Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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 Asunto: Re: LEOPOLD I
NotaPublicado: 08 Feb 2015 19:54 
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Louise Marie Thérèse Charlotte Isabelle d´Orléans había nacido en Palermo, en la isla de Sicilia, a principios de abril de 1812. Tenía sentido: su madre, Marie Amelie, era la séptima de los nueve hijos de los reyes de las Dos Sicilias, Ferdinando I y Maria Carolina, nacida archiduquesa de Austria. Por tanto, nuestra Louise nació en los dominios hereditarios de su abuelo materno, algo natural teniendo en cuenta que por entonces su padre era un príncipe sin relumbre ni fortuna. En realidad, la boda de Louis Philippe d´Orléans con la princesa siciliana Marie Amelie había resultado una curiosísima carambola de la Historia. A María Carolina, la orgullosa hija de la gran emperatriz María Teresa, le había costado lo suyo aceptar que su piadosa Marie Amelie quería casarse con aquel exiliado y pobretón Louis Philippe cuyo padre había sido el famoso Philippe Égalité, el miembro de la realeza francesa que había renegado de sus propios orígenes, que había preferido afirmar que había nacido bastardo a cuenta de los amores clandestinos con un sirviente de su propia genitora y que en el colmo de los colmos había votado a favor de mandar a la guillotina a su primo Louis XVI. Considerando que la hermana favorita de María Carolina había sido la desdichada Marie Antoinette, esposa y luego viuda de Louis XVI, también muerta en la guillotina, es fácil de entender que a María Carolina se le pusieran los pelos como escarpias cuando Marie Amelie salió con que quería casarse con el hijo de Philippe Égalité.

Pero el caso es que Louis Philippe y Marie Amelie constituyeron un matrimonio feliz. El nacimiento de los primeros hijos, Ferdinand Philippe en 1810 y Louise Marie en 1812, contribuyó a la felicidad de ambos, que compartían generosamente con la hermana solterona de Louis Philippe, Madame Adelaide, mujer inteligente, culta y en extremo virtuosa. Precisamente, Madame Adelaide tuvo mucho que ver en la educación de nuestra Louise Marie, que, de niña, era bastante vivaracha y alegre, un pequeño torbellino que no se cansaba nunca de hacer travesuras, pero, sin embargo, aplicada cuando se trataba de agradar a su Tante.

Louis Philippe se convirtió en "rey burgués" de Francia en agosto de 1830, o sea, muy poco antes de que el propio Leopold consiguiese su reino de Bélgica. El acceso de Louis Philippe al trono fue posterior a la revolución de 1830 que le costó la corona a Carlos X. Para ser justos, sintiendose cercado y derrotado, Carlos X renunció a su trono en favor de su nieto de diez años, Henri de Burdeos, de cuyo reinado su pariente Louis Philippe debería haber sido un fiel guardián. Pero la Cámara de Diputados no estaba por la labor de aceptar como soberano al chiquillo Burdeos y proclamó a Louis Philippe rey no de Francia, sino de los franceses, algo que sonaba bastante más liberal, dónde va a parar. Marie Amelie se sintió peor que mal cuando fue informada. Se hizo cargo, de inmediato, de que, para los legitimistas, su marido siempre sería un tipo de la peor calaña, un usurpador.

Ni Louis Philippe ni Marie Amelie establecieron una gran corte, toda pompa y circunstancias. Por el contrario, la suya íba a ser una monarquía bastante "sencilla". Marie Amelie siguió centrada mayormente en su papel de fiel esposa y devota madre de sus nueve hijos, de los cuales el benjamin, Antoine, contaba apenas seis años. No tenía interés en influír políticamente en su marido. El papel de consejera privada recayó más bien en Madame Adelaide, su cuñada.

En fín...yendo al grano. Louise Marie era la segunda hija de la pareja, aunque la primera fémina. Las niñas de la casa, de mayor a menor, venían siendo Louise Marie (dieciocho años en 1830), Marie (diecisiete años en 1830) y Clémentine (trece años en 1830). Resultaba opinión general que la pequeña Clémentine, muy mona, prometía convertirse en una guapa mujer, pero ni Louise Marie ni Marie fueron descritas más que como razonablemente bonitas. Louise Marie, en concreto, mostraba cabello rubio, ojos azulados, una nariz demasiado grande (heredada de su abuelo materno Ferdinando) y una boca demasiado pequeña. No desagraba mirarla, más bien gustaba su contemplación, pero de ahí no pasaba. Eso sí: poseía "espíritu". Solía caer simpática, porque era animosa y divertida: había conservado la vivacidad y la afición a las bromas de su niñez.


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 Asunto: Re: LEOPOLD I
NotaPublicado: 08 Feb 2015 21:35 
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Aquel enlace fue, simple y llanamente, un asunto de conveniencias políticas. A Leopold le daba lo mismo una princesa francesa que otra. Recuérdese que antaño, estando secretamente casado con Lina Bauer, había sondeado la posibilidad de que Carlos X de Francia le apoyase en su "candidatura al trono de Grecia" a cambio de asegurar que, cuando se hubiese establecido en Atenas, pediría la mano de la nuera viuda de aquel monarca, la famosa duquesa de Berry. Ahora, tras haberse hecho con el trono de Bélgica, lo que le interesaba era ratificar su alianza estratégica con el nuevo rey de Francia, Louis Philippe I. Estaba tan dispuesto a desposar a la mayor de las chicas de Louis Philippe como lo hubiese estado, en otras circunstancias, a desposar a la viuda del hijo de Carlos X.

El 28 de Mayo de 1832, Leopold, por lo general un hombre madrugador, madrugó aún más de lo que tenía por costumbre. De hecho, a las seis de la mañana ya estaba listo para emprender viaje con los miembros de su círculo inmediato. Viajarían a su lado el gran mariscal de su Corte, el conde de Arschot; el caballerizo mayor, marqués de Chasteler; su primer ayudante de campo, el general d´Hane; el mayor De La Gotellerie, jefe de su casa; Julius van Praet, su secretario privado; su anterior ayudante de campo, y amigo, sir Henry Seton y el médico Monsieur Lebeau. Cuando aún no había amanecido, salían de Bruselas para dirigirse a Compiègne, sesenta y cinco kilómetros al norte de París.

Por supuesto, en la frontera entre Bélgica y Francia, aguardaba una delegación presidida por el duque de Choiseul y el mariscal Gérard, para cumplimentar adecuadamente al rey belga. El viaje discurrió según lo previsto, cubriendo las etapas del modo en que se habían planificado de antemano. Casi en los aledaños de Compiègne, le salió al encuentro el joven duque de Nemours, junto al cual entraría Leopold en la población entre salvas de artillería disparadas en honor del ilustre huésped. Louis Philippe, en uniforme de la Guardia Nacional, esperaba a la entrada del castillo, mientras que, un poco rezagadas, se encontraban la reina Marie Amelie y Madame Adelaide.

Las conversaciones giraron, por supuesto, en torno al proyecto nupcial que involucraba a Leopold y a Louise Marie. Leopold tenía bastante que decir al respecto, en sus reuniones con Louis Philippe; la pequeña Louise Marie, en cambio, carecía de la posibilidad de intervenir en el debate. Leopold era protestante, de modo que la preocupación de las muy religiosas Marie Amelie y Adelaide consistía en garantizar que los hijos que pudiese parir la católica Louise fuesen igualmente católicos. Enseguida quedó claro que Leopold estaba cien por cien de acuerdo. A fín de cuentas, los belgas eran católicos y la nueva dinastía debía compartir la religión de sus súbditos, marcando la diferencia con lo que había sido, en ese aspecto, la época de los Orange.

El 4 de junio, dos días antes de que Leopold volviese a establecerse en Bruselas, el "Belgian Monitor" ya anunciaba, de manera oficial, que el rey se casaría con la princesa de Orléans, lo que implicaba un respaldo todavía más activo por parte de Francia.


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 Asunto: Re: LEOPOLD I
NotaPublicado: 08 Feb 2015 22:24 
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Boda en Compiègne:

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Los personajes son muy reconocibles, incluído el pequeño Antoñito Montpensier... :-D :-D


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 Asunto: Re: LEOPOLD I
NotaPublicado: 09 Feb 2015 17:26 
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De todas las consortes que le podrían haber tocado creo que sólo Louise-Marie se podría haber bancado la que vino, Leopold jamás se enamoraría de ella, siempre lo supo, sabía que la mandaban para engendrar hijos y unir una corona con otra pero siempre se mostró comprensiva, incluso hasta el último momento quiso lograr que Leopold dejara sus correrías, leves pero que implicaban amantes al fin, y se volviera católico, jamás estuvo en el medio y al morir creo que la lloró más como una amiga y compañera que como esposa, perdón si me adelanto. :-D

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 Asunto: Re: LEOPOLD I
NotaPublicado: 09 Feb 2015 22:03 
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Tu apreciación es muy certera, querido Konradin. Cuando Louise murió, Leopold escribió a su buen amigo de años, el archiduque Johann: "J'ai perdu une amie infiniment dévouée, confidente de mes pensées et de mes sentiments, qui n'avait de préoccupation que pour moi et ne vivait que pour moi". Vamos, que había perdido una amiga infinitamente dedicada a él, capaz de brindarle una lealtad inquebrantable, por lo que él podía contarle todo lo que pasaba por su cabeza o hablarle de sus sentimientos con entera confianza. Puede parecer un tributo conmovedor a Louise, pero...¡¡qué diferencia ese tono del viudo con el tono que había gastado cuando había perdido a su primera mujer, a Charlotte!! Las cartas de después de fallecer Charlotte reflejan un dolor intenso, abrumador; una conciencia de haber sido duramente sacudido y una natural renuencia a imaginarse un consuelo futuro. Las cartas de después de fallecer Louise mostraron pesadumbre, sí, quizá combinada con cierto arrepentimiento por no haber sido demasiado a menudo un marido atento y considerado con su mujer francesa, pero nada más.

Yo creo que la pequeña Louise no tuvo a la suerte de su parte cuando pidió su mano Leopold. Mañana lo vemos con más calma, jejejeje.


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 Asunto: Re: LEOPOLD I
NotaPublicado: 10 Feb 2015 16:25 
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Esperaré con ansias ver cómo sigue esto. (happy)

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 Asunto: Re: LEOPOLD I
NotaPublicado: 16 Feb 2015 20:23 
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La reina Marie Amelie:

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La princesa Adelaide d´Orléans, Madame Adelaide, querida hermana de Louis Philippe:

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Nuestra Louise, a quien en familia apodaban cariñosamente princesse Bobonne, había crecido, como hija mayor de la casa, especialmente unida a su madre, Marie Amelie, y a su tía paterna, Madame Adelaide. Aquellos años de vida apacible y relajada en Neuilly habían creado sólidos vínculos afectivos entre todos los miembros del clan Orléans, que se mantendrían fuertes incluso después de la ascensión al trono de Louis Philippe que tanta pesadumbre había ocasionado en Marie Amelie. De "puertas para adentro", la vida siguió siendo agradablemnte burguesa, como ya hemos mencionado. Louise era tímida, incluso podríamos decir que exageradamente tímida, cuando se encontraba entre desconocidos, pero muy animada y expansiva cuando estaba entre los suyos. Le gustaban las tardes de "saloncito" presididas por Tante Adelaide, tanto como le gustaban las actividades al aire libre, en particular la natación y la equitación.

Para esa Louise tan apegada a los suyos, la idea de tener que casarse con un hombre que no conocía resultaba muy estresante. Consciente de los sentimientos de su hija mayor, Louis Philippe, un padre devoto, invitó a Leopold a que "conociese" a Louise antes de anunciar el compromiso. Pero Leopold no estaba por la labor de perder el tiempo, así que se limitó a señalar que ya la conocía porque la había visto mucho tiempo atrás. Louis Philippe debió apelar a toda su bonhomía para no replicar con aspereza que, efectivamente, la había visto mucho mucho tiempo atrás...para ser exactos, la había visto cuando Louise contaba apenas CUATRO años de edad.

No sería exagerado decir que Louise se pasó días y días llorando. Nada la confortaba, menos que nada su formidable ajuar. Cien mil francos se destinaron a comprarle ropa y ciento veinte mil francos a cubrirla de joyas; en total, llegado el día, se necesitarían veintisiete carruajes para transportar todas sus pertenencias a Bruselas. Pero lo sustancial es que Louise se ponía mala cuando se imaginaba despidiéndose de sus padres, su tía y sus hermanos para irse precisamente a Bruselas junto al "trousseau". A medida que se acercaba el momento, su estado de ánimo íba de mal en peor. Cuando a principios de agosto los Orléans abandonaron Saint Cloud para irse a Compiègne siguiendo una ruta que atravesaba Saint-Denis y Senlis, a nadie se le escapó que Louise, la novia, no estaba en absoluto radiante, sino pálida y cariacontecida.

Leopold mismo llegó a Compiègne con una comitiva que recordaba en lo sustancial a la de su viaje anterior, cuando se había apalabrado el enlace. Una vez más, le acompañaban el conde d'Arschot, el general d'Hane de Steenhuyse, el general marqués Chasteler y de Jules Van Praet. Pero en esta ocasión, se habían sumado al viaje el conde Félix de Merode, el conde Le Hon, Sylvain van de Weyer, el coronel Cust, el coronel Prisse...y el gran consejero aúlico Stockmar, nuestro Stocky. Stocky, que le había visto casarse y enviudar de Charlotte. Stocky, que le había arreglado la boda secreta y el divorcio clandestino de Lina Bauer. Stocky, por supuesto, no podía perderse el momento en que su señor se uniese a la hija del rey de los franceses, un evento dinástico que ayudaría a consolidar el reino de Bélgica que Holanda aún no había reconocido ni pensaba reconocer.

La entrada de Leopold en Compiègne, a través de un arco de triunfo erigido para la ocasión, flanqueado por sus cuñados el duque de Orléans y el duque de Nemours, que le habían salido al encuentro, fue el preludio de unos días de festejos que tuvieron su momento cumbre el 9 de agosto. Brillantes regalados por su Tante Adelaide y flores blancas adornaban los cabellos rubios de Louise, cubierto por un velo de encaje sujeto por una corona de flores de azahar. Llevaba un vestido de encaje, francamente lujoso, que combinaba de maravilla con los pendientes y collar de brillantes obsequio de Leopold. Louise estaba elegantísima, pero seguía pareciendo muy triste mientras se dirigía del brazo de su orgulloso padre a la sala en del palacio en la que el barón Pasquier, canciller de Francia, ofició la boda civil. Por supuesto, luego hubo una ceremonia católica en la capilla, a cargo del obispo de Meaux, y más tarde un pastor luterano, Goepp, bendijo a los contrayentes.


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 Asunto: Re: LEOPOLD I
NotaPublicado: 16 Feb 2015 21:10 
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Louise:

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Si hay una historia que, desde mi punto de vista, enteramente personal, ilustra a la perfección la diferencia entre la primera boda real de Leopold, con Charlotte, y la segunda boda real de Leopold, con Louise, es la que a continuación voy a exponeros. Os acordaréis, seguro, de que buena parte del atractivo personal de Charlotte radicaba en el hecho de que era una chiquilla un poquito malcriada y testaruda, que casi nunca hacía lo que era conveniente sino que disfrutaba sorprendiendo a todos los que la rodeaban con sus salidas de tono. Charlotte era bulliciosa, exhuberante y un poquito extravagante. Cuando se ponía "estridente", o sea, cada dos por tres, Leopold trataba de enmendarle la plana, instándola a comportarse de un modo más correcto y sin duda más convencional. En esos momentos, Leopold la miraba mientras le susurraba: "Doucement, chérie, doucement". Era una forma de "reconvenirla" tan afectuosa, tan delicada, que ella misma acabó dándole a él el cariñoso apelativo de "Doucement".

Pues bien: una vez rotas las barreras que imponía su timidez, Louise era una chica alegre y chispeante, con un muy saludable sentido del humor, dispuesta a hacer chascarrillos de todo y a reirse por todo. Pero aquello no le pareció ninguna virtud a Leopold. Cuando la jovencita, recien llegada a Bruselas, trató de aligerar la situación haciendo bromas, Leopold le asestó una mirada acerada y le espetó en tono seco: "Pas de pleasanteries, Madame".

Entre el "Doucement, chérie" y el "Pas de pleasanteries, Madame", hay un mundo de diferencias.

Si Charlotte había estado encantada con su Leopold, Louise en cambio no encontraba ninguna felicidad en su vida de recien casada con un hombre que le sacaba veintiún años de edad. Aparte de que él fuese "un sieso" con ella, capaz de cortarla en seco con su "Pas de pleasanteries...", la relación falló casi instantáneamente en su aspecto más íntimo. La virginal Louise no encontró nada satisfactorio el sexo con su marido, lo cual reveló con cierta amargura en una carta a su madre, Marie Amelie. Precisamente, las cartas a Marie Amelie son el material esencial para conocer a Louise: durante sus años de reina de los belgas, no pasó un día sin que se sentase a escribir a su madre, mínimo una carta de cinco o seis páginas, letra bien apretada y poco espacio entre líneas; algunos días incluso se permitió el lujo de una segunda carta. La sinceridad de que hace gala Louise ante su madre Marie Amelie constituye, adicionalmente, el mejor reflejo de hasta qué punto había crecido apegada a su familia, en un entorno de profundo amor y confianza. Louise confiesa a Marie Amelie que no puede experimentar nada excepto repugnancia ante las caricias de Leopold, a quien ella enseguida llama "Leopich". Se somete a la "parte animal" de su "nuevo estado", pero su propio marido no puede dejar de advertir la absoluta falta de entusiasmo en el lecho por parte de Louise.

En realidad, Leopold tampoco esperaba mucho en ese ámbito. Louise tenía que aportar dos cosas: una cooperación todavía más rotunda por parte de Francia en aras de consolidar el flamante reino de Bélgica...e hijos para la dinastía recien entronizada en Bruselas. Y en este sentido, Louise fue un acierto porque enseguida demostró su fertilidad: antes de que se cumpliese el primer aniversario de boda, ya había dado a luz un varoncito, llamado Louis Philippe en honor al abuelo materno y apodado, en familia, Babochon.


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 Asunto: Re: LEOPOLD I
NotaPublicado: 16 Feb 2015 21:29 
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Retratos de Louise:

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 Asunto: Re: LEOPOLD I
NotaPublicado: 17 Feb 2015 00:27 
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Pobre mujer y no sólo ella sino todas, espero no asustar a nadie con lo que voy a decir pero me imagino que esa primer noche de bodas seguro tendría mucho (para ellas) de lo que hoy se conoce como "penetración en seco", si no hay un poco de "preparación" es casi una violación porque es sumamente doloroso para la mujer.

Puedo imaginarme que la pobre Louise no debe haberla pasado precisamente bien en esos encuentros, Leopold al principio la debe haber visto más como una posible vaca paridora de vástagos reales que otra cosa...

Espero no haber sido muy gráfico en los términos, de ser así, por favor, me editan.

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 Asunto: Re: LEOPOLD I
NotaPublicado: 17 Feb 2015 19:34 
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El no tener voz ni voto en la elección del hombre con el que vas a convivir y con el que vas a crear una familia hasta que la muerte os separe, de por sí, ya es un trago. Se tenían que ver abocadas a una intimidad que no habían deseado, que derivaba de manera inevitable del hecho de ser entregadas en matrimonio a un hombre con el que frecuentemente no había nada en común excepto unos mismos orígenes sociales. Charlotte había podido "escoger" a Leopold y Leopold se había esforzado de lo lindo en cortejar a Charlotte...aunque en principio se arrimaron el uno al otro por interés, cada uno sus propios intereses, al final hubo un caldo de cultivo que permitió que brotase la dosis necesaria de romanticismo y pasión. Pero con Louise, Leopold se limitó a proveerse de la esposa correcta, desde una perspectiva dinástica y política. No se anduvo con zalamerías ni siquiera en vísperas de la boda. Se daba por descontado que Louise había sido aleccionada por las mujeres de su familia respecto a lo que implicaba aquel matrimonio, en todos sus aspectos. Y también se daba por descontado, claro, que Louise sabría manejarse en aquella situación.

La realidad es que Louise tuvo que encontrarse muy sola. Laeken no era su hogar, sino una casa nueva en la que se esperaba que ejerciese de señora; Bruselas no tenía nada que ver con París. Adicionalmente, la Bélgica a la que llegó Louise no constituía ninguna balsita de aceite. De hecho, existía todavía un litigio enconado entre Leopold y el rey Wilhelm I de los Países Bajos, que se resistía a dar por perdida Bélgica y conformarse con reinar únicamente en Holanda. Y los orangistas, dicho sea de paso, constituían un grupo nutrido y muy activo en la recientemente secesionada Bélgica. Wilhelm I contaba con bastantes apoyos dentro de Bélgica, no todos allí eran fans de la instauración de la monarquía en la persona de Leopold. A mayores, la nobleza belga no estaba tampoco de forma clara detrás de aquel rey Coburgo. Muchos nobles belgas hubieran preferido seguir formando corte en torno a los Orange y no disimulaban su desdén hacia el Coburgo.

Louise, que llegaba de nuevas, se percató enseguida de ese detalle. Se me ocurre a mí que, siendo una Orléans, debía tener hiperdesarrollado el olfato para detectar cuando la rancia nobleza le miraba a uno con esa clase de desprecio que le merecen los "advenedizos": a fín de cuentas, entre los franceses de la aristocracia más orgullosa de sus linajes, los Orleáns no pasaban de ser una panda de usurpadores, y se recordaba a menudo que Philippe Egalité, el abuelo paterno de nuestra Louise, había renegado de sus propios orígenes, había preferido presentarse como un bastardo que su madre le había endosado al marido y en el colmo de los colmos había votado a favor de que a Louis XVI le cercenase la cabeza la hoja afilada de la guillotina. Con ese buen olfato, Louise se dió cuenta al instante de que la nobleza belga miraba por encima del hombro al Coburgo, y que, por si no fuese bastante tildarle de "arribista", le consideraban también un avaricioso de tomo y lomo, que no había querido soltar la asignación inglesa negociada antes de su boda con la pobre Charlotte pero que, por demás, se había asegurado de negociar una anualidad formidable también a cargo del erario público del naciente reino de Bélgica. Louise constató que no había mucha "corte real" en Bruselas. En tono un tanto irónico, explicó a su madre que prácticamente vivían en Laeken en retiro del mundo el rey, ella misma y el perro. Para ser exactos, las visitas que recibían eran de miembros de la legación británica, que le hacían bastante la rosca a Leopold porque se esperaba que Bélgica fuese un aliado complaciente de Inglaterra en el Continente, y de la legación estadounidense. Por contra, Louise se encontró con caras sombrías y gestos de rechazo de orangistas que la veían ir a misa o pasear en carruaje por la ciudad. La joven reina se quedó muy desagradablemente impresionada cuando, en cierta ocasión, su carruaje descubierto se cruzó con el que ocupaba una noble flamenca, la condesa Trazegnies, y la dama, con obvio desparpajo, le sacó la lengua. Los Trazegnies, no cabía duda, añoraban al rey Wilhelm, y esperaban que las cosas volviesen a dar un giro favorable a los Orange, acabando pronto con aquel reinado "espureo" del Coburgo y la niña Orléans.

O sea, que para Louise mudarse a Bruselas no fue ninguna bicoca en ningún sentido, ni en lo que concernía a su vida privada ni en el ámbito público...


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 Asunto: Re: LEOPOLD I
NotaPublicado: 17 Feb 2015 19:44 
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Nuestra Louise:

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