Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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 Asunto: MADAME DU BARRY
NotaPublicado: 08 Dic 2013 12:49 
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Hoy día 8 de diciembre no sólo muere John Lennon sino que también guillotinan a Madame du Barry Y NO TENEMOS TEMA EN EL FORO :((

Así que os remito a todos al excelente minitema del excelente blog de Foro Dinastías :-D

http://forodinastias.wordpress.com/las- ... -du-barry/

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 Asunto: Re: Madame du Barry
NotaPublicado: 08 Dic 2013 13:04 
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sabbatical escribió:
Hoy día 8 de diciembre no sólo muere John Lennon sino que también guillotinan a Madame du Barry Y NO TENEMOS TEMA EN EL FORO :((

Así que os remito a todos al excelente minitema del excelente blog de Foro Dinastías :-D

http://forodinastias.wordpress.com/las- ... -du-barry/


Era una monada:

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Desde mi punto de vista, no tenía el formidable empaque ni las pretensiones intelectuales de la magnífica madame de Pompadour, pero era una monada. Y si debo ser sincera, a mí lo que me conmueve en Du Barry es...su cobardía. Todos trataban de mostrar cierto orgullo y coraje cuando les mandaban a la guillotina, porque sabían que no sólo les contemplaban sus coetáneos, sino que les contemplaría el futuro. Pero nuestra Jeanne sencillamente NO quería morir, ella deseaba conservar la vida y es enternecedor imaginarla en sus últimos momentos suplicándole al verdugo

Encore un instant, Monsieur le bourreau, encore un instant...

Aunque es probable que nunca dijese lo que se dice que dijo, jajajaja, pero, bueno, incluso si fuesen palabras apócrifas, reflejan el miedo que pasó la pobrecita en su carreta y en su cadalso, delante de la gran guillotina que íba a despacharla al otro mundo. Y como dijo Mirabeau...si no fue precisamente una vestal, hay que echarle la culpa de ello a los dioses que la hicieron tan increíblemente bella. Ese epitafio también me encanta, la verdad.


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 Asunto: Re: Madame du Barry
NotaPublicado: 08 Dic 2013 13:28 
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Qué burrada me sigue pareciendo todo lo de la RF. No entiendo que la gente todavía la ponga de ejemplo y no solo eso, que sigan a día de hoy reclamando más guillotinas en más plazas públicas (y esto, desgraciadamente en todo lo que tiene que ver con la monarquía)... estas cosas que pasan en España donde sabemos mucho de nada y nada de todo.

Cuando veo como los ingleses han llegado al mismo sitio y sin guillotinar a nadie, sin revoluciones (excepto la industrial que francamente me parece bastante menos cruel :-D ) y con su evolución tranquila de las cosas, con su aceptación de clases, (luego nos encanta ver Downton Abbey, cómo no) y su sumisión a ellas, llevado todo con HONOR, sencillamente me pongo enferma.

Cuando los nazis tocaron a la puerta de Paris, los gloriosos revolucionarios se cagaron por la pata (con perdón, pero es que es así) mientras los ingleses, esos que no guillotinaron a nadie mientras evolucionaban tranquilamente con las cosas y su monarquía, tuvieron que dejar su sangre y su valor por los campos de Francia para sacarnos del atolladero.

¿Sí o no..?

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 Asunto: Re: Madame du Barry
NotaPublicado: 08 Dic 2013 15:32 
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Yo siempre te voy a dar la razón en eso, querida Sabba, porque soy una anglófila declarada, de la cabeza a los pies, jajaja. Lo de la "pérfida Albión" no va conmigo. Les aprecio bastante, incluyendo su -dudosa- gastronomía porque ocurre que, a mí, en concreto, me tienen encantada con su propensión a bañarlo todo en salsa gravy, jajajaja.

Poniéndome seria, hay muchísimos episodios en el curso de la Revolución que son espantosos. No tienen nada que envidiarle a algunas barbaridades perpetradas en épocas más recientes, todo sea dicho. Recientemente, por pura casualidad, encontré una serie de relatos que me dejaron hundida en la miseria durante horas y horas. Y sin embargo en términos generales se considera ese episodio histórico un momento crucialmente positivo para el devenir de la Humanidad. Bastante penoso, en mi opinión, aunque admito que el Viejo Régimen era un sinsentido atroz que tenía que finiquitarse.


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 Asunto: Re: Madame du Barry
NotaPublicado: 08 Dic 2013 16:19 
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 Asunto: Re: Madame du Barry
NotaPublicado: 08 Dic 2013 16:41 
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Como sé que sois perezosillos lo ponemos aquí. Recuperado de los antiguos foros de Hola, no ha llovido ni ná :lol:

***



JEANNE BÉCU, MADAME DU BARRY

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A diferencia de las mujeres que en el transcurso de los siglos se habían aupado a la magnífica posición de “maîtresse en titre” para los sucesivos reyes de Francia, ésta, que estaba destinada a convertirse en la última, aunaba en su persona los más humildes orígenes sociales y una carrera previa en el ámbito de la prostitución. Su belleza rubia, su innegable atracción y su experiencia sexual le permitieron proyectarse hacia la corte cuando, en una primera noche a solas, aquella muchacha veinteñera consiguió devolverle el brío y la fogosidad de antaño a un monarca ya casi sexagenario.

Se llamaba Jeanne Bécu, aunque en una etapa posterior de su vida, se haría llamar a menudo Jeanne Rancon, Jeanne de Cantigny e incluso Jeanne, Mademoiselle de Vaubernier. Pero la realidad era que había nacido en Vaucouleurs, Lorraine, en el cálido 19 de agosto de 1743. Se trataba de una hija ilegítima, puesta en el mundo por Anne Bécu, una sencilla costurera. No se sabe a ciencia cierta qué hombre embarazó a Anne Bécu. La hipótesis generalmente daba por buena es que Jeanne había sido engendrada por Jean Baptiste Gormand de Vaubernier, un fraile. Pero también ha habido quien ha sugerido que quizá el padre biológico de aquella niña fuese Claude-Roch Billard du Monceau, un controlador financiero de los duques de Lorena para quien, en la época mencionada, trabajaba Anne. De hecho, Claude-Roch Billard du Monceau sería, sin duda, el progenitor del segundo hijo ilegítimo de Anne Bécu: un niño bautizado -muy significativamente- con el nombre de Claude, que, sin embargo, se malograría con apenas diez meses de vida.

Anne Bécu, madre soltera de Jeanne y de ese Claude muerto en la más tierna infancia, se espabiló. Cuando la niña tenía seis años, Anne contrajo matrimonio con Nicolás Ranson de Montrabé, un “gabelou”, es decir, un funcionario encargado de cobrar el impuesto vigente sobre la sal, que se llamaba “la gabelle”. La mayoría de los autores creen que corresponde a Nicolás Ransón de Montrabé el crédito de haber sufragado la primera educación formal que recibió su hijastra Jeanne en el convento de Saint-Aure. No obstante, hay quienes plantean la teoría de que esos gastos corrieron a cargo de Claude-Roch Billard du Monceau.

Jeanne abandonó el convento con quince años. Ya era una jovencita de sorprendente hermosura, con una mirada clara e incitante que se añadía a una pícara sonrisa en un rostro perfectamente trazado que enmarcaba la cabellera rubia. En principio, pareció que se la encauzaba hacia una ocupación respetable, pues se colocó, gracias a los afanes de su madre y su padrastro, en el servicio doméstico de la familia Lagarde en París. Pero en ese puesto no duró demasiado, pues enseguida la encontramos trabajando de dependienta en una tienda de modas, La Toilette, situada en la rue Saint Honoré. El dueño de la boutique, Jean-Baptiste Buffault, parece haber apreciado sinceramente a su empleada Jeanne; esto no habría suscitado, al parecer, ningún recelo ni cautela en la esposa del caballero, Barbe de Buffault, quien habría invitado ocasionalmente a la muchacha a acudir a su salón, montado en la mejor tradición del siglo XVIII. Se da casi por seguro que en el salón de Barbe de Buffault, la guapa y seductora Jeanne conocería al hombre que determinó el curso de su existencia: Jean-Baptiste Dubarry.

ImagenJeanne, l´Ange, retratada como la Diosa Flora.

Jean-Baptiste Dubarry poseía antecedentes familiares mucho más sólidos que Jeanne Bécu. De hecho, los Dubarry constituían un linaje con carta de nobleza asentado en Toulouse desde, como poco, el año 1400. Cierto que se trataba de una aristocracia de escaso fuste que, paulatinamente, se había visto abocada a la ruína económica. En el siglo que nos ocupa, Antoine Dubarry se ganaba el sueldo representando el papel de capitán en un regimiento; así, podía mantener a su esposa, Marguerite-Catherine de La Caze, quien le proporcionó dos hijos varones: Jean-Baptiste y Guillaume. Al crecer los chicos, tiraron por caminos bien distintos. Guillaume, siguiendo el consejo de su progenitor, emprendió una carrera militar, mientras que Jean Baptiste, casado en su juventud con una tal Mlle Dalmas de Vernongrese, decidió instalarse en la capital con la intención de aprovechar ciertas conexiones de su mujer a fín de incorporarse al selecto círculo de diplomáticos. Pero las cosas no le salieron a Jean Baptiste como él esperaba. El ministro de Asuntos Exteriores Rouillé, pariente remoto de su esposa, no le tomó bajo su protección para que acabase destacando en el ámbito de la diplomacia. Ese revés le lanzó de lleno a una vida agitada y disoluta. Pronto se ganó el sobrenombre de Le Rue, en tanto que se convertía en una especie de proxeneta de lujo.

Cuando Jean Baptiste encontró a Jeanne, presumiblemente en el salón de Barbe de Buffault, se dió perfecta cuenta de que aquella deliciosa chica podía ser “una mina de oro”. Primero la convirtió en su amante, pero, luego, sin perder el tiempo, la introdujo en el papel de prostituta de altos vuelos. Así, Jeanne Bécu, también llamada Jeanne Rancon, también llamada Jeanne de Cantigny, también llamada Jeanne de Vaubernier, recibió un nuevo alias: Mademoiselle l´Ange o Mademoiselle Lange.

A todo esto, hay que decir que Jeanne se estableció correctamente. Jean Baptiste se tomó el trabajo de buscarle una casita de aspecto muy decoroso en la rue Saint Eustache. Como el padrastro “gabelou” de Jeanne, Nicolás, se encontraba por entonces cumpliendo sus funciones en diversas provincias, la madre de la chica, Anne, Madame de Rancon, vivía con la hija. Por tanto, Anne estaba al corriente de la relación de Jeanne con Jean-Baptiste y también veía que el amante de la chica la había introducido en el mundo de las cortesanas de relumbre. El asunto no suscitó ningún dilema moral ni ético. Una muchacha pobre pero de increíble presencia física podía protagonizar una notable ascensión social otorgando sus favores sexuales a caballeros de postín. Quizá eso no le abriese las puertas del cielo…pero le abría las puertas de unos círculos elegantes, refinados, decadentes, en los que se vivía a todo trapo.

Es curioso, pero entre los amantes ocasionales de Jeanne estuvo incluso el gran príncipe de Ligne, que visitaba París siempre que podía. Ligne recordaría siempre con agrado a aquella rubia voluptuosa que respondía al nombre de Mademoiselle Lange. También la tuvo en su lecho, al parecer, el anciano pero todavía ansioso de placeres carnales duque de Nivernais. Aunque la gran oportunidad, según Jean Baptiste, surgiría metiendo a Jeanne en la cama de otro viejo con una formidable trayectoria galante: el mismísimo duque de Richelieu.

Richelieu tenía un serio problema por entonces. Su posición cerca del rey Louis XV se veía socavada a diario por otro político y cortesano de gran relevancia, el duque de Choiseul. Por así decirlo, Richelieu y Choiseul eran rivales encarnizados en la batalla por el favoritismo de Louis XV. Y Louis XV no estaba, precisamente, atravesando una época en la que resultase fácil contentarle.

La muerte de Madame de Pompadour había dejado a Louis XV sin “maîtresse en titre”. La Pompadour había ocupado aquella relevante posición durante veinte años, aunque hay que señalar que su relación amorosa con el monarca había derivado poco a poco en una profunda amistad que le otorgaba a ella el privilegio de ejercer de confidente y consejera. El fallecimiento había hecho a Louis tomar conciencia de que con la Pompadour se íba a la tumba toda una época de gloria en la corte de Versailles. Aquella defunción marcó un punto de inflexión: antes, el rey había acusado la pérdida de sus dos hijas favoritas, Madame Henriette y Madame Elisabeth, ésta última llamada Madame l´Infante; después, llegaría lo peor, la muerte del delfín Louis-Ferdinand y la encantadora esposa de éste, Adelaide, a consecuencia en ambos casos de la tuberculosis. También perdió el rey, en ese período, a su esposa, la reina María Leczinska, que había sobrellevado con piadosísima resignación las flagrantes infidelidades del marido.

En conjunto, pues, Louis no tenía reina consorte ni “maîtresse en titre” y su familia se había visto muy mermada en los años precedentes. Así que se sentía solo. Las hijas que le quedaban “en casa” eran unas mojigatas y unas beatas a la vez; vivían para rezar “por el arrepentimiento” del rey, que no podía evitar visitar con cierta frecuencia el Parc aux Cerfs, lugar en el que se encontraba con guapas jovencitas para mantener relaciones sexuales. No obstante, el sexo ya no era lo que había sido. La edad del rey se hacía sentir en toda su crudeza cuando se encontraba en el lecho con guapas adolescentes. Y, en la corte, otras damas maniobraban para ocupar el puesto que había dejado vacante la Pompadour. El duque de Choiseul hacía sus planes en torno a su propia hermana, la pretenciosa y arrogante duquesa de Gramont.

Más o menos, la cosa debió ser así: Jean Baptiste Dubarry consiguió que Richelieu, que aún conservaba poder suficiente pese a los avances arrolladores de un Choiseul apoyado por su hermana Gramont, descubriese “por sí mismo” el alcance de los encantos de Jeanne Bécu. Luego, sólo hubo que encontrar una ocasión para que el rey Louis, a quien previamente se habría suscitado curiosidad acerca de la tal Mademoiselle Lange, viese a la chica. El rey la vió y la deseó; cuando la tuvo, se obró el portento: Jeanne, con su habilidad cuidadosamente cultivada, logró que el monarca creyese haber recobrado la “puissance” de antaño.

Semejante mérito tenía recompensa, por supuesto. El rey estaba encaprichadísimo de Jeanne, a quien deseaba establecer en Versailles. Pero la falta de apellido con título aparejado de la joven prostituta constituía una barrera insalvable. En esa tesitura, es Jean Baptiste Dubarry quien acude al rescate. Él está casado, recuérdese, por lo que no puede casarse con Jeanne. Pero tiene un hermano: Guillaume Dubarry. Guillaume, por motivos de salud, se ha visto obligado a abandonar el ejército, en el que había progresado hasta el rango de capitán; reside, muy modestamente, en Toulouse. Jean Baptiste le manda llamar urgentemente: a fín de cuentas, lo que sirve es que Guillaume puede utilizar legítimamente el título de Comte Dubarry et de Roquelaure. A toda prisa, se organiza una ceremonia nupcial. Será un matrimonio blanco, por supuesto: tras la boda, la flamante Madame la Comtesse Du Barry podrá encontrar acomodo en Versailles, en tanto que el conde retornará a su domicilio con una buena asignación dineraria por el servicio prestado a la monarquía.

Y así empezó todo. Jeanne llegó a Versailles para quedarse. Se encontró con un entorno muy hostil, desde luego. Las hijas del rey estaban horrorizadas “más allá de cualquier límite” por la presencia de aquella ex prostituta en los aposentos destinados a la amante oficial de Su Majestad. Las damas que habían jugado un papel destacado desde la muerte de la Pompadour…Madame de Bouffleurs, la princesa de Beauvau y muy especialmente la duquesa de Gramont…estaban dispuestas a masacrar a aquella advenediza que carecía de la inteligencia, la astucia y la cultura de su predecesora en el cargo de maîtresse. Choiseul también trinaba.

ImagenMadame Du Barry, en su apogeo.

Lo cierto es que Madame Du Barry fue una amante sin demasiadas pretensiones. No quiso representar un papel destacado en intrigas cortesanas ni ejercer ninguna clase de influencia política, a diferencia de la Pompadour. Durante años, sólo participó en la trama que condujo a la caída en desgracia de Choiseul, pero porque Choiseul era un encarnizado y peligroso enemigo para ella. A partir de ahí, se mantuvo al margen de cualquier guerra de guerrillas en Versailles o en Compiègne. Recibía con gusto los obsequios del rey…alhajas, principalmente, así como el dominio de Louveciennes y de Saint-Vrain. Pero, si se tiene en cuenta todo lo que obtuvo Pompadour en cuestión de bienes materiales, Du Barry fue “barata”.

El episodio que haría famosa a Du Barry se produciría a raíz de la boda del nieto varón mayor del rey y por tanto delfín de Francia, Louis, con una adolescente archiduquesa austríaca, Marie Antoinette. Marie Antoinette, recién llegada a la corte francesa, fue hábilmente manipulada por “Mesdames Tantes”, es decir, las hijas solteras, de edad avanzada, del rey Louis. Madame Adelaide y Madame Victoire se encargaron de utilizar a Marie Antoinette para humillar públicamente a Madame Du Barry. La nueva delfina se negó, testaruda, a saludar ante la corte a Madame Du Barry. Louis XV estaba que roía el suelo con los dientes, pero no sabía meter en vereda a su reciente nieta por matrimonio para que se mostrase cortés con la amante. Hubo un intenso cruce de correspondencia entre París y Viena, entre Viena y París. La muy moralista y púdica emperatriz de Austria María Theresa se vió en la amarga tesitura de tener que pedirle a su hija Marie Antoinette que complaciese a Louis dirigiendo algunas palabras a Madame Du Barry. No se esperaba que Marie Antoinette fuese amiga de Madame Du Barry. Lo que sí se esperaba es que la delfina tuviese una pizca de “cortesía política” hacia una dama que “gozaba de la amistad” del monarca.

Al cabo, Marie Antoinette se dignó dirigir unas palabras a la Du Barry sin ni siquiera mirarla a la cara. Pero la Du Barry eligió mostrarse plenamente satisfecha. Era consciente de que sólo a la fuerza, bajo una intensa presión, había pronunciado una escueta frase la delfina. Para la delfina había sido, no obstante, bochornoso que la hubiesen hecho ceder en aquel punto. Y la Du Barry no quería incrementar la sensación de humillación, antes al contrario. Le convenía limar asperezas, porque Louis era viejo, muy viejo. Más pronto que tarde, se moriría. Y entonces, el delfín sería rey, la delfina sería reina y una ex maîtresse podía temer que la venganza se abatiese sobre ella.

En realidad, así sucedió. Pese a que Du Barry se esforzó de lo lindo por congraciarse con los delfines, Marie Antoinette no olvidó lo ocurrido. En cuanto murió Louis XV, la Du Barry se encontró expulsada de la corte. Todavía era joven…y atractiva, así que le hirió verse enviada de pronto al convento de Pont-aux-Dames. No obstante, en dos años logró salir de aquel recinto. Se buscó un nuevo protector, el duque de Brissac, instalándose con él en Louveciennes.

Vivió apaciblemente, manteniendo una cálida amistad con la pintora Vigée-Lebrun y visitando a su apreciado Voltaire en el lecho de muerte del autor; vivió apaciblemente…hasta el estallido de la Revolución en 1789. En 1792, el duque de Brissac fue salvajemente asesinado en Versailles; los autores de la masacre llevaron la cabeza ensangretada para arrojarla por una de las ventanas hacia el interior de Louveciennes, un episodio espeluznante para Jeanne. Ésta llevaba tiempo ejerciendo la caridad en Marly y en Louveciennes, de modo que la mayoría de los habitantes de la zona la apreciaban sinceramente. Pero ni siquiera las declaraciones a su favor de mucha gente sencilla libraron a aquella mujer de ser apresada y juzgada como enemiga de la república.

Madame Du Barry mostró dignidad mientras comparecía ante el tribunal y al escuchar que se la condenaba a morir en la guillotina. Pero ese valor la abandonó por completo cuando se encontró en la carreta que la llevaba al patíbulo. No hizo el papel de heroína, sino que ascendió al patíbulo llorando y gritando histéricamente. Sus últimas palabras fueron para pedirle “un momento, por favor, un momento más” al verdugo.

Murió el 8 de diciembre de 1793, con la cabeza cercenada, en un destino trágico para la última gran favorita real de la monarquía en Francia.


Este es un post de ImagenMinnie, née Kalliope


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 Asunto: Re: Madame du Barry
NotaPublicado: 08 Dic 2013 17:15 
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Registrado: 17 Feb 2008 21:47
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Aunque en tamaño menor, otra imagen muy bonita. Qué antojo de vestirse de diosa Flora, madre mía...

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A du Barry se la ha considerado generalmente la última de una larga línea de las denominadas, con cierto retintín, "reines de la main gauche". La mayoría sacuden la cabeza ante ella porque les parece muy poca cosa después de la gran señora que fue Pompadour, pero, claro, du Barry tiene el honor, para la historia, de haber sido la coprotagonista de un curioso rifirafe de alta política cortesana con la entonces jovencísima delfina Marie Antoinette, casi recien llegada de Austria. En fín...los últimos años de la du Barry discurrieron entre una breve retirada en la abadía de Pont-aux-Dames y luego en su residencia de Saint-Vrain, pero sobre todo en el encantador château de Louveciennes. Los últimos hombres de su vida fueron Henry Seymour y, en especial, el duque de Brissac. Louis Hercule Timoléon de Cossé, duque de Brissac, encontró un terrible final en septiembre de 1792, en Versailles; a su asesinato supo plantarle cara con un arrojo y una valentía que concordaban con lo que había sido su vida entera de servicio a la monarquía (algo de lo que no se vanagloriaba: al fín y al cabo, se limitaba a cumplir de la manera en que, afirmaba, siempre habían cumplido sus antepasados).

Con Du Barry fueron sometidos a un juicio expeditivo, con sentencia de muerte prevista de antemano, sus banqueros, los que la habían proveído de letras de cambio que le habían permitido viajar asiduamente a Londres. Eran los hermanos Vandenyvers: Jean Baptiste, Edmé Jean y Antoine Auguste. La pobre Madame du Barry, a esas alturas, se había convencido de que se había labrado su desgracia alardeando de sus joyas y presumiendo de riquezas en sus visitas a la capital británica; convencida de que los revolucionarios lo que en verdad deseaban era poner las manos en sus cuantiosos bienes, trató de ganar horas de vida revelando el paradero de una considerable suma en oro y plata. La "gran cobardía" de du Barry es algo que hasta sus biógrafos más empáticos parecen señalar con bastante vergüenza ajena. A mí, la verdad, es lo que me llega al corazón. No todo el mundo puede ser valiente ante una muerte violenta que le es impuesta en un juicio sumarísimo, con ese paseo previo en carreta que debía resultar una verdadera tortura psicológica.


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 Asunto: Re: MADAME DU BARRY
NotaPublicado: 08 Dic 2013 17:27 
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Registrado: 03 Mar 2008 17:43
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Precisamente la afición de la Du Barry por las joyas fue su perdición final. Durante los años que fue amante oficial de Luis XV acumuló una colección impresionante, de hecho el famoso collar Rohan-Maria Antonieta-Jeanne de la Motte se suponía destinado a la amante. El caso es que todas y cada una de sus piezas le acompañaron a su exilio en Lovenciennes, de donde fueron robadas en los primeros días de la revolución, algo que ella no estaba dispuesta a consentir.

Movilizó Roma con Santiago y no escatimó esfuerzos, dinero ni viajes para dar con ellas. La mayor parte de las pistas llevaban a Londres, donde muchos de sus amigos exiliados habían fijado su residencia, por lo que aprovechaba para saludarles mientras perseguía sus piedrolos. Obviamente esos amigos no estaban en las mejores de las condiciones por lo que en muchos casos les entregó fuertes sumas de dinero:

"Mme. Du Barry entrega dinero a los emigrados" se pudo leer en las notas que los agentes de la Francia revolucionaria tenían en Londres

Las joyas aparecieron, por lo menos muchas de ellas, pero su robo y posterior búsqueda no fueron una excusa válida para el cómite revolucionario que se encargó de enjuiciarla. A sus ojos ella era un símbolo vivo de la decadencia versallesca, del Antiguo Régimen, además de una conspiradora contrarrevolucionaria, amante de un destacado oficial y aristócrata monárquico y que, encima, entregaba dinero a los exiliados.

Sus días estaban contados.


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 Asunto: Re: MADAME DU BARRY
NotaPublicado: 08 Dic 2013 19:57 
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Registrado: 17 Feb 2008 21:47
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La verdad es que fue complicado llenar el hueco dejado por Madame de Pompadour.

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Bueno, Louis XV no fue nada sentimental en su despedida a la Pompadour. Fallecida la dama, se dispuso todo para que, dentro de su ataúd, abandonase Versailles. El rey presenció desde un amplio ventanal cómo salía el ataúd, en su habitual procesión fúnebre, del recinto palaciego hacia el exterior, pues tenían que trasladarla a la sepultura preparada en el Convent des Capucines de París. Era un día de esos en los que los ingleses dirían que llueven perros y gatos, vamos, que caía una buena chupa de agua para ponerlo en castizo. Louis se limitó a decir, con bastante tranquilidad: "La marquise n'aura pas de beau temps pour son voyage".

En fín, así se acabó una época fascinante en Versailles. En los cuatro años siguientes, hubo "competición" por establecer en el ánimo del rey una nueva favorita que se convirtiese en flamante reine de la main gauche. Dos mujeres casi triunfaron en el empeño. La primera fue Béatrix de Choiseul-Stanville, esposa del duque de Gramont de quien se había separado a los pocos meses de boda porque no podía resistir el exceso de depravación de su aristocrático marido. La duquesa de Gramont tenía la ventaja y el inconveniente de ser la hermana del poderoso Choiseul, el todopoderoso ministro real. A ojos de unos representaba un punto a favor, pero la mayoría consideraban demasiado que Louis estuviese gobernado por Choiseul y la hermana de Choiseul. Otra que pudo ganar la partida fue Anne Thoynard de Jouy, la marquesa d´Esparbès, bajita, pelirroja y algo masculina en su actitud general. La falta de virtud de la marquesa d´Esparbès era algo tan rampante, que el propio Louis XV, cuando la metió en su cama, se permitió ponerse muy sarcástico respecto al pasado amatorio de ella:

« Madame d'Esparbès couchant avec Louis XV, le roi lui dit: Tu as couché avec tous mes sujets. - Ah! Sire! - Tu as eu le duc de Choiseul. - Il est si puissant! - Le maréchal de Richelieu. - Il a tant d'esprit! - Monville. - Il a une si belle jambe! - A la bonne heure; mais le duc d'Aumont, qui n'a rien de tout cela? - Ah! Sire, il est si attaché à Votre Majesté ! »

Entre nous, siempre me hace sonreír la atmósfera decadente total de Versailles en tiempos de Louis XV.

El caso es que al final ni la Gramont ni la Esparbès. La que acabaría llevándose el gato al agua, sería nuestra Jeanne, la futura Madame du Barry.


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 Asunto: Re: MADAME DU BARRY
NotaPublicado: 09 Dic 2013 05:07 
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Citar:
« Madame d'Esparbès couchant avec Louis XV, le roi lui dit: Tu as couché avec tous mes sujets. - Ah! Sire! - Tu as eu le duc de Choiseul. - Il est si puissant! - Le maréchal de Richelieu. - Il a tant d'esprit! - Monville. - Il a une si belle jambe! - A la bonne heure; mais le duc d'Aumont, qui n'a rien de tout cela? - Ah! Sire, il est si attaché à Votre Majesté !


:hehe: :hehe: :hehe: :hehe: :hehe:
La Du Barry me gusta más que la Pompadour....
No sé porque, pero le tengo antipaia a la Pompadour :eyes: :eyes: :eyes:


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 Asunto: Re: Madame du Barry
NotaPublicado: 09 Dic 2013 07:14 
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Registrado: 25 Jul 2009 08:22
Mensajes: 1298
Ubicación: Buenos Aires, Argentina
sabbatical escribió:
(...)
Cuando veo como los ingleses han llegado al mismo sitio y sin guillotinar a nadie, sin revoluciones (excepto la industrial que francamente me parece bastante menos cruel :-D ) y con su evolución tranquila de las cosas, con su aceptación de clases, (luego nos encanta ver Downton Abbey, cómo no) y su sumisión a ellas, llevado todo con HONOR, sencillamente me pongo enferma.

Técnicamente correcto pero no te olvides que Charles I pagó con su vida, le cortaron la cabeza... :-p

Luego pasan por una república algo bizarra pre definirse por la monarquía constitucional, y como con los Stuart eso no iba, ahí tuvimos a los Hannover-Sachsen-Coburg-Gotha / Windsor. ;)

_________________
"Ma fin est mon commencement, et mon commencement ma fin".


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 Asunto: Re: MADAME DU BARRY
NotaPublicado: 09 Dic 2013 11:45 
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Registrado: 03 Mar 2008 17:43
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¿Alguien puede traducir el francés? Es que nunca distingo la sutil frontera entre sarcasmo e ironía de Pirineos arriba.


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