Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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 Asunto: Re: LUISA FERNANDA
NotaPublicado: 09 Jun 2010 00:04 
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Registrado: 17 Feb 2008 21:47
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Y ahí sí llegamos a un elemento crucial en las biografías de Isabelita y no digamos de Luísa Fernanda. Porque lo cierto es que el repentino coup de foudre de María Cristina hacia Agustín íba a impactar de manera directísima en la infancia de las dos hermanas...

Numerosos autores de gran prestigio han puesto de relieve cuántos obstáculos tenían que sortear las reinas viudas al asumir una regencia. La norma era que cualquier rey matrimoniase por razones de Estado, con alguna princesa que le sería enviada desde otro país, bien fuera un país aliado con el cual convenía reforzar vínculos, bien fuese un país rival o incluso tradicionalmente hostil con el cual había sido necesario alcanzar una tregua por efímera que llegase a resultar. Esas princesas se encontraban de pronto en una corte desconocida, en un país dónde eran extranjeras y en el que con frecuencia suscitaban reservas iniciales, cuando no auténtica cautela. Se podía cuestionar -de hecho se cuestionaba...- si acabarían identificándose plenamente con sus maridos, el linaje de sus maridos y la nación gobernada por sus maridos o si, por el contrario, tratarían de influír en el curso de los acontecimientos para favorecer a sus familias y países de procedencia. La muerte prematura del soberano podía elevar a una de esas consortes a la posición de regente. Pero no se las solía aceptar con agrado; por el contrario, siempre había quienes hubiesen preferido que se retirasen de escena para que asumiese el papel algún pariente de sangre del monarca niño o quizá un noble particularmente significativo.

Las regentes, en pocas palabras, no infundían "confianza plena". Se las ponía en tela de juicio por su sexo -ah, la "venalidad" atribuída a las féminas...- y por su condición de extranjeras -no importaba si llevaban años establecidas en la patria adoptiva-. Un motivo adicional de rechazo era el temor a que se dejasen llevar por los sentimientos y acabasen siendo manipuladas por un valido cuyo principal mérito quizá fuese saber bailar el agua a una viuda. Si una reina consorte debía ser fiel para garantizar la legitimidad de su descendencia, una reina regente debía exhibir prácticamente un cinturón de castidad para que no destrozasen su reputación en un abrir y cerrar de ojos.

María Cristina tenía que estar al tanto. Ella no era absolutamente extranjera: su madre había llegado a Nápoles procedente de la corte de España, tratándose de una hija de Carlos IV y María Luísa, por tanto hermana de Fernando VII. Pero a pesar de que había sangre española en sus venas, se la solía apodar "la napolitana" (lo mismo que sucedía con su hermana Luísa Carlota). Añadido a eso, su sexo la ponía en desventaja, en particular porque le correspondía tutelar no a un rey indiscutido, sino a una reinecita cuyo advenimiento resultaba, por lo de pronto, controvertido a escala europea. Si sumamos esos dos factores, tenemos que admitir que la posición de María Cristina no era en absoluto firme. Cualquiera que se creyese capacitado para llegar a ser el verdadero poder detrás del trono de una niña podía dedicarse a minar a la regente apelando a su condición de mujer extranjera. Lo único que faltaba es que ella suministrase munición adicional a quien quisiese disparar enamorándose a los tres meses de haber enviudado...y enamorándose, para colmo de males, de un simple oficial de la guardia palaciega.


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 Asunto: Re: LUISA FERNANDA
NotaPublicado: 09 Jun 2010 14:05 
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Pues a mi Fernando VII no me inspira la más mínima lástima, opino que no hay mejor calificativo que el que le pusieron sus contemporáneos "Felón". Eso sí, estoy de acuerdo enque los hijos no tienen por qué expiar las culpas de sus padres, ahí me gusta la actitud de Carlos María Isidro con respecto a su sobrina Isabel II (ella no tenía la culpa de los tejemanejes con los que sus padres estuvieron jugando o practicando, vale que fueran en favor de ella, pero también habría para ellos (en este caso para Mª Cristina) muchísimos favores reales)

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La reina Isabel II y su hermana la infanta Luisa Fernanda, grabado del año 1833.

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 Asunto: Re: LUISA FERNANDA
NotaPublicado: 09 Jun 2010 20:13 
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¡Qué monada el grabado de época de las niñas, Orly! Aunque he de decir que el artista no tuvo piedad con Luísa Fernanda; le ha puesto una cara que reproduce claramente los rasgos -nada agraciados- de Fernando VII y encontrar esa cara en un bebé provoca una especie de descarga eléctrica instantánea en quien la contempla, jajaja.

Y dando la vuelta a tu comentario...¡espero que no hayas inferido de mis palabras que me suscite lástima Fernando VII! ;) Fernando VII es un individuo que me causa algo que podría definir como "repulsión". Todo en él me da asquito, desde su trayectoria juvenil en la época príncipe de Asturias, cuando vendía por una perra chica a su padre, a su madre, al favorito de sus padres y hasta a los que se aliaban con él durante sus estúpidas conspiraciones de salón palaciego. Una rata de alcantarilla seguramente tiene más integridad y sentido del honor de los que demostró ese príncipe. Y no me quiero ni acordar de la manera en que se arrastraba a los pies de Napoleón después de haberse largado a Francia. Considerando que los españoles de entonces sacaron fuerzas de flaqueza para plantar cara a la Francia de Napoleón...me arde la piel de pura vergüenza ajena recordando el papelón de Carlos IV, de María Luísa y especialmente de Fernando. Pensar que una guillotina había cercenado la cabeza del bueno de Louis XVI de Francia...que sería escasamente enérgico y resolutivo, un flojo incapaz de asumir las riendas del país en cualquier circunstancia y menos todavía en plena crisis, pero, caray, era un querubín si tenemos en mente reyes de la calaña de nuestro Fernando VII.

¿Queda claro lo que opino de Fernando VII? Yo le habría mandado a la guillotina, lo admito. Pero eso no quiere decir que no encuentre lastimosa la situación en que se vió en sus últimos años. El hombre era un reaccionario de tomo y lomo, así que, en realidad, su punto de vista no difería del de su hermano Carlos María Isidro. Y, sorprendentemente, él, que había traicionado a sus padres, los reyes que le habían precedido, sentía una peculiar comezón en la conciencia ante la idea de subvertir el orden sucesorio implantado con el primer monarca del linaje de los Borbones. No deja de llamarme la atención ese punto...


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 Asunto: Re: LUISA FERNANDA
NotaPublicado: 09 Jun 2010 21:24 
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Volviendo al tajo...

...¡¡tengo que enmendarme la plana a mí misma!! No sé porqué, tenía entendido que María Cristina había padecido su coup de foudre con Agustín a los tres meses de la muerte de Fernando VII. Pero, repasando notas, me he percatado de que ni tres meses habían pasado...

Quince días después de la muerte de Fernando, María Cristina estaba literalmente exhausta. Al fallecimiento del monarca le había seguido la proclamación de Isabel II en Madrid (mientras el tío paterno de la criatura se proclamaba rey Carlos V hallándose exiliado en Portugal apenas unas horas más tarde). Las cláusulas del testamento de Fernando VII, que se habían hecho públicas, confirmaban a María Cristina en el papel de regente durante la minoridad de Isabel II, pero establecían claramente que ella conservaría esa posición mientras se conservase viuda. Con sólo veintiocho años, pues, debía renunciar a cualquier expectativa de rehacer su vida afectiva a través de un segundo casamiento para, a cambio, mostrarse tan pura como una vestal romana mientras enfocaba todas sus energías a trabajar en pro del reinado de su hija mayor.

Era un fardo muy pesado, desde el punto de vista psíquico. Nada tiene de particular que desease eludir por unos días la atmósfera sobrecargada del palacio real madrileño para llenarse los pulmones de aire puro en La Granja de San Ildefonso, una residencia de ensueño por la que siempre había manifestado cierta predilección. María Cristina se subió a una carroza, seguida por un amplio conjunto de carruajes y con la debida escolta para cubrir el trayecto de Madrid a La Granja. En un punto determinado de la ruta, concretamente en la subida al puerto de Somosierra, la sangre empezó a manar a goterones de la nariz de María Cristina, para espanto de las damas que le hacían compañía. Entre los oficiales de la escolta, que cabalgaban a ambos laterales del vehículo, uno de ellos tuvo la presteza de ánimo suficiente para hacer llegar al interior de la carroza, a través de la ventanilla medio abierta, un pañuelo. María Cristina utilizó el pañuelo hasta que cesó la hemorragia nasal...y luego se lo devolvió a su propietario, así, ala, sin esperar a llegar a su destino y hacerlo pasar previamente por la lavandería de La Granja. El oficial no se lo tomó a mal, sino que, por el contrario, lo besó en un gesto de reverencia antes de guardárselo en el bolsillo de la guerrera. María Cristina se enamoró inmediatamente.

Admito que es una versión de ese encuentro aún más bonita de la que yo conocía, independientemente de que yo piense que lo cortés hubiera sido que la reina conservase el pañuelo hasta haber alcanzado el palacio y haberlo mandado lavar para devolverlo después al oficial limpio inmaculado con aroma a lavanda. El capitán Muñoz, en cualquier caso, acababa de dar "el gran golpe" sólo por ser de excelente planta, alto, delgado pero fornido a la vez, con una frondosa cabellera de un negro casi azulado y ojos intensamente negros en su rostro de facciones perfectamente definidas. Se le consideraba un mozo muy atractivo. A María Cristina debió parecerle un David de Miguel Ángel mientras recordaba al extinto Fernando VII, desde luego.

La cuestión radicaba en que María Cristina no deseaba en absoluto que su fulminante enamoramiento se transformase en una simple aventura clandestina. Ella tenía corazón, había entregado ese corazón y quería que el hecho condujese a un matrimonio, aunque fuese secreto, antes de meterse en la cama con su guapo capitán de la guardia. Agustín estaba dispuesto a complacerla. Se casarían a las siete de la mañana del día 28 de diciembre de 1833. Sé que los más avispados señalaréis que la señora tenía un retorcido sentido del humor, casándose a escondidas con el capitán el día de los Inocentes. Ignoro si María Cristina cayó en la cuenta de ese detalle, jajaja. La boda tuvo lugar en una pequeña habitación del Palacio Real, en un amanecer en el que Madrid se desperezaba lentamente, entre un frío considerable y una lluvia incesante. Ofició un cura que era paisano y amigo de Agustín, Marcos Aniano. Hubo cuatro testigos: el marqués de Herrera compartió ese papel con un camarada de Agustín, en tanto que, de sexo femenino, estaban presentes una modistilla muy apreciada por la reina -Teresita Valcárcel- y una moza de retrete cuya identidad desconozco.

De manera que tres meses y un día después de que hubiese expirado el gotoso Fernando VII, la reinecita Isabel y la heredera Luísa Fernanda tenían un padrastro cuya antepasada más notable había sido la abuela paterna, Eugenia Funes, por el mero hecho de haber sido seleccionado en su día en calidad de nodriza de la infanta Carlota Joaquina, una hija de Carlos IV y María Luísa, posteriormente convertida por vía matrimonial en reina de Portugal...


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 Asunto: Re: LUISA FERNANDA
NotaPublicado: 09 Jun 2010 21:50 
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La pasión de la reina gobernadora ardía con ganas. Experimentando la necesidad de tener cerca constantemente a su marido morganático secreto, enseguida se las apañó para nombrar a ese capitán de la guardia "Gentilhombre del Interior", uno de esos muchos cargos atribuíbles a los miembros del staff masculino de la corte española. Sin embargo, es algo común a cualquier corte europea que sus integrantes observen con lupa la más mínima variación que se produzca: no íba a pasar desapercibida, por lo tanto, la progresión de ese oficial de la guardia, desde el exterior al recinto interior, con un título que llevaba aparejadas escasas obligaciones pero que le permitía moverse tranquilamente de un lado a otro en las distintas residencias reales. Resultaba inevitable que se rastrease hasta dilucidar la razón subyacente en ese ascenso.

Pese a los cuidados que tomase María Cristina, la naturaleza de su vinculación con el flamante "Gentilhombre de Interior" íba a hacerse evidente. Y en el momento en que eso pasó a ser de conocimiento general DENTRO de Palacio, era cuestión de horas que se esparciese el cotilleo a lo largo y ancho de la ciudad de Madrid. Es sintomático que los madrileños, tan cachazudos ellos, enseguida empezasen a comentar que había sido rápida la aparición de un Fernando VIII. Para más guasa, María Cristina enseguida se embarazó de su Fernando VIII. Y el caso es que a ese embarazo seguirían otros, con una regularidad pasmosa: entre 1834 y 1840, la reina gobernadora dió a luz CINCO veces. Los dos primeros partos se producirían en el palacio de El Pardo y los tres siguientes en el mismísimo Palacio Real de Madrid. El resultado fueron tres niñas y dos niños varones, medio hermanos de la reinecita Isabel y de la infanta Luísa Fernanda.

No era una situación fácil para María Cristina. Oficialmente, ella seguía siendo la VIUDA de Fernando VII. No podía admitir públicamente su matrimonio morganático porque eso equivaldría al cese automático de su regencia. La natural derivación de esto era que tampoco podía llevar con naturalidad sus embarazos. Afortunadamente para ella, su figura de por sí voluptuosa combinada con los trajes propios de la época le permitían esconder su abdomen abultado durante meses; sólo cuando la preñez estaba demasiado avanzada debía buscar triquiñuelas para eludir cualquier clase de evento cortesano o popular. Los partos se rodeaban de precauciones, con la única asistencia de un médico de absoluta confianza que, invariablemente, entregaba los recien nacidos a una nodriza que se los llevaba a pasar los meses iniciales a un pequeño pueblo no demasiado alejado de la capital. Se sabe que cuando María Cristina dió a luz a su quinto bebé, una niñita que recibiría el mismo nombre de pila compuesto de su madre, nada más parir hubo de arrastrarse fuera del lecho y permitir que la embutiesen en un traje de gala porque -oh maldita casualidad...- le tocaba pronunciar un discurso de apertura legislativa en las Cortes. La mujer subió a la tribuna para recitar su discurso CINCO HORAS después de haber alumbrado a la chiquitina ya puesta en manos de la nodriza de rigor. Estaba tan debilitada por el cansancio, la pérdida de sangre y la subida de la leche que sufrió un desmayo en las Cortes.


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 Asunto: Re: LUISA FERNANDA
NotaPublicado: 09 Jun 2010 22:03 
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Yo es que no puedooooo ponerme seria con María Cristina:

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Sé que la mujer tuvo sus carencias, sus debilidades, sus defectos, toooodo lo que queráis añadir. Pero no deja de conmoverme esa especie de lucha a brazo partido por conciliar el papel histórico que tenía encomendado y la esfera privada, revitalizada a sus ojos mediante un matrimonio por amor que contrastaba con el matrimonio por puras razones político-dinásticas que había asumido anteriormente. Diréis algunos que si le gustaba ser "la reina gobernadora" (de hecho, le encantaba) y además se sentía impulsada a mantenerse en ese plano dominante para beneficio de las dos hijas infantas, tendría que haberse ajustado a las reglas de juego y no saltárselas a la torera para intercambiar votos nupciales secretos con un apuesto oficial de la guardia palaciega, poniéndose en la ridícula situación en que se había puesto a medida que se encadenaban los embarazos. De acuerdo, el argumento es de una lógica aplastante. Pero a mí me toca la fibra sensible María Cristina, queriendo estar a todo, al plato de la regencia y a las torrijas de una boda romántica que le estaba vedada por su linaje, por su rango y por las circunstancias extraordinarias que concurrían en su persona.


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 Asunto: Re: LUISA FERNANDA
NotaPublicado: 10 Jun 2010 12:35 
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Registrado: 26 Oct 2008 18:22
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Minnie escribió:
¡Qué monada el grabado de época de las niñas, Orly! Aunque he de decir que el artista no tuvo piedad con Luísa Fernanda; le ha puesto una cara que reproduce claramente los rasgos -nada agraciados- de Fernando VII y encontrar esa cara en un bebé provoca una especie de descarga eléctrica instantánea en quien la contempla, jajaja.

Y dando la vuelta a tu comentario...¡espero que no hayas inferido de mis palabras que me suscite lástima Fernando VII! ;) Fernando VII es un individuo que me causa algo que podría definir como "repulsión". Todo en él me da asquito, desde su trayectoria juvenil en la época príncipe de Asturias, cuando vendía por una perra chica a su padre, a su madre, al favorito de sus padres y hasta a los que se aliaban con él durante sus estúpidas conspiraciones de salón palaciego. Una rata de alcantarilla seguramente tiene más integridad y sentido del honor de los que demostró ese príncipe. Y no me quiero ni acordar de la manera en que se arrastraba a los pies de Napoleón después de haberse largado a Francia. Considerando que los españoles de entonces sacaron fuerzas de flaqueza para plantar cara a la Francia de Napoleón...me arde la piel de pura vergüenza ajena recordando el papelón de Carlos IV, de María Luísa y especialmente de Fernando. Pensar que una guillotina había cercenado la cabeza del bueno de Louis XVI de Francia...que sería escasamente enérgico y resolutivo, un flojo incapaz de asumir las riendas del país en cualquier circunstancia y menos todavía en plena crisis, pero, caray, era un querubín si tenemos en mente reyes de la calaña de nuestro Fernando VII.

¿Queda claro lo que opino de Fernando VII? Yo le habría mandado a la guillotina, lo admito. Pero eso no quiere decir que no encuentre lastimosa la situación en que se vió en sus últimos años. El hombre era un reaccionario de tomo y lomo, así que, en realidad, su punto de vista no difería del de su hermano Carlos María Isidro. Y, sorprendentemente, él, que había traicionado a sus padres, los reyes que le habían precedido, sentía una peculiar comezón en la conciencia ante la idea de subvertir el orden sucesorio implantado con el primer monarca del linaje de los Borbones. No deja de llamarme la atención ese punto...



Entendido Minnie!! jejeje :yay:

Con respecto al grabado creo que el artista se permitió varias libertidades :-D

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 Asunto: Re: LUISA FERNANDA
NotaPublicado: 05 Jul 2010 17:44 
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Aquí os dejo un grabado de la Reina Mª Cristina, Regente de España, con sus dos hijas, Isabel II y Luisa Fernanda.


Manejar Adjuntos:
[La extensión jpg ha sido desactivada y no se mostrará en adelante]

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 Asunto: Re: LUISA FERNANDA
NotaPublicado: 05 Jul 2010 17:48 
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Quien pueda que me explique como se suben las fotos al foro o dnd puedo verlo, xq no se si lo hago bien. gracias!! Un beso!!

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 Asunto: Re: LUISA FERNANDA
NotaPublicado: 05 Jul 2010 19:53 
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martam escribió:
Quien pueda que me explique como se suben las fotos al foro o dnd puedo verlo, xq no se si lo hago bien. gracias!! Un beso!!


Las estás subiendo como fichero adjunto, por lo que veo. Martam, en la sección Té a las Cinco hay un hilo sobre cómo subir fotos. De cualquier manera, para cualquier duda que ese tipo que te surja, puedes recurrir siempre a Sabbatical. No es que yo no quiera ayudarte, es que soy absolutamente negada para explicar esa clase de cosas si no tengo delante, conmigo, a la persona a la que debo explicárselo. A Sabba se le dan genial esos "tutoriales on line", jajajaja.


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 Asunto: Re: LUISA FERNANDA
NotaPublicado: 05 Jul 2010 21:16 
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Registrado: 17 Feb 2008 21:47
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Bueno, creo que es hora de darle un impulso a este tema.
:eyes:

De momento, estábamos prestando atención a María Cristina, la viuda de Fernando VII que tan rápidamente se enamoró de un oficial de su guardia, se casó con él en absoluto secreto y empezó aquella vida en la que oficialmente carecía de marido mientras que tendría que camuflar con sus emperifollados ropajes los sucesivos embarazos que derivaban en partos clandestinos. Menudo papelón para una mujer, todo hay que decirlo. Sumadle a eso que era una etapa mas que agitada, convulsa. Los inicios de las Guerras Carlistas estuvieron plagados de episodios altamente dramáticos y, a modo de ejemplo, podríamos señalar los acontecimientos que se produjeron en Madrid en el verano de 1834.

El verano de 1834 fue excepcionalmente caluroso, con una atmósfera sofocante. A esas elevadas temperaturas había que añadirle la notable falta de higiene urbanística: aún transcurrirán décadas hasta que un joven alcalde llamado Pepe Alcañices decida multar a quienes se dediquen a repartir sus orines por las calles principales. En conclusión, Madrid sucumbió a un brote de peste asiática. Dado que los carlistas estaban "en buena racha" y avanzaban hacia la capital, enseguida circuló el rumor de que la peste asiática había derivado de un envenenamiento en las aguas de las fuentes públicas. Se aseguraba que los responsables de semejante acto habían sido los frailes, cuya profunda religiosidad y tradicionalismo les hacía carlistas; diezmando a los madrileños, se supone que habrían deseado facilitarle la toma de la capital a las tropas del pretendiente que se aproximaban. El pánico y el odio se mezclaron, en un cóctel peligrosísimo. Turbamultas de madrileños se armaron para asaltar los conventos y dar un escarmiento a los "envenenadores de fuentes". Algunos de los conventos más emblemáticos fueron de los primeros en verse invadidos por la muchedumbre, empezando por el de San Isidro o el de San Francisco el Grande. Se perpetró un auténtico linchamiento de religiosos.

La incandescencia político-social vuelve a ponerse de relieve de manera notable en el verano de 1836. De nuevo, coincide con un avance significativo de los carlistas en el Norte: tres mil de sus hombres de armas liderados por el general Miguel Gómez Damas consiguen a finales de junio cruzar el río Ebro, adentrándose rápidamente en un territorio supuestamente bajo firme control de los ejércitos reales. El hombre que dirigía a la sazón los ejércitos reales en el Norte, Luís Fernández de Córdova, se vió sorprendido por la epopeya de su rival Miguel Gómez Damas. Fernández de Córdova, que había triunfado el año anterior en la empresa de levantar el sitio carlista a Bilbao, tuvo que pronunciar en Pamplona un vigoroso discurso recordando a los oficiales y soldados sus deberes, para frenar la oleada de deserciones. Las cosas llegaron a ponerse al rojo vivo a finales de junio y principios de julio. Hacia el 10, el mismo Fernández de Córdova se reunió con uno de los comandantes de Gómez Damas en la pequeña localidad de La Puebla de Arganzón. Era un encuentro en el que se pretendía alcanzar acuerdos sobre el trato a los cautivos de guerra y al eventual intercambio de prisioneros entre los dos bandos, ni más ni menos. Pero cuando la noticia llegó a Madrid, la gente prefirió creer que estaban sosteniéndose conversaciones secretas para acordar el fín de las hostilidades. Hubo una marejada de disgusto popular, de modo que el capitán general de Castilla La Nueva, que se llamaba Vicente Genaro de Quesada, vivía esos días y noches con los nervios de punta, esperando una sublevación de las de aúpa en cualquier instante. Como el hombre estaba poniéndose por anticipado en lo peor, cuando a mediados de julio los madrileños efectivamente salieron a las calles a celebrar el resultado de unas elecciones confundió las intenciones de la gente...y ordenó a las tropas disolver a la muchedumbre por las bravas.

A eso le siguieron unas semanas sobrecogedoras. A finales de julio, se produjo un motín en la ciudad de Málaga, en el curso del cual fueron asesinados tanto el gobernador civil como el gobernador militar; acto seguido, una junta de gobierno rápidamente improvisada proclamó la vigencia de la Constitución de Cádiz de 1812, en oposición al Estatuto Real otorgado por la gobernadora María Cristina allá por 1834. El ejemplo de Málaga lo siguieron Cádiz, Sevilla, Granada y Córdoba. Aunque en principio la insurrección pareció limitada a Andalucía, el 1 de agosto se levantaron en Zaragoza y el 3 de agosto en Badajoz: llegados a ese punto, en Madrid se decretó el estado de excepción. Con todo, las cosas que van rematadamente mal siempre pueden empeorar: hubo un levantamiento en Valencia el día 8, seguido de una cadena de levantamientos el día 11 en Alicante, Murcia, Castellón de la Plana y Cartagena.

Mientras todo esto sucedía, María Cristina se encontraba con su inseparable Fernando, con la reinecita Isabel y con la infanta Luísa Fernanda en el magnífico Palacio de La Granja de Segovia. Podía suponerse que se hallaban a buen resguardo, gracias a que tenían consigo al Segundo Regimiento de la Guardia Real. Pero el 12 de agosto, los sargentos del Segundo Regimiento protagonizaron su propia insurrección. Se adentraron en los aposentos de María Cristina para reclamarle que diese por abolido su Estatuto Real de 1834 (una carta "otorgada") restaurando a cambio la Pepa, la Constitución de Cádiz de 1812. La conversación pareció iniciarse de manera sumamente cortés, aunque la tensión flotase en el ambiente; pero de alguna forma derivó a un punto en el que, al parecer, los sargentos amenazaron con matar a Fernando Muñoz si no se les atendía en su demanda. Hay un grabado de la época que produce al contemplarlo una impresión un tanto ominosa: en él, María Cristina, sentada, se escuda en su pequeña Isabel, en tanto que Luísa Fernanda parece protegerse tras las faldas de la madre, mientras los sargentos establecen "sus condiciones".

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Grabado de época: el Motín de los Sargentos de La Granja.

En resumidas cuentas, María Cristina cedió en ese pulso de fuerza ya avanzada la noche, casi en la madrugada del día siguiente. La gobernadora no tuvo otro remedio que reconocer a la Pepa, en tanto que se decidía la caída del gobierno presidido por Isturiz. Volverían al poder los progresistas, con un nuevo gabinete dirigido por Calatrava, en el que desempeñaría un papel destacado Mendizábal al frente del Ministerio de Hacienda. Para que os hagáis una idea, incluso después de los sucesos de La Granja con aquel amotinamiento de sargentos de un regimiento de la mismísima Guardia Real, Madrid seguía siendo una ciudad peligrosísima. El capitán general de Castilla La Nueva Vicente Genaro de Quesada, que unas semanas atrás se había dedicado a matar mosquitos a cañonazos, trató de huír de la ciudad rumbo a La Granja para reunirse con María Cristina. Un nutrido grupo de alborotados madrileños le interceptó en Hortaleza, que entonces era un pueblo; el hombre fue asesinado por la turba el 15 de agosto. Figuraos el panorama...


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 Asunto: Re: LUISA FERNANDA
NotaPublicado: 06 Jul 2010 16:17 
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Registrado: 22 May 2010 02:38
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La verdad es que el ambiente estaba cargadito. A mi modo de ver tuvieron una infancia muy difícil Isabel y Luisa Fernanda, a parte de que no se las preparó como se debía para los papeles que les tocaba representar, el de reina y princesa de Asturias respectivamente. Esto lo explica muy bien Ricardo de la Cierva en su libro "el triángulo". Cuenta la impresión que le causó a la Condesa de Espoz y Mina la vida que llevaban las princesas en Palacio, su deficiente educación ( solo mostraban interés en la música y la pintura, según creo recordar, vamos en lo que se les daba bien), su ropero estaba anticuado, pasado de moda y la ropa les venía pequeña... la verdad es que recomiendo este libro que, auqnue es denso de leer por toda la información que aporta, es muy completo y docuemntado sobre la infancia y juventud de Isabel y Luisa Fernanda.

Minnie gracias por continuar este hilo, que me encanta!!

Por cierto, no sabía que amenazaron con matar a Muñoz, es interesante saberlo, xq cuando lo estudié en el colegio, ese dato no lo daban, jajajaja!!

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Mª Cristina jurando la Constitución de 1812 por el motín de los sargentos en La Granja

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