Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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 Asunto: Re: MARÍA FEODOROVNA (Sofía Dorotea de Württemberg)
NotaPublicado: 21 Mar 2020 09:39 
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legris escribió:
Es curioso que las dos hermans que acompañaron a Guillermina acabarían emparentando con los rusos.

Amelia se casaría con el heredero de Baden y su hija mayor, Isabel , sería zarina por su matrimonio con AZlejandro I. Su hermana Luisa sería gran duquesa de Weimar y su heredero casaría con María de Rusia. Los dos cónyuges serían hijos de Pablo y María Feodorovna. :wink:


Cierto. Si es que, al final, estaban todos muy interrelaciondos y lo que no llegaba a acontecer en una generación, acontecía en la siguiente.

Otra cosa curiosa es que ninguna de las tres hermanas que fueron a Rusia para que Pablo escogiese tuvieron matrimonios felices. Luise, la menor, debía ser muy especial en muchos sentidos, porque Goethe le dedicó unas palabras preciosas:

J'en sais une, mince comme lys
Dont la fierté n'est qu'innocence.
Nul - pas même Salomon -n'en vit de pareille.


Es decir:

Conozco a una, delgada como el lirio
Cuyo orgullo es solo la inocencia
Nadie —ni siquiera Salomón— vio nunca alguien como ella.


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 Asunto: Re: MARÍA FEODOROVNA (Sofía Dorotea de Württemberg)
NotaPublicado: 21 Mar 2020 11:42 
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Aquí Pablo Petrovich, joven.

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Aquí María Feodorovna.


En sus primeros tiempos de matrimonio, María siguió escribiendo a su lejana y querida amiga Henriette von Oberkirch

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Henriette von Oberkirch.


extensas misivas en las que, invariablemente, se mostraba extática a propósito de su marido:

"Este amado esposo mío es un ángel, la perla de los esposos. Estoy perdidamente enamorada de él y vivo una felicidad completa".

Como siempre, me pregunto si era cien por cien sincera o si también jugaba sus cartas con la idea siempre presente de que no cabía duda de que su correspondía podía ser interceptada y leída por la mismísima emperatriz. Pero una tiende a darle a María el beneficio de la duda, porque siempre mostró una misma línea de conducta hacia Pablo: en público, ella era la primera en dar pruebas de respetuosa adhesión y completa deferencia, mientras que en privado se esforzaba por amoldarse al humor extremadamente variable de él. Pablo mismo lo reconoció así en una carta dirigida a su buen amigo el príncipe Heinrich de Prusia, en la cual afirmaba respecto a su segunda esposa:

"Allí donde va, tiene el don de desplegar alegría y sosiego. Y cuenta con la habilidad no solo de disipar mi melancolía sino de devolverme el buen humor que había perdido por completo en estos últimos tres desventurados años".

María tenía, por tanto, una excelente capacidad de adaptación. La vida entre Montbeliard y Étupes había combinado, según muchos coetáneos, las virtudes de la sencillez doméstica de la burguesía alemana con las del refinamiento cortesano a la francesa; pero, por supuesto, aquello no preparaba a nadie para sumergirse de lleno en la corte rusa. Era un alarde de riqueza y poderío constante, suntuosa y peculiar, combinando elementos tradicionales rusos con una fastuosidad que podía rivalizar con la de Versalles. También había un laberinto de relaciones personales entre todos los miembros, así como cierta relajación y decadencia moral.

Cuando María llegó a Rusia, aún estaba fresco el recuerdo de la sorprendente rebelión liderada por un tal Yemelián Pugachov, quien había afirmado ser el zar Pedro III que había logrado evitar ser asesinado por mandato de su malvada esposa Catalina y haber permanecido escondido hasta ver llegado el momento idóneo para reivindicar "su" trono con el apoyo de los cosacos de los Urales. Yemelián Pugachov había perdido el envite y había muerto, decapitado, en enero de 1775. Pero el recuerdo de aquel levantamiento, que había costado lo suyo domeñar y sofocar, seguía presente. Catalina buscaba día a día reafirmar su poderío, con el apoyo del que había sido amante y siempre valioso consejero Grigori Potemkin. Potemkin, no obstante, aunque mantenía una inmensa capacidad de influencia, ya no era el hombre con el que compartía su intimidad Catalina: de hecho, ella había iniciado "la edad de los favoritos", un tiempo en el que se sucederían amantes jóvenes de ambición más o menos desmedida, que buscaban enriquecerse y adquirir una posición cortesana relevante gracias a su particular relación con la emperatriz autócrata. El secretario Pyotr Zavadovsky era el favorito cuando llegó María; en mayo de 1777 le sucedió en aquel papel Semyon Zorich; en mayo de 1778 Zorich se vió postergado por Ivan Rimsky-Korsakov, que aguantó hasta finales de 1778; y en 1780, por ejemplo, ya estaba consolidado Alexander Lanskoy, que se mantendría hasta 1784. Entre tanto, Grigori Potemkin, que recuérdese que conservaba una situación extraordinariamente destacada, también tenía una vida privada un tanto llamativa: en 1775 habían llegado a la corte rusa para integrarse en el amplísimo elenco de damas sus seis sobrinas Engelhardt, todas hijas de su hermana Yelena, casada con Vasily von Engelhardt. La mayor de las sobrinas, Varvara, a quien Potemkin llamaría Varinka, era una de las favoritas de Catalina II la Grande y se convirtió en 1777 en amante de su tío, situación que se prolongó hasta que en 1779 la muchacha se casó con el príncipe Sergey Golitsyn, de quien estaba muy enamorada. Casi de inmediato, Grigori inició otra relación con una de las hermanas de Varinka, ahora ya princesa Golitsyna: la joven Aleksandra. La madre de Potemkin y abuela materna de las chicas Engelhardt, Daría Potemkina, no ganaba para sobresaltos y disgustos.

Esto es para que os hagáis una idea del entramado de relaciones que se daban en la corte rusa, y que todos ellos contemplaban con diversión. Para María todo aquello era un peligro a evitar por todos los medios: sabía que a Pablo su historia con Natalia Alexeievna, que le había sido infiel con el guapo Andrei Razumovsky, le había dejado el poso de una desconfianza respecto a las mujeres que no se íba a disipar del todo jamás. María se buscó su propio método de defensa. Era, por un lado, una mujer extremadamente formal en su apariencia: cada día de su vida, al levantarse, no se permitía quedarse con una vaporosa negligée sobre el camisón, ni echarse encima un sencillo vestido "de pasar", sino que se vestía con mucho esmero, con trajes adecuados a una gran duquesa (y aquí me gustaría destacar que no había vacilado en quedarse con todo el guardarropa de su antecesora, incluyendo todo el calzado, llegando a discutir con una dama de honor que había servido previamente a Natalia por un par de zapatos). Por lo demás, trataba de hacer una vida sorprendentemente doméstica, dedicando muchas horas a sostener correspondencia con su amiga Henriette y sus familiares, a tocar el clavelín (se la consideraba casi una virtuosa), a la costura, a pintar acuarelas o a diseñar camafeos con marfil y ámbar. Esto le permitía crearse una imagen de esposa devota y solícita, sin interés por verse arrastrada a la vorágine de decadencia de la corte de su suegra ni de dar pábulo a rumores que pudiesen perjudicarla.

María contaba con un secretario propio, así como númerosas damas de honor. El secretario "lo heredó" de su antecesora, Natalia Alexeievna: Ludwig Heinrich von Nicolay, por entonces recien casado con la también alemana Johanna Margarette Poggenpohl, hija de un rico banquero. Nicolay era un hombre inteligente y cabal, que mantenía una excelente amistad con el encargado de la formidable biblioteca del gran duque Pablo Petrovich, el recopilador de cuentos populares y fábulas, así como poeta, Franz Herman Lafermière. María era una gran amante de la literatura y enseguida entabló relaciones amistosas con su propio secretario Nicolay y con Lafermière.

Entre las damas de honor, figuraban Glafira Alymova, Natalya Borshchova, María Verigina y Ekaterina Nelidova; a ellas se uniría en 1779 Elizaveta Cherkasova. Glafira Alymova le había sido cedida a María por Catalina II, a pesar de que la emperatriz tenía una enorme estima a aquella joven delicada, complaciente y sensible a la cual llamaba con cariño Alimushka y que tocaba el arpa maravillosamente. Existe incluso un retrato, muy hermoso, de Glafira tocando el arpa:

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Glafira Alymova, gran arpista y dama de honor primero de Catalina y después de María Feodorovna.


Glafira mantuvo muy buena relación con María Feodorovna hasta que nuestra protagonista consideró difícil de digerir la evidente simpatía de Pablo Petrovich por "la encantadora Alimushka". Hubo alguna escena tensa entre María y Glafira, lo que motivó que a ésta le entrase urgencia por retirarse del servicio antes de que la cosa fuesea a más; lo hizo mediante el procedimiento de agilizar su boda con Alexey Andreevich Rzhevsky en el año 1777. La posición destacada que había correspondido a Glarifa la ocupó una ex dama de honor de Natalia Alexeievna: Ekaterina Nelidova. Quedaos con ella porque más adelante saldrá mucho en este tema:

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Ekaterina Nelidova, dama de honor primero de Natalia Alexeievna y después de María Feodorovna.


Natalya Semyonovna Borschova, recien graduada en el Instituto Smolny con una medalla de oro, fue otra de las figuras distinguidas de aquel círculo femenino. De ella se conserva un precioso retrato:

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Natalya Borschova.


Aquí incluyo, también, un retrato de Elizaveta Cherkasova, que llegaría al entorno de María en 1779. Elizaveta era hija del barón Aleksandr Cherkasov, miembro del consejo privado de la emperatriz, y, a través de su madre, Hedvig Elizabeth von Biron, nieta del duque de Curlandia, Ernst Johann von Biron.

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Elizaveta Cherkasova.


En resumen: María se acomodó con notable estilo a su nueva vida rusa y, además, resultó que cumplió perfectamente con la principal de sus funciones, porque a los seis meses de su matrimonio con Pablo, se quedó embarazada por primera vez...


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 Asunto: Re: MARÍA FEODOROVNA (Sofía Dorotea de Württemberg)
NotaPublicado: 21 Mar 2020 13:04 
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Retratos de nuestra María Feodorovna:

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María, anteriormente Sofía Dorotea.


María se había embarazado con mayor celeridad que su desafortunada antecesora y, a diferencia de Natalia, consiguió dar a luz a su primer hijo sin ninguna incidencia, produciendo un niño de pelusilla rubia y hermoso aspecto que enamoró casi a simple vista a su abuela Catalina II (en éste caso, no había ni un ligerísimo asomo de duda acerca de la filiación biológica del pequeño). Aquel pequeño nacido el 23 de diciembre de 1777, casi en plenitud de las celebraciones navideñas, era un regalo para la orgullosa "babushka", que eligió para él un nombre con el cual pretendía atraerle un destino heroico y resplandeciente: Alejandro. El gran amigo por carta de Catalina, el intelectual germánico afrancesado barón Friedrich Melchior von Grimm, se preguntó si el niño optaría por ser un gran talento militar a la altura del mismísimo Alejandro el Magno o un santo emulando a San Alexander Nevsky, tan venerado por los rusos. Catalina no perdió la oportunidad de ilustrar a Grimm: sí, Alexander Nevsky era un santo, pero también había sido un auténtico héroe:

"Usted no sabe, aparentemente, que nuestro santo fue un héroe. Era un guerrero valiente, un gobernante firme y un político inteligente, que superó al resto de los príncipes locales, sus contemporáneos...".

Sí: el nombre era toda una declaración al mundo, por parte de Catalina, acerca de lo que esperaba de aquel primer nieto. La emperatriz estaba resplandeciente y se esponjaba como un bizcocho cuando le recitaban el poema del talentoso Gabriel Derzhavin: "Sobre el nacimiento de un muchacho porfirógeno en el norte".

La cruda realidad es que María, nuestra María, sólo había servido de "puerta de entrada al mundo" para el niño Alejandro, que apenas pudo mantener consigo durante las primeras tres semanas. Catalina había sido privada en su momento de su bebé Pablo Petrovich por la emperatriz Elizaveta Petrovna, que se había apoderado de su recién nacido sobrino nieto: esa temprana privación, que había lamentado hondamente, había impedido desde el principio que se estableciese una relación de apego sentimental entre madre e hijo. Pero, pese a la herida interna de su propia experiencia juvenil, Catalina no tuvo miramientos con María. Quizá, en gran medida, deseaba sustraer desde el primer momento al niño de la influencia de Pablo, a quien consideraba un elemento pernicioso, con su carácter desequilibrado y su ofensiva prusofília. El caso es que Catalina no solamente había escogido el nombre; también escogió a la gobernanta de la casa del nuevo gran duque, Sofía Ivanovna Benckendorff y a la nanny, Pauline Hessler, casada con uno de sus lacayos, a la que los rusos solían llamar Prascovia. Todos los que rodeaban al chiquitín tenían que pasar el filtro de la emperatriz, no el de los padres, que se encontraron con una especie de "régimen de visitas". Para María tuvo que resultar descorazonador, y para Pablo un tanto humillante, verse reducidos a la categoría de "visitantes" de su propio primer hijo en común. Ahí empezó a hacerse evidente un distanciamiento de María respecto a su dominante suegra Catalina.

Catalina exhibía los logros de Alejandro con una innegable satisfacción y bastante orgullo. Cuando el bebé contaba escasos meses de vida, escribió emocionada a su amigo Grimm:

"Alejandro nunca coge un catarro. Es grande y gordo, saludable y muy risueño".

En cuanto el niño empezó a sostenerse sentado, Catalina pedía que lo llevasen a su despacho y lo acomodasen sobre una mullida alfombra, para que el pequeño jugase y experimentase los primeros intentos de gateo mientras ella trabajaba. Aquellos momentos representaban una fuente de alegría inmensa, pero lo que no pensaba es que María Feodorovna se lo estaba perdiendo.

María volvió a cumplir sus deberes esmeradamente, porque el 27 de abril de 1779, cuando Alejandro tenía dieciséis meses, dió a luz en Tsarskoyé Seló a un segundo varón. De nuevo, la abuela Catalina estaba encantada, aunque este bebé no ofrecía un aspecto fuerte y rubicundo como había ofrecido Alejandro. Catalina había inflingido en tiempo reciente una considerable derrota al Imperio Turco, que le había valido la tan deseada salida al Mar Negro; en aquel momento, en su mente desarrollaba un gran proyecto que, de llevarse a cabo, le permitiría refundar el antiquísimo imperio bizantino. Muy significativamente, decidió que el niño llevaría el nombre de Constantino en honor al emperador Constantino el Grande y mandó acuñar monedas en honor a su nieto que llevaban incrita la leyenda "Regreso a Bizancio". Puestos a marcarse expectativas para los niños, Catalina desde luego apostaba fuerte. De nuevo, no obstante, el niño fue apartado de su madre y de su padre, para compartir la "nursery" con Alejandro.


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 Asunto: Re: MARÍA FEODOROVNA (Sofía Dorotea de Württemberg)
NotaPublicado: 21 Mar 2020 14:50 
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 Asunto: Re: MARÍA FEODOROVNA (Sofía Dorotea de Württemberg)
NotaPublicado: 21 Mar 2020 14:51 
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Dos regratos de nuestra protagonista. :cool:


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 Asunto: Re: MARÍA FEODOROVNA (Sofía Dorotea de Württemberg)
NotaPublicado: 21 Mar 2020 15:28 
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Nuestra María Feodorovna:

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Catalina era quien disponía todo lo relativo a los pequeños Alejandro y Constantino. Seguía estando -y lo estaría por siempre...- encandilada con su Alejandro, el nieto dueño de su corazón. El niño, si tenemos que creernos a Catalina, resultó sorprendentemente precoz: cuando Alejandro tenía dos años y medio, según informó la emperatriz a su amigo Grimm, le escribía a la abuela breves notas que ella atesoraba. Catalina no dudó en asegurarle a Grimm que Alejandro tenía la mente de un niño de cuatro e incluso cinco años, cuando aún no había alcanzado los tres. Cuando el niño alcanzó los cuatro años, por lo visto la imperial abuela se entretenía indicando el nombre de una ciudad al azar para que Alejandro se la localizase rápidamente en un globo terráqueo. Alejandro, faltaría más, NUNCA se equivocaba. Con Constantino, sin duda, la abuela no se hacía tantas ilusiones: para empezar ese nieto se parecía físicamente a su padre, Pablo; también había salido físicamente más débil, sin la lustrosa presencia y la salud a prueba de inviernos rusos del mayor.

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El pequeño Constantino.


Sean o no realistas esos informes de Catalina a Grimm, era obvio para entonces que todo el amor que la zarina autócrata manifestaba hacia el nieto no tenía punto de comparación con la falta de paciencia y entendimiento respecto a su hijo Pablo Petrovich. Catalina...

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La emperatriz Catalina, atendida por sus damas una mañana cualquiera.


...que en su mocedad había sufrido la "prusofília vergonzante" de su marido Pedro, veía de nuevo esa prusofília exhibida hasta la saciedad por Pablo. Le incomodaba, le molestaba o le sentaba peor que una patada en la boca del estómago, dependiendo del mundo. En el año 1781, Catalina acababa de "armar" una alianza con el emperador José II de Austria...

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José II de Austria.


...en clara contraposición al rey Federico II de Prusia. Para tratar de "disipar" de una vez la prusofília rampante -y ahora demasiado inoportuna- de su hijo Pablo, Catalina organizó para éste y para María una gira por Europa que tendría un momento estelar en Viena y otro en Versailles, centro de la corte de Francia. Prusia NO íba a incluírse en aquel extenso itinerario europeo, se pusiese Pablo como se pusiese. Efectivamente, Pablo se puso de pésimo talante porque se le estaba vedando visitar Berlín, dónde le hubiese gustado renovar sus votos de amistad a Federico II y al príncipe Heinrich. Pero Catalina no estaba para zarandajas.

María Feodorovna...

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María Feodorovna, gran duquesa.


...tenía sentimientos encontrados respecto a aquel viaje. Por un lado, podría reunirse con su amiga Henriette von Oberkirch, que pese a ser ya madre de una niña pequeña llamada Marie Philippine, estaba dispuesta a acompañarla en gran parte de la gira; también podría, en el camino de vuelta, deternerse en Étupes a ver a sus padres y hermanos. Sin embargo, de otra parte, le echaba hacia atrás el hecho de tener que alejarse físicamente cientos, miles de kilómetros de sus pequeños Alejandro y Constantino. Aunque era Catalina quien tenía a los niños bajo su directa supervisión, podía visitarles con cierta frecuencia.

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Pablo y María con Alejandro y Constantino.


Durante el tiempo que durase el gran tour europeo, sin embargo, eso no sería posible, y María temía que los pequeños se olvidasen definitivamente de que tenían un padre y una madre. Aunque María trataba de ser analítica y reflexiva, no podía evitar que los sentimientos estuviesen presentes en su vida: el mismo día en que se dispuso a iniciar el viaje junto a su marido, se desmayó tres veces antes de subir al carruaje preparado para ambos por el estrés emocional y la tensión que le producían dejar a los niños atrás.

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Los pequeños Alejandro y Constantino.


Catalina, que con gran largueza les había aflojado nada menos que trescientos mil rublos para que pudiesen viajar con todo lujo, les aseguró que Alejandro, de tres años, disponía de un mapa de Europa para ir marcando las etapas de la gira de sus padres. La emperatriz también les prometió que, en caso de enfermar Alejandro o Constantino (Alejandro era muy fuerte, pero Constantino había salido más flojito), se les avisaría de inmediato. Aún así, María llevaba consigo una enorme tristeza. Por suerte, su férrea voluntad de no causarle ni el mínimo contratiempo a Pablo la hizo sobreponerse a medida que la fila de carruajes avanzaban kilómetro a kilómetro en dirección a Polonia.


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 Asunto: Re: MARÍA FEODOROVNA (Sofía Dorotea de Württemberg)
NotaPublicado: 21 Mar 2020 15:30 
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legris escribió:
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Dos regratos de nuestra protagonista. :cool:


Caray, Legris...¡¡este no lo había visto en mi vida!! Muchas gracias, de verdad, por echarle ganas al tema. María estaría encantada.

:-)


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 Asunto: Re: MARÍA FEODOROVNA (Sofía Dorotea de Württemberg)
NotaPublicado: 21 Mar 2020 16:43 
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 Asunto: Re: MARÍA FEODOROVNA (Sofía Dorotea de Württemberg)
NotaPublicado: 21 Mar 2020 17:10 
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Pablo y María.


Lo que íban a hacer Pablo y María era lo que se denominaba un "Grand Tour", en la mejor tradición dieciochesca. Viajaban bajo las identidades de "comte et comtesse du Nord", es decir, conde y condesa del Norte, aunque, obviamente, nadie ignoraba a quienes correspondían aquellos nombres falsos. La extensión y la categoría de su séquito también les delataban.

Catorce meses de gira les esperaban: se detendrían en Polonia, Austria, Países Bajos, Italia, Alemania y Francia. Podrían visitar distintas cortes, permitirse su tiempo de solaz con la familia de María y, no menos importante, adquirir todo cuánto se les antojase para amueblar y decorar el palacio de Pavlovsk, un lugar propio en Tsarskoyé Seló que Catalina les había regalado, magnánima, después de privarles de su hijo Alejandro.

Empezaron por Polonia, dónde reinaba este señor:

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Estanislao II Augusto Poniatowski.


Sin querer ser en absoluto irreverentes, Estanislao II Augusto Poniatowski se había convertido en rey de Polonia por obra y gracia de su amante de juventud, Catalina II la Grande. Catalina había combinado con gran astucia los sobornos a los miembros del Sjem, la dieta polaca que debía elegir al monarca con un despliegue estratégico de sus tropas, listas para intervenir y forzar la mano en caso de necesidad. Los electores no habían sido insensibles ni al dinero ni a la nada velada amenaza de usar las armas. Estanislao se había convertido en rey, en un tiempo en que él, joven aún enamorado, creía que aquel era un primer paso de Catalina para que ambos pudiesen acabar casándose. Desde luego, Catalina nunca tuvo tal intención, aunque pensaba dar respaldo efectivo a Estanislao. Él había sido, a fín de cuentas, uno de sus amores y el auténtico padre de su hija la gran duquesa Anna Petrovna, muerta en la niñez.

Una vez que se le había hecho evidente que Catalina NO íba a casarse con él, Estanislao II Augusto, que ya había recibido sugerencias respecto a que un rey debería tener a su lado a una reina, tiró en la dirección de buscarse un partido apropiado. Por un tiempo, existió un proyecto de enlace con una de las hijas de la emperatriz María Teresa de Austria y su esposo Francisco Esteban de Lorena: la archiduquesa Elisabeth, conocida en familia por el afectuoso apelativo de "Liesel" y con fama de hermosa. Desgraciadamente, la idea se fue a tomar vientos porque Catalina "ejerció" un veto determinante para el monarca. Hubo después otra opción de negociar un matrimonio con la princesa Sofía Albertina de Suecia, a pesar de que ella era protestante, no católica. En ese caso, Catalina no se entrometió, pero sí lo hicieron las dos enérgicas e influyentes hermanas de Estanislao II Augusto: Ludwika, llamada entre los suyos Luds, e Izabella. Al final, entre pitos y flautas, Estanislao II Augusto se quedó soltero y lo más parecido a una "primera dama" que tuvo la corte polaca fue su muy querida sobrina, Urzsula Zamoyska, nacida del nada feliz matrimonio de Luds con el príncipe Jan Jakub Zamoyski. Urzsula...

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Urzsula Zamoyska.


...era atractiva y refinada, por lo que daba un gran apoyo a su tío Estanislao. Por otra parte, la "primera dama secreta" de Polonia, aunque no tan secreta, era la amante de Estanislao, Elżbieta Szydłowska. Según algunos rumores, ambos habrían contraído un matrimonio morganático a escondidas.

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Elzbieta Szydlowska, posible esposa de la mano izquierda.


Con Elzbieta, Estanislao había tenido tres hijos varones y dos hijas, que eran unas niñas pequeñitas justo en la época en que aparecieron por Varsovia el gran duque Pablo Petrovich y su gran duquesa María Feodorovna bajo la identidad ficticia de "condes del Norte".

Catalina estaba permanentemente informada de cada movimiento de Estanislao II Augusto, pero, aún así, preguntaría luego a Pablo Petrovich...

"si su majestad el rey de Polonia seguía siendo un conversador tan delicioso o si las preocupaciones de la realeza le habían arrebatado aquellas cualidades".

Posiblemente, mantenía ese talento para las charlas de sociedad, porque María Feodorovna estaba evidentemente encantada con las atenciones y galanterías de aquel caballero a quien observaba con mayor curiosidad sabiendo que había jugado un papel destacado en el pasado amoroso de su suegra Catalina. Catalina, que en el fondo era una coqueta, había enviado por medio de la pareja un retrato suyo actual a Estanislao, y se lamentaba de que éste "habrá tenido dificultades para encontrar parecido alguno entre mis retratos actuales y el rostro que recuerda del pasado". Pero esa frase estaba cuidadosamente pensada y formulada para que Estanislao respondiese que, por supuesto, Catalina seguía siendo resplandeciente y un regalo para la vista. Pensase lo que pensase, claro. Ahí de lo que se trataba era de quedar bien con una gran señora que podía ser bastante susceptible en ocasiones. En cualquier caso, a pesar de los rumores que circulaban acerca de la falta de aptitudes del heredero de Catalina, Estanislao se quedó favorablemente impresionado con Pablo y con excelente opinión de María.

De Polonia se dirigieron a Viena, que se preparaba para acogerles con feliz algarabía. El emperador José II...

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...tampoco tenía a su lado emperatriz: había enviudado dos veces, la primera de la efervescente y hermosa Isabella de Parma, la segunda vez de Josefa de Baviera. El eventual sucesor de José sería su hermano Leopold, a la sazón gran duque de Parma junto a su esposa española, María Luísa.

José II presidía una corte espectacular en sus fastos y estaba decidido a que no faltase ni detalle a la llegada de Pablo y María. Tanto se esforzaron los austríacos en complacer a la pareja imperial, que Pablo casi casi olvidó su fanática predilección por el rey de Prusia y encontró que su madre, Catalina, había tenido razón en coaligarse con José II. Por otro lado, José era muy observador: se fijó enseguida en que María era una mujer bastante frugal, que bebía agua mineral y no probaba el vino y que encontraba más apetecible completar las comidas con una buena compota de fruta antes que con un postre elaboradísimo. José no dudó en advertir mediante mensajeros a sus parientes de Toscana y Nápoles, para que todos pudiesen acoger a la pareja de manera satisfactoria: mejor que hiciesen acopio de buenas manzanas y se olvidasen de las torres de dulce profusamente cubiertas con chantilly.

Pablo y María habían llegado a Viena a mediados de noviembre de aquel año 1781, y la idea inicial había consistido en permanecer en la capital austríaca dos semanas, pero se encontraban tan a gusto y tan cuidadosamente agasajados que se quedaron un mes entero. Uno de los momentos favoritos de María y Pablo, ambos grandes melómanos, había sido la representación de la gran ópera "Iphigénie en Tauride" de Gluck. Se quedaron a cambio sin poder asistir al estreno de la obra Entfürung de Mozart, que se había pospuesto precisamente en beneficio de la ópera de Gluck.

En suelo italiano, Pablo y María se recrearon en Venecia antes de proseguir hacia Toscana y posteriormente Nápoles. Los italianos estaban francamente sorprendidos ante la naturalidad con la que se trataba la pareja: no cabía duda de que estaban enamorados y Pablo no dejaba de besar a María a la mínima oportunidad incluso en público. Aquello representaba una novedad, considerando que nadie esperaba más que una mínima cortesía en loso matrimonios arreglados por razones de Estado. También dice mucho de hasta qué punto ella había logrado ganarse a su esposo en esos años transcurridos desde el primer encuentro en Berlín.


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 Asunto: Re: MARÍA FEODOROVNA (Sofía Dorotea de Württemberg)
NotaPublicado: 21 Mar 2020 17:18 
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Aquí os muestro un cuadro que refleja la cena y baile celebrados la noche del 22 de enero de 1782 en el Teatro San Benedetto de Venecia en honor a nuestra María Feodorovna y Pablo Petrovich. Es muy bonito:

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 Asunto: Re: MARÍA FEODOROVNA (Sofía Dorotea de Württemberg)
NotaPublicado: 21 Mar 2020 17:19 
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legris escribió:
Se encuentra en el Museo de Odesa.


Sería la versión en blanco y negro de éste...¿no?

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La verdad es que los pinceles de ese autor desconocían la elegancia y el glamour...


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 Asunto: Re: MARÍA FEODOROVNA (Sofía Dorotea de Württemberg)
NotaPublicado: 21 Mar 2020 17:23 
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Creo que si; es de un autor anónimo y está bien que permanezca en el anonimato. :eyes: :lol:


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