Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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 Asunto: MERCEDES, LA REINA ROMÁNTICA
NotaPublicado: 29 Ago 2008 16:50 
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Retrato oval de la reina María de las Mercedes.

Esta vez, el tema arranca con un Romance que interpretó como nadie doña Concha Piquer (os recomiendo que lo escuchéis si no lo habéis hecho ya, porque te eriza la piel y te pone los pelos de punta...):

Una dalia cuidaba Sevilla
en el parque de los Monparsié.
Ataviada de blanca mantilla
parecía una rosa de té.

De Madrid, con chistera y patilla,
vino un real mozo muy cortesano.
Que a Mercedes besó en la mejilla
pues son los niños primos hermanos.

Un idilio de amor empezó a sonreir.
Mientras cantan en tono menor
por la orillita del Guadalquivir.
María de las Mercedes
no te vayas de Sevilla.
Que el nardo trocar te puede
el color de tus mejillas.
Que quieras o que no quieras,
aunque tu no dices nada,
se nota por tus ojeras
que estás muy enamorada.

Rosita de Andalucía,
amor que prendió sus redes,
y puede ser que algun día,
amor te cueste la vida:
María de las Mercedes.

Una tarde de primavera
Merceditas cambió de color.
Y Alfonsito que estaba a su lado
fué y le dijo : ¿Que tienes mi amor?
Y lo mismo que una lamparita
se fué apagando la soberana.
Y las rosas que había en su carita
se le quedaron de porcelana.

Y Mercedes murió empezando a vivir.
Y en la Plaza de Oriente y dolor,
para llorarla fué todo Madrid.
María de las Mercedes
mi rosa más Sevillana,
porque te vas de mis redes
de la noche a la mañana.
De amores son mis heridas
y de amor mi desengaño,
al verte dejar la vida
a los dieciocho años.

Te vas camino del cielo
sin un hijo que te herede.
España viste de duelo
y el Rey no tiene consuelo:
María de las Mercedes.


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NotaPublicado: 29 Ago 2008 17:05 
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Es justo empezar reconociendo que casi todo lo que he llegado a saber acerca de la reina Mercedes se debe a la extraordinaria labor de investigación de Ana de Sagrera. Si Ana de Sagrera no hubiese dedicado mucho tiempo a ir encajando las piezas del puzzle, no habría existido probablemente una biografía consagrada a la figura de la reina Mercedes. Habría que apañárselas con las breves reseñas de las enciclopedias, porque esa reina efímera, que no dejó un hijo para la nación, originó en su época romances que cada niño español aprendía casi en la cuna ("¿Dónde vas, Alfonso XII?¿Dónde vas, triste de tí...? Voy en busca de Mercedes, que ayer tarde no la ví. Tu Mercedes ya se ha muerto, muerta está que yo la ví, cuatro duques la llevaban por las calles de Madrid"), pero aparece como una sombra apenas perceptible en los libros de Historia.

Así que, antes de nada...trillones de gracias sean dadas a Ana de Sagrera, cuyo libro debería figurar en todas nuestras bibliotecas ;)

Yendo ya al personaje...

...se llamaba María de las Mercedes Isabel Francisca de Asís Antonia Luisa Fernanda Felipa Amalia Cristina Francisca de Paula Ramona Rita Cayetana Manuela Juana Josefa Joaquina Ana Rafaela Filomena Teresa Santísima Trinidad Gaspara Melchora Baltasara de Todos los Santos. Y había nacido en Madrid, en un sofocante 24 de junio de 1860, sexta hija de Antonio de Orleans, duque de Montpensier, y su esposa, la infanta Luísa Fernanda, única hermana de la reina Isabel II.


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NotaPublicado: 29 Ago 2008 17:06 
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Un precioso cuadro: Mercedes, bebé, en los jardines del Palacio de San Telmo, residencia sevillana de los duques de Montpensier.

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NotaPublicado: 29 Ago 2008 17:11 
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Y una foto que tiene su miga...

Internet nos ha proporcionado, desde luego, más tesoros de los que podríamos imaginar. En www.canalhistoria.com existe una maravillosa sección de fotos "con historia", en la que la gente puede colgar "trocitos del pasado" en blanco y negro o en sepia. Esta foto fue aportada por Juan Hilario Jiménez Rodríguez, que espero nunca se ofenda porque la incluyamos aquí ;)

Muestra a una de las tatarabuelas del señor Jiménez, Ana Joaquina Aguilar. El médico de confianza de los Montpensier, Antonio Serrano Pau, recomendó a Ana Joaquina, oriunda de su mismo pueblo, para que ésta se ocupase de amantar a varios de los hijos de la fecunda pareja. Ana Joaquina sirvió de nodriza al infante Fernando, nacido en 1859; a la propia infanta Mercedes, nacida en 1860 y al infante Felipe, nacido en 1862.

La criatura a la cual Ana Joaquina sostiene en su regazo con cuidado es, precisamente, la futura reina Mercedes...

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NotaPublicado: 29 Ago 2008 17:32 
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Angelito, triste destino le esperba.

Se decia que el agua de los pozos del palacio de San Telmo, residencia sevillana de los Montpansier, estaba contaminada, de ahi que de tooooodos sus hijos, solo dos, la condesa de Paris y Antonio, llegasen a la edad adulta. El resto murieron.

Siempre se ha creido que el que trajo el dinero fue el duque de Montpansier, cuando lo que es mas verosimil es que esta familia vivio durante la mayor parte de su existencia de las rentas y posesiones de Maria Luisa Fernanda como infanta de España y heredera de Fernando VII

Siga usted, señora, no la entretengo mas


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NotaPublicado: 29 Ago 2008 17:58 
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Pero antes de desarrollar la biografía de Mercedes, conviene fijarse en sus padres: Antoine de Orleans y Luísa Fernanda de Borbón. Dado que éste es un foro "español", tomaremos como punto de referencia a la infanta Luísa Fernanda, quien ocupó desde el ascenso al trono de su hermana mayor Isabel en septiembre de 1833 hasta el nacimiento de su sobrina Isabel en diciembre de 1851, el primer lugar en el orden de sucesión a la corona.

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La joven Luísa Fernanda, retratada magistralmente por Winterhalter.

Se podría decir, sin temor a equivocarse, que nuestra Luísa Fernanda NO tuvo en conjunto una infancia feliz. El rey Fernando VII, su padre, falleció cuando Isabel contaba tres años de edad en tanto que Luísa Fernanda rondaba en los veintiún meses de vida. La reina consorte María Cristina, madre de las dos chiquitinas, hubo de asumir la regencia en nombre de Isabel II, que se preveía muy larga. Para empezar, ese ascenso al trono de Isabel II venía marcado por la negativa de su tío paterno, el infante don Carlos, a aceptarla como soberana. Fernando VII había abolido la Pragmática Sanción promulgada por Felipe V, que había impedido el acceso al trono de las féminas, para que pudiese heredar una de sus hijas: Isabel o, si Isabel se malograba, Luísa Fernanda. La decisión de Fernando VII había "perjudicado" a su hermano Carlos, que, hasta entonces, se había considerado heredero del trono. Y Carlos, casado con una princesa portuguesa, contaba con numerosos partidarios, tradicionalistas dispuestos a plantar cara e incluso a sostener una dura guerra civil.

Las niñas todavía eran ajenas a aquel hecho. Tampoco percibieron que su madre María Cristina, a los pocos días de haber enterrado a Fernando VII, se enamoró apasionadamente de un guapo oficial de la guardia, Agustín Fernando Muñoz y Sánchez. Agustín procedía de una familia respetable, incluso podríamos reconocerles cierta distinción, pero, obviamente, no entraba dentro de los cánones que la regente María Cristina se embarcase en un romance con el sargento Muñoz. Con todo, ambos se casaron, secretamente, en diciembre de 1833. En la corte española se produjo, en los años siguientes, una situación vodevilesca. Oficialmente, María Cristina permanecía viuda. En realidad, estaba casada...y pariendo hijos a menudo. Los carlistas no tardaron en aprovechar la coyuntura para difundir coplas y chascarrillos.

La vida privada de María Cristina la situaba en una posición difícil. Y quienes tenían sus propias ansias de convertirse en "el poder detrás del trono ocupado por una niña" pudieron aprovecharse de ello. El general Baldomero Espartero se llevó "el gato al agua", en ese caso, la regencia: en el año 1840, María Cristina hubo de ceder su posición al caudillo, pero, además, se le requirió que marchase al exilio con su marido y los hijos de la segunda unión. Según las crónicas, María Cristina estaba literalmente devastada al despedirse de Isabel -entonces de diez añitos- y Luisa Fernanda -de siete años-: temía que transcurrirían años antes de que se le permitiese volver a formar parte de la existencia de las criaturas. Las últimas palabras de María Cristina a Espartero antes de su partida rumbo a Francia reflejan perfectamente esa amargura: "Espartero, bien lo veo...Te he hecho Capitán General, te he hecho Duque, te he hecho Grande de España, pero no he podido hacerte caballero".

Baldomero Espartero, el nuevo regente, se preocupaba por la reinecita y la infantita...a su manera. Lo que más le importaba era evitar que esas niñas pudiesen recibir correspondencia secreta de la ex regente exiliada, María Cristina. Así que, de entrada, reemplazo a las ayas, las camaristas y las damas de honor por otras. También adjudicó a las pequeñas un nuevo tutor y nuevos preceptores. No hace falta ser un experto en psicología infantil para entender que a Isabel y a Luísa Fernanda debió causarles una terrible inseguridad verse de pronto enmedio de "otro elenco de personajes". Poco a poco, sin embargo, las niñas se pusieron contentas como castañuelas: se las halagaba demasiado, se las consentía en exceso, se permitía que pasasen horas bailando fandangos y en cambio no se les obligaba a tomarse en serio el programa de estudios. Si progresaban en alguna materia, se debía a que esa materia les gustaba; pero cuando una materia les provocaba "pocas ganas de aplicarse", nadie las disciplinaba. Así, cuando la condesa de Espoz y Mina llegó a palacio en 1842 para supervisar la crianza de ambas, se quedaría horrorizada ante la falta de cultura de las dos hermanitas.

Hay que decir que adquirieron una educación bastante superficial en esa etapa crucial. Ni Isabel estaba preparada para asumir el cargo en cuanto alcanzase los quince años, ni Luísa Fernanda tenía la formación que debería haberse considerado imprescindible en una princesa heredera. Las dos estaban en una triste posición, pues la cortedad en la instrucción les impedía saber analizar en detalle y extraer conclusiones de cuánto ocurría. Se encontraban a merced de los demás, profundamente influenciables y manejables. Eso sí: conciencia de su rango sí tenían. Isabel se sabía la reina y Luísa Fernanda se sabía...la infanta. Aunque Luísa Fernanda adoraba a Isabel, de cuando en cuando surgían celos en la menor respecto a la posición más encumbrada de la menor. Obviamente, Isabel siempre recibía mayor grado de atención, mayor cuota de elogios y mayor cantidad de versos dedicados a su personita. Luísa Fernanda quedaba en un segundo plano.

Pronto, muy pronto, se empezó a valorar la conveniencia de casar a las muchachitas. Y sus bodas serían un asunto de Estado que, aparte, involucró por lo menos a media Europa...


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NotaPublicado: 29 Ago 2008 18:31 
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Declarada mayor de edad a los trece años, Isabel constituía, desde luego, EL PARTIDAZO del momento. La elección de un consorte para la joven soberana resultó que interesaba no sólo a la corte española, sino a la inmensa mayoría de las cancillerías europeas. No había nadie que se abstuviese de meter baza. Y algunos temían la posible injerencia de la madre de Isabel y Luísa Fernanda, María Cristina, que, a petición insistente de su hija ya reina, había podido regresar a España en abril de 1845. Agustín, el esposo de María Cristina, se vió de pronto transformado en duque de Riansares. Las adolescentes reales empezaron a tratar con sus medio hermanos por parte de madre, con quienes mantendrían una cálida relación a través de los años.

Pero, volviendo al asunto de las bodas...se barajaron distintas candidaturas. Alguien sugirió utilizar la ocasión para resolver mediante una boda el conflicto carlista, reforzando, de paso, los vínculos con la monarquía portuguesa: Isabelita podía casarse con su primo Carlos Luís de Borbón y Braganza, hijo de su tío don Carlos (que se hacía llamar Carlos VI de España) con la que había sido su primera esposa, María Teresa de Braganza. La idea era que Carlos e Isabelita compartirían la soberanía, en una reedición del antiquísimo "tanto monta monta tanto". Pero Isabelita montó una buena gresca cuando se le informó de ese proyecto. Había oído decir que su primo Carlos era...bizco. Muy ofendida por el hecho de que quisieran emparejarla con un bizco, se hartó de repetir a voz en grito: "¡Yo con un bisojo no me caso!".

La cuestión era que los príncipes extranjeros suscitaban cantidad de problemas diplomáticos. Un archiduque austríaco hubiese podido valer, pero los austríacos no querían verse enmedio de una trifulca a escala europea. Los Coburgo, dispuestos a mantener su trayectoria ascendente a través de enlaces dinásticos, sugirieron al príncipe Leopold para Isabelita; dado que ése Leopold era sobrino del rey de Bélgica, hermano del rey consorte de Portugal (Ferdinand) y primo del marido de la reina de Inglaterra, contaba con fuertes apoyos continentales, pero Francia protestó. A esas alturas, la ex regente María Cristina había consensuado en secreto (si los ingleses se enteraban montarían una jarana, porque no les gustaba el empeño del monarca francés de colocar a sus hijos varones en el trono o cerca del trono español...) con el rey Luís Felipe de Francia que la infanta Luísa Fernanda se casaría con uno de los hijos de él, Antoine de Orleans, duque de Montpensier. Luís Felipe amenaza con hacer trizas ese acuerdo si Isabelita se casa con Leopold de Coburgo. Al final, entre unas cosas y otras, se descarta a Leopold de Coburgo. Y se plantea a Isabelita que ya sólo hay una posibilidad para ella: otro primo, éste español, con lo que nadie se ofenderá, llamado Francisco de Asís.

"¡Con Paquita no!", gritó Isabelita. Pero los gritos no sirvieron de nada. Se trataba de una necesidad de Estado, un sacrificio debido a la Nación. Isabel se casaría con Francisco de Asís, Luísa Fernanda con Antoine de Orleans y los dos enlaces se celebrarían en un mismo día. Les gustase a ellas o no les gustase.


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NotaPublicado: 29 Ago 2008 18:52 
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Bueno, voy con un pequeño comentario conspiratorio.

Lo de las bodas de las hermans tuvo su guasa, lo digo porque fue un intento de gol por la puerta trasera.

Intereses en juego en el tema: (las hermanitas ni pinchan ni cortan en todo esto)

- La corte española, la nobleza, que no tiene ningun tipo de gana de cambiar de dinastia, cosa que sucederia al llevar el heredero el apellido de su padre, independientemente de que se junte al materno formando uno solo. Esto era indigerible. Parte de la familia real, concretamente alguna infanta como Carlota, pensaban asi.

- Los ingleses, que no querian ni de coña un rey frances
- Los franceses, que no querian otro rey que no fuera un frances

- Maria Cristina, y aqui esta la jugada. La regente conspiraba desde Paris. Sabido era que desde siempre su preferida habia sido la pequeña, Luisa Fernanda, a ella hubiese querido en el trono. Por su parte tambien sabia que las potencias con Inglaterra a la cabeza no iban a aceptar un casamiento de la heredera con un frances. Ella sabia todo eso, pero lo que no sabian las potencias eran los entresijos de familia, me explico. Maria Cristina sabia perfectamente como era Francisco de Asis, sabia que era altamente improbable que pudiese llegar a concebir jamas, por lo que necesariamente el trono pasaria a su hermana y a su descendencia (que obviamente llegaria, dada la fecundidad de borbones y orleans) De esa manera tan encubierta inclino las cosas para el casamiento con el primo paquito, contentando al a corte que veia a borbones en el trono, a Inglaterra que no veia a un frances y, sobre todo, a Francia, ya que a largo plazo el trono seria para los Montpansier y su descendencia, algo que nadie les iba a negar una vez que el matrimonio real no hubiese tenido la descendencia, varios años despues.

Si realmente se hubiese querido hacer de otra manera, asegurando el trono de Isabel, lo correcto hubiese sido casarla con Enrique, el hermano de Francisco. Este tenia virilidad borbonica para dar y tomar, hubiese engendrado cientos de hijos con la fertilisima Isabel, se hubiesen contentado la corte y el partido ingles y todos contentos. Con Paquita se pretendia introducir un troyano en el trono y se consiguio, pero el troyano era tan fuerte que tambaleo trono y corona pues los escandalos de tipo sexual minaron la institucion y la hicieron caer. De haber tenido Isabel un marido fuerte mucho se hubiese cambiado.


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NotaPublicado: 29 Ago 2008 18:52 
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La copla de los carlistas era:"Gritaban los liberales que la reina no paría y ha parido más Muñoces que liberales había".


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NotaPublicado: 29 Ago 2008 19:02 
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Registrado: 17 Feb 2008 20:47
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Luísa Fernanda en otro retrato.

Sabemos que Isabelita lloró durante horas tras verse fuertemente presionada para aceptar a su primo Francisco, a quien ella denominaba "Paquita". El notable afeminamiento de Francisco suscitaba un claro rechazo en Isabel, pero...no había más bemoles.

Los ingleses se habían enfadado bastante al saber que, simultáneamente, Luísa Fernanda se casaría con un Orleáns. Luís Felipe había pretendido, en primer lugar, que su Antoine desposase a Isabel, pero ese plan no pudo fructificar; sin embargo, le casaba con Luísa Fernanda, la heredera del trono, y ahí existía una combinación "peligrosa" desde el punto de vista británico. Una enfermedad repentina, un accidente imprevisto, un mal parto (bastante común en la época) o una septicemia en el puerperio podían llevar a la tumba a Isabel: entonces, Luísa Fernanda ascendería al trono y Antoine estaría a su lado, ejerciendo la soberanía.

Ninguno de los enlaces suscitó tampoco un gran entusiasmo popular. La gente acusaba abiertamente a la ex regente María Cristina y a la monja Sor Patrocinio de haber empujado literalmente a Isabel hacia Francisco, pero, en el caso de la unión de Luísa Fernanda con Antoine, la mayoría de la población frunció el ceño por el hecho de que se trataba de un "gabacho". Pese a esa falta de alegría, los madrileños se dispusieron a disfrutar de la larga serie de festejos preparados con ocasión de la doble boda (al menos, salía más económico casar a la reina y a la todavía heredera de la reina de una sola tacada...). Hubo una semana entera de eventos, en la corte, desde luego, pero otros a nivel de la gente común y corriente, que pudo acceder a un auténtico festín gratuíto en la Plaza Mayor, acudir a la Plaza de Las Ventas y presenciar espectáculos de fuegos artificiales junto al Palacio Real.

El doble enlace se había fijado para la noche del día en que Isabel cumplía 16 años: el 10 de octubre. Los ilustres invitados se congregaron en el Salón de Embajadores, para ver de cerca a las novias. Isabel llevaba un fastuoso vestido de muaré en blanco inmaculado, profusamente adornado con encajes de hilo de plata y con unos lazos salpicados de brillantes. A Luísa Fernanda le "tocó en suerte" un modelo más sencillo, también de muaré blanco pero, en su caso, adornado con ramilletes de flores de azahar.

Las noches de bodas de ambas hermanas, que habían otorgado sus consentimientos en un murmullo apenas perceptibles, no fueron dichosas para ellas. Isabel, con su habitual frescura, preguntaría de forma retórica a alguien de su entorno años después: «¿Qué pensarías tú de un hombre que la noche de bodas tenía sobre su cuerpo más puntillas que yo?». En cuanto a Luísa Fernanda, a sus quince años, era absolutamente ingenua y estaba muy asustada ante la idea de compartir la cama con Antoine, así que había rogado a una de sus damas favoritas que permaneciese en la alcoba, oculta entre unos cortinajes, para que su presencia le "sirviese de apoyo en aquel trance". Antoine, sin embargo, alertado por un ligero movimiento de las cortinas, fue a descorrerlas y descubrió a la dama. Se produjo un momento bastante violento, con la dama deshaciéndose en disculpas mientras el príncipe "gabacho" se empeñaba en echarla con cajas destempladas. Eso sí: al quedarse a solas Antoine y Luísa Fernanda, ningún biógrafo duda de que el francés "cumplió mejor" que el consorte español de la reina.


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NotaPublicado: 29 Ago 2008 19:16 
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Registrado: 17 Feb 2008 20:47
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Lamballe y Legris, queridos míos: ¡me encanta veros en plena forma en este nuevo tema para Mercedes! De veras que sois una auténtica mina de oro, jajaja, siempre aportando datos interesantes y haciendo reflexiones que se aclaran muchísimo los intríngulis de cada asunto que abordamos. Me tenéis entusiasmada.

Lamballe...coincido contigo. Luís Felipe sabía de antemano que la candidatura de Antoine a futuro marido de Isabelita no prosperaría. Igual que él -Francia- estaba obstaculizando la boda de Isabelita con aquel Leopold de Coburgo que tanto gustaba a Victoria & Albert -Inglaterra-, estaba claro que los británicos impedirían un casamiento de la adolescente soberana española con un príncipe Orleans. María Cristina habló largo y tendido con Luís Felipe, dejándole ver meridiamente claro que, al final, Isabelita tendría que casarse con un primo español para resolver ese embrollo: Francisco de Asís. En el buró de Luís Felipe se acumularon despachos diplomáticos en los que se le aseguraba que Francisco de Asís no tenía "capacidad" para "contentar a las hembras" y se dudaba mucho de que hubiese una cópula que derivase en feliz concepción. Así que Luís Felipe hizo sus cálculos. No ofendía tanto a Inglaterra al casar a su Antoine con una simple heredera, Luísa Fernanda. Al cabo de años, seguramente Isabelita y Francisco seguirían sin hijos, mientras que Antoine y Luísa Fernanda habrían tenido una amplia prole. El trono español acabaría ocupado por los Montpensier.


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NotaPublicado: 29 Ago 2008 19:39 
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Antoine había llegado a España tres días antes de su boda con Luísa Fernanda. Los dos se casaron y disfrutaron de una luna de miel que se prolongó por espacio de doce días. Después, se produjo una conmovedora despedida entre Isabelita y Luísa Fernanda, pues la menor, flamante duquesa de Montpensier, debía partir hacia París con su esposo. Isabel y Luísa Fernanda habían crecido muy unidas, de forma que a ambas les dolía en el alma aquella separación. La reina viuda ex regente María Cristina tuvo que cortar la escena, cogiendo del brazo a Luísa Fernanda para que ésta avanzase hacia el interior del tren especial que llevó a los Montpensier a París.

A fín de cuentas, en París, en las Tuilleries, aguardaban los suegros reyes de Luísa Fernanda. Luís Felipe y su esposa Amelie conformaban una pareja maravillosamente avenida después de décadas de vida conyugal: si alguna vez él le había "hecho el salto" desde luego tuvo que ser de forma tan impresionantemente discreta que no quedó ni un leve rumor flotando en el aire. Los dos esperaban para recibir a la nueva nuera española, junto a la dama más influyente de la época, la princesa Adelaide, o Madame Adelaide, hermana queridísima de Luís Felipe. También estaban, por supuesto, los hermanos de Antoine, cuñados recientes de Luísa Fernanda. Allí estaban los duques de Nemours, Joinville y Aumale, con sus respectivas consortes: la bella princesa alemana Victoria de Saxe-Coburg, apodada "Rosenknöpfchen" o "capullo de rosa", esposa de Nemours; la bonita princesa brasileña Francisca de Braganza, esposa de Joinville; la delicada y dulce italiana Francisca de Salerno, esposa de Aumale.

En ese ambiente, Luísa Fernanda lo pasará mal al principio. Su suegro, Luís Felipe, buen marido y excelente padre, la acoge con afecto, al igual que ocurre con su suegra, Amelie, una dama de enorme corazón. Pero Madame Adelaide descubre enseguida que la infanta española carece de educación y de refinamiento. Apenas balbucea algunas frases en francés, pero lo peor es que no sabe apreciar los mejores arquitectos, pintores o músicos de su tiempo. Parece una "cateta" en una corte tan ilustrada y sofisticada. Las concuñadas intentan animar a la afligida Luísa Fernanda: también a ellas les han hecho aprender todo lo que ignoraban cuando habían llegado a la corte francesa. Pero a Luísa Fernanda le parece una situación humillante y dolorosa.

Paradojas del destino: en cuanto Luísa Fernanda superó esa fase inicial y se acomodó a su nuevo estilo de vida, se produjo la revolución. Antoine, a quien se había otorgado el grado de mariscal de campo, había dedicado los meses posteriores a su enlace supervisando la artillería acantonada en Vicennes; esos mismos meses le habían bastado a Luísa Fernanda para "pulirse" y empezar a disfrutar de fiestas. Pero a finales de 1847 la familia Orleans al completo se enlutó a causa del fallecimiento de Madame Adelaide. Aún no habían completado el período de duelo cuando, el 24 de febrero de 1848, se produjo un gran alzamiento popular en París. Aterrado, Luís Felipe, con quince francos en sus bolsillos, puso pies en polvorosa, llevándose consigo a Amelie. Les acompañaban, en la huída, sus hijos y nueras...con una excepción notable. En el apresuramiento de aquella fuga, Montpensier se había subido a uno de los carruajes, igual que sus hermanos, pero no reparó en que Luísa Fernanda no estaba en otro coche con sus cuñadas.

En realidad, el episodio es dramático. Luísa Fernanda, olvidada por su marido y por toda su familia política, se quedó en una habitación de las Tuilleries, el palacio hacia el cual se dirigía una turba de revolucionarios. Un diputado que entró en el palacio junto a los sublevados la vió y la reconoció: se quedó el hombre totalmente impresionado ante la soledad de la princesa. Con notable caballerosidad, le pidió que se ocultase tras un velo y la sacó de palacio. Al cabo de unas semanas, Luísa Fernanda llegaba a Inglaterra. Allí la recibía Antoine, bastante abochornado por lo ocurrido.


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