Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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NotaPublicado: 25 Feb 2009 18:54 
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Registrado: 17 Feb 2008 20:47
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Cheque...eres un ángel ;)
Tienes un don especial para tocarme la fibra sensible, con esos comentarios tan cariñosos. Siempre representas un aliciente para continuar, incluso en días en que, por tener la cabeza en mil asuntos diferentes, no me encuentro particularmente inspirada. Pero tus comentarios encienden la lucecita, lo que es muy agradecer, jajaja. No sé si algún día acabaré "mi libro", y menos aún me imagino publicando algo; desde luego, no aspiro a forrarme, así que jamás podré comprarme una tiara ni siquiera de las de andar por casa, jajaja. Pero es muy bonito poder participar en una comunidad virtual como ésta, te lo aseguro. Poco trabajo me tomo comparado con las satisfacciones que recibo.

Y eso por no decir TODO lo que aprendo. Aquí hay gente que sabe mucho, que entiende de joyas (yo no distingo una fringe ni de guasa, jajaja), de heráldica o de necrópolis regias, por no mencionar visitas virtuales a castillos o palacios y esas pinacotecas que tanto deleite me producen. Realmente, disfruto igual que una niña en plenas vacaciones Disney, jajaja.

Gracias, cheque ;)


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NotaPublicado: 24 May 2009 22:04 
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Registrado: 18 Mar 2009 01:41
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Ubicación: Buenos Aires.Argentina
:lol: Minnie para el libro te sugiero un título muy vulgar pero,que te parece"Las mujeres en la historia de las monarquías".


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 Asunto: Re: LUISE DE MECKLENBURG-STRELIZ, REINA DE PRUSIA
NotaPublicado: 08 Feb 2010 22:15 
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Registrado: 11 Sep 2009 20:51
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En Canal 33 estan haciendo en estos momentos un documental-tvmovie sobre Luisa....está muy bien.

Por cierto, su hermana Federica debía ser fascinante....


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 Asunto: Re: LUISE DE MECKLENBURG-STRELIZ, REINA DE PRUSIA
NotaPublicado: 09 Feb 2010 11:42 
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Registrado: 06 Sep 2009 13:46
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Ubicación: Girona
RiccardoPercy escribió:
En Canal 33 estan haciendo en estos momentos un documental-tvmovie sobre Luisa....está muy bien.

Por cierto, su hermana Federica debía ser fascinante....


y ayer por la 2, tambien hicieron "La Reina", sobre Isabel II


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 Asunto: Re: LUISE DE MECKLENBURG-STRELIZ, REINA DE PRUSIA
NotaPublicado: 05 Mar 2010 22:22 
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Registrado: 17 Feb 2008 20:47
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Me apetece volver a Luise...

(grin)

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Recapitulando un poquito, que es lo mismo que retroceder pero para coger impulso antes de dar el salto hacia adelante en la historia...

Bien: teníamos a una pareja felizmente casada, formada por el duque Karl II de Mecklenburg-Strelitz y la princesa Friederike Caroline Luise de Hesse-Darmstadt. En el año 1776, los dos llevaban ocho años de armónica convivencia; ya habían tenido cinco retoños, aunque tres de ellos habían muerto en la primera infancia, así que solamente les quedaban, por entonces, dos hijas: Charlotte y Therese. Fue con las pequeñas Charlotte (siete años de edad) y Therese (cuatro años de edad) con las que se trasladaron a Hannover. Resultaba que Karl de Mecklenburg-Strelitz se había convertido mariscal de las tropas acantonadas en Hannover por decisión del rey George III de Inglaterra, también George III de Hannover, cuya esposa era una hermana de Karl, Charlotte Sophie de Mecklenburg-Strelitz. El parentesco con la reina Charlotte, por lo tanto, había proporcionado una interesante colocación al cuñado de George III.

En principio, Karl y Friederike, con sus niñas, se instalaron en una mansión relativamente modesta. Fue allí dónde Friederike, que había llegado a Hannover embarazada, daría a luz otra niña, bautizada con los nombres de Luise Auguste Wilhelmine Amalie. Cuando la benjamina de la casa alcanzó los seis meses, el tío George III de Inglaterra elevó a su cuñado Karl al rango de gobernador general en Hannover. Eso se llama prosperar, claro. La familia enseguida se mudo al extraordinario Alten Palais de Hannover, pero también disponían, para los períodos de asueto, del magnífico palacio de Herrenhausen, rodeado de jardines que guardaban reminiscencias de una época pasada marcada por una mujer de gran significación: la electora Sophie de Hannover, que había transmitido los derechos al trono británico a George I, padre de George II y abuelo de Frederick Louis príncipe de Gales, a su vez progenitor de George III.

Cuando Luise tenía dos años, su madre daría a luz otra niña: Friederike. Para entonces, la esposa de Karl ya había buscado una inteligente y eficaz gobernanta que dirigiese la educación de Charlotte, Therese y Luise, a las que a su debido tiempo se añadiría baby Friederike. Era Fräulein von Wollzogen. El papel de Fräulein von Wollzogen en la existencia de las princesitas cobró importancia a medida que la esposa de Karl seguía enlazando embarazos y partos. En 1779 llegó al mundo el ansiado heredero varón: Georg, cuyo nombre de pila constituía un homenaje al rey de Inglaterra. En 1781 se produjo el natalicio de otro varón, Friedrich Karl. Por desgracia, Friedrich Karl fallecería con veintiséis meses, a finales de marzo de 1783, justo cuando su madre Friederike de Hesse-Darmstadt se encontraba en el séptimo mes de una nueva gestación. El impacto del fallecimiento de Friedrich Karl fue notable en Friederike, que ya había amortajado a tres bebés con anterioridad al nacimiento de nuestra Luise. El 19 de mayo, Friederike tuvo a la pequeña Auguste Albertine; la criatura llegó a nacer, pero en muy malas condiciones, de manera que se le suministró un bautismo de emergencia antes de que muriese, al cabo de menos de un día. Friederike, que había sufrido intensamente durante ese parto, estaba casi con un pie en la tumba. De hecho, se reunió con Auguste Albertine en el otro mundo el día 22 de mayo de 1783.

Para Karl, fue una auténtica tragedia la defunción de su querida mujer. Se encontró solo con cinco hijos huérfanos de madre. Charlotte, la primogénita, tenía solamente catorce años. Con catorce años, hubo de asumir una actitud protectora hacia Therese, de doce años; Luise, de nueve años; Friederike, de ocho años y Georg, el único principito, de menos de cuatro años. Sin Fräulein von Wollzogen a su lado, Charlotte seguramente se habría venido abajo ante semejante panorama doméstico. La suerte es que se podía acudir a la madre de la difunta Friederike, suegra de Karl: Maria Luise Albertine, condesa de Leiningen-Dagsburg-Falkenburg por nacimiento, a la que el matrimonio había convertido en la princesa Georg de Hesse-Darmstadt.

Al encontrarse en Darmstadt, fue evidente para Karl que debía rehacer su vida rápidamente para proveer una nueva figura femenina de referencia a los vástagos de la pobre Friederike. Su suegra, Maria Luise Albertine, la princesa Georg, le animaba en esa dirección. Obviamente, enseguida surgió un arreglo más que apropiado: casar al viudo con una hermana soltera de la fallecida.

Charlotte de Hesse-Darmstadt, llamada Lotte en el círculo familiar, ya era tía de los hijos de Friederike, a la que había adorado. Ella misma había estado comprometida con Peter Friedrich de Oldenburg, pero ese noviazgo conveniente para los Hesse-Darmstadt se había roto al hacerse demasiado evidente que Peter padecía una enfermedad mental. A partir de ahí, no había surgido ningún partido interesante para la amable Lotte. Sin duda, no le disgustaba la perspectiva de confortar a su cuñado viudo Karl y menos aún de ocuparse de los sobrinos huérfanos, a quienes no podría molestar ni una pizca verla en el papel de devota madrastra.

La boda de Karl y Lotte se celebró en Darmstadt, cuidadosamente organizada por Maria Luise Albertine. Después, la pareja, con los hijos del primer matrimonio de Karl, retornó a Hannover, a aquella existencia dividida entre el Alten Palais y Herrenhausen. Lotte enseguida quedó embarazada, lo que fue motivo de gran alegría, pero provocó asimismo cierta aprensión a medida que se acercaba el momento del alumbramiento. Por desgracia, Lotte íba a ser otra víctima de la septicemia desarrollada a raíz del nacimiento de su hijo, Karl. En realidad, Lotte nunca pudo disfrutar de Karl. El chiquitín tenía doce días cuando la madre cedió en su lucha contra las intensas fiebres puerperales; la infección de la sangre la había vencido por completo, aniquilando su cuerpo.

Llovía sobre mojado. Karl había amado a Friederike...y había llorado amargamente su desaparición. Lotte, la hermana menor de Friederike, había parecido la oportunidad de recuperar siquiera en parte la felicidad doméstica que se le había escapado de entre las manos con la muerte por sobreparto de su primera esposa. Pero si Friederike había sucumbido en su décimo parto, Lotte había perecido a consecuencia del primero. Se trataba de un auténtico shock para Karl. Su (doble) suegra Maria Luise Albertine también estaba absolutamente conmocionada. Lo único que podía hacer era acoger ella a sus nietos en Darmstadt, pues su (doble) yerno dos veces viudo no íba a considerar siquiera la posibilidad de buscarse otra esposa.

Inciso curioso: Maria Luise Albertine había tenido dos hijas más aparte de las pobres Friederike y Lotte. Luise estaba casada con un primo carnal, heredero del ducado de Hesse-Darmstadt, llamado Ludwig. Auguste Wilhelmina estaba todavía soltera: era una preciosidad rubia, de dieciocho años de edad. Sin embargo, a Maria Luise Albertine ni se le pasó por la cabeza, en esa ocasión, tratar de emparejar al desolado Karl con Auguste Wilhelmina. Puede que pensase que era excesivo que un hombre contrajese nupcias de manera sucesiva con tres hermanas. También puede que se le cruzase por la cabeza la idea de que sería tentar al destino más de la cuenta.

En conclusión: los hijos huérfanos de Friederike y el hijo huérfano de Lotte tenían a su formidable abuela materna, Maria Luise Albertina. La tutela de ésta fue bastante efímera en lo que concierne a Charlotte, la mayor de los vástagos que Friederike había concebido en su dichosa unión con Karl. Charlotte se casaría, el 3 de septiembre de 1785, en Hildburghausen, con Friedrich de Saxe-Hildburghausen. Sus hermanas menores Therese, Luise y Friederike acudieron a la ceremonia, así como a los festejos posteriores, con sentimientos encontrados. Para ellas, Charlotte había sido un apoyo afectivo y emocional muy significativo desde la muerte de su madre Friederike, ya no digamos después del fallecimiento de la tía madrastra Lotte.

El 30 de septiembre de 1785, veintisiete días después de que Charlotte hubiese intercambiado en Hildburghausen sus votos nupciales con Friedrich de Saxe-Hildburghausen, en Darmstadt se verificó otro casamiento. La tía materna de las chicas, Auguste Wilhelmina, se desposó con Maximilian Josef von Pfalz-Zweibrücken, junto al cual marcharía a Estrasburgo para emprender aquella nueva etapa en su biografía.

Por tanto, en 1785, la abuela Maria Luise Albertina se quedó solamente con sus nietas Therese, Luise y Friederike. Cuando las chicas habían llegado a Darmstadt, la abuela las había situado bajo el cuidado de una gobernanta suiza, Mademoiselle Agier. Mademoiselle Agier ofrecía unas referencias absolutamente impecables, por lo que la princesa Georg estaba convencida de que encauzaría perfectamente la educación de sus nietas. Pero enseguida cambió de opinión. La gobernanta era una mujer de mente inflexible, con una rigidez casi absoluta en sus planteamientos, estricta al máximo. Ninguna de las chicas parecía hallar estímulos en semejante ambiente. Maria Luisa Albertina tenía la virtud de enmendarse la plana a sí misma cuando lo juzgaba necesario; no tardó en buscar otra suiza de talante radicalmente distinto al de Mademoiselle Agier: Salomé de Gélieu.

Salomé de Gélieu no tenía ni punto de comparación con su predecesora. Therese, Luise y Friederike no tardaron en darse cuenta de que aquella mujer no sólo era digna de respeto por su trayectoria y por sus cualidades intelectuales, sino que sabía hacerse amar. Los hermanos menores de las princesas, Georg y Karl, también recibieron mucho afecto de Mademoiselle de Gélieu, que se transformó en una especie de figura casi materna, en especial para los niños. Al igual que otros pedagogos avanzados de la época, Mademoiselle de Gélieu creía en el ideario preconizado por los filósofos ilustrados, acerca de que los muchachos y muchachas necesitaban educadores que respetasen el carácter de cada cual, impulsándoles a desarrollar su potencial sin tratar de forzarles en ninguna dirección que no tomasen por su libre albedrío. La teoría era, sin duda alguna, muy sugestiva. En la práctica, eso significó que las princesas y príncipes que tenía a su cargo se vieron libres de un programa de estudios claramente establecido, no había objetivos marcados a priori en diversas materias, no se trataba de forzar la aplicación ni el rendimiento, no se exigía una disciplina. La parte positiva: sacaron a relucir su personalidad. La parte negativa: adquirieron una formación que parecía una colcha de retales, mezclando sólo nociones elementales de lo que verdaderamente les interesaba o les atraía, sin profundizar de manera obligatoria en nada.

Para el caso, las princesas crecieron en edad...y adquirieron un barniz cultural más o menos interesante, si bien no una formación académica seria y rigurosa.

En mayo de 1789, Therese abandonaría "el nido". Charlotte llevaba ya cuatro años casada con el príncipe de Saxe-Hildburghausen, habiendo tenido un hijo llamado Joseph Georg en 1786, una hija llamada Katharina en 1787 y otra hija bautizada Charlotte Augusta, nacida y muerta en el mismo día, en 1788. Cuando Therese se casó en mayo de 1789, su hermana Charlotte ya estaba embarazada de un cuarto retoño.

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Therese de Mecklenburg-Strelitz, fürstin von Thurn und Taxis, hermana de Luise y Friederike.

Para Therese, el marido elegido había sido Karl Alexander von Thurn und Taxis. Estrictamente hablando, no pertenecía a la realeza; los von Thurn und Taxis eran una familia principesca pero no regia, que descollaban sobre todo porque su monopolio del correo en el amplia área geográfica del Sacro Imperio Germánico les había hecho inmensamente ricos. Karl Alexander, que había estudiado en varias universidades, era el heredero de su padre, el príncipe Karl Anselm. La madre de Karl Alexander, por su parte, sí llevaba en las venas sangre real: se trataba de la duquesa Augusta de Württemberg.

La boda de Karl Alexander y Therese constituyó un gran acontecimiento social en Neustrelitz, la capital de Mecklenburg-Strelitz. Por esa época, Luise tenía nueve años, así que Friederike contaba ocho años. Aún echaban de menos a Charlotte, así que les costó encajar el casamiento de Therese, quien, de momento, se establecería con Karl Alexander en el palacio que los Thurn und Taxis poseían en la ciudad de Francfort am Main. La parte buena del asunto sería que, a partir de entonces, las hermanas Luise y Friederike, cada vez más profundamente unidas, permanecerían con la abuela Maria Luise Albertina y con Mademoiselle de Gélieu en Darmstad, pero, igual que visitaban con cierta asiduidad Neustrelitz, visitarían con regularidad Francfort am Main.

Francfort am Main fue el escenario de las primeras grandes ceremonias a las que pudo asistir nuestra Luise, con la inseparable Friederike. Cinco años después de que Therese matrimoniara con Karl Alexander von Thurn und Taxis, Francfort am Main fue el escenario de la coronación de un nuevo emperador del Sacro Imperio Germánico: Leopold II, uno de los hijos de la recordada Maria Theresa y hermano del extinto Joseph II. En teoría, el prestigioso título de emperador del Sacro Imperio seguía siendo electivo, concurriendo a dicha elección los príncipes de una serie de territorios que constituían ese peculiar colegio electoral; pero, en la práctica, se había convertido en un cargo en el que se íban sucediendo los Habsburgo, ya transformados en Habsburgo-Lorena. La coronación de Leopold II constituyó un extraordinario evento, cuyo elaborado ceremonial y amplio programa de celebraciones dejó apabulladas tanto a Luise, de catorce años, como a Friederike, de trece años. Al cabo de tres años, en 1793, Luise y Friederike regresarían a Francfort am Main para asistir a otra coronación: la del hijo de Leopold II, Francis I. Aunque les impresionó bastante, ya no era algo completamente novedoso para ellas, sino una reedición de lo que habían presenciado en 1790.


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 Asunto: Re: LUISE DE MECKLENBURG-STRELIZ, REINA DE PRUSIA
NotaPublicado: 05 Mar 2010 23:18 
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Fue Francfort am Main, también, el escenario del encuentro que marcaría el rumbo a la existencia de Luise y de Friederike. En marzo de 1793, las dos guapas princesas de Mecklenburg-Strelitz, sobrinas de la reina de Inglaterra, coincidieron en una representación teatral, en esa ciudad, con el rey de Prusia, Friedrich Wilhelm II.

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Friedrich Wilhelm II rey de Prusia.

Merece la pena seguir la azarosa trayectoria sentimental de este monarca prusiano, que había sucedido en el trono a su tío paterno, Friedrich II, es decir, Federico El Grande de Prusia. Nunca es fácil ceñirse las sienes con una corona que ha llevado previamente un padre o un tío (en este caso un tío...) que se ha ganado el sobrenombre de El Grande. Friedrich Wilhelm II quedaría, le gustase o no, opacado por su antecesor en el puesto. Pero lo sustancial, aquí, es que su vida privada había sido bastante ajetreada.

En su juventud, le habían casado con Elisabeth Christine de Brunswick-Lüneburg. El padre de Elisabeth Christine era un distinguido soberano germánico de la dinastía de los welfos, el duque Karl I de Brunswich-Lüneburg. La madre de Elisabeth Christine era una princesa de Prusia, Philippine Charlotte, hermana tanto de Friedrich II El Grande como del príncipe August Wilhelm, a su vez progenitor de nuestro Friedrich Wilhelm (futuro Friedrich Wilhelm II). Esto significa que los novios Friedrich Wilhelm y Elisabeth Christine venían siendo primos hermanos entre sí, ambos sobrinos de Friedrich II El Grande.

El matrimonio constituyó un verdadero desastre para los Hohenzollern. Friedrich Wilhelm era un mujeriego incorregible y ni siquiera en sus primeros meses de casado tuvo el detalle de disimular sus aventuras extraconyugales. Elisabeth Christine se sintió herida y humillada a partes iguales. El nacimiento de una hija, la princesita Friederike Charlotte, acaecido en mayo de 1767, no sólo no había mejorado la situación en la que se veía Elisabeth Christine, sino que la había empeorado, porque muchos, empezando por su negligente esposo, la culpaban de haber proporcionado una niña en vez del niño que esperaba la dinastía prusiana. Decidida a que no le amargasen la vida, Elisabeth Christine optó por retribuír las constantes infidelidades de su Friedrich Wilhelm iniciando una serie de "liaisons" románticas con varios mozos de su entorno. Hubo algunos músicos...y algunos oficiales de la guardia...en la cama de la esposa del heredero al trono. Un juego peligroso, siempre, pues no sólo existía un doble rasero moral que disculpaba en los hombres las mismas flaquezas de la carne que se condenaban sin paliativos en las mujeres; aparte de eso, había otra consideración más pragmática, que derivaba de la certeza de que una esposa que anduviese haciéndole el salto a su marido nunca podría garantizar la legitimidad de los niños que naciesen de su cuerpo. La princesita Friederike Charlotte había sido, indudablemente, engendrada por Friedrich Wilhelm. Pero desde el instante en que Elisabeth Christine había iniciado su ronda de adulterios, cualquier bebé que concibiese sería, con casi absoluta seguridad, un bastardo que los Hohenzollern no admitirían.

Efectivamente, Elisabeth Christine se encontró "en apuros", es decir, con un embarazo indeseado que la pondría en evidencia. Para tratar de salir del paso, planeó una fuga con el amante que la había fecundado. Sin embargo, parece ser que la infortunada princesa confió en quienes no debía y vió su confianza traicionada. Si su marido Friedrich Wilhelm estaba enfadado, ese mosqueo era una nimiedad comparado con el cabreo monumental del rey Friedrich II El Grande, que enseguida obtuvo el apoyo de su hermana Philippine Charlotte -madre de Elisabeth Christine- y de los parientes Brünswick. Elisabeth Christine se encontró con un divorcio expeditivo que le impediría volver a ver jamás a su hija Friederike Charlotte. La recluyeron en la fortaleza de Stettin, bajo una firme vigilancia, para que reflexionase acerca de sus pecados. Sólo con los años mejoraron un poco sus condiciones de vida. Siguió confinada en Stettin, pero se le permitía retirarse en verano a un convento de Jasenitz, en la Pomerania.

Una vez liberado mediante un divorcio expres de Elisabeth Christine, Friedrich Wilhelm tuvo que volver a casarse, porque la primera mujer, tan "insatisfactoria y escandalosa", sólo le había dejado una niña, Friederike Charlotte, sin posibilidad de suceder debido a su sexo y estigmatizada en cierto modo por la conducta de la madre. La nueva princesa elegida por los Hohenzollern sería Frederika Louisa de Hesse-Darmstadt, quien, por cierto, venía siendo una sobrina carnal del príncipe Georg de Hesse-Darmstadt, casado con Maria Luise Albertina (hablamos aquí de los abuelos maternos de nuestra Luise). Frederike Louisa fue llamada por su marido Friedrich Wilhelm "Hessische Lieschen", que, en castellano, equivaldría a un "Isabelita la Hessiana".

La pobre "Isabelita la Hessiana" se encontró con una boda apresurada con un recien divorciado que necesitaba urgentemente hijos varones de legitimidad incuestionable y que no pensaba dejar de lado a sus numerosas amantes. Isabelita no podía competir con las mujeres que le gustaban a su Friedrich Wilhelm: era, según sus coetáneos, bastante poco agraciada, con tendencia a engordar más de la cuenta, de carácter amable y generosa en extremo, pero también bastante excéntrica. Aseguraba que veía fantasmas, los muertos se le aparecían con harta frecuencia; por esa razón, prefería vivir de noche y dormir de día. En cualquier caso, al margen esas curiosidades, cumplió su función reproductora de manera admirable: en trece años a partir de su boda, proporcionó al linaje Hohenzollern nada menos que nueve retoños, aunque uno de los niños nació ya muerto y ni siquiera recibió nombre, mientras que una niña -la princesa Christina- se malogró con un año. A pesar de esos dos "incidentes", la princesa, luego reina, tuvo a Friedrich Wilhelm (destinado a convertirse en Friedrich Wilhelm III con el tiempo), Ludwig, Wilhelmine, Auguste, Heinrich y Wilhelm. Era un bagaje excelente: Wilhelmine y Auguste eran dos princesas que podían utilizarse para obtener alianzas beneficiosas, como de hecho sucedería en el futuro, en tanto que los cuatro varones -Friedrich Wilhelm, Ludwig, Heinrich y Wilhelm- aseguraban plenamente la sucesión, porque ya tenían que sumarse varias calamidades para que los cuatro pereciesen sin haber logrado progenie ninguno de ellos.

Mientras la señora se dedicaba, mayormente, a las experiencias paranormales y a patronizar obras de caridad, su marido Friedrich Wilhelm II mantenía una amante oficial, la favorita entre sus numerosas amantes: se trataba de la hermosa y exhuberante Wilhelmine von Enke, Gräfin (Condesa) von Lichtenau, a quien se ha llamado con frecuencia la Pompadour prusiana. Aparte de su larga vinculación con Wilhelmine condesa de Lichtenau, Friedrich Wilhelm se casó morganáticamente dos veces estando casado con "Isabelita la Hessiana" -una bigamia espectacular la de este monarca...-. Su primera mujer "de la mano izquierda" fue una dama de honor de la reina consorte, Julie von Voss, a la que elevó al rango de Gräfin von Ingenheim. Julie condesa de Ingenheim murió de una tuberculosis después de haber dado a su "marido" un hijo que puede considerarse ilegítimo, Gustav Adolf. Friedrich Wilhelm no tardaría en repetir la jugada de una boda bígama, en esa ocasión con otra dama de la corte llamada Sophie Juliane Friederike von Dönhoff, que también le daría dos hijos bastardos, Friedrich Wilhelm y Sophie Julie.

Ya os podéis quedar con la copla: Friedrich Wilhelm II, el Gordo, tenía una vida amorosa escasamente convencional. Muchos reyes han tenido una esposa y una o varias maitresses en tître, pero este rey tenía una esposa, esposas morganáticas, maitresse en tître y amantes esporádicas, todo a retortero ;)

En 1793, cuando Friedrich Wilhelm II se encuentra en un teatro con las jóvenes Luise y Friederike de Mecklenburg-Strelitz, quizá se da cuenta de que la casualidad que se las ha puesto delante de las narices es una casualidad cuidadosamente orquestada. En Alemania, se sabe que el monarca está a la busca de esposas para sus dos hijos varones mayores, Friedrich Wilhelm y Ludwig. La hija mayor, Friederike Charlotte, fruto del tremendo matrimonio con la prima Elisabeth Christine, se ha casado dos años atrás, en un enlace sorprendentemente afortunado, con el príncipe inglés Frederick, duque de York, uno de los hijos de los reyes George III y Charlotte. En ese mismo año de 1791, la princesa Wilhelmine, una hermana de Friedrich Wilhelm y Ludwig, también se había casado muy ventajosamente, con el príncipe Willem de Orange, que acabaría siendo años después del rey Willem I de los Países Bajos. A Friedrich Wilhelm aún le quedaba una hija princesa por colocar, Auguste. Pero, de momento, su prioridad residía en encontrar mujeres adecuadas para los hijos mayores, Friedrich Wilhelm, su heredero, y Ludwig.

¿Son esas mujeres las niñas Mecklenburg-Strelitz? Al monarca le parece que ofrecen bastantes alicientes, por la posición del padre de ambas, por la notable influencia de la abuela materna de ambas, por la red de conexiones familiares que aportan. Enseguida se conciertan las cosas de manera que los chicos puedan conocer a las chicas. Quizá a Friedrich Wilhelm le agrade Luise, en tanto que Ludwig podría cortejar a Friederike.


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 Asunto: Re: LUISE DE MECKLENBURG-STRELIZ, REINA DE PRUSIA
NotaPublicado: 05 Mar 2010 23:48 
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Friedrich Wilhelm, kronprinz de Prusia...

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constituye uno de esos personajes que dan la impresión de haber definido su carácter, su personalidad, por contraposición a los de sus padres. No tenía nada que ver con su padre...ni con su madre. Había crecido, probablemente, sufriendo el impacto emocional de aquella relación matrimonial en la que su padre nunca se había involucrado en absoluto más allá de dedicarle a su mujer el tiempo necesario para que ella concibiese diez veces (¡nadie podría echarle en cara que no procrease auténticos Hohenzollern!). Friedrich Wilhelm estaba demasiado ocupado con su favorita oficial, sus mujeres "de la mano izquierda" y sus amantes, cuando no se dedicaba a ejercer de rey un tanto despótico. En cuanto a la madre, el kronprinz reconocía que era una buena mujer, pero afectada por la disoluta existencia del marido, que la situaba en una posición bochornosa, aparte de poco equilibrada, con propensión a las fantasías y a las extravagancias.

Friedrich Wilhelm, el kronprinz, creció para dejar de ser un niño bastante guapo y transformarse en un mozo grato a la vista. No era especialmente inteligente, no había en él profundidad intelectual ni una gran capacidad de análisis que le hiciese desenvolverse con astucia por los intrincados vericuetos de la corte. Pero era lo suficientemente agradable para compensar esa falta de "instinto político". Todos en su entorno admitían que no tenía un criterio firme, que podía mostrarse voluble y en absoluto resuelto. Sin embargo, se agradecía que fuese básicamente íntegro, honesto, con conciencia y con sentido del honor. No íba a seguir la trayectoria escandalosa de su padre. Aspiraba a encontrar cierta dosis de felicidad doméstica y no tenía intención de combinar un matrimonio dinástico con una larga serie de concubinas.

Cuando vió a Luise de Mecklenburg-Strelitz por primera vez, en marzo de 1793, tenía veintitrés años. Mucho tiempo después, ya viudo, declararía visiblemente emocionado al obispo Eylert que se había enamorado de Luise en cuanto le había dirigido la mirada. Friedrich Wilhelm sería más elocuente aún, contándole a Eylert que, ante la presencia incomparable de Luise, había pensado de inmediato: "Ella...y si no es ella, ninguna otra criatura en el mundo". No se trataba de una idea original de Friedrich Wilhelm. Esas palabras las pronunciaba el protagonista masculino de una obra romántica de Schiller: "La novia de Messina". Pero es significativo que Friederich Wilhelm, nada más conocer a Luise, recordase la frase que Schiller había puesto en boca de uno de sus personajes.

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Luise.

En cuanto a Luise, Friedrich Wilhelm le resultó muy atractivo. Era evidente que se trataba de un hombre apuesto, pero, además, Luise se dió cuenta al momento de que era "un tipo decente". Quizá excesivamente tímido y con un elemento de melancolía presente en su carácter, pero, en ese instante, no parecían puntos en negativo para el príncipe. De hecho, lo importante es que transmitía la impresión de ser claro, transparente, sin dobleces, sin recámara, un hombre del que se podía esperar una conducta decorosa e incluso irreprochable. Por otro lado, hay que recordar que, mientras Friedrich Wilhelm cortejaba a Luise, el príncipe Ludwig Karl hacía lo propio con Friederike. Como harían notar Charlotte y Therese, las hermanas mayores, para Luise y Friederike, que se adoraban mútuamente, constituía un verdadero motivo de felicidad el tener la -rara- oportunidad de casarse con dos hermanos, lo que las situaría a las dos en la misma corte -la prusiana-.

Los acontecimientos se desarrollaron con notable rapidez: una vez que el rey Friedrich Wilhelm II había decidido apostar por esa doble alianza con el linaje de Mecklenburg-Strelitz, enseguida entró en negociaciones con Karl, el padre de las muchachas a las que los príncipes prusianos estaban bailando el agua.


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 Asunto: Re: LUISE DE MECKLENBURG-STRELIZ, REINA DE PRUSIA
NotaPublicado: 06 Mar 2010 00:00 
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"Hessische Lieschen" significa efectivamente isabelita la hessiana, pero foneticamete es muy parecido a isabelita la fea...y cuando luego has comentado que la chica noera muy agraciada, me ha sonado a juego de palabras mas bien mal intencionado por parte de su esposo..quien sabe!!! :-p


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 Asunto: Re: LUISE DE MECKLENBURG-STRELIZ, REINA DE PRUSIA
NotaPublicado: 06 Mar 2010 07:29 
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carmela escribió:
"Hessische Lieschen" significa efectivamente isabelita la hessiana, pero foneticamete es muy parecido a isabelita la fea...y cuando luego has comentado que la chica noera muy agraciada, me ha sonado a juego de palabras mas bien mal intencionado por parte de su esposo..quien sabe!!! :-p


Un ligerísimo picor en la punta de la nariz me sugiere que has clavado la flecha en el blanco de la diana, Carmela ;) Existiendo esa fuerte similitud fonética entre las dos expresiones, a mí no me cabe duda de lo que quería expresar Friederich Wilhelm. Lo cual me lleva a añadir: ¡qué mala leche gastaba el hombre!.


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 Asunto: Re: LUISE DE MECKLENBURG-STRELIZ, REINA DE PRUSIA
NotaPublicado: 06 Mar 2010 08:03 
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Kronprinz Friedrich Wilhelm y Luise.

Se decidió que se llevaría a efecto la doble alianza entre los Mecklenburg-Strelitz y los Hohenzollern, con dos bodas que, sin embargo, no serían simultáneas. Friedrich Wilhelm era el kronprinz, el heredero del trono. La corte prusiana deseaba que su enlace nupcial centrase toda la atención, por lo que se celebraría la ceremonia tres días antes de que se verificase el intercambio de votos entre el príncipe Ludwig (segundo en la línea de sucesión) y la princesa Friederike. Fue señalada la Navidad de 1793 como una época idónea para ambos casorios.

En octubre, lógicamente, Luise y Friederike vivían asistiendo a la febril agitación que siempre originaba la preparación de los ajuares de las novias principescas. La abuela Maria Luisa Albertina podía regocijarse observando a sus encantadoras nietas, a las que había criado con esmero, divirtiéndose de lo lindo mientras se probaban el repertorio de vestidos o se maravillaban ante la finura de sus nuevos complementos. En esa época, se produjo un hecho que sacudió hasta los cimientos todas las cortes europeas, de las más grandes a las menos destacadas: el 16 de octubre, en la Place de la Révolution de París, la hoja afilada de una guillotina cercenó la cabeza de la que había sido última reina de Francia, Marie Antoinette, nacida archiduquesa de Austria.

Se puede imaginar lo que representó ese dramático desenlace. A menos de tres semanas de cumplir los treinta y ocho años, Marie Antoinette, con los cabellos encanecidos por el sufrimiento, llevando en resignado silencio las fortísimas hemorragias que le provocaba lo que parece haber sido un tumor uterino, había tenido que afrontar un "juicio" orquestado para vilipendiarla, difamarla y sentenciarla a muerte. Los dos días de "juicio" habían representado una tortura física, porque la situación le obligaba a resistir largas horas de proceso manteniéndose erguida y guardando una perfecta compostura para ser digna de sí misma, como ella diría; pero, en especial, habían sido una tortura psicológica, porque la Viuda Capet (así la llamaban desde la ejecución del que había sido su marido, Louis XVI) no se vió solamente acusada de haber sido una pésima soberana o de haber intentado salvar el pellejo negociando en secreto con las potencias extranjeras que estaban en guerra con la república francesa, sino que se había ído a otro plano en el que se le atribuyó haber cometido incesto con su hijito, el Delfín, para satisfacer la ninfomanía que se le adjudicaba porque sí y para manipular con facilidad al muchacho. Si bien Marie Antoinette había reaccionado a semejante calumnia con un coraje que le valió la admiración de muchos, su alma quedó profundamente herida. En las horas siguientes, se limitó a aguardar en su celda de la Concièrgerie, separada de sus chicos y de su valiente cuñada Madame Elisabeth, que se cumpliese la sentencia a muerte.

En las cortes europeas se había seguido con absoluto interés el devenir de los acontecimientos desde que había estallado la Revolución en el verano de 1789, cuatro años atrás. La ejecución de Louis XVI les había estremecido, haciéndoles recordar a aquel Charles I de Inglaterra que también había sido conducido a un patíbulo tras haber perdido su trono. El proceso contra Marie Antoinette supuso un nuevo motivo de horror. Maria Luise Albertina, la princesa Georg de Hesse Darmstadt, se quedó demudada al recibir la noticia de que habían guillotinado a "una hija de la gran Maria Theresa". Sus nietas, jóvenes impresionables, experimentaron el mismo pellizco en el corazón.

Evidentemente, ese suceso recrudecía el conflicto con la Francia revolucionaria, conformada en una república cada vez más radicalizada en sus posturas. Las hostilidades se habían roto tiempo antes y esa guerra en curso adquiría un tinte más onimoso. No cabía duda de que todo estaba yendo a peor.

Pero es de suponer que, en el mes de diciembre, Luise y Frederike de Mecklenburg-Strelitz ya no tenían en mente la tragedia de Marie Antoinette. Las dos muchachas viajaron con un séquito impresionante hasta Postdam, dónde las aguardaban sus prometidos. Friedrich Wilhelm contrajo nupcias con la guapísima Luise el 24 de diciembre. El 26 de diciembre, los dos asistieron a la boda de Ludwig con Friederike. Y el 27 de diciembre, se puso en escena la entrada solemne de las dos flamantes princesas de Prusia en Berlín, un Berlín profusamente engalanado para la ocasión.


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 Asunto: Re: LUISE DE MECKLENBURG-STRELIZ, REINA DE PRUSIA
NotaPublicado: 06 Mar 2010 08:30 
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Luise:

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La recien casada Luise tuvo enseguida un atisbo de que la corte prusiana vivía en un estricto ceremonial. Para recibirlas a ella y a su hermana, la capital prusiana había preparado un grandioso arco de triunfo vegetal, situado en los aledaños de la denominada puerta de Postdam por la que había accedido a Berlín el cortejo principesco. Junto al arco de triunfo, perfectamente alineados, se distinguían a treinta muchachos ataviados en color verde, junto a treinta chiquillas vestidas de blanco y rosa que sostenían guirnaldas de flores en las manos. Luise enseguida se adelantó a recibir una guirnalda de flores, ante la mirada orgullosa de su esposo Friedrich Wilhelm, en presencia de Friederike y Ludwig. Siendo como era Luise, cedió de inmediato al impulso de abrazar y besar a la criatura que le había ofrecido las flores.

La formidable condesa Sophie Marie von Voss era la Oberhofmeisterin designada por el rey Friedrich Wilhelm II para la nueva kronprinzessin Luise. No dejaba de tener su morbo el asunto, porque Sophie von Voss había sido tía de Julie von Voss, la condesa de Ingenheim tras la "boda morganática" con Friedrich Wilhelm II. Pero de Sophie von Voss lo que podía decirse es que se trataba de una Madame Etiquette; conocía mejor que nadie el protocolo y se ajustaba a él milimétricamente, por lo que se la juzgó la persona idónea para dirigir el staff de la joven Luise. Cuando Sophie von Voss vió a Luise abrazando y besando a una muchacha que acababa de regalarle flores, el espanto la sacudió de la cabeza a los pies. En tono claramente admonitorio, interpeló a Luise:

-Por Dios, Alteza...¿qué estáis haciendo?.

La sorpresa se reflejó en la bonita faz de Luise. Con absoluta candidez, replicó de inmediato:

-¿He hecho algo malo?¿Acaso nunca podré volver a hacerlo?.

Saltaba a la vista que Luise no entendía porqué no podía mostrarse agradecida y cariñosa hacia los jóvenes que le daban la bienvenida en nombre de la ciudad de Berlín. Sophie von Voss contestó, con aires de gobernanta hacia una pupila díscola:

-A una futura reina no le corresponde un comportamiento impulsivo; una reina tiene que saber contenerse siempre y tiene que mantener una distancia con sus súbditos.

No cabe duda de que Luise se quedó de una pieza. Con todo, la muchacha mantuvo la sonrisa en los labios mientras avanzaban hacia el Palacio Real. El protocolo había establecido que las recientes princesas, que ya habían conocido a su suegra la reina consorte Frederike Louisa ("Hessischen Lischen") debían, ahora, rendir homenaje a la reina viuda Elisabeth Christine, la viuda de Friedrich II El Grande. Esa noche, por lo demás, se ofrecería un baile, en el que caballeros y damas sacarían a colación sus mejores galas para asistir a la introducción en la corte de las nuevas princesas.

Luise y Friederike cumplimentaron adecuadamente a Elisabeth Christine, antes de retirarse a sus aposentos a prepararse para el baile. Otra vez, Luise "metió la pata" en el enorme salón dispuesto para la fiesta, pues, en un momento determinado, ella solicitó que la orquesta ejecutase un vals. Los valses habían estado prohibidos en la corte berlinesa porque se juzgaba que era un baile que no sólo no preservaba el decoro de las mujeres sino que invitaba a lanzarse de lleno a la falta de decencia. Pero, obviamente, el director de orquesta no se atrevió a negarle un vals a la kronprinzessin Luise. Ante la mirada horrorizada de la reina Frederike Louisa y de la condesa Sophie von Voss, Luise salió a la pista para compartir un vals con Friedrich Wilhelm, visiblemente azorado. No quedó ahí la cosa, porque Luise se empeñó en que siguiesen sonando valses y fue compartiendo piezas con sus invitados más distinguidos.

La condesa von Voss debió pensar que le esperaba un trabajo de aúpa con aquella muchacha antojadiza, impulsiva y un tanto petulante: así se permitiría describirla. Estaba claro que, al igual que su esposo Friedrich Wilhelm, Luise no tenía un "saludable respeto" a la etiqueta palaciega. El exceso de empaque, el formalismo elevado a la enésima potencia que presidía las relaciones en el ámbito cortesano, no era algo que cuadrase con el temperamento de la princesa llegada de Mecklenburg-Strelitz. La condesa von Voss íba a pasarlas canutas para que el protocolo no saltase por los aires en el palacete situado en Unter den Linden que se convirtió en el primer hogar del kronprinz y la kronprinzessin.


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 Asunto: Re: LUISE DE MECKLENBURG-STRELIZ, REINA DE PRUSIA
NotaPublicado: 06 Mar 2010 09:10 
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Siempre he pensado que hay un elemento de "modernidad" interesante en la vida en común de Friedrich Wilhelm con Luise, que se inició en el palacete de Unter den Linden bajo los mejores auspicios debido al enamoramiento recíproco de ambos. Los dos concordaban en establecer una especie de línea divisoria entre su existencia pública, la que consistía en una sucesión de eventos y ceremonias derivados de su posición de herederos al trono, y su existencia privada, la que deseaban llevar "de puertas para adentro". "De puertas para adentro", Luise era una joven sencilla; le gustaba llevar el pelo suelto o semirecogido, vestirse con trajes ligeros que no la apabullasen, calzar simples chinelas, reclinarse en el diván a repasar poemas de Herder, devorar obras de Goethe o de Schiller, releer las monumentales obras históricas del inglés Gibbon. Friedrich Wilhelm encontraba un verdadero deleite en esa atmósfera doméstica tan envolvente, él que nunca había tenido la posibilidad de crecer en un entorno agradable a causa del penoso curso que habían seguido las relaciones entre sus padres.

Pero para la estricta condesa von Voss, representaba un quebradero de cabeza esa actitud tan "burguesa" de los príncipes. La mujer se quedó de un pasmo cuando, cierto día, abrió la puerta de uno de los salones para encontrarse con la pareja compartiendo un mismo diván, tuteándose (¡tuteándose!) e intercambiando comentarios que les hacían reirse a carcajadas (¡a carcajadas!). Seguramente, la condesa von Voss estuvo a punto de morirse de la impresión, asimismo, la noche en que Friedrich Wilhelm y Luise regresaron a su casa tras asistir a una función de gala. En cuanto entraron por la puerta, Luise no disimuló su deseo de quitarse de encima la diadema, las ostentosas alhajas que le adornaban el cuello y las muñecas, los zapatos elevados, el traje demasiado emperifollado. Ya al verla en atuendo más cómodo, Friedrich Wilhelm no reprimió su alegría:

-¡Gracias a Dios que eres mi esposa de nuevo!.

Luise no disimuló su asombro:

-¡Querido mío!¿Acaso no soy tu esposa siempre?.

-No. Demasiado a menudo te ves en la obligación de ser la princesa heredera.-contestó, inteligentemente, Friedrich Wilhelm.

Era una visión diferente a la de sus predecesores. Pero las circunstancias también diferían radicalmente. Friedrich II el Grande, el tío abuelo paterno de Friedrich Wilhelm, se había casado a la fuerza con la bonita princesa Elisabeth Christine de Brünswick-Bevern, con la que nunca había querido tener ni siquiera una mínima cortesía, ya no digamos una relación conyugal propiamente dicha. Friedrich Wilhelm II, el padre de Friedrich Wilhelm, quizá diese rienda suelta a sus delicadezas con su maitresse en tître o con las esposas "de la mano izquierda", pero sus relaciones con sus dos mujeres, Elisabeth Christine de Brünswick-Lüneburg y Frederike Louisa de Hesse-Darmstadt, habían sido puramente formales, completamente exentas de una nota de calidez. Friedrich Wilhelm era un hombre joven completamente enamorado de su hermosa mujer, cuyo carácter apreciaba no menos que su aspecto. Luise se sentía encantada con su Fritz, que no le escatimaba gentilezas ni mimos.

Paradójicamente, Ludwig Karl, el hermano que seguía en edad a Fritz, era más parecido al padre. Ludwig había aceptado de buen grado casarse con Friederike, la hermana de Luise. A fín de cuentas, era consciente de que, más pronto que tarde, le tocaba plegarse a la necesidad de desposar a una princesa que le conviniese a la casa de Hohenzollern. Dado que un enlace dinástico era inevitable e ineludible, mejor que mejor si te escogían una princesa como Friederike, muy guapa y de naturaleza vivaz. Pero eso no significaba que Ludwig estuviese predispuesto a enamorarse del modo en que lo había hecho su hermano Fritz, ni a transformarse en un devoto y fiel marido del modo en que lo había hecho su hermano Fritz. Mientras Luise disfrutaba de una luna de miel que parecía no llegar a su fín (el único episodio triste en su primer año de casada fue el aborto espontáneo de un bebé que hubiera sido niña de haber nacido) Friederike sentía el abandono en el que la dejaba Ludwig para irse de francachela, atender a su amante y buscarse diversas aventuras.

La diferencia estaba ahí. A Luise le había tocado el merengue, por así decirlo. Friederike había descubierto que su torta nupcial era un bizcocho de aspecto bonito, pero que, bajo la finísima cobertura de azúcar glaseado, sólo había un mazacote grumoso y requemado. Aparentemente, Friederike trató de "consolarse" por el desinterés humillante que le manifestaba Ludwig flirteando de manera desaforada con un tío paterno de Friedrich Wilhelm y Ludwig, el príncipe Louis Ferdinand. Louis Ferdinand, bastante menor que su hermano rey Friedrich Wilhelm II, era un mozo de sorprendente apostura y notable carisma; se trataba de un avezado oficial del ejército prusiano, que en sus ratos libres se dedicaba a componer música con no poco talento. El príncipe Louis Ferdinand no estaba casado, lo que no significa que fuese célibe; su amante favorita, hasta esa época, había sido Eberhardine von Schlieben, madre de su hija ilegítima Caroline, a la que quería mucho. Que Friederike flirtease abiertamente con el tío Louis Ferdinand resultó de lo más incómodo y engorroso para los Hohenzollern.


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