Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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NotaPublicado: 16 May 2009 19:20 
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Antes de cumplir seis años, se puede afirmar que Rudolf se consideraba un niño dichoso. Era feliz bajo la amorosa protección de Leopoldine Nischer, compartida con Gisela. El vínculo emocional entre Gisela y Rudolf era ciertamente profundo, algo que resulta fácil de comprender. Los dos dependían el uno del otro y ambos de su abuela Sophie. El padre, Franz Joseph, les prestaba atención, pero una atención limitada por el hecho de que el hombre vivía consagrado a cumplir sus deberes hacia la dinastía y el imperio. La madre, Elisabeth, aparecía en escena sólo de higos a brevas.

Por tanto, Gisela era la principal referencia afectiva para Rudolf. Ella ejercía a conciencia su papel de hermana mayor, solícita y protectora. Lo que probablemente nunca pasó por las cabecitas de los niños fue que esa situación se vería bruscamente alterada al acercarse el sexto aniversario de Rudolf. Porque, entonces, el pequeño kronprinz debería abandonar el entorno de la nursery, en la que se sentía seguro, para verse sometido a la tutela directa de un preceptor que tendría la misión de robustecerle mental y físicamente...


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NotaPublicado: 16 May 2009 19:23 
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La evolución de Rudolf:

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Última edición por Minnie el 16 May 2009 19:29, editado 2 veces en total

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NotaPublicado: 16 May 2009 19:26 
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Y un bonito retrato en color:

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NotaPublicado: 16 May 2009 19:39 
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Éste fue el hombre elegido para encargarse de formar al kronprinz de seis años:

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Se llamaba Leopold y ostentaba el título de conde de Gondrecourt. Se trataba de un militar, de actitud severa y rígida; pero precisamente por eso mismo fue elegido por el emperador Franz Joseph. Franz Joseph siempre había querido hacer de su único hijo varón un soldadito...

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...y Gondrecourt, con su marcial recidumbre, parecía la persona idónea para encauzar en esa dirección al heredero. Por supuesto, Franz Joseph no tuvo en cuenta el impacto que podía ejercer en el niño, una criatura sensible, tímido, nervioso y asustadizo, verse de pronto arrancado de la nursery. El aya baronesa de Welden, la niñera Leopoldine Nischer y la hermana Gisela tendrían que asumir que Rudolf debía iniciar su instrucción de cadete. El propio Rudolf debería hacerse a la idea más pronto que tarde, porque demostrar excesivo apego al regazo del aya o de la niñera, o demasiada dependencia de la hermana mayor, no era algo admisible en un heredero de los Habsburgo.


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NotaPublicado: 16 May 2009 21:03 
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Mirándolo desde la perspectiva del niño, aquello tuvo que ser un auténtico suplicio, un martirio en toda regla. Más adelante, Elisabeth, la madre, declararía que tratar de convertir a un pequeño de seis años en un héroe a base de pegarle sustos monumentales constituye una locura; sin duda, aparte de una locura, se trata de una locura muy cruel. Pero, desde luego, Gondrecourt jamás lo vió así. Siempre declararía tener la conciencia muy limpia, ya que se había limitado a interpretar al pié de la letra las instrucciones del emperador. De un niño delicado, de salud frágil, de nervios quebradizos, que se asustaba ante cualquier ruído extraño o al encontrarse en la oscuridad absoluta, había que sacar un auténtico militar. Gondrecourt no consideraba que hubiese otro método excepto el que se utilizaba en la época en las escuelas de cadetes. Pero, claro...nadie ingresaba en una escuela de cadetes con apenas SEIS AÑOS. Al niño se le exigía que resistiese con seis años un tratamiento de choque que otros sobrellevaban a los ocho o los diez años.

Hasta entonces, en la nursery, el niño había recibido cariño y una calurosísima aprobación. El aya, baronesa de Welden, no disimulaba su orgullo cuando el pequeño se expresaba con absoluta fluidez delante de la estricta archiduquesa Sophie en alemán, húngaro, checo o francés, indistintamente. Para cuando enfermaba -era propenso a las indigestiones y a las anginas- Leopoldine Nischer le rodeaba de mimos. Y Gisela jugaba con él, con el entusiasmo de una devota hermana.

De repente, no estaban la baronesa de Welden, Frau Nischer ni Gisela. En cambio, estaba Gondrecourt, de imponente figura. Gondrecourt dirigía los ejercicios que se prolongaban durante horas y horas. La voz surgía potente, resonaba levantando ecos en el patio de palacio, impartiendo órdenes. Rudolf intentaba desfilar sin perder el paso, sosteniendo su arma en la posición adecuada, mientras Gondrecourt le señalaba los defectos sin alabar nunca el esfuerzo ni la voluntad. Y lo peor no eran los ejercicios, por extenuante que resultase aquel programa para el principito. Gondrecourt estaba decidido a que el niño superase sus temores por la vía, bastante drástica, de obligarle a enfrentarse a todo lo que le suscitaba pavor. Podía encerrarle en una habitación oscura, rodeado de perros que en ningún caso íban a atacarle pero que aullaban igual que lobos. O podía hacer disparos de fusil repentinamente, sin previo aviso, para probar la resistencia del soldadito.

El drástico método de Gondrecourt se cobró su tributo. El niño no se atrevía a quejarse ante nadie, menos aún ante su padre o su abuela, del riguroso trato de su preceptor. Pero, sin embargo, el sufrimiento psíquico y físico se manifestó en una propensión todavía mayor a enfermar. Apenas comía, porque, cuando comía, el estómago le dolía de manera espantosa y acababa devolviendo cada bocado ingerido, hasta que sólo expulsaba bilis. A menudo se despertaba febril, empapado en sudor frío mientras la temperatura de su cuerpo ascendía. La baronesa de Welden observaba lo que sucedía, experimentando en carne propia el dolor del niño a quien había criado. Le parecía increíble que la archiduquesa Sophie, una buena abuela, no se percatase de que aquel entrenamiento militar estaba destrozando por completo la salud del pequeño. Pero Sophie estaba convencida de que Gondrecourt actuaba admirablemente, colocando al niño en circunstancias en las que éste tuviese que vencerse a sí mismo para trocar las debilidades en fortaleza. Al final, según la leyenda palaciega, la baronesa de Welden se presentó ante el emperador implorando piedad. Pero Franz Joseph debió considerar que la baronesa de Welden estaba exagerando la nota, actuando -comprensiblemente, desde un punto de vista humano...- como una gallina clueca hacia su pollito que había abandonado el cascarón.

Tuvo que ser uno de los maestros contratados para impartir las materias puramente académicas -que se mantenían, aunque fuese de forma secundaria con respecto a la instrucción militar- el que acudiese al rescate. Se llamaba Josef Latour de Thurmburg. Había coincidido en sus apreciaciones con la baronesa de Welden, pero, a diferencia de ésta, se daba cuenta de que no iría a ninguna parte si buscaba una ocasión para plantearle tan espinoso asunto a Franz Joseph. En lugar de apelar a Franz Joseph, Latour decidió tomar el camino que llevaba hacia la emperatriz Elisabeth.


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NotaPublicado: 22 Jun 2009 18:53 
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Latour demostró un fino instinto no sólo al elegir a la persona (resultaba obvio que si alguien podía ser conmovido e impelido a actuar, se trataba de la hipersensitiva emperatriz...) sino al elegir el momento.

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Elisabeth.

En los cinco años precedentes, Elisabeth había demostrado con creces su inclinación a mantenerse alejada de la corte. Los años 1860 y 1861 habían sido particularmente ilustrativos en cuanto a su determinación por huír de un entorno palaciego, una capital y un matrimonio que no le proporcionaban ninguna clase de satisfacción. Pero también entre 1862 y 1865 había viajado mucho, a su Baviera natal, a su querida Hungría, a lugares bucólicos como Reichenau o a su estación termal preferida, Bad Kissingen. Cualquier oportunidad para permanecer ausente la pillaba al vuelo. Y cuando estaba "en casa", su actitud era poco accesible en general. "Enfermaba" con gran facilidad, lo que le proporcionaba la excusa para aislarse, dedicarse a sus ocupaciones particulares y, desde luego, cerrar a cal y canto la puerta del dormitorio a su marido.

Franz Joseph había aprendido ya que su mujer era extremadamente volátil. Cualquier desavenencia podía llevarla a emprender una de sus huídas. Cualquier roce tensaba al máximo la cuerda de las relaciones matrimoniales y familiares. A aquella mujer de fabulosa hermosura le traían sin cuidado sus responsabilidades hacia el Estado y hacia la dinastía de los Habsburgo. Sólo se guiaba por sus deseos e impulsos, no se plegaba a los requerimientos de su elevada posición. En un aspecto muy privado, que Elisabeth no cohabitase con él derivaba en el hecho de que sólo tenían una hija (Gisela) y un hijo (Rudolf). Para un hombre tan concienzado desde la cuna de la necesidad de garantizar la sucesión, tenía que ser a la fuerza particularmente difícil contar con un único hijo varón de constitución delicada.

En aquel verano de 1865, sin embargo, Elisabeth estaba siendo "más generosa" con Franz Joseph. Los diarios de la archiduquesa Sophie reflejan que la convivencia de la pareja imperial pasaba por lo que se podría denominar "un buen momento". Incluso volvían a compartir con cierta regularidad el lecho, lo que permitía la esperanza de que la familia se viese ampliada.

Elisabeth estaba en una posición de fuerza, por lo tanto. Ella era la que se otorgaba o la que se negaba; la que se quedaba o la que se largaba.

Cuando Elisabeth recibió a Latour, en la villa imperial de Bad Ischl, dónde se encontraban disfrutando de la clásica estadía veraniega, el preceptor hizo alarde de su elocuencia para describir la penosa situación de Rudolf. No cabe duda de que Elisabeth experimentó una dolorosa impresión, una sacudida emocional. En realidad, si se considera el asunto, aquella madre DEBERÍA haber estado perfectamente enterada de cómo trataba Gondrecourt a Rudolf, ya que no había nadie en la corte que ignorase los procedimientos expeditivos del tutor designado para el kronprinz. Pero hasta entonces Elisabeth se había permitido vivir a su aire, sin detenerse a enfocar la mirada en aquella dirección. Pero la postura de "lo que no veo no me afecta" se quebró, inevitablemente, durante la entrevista concedida a Latour.


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NotaPublicado: 22 Jun 2009 19:17 
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Elisabeth no vaciló en enfrentarse a su marido. Es más: no sólo manifestó de propia voz un ultimatum, en el sentido de que si no se destituía a Gondrecourt, ella abandonaría la corte no sin dejar claro ante el mundo las razones que la movían a ello. También presentó al aturdido Franz Joseph un documento escrito, redactado en tono imperioso:

"Es mi deseo que se me concedan unos poderes ilimitados en todo lo referente a los niños: la elección de las personas que les rodean, del lugar de su estancia, el completo encauzamiento de su educación; es decir, que todo, hasta el momento de su mayoría de edad, sea decidido por mí sola. Elisabeth. Ischl, 27 de agosto de 1865".

Ante la tajante actitud de Elisabeth, Franz Joseph claudicó enseguida. Gondrecourt había actuado según sus directrices, como le recordaba la exasperada archiduquesa Sophie. Pero el emperador tenía que remover a Gondrecourt de su puesto si quería retener a la emperatriz. De nada sirvió que Sophie expresase lo peligroso que era dejar un asunto tan delicado como la formación académica del kronprinz y la archiduquesa en manos de la irresponsable Elisabeth. Ante el órdago de Elisabeth, Franz Joseph pasó por encima de su propia opinión y de la opinión de su madre.

Aquella victoria de Elisabeth marcó el inicio de una nueva etapa en la vida de Rudolf...


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NotaPublicado: 22 Jun 2009 19:32 
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Rudolf con su globo terráqueo.

Rudolf jamás olvidaría la decisiva intervención de su hermosa madre. Ella se transformó, definitivamente, en una especie de "reina de las hadas" que había logrado salvarle de las garras de Gondrecourt. Si antes había añorado y adorado a la elusiva emperatriz, a partir de entonces el niño bebería los vientos por ella.

Por encargo de Elisabeth, el doctor Wiederhofer, nuevo médico de cámara, sometió a un análisis exhaustivo al niño a fín de establecerle un tratamiento. En primera instancia, había que lograr que el pequeño se sobrepusiese a su estado de agotamiento psíquico y físico. Paralelamente, por decisión de Elisabeth, Latour se vió elevado a la categoría de tutor de Rudolf. La elección de Elisabeth, obviamente, se fundamentaba en dos puntos:

1.-Latour había demostrado una profunda implicación afectiva con el principito, atreviéndose a denunciar los excesos de Gondrecourt porque le preocupaba sinceramente la precaria salud del pequeño.

2.-Latour era un individuo notablemente liberal, que podía diseñar un programa de estudios completamente opuesto al que se había pretendido seguir bajo la égida de Gondrecourt.

El aspecto puramente intelectual de la educación de Rudolf pasó a ser prioritario, en detrimento de aquella exigente formación castrense que casi había acabado con él. Con ese objetivo en mente, Latour escogería los preceptores. No tenían porqué ser aristócratas ni militares, como bien señaló la emperatriz, sino personas que acreditasen una preparación científica aparte de talento pedagógico. Tampoco había que ceñirse a religiosos, excepción hecha del profesor de religión, claro. Estas pautas suponían una verdadera "revolución palaciega". Entrarían en liza una serie de profesores de extracción burguesa, de orientación claramente liberal.


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NotaPublicado: 23 Jun 2009 20:32 
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En última instancia...¿fue beneficiosa para Rudolf la intervención de Elisabeth?.

Muy a menudo, cuando por algún motivo centro mi atención en estos personajes, me he formulado esa pregunta. Desde un punto de vista meramente humano, está claro como el agua que "el sistema Gondrecourt" resultaba devastador en un niño tan frágil como Rudolf. Eso de llevar a una criatura de corta edad al límite de su resistencia, o incluso más allá del límite de su resistencia, con la pretensión de robustecerle y endurecerle, probablemente hubiera ocasionado graves daños de haberse sostenido en el tiempo. De hecho, pese al eficaz tratamiento del doctor Wiederhofer, quedaron secuelas. En un plano físico, al verse liberado de aquellos extenuantes ejercicios castrenses y de la rigidez militarista con la que se le trataba el principito enseguida se quitó de encima las migrañas, los accesos de fiebre y las afecciones estomacales. Pero, mentalmente, lo que había vivido no le abandonaría. Siempre sería extremadamente nervioso y no se zafaría durante años de los terrores nocturnos.

Pero el quid de la cuestión radica en que se pasó de un "sistema Gondrecourt" destinado a hacer de un mocosuelo un recio soldadito a un "sistema Latour" que le situaría al margen del entorno en el que tenía que desenvolver su existencia...

La corte vienesa era, por así decirlo, definitivamente rancia. Los Habsburgo constituían una dinastía imperial profundamente orgullosa de su devenir histórico, del poderío acumulado a través de los siglos. Se trataba, ante todo, de remarcar constantemente aquella hegemonía ante los habitantes de sus extensos territorios. Ante todo, más bien por encima de todo, se situaba el "núcleo" de la familia imperial; después, circundándolos, el resto de miembros de la familia en versión extensa; a continuación, formando corro, los principales linajes de la aristocracia, personas a las que se requería un impecable árbol genealógico por ambos costados para ser admitidos en palacio. Los altos cargos militares y eclesiásticos tenían su propio protagonismo; muy a menudo, en ambos casos, se daba la coincidencia de que también pertenecían a ilustres linajes nobiliarios. Aquella gente que se amoldaba a un vetusto e intrincado ceremonial, así como a un estricto protocolo, se caracterizaba por ser, en conjunto, de fuerte tendencia conservadora. No veían con simpatía precisamente el auge de la burguesía, pues esta nueva clase social, para consolidarse, apostaba por una ideología liberal...


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 Asunto: Re:
NotaPublicado: 05 Ago 2009 21:04 
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Mensajes: 1267
Ubicación: Argentina
Minnie escribió:
... por decisión de Elisabeth, Latour se vió elevado a la categoría de tutor de Rudolf...

Me van a disculpar la mala calidad de la foto:

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Rudolf y su tutor Joseph Latour


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 Asunto: Re: KRONPRINZ
NotaPublicado: 30 Ene 2011 22:53 
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Registrado: 19 Mar 2009 19:13
Mensajes: 718
Ubicación: España
Hoy es el aniversario luctuoso de Rodolfo se cumplen 122 años de su muerte, casi con seguridad asesinado, que descanse en paz el archiduque

_________________
Ils ne passseront pas!


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 Asunto: Re: KRONPRINZ
NotaPublicado: 17 Dic 2011 21:36 
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Registrado: 05 Dic 2010 22:26
Mensajes: 61
Por favor Minnie, continúa con la historia de Rodolfo. A mi es un personaje que siempre me ha fascinado

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No podemos arrancar una página del libro de nuestra vida, pero podemos tirar todo el libro al fuego
(George Sand)


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