Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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 Asunto: Re: MARÍA FEODOROVNA (Sofía Dorotea de Württemberg)
NotaPublicado: 05 Abr 2020 14:10 
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No te prteocupes; tú a tu aire :cool:


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 Asunto: Re: MARÍA FEODOROVNA (Sofía Dorotea de Württemberg)
NotaPublicado: 05 Abr 2020 22:55 
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Eso, nadie te apura, nos regalaste un montón de hilos este último tiempo, nosotros obvio que nos engolosinamos y ahora queremos más. :-p

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"Ma fin est mon commencement, et mon commencement ma fin".


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 Asunto: Re: MARÍA FEODOROVNA (Sofía Dorotea de Württemberg)
NotaPublicado: 09 Abr 2020 15:53 
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Con el impulso mental, el poderoso estímulo, que representan las buenas noticias...sigo adelante. Agradeciendo de nuevo la compañía y ánimo, a legris y Konradin muy en particular, retomo desde:

En febrero de 1786, María dió a luz, de nuevo con la asistencia de Morenheim, a su tercera hija, María Paulovna. A esas alturas, Catalina II empezaba a refunfuñar por la cantidad de niñas que estaba produciendo su nuera, temiendo que no habría en el futuro manera de escoger maridos apropiados para cada una de aquellas grandes duquesas.

Para entonces, María ya sabía lo que era perder a una hermana. Las dos hermanas menores de nuestra protagonista íban a ser mujeres de vidas efímeras, demasiado breves, interrumpidas en plena juventud. Federica, duquesa de Oldenburg...

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Federica, hermana de María.


...murió tras dar a su luz a un tercer hijo varón que nació muerto. En su caso, el fallecimiento no se debió a ninguna galopante infección de la sangre derivada del esfuerzo de poner otro retoño en el mundo: sufría cáncer de mama cuando se había quedado encinta por tercera vez, y había pasado ese último embarazo casi en tiempo de descuento, por así decirlo. María y Pablo habían tenido mucho que ver con la vida de Federica: habían sido ellos quienes, en su momento, habían promovido activamente la boda de la muchacha con el heredero del ducado de Oldenburg, Peter Friedrich de Holstein-Gottorp. Los dos hijos que Federica había proporcionado a su nueva dinastía, Pablo Federico Augusto y Jorge Pedro Federico, eran, ambos, ahijados de bautismo del tío gran duque Pablo Petrovich. La fatal enfermedad y rápida desaparición de Federica, dejaron desolado al marido (de hecho NUNCA volvería a casarse) y causaron verdadera conmoción en los padres, allá en Montbeliard, pero también su hermana María en Rusia.

Quedaba otra hermana: la bonita y pizpireta Elisabeth:

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La cual seguía en Viena, educándose para convertirse en la esposa del archiduque Franz, heredero del archiduque Leopold gran duque de Toscana, quien, a su vez, era el presumible heredero del hermano emperador Joseph II. La idea era: tras Joseph II, ascendería al trono imperial su hermano Leopold, y después de Leopold, Franz, el mozo destinado para Elisabeth. Joseph ponía mucho interés en la "buena crianza" de su sobrina política Elisabeth, que en gran medida era la garante de la alianza con Rusia. Cuando en 1787 surgieron ciertas tensiones en la alianza austrorusa, Joseph se sentiría lo bastante concernido por el asunto como para viajar apresuradamente hasta la península de Crimea a entrevistarse con Catalina II: estaba convencido de que en persona, sin usar diplomáticos como intermediarios, arreglaría las cosas rápidamente.

He aquí un grabado, muy revelador, en el que Joseph II auspicia los esponsales de su sobrino Franz y de la joven Elisabeth:

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Joseph II, emperador, como protector de los jóvenes Franz y Elisabeth.


El 6 de enero de 1788, en Viena, Elisabeth se convirtió en archiduquesa al celebrarse, con toda la fanfarria que la ocasión requería, su boda con el archiduque Franz. Ella, que ya se había convertido años atrás al catolicismo, la religión de su propio padre y sus antepasados paternos, llevaba años preparándose para aquel momento triunfal. Por entonces, en Rusia, su hermana María estaba embaraza cinco meses: sería el 10 de mayo de 1788 cuando diese a luz una nueva hija, esta bautizada con el nombre de Ekaterina en honor a la abuela emperatriz, a ver si así ésta se tomaba con más filosofía el hecho de tener ya cuatro nietas consecutivas después de los dos adorados nietos mayores. La pequeña Ekaterina, Katia, estaba destinada, esas cosas que pasan, a ser la hermana favorita, sin lugar a dudas, del hermano primogénito, Alejandro.

Paradójicamente, en ese tiempo, los problemas de María procedían más de los hermanos que de las hermanas. Que Federica hubiese muerto tan prematuramente en noviembre de 1785 no era algo que María pudiese echarle en cara a su pobre hermana: de hecho, la lloró con mucho sentimiento y se prometió a sí misma velar por los huérfanos de la difunta. Sin embargo, en diciembre de 1786, la corte imperial de San Petersburgo se había hecho lenguas -¡y de qué manera...!- acerca del hermano mayor de María, Friedrich, el que había llegado allí tras la gira europea de los grandes duques y había conseguido que la emperatriz Catalina II le pusiese "de gobernador" en Finlandia.

Fiedrich era, por así decirlo, de esos individuos de vida privada "controvertida". A ver, seamos claros: estamos en el siglo XVIII y antes de la Revolución Francesa. Ni la homosexualidad ni la bisexualidad estaban "normalizadas" socialmente...y esto es así. Friederich, aquel gigante de más de dos metros de estatura y que llegó a superar también los doscientos kilos de peso, no es que fuese homosexual o bisexual...esto último, casi seguro. Lo peor es que era bastante bruto y trataba con una mezcla de disciplencia y brutalidad a su esposa diez años menor que él, Augusta de Brünwick-Wolfenbüttel.

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Augusta de Brünswick-Wolfenbüttel.


Augusta, una francófila que adoraba la literatura y se pasaba media vida con un libro entre las manos, era muy adorable tanto a ojos de su propia cuñada, nuestra María Feodorovna, como de la suegra de ésta, Catalina II. Podéis imaginaros, sabiendo esto, lo encantadora que era Augusta. María no tenía en mucha estima a su hermano Friedrich: parece haber sido plenamente consciente de los "peros" que podían achacársele. Tampoco Catalina II le apreciaba, si bien se sentía obligada a promocionarle en Rusia porque el tipo, a fín de cuentas, venía siendo cuñado de su hijo y heredero. Las disputas entre Friedrich y Augusta daban mucho que hablar en San Peterburgo, y además la buena sociedad rumoreaba que él tenía la lengua y la mano demasiado flojas. Dado que la buena sociedad rusa era, en general, bastante machista, el hecho de que rumoreasen que Friedrich castigaba más de la cuenta a Augusta da una idea del nivel de maltrato que pudo padecer la joven princesa, la cual, entre 1781 y 1785, había dado a luz tres varones y una única fémina muerta a muy temprana edad.

En 1786, el matrimonio de Friedrich y Augusta había hecho un crash boom bang en toda regla. Había saltado por los aires, vamos, después de varias escenas bochornosas en las cuales Augusta había tenido que buscar la protección de Catalina II. Hacia 1787, las negociaciones para arreglar un divorcio públicamente decoroso entre un Friedrich "demasiado bruto" y una Augusta cuya vulnerabilidad había conmovido hasta a Catalina II eran la constante comidilla de la corte imperial rusa -y un motivo de angustia para María Feodorovna-.


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 Asunto: Re: MARÍA FEODOROVNA (Sofía Dorotea de Württemberg)
NotaPublicado: 11 Abr 2020 15:20 
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Antes de que preguntéis :)) :))...no, María NO se llevaba bien con su hermano mayor Friedrich. No existía un vínculo muy fuerte ni muy sólido entre ellos dos. Pero Friedrich era SU hermano mayor y ella tenía un sentimiento notable de lealtad hacia su familia de orígen. La idea era contribuír a que su hermano desarrollase una excelente carrera en Rusia, no asistir a una "voladura incontrolada" de la imagen y reputación de Friedrich que echase a la basura la progresión de él.

En diciembre de 1786, se había producido un episodio lamentable. En aquel tiempo, la esposa de Friedrich, Augusta Carolina Federica Luisa de Brunswick-Wolfenbüttel, había salido a la carrera de los propios aposentos que se les habían asignado en el Palacio de Invierno durante las celebraciones navideñas para presentarse, claramente descompuesta y aterrorizada, en los aposentos de la emperatriz Catalina II, a la cual solicitó su protección entre sollozos. Augusta, apodada Zelmira por sus allegados...

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Zelmira.


...era, sin andarnos por las ramas y sin paños calientes, una mujer maltratada. A Catalina II le resultó inaceptable aquel estado de cosas e intervino a favor de Zelmira. Públicamente, Friedrich quedó lo que se dice en entredicho, mientras que a Zelmira se la enviaba a la fortaleza de Lohde, en Estonia. Catalina II explicó que "la niña tiene derecho a vivir en paz", y que a la propia Zelmira le había parecido bien la idea de pasar allí los veranos y sólo pedía que se le pidiese vivir, cuando llegase invierno, en Revel.

A partir de ahí, la historia personal de la pobre Zelmira se vuelve un tanto sórdida y misteriosa -así son las cosas-. Aquella mujer de veintiún años alejada de un marido brutal y tres hijitos de corta edad llamados Wilhelm, Friedrich y Paul (había habido una niñita, nacida entre Friedrich y Paul, muerta a los pocos meses, llamada Sofía Dorothea en honor a la tía María Feodorovna...), estaba destinada a ser lo que se dice "carne de cañón". Su custodio, el aristócarata Wilhelm-Reingold von Polman, sexagenario, reciente viudo y padre de varios hijos, no es que cumpliese con el papel asignado de guardián de la princesa Zelmira precisamente. En la versión más suave, la sedujo prevaliéndose de su posición; en la versión más cruda, abusó sexualmente de ella. Zelmira quedó embarazada y tras un embarazo difícil llegó el momento de un parto que también se presentaba complicado, pero von Polman se negó a buscar asistencia de parteras o médicos para preservar el secreto de Lohde. Zelmira murió a consecuencia de un parto atroz. La historia oficial, por supuesto, fue cuidadosamente elaborada por parte de von Polman y creída quizá sí o quizá no por Catalina II: la emperatriz autócrata a veces tenía la sabidura de elegir lo que quería creer.


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 Asunto: Re: MARÍA FEODOROVNA (Sofía Dorotea de Württemberg)
NotaPublicado: 11 Abr 2020 18:19 
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La tumba de Augusta en la iglesia luterana de san Juan,en Kullamaa,Estonia.

foto de Avjoska


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 Asunto: Re: MARÍA FEODOROVNA (Sofía Dorotea de Württemberg)
NotaPublicado: 12 Abr 2020 10:12 
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legris escribió:
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La tumba de Augusta en la iglesia luterana de san Juan,en Kullamaa,Estonia.

foto de Avjoska


La pobre tuvo una vida bien desdichada y un final dramático. Para cuando ella murió, su marido, Friedrich, ya no estaba en Rusia. Había vendido su gran residencia "Monrepos" en Vyborg con cierta premura, una vez que Catalina II, la protectora de la desgraciada Zelmira, le había "invitado" con bastante sequedad a tomarse unas largas vacaciones lejos de Rusia. Con todo aquel follón de matrimonio trufado de escandaleras y separación patrocinada por la emperatriz, Friedrich había quedado públicamente en entredicho y su reputación se había deteriorado tanto que representaba un problema tenerle en Rusia. A María Feodorovna se la llevaban los demonios por aquella debacle de su hermano mayor (pese a que, repito, no estaban particularmente unidos). Friedrich se largó con sus pequeños hijos...y ya nunca volvió a instalarse en el imperio.

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Friedrich.


Se le ocurrió irse a Francia y aconteció que eso le convirtió en testigo privilegiado de los albores de un hecho histórico que íba a sacudir por completo los cimientos del Antiguo Régimen: la Revolución de 1789.


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 Asunto: Re: MARÍA FEODOROVNA (Sofía Dorotea de Württemberg)
NotaPublicado: 12 Abr 2020 11:21 
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Ludwig, el hermano que seguía en edad a Friedrich, también se había casado en 1784. Su matrimonio fue otro de aquellos asuntos en los que había resultado trascendental la "conexión rusa", es decir, el estrecho parentesco del novio con el gran duque Pablo Petrovich. La novia elegida fue la polaca Maria Anna Czartoryska, a continuación reflejada en dos retratos que la muestran en distintas etapas de su vida:

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La nueva cuñada de nuestra María era una muchacha singular. Oficialmente, se trataba de una hija del príncipe Adam Kazimir Czartoryski, uno de los aristócratas más influyentes de Polonia, y de la prima con la que éste se había casado, la bella Isabella Fleming, una gran heredera. Aquí van retratos de Adam Kazimir...

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Retratado nada menos que por la querida Vigee-Lebrun.


...y sobre todo de Isabella Fleming:

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Isabella.


Que sí, que sí, que ya sé que me encanta "perderme" con personajes secundarios, tan secundarios como pueda pareceros la suegra de uno de los hermanos de nuestra María :wink: :wink: Pero, de verdad, es que no puedo resistirme. Porque Isabella Fleming princesa Czartoryska era un personaje con mucha tela que cortar. Una mujer hermosa, atractiva, dotada de todas las gracias sociales; también una mujer de gran capacidad intelectual, con sensibilidad artística y talento literario, aficionada a la jardinería en una época en que el diseño de jardines constituía un aspecto fundamental para la mejor sociedad; y sobre cualquier otra cosa, una apasionada y ardiente patriota polaca. Más adelante, los polacos la llamarían "el útero de la nación", por ser madre de los príncipes Adam Jerzy y Konstantin Adam y de las princesas María Anna ("Marianne" para la madre) y Sophie.

La vida amorosa de Isabella había sido, digamos, agitada. El tout Varsovia estaba convencido de que el padre biológico de su hijo Adam Jerzy era el notable ruso príncipe Nikolai Vasilievich Repnin, a quien se decía que Isabella se había entregado como modo de mostrar su agradecimiento por los múltiples beneficios que Repnin había ofrecido a los Czartoryski, algo que enojó tremendamente a la patrona imperial de Repnin Catalina II, mientras que se atribuía la paternidad biológica de Konstantin Adam al aristócrata francés Armand-Louis de Gontaut-Biron, sucesivamente conde de Biron, marqués de Gontaut, duque de Lauzun y duque de Biron. Respecto a la paternidad de las hijas, también había alusiones interesantes. La hija que a nosotros nos interesa, María Anna o "Marianne", era muy probablemente hija del rey de Polonia Stanislao II Augusto Poniatowsky...¿os acordáis de él? Ya ha salido antes en este tema, como el ex amante de Catalina II de Rusia hecho rey de Polonia por obra y gracia de la zarina y que años después había recibido con honores en Varsovia a Pablo Petrovich y a María Feodorovna durante la primera escala de estos en los albores de su Grand Tour por Europa Continental.

La boda con María Anna "Marianne" Czartoryska colocó a Ludwig de Württemberg en una posición destacada en la corte de Varsovia, en el círculo de personajes notables que rodeaban al rey Stanislao II Augusto. Todo quedaba "en famille" si consideramos que Stanislao era quizá el suegro verdadero de Ludwig.

Eugen era el tercer hijo varón de los padres de María, el último de los chicos nacidos justo antes de que ella hubiese llegado al mundo. Por cuestión de edad, María siempre había estado más cerca de Eugen que de los mayores, Friedrich y Ludwig. Eugen, que estaba al servicio prusiano, se había instalado en la ciudad de Oels, en la Silesia, y en 1787 también había hecho lo que se dice una buena boda. En su caso, la elegida fue Luise de Stolberg-Gedern, viuda desde cinco años atrás delduque Karl Wilhelm de Saxe-Meiningen. Luise de Stolberg-Gedern no tenía para nada el perfil de sus concuñadas Zelmira o Marianne: era una princesa alemana de presencia digna y estólida y una buena crianza según los estándares de su posición. En los años siguientes, sin dar nada que hablar, Luise se ocuparía de ir pariendo un hijo, una hija homónima, y tres varones más consecutivos.

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Castillo de Oels, en la Baja Silesia, lugar de residencia de Eugen y Luise con sus chicos.


En la lejana Rusia, Pablo y María tenían a esa parte de la familia en gran estima (y con el tiempo, tras el ascenso al trono de Pablo, veremos que María le impulsó a conferir honores y oportunidades de ascenso a aquellos sobrinos en concreto).


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 Asunto: Re: MARÍA FEODOROVNA (Sofía Dorotea de Württemberg)
NotaPublicado: 12 Abr 2020 12:14 
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Vamos a situarnos en 1789, por tener un punto de referencia cronológico muy notable.

En 1789, María ya había tenido seis hijos, dos varones y cuatro féminas: Alejandro, Constantino, Alejandra, Elena, María y Katya. Aunque apenas pinchaba ni cortaba en las vidas de Alejandro y Constantino, que parecían las dos posesiones más preciadas de la dominante abuela Catalina II, sí podía disponer respecto a la crianza de Alejandra, Elena, María y Katya. Su relación con Pablo seguía siendo privilegiada, y eso constituye un mérito exclusivo de la fabulosa adaptabilidad y el poderoso sentido de la lealtad de María. María se "amoldaba" a Pablo, al retorcido carácter y difícil temperamento de él: no pretendía cambiarle ni llevarle de la nariz en ninguna dirección, sino que se mostraba siempre comprensiva, solícita y cariñosa. El bienestar de Pablo constituía la prioridad absoluta: en ese sentido, María fue un modelo de esposa devota y comprometida. Adicionalmente, ella le era ferozmente leal. En las constantes tensiones entre la zarina Catalina, su muy imponente suegra, y Pablo, María siempre tuvo claro que ella estaba y estaría ocurriese lo que ocurriese del lado de Pablo.

Eso había sido así incluso durante los años 1787 y 1788, que, en conjunto, resultaron muy frustrantes para Pablo. Aunque jugar a los soldaditos prusianos en Gatchina era algo que se tomaba muy en serio y le ocupaba cada día de su vida, se veía excluído de cualquier evento relevante. A principios de 1787, Catalina protagonizó la extraordinaria expedición a Crimea, siguiendo la estela de Potemkin: por supuesto, Pablo y María estaban al margen de aquello, aunque la emperatriz sí había considerado seriamente llevar consigo a los embelesados Alejandro y Constantino. Si Catalina al final había renunciado a llevarse a Alejandro y Constantino, fue porque los dos niños contrajeron de manera casi providencial la varicela justo en víspera de la fecha prevista para iniciar el viaje. Catalina no había hecho ni caso a su nuera María Feodorovna, nuestra María, que había perdido por completo el dominio de sus nervios al imaginar a sus dos hijos varones viajando por un territorio remoto en el que eran frecuentes los brotes de peste y más frecuentes aún los episodios de malaria.

Luego ya avanzado 1787 estalló una nueva guerra ruso-turca y Pablo se puso de lo más insistente con que quería unirse al ejército. Catalina II dudaba: no tenía ninguna confianza en la capacidad de su hijo, y por otro lado siempre estaba el temor de que él lograse hacerse con apoyos entre las tropas rusas suficientes para en un momento futuro tratar de dar un golpe de mano a favor de sí mismo. La excusa que Catalina puso para impedirle unirse a la campaña bélica fue que María estaba de nuevo embarazada a finales de 1787 (efectivamente, esperaba por entonces el nacimiento de Katya). A Pablo aquello no le bastaba como justificación para su exclusión. En 1788, en cambio, estalló, de manera un tanto intempestiva, un conflicto militar en territorio finlandés contra los suecos, y, entonces, María NO estaba embarazada de ningún futuro gran duque o (casi más previsible) futura gran duquesa. Esa vez Pablo se puso de nuevo pesadito con que quería irse a luchar a Finlandia y Catalina no encontró una manera de interponerle un veto al arranque de patriotismo del hijo al que tanto despreciaba.

Antes de largarse a Finlandia, Pablo...

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Pablo Petrovich.


...había dado una prueba a María de hasta qué punto confiaba plenamente en que ella velaba por sus intereses. Pablo vivía en la permanente consciencia de que su madre quizá tratase de privarle de su herencia, el trono imperial ruso, en cualquier momento: siempre había rumores respecto a que la zarina pretendía ningunear a su hijo en favor de su queridísimo nieto mayor, todavía un crío. Catalina tenía ya cierta edad y no llevaba una vida sosegada ni contemplativa, así que en cualquier momento podía producirse una muerte. Pensando en que eso pudiese acontecer mientras él se hallase a miles de kilómetros, en suelo finlandés, Pablo instruyó con cuidado a María: en el caso de que tuviese noticia de una enfermedad súbita de Catalina, debía ponerse en alerta y acudir rápidamente a su lado; si la zarina moría, ella, la gran duquesa, debería encargarse de localizar y custodiar con uñas de gata montesa el testamento de la emperatriz hasta que Pablo, avisado, hubiese podido presentarse en San Petersburgo. María estaba de acuerdo con ese planteamiento de Pablo y dispuesta a representar el papel de guardiana de la herencia que él le atribuía. La escena, en sí misma, es un ejemplo de que María había conseguido algo especial por lo que concernía a Pablo: su confianza, que era algo todavía más preciado que su amor. Porque un tipo tan carcomido por los recelos y las desconfianzas como Pablo, en realidad no confiaba en nadie excepto en su segunda esposa.

No hizo falta que María moviese ni un dedo, porque Catalina siguió vivita y coleando mientras que la aventura finlandesa de Pablo se agotaba en muy pocos meses. Pablo, las cosas como son, no gestionó nada bien aquella oportunidad que se le había ofrecido de unirse al ejército ruso desplegado frente a los suecos. El gran duque tenía tan escaso sentido de la oportunidad y de la diplomacia como había tenido su padre, el difunto Pedro III. Nada más llegar al cuartel general empezó a disputar por todo y por nada por el comandante en jefe, que tenía órdenes específicas de la emperatriz de no permitir bajo ningún concepto que el gran duque tuviese acceso a información reservada de la campaña o de que participase en la toma de decisiones. Pablo, en su frustración, se dedicó a hacer lo peor que podía haber hecho: criticar todo lo referente a los soldados y la oficialidad de los distintos regimientos allí agrupados, quienes, en su opinión, no valían para nada comparados con su mini ejército prusiano de Gatchina. Para los orgullosos rusos verse comparados en aquellos términos con el mini ejército PRUSIANO de Gatchina constituía una ofensa imperdonable. El disgusto y la irritación hacia el gran duque alcanzaron tal nivel que en poquísimos meses se le ordenó a Pablo que volviese a San Petersburgo.

El estallido de la Revolución en Francia en julio de 1789, si aceptamos la convención histórica de marcar el comienzo en la toma de Bastilla, íba a ser algo parecido a la erupción de un volcán en todas y cada una de las cortes europeas. Resultaba imposible sustraerse a la terrible impresión que provocaría aquel descalabro de la monarquía francesa, envuelta en una mística glamurosa muy especial durante generaciones. Versailles casi era un mito, como lo había sido Camelot. Y ahora Versailles estaba en peligro, a cuenta de una sublevación que parecía desbordarse en una secuencia de eventos que cuestionaban todo el Ancien Regime. La muy ilustrada Catalina II, en San Petersburgo, era también una déspota convencida y naturalmente alérgica al "jacobitismo": la emperatriz había asegurado a su amigo Grimm que no podía creer en "el supuesto talento de zapateros y remendones para gobernar y legislar" y, anticipando el futuro, la gran emperatriz llegó exclamar que aquellos brutos desalmados "¡son capaces de colgar a su rey de una farola!". No tenía ningún interés en que el ideario que estaba sirviendo de espoleta a los revolucionados franceses se propagase en Rusia, pero sin embargo las noticias sobre lo acontecido pudieron encontrar eco en la prensa rusa desde 1789 a 1791. En 1791, sin embargo, la situación cambió y se establecería una rígida censura para evitar que las noticias que llegaban de Francia se diseminasen y pudiesen producir un efecto contagio. De repente hubo periodistas en Rusia a los que se hacía perentorio poner la mordaza antes aún de que empezasen a pronunciarse: un ejemplo de ello fue Novikov, hasta entonces un tipo bastante respetado, editor de periódicos, director de una escuela de traductores e incluso de una biblioteca pública. Al pobre Novikov le cayeron quince años de prisión, en una suerte de tremendo aviso para navegantes en el río revuelto que llegaba desde Francia.


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 Asunto: Re: MARÍA FEODOROVNA (Sofía Dorotea de Württemberg)
NotaPublicado: 13 Abr 2020 12:25 
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Mirad qué monada de pequeño retrato de María Feodorovna he encontrado casi de pura chiripa en la ÖNB:

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Una imagen encantadora :-) Ésta otra, con manto de armiño incluído, tampoco le va a la zaga:

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Y eso, la ÖNB, me enlaza muy bien con el hecho de que ahora llega el final de la hermana pequeña de María, la bonita y adorable Elisabeth Wilhelmine. Desde la muerte de Federica, Elisabeth era la única hermana que le quedaba a nuestra protagonista.

Ya sabemos, porque aquí ya ha salido a relucir, que en su momento el compromiso de Elisabeth con el sobrino y potencial heredero del emperador Joseph II, el archiduque Franz, había sido una piedra angular de la alianza entre el propio Joseph II y la emperatriz Catalina II de Rusia, para gran enojo del rey de Prusia. La joven Elisabeth, como aquí se ha mencionado, había sido enviada a Viena, para que se educase en la Salesianerinnenkloster, bajo el cuidado directo de Josepha condesa de Chanclos y del sacerdote católico Alois Langenau. Convertida ya al catolicismo y perfectamente formada, Elisabeth se había casado con Franz el 6 de enero de 1788 y se había convertido en una figura femenina destacada de la corte del tío Joseph II, que bebía los vientos por ella y la mimaba todo lo que se podía o más. El encanto de Elisabeth también tenía embelesado a Franz y, en conjunto, ella tenía lo que se dice una vida regalada en la corte austríaca.

En el verano de 1789, Elisabeth había tenido señales de hallarse embarazada. Pocos meses atrás, su tío político, el emperador Joseph II, había retornado a Viena tras una prolongada estadía en tierras húngaras con síntomas evidentes de una tuberculosis galopante y se le había confinado en sus habitaciones. Aunque Joseph II era el emperador, estaba muy solo: su hermano heredero Leopold (padre de Franz, suegro de Elisabeth) seguía gobernando la Toscana desde Florencia y el ambicioso canciller Kaunitz se negaba de plano a visitar en su alcoba al enfermo monarca, por miedo a un eventual contagio. La única persona con cuya amistad incondicional podía contar Joseph era su gran amigo el mariscal Franz Moritz von Lacy. Elisabeth también quería sinceramente a su tío y estaba deseosa de verle, pero pese a la insistencia de la muchacha en que deseaba visitarle, la progresión de su gravidez no hacía aconsejable que mantuviese contacto cercano con un tuberculoso y se la mantuvo aparte; sólo aceptaron que acudiese a despedirse de él una vez que el emperador hubo recibido los últimos sacramentos, el 15 de febrero de 1790.

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Elisabeth.


Joseph tenía plena conciencia de que su aspecto era lastimoso. La tuberculosis le había consumido, su rostro tenía un aspecto cadavérico y todo él desprendía un aire mortecino. Pidió a sus criados que dejasen la habitación casi en penumbra antes de que entrase la embarazadísima Elisabeth, porque deseaba ahorrarle a la chica aquella visión tan espeluznante. Aún así, a pesar de la falta de luz, a pesar de las sombras, Elisabeth pudo atisbar el efecto de la tuberculosis en Joseph y se quedó acongojada y conmocionada, incluyendo un desmayo después de la emotiva despedida. Al día siguiente, Elisabeth se puso de parto antes de tiempo y la cosa se puso retorcida casi desde el principio; después de veinticuatro horas de esfuerzo, se hizo evidente que hacía falta intervención del cirujano para tratar de salvar a la madre, pero quizá la decisión se había tomado demasiado tarde. Después de haber parido una niña diminuta y de aspecto delicadísimo, Elisabeth, de apenas veintidós años, murió, para gran desconsuelo de su marido Franz y del agonizante emperador Joseph, que la siguió al otro mundo al cabo de solamente dos días. La corte de Viena quedó sumida en el luto. Spoiler: la hijita de Elisabeth, Ludovika Elisabeth, conseguiría permanecer viva por espacio de cuatro meses.

Elisabeth quedó como un recuerdo hermoso y emotivo flotando en la atmósfera de la corte imperial. Su viudo, Franz, conservó para siempre la imagen un tanto idealizada de aquella jovencísima esposa que había tenido todo a su favor: belleza, educación refinada, espíritu compasivo y piadoso, talante amable y generoso. Su siguiente esposa, su prima María Teresa, que era de naturaleza emocional y muy celosa, se pasaría años "compitiendo" con el fantasma de Elisabeth de Württemberg.


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 Asunto: Re: MARÍA FEODOROVNA (Sofía Dorotea de Württemberg)
NotaPublicado: 13 Abr 2020 17:34 
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Mensajes: 7986
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José II y Elisabeth.


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 Asunto: Re: MARÍA FEODOROVNA (Sofía Dorotea de Württemberg)
NotaPublicado: 13 Abr 2020 18:07 
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Registrado: 25 Jul 2009 08:22
Mensajes: 1862
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No encontré los originales del MNAD pero bueno...

Alejandro I de pequeño por Levitzky.
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Y Constantin:
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 Asunto: Re: MARÍA FEODOROVNA (Sofía Dorotea de Württemberg)
NotaPublicado: 15 Abr 2020 14:05 
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Registrado: 17 Feb 2008 21:47
Mensajes: 18377
¡¡Qué bien, Konradin!! =D> =D> =D> =D> En realidad, mis dos retratos favoritos de Alejandro en edad temprana son estos:

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El último, que corresponde a su adolescencia tardía o primerísima juventud, me encanta. Me parece una belleza de retrato.


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