Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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 Asunto: Re: LEOPOLD I
NotaPublicado: 13 Ene 2015 21:14 
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Es más que probable que, en lo que a Leopold atañía, la posesión equivaliese a decepción. A fín de cuentas, por mucho que Lina se pareciese a Charlotte, era Lina. Charlotte se había ído para no volver y cualquier intento de buscar a una mujer en el cuerpo de otra mujer no lleva a nada excepto a una amarga frustración personal. Recordad que la boda fue el 2 de julio...y sin embargo el mes acabó con los recien casados separados. Leopold tenía planes para ir a tomar las aguas al encantador Carlsbad, Karlovy Vary, en plena Bohemia; su amigo Stocky pensaba aprovechar el mismo lapso de tiempo para una visita a Coburgo. La -triste- verdad es que Lina no encajaba en los proyectos estivales de Leopold, así que Stocky la persuadió de que se fuese con su madre hasta Dover y embarcase rumbo a Calais. Se les había reservado alojamiento en un refinado establecimiento hotelero de la rue Rivoli, en París, dónde podrían ver a un hijo de Christiane y hermano de Lina, Louis. Hacía tiempo que no veían al chico y era una ocasión única para estar juntos los tres, yendo al teatro y haciendo compras. En realidad, os adelanto que hicieron tantas compras que Leopold acabó sufriendo tiempo después un acceso de irritación ante el coste económico del nuevo guardarropa "a la française" de Lina.

Una no puede por menos de suponer que Lina debió aguantarse como pudo los nervios mientras esperaba a que, un día, se presentase en París a recogerla Leopold. Pero enseguida tuvo, en esa etapa, un nuevo motivo de preocupación. Su hermano Louis nunca daba problemas, pero su hermano Karl era harina de otro costal. Joven oficial en el ejército de Baden (siguiendo los pasos del padre...) al que le gustaba más de la cuenta la buena vida, siempre estaba contrayendo deudas y aún unos pocos meses antes el primo Christian, Stocky, había tenido que hacerse cargo de enjuagar esas deudas soltando una bonita cantidad de dinero (lo cual le costaba mucho, no era de natural generoso y manejaba con tiento tanto su propio dinero como la importante dote que había recibido su mujer, Fanny, con la que se había casado precisamente porque ella contaba con la importante dote...).

Ahora, Karl envió correo a París explicándole a su hermana que se había dedicadoa cortejar a una muchacha llamada Leopoldine von Hinkeldey. Leopoldine ya tenía cierta edad, de hecho se podía decir con malicia que casi casi se le había pasado el arroz, por lo que su aristocrática familia, conectada con la realeza dado que un hermano de ella era tutor del heredero del ducado, estaba dispuesta a aceptar la boda con Karl siempre que éste dispusiese de fondos suficientes para mantenerla con decoro. La madre de Karl, Christiane, recibía una pensión anual de Baden, porque su marido había muerto luchando en el ejército de Baden: ¿podría renunciar a su pensión anual a favor de Karl? ¿Y podía la querida Lina aportar un capital de dieciséis mil florines para que los intereses anuales completasen el pecunio de Karl? Christiane se asustó tanto ante la osadía de Karl que tomó un coche de posta para hacer un viaje exprés de París a Mannheim, ída y vuelta. El motivo era simplemente dejar claro a Karl, a Leopoldine y al barón von Hinkeldey, hermano de la mujer, que aquellas garantías económicas eran inasumibles, por lo que no habría boda.

Resuelto ese problema, Lina, con Christiane, siguió esperando y esperando. Hasta el 29 de octubre no se presentó Christian von Stockmar, claramente de mal humor. Aunque hizo de guía para visitar con Lina y Christiane palacios como Versailles, Saint Cloud, Saint Germain y Montmorency, a la joven "condesa de Montgomery" no se le pasó por alto que su primo estaba que echaba chispas en aquella época. El motivo era sólo uno: su señor, Leopold, había recibido una oferta para ocupar el trono de Grecia...y no se decidía a dar una respuesta.


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 Asunto: Re: LEOPOLD I
NotaPublicado: 13 Ene 2015 22:04 
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Razones de sobra tenía el pobre Leopold para pensarlo hasta el hartazgo, había que tener muchas ganas de meterse en ese berenjenal que ni él habría logrado encausar.

(Pequeña opinión que nadie tiene por qué compartir)

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 Asunto: Re: LEOPOLD I
NotaPublicado: 13 Ene 2015 22:11 
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Konradin escribió:
Razones de sobra tenía el pobre Leopold para pensarlo hasta el hartazgo, había que tener muchas ganas de meterse en ese berenjenal que ni él habría logrado encausar.

(Pequeña opinión que nadie tiene por qué compartir)


Jajajajaja, ahora lo vemos, querido Konradin. Porque el caso es que, en una primera etapa, fue él quien decidió no sólo colocar su candidatura sino hacer lobby a favor de sí mismo :-D Luego las circunstancias fueron haciéndole pensar y repensar, jajajaja.


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 Asunto: Re: LEOPOLD I
NotaPublicado: 13 Ene 2015 22:31 
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Leopold llegó a mediados de noviembre, pero se instaló en otro hotel y sólo visitaba a su mujer cada día "entre las tres y las cuatro de la tarde". Lina no pudo dejar de notar que él se mostraba muy frío en cada comparecencia. Posiblemente tenía la cabeza en el tema griego, que, si llegaba a salir adelante, haría muy pero muy inconveniente el hecho de que hubiese en su vida una Lina Bauer. La propia Lina anotó años después que Leopold cursó una visita a las Tuilleries y que ella se había enterado a posteriori de que pretendía sondear qué perspectivas podía haber de obtener la mano de la duquesa viuda de Berry en caso de que se asegurase para sí el trono de Grecia. En realidad era una forma de hacerse con el apoyo implícito de Francia, dejando claro que pensaba compartir su reino con aquella princesa en concreto. Lina tenía sus dudas acerca de si hubiera hecho de la duquesa viuda la reina de Grecia en caso de haber llegado él a ser rey de Grecia...

Creo que aquí se va haciendo necesario plantear cómo empezó el tema Grecia. De forma muy pero muy sucinta: a partir de 1821, los griegos se enzarzaron en una persistente guerra de guerrillas contra los poderosos señores turcos que dirigían el país y la cosa fue a mayores hasta que en 1829 el Sultán, en Estambul, reconoció que Grecia empezaba a existir por sí misma, desligada ya del Imperio Otomano. Esto es resumir muchísimo el asunto, lo sé, jajajaja. En un principio, los griegos parecían interesados en instaurar una República e incluso tenían clara la preferencia por el conde Ioánnis Kapodistrias como su Presidente. Pero las Grandes Potencias europeas habían trazado otra hoja de ruta. Consideraban vital el establecimiento de una monarquía en Grecia. La cuestión era elegir al hombre que inauguraría una dinastía real en Atenas...

Francia, en un principio, apostaba por el príncipe Johann de Sajonia, que, en aquella época, parecía muy lejos del trono sajón, dado que en el orden sucesorio le precedían su propio padre y su hermano mayor. En Inglaterra, el rey George IV, nuestro Prinny del alma, apostaba por un príncipe holandés, Frederik, hermano menor de aquel Slender Billy con el que él había querido ver casada antaño a su hija Charlotte. Leopold empezó a considerar pertinente participar en aquella carrera por un trono...y se metió de lleno en la competición. Seguro de contar con el respaldo de Rusia, estuvo desde el principio haciendo lobby por sí mismo dentro y fuera de Inglaterra.

Ahora lo vemos, de forma ordenada, porque es un tema la mar de entretenido...


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 Asunto: Re: LEOPOLD I
NotaPublicado: 25 Ene 2015 22:30 
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25 de marzo de 1821: en Agia Lavra, Germanos, obispo de Patras, bendice la bandera que los griegos se disponen a enarbolar en el inicio de la sublevación contra el Imperio Otomano.


Grecia conquistó su independencia mediante la lucha, que se mantuvo desde 1821 hasta 1832. Dado el pasado clásico de Grecia, considerada comúnmente la cuna de la civilización occidental, toda Europa observó con notable atención y con la mayor simpatía. En Inglaterra, en concreto, también influyó de manera determinante el papel de figuras como el aristócrata poeta lord Byron, que no sólo destinó una importante cantidad de dinero a sostener la sublevación griega sino que llegó a unirse personalmente a la causa, muriendo en Missolonghi. Los poemas épicos de Byron, lo mismito que los cuadros de Eugène Delacroix, lograron que nadie dejase de estar pendiente de la resolución del conflicto griego. Y la resolución fue la que tenía que ser, al estar apoyados los griegos por los grandes poderes...Rusia, Austria, Inglaterra y Francia. El Tratado de Londres de 1827 sentó las bases del futuro de Grecia, que se configuraría como un reino independiente; la idea fue puliéndose a través del Protocolo de Poros en 1829 que buscaba limitar cualquier influencia de la ortodoxa Rusia en el área y se plasmó definitivamente en el Protocolo de Londres de 1830.

Por expresarlo en pocas palabras, a nuestro Leopold, en cuanto se enteró de que había la perspectiva de fundar un reino de Grecia que lógicamente necesitaría un soberano, se le hicieron los ojos chirivitas. Como no tenía nada de tímido, no sólo se postuló, sino que actuó como un avezado lobbista a favor de sí mismo. Aquello revelaba escasa modestia...y considerable osadía. Mientras mandaba a su banquero de confianza a entrevistarse con el griego Kapodistrias para garantizarse su apoyo y sondeaba también si los franceses le aceptarían en caso de fallar su principal opción, el príncipe de Sajonia, se dedicó con brío a mover fichas en la propia Inglaterra, a pesar de que sabía que su suegro George IV no sólo no le tenía en alta estima sino que contaba con un candidato según él perfecto para reinar en Atenas: el príncipe Frederik de Holanda. Con el mayor desparpajo, Leopold rondó incansablemente al Ministro de Asuntos Exteriores, George Hamilton-Gordon, lord Aberdeen, así como al que por entonces era el Primer Ministro, nada menos que el laureadísimo lord Wellington. Wellington y Aberdeen acabaron convencidos de que Leopold representaba un candidato ideal, para considerable enojo del rey George IV, que en aquella ocasión echó sapos y culebras por la boca.

El punto de inflexión de esa historia lo marcó, precisamente, George IV. El monarca enfermó seriamente a finales de la primavera de 1830. De hecho, todos vieron que estaba a las puertas de la muerte y, efectivamente, no llegó a ver finalizar el mes de junio de aquel año. Aquello dejaba en el papel de nuevo soberano a William duque de Clarence, que ascendía al trono a la nada desdeñable edad de sesenta y cuatro años. Nunca nadie había llegado a ser rey de Inglaterra en plena ancianidad, así que William representaba un caso único. Tenía un montón de hijos ilegítimos de su relación de veinte años con Dora Jordan, pero en cambio las dos hijas legítimas que había concebido su esposa la buena Adelaide de Saxe-Meiningen se habían muerto al poco de nacer. Así que la situación era: tenemos un nuevo rey de sesenta y cuatro años que puede estirar la pata cualquier día de estos, lo que convertirá en reina de Inglaterra a la princesa Alexandrina Victoria de Kent. En esa época, Drina tenía once años. Si se hubiese convertido en reina, hubiese sido necesario proveer una regencia durante siete años. Probablemente, Leopold se hizo ilusiones en ese sentido. A fín de cuentas, él había sido el marido de Charlotte y era tío carnal de Drina. Los británicos hubieran podido confiarle tan extraordinario papel.

En esas, Leopold empezó a recular con respecto al trono de Atenas. De pronto, empezó a decir que consideraba aquel trono como una silla con sólo tres patas, frase acuñada por su fiel Stocky. Hacía falta dotar de equilibrio el nuevo reino y, en su opinión, se hacía indispensable incluír en el lote la isla de Candia (Creta). La nueva actitud de Leopold, que ya decía abiertamente que no quería en absoluto la corona de Grecia, fue tomada muy a mal por quienes habían sido persuadidos previamente por él de que debían respaldarle. Wellington y Aberdeen estaban que trinaban y no era para menos. Paul Lieven, el embajador ruso en Londres, encontraba ese comportamiento de Leopold verdaderamente lamentable, en tanto que, en Berlín, el barón von Stein, que se consideraba amigo personal del príncipe de Saxe Coburg, se sintió traicionado. A fín de cuentas, había hecho propaganda a favor de Leopold en la corte prusiana, que estaba magníficamente predispuesta desde que en 1829 Leopold había realizado un viaje relámpago a Silesia para hacerle la rosca al rey Friedrich Wilhelm III, apelando a su gran amistad con un hermano menor de éste, el príncipe Wilhelm. En Viena, simultáneamente, Metternich se expresaba en términos altamente despectivos sobre aquella falta de carácter y de palabra del mozo Coburgo. El hermano de Leopold, Ferdinand, llegó a sentirse bastante azorado en aquellos días.

En resumen: Leopold no salió en absoluto bien parado de aquel asunto, aunque, ulteriormente, su renuncia llevaría a Atenas al joven príncipe Otto de Baviera.

Para la joven Lina Bauer, no obstante, aquel tema acabó determinando el curso de su vida. Leopold se había percatado, mientras aún barajaba cartas con vistas a ganar el reino de Grecia para su persona, de que tenía un serio lastre: Lina. Al casarse con ella, había adquirido una esposa morganática, algo absolutamente inconveniente si surgía la oportunidad de "fundar" una dinastía de reyes porque para ese menester necesitaba una esposa de rango igual que el suyo, que aportase ventajas políticas aparte de pedigree para unos futuros hijos. A Leopold no le cupo la menor duda de que le interesaba, y mucho, librarse rápidamente de Lina Bauer. Declarar públicamente el matrimonio para a continuación buscar un divorcio no era algo que fuese a sentarle nada bien a su imagen, ni en Inglaterra ni en el resto de Europa. La única posibilidad de salir airoso de aquel brete era decirle a Lina que no reconocía validez al contrato privado que habían suscrito, que no veía en ella a una esposa legal y que prefería darle una compensación económica para que se largase bien lejos, dónde no le representase un estorbo. El propio Christian von Stockmar estuvo completamente de acuerdo con esa línea de actuación. En su día no le había gustado que la prima Lina insistiese en que sólo calentaría la cama de Leopold previo matrimonio desigual, así que ahora no íba a mover ni un dedo para evitar que Leopold arrojase de su lado, con tan escasa delicadeza, a la prima Lina. En una etapa posterior, el hijo de Stocky compartiría la misma visión de su padre.

Hay que ser muy poco sensible para no experimentar un ramalazo de simpatía profunda hacia Lina Bauer. Con el único soporte afectivo de su madre, hubo de viajar de Londres a Dover para tomar un barco hacia el Continente. Volvía a su patria, con una sensación de absoluto desengaño y de intensa amargura. Como ella misma escribió en sus memorias: "¡Y sólo tenía veintitrés años!". Años después, la mujer estaba aún lo bastante herida por aquellos acontecimientos para describir a Leopold, el hombre a quien había amado, de la forma más demoledora. Le presentó como un pedante, hipocondríaco y egoísta al extremo.


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 Asunto: Re: LEOPOLD I
NotaPublicado: 02 Feb 2015 16:01 
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¿Habíamos visto este retrato ecuestre de Leopold? Yo lo veo muy Mr. Darcy. Desconozco el pintor.

OFF TOPIC
Por cierto, estoy ya terminando "Charlotte & Leopold", tengo que confesar que este tema me aguó parte del libro porque en cierta forma entre párrafo y párrafo esperaba tus comentarios en el medio. :XD:

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 Asunto: Re: LEOPOLD I
NotaPublicado: 02 Feb 2015 20:43 
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¡Konradin! Cuéntanos qué impresión te ha producido el "Charlotte&Leopold". Está totalmente enfocado a tratar esa relación y creo que la aportación que hagas será valiosísima para el tema...

=D> =D>


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 Asunto: Re: LEOPOLD I
NotaPublicado: 02 Feb 2015 21:06 
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Minnie escribió:
¡Konradin! Cuéntanos qué impresión te ha producido el "Charlotte&Leopold". Está totalmente enfocado a tratar esa relación y creo que la aportación que hagas será valiosísima para el tema...

=D> =D>

Tus deseos son órdenes. :wink:

No lo he terminado aún, Charlotte está justo embarazada del parto que acabará por matarla, por lo pronto coincido con todos los que comentaban en amazon que el libro es devorable, es un placer leerlo, es muy ameno y excelentemente documentado, Charlotte bastante bien salió para todos los impresentables que la rodeaban y "criaron", en cierta forma no dejo de preguntarme qué tan buena familia hubieran asentado ella y Leopold en ese trono, lo cual felizmente hicieron luego Victoria y Albert, por lo pronto, dejando de lado todos los paralelismos entre su prima y ella, creo que sí Leopold llegó a amarla mucho a Charlotte (Albert será muy perfecto pero lo veo muy teutón seco poco dado a los afectos tan profundos), la lloró el resto de su vida; y sí, el hecho de que todo haya sido brillante en sus inicios y se muriera en la parte más perfecta de su unión le ayudó a idealizarla.

Me encantó enterarme de todo el trasfondo de la época, (me hubiera agradado que fuera algo más documentado en el caso de Leopold, como tu lo cuentas pero bueno...) y me agrada ver y una otra vez el carácter de Charlotte saliendo a la luz, acá también veo una diferencia con Victoria, no era mera histeria femenina en acción del siglo XIX, sabía luchar por lo suyo... habiendo dicho todo lo anterior, lamento aún el doble su posterior defunción. (sad)

Cornelia Knight es uno de mis personajes favoritos y a Mercer te podría decir que si bien la nombran lo justo (porque vemos cartas de Charlotte a ella) me parece demasiado caprichosa, y sí, no me olvido que Charlotte tampoco era precisamente el epítome de la compostura :XD: . Ni bien avance, te cuento, estoy por entrar en la segunda parte que me entristece, Leopold pasa a ser el único personaje.

** Me edito porque lo terminé hace unas horas, sigo pensando que es un buen libro pero es Charlotte, todo ella, Leopold fue parte de ese mundo y quedó deshecho con su muerte; siento que post ese hecho irremediable (perder a tu esposa y primogénito de un solo golpe) Leopold terminó por quedar definidido en un papel para siempre, si antes era matemático al cubo creo que no se permitió sentir nada por nadie más. El libro, a mi parecer, daba para unos capítulos más, entiendo que si se ponían a contar todo lo posterior no terminaban más pero el fin fue algo abrupto. Creo que el autor tiene razón, dudo que se haya sentido cercano a sus hijos con Louise-Marie, quizá si el primero no hubiera fallecido tan pronto... pero sí creo que con la pequeña Charlotte hizo una diferencia, la amaba y ella lo sabía, demasiado de hecho.

Por lo demás, muy bueno, uno de esos libros que da pena terminar. :-p

Seguiré con Iron Kingdom (lo nombró Tanja y me lo compré, para que vean que yo los leo en serio haha) mientras.

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 Asunto: Re: LEOPOLD I
NotaPublicado: 08 Feb 2015 15:52 
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Konradin, siéntete en absoluta libertad de ir matizando y corrigiendo el relato. Ya sabes que aprecio muchísimo todas tus aportaciones, querido.

Antes de seguir, un pequeño inciso. Estos días, he estado repasando la obra pictórica de Edmund Blair Leighton. Como soy muy fan, pero muy fan, de la época de Jane Austen, en la que también se ambientan las novelas rosa de la encantadora Georgette Heyer, es inevitable que adore los cuadros de Edmund B. Leighton ambientados en esa etapa. Bueno, pues esta vez, por alguna razón, me acordaba de Leopold, de Charlotte "la Inolvidable" y de Caroline "la Prescindible". Sin enrollarme: subo algunas imágenes de Leighton porque, aunque en rigor no tienen que ver con los personajes de este relato, reflejan admirablemente la atmósfera de entonces.

Imagen
"Dos Amantes"


Imagen
"Enamorados".


Imagen
"Lilas"


Perdonad el inciso, jejeje, es que no he podido reprimirme :love: :-D


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 Asunto: Re: LEOPOLD I
NotaPublicado: 08 Feb 2015 16:51 
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Todo el episodio anteriormente descrito...los modos fríos e implacables de los que hizo gala Leopold para librarle Lina después de que el episodio "Corona de Grecia" le revelase cuán inadecuada y molesta resultaba una esposa morganática...refleja hasta qué punto, como bien ha señalado Konradin, de ser calculador había pasado a ser extremadamente calculador. Lina era el renuncio en el que no íban a pillarle en caso de que surgiesen nuevas oportunidades.

Otro punto del Viejo Continente que se hallaba en ebullición eran los Países Bajos. Este cuadro trata de capturar para la Posteridad la lucha de los belgas por independizarse respecto a los Países Bajos, gobernados por la dinastía protestante neerlandesa Orange:

Imagen


Llamamos ahora Bélgica a lo que anteriormente eran las provincias del Sur de los Países Bajos Unidos. Existía una clamorosa diferencia con las provincias del Norte: la religión. Mientras que las provincias del Norte eran muy mayoritariamente protestantes, lo cual se reflejaba adecuadamente en la Casa de Orange, las provincias del Sur estaban habitadas por católicos. Adicionalmente, en las provincias del Sur, había flamencos, de idioma semejante al neerlandés que se hablaba en las provincias del Norte, pero también francófonos, que, por sus antecedentes familiares y culturales aparte de religiosos, se sentían mucho más cercanos a los franceses que a los holandeses. Quizá más importante: los belgas, diferentes a partir del hecho religioso, siempre se habían sentido discriminados. Y no era, tal vez, un sentimiento caprichoso: a finales de los años veinte del siglo diecinueve, de siete miembros del gabinete ejecutivo de los Países Bajos, seis eran holandeses y uno era belga; por decir más, de treinta y nueve diplomáticos repartidos por las distintas capitales europeas de entonces, treinta eran holandeses y nueve belgas. Eso significa, claramente, que los protestantes neerlandeses copaban los altos cargos de la administración. Los belgas, valones o flamencos, sentían que se les estaban haciendo permanentemente de menos.

Esto es un resumen...¿eh?

Wilhelm I, rey de los Países Bajos, un Orange casado con una Hohenzollern llamada Wilhelmina, ambos padres de aquel Slender Billy que había aspirado en vano a la mano de la heredera británica Charlotte, cumplía años el 24 de agosto. El 25 de agosto de 1830, en la ciudad de Bruselas, se disponían a celebrar el cuadragésimo segundo aniversario de Wilhelm I, con una representación de la ópera La Muette de Portici en el Théâtre Royal de la Monnaie. La comunidad belga llevaba ya tiempo cultivando con esmero la sensación de agravio y aprovechó aquella ocasión para salir en tropel a tomar las calles del centro de la ciudad, coreando eslóganes patrióticos y retando abiertamente a los neerlandeses. Acababa de estallar una revolución de carácter profundamente nacionalista.

Wilhelm I encomendó la tarea de "sofocar la algarada callejera" a sus dos hijos varones: Wilhelm, nuestro Slender Billy, quien de hecho vivía habitualmente en Bruselas con su esposa rusa Anna ("Annette") Paulovna, y el príncipe Frederick, ya casado con su prima Luise de Prusia. A Slender Billy, por naturaleza un hombre conciliador y afable, le costaba mostrarse duro y más aún mostrarse implacable con los revoltosos belgas. De hecho, cuando los Estados Generales belgas se reunieron, le enviaron emisarios para hacerle saber que consideraban necesaria e incluso ventajosa para todos la separación de las provincias del Norte y las provincias del Sur. Slender Billy, así de entrada, lo encontró muy razonable. Era el tipo de hombre que, en cuanto le argumentaban a favor de "x", solía verlo exactamente igual que quien le estaba planteando esos argumentos; en caso de que le argumentasen a favor de "y", lo vería desde la misma perspectiva de quien le estuvies hablando a la contra de la postura "x" que antes le había parecido la única opción plausible.

Wilhelm I no era tan maleable como su hijo Slender Billy. Rabioso ante lo que sucedía, envió ocho mil soldados neerlandeses, fuertemente armados, al mando de su hijo Frederick, un hombre más firme a la hora de subrayar la indisolubilidad del Reino de los Países Bajos. La lucha en Bruselas fue calle a calle, igual que en otras ciudades destacadas de las provincias del Sur. A la postre, los belgas se salieron con la suya, porque consigueron expulsar del territorio a las fuerzas neerlandesas. Instauraron un gobierno provisional, liderado por Charles Latour Rogier, y proclamaron su Independencia en octubre de 1830. En Diciembre de 1830, Londres, otra vez Londres, fue escenario de una Conferencia de Paz en las que se sentarían las bases del futuro Reino de Bélgica.


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 Asunto: Re: LEOPOLD I
NotaPublicado: 08 Feb 2015 17:20 
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El precio de la Independencia fue elevado. El historiador Paul Belien, notable estudioso del surgimiento del Estado Belga, ha señalado que, por ejemplo, la ciudad de Gante "sólo" pudo proveer al mercado internacional dos millones de kilos de algodón en 1832. Dicho así, el "sólo" no se entiende, pero sí se comprende, rápidamente, en caso de que quien lo lee sepa que, tres años atrás, se había colocado en el mercado un 27% más de algodón que en 1832.

Pero hay circunstancias históricas irreversibles. La definición como Nación Independiente de los belgas fue una de ellas, algo aceptado desde que sus Estados Generales realizaron la correspondiente proclama. Da igual si se pierde un 27% de cuota en el mercado del algodón, porque se ha ganado el derecho a conformar un Reino que no tenga nada que ver con los Orange. Los primeros candidatos al trono eran el príncipe francés Louis, duque de Nemours, de apenas dieciséis años, uno de los hijos del "rey ciudadano" Louis Philippe de Orléans, y Auguste de Leuchtenberg, mezcla francesa a través de su padre Eugène de Beauharnais y bávara a través de su madre, una hija del rey Maximilian I Josef de la casa Wittelsbach. Los dos ofrecían excelente pedigree...y religión católica. Pero ninguna de las dos opciones se consideraban aceptables por parte de Inglaterra. Lord Palmerston estaba muy interesado en evitar que Bélgica se convirtiese en una prolongación de Francia a través de la elección como rey del jovencísimo Nemours, pero también lo estaba en frustar el advenimiento al flamante trono del mozo Leuchtenberg apoyado por los bonapartistas.

Es en ese escenario en el que Inglaterra, con fuertes vínculos comerciales per secula seculorum con los Países Bajos, provincias del Norte pero también provincias del Sur, se opone tanto a Nemours como a Leuchtenberg, que surgirá como una "posibilidad" el nombre de Leopold. El mismo Leopold, cabe señalar, que había tocado las narices a todos con su manera de maniobrar en la época en que se había decidido el nombre del fundador de una dinastía real en Grecia. Ahora, Leopold, rondando en los cuarenta, considera que Bélgica, como reino cuya creación y consolidación sería avalada por las Grandes Potencias, puede "cuadrarle". Está dispuesto a ser un candidato de compromiso. Está dispuesto a ser el candidato respaldado por Inglaterra...y por Francia, toda vez que no vacilará en casarse con una hija del rey Louis Philippe. A Louis Philippe le dan el el baño de caramelo de rigor: no tendrás un hijo rey de los belgas, pero a cambio tu hija será reina de los belgas y en un futuro un eventual nieto tuyo se sentará en un trono de Bruselas. El cambalacheo es de los buenos.

El 20 de abril de 1831, una delegación de revolucionarios belgas se reúne con Leopold y Stockmar en Londres. Menos de dos meses después, el 4 de junio de 1831, un Congreso Nacional eligió rey a Leopold con 152 votos favorables recibidos de entre 197 miembros. Aunque el resultado parece abrumador, Belien ha señalado acertadamente que muchos de los compromisarios fueron bastante cínicos en su planteamiento: eligieron a Leopold porque no había otra elección. Belien cita la famosa frase del conde de Celles, que declaró que tenían que entregarle la corona "al diablo" porque no podían pensar siquiera en entregársela "a Francia" (aludiendo a Nemours, candidato orleanista, pero también a un Leuchtenberg que concitaba las simpatías de los bonapartistas por ser hijo del leal hijastro de Napoleón).


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 Asunto: Re: LEOPOLD I
NotaPublicado: 08 Feb 2015 17:57 
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Leopold...

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Un poquito menos Mr Darcy en este retrato ecuestre que en que ha subido antes Konradin, pero aún bastante apuesto...



A estas alturas de tema, ya conocemos lo suficiente a Leopold como para saber que era bastante "pesetero" :-D Que no pasa nada por admitirlo, tampoco, jejejeje, no es el peor de los defectos precisamente, aunque tampoco se considere una excelsa virtud. Aunque los belgas habían ofrecido a su futuro rey una asignación anual de un millón trescientos mil florines holandeses, que podían equivaler a más o menos ciento ocho mil libras esterlinas, Leopold consideró necesario asegurarse de que, incluso dejando Inglaterra para irse a reinar en Bruselas, dónde previsiblemente tendría una nueva consorte porque de lo que se trataba era de fundar una dinastía belga, conservaría la anualidad de cincuenta mil libras garantizada por el Parlamento británico antes de su boda con Charlotte. Leopold insistía en que necesitaba las cincuenta mil libras por año de los ingleses para mantener en condiciones óptimas Claremont y el personal adscrito al cuidado de Claremont. Además, eran su "colchón de seguridad", por así decirlo. Hasta que no se resolvió satisfactoriamente aquella cuestión puramente monetaria, no estuvo dispuesto a preparar su equipaje para irse de Londres en compañía de su fiel Stocky y de una delegación de notables belgas que habían viajado a su encuentro para ofrecerle lo más parecido a una escolta de honor hasta la solemne entrada en Bruselas.

El 16 de julio de 1831, se emprendió aquel viaje histórico. Cinco días después, con el correspondiente ceremonial, se transformaba en rey de Bélgica, jurando con la expresión más circunspecta del mundo guardar hasta la última palabra de la reciente Constitución Belga. Claro que...esto fue hasta que, desde La Haya, Wilhelm I rugió su furia, enviando cincuenta mil soldados apropiadamente pertrechados a reconquistar "sus" levantiscas provincias del Sur. Leopold se encontró con una terrible situación: como recordaría años después, la mitad de su ejército belga se desvaneció de un día para otro por miedo a tener que entablar combate después de saber que la otra mitad se había pasado al enemigo. No era precisamente una circunstancia que invitase al optimismo respecto a la salvaguarda del reino recien proclamado y recien estrenado. Leopold violó la Constitución Belga al buscar de inmediato el apoyo militar de Francia, pero, para ser sinceros, no le quedaba otra opción. Era aquello...o salir corriendo con el rabo entre las piernas en dirección Coburgo.

A la llamada de auxilio de Leopold, respondió Louis Philippe enviando 50.000 soldados que debían enfrentarse a las tropas de Wilhelm I. El 12 de agosto, los dos ejércitos se encontraron frente a frente en Tervuren, no muy lejos de Bruselas. Para entonces, los ingleses estaban poniendo el grito en el cielo por la "injerencia" de Francia. Como era natural, se temían que los franceses se cobrasen en el futuro aquella ayuda ejerciendo tan gran influencia en Bélgica, que supusiese un perjuicio para Reino Unido, acostumbrada a una presencia comercial hegemónica en los Países Bajos. Leopold estuvo oscilando entre una y otra posición, tratando de mantener un perfecto equilibrio. Pero, por supuesto, hubo que realizar sacrificios: conservaría su reino, pero habiendo desgajado de él el Gran Ducado de Luxemburgo, de población de habla germana. Wilhelm I de Holanda, que se sentía traicionado por Inglaterra, se empeñó en mantener durante meses y meses la ciudad de Antwerp, que había tomado por asedio bélico. Pasó tiempo hasta que los ingleses lograron que el Orange cediese Antwerp al reino de Bélgica. En realidad, hasta 1839 Holanda no reconocería oficialmente la independencia de Bélgica.


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