Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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 Asunto: ISABEL II, LA REINA "FRESCACHONA".
NotaPublicado: 11 Mar 2008 20:42 
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Como cada uno se hace su propia interpretación de los personajes históricos, esa foto de la reina Isabel II tomada en el año 1867 siempre me ha inspirado una gran compasión hacia la mujer porque me da la sensación de que es lo que pide su mirada. Esos ojillos hundidos en un rostro abotargado, de enorme papada, unido por un corto pero ancho cuello a un cuerpo voluminoso, un puro rollito de grasa embutido en su lujoso traje, parece decir: "¡Miradme!Mirad lo que soy ahora, mirad en la mujer en la que me ha transformado mi vida. Siempre estuve demasiado sola mientras trazaba mi camino. No me ha llevado a nada excepto a buscar en diversos placeres fugaces algo de felicidad o, siquiera, un sucedáneo de felicidad...".

Que....vaaaaaaaaleeee...puede ser una forma de verla muy pero muy poética. Pero...¿qué se le va a hacer, si Isabel me suscita esa ternura benevolente?.


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NotaPublicado: 11 Mar 2008 21:07 
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Me encanta el tema, sobretodo la parte de los chascarrillos del pueblo de Madrid respecto a esta pareja tan "atípica", "Isabelona tan frescachona y don Paquito tan mariquito" (grin)

Pongo este texto, extracto de un libro:

Ante los problemas del regente Espartero, se decidió nombrar a Isabel II reina de España y por tanto mayor de edad, tenía 13 años, un mes y dos días. Isabel II mostró desde muy joven un temperamento muy activo en lo sexual. Según parece, seguimos con Carlos Fisas, fue elgeneral Serrano, el "general bonito" como ella lo llamaba quien inauguró el camino que luego iban a seguir muchos de sus amantes. Curiosamente, el mismo Serrano sería un destacado protagonista de "la Gloriosa" y, por tanto, del exilio de Isabel II. Pero lo importante era buscarle un marido y el asunto era peligroso porque no había que mosquear a las distintas potencias internacionales. Al final, el único pretendiente que queda era un primo de Isabel, hijo de la Infanta Luisa Carlota, su tía, la de "las manos blancas" y la bofetada, llamado Francisco de Asís. Dicen que Isabel II le dijo a su madre el día antes de casarse: "He cedido como reina, pero no como mujer. Yo no he buscado a este hombre para que fuese mi marido; me lo han impuesto y no lo quiero" La noche de bodas fue un fracaso. Más tarde diría Isabel II al diplomático León y Castillo: "¿Qué voy a decirte de un hombre que en la noche de bodas llevaba en su camisa más bordados que yo en la mía?". Al parecer el rey Francisco de Asís, alias Paco Natillas, no consumó el matrimonio. La gente cantaba: "Paco Natillas es de pasta flora y se mea en cuclillas como una señora". Dicen que tenía tantos amantes masculinos, como Isabel II. Entre los de la reina cabe destacar a el compositor Emilio Arrieta, Carlos Marfori, José María Ruiz de Arana, conocido este en Madrid como "el pollo Arana". Otro, el militar Puig y Moltó, a quién se atribuía, junto con Arana, la paternidad del futuro Alfonso XII. Por su parte, el pueblo cantaba mientras tanto: "Isabelona tan frescachona y don Paquito tan mariquito.". De don Francisco de Asís se decía que mantenía relaciones íntimas con Antonio Ramos Meneses. Cuando en 1860, el general O,Donell fue a despedirse de Isabel II antes de irse a la guerra de África, la reina le dijo cariñosamente que si ella fuera hombre iría con él. Francisco de Asís, que estaba presente, añadió: "Lo mismo te digo, O,Donell, lo mismo te digo". Sobre Arana hay una anécdota muy graciosa. Un día don Francisco le llegó a decir a la reina que tuviera cuidado con el pollo Arana, que le estaba poniendo los cuernos. Mayor comprensión imposible. Francisco de Asís le decía al ministro de la gobernación :"Es forzoso que Serrano desaparezca. Se ha referido a mí en términos malsonantes. Eso no lo admito. ¡Serrano! ¿sabes lo que es? Un Godoy fracasado. Al menos el otro para obtener los favores de mi abuela supo ganarse el afecto de Carlos IV". Por otra parte, a cada uno de los varios embarazos de Isabel II se atribuye un hombre distinto. Después de "la gloriosa" los dos se exiliaron en Francia, pero el matrimonio se separó. Lo mismo que haría después su nieto Alfonso XIII.

¿Es cierto?

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NotaPublicado: 11 Mar 2008 21:13 
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EL PADRE

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Fernando VII.

Nunca hubo rey más aclamado por su pueblo en el momento de su ascenso al trono. Al principio, le denominaban, con un fervor casi religioso, Fernando "El Deseado". Sin embargo, a lo largo de los años hizo méritos suficientes para que muchos de sus súbditos le cambiasen ese sobrenombre inicial tan halagüeño por otro que le deja a la altura del betún: "El Felón".

A decir verdad, la trayectoria de Fernando resulta un tanto bochornosa vista desde la perspectiva que proporcionan varios siglos de distancia. Fue el noveno de los catorce hijos que alumbró la reina María Luisa, nacida María Luisa de Parma, consorte de Carlos IV: a Fernando le precedieron cuatro hermanos varones y cuatro hermanas féminas. Quiso la -mala- suerte que falleciesen en la infancia los hermanos mayores que él de sexo masculino: Carlos Clemente, Carlos Domingo, Carlos Francisco y Felipe Francisco. Ese hecho hizo de Fernando el heredero de la corona, el príncipe de Asturias. Un príncipe de Asturias, dicho sea de paso, que, bajo la influencia determinante de su rígido y sofocante preceptor, el canónigo Juan Escoiquiz, no sólo adquirió una visión ultra-reaccionaria en materia política, sino una notoria animadversión hacia su cachazudo e incapaz padre, su escandalosa madre y el gran valido de ambos, presunto amante de ella, Manuel Godoy.

Fernando se metió desde muy jovencito en una sarta de conspiraciones contra sus progenitores. Claro que, mirándolo objetivamente, no se trataba del primer heredero dispuesto a encaramarse lo antes posible sobre el trono después de desalojar de él las regias posaderas paternas, pero, ciertamente, eso "nunca queda bonito". Su primera intriga seria acabó en fiasco: descubierto, se le sometió a un proceso en El Escorial, en el curso del cual no sólo delató -con una evidente falta de escrúpulos- a sus colaboradores en la trama, sino que rogó -con una clara falta de sinceridad- el perdón de sus padres. Otro episodio bastante serio se produciría ya en 1808, cuando, a resultas del desastroso Tratado de Fontainebleau rubricado por Carlos IV, las tropas de Napoleón entraron en España "de camino hacia Portugal". Ya aquí, en vez de seguir "el camino hacia Portugal" decidieron también ir acantonándose en territorio español. Fernando aprovechó la coyuntura (el pueblo estaba calentito, por decirlo en suave...) para promover un gran motín popular en Aranjuez que llevó no sólo a la caída de Godoy, sino a la -forzada- abdicación de Carlos IV. Así, de esa forma tan artera, se hacía a sí mismo rey.

Las cosas no le salieron bien. Napoleón, que tenía sus propios planes, "invitó" a toda la familia real española a dirigirse a Bayona, en Francia. Les esperaban -por crédulos y estúpidos- seis años de exilio. Un tiempo que pasaron, mayormente, destrozándole el hermoso castillo de Valençay a un Talleyrand que de buen grado se los hubiese cargado. Carlos IV y Fernando VII se pasaban el tiempo discutiendo acerca de la posesión de la corona, pero de nada les valía porque Napoleón había decidido establecer en Madrid una rama de la "gran dinastía Bonaparte", enviando a su hermano José ("Pepe Botella", para los madrileños) con la esposa, Julie Clary. Fernando VII, cayendo muy bajo, llegó a organizar lujosas fiestas en honor a la segunda boda de Napoleón con la archiduquesa austríaca María Luisa, mientras miles de españoles luchaban a degüello contra los franceses establecidos en el país llevados por el ansia de ver volver a aquel "Deseado".

Al final, Fernando tomó posesión de su reino al extinguirse la buena estrella de Napoleón. El trabajo duro se lo habían hecho sus súbditos y los ingleses, pero él llegó en olor de multitudes, persiguiendo con saña a los "afrancesados" (ay, él que había peloteado hasta el hartazgo al emperador francés) y tratando de desbaratar cualquier atisbo de liberalismo (ay, la pobre Constitución de Cádiz), para implantar un sistema de férreo conservadurismo.


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NotaPublicado: 11 Mar 2008 23:11 
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LA MADRE

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María Cristina.

Isabel de Borbón, la hermana menor de Fernando, se había casado, en su día, con un primo carnal, el rey Francisco I de las Dos Sicilias, de quien tuvo nada menos que doce hijos. Entre esa amplia prole, figuraba una muchacha, María Cristina, que, con veintitrés años de edad, fue la elegida para convertirse en la cuarta esposa (sí, la cuarta) de su tío materno Fernando VII, el cual, entonces, contaba cuarenta y cinco años.

A María Cristina no le tocó ninguna perita en dulce. Fernando ya había tenido tres mujeres: la primera su prima hermana María Antonia de las Dos Sicilias (hermana del padre de María Cristina); la segunda con su sobrina Isabel de Braganza; la tercera con su prima María Josefa Amalia de Sajonia. Ninguna de las mujeres (María Antonia, Isabel y María Josefa Amalia) encontró felicidad alguna en compartir el lecho de Fernando. El hombre, que por otro lado no tenía un espíritu galante ni hacía gala de gran delicadeza en el trato, poseía, según se suele referir, un miembro viril de tales proporciones que causaba dolor a sus parejas, que, además, debían de sentirse terriblemente presionadas para que concibiesen. María Antonia, la pobre, sólo logró concebir dos bebés pero los abortó enseguida; María Isabel murió entre grandes padecimientos, a causa de una cesárea mal practicada que también se llevó a la tumba a su hijita y María Josefa Amalia murió de unas fiebres antes de que lograse siquiera embarazarse.

Sin embargo, pese a semejante historial con las mujeres, María Cristina parece habérselas apañado para conseguir un gran ascendiente sobre su tío-marido. María Cristina se le antojó la más satisfactoria de las esposas que se le habían conseguido. A María Antonia la recordaba como una muchacha no demasiado agraciada y bastante ñoña. Isabel le había supuesto tener que tragarse la humillación pública de que los madrileños, tras contemplar a una novia que traía una dote escasísima y venía mal vestida, clavasen en la verja de palacio un pasquín con la frase: "Fea, pobre y portuguesa...¡chúpate esa!". María Josefa Amalia, totalmente ignorante en material sexual, había necesitado una carta firmada por el mismo Papa para hacerse a la idea de que meterse en cama con el marido no constituía pecado. En cambio, María Cristina era guapa (si se pasaba por alto su nariz), alegre, casquivana y decidida. Fernando, avejentado, experimentó una especie de pasión tardía por su joven mujer, y ya se sabe que con las pasiones de última hora de un hombre que ve acercarse la decrepitud, cualquier muchacha saca buen provecho a poco lista que sea.

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María Cristina y Fernando, paseando por los jardines de La Granja.


Última edición por Minnie el 16 Mar 2008 10:31, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: 11 Mar 2008 23:12 
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sabbatical escribió:
Me encanta el tema, sobretodo la parte de los chascarrillos del pueblo de Madrid respecto a esta pareja tan "atípica", "Isabelona tan frescachona y don Paquito tan mariquito" (grin)

Pongo este texto, extracto de un libro:

Ante los problemas del regente Espartero, se decidió nombrar a Isabel II reina de España y por tanto mayor de edad, tenía 13 años, un mes y dos días. Isabel II mostró desde muy joven un temperamento muy activo en lo sexual. Según parece, seguimos con Carlos Fisas, fue elgeneral Serrano, el "general bonito" como ella lo llamaba quien inauguró el camino que luego iban a seguir muchos de sus amantes. Curiosamente, el mismo Serrano sería un destacado protagonista de "la Gloriosa" y, por tanto, del exilio de Isabel II. Pero lo importante era buscarle un marido y el asunto era peligroso porque no había que mosquear a las distintas potencias internacionales. Al final, el único pretendiente que queda era un primo de Isabel, hijo de la Infanta Luisa Carlota, su tía, la de "las manos blancas" y la bofetada, llamado Francisco de Asís. Dicen que Isabel II le dijo a su madre el día antes de casarse: "He cedido como reina, pero no como mujer. Yo no he buscado a este hombre para que fuese mi marido; me lo han impuesto y no lo quiero" La noche de bodas fue un fracaso. Más tarde diría Isabel II al diplomático León y Castillo: "¿Qué voy a decirte de un hombre que en la noche de bodas llevaba en su camisa más bordados que yo en la mía?". Al parecer el rey Francisco de Asís, alias Paco Natillas, no consumó el matrimonio. La gente cantaba: "Paco Natillas es de pasta flora y se mea en cuclillas como una señora". Dicen que tenía tantos amantes masculinos, como Isabel II. Entre los de la reina cabe destacar a el compositor Emilio Arrieta, Carlos Marfori, José María Ruiz de Arana, conocido este en Madrid como "el pollo Arana". Otro, el militar Puig y Moltó, a quién se atribuía, junto con Arana, la paternidad del futuro Alfonso XII. Por su parte, el pueblo cantaba mientras tanto: "Isabelona tan frescachona y don Paquito tan mariquito.". De don Francisco de Asís se decía que mantenía relaciones íntimas con Antonio Ramos Meneses. Cuando en 1860, el general O,Donell fue a despedirse de Isabel II antes de irse a la guerra de África, la reina le dijo cariñosamente que si ella fuera hombre iría con él. Francisco de Asís, que estaba presente, añadió: "Lo mismo te digo, O,Donell, lo mismo te digo". Sobre Arana hay una anécdota muy graciosa. Un día don Francisco le llegó a decir a la reina que tuviera cuidado con el pollo Arana, que le estaba poniendo los cuernos. Mayor comprensión imposible. Francisco de Asís le decía al ministro de la gobernación :"Es forzoso que Serrano desaparezca. Se ha referido a mí en términos malsonantes. Eso no lo admito. ¡Serrano! ¿sabes lo que es? Un Godoy fracasado. Al menos el otro para obtener los favores de mi abuela supo ganarse el afecto de Carlos IV". Por otra parte, a cada uno de los varios embarazos de Isabel II se atribuye un hombre distinto. Después de "la gloriosa" los dos se exiliaron en Francia, pero el matrimonio se separó. Lo mismo que haría después su nieto Alfonso XIII.

¿Es cierto?


Un genial resumen, jajajaja.
Sí, Sabba, como veremos más tarde, hay mucho trasfondo en este texto magnífico a la hora de retratar el matrimonio de nuestra Isabel.


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NotaPublicado: 11 Mar 2008 23:30 
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LAS NIÑAS

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María Cristina.

María Cristina triunfó dónde habían fracasado sus tres antecesoras. Supo hacer bailar a Fernando al son que ella marcaba: contento con lo que la joven proporcionaba dentro y fuera de la cama, incluso dejó de visitar a su amante de años, Pepa la Malagueña, con quien había puesto cuernos a las pobres Isabel y María Josefa Amalia. Pero, además, María Cristina enseguida se embarazó, sin necesidad de pasarse primero largas temporadas "yendo a tomar las aguas".

Veamos: María Cristina se había casado con Fernando el 11 de diciembre de 1829. Faltaba bien poco para concluír el año en curso y estrenar uno nuevo. Hacia el mes de febrero, se encontró encinta. La gestación no se vió interrumpida, sino que avanzó a su ritmo natural hacia un parto sin excesivas dificultades en el día 10 de octubre de 1830. Aunque el bebé resultó ser una niña, bautizada con el nombre de Isabel, Fernando no lo tomó a mal. Seguramente, su retozona esposa volvería a concebir con idéntica facilidad y podrían presentar a la corte un príncipe de Asturias en breve plazo de tiempo.

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Isabel, bebé.

En efecto, cuando Isabelita tenía siete meses de vida bien atendidos por su nodriza Francisca Ramón, María Cristina comunicó a Fernando que, de nuevo, le había faltado la menstruación. El rey, alborozado, rodeó a su mujercita de más atenciones que nunca en los meses siguientes. Sin embargo, no pudo evitar mostrarse algo chasqueado cuando, el 30 de enero de 1832, María Cristina trajo al mundo una segunda infanta: María Luísa Fernanda.


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NotaPublicado: 12 Mar 2008 00:06 
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A esas alturas, Fernando tenía una salud en franco deterioro. El declive del monarca se había acelerado, algo que él no ignoraba ya que lo sufría a diario en sus propias carnes.

Aquello ponía sobre el tapete de nuevo la cuestión sucesoria. En España, no había existido jamás Ley Sálica: los varones habían gozado, a lo largo de siglos, de precedencia sobre las féminas en igualdad de grado de parentesco con el monarca anterior, pero a ellas no se las vetaba de la sucesión. Sin embargo, Felipe V, el primer rey de la dinastía Borbón, había decidido implantar una Ley semi-Sálica: sólo en el caso de que se extinguiesen todos sus descendientes masculinos, podría sentarse en el trono una descendiente de sexo femenino. Dicho de otra forma: si uno se atenía a la normativa estipulada por el bisabuelo Felipe, a Fernando, de tener sólo hijas, tenía que sucederle, a narices, el hermano que le seguía en edad, que era el infante don Carlos.

Pero, en la época en que María Cristina aguardaba su primera criatura, había convencido a Fernando de que no esperase a ver el resultado de su embarazo para modificar esa Ley. A instancias de su mujer, él decidió sancionar la Pragmática Sanción, lo que significaba que una hija de ambos tendría derecho superior al trono respecto a los tíos paternos empezando por don Carlos. Lógicamente, la cuestión suscitó revuelo, en palacio y fuera de palacio. Así, Isabel, recien nacida, desplazaba a don Carlos. Igual que le desplazaría, hasta un tercer puesto en el orden, la pequeña Luisa Fernanda.

No obstante, las cosas no estaban resueltas dado que había demasiados partidarios de revocar esa Pragmática Sanción que a su vez había revocado la normativa instaurada en tiempos de Felipe V. En ese período se produjo un célebre incidente que refleja hasta qué punto se había enrarecido la atmósfera...

Se trató de un -sonado- episodio que tuvo, como gran protagonista, a la infanta Luísa Carlota, una hermana de la reina María Cristina casada con el infante Francisco de Paula, a su vez hermano de Fernando VII...

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La infanta Luísa Carlota.

Acaeció que, en un momento dado, el rey se hallaba enfermo postrado en su lecho. Su -lamentable- estado propició que algunos prohombres de la corte considerasen casi seguro un inminente fallecimiento. Esa circunstancia obligaba a ejercer una presión inmediata a fín de revertir el orden establecido a favor de la niña Isabel y su hermanita bebé Luísa Fernanda. El ministro de Gracia y Justicia, Francisco Tadeo Carlomarde, era un tipo sorprendentemente ilustrado, pero al estilo despotismo ilustrado; un conservador reaccionario que consideraba que el infante don Carlos respondería mejor sentado en el trono que una cría a quien sin duda serviría de regente "la napolitana". Aprovechando la debilidad física y la ofuscación mental del monarca, Carlomarde le puso delante, para que estampase su real garabato, una ley que abolía la Pragmática, devolviendo vigencia a la ley pre-existente.

Cuando el triunfante Carlomarde salió de la alcoba enarbolando el papel, se encontró de frente con la infanta Luísa Carlota, que había viajado desde Sevilla -dónde residía con su esposo e hijos- hasta Madrid para acompañar a su atribulada hermana María Cristina. Luísa Carlota tenía un carácter marcado, no se dejaba amilanar ante nada ni ante nadie y no íba a empezar a hacerlo a aquellas alturas del juego, cuando estaba en peligro la herencia de su sobrinita Isabel. Enfrentándose a Carlomarde, le arranca el codicilo para hacerlo pedazos y en plena discusión no duda en cruzarle la cara al ministro de una bofetada. Carlomarde, dentro de lo que cabe, reaccionó con extrema caballerosidad: mirando a la infanta, pronunció la famosa frase "Manos blancas no ofenden".

Ese notable incidente entre Luísa Carlota y Carlomarde hizo que todos comprendiesen que los últimos meses de vida de Fernando VII representarían una batalla a cara de perro entre los partidarios de don Carlos, que se había marchado a Portugal, y los partidarios de doña Isabel. En cuanto Fernando se hubo recuperado de la crisis durante la cual se había producido la intentona de Carlomarde, María Cristina y Luísa Carlota le urgieron a dejar claro de nuevo la validez de la Pragmática. A la vez, María Cristina, inspirada por su hermana Luísa Carlota, aprovechó para hacerse con el poder efectivo: se sacó de enmedio a los "realistas puros" (partidarios de don Carlos), se rodeó de moderados y tendió puentes hacia los liberales, pues le constaba que necesitaría apoyos para afrontar lo que se le venía encima.


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NotaPublicado: 12 Mar 2008 00:21 
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Y así empezó todo.

Las trincheras estaban claramente delimitadas para cuando Fernando VII abandonó la vida, el 29 de septiembre de 1839; se había ído con la conciencia turbada, pues al final, realmente, no llegó a tener claro si hacía lo correcto dejando el trono a su hija Isabel, de tres años de edad, bajo tutela y regencia de María Cristina. De repente, María Cristina, reina viuda, se transformaba a la vez en María Cristina, reina regente...

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María Cristina de luto.

...para una criatura que tardaría años en poder hacerse cargo de su destino.

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Isabel reina.

Por supuesto, el enemigo declarado sería, desde el principio, don Carlos. Un tío debería representar una figura fieramente protectora y afectuosa hacia una pequeña sobrina huérfana; pero, en ese caso, no había ninguna posibilidad de que él asumiese el rol, dado que vivía con el firme propósito de arrebatarle la corona a la pequeña. Aún no se había enfriado el cadáver de Fernando cuando Carlos promulgó desde Abrantes, en Portugal, el famoso Manifiesto de Abrantes, en el cual se intitulaba "rey Carlos V de España"; su esposa María Francisca de Braganza sería por tanto "la reina consorte". Cinco días después de que se hubiese emitido el Manifiesto, en Tricio, La Rioja, al frente de una nutrida tropa, el general Santos Ladrón de Cegama, proclamó a "Carlos V".

Acababa de empezar la guerra carlista.


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NotaPublicado: 12 Mar 2008 00:23 
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Lo cuentas de tal manera que tú misma te comentas, nada que objetar, está resultando divertidísimo, este tema promete (wink)

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NotaPublicado: 12 Mar 2008 21:53 
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Parece ser que en el deseo que tenía Luisa Crlota de que Isabel fuera reina ,no sólo estaba el amor a su hermana Mª Cristina, sino la manía, quizás odio que sentía hacia su cuñada Mª Francisca de Braganza esposa del infante don Carlos.También entonces pensaba ya en una futura boda de su hijo con Isabel.


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NotaPublicado: 12 Mar 2008 21:56 
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legris escribió:
Parece ser que en el deseo que tenía Luisa Crlota de que Isabel fuera reina ,no sólo estaba el amor a su hermana Mª Cristina, sino la manía, quizás odio que sentía hacia su cuñada Mª Francisca de Braganza esposa del infante don Carlos.También entonces pensaba ya en una futura boda de su hijo con Isabel.


Estoy de acuerdo ;)
Cuando una infanta toma partido de forma tan vehemente y rotunda como lo hizo Luísa Carlota, suele ser porque confluyen una serie de factores, alguno de índole sentimental o emocional, pero otros relacionados con intereses propios -a corto, medio o largo plazo-.


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NotaPublicado: 12 Mar 2008 22:05 
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Registrado: 17 Feb 2008 21:02
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Ubicación: ESPAÑA
Pero la anécdota rompiéndole el papel en mil pedazos es buenísima, me ha encantado
Soy una romántica (grin) (grin)

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