al enfermo, este ya ha perecido.

Y llegamos al otoño de 1884 y la epidemia se extendió tanto que murieron 7.000 personas en un mes, 150.000 huyeron de la ciudad y las hogueras de sulfuro que supuestamente purificaban el aire mataron a cientos de habitantes por las dificultades para respirar. Se impuso el pánico y la ira y los rumores decían que la enfermedad había sido creada por el gobierno para acabar con los pobres. Europa contemplaba Italia con horror y The Times los describía como un pueblo ignorante y supersticioso abrumado por la tristeza y el miedo. Nápoles se convirtió en la desgracia de la Humanidad.

Y por fin el rey Humberto tomó la iniciativa y llegó a la ciudad en persona. Para ser un tipo famoso por ser insípido y falto de luces la medida fue muy astuta y muy muy valiente. Se enfrentó al cólera y al tumulto popular, su fama creció, apaciguó nervios y dio esperanzas a la población. Visitó hospitales, atendió peticiones y se paseó por los barrios más pobres. Y el rey dijo: ¡Nápoles debe ser destripada! Se demolieron edificios, se construyeron nuevos barrios limpios y aireados y apareció el Corso Umberto, el largo bulevar que atraviesa el corazón de la epidemia de 1884. En junio de 1889 el rey regresó a Nápoles para inaugurar las nuevas obras, esta vez iba acompañado de la reina… y ella “probó” la pizza para demostrar a la ciudad que el cólera era cosa del pasado.

Los napolitanos tienen fama de impresionables y la valentía de Humberto y el gesto de la reina no pasaron desapercibidos. La reina, rubia, franca y afable, se convirtió en el personaje más querido y en el modelo para las mujeres italianas por ser ejemplo de belleza, elegancia, caridad… y sobre todo higiene. Palabra ésta muy de moda que abarcaba desde lavarse y practicar ejercicio hasta seguir una dieta adecuada. Según los rumores, Margarita equilibraba higiénicamente lo que comía y prefería pollo y aves de caza, arroz, verduras hervidas, huevos y productos lácteos, con helado y café como capricho ocasional. Todo calculado para no alterar la digestión. Incluso en las cenas de Estado era modesta y tomaba consomé, un par de hors d’oeuvres, dos primeros platos, un sorbete, un asado, verdura y entremeses.

Evidentemente el suministro de agua de Nápoles había mejorado entre la epidemia de 1884 y la visita real de 1889 pero dudo mucho que la Reina de la Higiene tuviera el valor de probar la pizza, que los propios napolitanos consideraban repugnante y letal. Su gesto al aprobar el plato más pobre del país tenía un sentido político y humano, algo como cuando Lady Diana abrazó a un paciente de Sida en 1987. La pizza no se convirtió en el plato estrella de la identidad italiana hasta 1960 y sólo gracias a los italoamericanos.


d: d:

Mito caido. En mi familia somos mitad italianos por via materna. Esta historia de la pizza y la reina Margarita yo siempre me la crei desde que me lo contaron mi abuelo y mi abuela.. :-/


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 Asunto: Re: MARGHERITA, PRIMERA REINA DE ITALIA.
NotaPublicado: 15 Oct 2017 19:58 
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Me pasa como a tí Ragnar, siempre me creí esa historia, pero es cierto que lo que cuenta Iselen es fascinante. De todas maneras, y por lo menos en EEUU, la pizza raya la comida basura y es el alimento de las clases más bajas, así que estamos un poco en la casilla de salida.

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 Asunto: Re: MARGHERITA, PRIMERA REINA DE ITALIA.
NotaPublicado: 15 Oct 2017 20:34 
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Registrado: 18 Jul 2017 20:24
Mensajes: 98
Ubicación: Valencia
Pues yo no es que sea muy de la Pizza, pero una que otra vez me como una..

Me gusto la historia de la reina Margarita, no conocia mucho de los Saboya en realidad.. Ni de donde vienen mucho menos, es para mi una de las casa reales mas desconocidas.


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