Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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 Asunto: Re: MARIE HENRIETTE DE AUSTRIA, Reina de BÉLGICA
NotaPublicado: 04 Oct 2009 00:00 
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Imágenes de la desafortunada reina Marie-Henriette:
Marie-Henriette por Winterhalter (colección real de Bélgica)
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Marie-Henriette y Principe Leopold:
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1868 (estimado) Marie-Henriette (autor y museo desconocido)
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1863 Marie-Henriette a la boda de Albert Edward (Edward VII) y Alexandra de Dinamarca (autor desconocido; coleeción real del RU):
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1859 Marie-Henriette, Duquesa de Brabant por Eduard Kaiser (Boris Wilnitsky):
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Marie-Henriette sentado en un vestido de encaje:
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Marie-Henriette del Foro “Alexander Palace Time Machine Discussion Forum”:
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Marie-Henriette del Foro “Alexander Palace Time Machine Discussion Forum”:
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 Asunto: Re: MARIE HENRIETTE DE AUSTRIA, Reina de BÉLGICA
NotaPublicado: 07 Oct 2009 21:10 
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Muchísimas gracias, gogm. Es una excelente selección de imágenes de Marie Henriette a lo largo de su vida ;)


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 Asunto: Re: MARIE HENRIETTE DE AUSTRIA, Reina de BÉLGICA
NotaPublicado: 07 Oct 2009 21:54 
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Resituándonos...

Enero 1847: fallece el archiduque Joseph, Palatino de Hungría. Le sucede en el cargo su hijo István, cuya hermana melliza, Hermine, había muerto cinco años atrás para profunda desolación de la familia. La viuda de Joseph y madrastra de István, María Dorothea, parte hacia Viena con sus hijos Elisabeth Franziska, Joseph Karl y Marie Henriette. Hasta aquí habíamos llegado, jajaja (os hago el resumen para que no tengáis que molestaros en retroceder página...).

Acababan de establecerse en Viena, cargados de añoranza de Hungría, cuando, desde el círculo imperial, empezó a tratarse un asunto trascendental: el eventual compromiso de la archiduquesa Elisabeth Franziska. Resultaba que, a sus dieciséis años, Elisabeth Franziska estaba considerada la más bonita entre las archiduquesas de su generación.

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Enseguida se determinó que encajaría a la perfección un matrimonio con un primo, el archiduque Ferdinand Karl de Austria-Este, de la rama Teschen de los Habsburgo.

Los Austria-Este representaban un clan interesante dentro del extenso conjunto de los Habsburgo. Resultaba que Francis IV de Austria-Este, casado por obra y gracia de una dispensa papal especial con su sobrina Maria Beatrice de Saboya, con la que había compartido el rango de duque soberano de Módena, Reggio, Mirándola y Masso. A su debido tiempo, les había sucedido el hijo varón primogénito, Francis V, que había sido también el heredero legítimo del trono británico a ojos de los jacobitas. Francis V, casado con Adelgunde de Baviera, había tenido que afrontar el momento dramático de la pérdida de sus territorios italianos durante el imparable proceso de unificación de esa península. La pareja Francis y Adelgunde había tenido que exiliarse -por supuesto en Viena-. También a Viena habían llegado el hermano menor de Francis V: el archiduque Ferdinand Karl -del que estamos a punto de hablar-. Las hermanas de ambos, Maria Theresa y Maria Beatrix, se habían casado para entonces. María Theresa era la esposa del pretendiente "legitimista" a la corona de Francia, Henri conde de Chambord (aunque éste hubiese preferido a María Beatrix, que era la que realmente le había entrado por el ojo...). María Beatrix había entrado de lleno en la rama carlista de los Borbones españoles al matrimoniar con Juan conde de Montizón.

Karl Ferdinand era un tipo recto e íntegro que hizo cuestión de honor el desarrollar una sólida carrera militar. Tenía a gala desempeñar puntillosamente sus funciones de oficial al mando de un regimiento acantonado en Brno, en la zona sur de Moravia. No se trataba de un mozo especialmente apuesto ni especialmente brillante en ningún aspecto, pero, en conjunto, resultaba muy agradable. A Elisabeth Franziska, que estaba predispuesta a que le gustase, le gustó lo suficiente. Los dos se casaron en octubre de 1847, nueve meses después de que la archiduquesa hubiese perdido a su padre.


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 Asunto: Re: MARIE HENRIETTE DE AUSTRIA, Reina de BÉLGICA
NotaPublicado: 07 Oct 2009 23:02 
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Muy buen trozo de lectura minnie, te sigo porque resulta un personaje bastante interesantisimo, ademas se que la historia es larga, la pobre tuvo unos cuanto hijos y eso implica mucho material que explotar...despues pongo imagenes...no te interrumpo mas para que sigas avanzando... >:D<


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 Asunto: Re: MARIE HENRIETTE DE AUSTRIA, Reina de BÉLGICA
NotaPublicado: 08 Oct 2009 01:07 
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Marie Henriette con sus hermanos Stephan o Istvan y Joseph Karl. Me gusta como Marie Henriette toma la mano de su hermano Stephan:

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 Asunto: Re: MARIE HENRIETTE DE AUSTRIA, Reina de BÉLGICA
NotaPublicado: 08 Oct 2009 02:41 
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Una imagen de Maria Enriquetta de epoca..no era muy guapa, pero vale la pena seguirle la historia, ademas sé que era una dama de muy buen caracter...

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 Asunto: Re: MARIE HENRIETTE DE AUSTRIA, Reina de BÉLGICA
NotaPublicado: 08 Oct 2009 05:05 
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Marie Henriette, Sisi, Leopolldo II, Franz Joseph y los hijos de ambas parejas.


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 Asunto: Re: MARIE HENRIETTE DE AUSTRIA, Reina de BÉLGICA
NotaPublicado: 11 Oct 2009 01:38 
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Querida Minnie no quiero ser aguafiestas pero en el asunto del matrimonio de la hermana de nuestra protagonista, Elisabeth Franziska, estás mezclando los maridos, al de Austria-Este con el de Austria de los Teschen. Disculpa mi pequeña observación... ;)


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 Asunto: Re: MARIE HENRIETTE DE AUSTRIA, Reina de BÉLGICA
NotaPublicado: 18 Oct 2009 12:31 
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hernangotha escribió:
Querida Minnie no quiero ser aguafiestas pero en el asunto del matrimonio de la hermana de nuestra protagonista, Elisabeth Franziska, estás mezclando los maridos, al de Austria-Este con el de Austria de los Teschen. Disculpa mi pequeña observación... ;)


Pequeña observación aceptada de muy buen grado ;)

Tienes todaaaaaaaaaaa la razón. Esto me pasa por no repasar genealogía antes de soltar los dedos sobre el teclado o, mejor aún, por no consultar con mi súper mega asesor privado: tú, querido Hernan. A ver cómo me rehago.

Estaba hablando del PRIMER marido de Elisabeth Franziska. Era Ferdinand de AUSTRIA-ESTE, hijo del que había sido riquísimo duque Francis IV de Módena y hermano menor del que también había sido duque de Módena con el nombre de Francis V. Hablemos pues, de la rama de MÓDENA, así me evito lamentables confusiones, jajaja. La rama MÓDENA era fervientemente legitimista, estaban ultra convencidos de la vieja teoría del derecho divino de los reyes. De ahí sus fuertes conexiones con la rama carlista de los Borbones de España y con la rama de pretendientes al trono de Francia que habían sido desposeídos a raíz de la revolución de 1830. No en vano, Francis V y Ferdinand tenían dos hermanas que habían sido casadas respectivamente con el conde de Montizón (carlismo puro) y con el conde de Chambord (legitimismo gálico puro).

¿Así voy bien? Querido Hernan, un apunte: siéntete en absoluta libertad de corregir cualquier gazapo. Las correciones nunca jamás me aguan la fiesta, por el contrario, las agradezco muy sinceramente porque subsanan mis errores y me hacen estar más atenta para no incurrir en esos faux pas en adelante ;)

Pero...este es un espacio para Marie Henriette. Así que tratemos de verlo con los ojos de Marie Henriette. Y para Marie Henriette, 1847 acabó peor de lo que había empezado. La boda de su hermana Elisabeth Franziska no pudo alegrarla, pues su hermano Joseph Karl, al ser un varón, estaba abocado a permanecer interno en prestigiosas instituciones educativas de orientación hacia la carrera militar. Así que, para expresarlo en una frase, Marie Henriette se quedaba muy sola, pegada a las faldas de su madre, Dorothea. La muchachita de doce años no podía dejar de recordar cuán bulliciosa y alegre había sido la vida que había llevado en Alcsút, en la pustza húngara, apenas unos años antes. En Viena, permanecían en una dignísima seclusión, porque Dorothea era consciente de que no sólo la corte imperial les había forzado a trasladarse de Hungría a Austria porque no confiaban en ella, sino que, por añadidura, la sección política de la policia la vigilaba de cerca incluso ahora que residían en la capital. La razón no podía ser más peregrina: aquella protestante que había educado a sus hijos en un firme catolicismo realizaba sus obras de caridad sin considerar en absoluto las creencias religiosas de los favorecidos. Probablemente, Dorothea era la única archiduquesa que mostraba a las claras su vergüenza por el antisemitismo que empezaba a cobrar intensidad en Viena. Los judíos, arracimados en barrios específicos que recordaban a los típicos ghettos, le inspiraban sincera compasión. Así que ella, fiel a sí misma, coherente hasta el final, se empecinaba en tricotar o en preparar ropas de distintas tallas junto a sus hijas o damas de compañía; a la hora de distribuírlas en paquetes, le importaba un pimiento si remediaban la necesidad de una madre católica, protestante o judía. Hoy puede parecernos sencillamente absurdo que por ese simple motivo la observasen con hostilidad desde el Hofburg.

Dorothea había compartido con Elisabeth Franziska la pasión por la literatura alemana, inglesa o francesa, alternativamente, así como por la música. Pero Marie Henriette era menos proclive a actividades intelectuales o artísticas. Como en tantas casas, a la madre le tocaba mezclar cierta indulgencia con una generosa dosis de paciencia con la menor de sus retoños. Dorothea comprendía que Marie Henriette había visto alterarse drásticamente su existencia en un breve lapso de tiempo. Había que ir guiándola con mano izquierda a través de los vericuetos de la adolescencia.

Sin embargo, asuntos graves requirieron la plena atención de Dorothea a partir de 1848. 1848 fue un año agitado e incluso convulso en Europa, casi desde su mismo inicio; el primer semestre, de hecho, vió surgir una oleada revolucionaria que hizo recordar las precedentes de 1820 y 1830 porque alteraron más de medio continente. A diferencia de lo que había pasado en 1820 y 1830, en 1848 los estallidos se expandieron a la velocidad del rayo de uno a otros países; se sofocarían con relativa premura, pero dejaron huellas indelebles. Louis Philippe, primer rey de la dinastía Orléans en Francia, pasaría a ser, para su eterna desolación, también el último monarca de su peculiar linaje: al tener noticia de que las calles parisinas se llenaban de barricadas levantadas por el pueblo sublevado, le entró pánico y salió corriendo hacia el exilio con su esposa e hijos tras abdicar en un nietecito de nueve años. Se proclamó la Segunda República, el 26 de febrero, mientras los Orléans se establecían, angustiados por lo sucedido, en Claremont, Surrey, Inglaterra. El alboroto de Francia cruzó rápidamente la frontera con tierras alemanas. Hubo algaradas en distintas ciudades germánicas, que llevarían a la constitución del Primer Parlamento Alemán en el interior de la Paulskirche (iglesia de San Pablo) situada en el corazón de Francfurt-am-Main. Una iglesia de aspecto sobrio y desangelado, me permito añadir, dónde resulta difícil sentir algo excepto una remota curiosidad ;)

Pero...miremos al Imperio Austríaco. Era inevitable que también reventasen las tensiones allí. Austria tenía un emperador, Ferdinand I, absolutamente retardado y epiléptico; la incapacidad manifiesta de aquel hombre que jamás podría consumar matrimonio con su bondadosa esposa sarda le hacía un simple figurín para ceremonias de corte necesariamente abreviadas en virtud de su penoso estado de salud, mientras los hilos los movía el canciller Metternich. Metternich había sido Metternich...el cochero de Europa. Pero a esas alturas se trataba de un anciano ultrareaccionario que había cosechado una fuerte cota de impopularidad. Se le percibía como una rémora del pasado, un lastre que había que sacarse de encima para evolucionar hacia un mayor liberalismo político y social. Los intelectuales y estudiantes vieneses fueron los primeros que, contagiados por el espíritu de las barricadas parisinas, se alzaron en las calles. Llegó a producirse una situación de gran tensión en palacio, mientras se encargaba al recio príncipe von Schwarzenberg que restaurase el orden, costase lo que costase, en la capital. Los miembros de la familia acabarían poniendo tierra por medio, buscando refugio en la ciudad morava de Olmütz. Entre tanto, el principal problema ya no era simplemente el descontento esgrimido por los vieneses, sino que se habían producido alzamientos masivos, de carácter puramente nacionalista, tanto en Hungría como en el Lombardo-Véneto, en el norte de Italia.

Evidentemente, a Dorothea le afectaba lo que ocurriese en Viena, pero también lo que pudiese suceder en Bohemia y Moravia dado que su hija Elisabeth Franziska estaba en Brünn con su esposo Ferdinand, comandante militar en la ciudad; más allá de eso, Dorothea vivía con el alma en vilo pensando en su hijastro Stephen, el palatino de Hungría. A Stephen le tocó en suerte la peor de las situaciones posibles. Era un Habsburgo, sí, pero se sentía obligado moralmente hacia los húngaros, pues su padre había sido palatino y él había sucedido a su padre; en su rama familiar, todos experimentaban una profunda identificación con los anhelos de la aristocracia magiar de recobrar un amplio margen de autonomía a través de sus antiguos privilegios, que se les habían arrebatado en un ejercicio drástico de centralización imperial realizado en la corte vienesa. El levantamiento húngaro cobraba cada día mayor densidad y virulencia. Stephen veía necesario encontrar un punto de compromiso en el que cimentar una etapa nueva, más equilibrada desde una posición húngara. Pero desde Olmütz se insistía en que había que someter a los rebeldes húngaros y darles un escarmiento de dimensiones históricas. Cuando se nombró al general de orígen croata Josip Jelačić Bužimski comandante en jefe de las tropas imperiales en tierra húngara, destinada a erradicar cualquier vestigio nacionalista en el país magiar, a Stephen se le abrieron literalmente las carnes. El 24 de septiembre de 1848, Stephen renunció a su condición de palatino de Hungría porque, de acuerdo a su conciencia, no podía participar en aquel drama. En Olmütz, la inmensa mayoría del clan Habsburgo consideró a Stephen un traidor.

Para Dorothea y sus hijos -Elisabeth Franziska, Joseph Karl e incluso Marie Henriette- Stephen no era ningún traidor. Veían a un hijastro y medio hermano muy querido, que había tenido la desgracia de que el devenir de la historia le había puesto entre la espada -su linaje- y la pared -su genuíno amor por los húngaros-. Imaginar la tortura psicológica que había padecido Stephen en esos meses, antes de cubrirse a sí mismo de oprobio ante sus parientes imperiales al tomar la decisión irrevocable de dejar su cargo, les afligía intensamente.

A finales de 1848, Metternich se había exiliado tras cesar en su condición de canciller y el emperador Ferdinand I abdicó del trono. El primero en la línea de sucesión era el archiduque Franz Karl, un hombre ya maduro, que no padecía las graves taras de su hermano Ferdinand, pero que, desde luego, no era ninguna lumbrera y adolecía de un temperamento claramente abúlico. La decidida esposa de Franz Karl, Sophie, instó a éste a que traspasase los derechos al mayor de los hijos varones de ambos: Franz Joseph. Con dieciocho años, Franz Joseph ascendió a la dignidad de emperador, en un imperio que acababa de sobreponerse a los alzamientos. Guiado por Sophie, Franz Joseph se abonó a una línea conservadora y firme.


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 Asunto: Re: MARIE HENRIETTE DE AUSTRIA, Reina de BÉLGICA
NotaPublicado: 18 Oct 2009 21:33 
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Breve inciso, pero que viene muy a cuento, jajaja. Aquí tenéis una vistosa litografía mostrado al archiduque Stephen, a quien los húngaros recordarían como István nádor. No era tan gallardo y aguerrido como le representa la litografía...

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En la siguiente lito, que también procede de wikipedia commons, Stephen ofrece un aspecto magnífico, luciendo el tradicional attila de la alta aristocracia húngara a lomos de un corcel ricamente enjaezado ;)

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En cuanto a Stephen, sería interesante mencionar que hacia 1844 había existido un gran proyecto nupcial centrado en su persona. El padre de Stephen, el palatino Joseph, que aún vivía, estaba casado en terceras nupcias con Dorothea, pero, antes que ella, había tenido dos esposas muertas prematuramente: la primera había sido la bella gran duquesa Alexandra Paulovna de Rusia y la segunda la princesa Hermine de Anhalt-Bernburg-Schaumburg-Hoym, quien, precisamente, le había dejado a modo de legado a los gemelos Stephen y Hermine. Pues bien: el zar de Todas las Rusias Nicholas I nunca había olvidado que el archiduque Joseph palatino de Hungría había sido un marido atento y cariñosísimo con su difunta hermana Alexandra Paulovna. Así que a Nicholas I se le ocurrió que Stephen, el hijo varón que Joseph había tenido con Hermine, sería el esposo adecuado para la única de sus hijas que le quedaban por casar: la encantadora gran duquesa Olga Nicolaevna. Joseph encontró halagador y estimulante el interés manifestado por Nicholas acerca de un eventual compromiso de Stephen con Olga.

Pero la mera posibilidad chocó con una virulenta oposición en la cancillería imperial de Metternich. Metternich desconfiaba de Joseph, un palatino muy popular del que pensaba que quizá llegase al punto de querer ser rey de una Hungría que se hubiese sacudido de encima al Imperio; también desconfiaba, como se ha reiterado en el tema, de Dorothea, la protestante esposa de Joseph. La perspectiva de que Stephen se casase nada menos que con una de las queridísimas hijas del zar de Todas las Rusias no entraba en los cálculos de Metternich, quien se dedicó a echar tierra encima del proyecto. Después de que ese asunto se frustrase, cuando Olga ya se había comprometido con el príncipe heredero Karl de Württemberg, un hermano menor del zar Nicholas, el gran duque Mikhail, delegó en su esposa Helena Paulovna la tarea de encontrar un marido apropiado para una hija de ambos, la gran duquesa Ekaterina Mikhailovna. Helena Paulovna llegó a la conclusión de que les convenía Stephen. Para no sondear de manera directa, lo que podía ser mal visto, lo hizo de forma sutil a través de una dama de su confianza, la condesa Walburga de Révay. Sin embargo, Stephen se mostró abierto y franco con la condesa de Révay: si en la corte de Austria no habían aceptado en absoluto la perspectiva de que él se casase con la gran duquesa Olga Nicolaevna, hija del zar, no creía que fuesen a transigir con la gran duquesa Ekaterina Mikhailovna, sobrina del zar. El tema se zanjó de esa manera.

En 1848, cuando se produjo el alzamiento nacionalista húngaro, Stephen permanecía soltero. Y soltero se quedaría cuando, profundamente deprimido, abandonó el imperio hacia una especie de exilio dorado en el condado de Holzappel, en el ducado de Nassau.


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 Asunto: Re: MARIE HENRIETTE DE AUSTRIA, Reina de BÉLGICA
NotaPublicado: 18 Oct 2009 22:02 
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Asegura el refrán que a perro flaco todo se le vuelven pulgas, y, desde luego, el aserto popular se cumplió en lo que se refiere a Dorothea. Sólo gracias a su sólida y firme religiosidad había logrado asimilar la "caída en desgracia" de su hijastro Stephen, por el que sentía un inmenso afecto. Ella había criado a los huérfanos de su predecesora Hermine, Stephen y Hermine, mezclados con sus propios retoños. La muerte de Hermine la había llenado de pesadumbre. La desdicha de Stephen a raíz de lo acontecido a cuenta de la sublevación de 1848 no fue menos dolorosa para Dorothea.

Pero, en ésas, ocurrió algo que contribuyó a incrementar el sentimiento de que el mundo se deshacía en jirones. La adorada hija mayor de Dorothea, Elisabeth Franziska, se había embarazado en noviembre de 1848. Dentro del panorama general, ese embarazo de Elisabeth Franziska, al evolucionar felizmente, contribuyó a que Dorothea, tan afectada por la penosa situación en que se había visto arrollado psicológicamente Stephen, cobrase nuevos ánimos a lo largo del primer semestre de 1849. Cuando el 7 de julio Elisabeth Franziska dió a luz, felizmente, una niña, la abuela materna se mostró exultante. A la recien nacida se le otorgaron, en el bautizo, los nombres de Maria Theresia Henriette Dorothea. Era demasiado nombre para un bebé: enseguida empezaron a llamarla cariñosamente Dada.

El bebé jamás recordaría a su padre, Ferdinand de Austria-Este. En diciembre de 1849, una epidemia de tifus se cobró numerosas víctimas entre las cuales figuraría el marido de Elisabeth Franziska. Aquel hombre de veintiocho años agonizó durante cinco días ante la mirada angustiada de su esposa de dieciocho años; por supuesto, la madre de ella, Dorothea, había acudido rauda junto a una amiga de la familia, la condesa Dolly de Ficquelmont. La noticia de la desaparición de Ferdinand, el 15 de diciembre, devastó a las hermanas de él, María Theresa y Beatrix. En especial María Theresa, condesa de Chambord, se quedó intensamente deprimida.

Elisabeth Franziska era una viuda con una niña de cinco meses a su cargo: situación triste dónde las haya. De momento, prefería permanecer en Brünn junto a la niña, a la que estaba decidida a educar contando con el apoyo de la conservadora y pietista rama Módena a la que había pertenecido su difunto Ferdinand. El futuro de la archiduquesa, tras tan efímero pero feliz matrimonio y una viudedad tempranísima con hija huérfana de padre incluída en el lote, quedaba en el aire. Aquí una foto de Elisabeth Franziska, cortesía de Svetabel en AP:

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 Asunto: Re: MARIE HENRIETTE DE AUSTRIA, Reina de BÉLGICA
NotaPublicado: 18 Oct 2009 22:27 
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La atractiva Elisabeth Franziska pronto llamaría la atención de otro hombre. Y no uno de poca monta, pues atrajo el interés sentimental nada menos que del emperador Franz Joseph de Austria, de edad parecida a la de la viuda del archiduque Ferdinand.

Que Franz Joseph se prendase de su prima Elisabeth Franziska puso al borde del ataque de nervios a la madre del emperador, la dominante archiduquesa Sophie. Sophie detestaba a los húngaros: la animadversión, que se había iniciado a raíz de la sublevación nacionalista de los magiares de 1848, era muy intensa en ella. Nunca le había gustado la rama palatina. Al igual que el que había sido canciller Metternich, Sophie había desconfiado del palatino Joseph. A posteriori, la trayectoria del palatino Stephen había acrecentado la animosidad de Sophie. Católica enardecida, entre el recelo hacia Joseph y el rechazo hacia Stephen había estado, siempre, el ceño fruncido en dirección a la "exageradamente ecuménica" Dorothea. Así que, por mucho que Elisabeth Franziska hubiese sido una esposa impecable durante su convivencia con el difunto Ferdinand, a Sophie le sentó peor que mal constatar la preferencia de Franz Joseph por aquella viuda. La oposición de Sophie debió de ser de tal calibre, que Franz Joseph, hijo devoto de su madre, prefirió dejar correr el agua. Curiosamente, en ese romance platónico del emperador, que jamás llegó a cuajar en un noviazgo, estuvo la base de una amistad duradera entre Franz y Elisabeth Franziska.

Hacia 1852, Elisabeth Franziska llamaría la atención de un rey: Leopold I de Bélgica. Leopold estaba inmerso en la tarea de encontrar la esposa perfecta para el mayor de sus hijos varones, otro Leopold, en ese caso duque de Brabante. A diferencia de su padre, el duque de Brabante no era especialmente apuesto ni dotado de un extraordinario carisma; también carecía de don de gentes, no sabía ganarse la simpatía y retenerla a través del tiempo debido a su carácter hosco y petulante. Darle una princesa católica que agradase a los belgas quizá fuese la mejor manera de ir situándole ante el público bajo una luz más favorecedora. Leopold I había conocido a Elisabeth Franziska: la consideraba hermosa, elegante, inteligente, cultivada y, por añadidura, bondadosa. Nada pesaba en contra de Elisabeth Franziska. Nada...excepto quizá el hecho de que se trataba de una viuda con una hijita de tres años.

Particularmente, Leopold I de Bélgica no tenía nada en contra de que su hijo desposase a una joven que se había casado bien, que había sido una excelente esposa y que había demostrado su fertilidad antes de perder a un marido a cuya memoria habia tributado el adecuado respeto. Pero, desde luego, anunciar un compromiso del duque de Brabante con una viuda y madre no constituía una estampa tan romántica como anunciar un noviazgo del duque de Brabante con una virginal princesa. Por añadidura, había un dato que, al sopesarlo cuidadosamente, le pareció ominoso a Leopold. Elisabeth Franziska estaba en inmejorables relaciones con la rama Módena, a la que había pertenecido Ferdinand y a la cual pertenecía la pequeña Dada. Esto significaba que se llevaba bien con las que habían sido sus cuñadas, María Theresa condesa de Chambord y Beatrix. Puesto que el duque de Brabante había tenido por madre a Louise de Orléans, una de las hijas del único rey Orléans Louis Philippe, podía parecer poco apropiado casarle con una Elisabeth Franziska que consideraba casi hermana a la condesa de Chambord, esposa del pretendiente legitimista a la corona de Francia.

Al descartar, no sin tristeza, a Elisabeth Franziska, Leopold I reparó, no obstante, en que ésta tenía UNA HERMANA menor: la archiduquesa Marie Henriette. Marie Henriette contaba ya dieciséis años. No era menos hija del archiduque Joseph y de Dorothea de Württemberg que Elisabeth Franziska. Había crecido en la misma familia, recibiendo la misma educación. Cierto que, a tenor de los coetáneos, Marie Henriette no era tan guapa como Elisabeth Franziska, pero tampoco ofendía a la vista de nadie su presencia. Tampoco igualaba en refinamiento a Elisabeth Franziska, pero era de esperar que, paulatinamente, adquiriese trazas de la perfecta compostura de la hermana mayor. En conjunto, Leopold I se sintió reanimado a medida que evaluaba las perspectivas que ofrecía Marie Henriette. Enseguida dirigió una petición oficial de mano a Dorothea, la madre de Marie Henriette, contando con que el emperador de Austria, Franz Joseph, estaría muy de acuerdo en que una archiduquesa de la casa de Habsburgo pudiese convertirse en la futura reina de los belgas.


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