Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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NotaPublicado: 17 Abr 2009 20:11 
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Y Theodolinde seguía soltera.
:roll:

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Theodolinde.

Considerando los matrimonios de sus hermanas mayores -Josefina, Eugénie y Amélie- el de Theodolinde puede parecer "discreto". No se casó hasta 1841, cuando ya tenía nada menos que VEINTISIETE años de edad. Si recordamos que Josefina se había casado con dieciséis años, Eugénie con dieciocho años y Amélie con diecisiete años, se puede comprender que a Theodolinde, al mantenerse soltera superados ampliamente los veinte e incluso rebasada la frontera de los veinticinco, se la hubiese colocado en la categoría de "solterona de la familia Leuchtenberg".

Lo cierto es que Theo no era menos guapa ni menos atractiva, en cuanto a carácter, que sus hermanas. Pero sus oportunidades de concertar un matrimonio brillante se habían diluído con el transcurso de los años: si ya no había surgido un partido de los de fuste y tronío, era dudoso que apareciese en un momento en que la chica se aproximaba a la treintena. Cuando Theo se enamoró de Wilhelm, conde de Württemberg y futuro duque de Urach, Augusta Amalia no tuvo corazón para ponerle ninguna traba en el camino hacia el altar a la menor de sus hijas.

Wilhelm...

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...era uno de los hijos nacidos del matrimonio morganático de un príncipe de Württemberg. En concreto, Wihelm Friedrich de Württemberg, hermano menor del rey Friedrich I de Württemberg, se había casado con Wilhelmine von Tunderfeldt-Rhodis. Habían tenido varios hijos, de los que habían sobrevivido a la infancia dos varones -Alexander y Wilhelm- y una fémina -Marie-. El segundo de los chicos, nuestro Wilhelm, no tenía grandes expectativas en la vida: se limitaba a servir como oficial de caballería en el ejército de su tío rey de Württemberg y, en determinadas ocasiones, dado su profundo interés por la artillería, probaba nuevos modelos de cañones.

Pese a la "modestia" inherente a ese pretendiente, Augusta Amalia concedió la venia para la boda de éste con Theodolinde. Los dos se instalarían en Schloss Lichtenstein: Wilhelm se había inspirado en una novela para reconstruír aquel castillo en un estilo neogótico alemán, algo que cuadraba estupendamente con su ubicación, pues se erigía sobre un escarpado peñasco desde el cual se obtenía una panorámica impresionante del valle de Echaz, en la región de Württemberg. Dada la proximidad geográfica entre Württemberg y Baviera, Augusta Amalia pudo alegrarse pensando que su Theodolinde seguía estando a su alcance.


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NotaPublicado: 17 Abr 2009 20:14 
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Así, le hemos dado un repaso al devenir de la familia Beauharnais de Leuchtenberg, a la que pertenecía Josefina. Por obra y gracia de los matrimonios de los hermanos, se había creado un entramado de relaciones dinásticas.

:roll:


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NotaPublicado: 17 Abr 2009 21:33 
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Bellisimo hilo Minnie!
Una vez leí que hubo rumores sobre la muerte de Augusto. Se decia que habia sido envenenado....no sé si hay alguna verdad en eso.
También, recuerdo haber leído que se pensó en casar a Maximilian( después de la muerte de Agusto) con Maria da Gloria pero que esto no interesaba a ciertos grupos de la corte de Lisboa....


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NotaPublicado: 17 Abr 2009 22:36 
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¡Qué interesante, Amélia! Lo cierto es que suelo tomarme siempre con una pizca de sal cualquier rumor sobre envenenamientos, porque, a decir verdad, cuando alguien se moría demasiado joven y de forma imprevista, como eran tantos los intereses que se entrecruzaban alrededor de ellos, surgían rumores acerca de que quizá la muerte no había respondido a causas naturales. Pero no dejan de interesarme esas historias. Si alguien tiene información adicional...o se la encuentra...por favorrrr, que la incluya ;)


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NotaPublicado: 18 Abr 2009 01:22 
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Querida Minnie siempre escribes muy bien sobre cualquiera de los temas que tocas, pero en este hilo dedicado a Josefina de Leuchtenberg realmente te has sobrepasado a tí misma. EXCELENTE-EXCELENTE... =D>


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NotaPublicado: 18 Abr 2009 10:00 
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Es una gran gentileza de tu parte, hernan. Si el hilo está quedando bien, creo que se debe a que gira en torno a varios de mis personajes favoritos. Me gustan mucho los primeros Bernadotte, Jean Baptiste y Dèsirée, pero, además, siento debilidad por Eugène de Beauharnais y su Augusta Amalia de Baviera.

Por cierto, antes de retomar la narración...he encontrado algunas imágenes nuevas de Josefina. Acerca de la primera, comentaros que la descubrí en tamaño muy pequeño; he tratado de ampliarla, aunque, obviamente, en el proceso ha perdido calidad. Está algo borrosa, turbia, pero me parecería imperdonable dejarmela en el tintero. En esta imagen me recuerda muchísimo a su hermana Amélie:

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La segunda es una composición con dos litografías, una mostrando a Josefina, la otra a su esposo Óscar. La imagen de Óscar es muy conocida, de hecho ya la teníamos a color, pues se trata de una versión del célebre cuadro que le pintó Stieler.

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NotaPublicado: 18 Abr 2009 10:38 
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La década de 1840 resultó decisiva en la vida de Josefina.

En 1843, su suegro, Carl XIV Johann, cumplió -finales de enero- los ochenta años de edad y también -principios de febrero- sus bodas de plata con el trono. Llevaba ya veinticinco años reinando en Suecia y Noruega, por lo que se programaron una serie de eventos conmemorativos. Los habitantes de Estocolmo se volcaron para testimoniar su agradecimiento a Carl XIV Johann, algo que le dejó profundamente conmovido. Estaba tan contento que autorizó a su esposa Desideria y a la pareja formada por Óscar y Josefina a que realizasen una gira primaveral por el continente de dos meses de duración; si lo deseaban, podrían llevarse a la princesa Eugénie, la única fémina entre los retoños de los príncipes herederos. Desideria estaba encantada, porque llevaba años soñando con visitar a su hermana Julie de Survillers en Florencia y al resto de los Clary en Marsella. Pero Josefina se mostraba aún más exultante: hacía veinte años que no veía ni a su querida madre ni a sus hermanos. La mera perspectiva de reunirse con Augusta Amalia, Eugènie, Amélie y Theodolinde tenía en éxtasis a Josefina, que, además, podría presentarles a su hija Eugénie, ya de catorce años.

Al final, Desideria tomó la decisión, un tanto sorprendente, de no marcharse. Es probable que intuyese, de alguna manera, que quedarse solo crearía un gran vacío interior a Carl XIV Johann. Él ya tenía una edad avanzada, estaba en el ocaso de su vida. Desideria renunció a su viaje para permanecer con Carl Johann. Óscar y Josefina partieron con Eugénie hacia Baviera. Luego, realizarían asimismo una gira por Italia, país en el que había nacido Josefina.

Cuando regresaron a Suecia, estaba avanzadísimo el verano. Había sido un verano extremadamente caluroso: el mercurio de los termómetros había llegado a señalar cuarenta grados, algo inaudito para los suecos. Carl Johann había accedido a instalarse en Drottningholm, uno de los palacios predilectos de Desideria, pese a que a él nunca le había agradado especialmente. Por tanto, antes de irse a su propio castillo de Tallugarn, Óscar y Josefina, con su hija, se dirigieron a Drottningholm. No esperaban recibir ninguna impresión fuerte al reencontrarse con los reyes, pero se la llevaron porque pudieron constatar que el monarca se había ído debilitando progresivamente en aquel breve lapso de tiempo.

Pero Carl Johann extraía fuerzas de flaqueza. Participó en las celebraciones de Navidad de 1843, así como en las tradicionales fiestas para acoger al nuevo año de 1844. Se empeñaba en mantenerse activo, pese a que había adelgazado mucho y le costaba un triunfo mantenerse erguido. Pero en la mañana del 26 de enero, jornada en la cual cumplía ochenta y un años, sucedió algo: cuando a las seis de la mañana su edecán entró en su dormitorio a ayudarle a levantarse, como era habitual, encontró al rey desmayado en el lecho. Se llamó apresuradamente a los doctores de la corte, mientras se avisaba también a la reina y a los príncipes. Cuando la reina apareció envuelta en su salto de cama, ofrecía un aspecto consternado. Los doctores le explicaron que creían que su marido sufría una apoplejía. Enseguida se comunicó a los miembros de gobierno, para que se confiriese al atribulado Óscar la condición de regente.

El curso de la enfermedad de Carl Johann fue dramático. Desideria estaba devastada psicológicamente, pero quizá lo encajaba mejor que Josefina. Ésta aún recordaba cuánto había sufrido al tener noticia de la defunción de su propio queridísimo padre, Eugène de Beauharnais, o de su hermano Augusto de Leuchtenberg. Pero lo cierto es que, por increíble que parezca, Josefina nunca había estado en contacto directo con el proceso agónico que concluye en un deceso. La persona más allegada a la que había visto en vísperas de que ésta muriese había sido la princesa Vasa Sofía Albertina, en 1829. Así que la situación se hacía muy dura. Cuatro médicos se arracimaban en torno al lecho de Carl Johann, mientras en la cámara anexa a la habitación permanecían durante horas y horas Desideria, Josefina y los niños. Sólo en determinados momentos los facultativos las autorizaban a entrar en la alcoba. Trataban de escoger los instantes en los que el anciano se encontraba en calma, pues era un espectáculo penoso verle cuando le asaltaban "golpes de sangre", accesos virulentos de "fiebre cerebral" y los inevitables delirios. Si estaba tranquilo, se limitaba a observar a su esposa y nuera con mirada afectuosa mientras reconocía que sufría horriblemente pero que sólo podía confiar en que se cumpliese la voluntad divina (una forma muy resignada de aceptar lo inevitable).

Carl XIV Johann murió tras una agonía de trece horas continuadas, el 8 de marzo de 1844.


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NotaPublicado: 18 Abr 2009 10:54 
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Sin duda, se trataba de un momento histórico. La esencia de las monarquías es la continuidad; nunca se produce un instante de vacío, porque en la misma frase en la que se anuncia "El rey ha muerto" se introduce a continuación la coletilla: "¡Larga vida al rey!". El rey Carl XIV Johann había muerto, por tanto...¡larga vida al rey Óscar I!.

Además, los suecos y noruegos, en particular los suecos, esperaban mucho de Óscar I. A Carl XIV Johann se le había agradecido su profundo compromiso con Suecia, incluso a pesar de que no llegase a pronunciar ni un par de frases seguidas en sueco -ni, por supuesto, en noruego-. Dado que el francés era un idioma vehicular para la aristocracia y la alta burguesía, se podía aceptar aquella ignorancia lingüística de un monarca no nativo. Sin embargo, había dos palabras que resumían el largo reinado de Carl XIV Johann: prosperidad y paz. Había tratado de mantener a Suecia en una constante progresión ascendente, con una ambiciosa agenda de obras públicas, algunas de verdadera magnitud. Y si bien es cierto que la inseguridad en su posición había vuelto a aquel antiguo jacobino ultraconservador e incluso despótico, el balance global de su reinado era positivo.

Pero los liberales depositaban sus ilusiones en Óscar. Creían que él podía ser el monarca que reformase en profundidad la Constitución de 1809, que, en muchos aspectos, se había quedado "obsoleta". Durante su etapa de príncipe heredero, no había ocultado su afán por introducir cambios sustanciales en diversos ámbitos. Por ejemplo: había abogado de forma decidida por introducir notables variaciones en el sistema carcelario, para hacerlo acorde a una época en la que ya se valoraban el conjunto de derechos del hombre. Sin embargo, Óscar demostraría enseguida que su liberalismo era de sesgo muy moderado: se negó a tocar la famosa Constitución de 1809. Sí apostó por una actividad legislativa intensa que modificase aspectos esenciales, desde el sistema carcelario hasta la igualdad de hombres y mujeres en lo que concernía a los repartos de herencias. En ese último punto, la influencia de Josefina se considera muy destacada.


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NotaPublicado: 18 Abr 2009 11:04 
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La coronación de Josefina como reina de Suecia, celebrada el 28 de septiembre de 1844:

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Como dato curioso, señalar que Josefina fue coronada seis meses después del ascenso al trono de Óscar I. Desideria había sido coronada en agosto de 1829, once años después del ascenso al trono de Carl XIV Johann. De hecho, aunque Desideria aseguró en una carta a su hermana Julie de Survillers que había solicitado ser coronada para complacer a su esposo Carl XIV Johann, todo apunta a que la dama había extraído una singular complacencia en ser la primera plebeya coronada en Estocolmo desde Karin Månsdotter, consorte de Eric XIV. Y Karin Månsdotter, una figura casi legendaria, se había coronado reina en 1568...

Ni Desideria ni Josefina fueron coronadas reinas de Noruega. Los noruegos aducían que ambas se habían convertido en reinas al acceder al trono sus respectivos maridos, por lo que no era estrictamente necesario recurrir al ceremonial; se trataba de católicas, así que no tenía sentido coronarlas en una iglesia protestante, a ojos de los noruegos. De hecho, ellos encontraban incongruente que los suecos sí las hubiesen coronado.


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NotaPublicado: 18 Abr 2009 11:36 
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Una imagen retrospectiva. Muestra a Josefina como una joven kronprinsessan, con sus tres hijos mayores: Carl, Gustav y Óscar.

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Desde un punto de vista familiar, el ascenso al trono de Óscar I señaló un cambio sustancial. El nuevo monarca se había permitido "sus alegrías" durante la etapa en la que había sido príncipe heredero, pero al convertirse en rey decidió que atrás tenían que quedar aquellos episodios sentimentales fuera de los márgenes del matrimonio. Necesitaba reconciliarse con Josefina y puesto que ella había demostrado que no estaba dispuesta a conciliar su vida conyugal con las aventuras amorosas de él, las aventuras amorosas se convirtieron en un asunto finiquitado.

Óscar y Josefina pudieron restaurar su relación sobre nuevas bases. Él ya tenía cuarenta y cinco años, mientras que ella frisaba en los treinta y siete. El mayor de sus hijos -Carl- contaba dieciocho años. Le seguía Gustav, con diecisiete. Óscar ya había cumplido quince años, Eugénie tenía catorce y el menor, August, rondaba los trece. Considerando todo esto, Josefina había dejado atrás la época de las ilusiones románticas; ya no idealizaba a su marido ni a su matrimonio, pero, a costa de mucho sufrimiento, había aprendido quizá a convivir apaciblemente siempre y cuando él no volviese a exponerla a ninguna humillación pública.


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NotaPublicado: 19 Abr 2009 11:15 
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Josefina se había labrado, en el curso de los años, una excelente reputación entre los suecos. Todos admiraban el grado de compromiso con su nuevo país y con la dinastía que había exhibido desde su llegada, cuando todavía era una jovencita convencida de vivir envuelta en un romántico destino. Tenía cabeza y corazón, una combinación irresistible. Había ejercido una benéfica influencia en su familia política. Incluso había sabido llevar a Desideria, lo que requería no poco tacto y delicadeza. Con mano izquierda, Josefina había persuadido a Desideria de que tenía que interpretar con gusto el papel de reina. Así, Desideria había empezado a cumplir con ciertas tareas ineludibles con un nuevo espíritu. Prueba de ello había sido, por ejemplo, la famosa visita de Desideria, acompañada por Óscar y Josefina, a la universidad de Uppsala.

Al perder a Carl XIV Johann, Desideria pasó a ser la reina viuda y madre del nuevo soberano. No había asistido a las coronaciones de Óscar y Josefina, por hallarse aún guardando luto tras el fallecimiento del marido. Ulteriormente, estaba muy preocupada por su hermana Julie, cuya salud se había deteriorado bastante. De hecho, Julie fallecería en su villa florentina en abril de 1845, lo que representó un amargo trance para Desideria. No sólo había mantenido una profunda unión afectiva con Julie, sino que su punto de agarre, a través de las décadas, había sido la idea recurrente de que, cuando ambas fuesen viejecitas, afrontarían sus últimos momentos de vida en feliz compañía y avenencia, en alguna casa con vistas al Mediterráneo. La desaparición de Julie dejaba a Desideria muy sola, aunque le quedaba un amplio surtido de parientes Clary a los que trataba de favorecer siempre que podía.

Reciente viuda, Desideria había puesto sobre el tapete la intención de marcharse a Francia. No era nada nuevo, pero, como tantas otras veces, se la disuadió fácilmente. Su hijo Óscar, que la consentía igual que a una niña, apeló a sus sentimientos maternales: no podía dejarle solo en los inicios de su reinado. Por otra parte, Desideria temía los viajes marítimos. Había sufrido en cada periplo en el que le había tocado embarcarse. Al hacerse mayor, ese miedo se había hecho más fuerte y se podía utilizar como un argumento para retenerla en Suecia.

Los mismos suecos que tantas veces habían lamentado que no supiese adaptarse y que pareciese siempre fuera de lugar en la corte se volvieron de repente protectores hacia aquella dama a la que se solía denominar, en un brote de ternura, "la jolie personne". Ella seguía repartiendo su tiempo entre Rosesberg y Drottningholm, pero su peculiar manera de vida, a esas alturas, se veía como una colección de pequeñas manías y extravagancias inofensivas. Inspiraba afecto, si bien en cuanto a popularidad siempre se había llevado la palma Josefina. La clave del asunto radicaba en que Josefina había sabido hacerse sueca, mientras que Desideria había permanecido muy francesa.

Desideria se levantaba a deshoras. Hacia las tres o cuatro de la tarde, era lo normal encontrársela en negligée, sentada en uno de sus cómodos sofás, tomando el café au lait MATINAL en el que mojaba brioches con entusiasmo. A partir de ese momento, se movía con desparpajo de un lado a otro hasta bien avanzada la madrugada, momento en el que se acostaba. Uno de sus mayores placeres consistía en recibir las visitas de sus nietos, los hijos de Josefina.

Aquellos chicos constituían un vínculo de unión importante entre Desideria y Josefina. Las dos compartían la preocupación por el "difícil carácter" de Carl, el kronprins. También por la delicada salud de Eugénie, la única fémina. Eugénie adolecía de debilidad pulmonar, una fórmula con la que se solía aludir veladamente a una tuberculosis. Su fragilidad resultaba conmovedora. Por otro lado, Josefina había alentado a su hija a que desarrollase al máximo el evidente talento artístico. La propia Josefina había sido una convincente pianista y buena pintora, pero Eugénie superaba ampliamente a su madre. Le gustaba estudiar historia y genealogía, pero a la vez escribía de maravilla. En su juventud, se dedicaba sobre todo a componer poemas, pero, ya adulta, redactaría una fascinante Historia de Princesas de Suecia, todo un tributo de la primera princesa Bernadotte a las princesas Vasa que la habían precedido. Además, Eugénie no sólo sabía tocar instrumentos sino que tenía don para componer música: principalmente, la inspiración le dictaba valses, polcas y mazurcas. Una de sus polonaises estaba dedicada a su madre, la reina Josefina (Drottning Josefina polonaise). Dibujaba y pintaba admirablemente. Y destacaba como escultora, por añadidura, desde temprana edad.

Eugénie estaba particularmente unida a su hermano Gustav, el duque de Uppland, y no tenía nada de extraño, porque ambos compartían una profunda sensibilidad artística. Gustav, de hecho, componía música antes de que empezase a hacerlo Eugénie. Las obras musicales de Gustav llegaron a publicarse. Suya es la autoría de un himno estudiantil (la Studentsången) que todavía en la actualidad interpretan con entusiasmo los jóvenes suecos al graduarse.

Si Gustav era el preferido de su madre Josefina y de su hermana Eugénie, Óscar, el tercer varón, se llevaba la palma de ser el favorito de la abuela Desideria. Óscar parecía, en principio, lejos del trono: por delante de él, en la línea sucesoria, figuraban su problemático hermano Carl y el talentoso Gustav. Por eso, se decidió que a Óscar le convenía formarse para desarrollar una carrera en la armada de su país. Con apenas once años, Óscar fue enviado a una escuela naval; en 1845 se graduaría con rango de oficial y se le destinaría en Carlskrona.

En cuanto a August, el menor, Josefina mostraba una actitud protectora hacia él porque era el pequeño...y el de mente menos despejada. Habría quienes se burlarían, en un futuro, de su simplicicidad; parecía que nada le interesaba excepto los trenes y en particular los avances en cuestión de locomotoras, un tema por el que mostraba sincero apasionamiento.


Última edición por Minnie el 19 Abr 2009 12:47, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: 19 Abr 2009 11:37 
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Ésta es Eugénie, la única hija de Óscar y Josefina. Si se recuerda la trayectoria amorosa de Óscar, él había engendrado ocho hijos en total con tres mujeres: Jacquette, Josefina y Emilie. Pero entre todos aquellos retoños legítimos e ilegítimos, sólo había dos féminas: Oscaria y Eugénie.

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El retrato, una obra de 1846, capta la delicada complexión de Eugénie. Todavía no se había definido su futuro. De hecho, aquel mismo año, cuando el kronprins Carl de Suecia emprendió una visita a la corte real de Prusia, se decidió que la princesa Eugénie acompañase a su hermano. Era una manera de introducir a la bonita muchacha en Berlín, dónde pudiese llamar la atención de príncipes casaderos. Pero, independientemente de que se tratase de una chica muy atractiva, se trataba de una Bernadotte. Las grandes dinastías europeas consideraban a los Bernadotte recien llegados, por lo que no estaban en las primeras posiciones del ránking en el mercado matrimonial interdinástico, por así decirlo. Eugénie fue bien recibida y calurosamente elogiada, pero no apareció ningún pretendiente.

Su débil salud preocupaba a sus padres, en especial a su madre. Y, a partir de 1846, la preocupación de Josefina arreciaría. En aquel año, a la hermana favorita de Josefina y tía homónima de la muchacha, Eugènie de Leuchtenberg, por matrimonio princesa de Hohenzollern-Sigmarigen, se le diagnosticó una virulenta tuberculosis. En Hechingen cundió la consternación, porque Eugènie era muy querida por su familia y por los ciudadanos en general; todos se sintieron apesadumbrados cuando ella fue trasladada desde su residencia principal, Villa Eugènie, a una casa cercana, Hofküche. Hofküche poseía unas dimensiones muy reducidas, lo que hacía fácil mantenerla perfectamente climatizada. Allí, Eugènie se quedó prácticamente confinada mientras sus médicos la sometían a duros tratamientos; trataba de no ver a nadie, ni siquiera a su esposo, por miedo a contagiarles de su enfermedad, mientras los doctores probaban en vano distintas alternativas.

Eugènie de Leuchtenberg...

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...fallecería el 1 de septiembre de 1847 en Freudenstadt. Su viudo, Constantin, estaba desolado, pero la que se quedó absolutamente destrozada fue la madre de ella, Augusta Amalia de Baviera. Josefina llegó a temer por el equilibrio psicológico Augusta Amalia en aquella época concreta.


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