Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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 Asunto: MAY DE TECK (REINA MARY)
NotaPublicado: 08 Feb 2009 13:23 
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¿Hubo alguna vez otra reina tan increíblemente regia? De ella hubiera podido decirse aquello de que rezumaba majestad por cada poro de su piel...

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NotaPublicado: 08 Feb 2009 13:26 
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NotaPublicado: 08 Feb 2009 13:38 
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En términos generales, entre personas con un conocimiento muy sonero de las grandes figuras de la realeza del siglo XX, existe una imagen bastante "aburrida" de nuestra Mary. Ella surge en la mente como un epítome de perfecta compostura e incólume dignidad, seria y contenida, autodisplinada, dotada de un proverbial sentido del decoro y del deber para con la dinastía y la nación. Empeñada en mantener las pautas de la moda eduardiana incluso bien avanzado el siglo veinte, y, a la vez, capaz de lucir de una sola tacada una inmensa porción de su colección de alhajas en los eventos significativos.

Todo eso es cierto, pero hay un trasfondo ciertamente interesante en Mary. Desde sus orígenes, que incluyen una vinculación remota con Vlad Dracul, voivoda de Transylvania, y unos abuelos paternos casados morganáticamente. Desde los años de infancia y juventud, cuando definió su propio carácter por oposición a los de sus padres. Desde su primer compromiso, que tantas dudas íntimas le originaba, hasta su segundo noviazgo oficial, que culminó en una boda histórica.

Así que...ya era hora de que prestáramos atención a Mary.


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NotaPublicado: 08 Feb 2009 14:49 
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Esta joven princesa...

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...se llamaba Mary Adelaide Wilhelmina Elizabeth. Su padre, el príncipe Adolphus, duque de Cambridge, había sido uno de los quince hijos del "rey loco" George III y la devota consorte de éste, la reina Charlotte, en origen una princesa de Mecklenburg-Strelitz con algunos curiosos antepasados en su frondoso árbol genealógico. Su madre había nacido como la princesa landgravina Augusta de Hesse-Cassel, una hija de Frederick de Hesse con Caroline Polyxene de Nassau-Usingen.

Adolphus de Cambridge, casado con Augusta, tuvo de ella un hijo, llamado George en plena concordancia con la superabundancia de Georges de la dinastía hanoveriana que regía Inglaterra, seguido de dos hijas: Augusta y Mary Adelaide. Los tres vástagos de la pareja nacieron lejos de territorio británico, en el germánico reino de Hanover, porque el padre, Adolphus, ocupó la elevada posición de virrey designado por sus dos hermanos mayores, George IV y William IV. Adolphus y Augusta pasaron muchos años en Hanover, repartiendo su tiempo, principalmente, entre una gran residencia denominada Cambridge House y el palacio de Montbrillant.

La situación experimentó un cambio notable en el año 1837. William IV, que unía en su persona los títulos de rey de Gran Bretaña e Irlanda y rey de Hanover, falleció el 20 de junio. No dejaba hijos ni hijas de su matrimonio con la dulcísima reina Adelaide: las niñas que habían tenido en común habían muerto, para gran desconsuelo de ambos, en la tierna infancia. Eso significaba que, en Gran Bretaña e Irlanda, a William IV le sucedería su sobrina la princesa Alexandrina Victoria de Kent, hija única del hermano que le había seguido en edad, el duque Ernest de Kent, con Victoria de Saxe-Coburg-Saalfeld. Pero en Hanover, existía una Ley Sálica que impedía el acceso al trono de Alexandrina Victoria. Por tanto, el título de rey de Hanover recaería en el duque de Cumberland, Ernest Augustus, que se convertiría en Ernest Augustus I mientras la sobrina se transformaba en Victoria I de Gran Bretaña e Irlanda. Dado que Ernest Augustus, con su mujer Friederika, pensaba establecerse en Hanover para ejercer su papel de monarca, ya no hacía falta que el duque de Cambridge mantuviese la posición de virrey en aquel país.

Así que los Cambridge marcharon a Inglaterra en 1837. George, el mayor de sus hijos, contaba dieciocho años, así que, por su situación en el orden de sucesión y su edad, figuraba entre los más destacados candidatos a la mano de su prima hermana Victoria I. Augusta, la segunda de los retoños, tenía quince años, en tanto que la benjamina, nuestra Mary Adelaide, frisaba en los cinco años de edad. De repente, se encontraron instalados en una serie de lujosos aposentos en Kensington Palace. Los aposentos serían conservados por la duquesa Augusta después de que en 1850 falleciese su esposo Adolphus.

Victoria I enseguida mostró cariñosa solicitud hacia sus tíos y primos Cambridge. No se casó con el primo George, como la mayoría de los británicos hubiese deseado, porque prefirió a un primo por vía materna, el príncipe Albert de Saxe-Coburg-Gotha. Pero, sin embargo, Victoria protegió al primo George cuando éste emprendió una honrosísima carrera militar incluso después de que el muchacho, contraviniendo la normativa sobre matrimonios reales, se casase con su amante desde hacía tiempo, Sarah Fairbrother. Sarah no era, en ningún sentido, la esposa adecuada para un futuro duque de Cambridge: hija de un criado en Westminter, se había labrado cierta fama como actriz y ya tenía dos hijos ilegítimos con dos hombres distintos cuando inició su relación con George, de quien tendría otros dos retoños antes de celebrarse su boda clandestina.

El casamiento de George con Sarah en 1847 provocó un serio quebranto en el orgulloso padre de él, el duque Adolphus. La duquesa Augusta, aunque muy afectada, pareció tomárselo con una pizquita de ecuanimidad. Pasado el escándalo, todo se iría asentando...gracias a la tolerancia de la reina Victoria (que siempre demostraría una sorprendente paciencia hacia las uniones morganáticas). El consuelo que les quedaba a los duques de Cambridge era que la mayor de sus dos hijas, Augusta, homónima de la madre, sí se había casado ventajosamente, con el príncipe Friedrich Wilhelm de Mecklenburg-Strelitz. Esto significaba que, en cuestión de años, cuando Friedrich Wilhelm heredase de su progenitor el título de gran duque soberano de Mecklenburg-Strelitz, Augusta sería a su vez gran duquesa consorte.

Cuando falleció el duque Adolphus, por tanto, George estaba ya casado con Sarah Fairbrother y Agusta con Friedrich Wilhelm, heredero de Mecklenburg-Strelitz. La duquesa viuda Augusta se quedó con una hija todavía "por colocar en el mercado matrimonial": Mary Adelaide.

A esas alturas, Mary Adelaide había cumplido diecisiete años. Aún no daba la sensación de que fuese a resultar tarea difícil encontrarle un marido apropiado. La duquesa Augusta admitía que su hija estaba muy lejos de poseer belleza, pero se solía considerar que tenía un rostro bonito y aunque estaba ya bastante rellenita, no había adquirido la voluminosa figura que pronto la caracterizaría. Además, se trataba de una chica con una naturaleza cálida y afectuosa, risueña y alegre, expansiva e incluso estridente. Le encantaban los bailes: podía entregarse a la tarea de flirtear y danzar con un entusiasmo que llamaba la atención. Poco a poco, a medida que aumentasen los kilos en su cuerpo, se volvería francamente torpe. Pero que llegase a parecer una elefantita pegando botes con escasa desenvoltura y menor gracia no atenuaría su pasión por las fiestas.

La idea que flota por ahí de que la muchacha obesa y de escasa dote (los Cambridge no nadaban en la abundancia precisamente...) careció de pretendientes es falsa. Algunos pretendientes hubo...y no precisamente irrelevantes. El reciente emperador de los franceses Napoleón III estuvo interesado en fraguar una alianza con Inglaterra a través de un eventual matrimonio con Mary Adelaide, pero esa idea no podía prosperar: el gobierno británico no tenía ningún propósito de entregar a una prima de su reina a aquel presidente republicano que se había hecho emperador para emular a su tío Napoleón I. Un primo de Napoleón III, el príncipe Napoleón Joseph, apodado Plon Plon, también coqueteó con la posibilidad de desposar a Mary Adelaide. En otro sentido, surgió la opción de Vittorio Emanuele de Saboya-Piamonte, el primer rey de Italia. Pero tanto Plon Plon como Vittorio Emanuele eran católicos, así que quedaban automáticamente descartados.

Hubo ciertas ilusiones en torno a Oscar de Suecia, el que sería rey Oscar II de Suecia. Pero Oscar acabó comprometiéndose con la princesa Sophie Wilhelmine de Nassau.

Cada pretendiente o posible pretendiente que no cuajaban parecían alejar a Mary Adelaide de cumplir su deseo de casarse para formar una familia. La reina Victoria simpatizaba con su prima y estaba dispuesta a echar una mano para que no se le pasase el arroz. Se revisó la lista de príncipes germánicos y luteranos en edad conveniente. Y pronto brotó un candidato: Francis de Teck.

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Mary Adelaide con Francis de Teck.


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NotaPublicado: 08 Feb 2009 15:14 
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Francis príncipe de Teck había sido durante casi toda su vida el conde Franz von Hohenstein. Al igual que su hermana mayor, Claudine, y que su hermana menor, Amelie, había nacido a consecuencia del matrimonio morganático de un príncipe de Württemberg, Alexander. Alexander de Württemberg había tenido por padre al duque Ludwig de Württemberg, un hermano del rey Friedrich I de Württemberg y de la mismísima zarina María Feodorovna de Rusia (née princesa Sophie Marie Dorothea). Y el príncipe Alexander, hijo del duque Ludwig con Henriette de Nassau-Weilburg, había renunciado a sus derechos sucesorios para casarse con una preciosa condesa húngara: Klaudia (Claudine) Rhédey de Kis-Rhéde.

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Sendas litografías mostrando a Alexander de Württemberg y su esposa Klaudia "Claudine" Rhédey de Kis-Rhéde, condesa von Hohenstein.

Alexander y Claudine, que por vía materna remontaba su ascendencia hasta uno de los hermanos de Vlad Dracul, el temible Empalador que serviría de punto de arranque a la leyenda del vampiro Drácula, se establecieron primero en Eslavonia, en la actual Croacia, y más tarde repartieron su tiempo entre Hungría y Austria. En Viena disfrutaban de una buena posición, pues la buena sociedad admitió sin dificultad a ese príncipe de Württemberg decidido a progresar en el ejército imperial y a su guapísima mujer, elevada al rango de condesa de Hohenstein. Claudine murió demasiado pronto, al ser arrojada por un caballo y desnucarse en la caída. Alexander nunca la olvidó, pero sus hijos apenas conservaron un difuso recuerdo de su hermosura: a fín de cuentas, Claudine tenía cinco años, Franz cuatro años y Amelie tres años cuando perdieron a la madre.

Al crecer los chicos, su destino parecía claramente trazado. Se suponía que las dos chicas matrimoniarían dentro del círculo de la aristocracia imperial, en tanto que el muchacho seguiría los pasos del padre en el ejército austríaco. Más o menos, se cumplieron las expectativas. Sólo Claudine, la mayor, se quedó soltera. La pequeña, Amelie, se casó en 1863 con el conde Paul von Hügel, de una distinguida familia. En cuanto a Franz, a quien luego se denominaría Francis, se había unido a un regimento de húsares.

En 1863, coincidiendo casi con la boda de Amelie, el reino de Württemberg había convertido a los tres hijos de Alexander y la difunta Claudine en príncipes de Teck. Ese título de príncipes de Teck superaba el que habían lucido hasta entonces, de conde y condesas Hohenstein. Y resultó un punto importante para cuando se empezó a considerar un compromiso entre Franz y Mary Adelaide de Cambridge. La prima soltera de la reina Victoria se casaría con un príncipe de Teck, no con un conde de Hohenstein. Lucía más, aunque no se ignorasen los orígenes morganáticos del novio (pero ya hemos mencionado que la reina Victoria tenía una gran paciencia con los enlaces morganáticos, a diferencia de otros soberanos de la época).


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NotaPublicado: 08 Feb 2009 15:38 
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Retratos -todos obra de Bassano- de Francis de Teck y su esposa Mary Adelaide.

Los ingleses se regocijaron con la boda de Mary Adelaide, a quien ya denominaban "Fat Mary", es decir "Mary la Gorda". Aunque el sobrenombre pueda sonar burlesco o despectivo, nada más lejos de la realidad. La prima de la reina Victoria tenía una personalidad tan arrolladora y se la veía tan deseosa de participar activamente en obras benéficas que la gente sencillamente la adoraba. No en vano, acabarían llamándola "la princesa del pueblo" (Tony Blair no inventó el término cuando se lo aplicó a la recien fallecida Diana de Gales).

A sus treinta años, Mary Adelaide estaba evidentemente encantada de abandonar la soltería. Así que la gente compartió su júbilo cuando Francis y Mary Adelaide intercambiaron sus votos en la iglesia de Kew, en Surrey, el 12 de junio de 1866. Ostentarían rangos dispares: Mary Adelaide seguía conservando el tratamiento de Alteza Real, pero su marido era sencillamente Su Alteza Serenísima. El Parlamento le había conferido a ella una anualidad de cinco mil libras anuales. Se trataba de una suma respetable, aunque se quedaba un poquito escasa. La duquesa viuda de Cambridge, madre de la novia, estaba dispuesta a aportar alguna que otra suma adicional para el sostenimiento de la pareja. Victoria se negó, por su parte, a añadir fondos suplementarios, pero decidió asignar a la pareja aposentos en Kensington Palace y, con el tiempo, se les cedería también el uso de una mansión rural: White Lodge, en Richmond Park. Para los Teck, White Lodge acabaría representando el hogar familiar.

¿Fueron felices? La pregunta merece una respuesta muy matizada. Francis no poseía un carácter fácil para convivir con él. De naturaleza sombría y melancólica, acabaría dando muestras de inestabilidad y de tendencia a la depresión a medida que se incrementaban sus problemas de salud. Pero Mary Adelaide era una de esas mujeres que siempre eligen ver la botella medio llena en vez de medio vacía. Había estado a punto de quedarse "para vestir santos", así que se consideraba afortunada por haber podido casarse adecuadamente. El matrimonio le permitió cumplir su anhelo de tener hijos. A diferencia de otras damas de la época, ella quería experimentar plenamente la maternidad. Tendría nannies y criados, por supuesto, pero desempeñó un papel muy activo en la crianza de los hijos que fueron llegando poco a poco: Mary, Adolphus, Francis y Alexander de Teck.


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NotaPublicado: 08 Feb 2009 15:46 
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muy interesante tu biografía de la futura reina Mary. Aprendí algo nuevo: que la creada condesa von Hohenstein se llamaba en realidad Klaudia y no Claudine. Gracias Minnie. Cuando el caballo le causa la muerte ella estaba embarazada por cuarta vez y nació un varón muerto...


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NotaPublicado: 08 Feb 2009 15:46 
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Esta rubia niñita...

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...es la princesa Victoria Mary Augusta Louise Olga Pauline Claudine Agnes de Teck. Llegó al mundo el 26 de mayo de 1867, en Kensington Palace, en Londres. De hecho, su madre, Mary Adelaide, utilizó durante el parto la misma alcoba en la que, el 24 de mayo de 1819, la entonces duquesa Victoria de Kent había dado a luz otra niña que se llamaría Alexandrina Victoria.

Es decir: nuestra pequeña May nació dos días antes de que su prima segunda la reina Victoria cumpliese cuarenta y ocho años. Y, paralelamente, nuestra pequeña May nació exactamente en la misma habitación de Kensington en la que había nacido, cuarenta y ocho años atrás, la reina Victoria.

Thomas Longley, arzobispo de Canterbury, fue el encargado de celebrar el bautismo en la iglesia anglicana de la primogénita de los Teck. Había dos madrinas para la criatura: la reina Victoria -¡por supuesto!- y la duquesa viuda de Cambridge Augusta, orgullosa abuela materna. También se escogió un padrino: el príncipe Edward "Bertie" de Gales.


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NotaPublicado: 08 Feb 2009 15:47 
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hernangotha escribió:
muy interesante tu biografía de la futura reina Mary. Aprendí algo nuevo: que la creada condesa von Hohenstein se llamaba en realidad Klaudia y no Claudine. Gracias Minnie. Cuando el caballo le causa la muerte ella estaba embarazada por cuarta vez y nació un varón muerto...


Pues esto es algo que no sabía yo...y que he aprendido gracias a tí ;) Así que te devuelvo el piropo, Hernan. Tus intervenciones son siempre muy provechosas.
;)


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NotaPublicado: 08 Feb 2009 15:58 
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Mary Adelaide con su pequeña y rubia May.

A una niña se le puede imponer una ristra de nombres de pila del tipo Victoria Mary Augusta Louise Olga Pauline Claudine Agnes, pero, evidentemente, no es posible llamarla así.

Con un mes de vida, la criatura recibió el cariñoso apelativo que la acompañaría para siempre: May. Parecía el más adecuado, porque, por una parte, se trataba de una forma abreviada de su segundo nombre, Mary, en tanto que, en otro sentido, aludía al hecho de que la pequeña había nacido en el mes de Mayo (May en inglés). El príncipe Francis estaba contento con su hija, pero a Mary Adelaide, sencillamente, la inundaban fuertes oleadas de amor maternal. Ella, que tanto había temido no llegar a tener hijos, experimentaba un orgullo inmenso al contemplar a su bebé, de naturaleza tranquila y apacible.

May no fue hija única mucho tiempo. Su hermano Adolphus Charles Alexander Albert Edward George Philip Louis Ladislaus apareció en escena el 13 de agosto de 1868, cuando May estaba a punto de cumplir quince meses de vida. Después, el 9 de enero de 1870, nacería Francis Joseph Leopold Frederick. La familia se cerró con Alexander Augustus Frederick William Alfred George, nacido el 14 de abril de 1874. Para entonces, May, de casi siete años, podía presumir de ser no sólo la primogénita sino la única fémina de los Teck.


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NotaPublicado: 08 Feb 2009 15:58 
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NotaPublicado: 08 Feb 2009 18:15 
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Imágenes infantiles de los cuatro hijos de los Teck:

*Mary "May":

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*Adolphus:

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*Francis "Frank":

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*Alexander:

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