Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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 Asunto: Re: KAISERIN ZITA
NotaPublicado: 09 Ago 2011 11:05 
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Registrado: 03 Mar 2008 16:43
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Rompo la línea temporal del relato, pero no me resisto a poner estas fotos del exilio de Zita

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 Asunto: Re: KAISERIN ZITA
NotaPublicado: 10 Ago 2011 18:32 
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Registrado: 25 Nov 2008 18:19
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Minnie escribió:
RiccardoPercy escribió:
Acabando, la Lówenstein debía ser Miss Alemania, porque la belleza de las niñas portuguesas no viene de María Luisa de Parma ni de Carlota Joaquina....


Lo mismito pensaba yo acerca de la Löwenstein, nuestra Adelheid, hasta que ví la única foto que he visto de la princesa con su marido, Miguel, acompañados ambos por la mayor de las chicas, María das Neves, y el único varón, el príncipe Miguel. La foto fue un chasco para mí: al ex rey Miguel,a quien los retratos de juventud reflejan tan apuesto y que además yo suponía que debía de haber sido muy gallardo porque se trataba del gran amor de juventud de Ludovika de Baviera, se le ve avejentado y casi asustan sus luengas barbas, mientras que Adelheid parece una mujer de aspecto absolutamente común, incluso un tanto insulso.

Reproduzco la foto, que es famosa:

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Otra foto de Miguel con Adelheid, que definitivamente no era una belleza, pero si más alta que el marido.

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 Asunto: Re: KAISERIN ZITA
NotaPublicado: 18 Dic 2012 07:53 
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Registrado: 18 Jul 2012 17:58
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Película documental sobre la Emperatriz Zita con muchas fotos de sus álbumes.

http://www.youtube.com/watch?v=bIDuKIc-u3c&feature=youtu.be

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=bIDuKIc-u3c&feature=youtu.be[/youtube]

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"I always try to dance when this song comes on, because I am the Queen, and I like to dance",
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 Asunto: Re: KAISERIN ZITA
NotaPublicado: 12 Abr 2014 08:55 
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Viuda a los 29 años con 8 hijos a cargo y sin recursos

Zita, la última emperatriz de Austria

- Esposa de un monarca beatificado e hija de uno de los hombres más ricos de su tiempo

- Prefirió una vida de exiliada a claudicar ante las repúblicas que un día fueron sus reinos

- En el 25 aniversario de su muerte, rescatamos el recuerdo de la última emperatriz austriaca

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PILAR JIMÉNEZ ÁLVARO DE DIEGO Actualizado: 12/04/2014 09:08 horas

Zita nació el 9 de mayo de 1892 en Camaiore (Lucca, Italia). Su padre Roberto I, Duque de Parma, fue el soberano destronado más rico y prolífico de su tiempo. Fruto de su primer matrimonio nacieron 12 hijos y otros tantos alumbró la infanta María Antonia de Portugal, su segunda esposa y madre de Zita. Pero aquella pequeña princesa no sería una más entre los vástagos del Duque.

La infancia de Zita transcurrió tranquila entre las posesiones de su padre en Italia, Francia y Austria. Educada en una profunda fe cristiana, compartió con su familia el cariño hacia España, no en vano estaba emparentada con los pretendientes carlistas. La Gaceta del Norte publicaba hace 100 años: "Doña Zita habla bastante bien el castellano, idioma familiar en la casa de Parma y es devota de la Virgen del Pilar".

La primera sacudida de su vida fue, en 1907, la muerte de su padre. A sus 15 años, Zita ya barajaba la idea de hacerse monja como su hermana mayor. La infanta María Antonia, que había tomado las riendas de la familia con contundencia, se negó. Tras promover la incapacitación de seis de sus doce hijastros, buscó marido para Zita.


Un archiduque para Zita


En la búsqueda de candidatos, María Antonia se fijó en un joven archiduque situado en la antesala del trono de los Habsburgo. El emperador Francisco José de Austria se había casado con la célebre Sissi, pero su heredero mostró desde edad temprana una irremisible tendencia a la melancolía y, tras un matrimonio infeliz del que nació una única hija, se suicidó junto a su amante en 1889.

Puesto que la sucesión masculina primaba, el heredero pasó a ser un sobrino del emperador: Francisco Fernando, quien se enamoró de una dama de rango inferior. El emperador Francisco José aprobó el matrimonio con la condición de que su esposa nunca sería emperatriz y los hijos quedarían excluídos de la sucesión trono. Por tanto, los derechos pasarían a Carlos, sobrino nieto del emperador. Él sería el soberano de Austria y Hungría y los planes de la madre de Zita se enfocaron con claridad.

Entre los jóvenes se propiciaron los encuentros. Ella lo resumiría así años después: "Me enamoré poco a poco, en dos años, mientras que él tomó su decisión súbitamente cuando se corrió la voz de que me había comprometido con un primo español".

Desde su casamiento, el 21 de octubre de 1911, Zita ocupó su lugar como primera dama de la corte, por delante de la siempre relegada Sofía, la esposa de Francisco Fernando. Y encontró su sitio como esposa y madre al lado de Carlos, junto al que formó una pareja feliz. Un año después, dio a luz al príncipe Otto y dos más tarde a la archiduquesa Adelaida. Su nacimiento sería la última buena noticia antes de las desdichas.

El 28 de junio de 1914 un extremista serbio asesina a Francisco Fernando y a su esposa, que estaban en Sarajevo. Este crimen desencadenaría el comienzo de la Primera Guerra Mundial y, con ella, la transformación del orden europeo. En medio del conflicto, el emperador Francisco José fallece agotado por la edad y las tragedias. Poco antes, llama a su presencia a los herederos y se despide. En 1916, Carlos sube a los tronos austríaco y húngaro acompañado por su esposa Zita, la que sería la última emperatriz.

El joven monarca centra sus esfuerzos no en ganar la contienda sino en lograr la paz: "haré todo lo que pueda para desterrar los horrores y los sacrificios de la guerra". Su visión, interpretada como debilidad, fue aprovechada por quienes querían acabar con el Imperio. Carlos se ve obligado a ceder su poder, tras un tira y afloja para aclarar que no abdicaba. Su esposa insiste en ello a su marido: "Un soberano no puede abdicar nunca. Prefiero morir aquí a tu lado". Holanda y Suiza les ofrecen asilo. Pero quieren seguir en Austria, por lo que se trasladan al pabellón de caza de Eckartsau, cerca de la frontera húngara.

Zita recordaba después su partida del Palacio de Schönbrunn: "Fuimos con los niños a la capilla, donde pronunciamos una oración solicitando regresar allí un día". Después de dar las gracias y despedirse, uno a uno, de los sirvientes que quedaban, bajaron al patio donde aguardaban "cadetes de las academias, con lágrimas en los ojos, pero en perfecto orden y guardándonos hasta el final".

Tras proclamarse la república en Viena, una delegación húngara recabó del emperador la renuncia a los poderes en Hungría. Tampoco aquí abdicó: "No quiero interponerme en el camino de la nación húngara". Carlos buscaba de nuevo la paz.


Adiós a Austria


La situación cada vez más tensa con respecto a la familia real propició su salida de Austria. Y, como no quisieron poner su fortuna a salvo en el extranjero, no tenían respaldo económico. Las últimas palabras de Carlos antes de partir fueron un canto al peso de la Historia que llevaba sobre sus espaldas: "Después de 700 años..."

Instalado en Suiza, el matrimonio tuvo que afrontar la escasez de recursos y la promulgación de las leyes "anti-habsburgo" que impedían a la familia reclamar su patrimonio o pisar Austria, salvo que declarasen lealtad pública al nuevo sistema y renegasen de su estirpe. Poco después, una comisión formada por miembros de los antiguos estados del imperio ofreció a Carlos una enorme suma de dinero a cambio de renunciar a sus derechos. Con el acuerdo de su esposa, rechazó la propuesta. "La corona de los Habsburgo no será objeto de trueque", alegó.

Mientras que en Austria cuajaba la república, en Hungría las posibilidades de restauración persistían. Zita animó a su marido a dar el paso definitivo y éste lo intentó en dos ocasiones, la segunda de ellas acompañado por la emperatriz, que estaba nuevamente embarazada. No lo consiguió.

A partir de ahí se sucedieron las dificultades. Nadie quería a la familia imperial en su territorio y los dueños del nuevo orden europeo surgido tras la I Guerra Mundial les daban la espalda. Veían en Carlos el peligro de la vuelta de la monarquía a los territorios sobre los que reinaron. Las presiones dieron como resultado un nuevo destino alejado de toda influencia en Europa: la isla de Madeira.

Allí, sin dinero ni forma de obtenerlo, se instalaron sin sus hijos, que continuaban en Suiza. Entonces, el archiduque Rodolfo enfermó y Zita obtuvo permiso para regresar. Además, pudo hacer las gestiones pertinentes para llevarse consigo a sus hijos. El exilio, las afrentas, los problemas económicos y todo lo demás podía sobrellevarlo, pero esta separación no.

La emperatriz regresó a Madeira y la familia se instaló en una casa cedida por un banquero portugués: la Quinta del Monte. La vivienda era húmeda y fría y carecía de toda comodidad, pero era la única opción. El emperador había envejecido prematuramente. Se sentía débil y enfermó de bronquitis. Pasó varios días en cama antes de llamar a un médico, no quería gastar... Zita lo cuidaba día y noche con el inmenso amor que siempre le tuvo. Junto a su hijo Otto, vivió los últimos momentos del emperador quien quiso que su heredero fuese plenamente consciente de los deberes que pronto decidiría asumir como jefe de la Casa de Habsburgo.

El 1 de abril de 1922 el emperador Carlos fallecía en Madeira. Su esposa se dirigió entonces al pequeño Otto de sólo nueve años y le dijo: "Hasta hoy, el emperador de Austria y Rey de Hungría ha sido tu padre. A partir de hoy lo eres tú". Entonces besó su mano en señal de respeto e instó a sus otros hijos a hacerlo igual.

Alfonso XIII rescata a los proscritos

La noticia del fallecimiento del emperador tuvo un fuerte eco en España. El diario ABC se expresaba en los siguientes términos: "Ha muerto este noble soberano, alejado de su adorada patria, más que en la estrechez, en la miseria, como mártir herido en el corazón". Y añadía la profecía de un obispo austríaco: "Ha sido arrancado del Trono, mas llegará un día en el que será exaltado a los altares". Efectivamente, Carlos sería beatificado por Juan Pablo II en octubre de 2004.

Alfonso XIII se ofreció para dar asilo a la familia en España. Esto le llevó a ciertas dificultades con los países de la Entente ante las que reaccionó con firmeza. La emperatriz le agradeció por carta su ayuda: "Te doy gracias de todo corazón por tu invitación que me ha emocionado vivamente y que acepto".

La familia se instala en el Palacio de El Pardo en Madrid, pero los gastos de mantenimiento son excesivos y buscan una residencia más modesta. Es así como acaban residiendo en un palacete de Lequeitio (Vizcaya). Allí vivirán durante siete años, acogidos calurosamente por la población. Zita seguía volcada en la educación de sus hijos, especialmente del heredero y para ello cuenta con profesores de Austria y Hungría puesto que quiere que se formen como corresponde a príncipes austríacos. Cuando se decide que el heredero estudiará en una universidad belga, todos se trasladan nuevamente.

A partir de ese momento y una vez cumplida la mayoría de edad Otto, Zita lleva una discretísima existencia dedicada a su familia. Poco a poco, todos ellos fueron regresando a Austria, pero no ella. Se negaba a acatar la nueva forma de estado. Aquello sería renegar de sus principios. Una vez más, la intervención de un rey español logró lo que parecía imposible. Gracias a una gestión personal de Juan Carlos I, Zita pudo volver a su país sin agachar la cabeza. Fue recibida con un inmenso cariño y, después, regresó a un asilo suizo donde moriría en 1989, a los 96 años.

La emperatriz, vestida de luto desde 67 años antes, fue enterrada con el ceremonial imperial en medio del fervor popular y el reconocimiento de autoridades monárquicas y republicanas europeas.

Pilar Jiménez es periodista y Álvaro de Diego es profesor de Historia Contemporánea en la Universidad a Distancia de Madrid (UDIMA)

Fuente: http://www.elmundo.es/internacional/201 ... b456a.html

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 Asunto: Re: KAISERIN ZITA
NotaPublicado: 12 Abr 2014 18:28 
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 Asunto: Re: KAISERIN ZITA
NotaPublicado: 02 Jul 2014 22:28 
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Ayyyyy, que se nos quedó este tema justo cuando estábamos pasando revista a los antecedentes paternos y maternos de Zita. Ahí arrancó, con brío, y ahí se detuvo, para cumplir con el sino -trágico- de docenas de personajes de este foro :-D

Hemos visto que la de Zita era una enorme familia. Su padre había tenido doce hijos con su primera esposa, de los cuales murieron en la infancia tres, sobreviviendo por tanto nueve, seis de ellos aquejados de retraso mental. Al casarse en segundas nupcias, el hombre inició una nueve progenie que igualaría en número total a la anteriormente citada. Si María Pía, su primera mujer, había dado a luz en una docena de ocasiones, el mismo destino aguardaba a María Antonia. Zita, nuestra protagonista, fue la decimooctava de los veinticuatro hijos engendrados por Roberto de Borbón-Parma, duque de Parma y Piacenza, y la quinta de los vástagos de María Antonia. En realidad, María Antonia había tenido a María de las Nieves, Sixto, Xavier y Francesca, llamada en familia Cicca, antes de dar a luz a Zita, cuyo primer nombre de pila, que honraba a una santa famosa en la Toscana, fue sugerido por la tía materna Adelgundes.

Un detalle tremendamente importante en el desarrollo del carácter de Zita: su familia era extremadamente religiosa. Eran católicos practicantes de los verdaderamente "intensos" en la vivencia de sus preceptos; digamos que no se quedaban en la forma, en la mera observación de los rituales de la Iglesia. La abuela materna de Zita, Adelheid, permaneció "en el mundo" como una viuda siempre enlutada de reputación intachable mientras no hubo casado a todas sus hijas, pero, cumplido ya ese deber maternal, decidió retirarse a un convento. De hecho, se retiró a la abadía benedictina de Sainte-Cécile de Solesmes, situada en la diócesis de Le Mans, en el noroeste de Francia. Ese retiro de Adelheid acaeció en 1895, cuando su nieta Zita frisaba en los tres años de edad. Dos años después, teniendo Zita cinco años, la abuelita Adelheid tomó los habitos definitivamente. El hecho debió impresionar mucho a sus nietas las hijas de María Antonia, que también era muy devota. Si uno lo piensa, las dos hermanas de vínculo completo mayores que Zita, María de las Nieves y Cicca, acabarían siendo con los años también monjas benedictinas en Sainte-Cécile de Solesmes, al igual que María Antonia, la hermana homónima de la madre de todas ellas que llegó al mundo cuando Zita contaba tres añitos.

Zita siempre se tomó la religión muy en serio. Justin C. Vovk, en su obra "Imperial Requiem", focalizada en cuatro soberanas directamente afectadas por la Gran Guerra como fueron la kaiserina Dona, la zarina Alexandra, la reina Mary y nuestra Zita, señala, desde mi punto de vista acertadamente, que existe un paralelismo entre la enardecida religiosidad de Alix de Hesse/Alexandra Feodorovna y la de Zita de Borbón-Parma. Para ellas, la religión no era un par de guantes que una princesa se ponía y se quitaba según la conveniencia del momento. Para ellas, era un asunto de la máxima trascendencia, que afectaba a su esfera personal y a su proyección pública. Con ocho años de edad, Zita recibía extensas clases de catecismo junto a Cicca del padre Travers, que les administró la Primera Comunión en 1902. 1903, el año siguiente, estuvo marcado por dos eventos que también giran en torno al elemento religioso. La pequeña Zita, junto a sus padres y hermanos, viajó desde su residencia de Pianore a Roma para asistir a los fastos con motivo del Jubileo de Plata del Papa León XIII. Las ceremonias, de una solemnidad extraordinaria, dejaron una huella imborrable en el ánimo de Cicca y Zita, ambas en edades muy impresionables. Para reforzar, las dos fueron luego enviadas a estudiar a un convento situado en la Alta Baviera, en la frontera con Austria, en Zanberg. Zanberg funcionaba como un internado muy pero muy estricto, que exigía aplicación en los estudios pero sobre todo una práctica constante de los preceptos religiosos. Las niñas, a esas alturas, debían encontrarse perfectamente cómodas en esa atmósfera ultracatólica.

Como hemos visto al arranque de este tema, el padre de Zita era enormemente RICO. Podía permitirse usar un tren privado de seis vagones para los desplazamientos de su extensa familia entre todas sus residencias. Las principales, desde luego, eran Pianore, en la Riviera italiana; Schwarzau, relativamente cerca de Viena y Chambord, el más grande de los châteaux del Loire, en Francia. La esplendidez de aquellos escenarios, la abundancia de medios materiales, íban de la mano con un deseo muy genuíno de atender a los más desfavorecidos porque se consideraba, por parte de Roberto y de su María Antonia, un deber a los ojos de Dios. Los privilegiados por la fortuna no podían eludir su responsabilidad en atender a quienes carecían a veces de lo más elemental para salir adelante en el mundo, por eso Roberto insistía en donar un diez por ciento de sus rentas anuales. Había otro aspecto menos "cómodo" de lo que era aflojar la bolsa en aquellos donativos anuales: insistían los padres en que sus hijos, en Pianore o en Schwarzau, participasen de forma activa en el auxilio a los enfermos y a los pobres, a veces las dos cosas a la vez. En una ocasión, alguien se permitió preguntar a María Antonia si no le daba miedo que sus hijas pillasen cualquier enfermedad visitando las miserables casuchas de gentes en apuros en la región. María Antonia se limitó a contestar que el reconocimiento de sus vecinos serviría de pefecto desinfectante para las niñas, a las que, por otra parte, insistía en que debían considerarse no sólo princesas, sino también Hermanas de la Caridad.


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 Asunto: Re: KAISERIN ZITA
NotaPublicado: 03 Jul 2014 03:10 
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