Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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NotaPublicado: 29 Mar 2009 15:49 
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Madre mia, que descuidado tengo mi tema preferido...pero veo que todos lo cuidais con mimo... :D
Tengo que sacar algún tiempo, pero no sé de donde... :?
Os dejo un enlace que me pareció muy bonito, gracias a Anabolena del Hispánico...

Casita de El Pardo: nuevo brillo para una joya.
Cerrada desde hace 18 años, los tres últimos para su restauración, la Casita del Príncipe de El Pardo abre de nuevo sus puertas el próximo 3 de abril. Joya única en el mundo por la riqueza de sus telas, fue un ensayo de Villanueva para la construcción del Prado y un casino de recreo para Carlos IV y su esposa Disminuir tamaño del textoAumentar tamaño del texto
Villanueva levantó el pabellón sobre una antigua casa gallinero y en él ensayó el uso de granito y ladrillo con que meses después construiría el Museo de El Prado
La Sala Pompeyana, neoclásica, reproduce arquitecturas romanas
La restauradora da las últimas pinceladas a la sobrepuerta del Gabinete de las Fábulas, cuya consola lleva iguales guirnaldas y las iniciales reales
Bordados del respaldo de una de las sillas del Comedor, aún rococó, que vuelve a ser azulsiguienteanterior1 de 5
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Apertura: Desde el próximo 3 de abril hasta septiembre, en grupos de 10 personas cada hora. Cierra por actos oficiales.

Pases: Viernes y sábado, de 10.30 a 16.30. Domingo, 10.30 a 13.30.

Tarifas: Básica (3,40), reducida (2,50) y mínima (1,70)

Concertar visitas: Tel. 91 3761500. Fax. 91 3761287VIRGINIA RÓDENAS Publicado Domingo, 29-03-09 a las 10:40
El 18 de diciembre de 1990, deteriorada por la humedad y huérfana de la estética y el sentido con que había sido concebida dos siglos antes, se cerraba «sine die» la puerta trasera de la Casita del Príncipe de El Pardo que, paradójicamente, había sido la exclusiva entrada por la que miles de viajeros habían penetrado en sus entrañas durante años, vetado el acceso natural, y principal, que es el que mira al Palacio Real, y al que le unía un paseo. Por eso, volver al casino de recreo del Príncipe de Asturias, que luego reinaría como Carlos IV, es, por obra y gracia de un impresionante trabajo de recuperación arquitectónico y artístico, viajar en el tiempo y regresar al siglo XVIII, exactamente a 1784, cuando la monarquía española disfruta del esplendor y la gloria de un reino que es aún primera potencia del mundo —España y Francia acaban de derrotar a Inglaterra y se ha reconocido la independencia de los Estados Unidos— y tanta plenitud se recoge en obras plásticas que ensalzan a la Corona como garante de la estabilidad, la paz y protección de todo bien público que se manifiesta en la defensa de las bellas artes, como apostilla el historiador José Luis Sancho.
Seguramente, El Pardo fue el Sitio Real favorito de Carlos III, donde vivía de Epifanía a Domingo de Ramos —la primavera en Aranjuez, el verano en San Ildefonso, el otoño en el Escorial y el invierno compartido con Madrid—, y aunque su hijo Carlos fue también aficionado a la caza y a este lugar tanto como él, no despertaba el mismo entusiasmo en la esposa y prima del Príncipe, María Luisa de Parma, que se aburría soberanamente en él mientras su esposo y su suegro se entregaban a la pasión cinegética, por otra parte, tan ligada a los Borbones y a estos bosques de encinas de Madrid plagados de cérvidos, jabalíes y conejos.
Precisamente, fue por expreso deseo de la Princesa que se mandó construir en ese glorioso 1784 este pabellón —las obras de decoración durarían hasta 1791— sobre una antigua casa gallinero, con el objeto de que si debía pasar allí el día, que al menos fuera sin las formalidades del protocolo de la Corte. Y no sólo, porque para el futuro Rey la edificación de esta casa constituyó un pasatiempo estético —como lo fueron las Casitas de El Escorial o la del Labrador de Aranjuez—, siguiendo la tendencia marcada por sus primos de la familia real francesa. Porque no se trata de hacer casas para vivir, sino de crear «escenarios para la felicidad», con decoraciones exquisitas, en parajes apartados, pero cercanos a los palacios reales, donde privadamente disfrutar de almuerzos, veladas musicales y festejos.
De esta manera, ir al encuentro de la arquitectura de Juan de Villanueva, tal y como concibió la Casa de El Pardo, es un descubrimiento. Y lo hacemos dando un pequeño rodeo por una flamante zona ajardinada que nos lleva al punto de arranque en el mismo eje con el Palacio para penetrar por la exedra original, que se ha saneado y reforzado su forma semicircular con una nueva plantación de árboles. Toparnos por primera vez con la fachada principal del edificio, de un solo piso de planta rectangular, dividido en cuerpo central sobresaliente y dos alas laterales, es darnos de bruces con un Museo del Prado en versión reducida, con su mismo pórtico y sus columnas jónicas, pero coronado con el escudo con la cifra del nombre de quien por entonces ya era Carlos IV. Según me cuenta el arquitecto de Patrimonio Nacional, Luis Pérez de Prada, que firma el proyecto de restauración arquitectónica con Pedro Moleón, lo que singulariza y da trascendencia especial a la Casita de El Pardo dentro de la obra de Villanueva es la presencia del granito y el ladrillo en su fachada, combinación que ensaya por primera vez aquí y que después lleva a su mejor edificio —el Museo—, proyectado cuatro meses después de concluir la obra de fábrica de la Casita y a la vista de su resultado, espléndido de nuevo tras las numerosas acometidas.
Porque Pérez de Prada y todo el equipo de Arquitectura que dirige Elisenda Galcerán han tenido que combatir los problemas derivados de omisiones de Villanueva —nadie es perfecto—, forzadas tal vez por la premura en la construcción —un año—, y de donde nacieron los graves problemas de la casa: no hay sótano ni ático, por lo que las humedades han atacado desde arriba y desde abajo, cuestión que parece no preocupaba a Villanueva, al que la decoración interior importaba un bledo.
Sin embargo, que esta Casita sea una joya única en el mundo se debe a la riqueza de los textiles que conserva en su interior y que permanecen, como un milagro, exactamente igual que cuando fueron colocados. Lourdes de Luis, jefe del servicio de Restauración de Patrimonio Nacional, y experta en telas, declara, sin atisbo de duda, que lo que hoy ven nuestros ojos no es posible verlo en ningún otro palacio de Europa. Además, con sólo caminar por las salas de izquierda a derecha estamos recorriendo la evolución estética que va desde el último rococó, de la Sala Comedor que hoy, decapado el blanco con que se repintó, vuelve a ser azul —el color original y preferido de María Luisa de Parma—, hasta el más puro neoclásico de la Saleta Pompeyana, al otro extremo de la planta, donde los bordados se inspiran en las estilizadas pinturas de arquitecturas que decoraban la Domus Aurea de Nerón en Roma.
«Esta casa, como la de El Escorial o Aranjuez, —explica la conservadora Pilar Benito— intenta recrear de una manera racional la naturaleza, de ordenarla, con esa idea muy ilustrada del XVIII. El diálogo entre el interior y el exterior es continuo, como se aprecia magníficamente en el Gabinete de las Fábulas, donde cada guirnalda encierra una de esas parábolas (la de la zorra y las uvas, la del león y el ratón...) siendo su único lenguaje el del mundo del campo. No se trata de dominar la naturaleza, sino de ordenarla para su máximo disfrute. Porque viniendo de Palacio, la Casa —no hablemos de “casitas” que es un invento contemporáneo, hace el inciso, sino de casas del Príncipe porque están mandadas construir por él— es una zona de paso hacia los montes y si vas hacia los lados, las ventanas —que también han vuelto a ser azules— te ofrecen ese encuentro con la naturaleza».
De las nueve estancias con que cuenta el palacete, todas excepto dos se adornaron con ricas colgaduras de seda. Las tres salas de menores dimensiones fueron vestidas con bordados españoles y franceses, siendo la del retrete —de caoba y que se conserva impecable— la única que ha perdido su adorno textil original, una colgadura bordada en sedas de colores sobre fondo blanco por el mejor bordador de cámara de la época, Juan López de Robredo. El resto, como nos va relatando en nuestro paseo Pilar Benito, se vistió con bellísimas telas servidas por la manufactura más relevante de Europa, establecida en Lyon por Camille Pernon y de la que también fueron clientes Catalina la Grande de Rusia y Napoleón. Sólo la pieza conocida como «de la Colgadura de Valencia» no tiene sedas galas, sino de la ciudad del Turia.
«Los pocos rastros documentales que se conocen de la sedería francesa proceden de las numerosas cartas que el diseñador Françoise Grognard, “agente comercial” de Pernon, le escribió a éste desde España. En ellas consta, por ejemplo, la dificultad de los bordados de la Saleta Pompeyana y cómo se solventó en parte pintando con acuarela sutiles sombreados perimetrales de los que el Rey se percató de inmediato y con los que se conformó ante la justificación de que si también eso se hubiera bordado habría retrasado mucho el encargo». Por cierto, que tras la decapitación de Luis XVI y María Antonieta, al fin y al cabo primos de los Reyes españoles, Grognard tuvo que salir de Madrid tras ordenarse la expulsión de los franceses como medida de protesta (y no menos de prevención).
Tejedores, esos matemáticos locos
Pero antes había servido para el Salón de Terciopelos las telas que hacen de la Casa de El Pardo una pieza exclusiva en la historia del tejido. Se trata de un terciopelo chiné a la rama, para cuya fabricación debió de ser tejido dos veces, primero en una tela normal donde se imprimiría el dibujo sobre la urdimbre que habría de ser retejida para hacer el terciopelo. Además, el dibujo debía deformarse a lo largo porque la tela se encoge seis veces y eso nos lleva a tal complicación que lo hace excepcional. «Los tejedores —me susurra Pilar Benito— son unos matemáticos locos con tantos pájaros en la cabeza que si se les cruza un cable te hacen una locura como ésta. Una locura maravillosa y única».
Y por si todo este escenario para la felicidad fuera poco, en las sillas de todas las salas se tejieron sedas adecuadas a la forma exacta de asientos, respaldos y cenefas; se decoró con frescos de Bayeu, Maella y Vicente Gómez, y estucos y relieves de Ferroni, y espejos, consolas y cornucopias lograron el soberbio «atrezzo» que recupera su esencia.
Porque hoy de nuevo, como lo veía Carlos IV, volvemos a ver desde la entrada principal, y a través de la trasera, la fuente del jardín —que con sumo esmero atiende, como todos los espléndidos jardines de El Pardo, el ingeniero Francisco Tomé—, aunque el edificio siga separado del parterre por la cicatriz terrible de la carretera. Allí, bajo el sol de la primavera recién nacida y mientras se dan los últimos toques a la restauración, no hay duda de que haber vuelto a la Casita de El Pardo es un chapuzón en la historia y ante todo un retorno a la belleza.
http://www.abc.es/20090329/cultura-arte ... 91040.html
Las fotos del reportaje....

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Gabinete de Las Fábulas
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Sala pompeyana
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Detalle
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NotaPublicado: 29 Mar 2009 15:51 
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Bordado silla del comedor. Detalle.
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NotaPublicado: 29 Mar 2009 16:14 
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Excelente, jane =D> =D> :thumbup:

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NotaPublicado: 03 Abr 2009 14:39 
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Un poquito más

La Casita del Príncipe tiene llave nueva
Reabre en El Pardo el edificio ideado por Juan de Villanueva para Carlos IV
RAFAEL FRAGUAS - Madrid - 03/04/2009


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Madrid recobra rehabilitada, visitable desde hoy, una joya arquitectónica y ornamental de primer orden, la Casita del Príncipe de El Pardo, que ha permanecido sellada al público desde hace 18 años. Ideada por Juan de Villanueva en 1784 para el futuro rey Carlos IV y su esposa, María Luisa de Parma, fue decorada durante 12 años. Es un edificio de 400 metros cuadrados de fábrica, en ladrillo y granito, con una sola planta de cinco metros de altura y cubierta emplomada, dos vestíbulos y siete estancias, todas ellas adornadas con profusión ornamental de exquisito gusto.

La noticia en otros webs
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Pinturas de Mariano Salvador Maella, Francisco Bayeu y Vicente López cubren sus techos abovedados; luminosos entelados y tapices alegóricos esmaltan suntuosamente sus estancias. Entre las piezas más valiosas que la Casita incluye se encuentra un salón -único superviviente en la historia de los textiles, según la especialista de Patrimonio Nacional Pilar Benito- tapizado con terciopelo chiné. "Se trata de una singularísima técnica que corrige ópticamente la obligada reducción del dibujo de su urdimbre con la ampliación de su trazado hasta seis veces", explica.

En fachadas, salones y sillerías se manifiesta el tránsito estilístico desde el Barroco tardío hacia el neoclasicismo. Juan de Villanueva, uno de los arquitectos madrileños con mayor proyección, aplicó a este palacete ritmos estéticos y cánones tectónicos en pequeña escala que, poco después, desplegaría con desenvoltura en el Museo del Prado, del que también fue autor, según Luis Pérez de Prada, arquitecto de Patrimonio Nacional.

La rehabilitación ha consistido en recuperar, mediante restauraciones precedidas por enjundiosas investigaciones de José Luis Sancho y Pedro Moleón, los elementos artísticos originales, algunos dañados por humedades a las que una atarjea perimetral de nueva hechura pondrá fin. La recuperación incluye, además, la reapertura y arbolado de los jardines que rodean la fachada principal; el solado de la calzada contigua; el rescate de una fuente histórica de cuatro caños y el renivelado de un parterre situado en el contorno cercano, axialmente unido a la Casita hoy separada de aquél por una carretera que cruza enfrente y que muere en el cementerio de El Pardo. La movilización de los mejores especialistas en albañilería, cantería, carpintería, jardinería, restauración y arquitectura de Patrimonio Nacional, con el patrocinio de la Fundación ACS, revierte a Madrid este compendio sustantivo de su legado histórico-artístico.


Casita del Príncipe. Pases en grupos de 10 personas: viernes y sábados, cada hora desde las 10.30 hasta las 13.30, más 15.30 y 16.30. Domingos y festivos, cada hora entre las 10.30 y las 13.30. Tarifas: básica, 3,40 euros; reducida: 2,50 euros; mínima, 1,70. Teléfono para concertar visitas: 913 761 500. Recogida de entradas en el Palacio Real de El Pardo y la propia Casita.
http://www.elpais.com/articulo/madrid/C ... mad_11/Tes
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NotaPublicado: 03 Abr 2009 15:07 
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Fabulosísima noticia, muchas gracias Jane ;)


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NotaPublicado: 03 Abr 2009 15:15 
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Como dice Alberto : "Fabulosa noticia" =D> =D> :thumbup: Gracias, jane ;)

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NotaPublicado: 03 Abr 2009 15:25 
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La verdad es que todo lo que se "recupere" o "rehabilite" es buena noticia...Nuestro patrimonio es riquísimo, pero tenemos que publicitarlo y sobre todo, cuidarlo....
¿Creeis que se podrían organizar actos públicos en la Casita del Príncipe? para mi sería fabuloso poderle dar utilidad a estas estancias...y con ella, publicidad... ;)


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NotaPublicado: 04 Abr 2009 15:19 
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Pues lo veo difícil Jane, creo que las visitas estarán restringidas, y por lo que he oído sólo hasta después de verano, no creo que hagan muchoas actos allí dado lo delicado de la decoración...aunque todo puede ser.


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NotaPublicado: 14 Abr 2009 18:41 
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Las campanadas saludaban ayer, en medio del temporal de nieve, el regreso de El martirio de san Sebastián a San Lorenzo de El Escorial, tras nada menos que doscientos años de forzada ausencia. Se trata de uno de los más codiciados lienzos del pintor flamenco Anton van Dyck (1599-1641). Y permaneció en la sala capitular del solemne monasterio madrileño, donde se atesoran sus mejores pinturas, entre 1656 y 1809.

Después, se perdió la pista del cuadro, un óleo sobre lienzo que representa con extremado dramatismo y belleza -la mirada de tristeza serena del mártir y la tensión y la rabia de sus verdugos- los preparativos para la ejecución del santo.

La peripecia de lo que acaecerá luego con este espléndido cuadro podría merecer un guión cinematográfico. En medio de la confusión creada por la ocupación militar de España por las tropas napoleónicas, el lienzo desapareció en 1809 tras su traslado desde la sala capitular del cenobio madrileño al Palacio Real.

Entonces fue inventariado por el sacerdote y bibliotecario Pablo Lorenzo. Pero el rastro del cuadro se perdió poco después. Se temió que hubiera sido expoliado por algún general de Napoleón, ocultado por parientes del valido en desgracia Manuel Godoy o vendido por el miembro de una saga de pintores. Pero hasta 1930, en que fue visto en una colección particular en la francesa Lyon, nada se supo del cuadro. "Se seguía su pista desde tiempo atrás", explica Yago Pico de Coaña, presidente de Patrimonio Nacional, organismo estatal responsable de la recuperación del tesoro flamenco. En 2000 fue vendido en Christie's de Londres. Y en diciembre de 2008, el Estado español compró el cuadro a la galería Weiss de la capital británica. Los seis millones de euros exigidos en un principio pasaron a 2,5 millones. "Patrimonio supo aguardar un momento mejor", explica Pico de Coaña.

Con 194 centímetros de altura por 142 de anchura, el cuadro engrosó la colección de Felipe IV después de que, presuntamente, se lo regalase el octavo marqués del Carpio, según la conservadora de Patrimonio Nacional, Carmen García Frías, que cita a Matías Díaz Padrón, experto en pintura flamenca y ex conservador del Museo del Prado.

El embajador español lo consiguió en 1651, y, con probabilidad, procedía de la almoneda de los bienes del decapitado Carlos I de Inglatera, del cual Van Dyck había sido pintor de corte.

Desde muy joven, Van Dyck destacó por la finura de sus obras, con una asombrosa armonía entre dibujo, color y composición de una elegancia excelsa. De él, Patrimonio Nacional carecía de obras, ya que la escasa producción de este autor en España la atesora el Museo del Prado, que guarda en sus sótanos un espléndido retrato ecuestre del rey inglés. Éste, dicho sea de paso, visitó Madrid cuando aún era príncipe de Gales y se ganó el apodo de El Príncipe Gorrón por los obsequios, regalos y prebendas que iba recibiendo en su paseo por la Corte madrileña como aspirante a la mano de una hija del rey Felipe IV, con la que nunca llegaría a casarse.

El flamenco Anton van Dyck fue discículo de Pedro Pablo Rubens, buen conocedor de España y amigo de Diego Velázquez. Éste, a su condición de pintor de Corte del rey de España, Felipe IV, añadía su encomienda de aposentador regio. Por ello y gracias a su exquisito gusto, Diego Velázquez eligió este cuadro, ahora recobrado, para ornamentar la sala capitular del monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Por todo ello, ayer, tras doscientos años de destierro, el cuadro regresó precisamente al lugar donde, según se cree con fundamento, lo colgó Diego Velázquez.

El acto se vio envuelto en una atmósfera de emoción y respeto. Acaso porque los presentes sentían que así lo exigía una ceremonia que tuvo mucho de reparación histórica.

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Colocación de'El martirio de san Sebastián' de Anton van Dyck


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Última edición por alitojrm el 14 Abr 2009 19:44, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: 14 Abr 2009 19:26 
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Qué buena noticia Alberto!!! Gracias por compartirla, así me gusta, que se recuperen cosas.


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NotaPublicado: 14 Abr 2009 19:33 
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No entiendo nada, intento poner fotos que hice en Aranjuez y El Escorial pero no me deja :cry:


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NotaPublicado: 14 Abr 2009 19:42 
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Registrado: 07 Ago 2008 07:56
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Ubicación: ESPAÑA (Medina del Campo y Pamplona)
Estoy de acuerdo contigo Antinoo, así debería ser con todo, y lo mejor es que parece que ha vuelto al mismo lugar en el que estaba originariamente dentro del Monasterio, una gozada vamos.


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