Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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 Asunto: Historia militar española. ABC
NotaPublicado: 06 Abr 2013 11:14 
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ABC viene publicando una serie de artículos sobre historia militar española muy interesantes y parece que bien documentados.

Sería bueno reunirlos en un hilo. No sé si ya se habrá recogido alguno en el foro, pero mientras nadie me indique lo contrario, los voy poniendo aquí.

Pd. Que conste que no trabajo en ABC, que hoy todas las entradas que hago están relacionadas con este periódico :XD:


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 Asunto: Re: Historia militar española. ABC
NotaPublicado: 06 Abr 2013 11:23 
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Empezamos con...

Blas de Lezo, el almirante español cojo, manco y tuerto que venció a Inglaterra:

Imagen
Retrato conservado en el Museo Naval de Madrid



http://valencia.abc.es/20121026/archivo/abci-blas-lezo-201210251658.html


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 Asunto: Re: Historia militar española. ABC
NotaPublicado: 06 Abr 2013 11:58 
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 Asunto: Re: Historia militar española. ABC
NotaPublicado: 10 Jun 2013 16:18 
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Y ya que habéis sacado a Blas de Lezo (una de mis debilidades) os comunico que se están recogiendo firmas en change.org para erigirle una estatua en Madrid.
La verdad es que es una pena que a éste héroe no lo conozca casi nadie; si fuese inglés o americano habríamos visto 20 pelis, 10 series y chopotecientos libros sobre él; pero nuestra querida España is different... por desgracia en éste caso.
Si lo consideráis oportuno, podéis votar y compartirlo.
Saludos


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 Asunto: Re: Historia militar española. ABC
NotaPublicado: 27 Oct 2013 10:04 
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Río Salado, 1340: cuando Castilla frenó el avance musulmán en tierras de Tarifa
manuel p. villatoro / madrid Día 27/10/2013 - 08.43h

Imagen

Cuadro de la Batalla del Río Salado que se exhibe en el Real Monasterio de Guadalupe.


Con espada, lanza, escudo, y un deseo ciego de detener el avance enemigo a través de la Península Ibérica. Así combatieron en 1340 los casi 22.000 soldados del ejército castellano que –con ayuda portuguesa- lograron derrotar en las gaditanas orillas del rio Salado a un ejército musulmán tres veces superior en número. Aquella jornada, además, los cristianos no sólo lograron alzarse con una victoria que parecía imposible, sino que también aplastaron el que, a la postre, sería el último intento africano de reclamar para sí las tierras de los diferentes reinos españoles.

La Península Ibérica atravesaba entonces tiempos duros en los que dos culturas se disputaban su soberanía a base de mandobles y sangre. Así, por un lado se encontraban los musulmanes –que habían tomado la mayoría del territorio hispánico con sus ejércitos y estaban asentados en él desde hacía cinco siglos-; y por otro empezaban a cobrar fuerza los reinos cristianos –los cuales, desde el año 722, se habían propuesto retomar la totalidad de la entonces primitiva España desde el norte-. Se vivía, en definitiva, el periodo de la Reconquista.


Los benimerines toman el poder

El paso de los siglos trajo consigo la expansión de los cristianos, que, batalla tras batalla, avanzaron a través de la estepa castellana ganando terreno a los musulmanes. Sin embargo, hubo que esperar nada menos que hasta 1212 para que la Reconquista llegara a su punto álgido en una batalla que marcó la decadencia del imperio almohade (la dinastía marroquí que dominaba el norte de África y el sur de España).

«Tras la decisiva victoria de las Navas de Tolosa en 1.212 los almohades perdieron el control sobre el sur de la Península y se replegaron al norte de África, dejando tras de sí un conjunto de desorganizadas taifas que fueron conquistadas por los reinos cristianos entre 1.230 y 1.264 (…). Tan sólo el reino nazarí de Granada logró mantenerse independiente (…). Por aquel entonces, Granada comprendía las actuales provincias de Granada, Almería y Málaga, más el istmo y peñón de Gibraltar», afirman Juan Vázquez y Lucas Molina en su obra «Grandes batallas de España».

Tal fue la derrota de 1212, que el imperio almohade no pudo en los años siguientes defenderse de los benimerines, unas tribus bereberes que, como buscaban desde hacía años, acabaron con ellos y tomaron el control del norte de África. Sin embargo, parece que esta parcela de territorio pronto se hizo pequeña para sus nuevos conquistadores, ya que, a finales de siglo, declararon la guerra santa a los cristianos y pusieron los ojos sobre su siguiente objetivo… la Península Ibérica.


La llegada a Tarifa
Así, y todavía con una Reconquista que finalizar, los reinos cristianos tuvieron que hacer frente a estos nuevos y numerosos enemigos a partir del año 1300. La situación terminó de recrudecerse cuando, en 1339, Abu-I-Hasan –el rey benimerín-, arrebató con su flota las aguas del estrecho de Gibraltar a Castilla. Esta derrota supuso un severo golpe para los cristianos, pues permitió a los musulmanes desembarcar en el sur de la Península y, a su vez, enviar a tierras españolas todos los refuerzos que desearon sin ninguna oposición.

Lejos de detenerse, los benimerines aumentaron su poder aliándose con el reino nazarí de Granada y, a mediados de septiembre, iniciaron la marcha hacia la ciudad cristiana de Tarifa, la cual sitiaron. La lucha musulmana contra el infiel llamaba de nuevo a la puerta de los reinos cristianos (encabezados por Castilla y Aragón). Por ello, y ante lo desesperado de la situación, el rey castellano Alfonso XI decidió poner fin a la situación haciendo uso de la táctica que mejor conocía: la guerra.

«Digno competidor iba a encontrar (el rey benimerín) en el joven y fogoso Alfonso XI (…) Guerrero nato, se decía de él que ni un solo día podía vivir sin guerra y que cuando no la tenía con los hombres la buscaba con las grandes alimañas de las sierras y las breñas o tomaba parte muchas veces sin darse a conocer en las justas y torneos», destaca el ya fallecido experto en historia Ambrosio Huici Miranda en su libro «Las grandes batallas de la Reconquista durante las invasiones africanas».


Los ejércitos se encuentran


Sin dudarlo, Alfonso XI ordenó preparar a sus soldados para encontrarse con el ejército musulmán que asediaba Tarifa, el cual había recibido también tropas de refuerzo de Yusuf I, rey nazarí de Granada. No obstante, y ante la descomunal fuerza enemiga, el castellano solicitó ayuda a su suegro, el rey Alfonso IV de Portugal. Con todo, el tiempo jugaba en contra de los cristiano, ya que, con cada jornada de retraso en la organización, se corría el riesgo de que las máquinas de asedio enemigas acabaran con las murallas de la ciudad gaditana.

Por ello, el ejército cristiano forzó la marcha hasta que, casi extenuado, llegó a finales de octubre de 1340 las orillas del río Salado –un pequeño arroyo de unos siete kilómetros de longitud ubicado cerca de la ciudad de Tarifa-. Una vez allí, la vista del contingente musulmán encogió por breves momentos el corazón de los soldados. Y es que, a las puertas de la urbe, se agolpaban nada menos que entre 60.000 y 80.000 enemigos, un ejército formado en su mayoría por lanceros a pie, ballesteros y los temidos jinetes ligeros mahometanos –de gran versatilidad en el combate-.

Mientras, la potencia del contingente aliado se hallaba principalmente en su experimentada caballería pesada. «El ejército castellano se componía, según la “Crónica de Alfonso XI” (…) de ocho mil jinetes y doce mil infantes, y que el rey de Portugal no llegó más que con mil caballeros (…). Los defensores de Tarifa no podían ser mucho más de otro millar, dado el reducido perímetro de la plaza (…). Parece, por lo tanto, muy razonable calcular que el total de los soldados de los dos Alfonsos no pasaría de 22.000», añade Miranda en su obra.


Se inician los preparativos

Frente a frente, y solo con el río Salado entre ellos, los mandos de ambos ejércitos empezaron a situar sus tropas sobre el improvisado tablero en el que se había convertido la tierra de Tarifa. Así, los musulmanes decidieron quemar sus máquinas de asedio para evitar que fueran capturadas y, tras dividir sus tropas en dos campamentos, se posicionaron para plantar cara a las fuerzas combinadas. Por su parte, Alfonso XI sorprendió a sus enemigos al lograr que 5.000 de sus hombres (4.000 infantes y 1.000 jinetes) rompieran de improviso el cerco que había alrededor de la ciudad y entraran en Tarifa para reforzar a sus extenuados defensores.

En la mañana del 30 de octubre, después de confesarse, los cristianos formaron en la que podía ser su última batalla antes de pasar al otro mundo. A su favor tenían la fuerza de la caballería y la fe, pues esta campaña había sido calificada de cruzada por el Papado. Las órdenes estaban claras: los castellanos combatirían contra los benimerines mientras que los portugueses harían frente a las tropas de Yusuf. Para ello, el rey luso recibió el apoyo de 3.000 jinetes hispanos.

«Los cristianos formaron su línea de batalla, como era habitual, con una vanguardia de caballería pesada castellana y de órdenes militares, seguida de un cuerpo principal de infantería. A ambos flancos estaban dos unidades de caballería (…) y en el flanco izquierdo, la caballería pesada portuguesa. El ejército musulmán formó con una sólida falange de infantería, detrás de la cual se situó la caballería magrebí, dividida en cinco grandes unidades. Por detrás se colocó una gran masa de infantería. En el flanco derecho formó la caballería nazarí, al mando de Yusuf I» determinan los autores españoles en su obra.


Una conclusión increíble

Después de que el sol se alzara lo suficiente como para que no molestase la visión de los cristianos, el contingente aliado se dispuso a atravesar el río Salado y enfrentarse, de una vez por todas, al enemigo. La vanguardia castellana fue la primera en atacar. «Llegando al río tomaron un estrecho puente, que defendían dos mil quinientos caballos musulmanes, y siendo ellos ochocientos les hicieron ceder el campo», afirma Miranda en su obra.

Sin embargo, en lugar de asegurar el puente, la caballería pesada formó una extensa línea y se abalanzó, con sus armas en ristre y preparadas para devastar las líneas enemigas, contra la infantería musulmana. El choque fue terrible para los mahometanos, que, ante la intensidad de la carga de los jinetes pesados rompieron bruscamente la formación. No obstante, la contienda no había hecho más que empezar.

Ante la desbandada de los hombres a pie, a la caballería benimerín no le quedó más remedio que cargar contra los jinetes pesados castellanos en lugar de llevar a cabo su táctica predilecta: la de asaltar y atacar constantemente al enemigo disminuyendo así el peligro de sufrir bajas. Al parecer, este fue uno de los primeros errores musulmanes, pues se enzarzaron en una lucha cuerpo a cuerpo a la que, en pocos minutos, llegaron también varios grupos de infantería aliada e, incluso, más soldados a caballo.

Mientras, en el flanco izquierdo, los jinetes portugueses trabaron combate con los nazarís, a los cuales hicieron huir gracias al apoyo de los caballeros castellanos. Según parecía, y a pesar de la superioridad numérica musulmana, la batalla iba a terminar con una victoria aplastante de los cristianos. Con todo, los aliados sabían que todavía tenían que hacer frente a la potente retaguardia de infantes enemigos en un último y cruento combate.

Pero, cuando este contingente iba a unirse a la refriega, un milagro se sucedió para los aliados pues, de improviso, los defensores de Tarifa salieron de la ciudad decididos a asaltar la retaguardia musulmana. Atrapados entre dos fuerzas, los mahometanos supieron al instante que la contienda era imposible de ganar, por lo que iniciaron una retirada caótica que acabó con muchos de ellos ahogados en la playa. Finalmente, y ante la huida masiva, los castellanos y lusos destrozaron los campamentos enemigos, donde hallaron inmensos tesoros. De forma cas increíble, se había logrado vencer.


http://www.abc.es/historia-militar/20131026/abci-salado-1340-cuando-castilla-201310251527.html

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 Asunto: Re: Historia militar española. ABC
NotaPublicado: 27 Oct 2013 11:41 
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Es increíble la cantidad de veces que, estando en el filo de la navaja (o espada en este caso), el resultado final de una batalla lo decide la suerte, una decisión acertada de última hora, un hecho inesperado que se produce para beneficio de uno de los contendientes... Independientemente de la preparación, la experiencia y la indudable calidad de muchos de nuestros guerreros, en algunas ocasiones de la Reconquista hemos estado ahí ahí :XD: a punto de cagarla (grin)

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 Asunto: Re: Historia militar española. ABC
NotaPublicado: 02 Nov 2013 11:06 
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Me viene de perlas. Interesante para poder profundizar un pelín en este personaje. :bien:

Villeneuve, el almirante francés que provocó el desastre de Trafalgar

manuel p. villatoro / madrid
Día 02/11/2013 - 04.02h


Imagen

El «Bucentaure», el navío comandado por francés Villeneuve en la Batalla de Trafalgar, pintado por Auguste Mayer


Horatio Nelson, Cosme Damián Churruca o Jorge Juan. Existen nombres que, inevitablemente, han quedado asociados a la valentía y la victoria a lo largo de la Historia. Sin embargo, no es el caso de Villeneuve, el almirante francés cuya incompetencia llevó a la armada franco-española a sucumbir ante la Royal Navy en Trafalgar el 21 de octubre de 1.805.

Pierre Charles Jean Baptiste Silvestre de Villeneuve vino al mundo en 1.763 en el sur de Francia (concretamente, en Provence). Gracias a que provenía de una familia aristocrática, pronto pudo hacer realidad su sueño de surcar los mares y océanos como guardiamarina (aprendiz) y, en 1.978 -cuando contaba escasamente con una quincena de años a sus espaldas- dio el mosquetazo de salida a su carrera naval.

Durante esa tierna edad, Villeneuve probó en multitud de ocasiones su valor y su capacidad para desenvolverse dentro de un navío de guerra. De hecho, protagonizó varios actos de intrepidez a las órdenes del famoso almirante Suffren, el hombre que, durante varios años, mantuvo en jaque a la flota inglesa en el océano Índico a pesar de contar con un menor número de navíos.

Eran, sin duda, buenos tiempos para Francia y para el joven Pierre. Pero su suerte cambió radicalmente con el estallido de la Revolución. Y es que, la llegada de una nueva forma de pensamiento al ejército provocó que muchos de los oficiales de la armada decidieran exiliarse antes que servir a la «nouvelle France».

«Por el contrario, Silvestre (…) no sólo se apuntó al tumulto, sino que hizo desaparecer de su D.N.I de entonces el aristocrático “de” de su apellido para parecer más revolucionario. Primer síntoma de vulgar chaquetero y trepador. Naturalmente, subió en el escalafón como las balas y en 1.796 fue promovido a contralmirante» afirma Luis Rodríguez Vázquez en su obra «La historia encadenada».

Aboukir, la vergüenza de Villeneuve

Sin embargo, la capacidad de Villeneuve comenzó a quedar en entredicho en 1.798, año en que soplaban vientos de guerra entre franceses e ingleses. Era una época difícil y, por ello, los galos decidieron dar un golpe de mano a la «Pérfida Albión». Su plan era sencillo: una flota viajaría hasta Egipto con intención de desembarcar y amenazar las posesiones británicas en la zona.

Así pues, una armada formada por 13 navíos de línea y 4 fragatas navegó hasta Aboukir, en Alejandría, donde dispusieron sus buques para el desembarco. En uno de ellos, el «Guillaume Tell» -de 80 cañones-, lucía flamante como capitán Villeneuve. A su vez, nuestro protagonista tenía bajo su mando varios de los barcos de la flota. No obstante, y una vez posicionados, los franceses recibieron una sorpresa muy desagradable cuando, a través del horizonte, vieron aparecer a la armada inglesa al mando del Contralmirante Nelson.

Velozmente, los galos formaron tres compactas líneas de batalla para tratar de repeler al experimentado marino británico. Villeneuve, por su parte, recibió órdenes de dirigir la retaguardia. Era, sin duda, un gran momento para demostrar sus dotes para el mando, pero no iba a ser aprovechado por el aún joven Pierre. Durante la noche, Nelson se lanzó al combate y, haciendo gala de una gran capacidad estratégica, destrozó las primeras líneas francesas a base de cañón y espada. En pocas horas, la operación de los franceses se fue al traste.

«El resultado: once buques apresados o hundidos, dos fragatas idem y sólo dos navíos franceses, el “Guillaume Tell” y el “Genereux” con las fragatas “Diana” y “Justine” lograron escapar, huyendo sin hacer el más mínimo intento de socorrer a los suyos, los cuatro de la retaguardia que mandaba Villeneuve», completa el experto. Tras este desastre, Pierre se ganó el odio de la mayoría de sus compañeros aunque, curiosamente, no de Napoleón, quien afirmó que era un hombre con suerte.

Hacia la conquista de Inglaterra

Con todo, la desconfianza de Napoleón en Villeneuve no disminuyó y, en 1.805, el «pequeño corso» le puso al mando de una flota con unas órdenes de vital importancia para el devenir de Francia. Concretamente, el líder francés pretendía invadir Inglaterra aunque, para ello, necesitaba eliminar a la flota británica que patrullaba el Canal de la Mancha. A continuación, y ya con el camino libre, podría transportar por mar a sus experimentados infantes hasta la «Pérfida Albión».

No hubo más que hablar. Antes del verano, Villeneuve recibió órdenes de dirigirse con una flota francesa apoyada por varios buques de la entonces aliada España hasta las Américas. Una vez allí, debía atacar las posiciones británicas hasta que los ingleses se decidieran a enviar a la Royal Navy en su busca y dejaran libre el Canal de la Mancha.

Esta primera parte del plan fue llevada a cabo a la perfección por el almirante. Sin embargo, los problemas surgieron cuando pretendía volver a Europa para transportar a la Grande Armée hasta las islas británicas, pues fue detenido por una flota enemiga inferior en número en la batalla de Finisterre. Después de esta derrota, Villeneuve no pudo cumplir su misión y, por lo tanto, destrozó el sueño de Napoleón de pisar las islas británicas.

A su vez, Villeneuve siguió aumentando su lista de errores pues, en lugar de seguir las nuevas premisas que llegaron desde Paris, decidió protegerse en la bahía de Cádiz. Esto fue demasiado para el «pequeño corso», quien decidió enviar un sustituto para que, con carácter inmediato, tomara el mando de la flota franco-española anclada en aguas gaditanas.

El 14 de octubre, el contralmirante recibió la amarga noticia de su sustitución y, tan sólo cinco jornadas después, tomó la decisión que le valdría la mayor derrota naval de su vida: ordenó, en contra de lo que opinaban capitanes varios españoles como Escaño y Gravina, izar velas y dirigirse al cabo Trafalgar, donde aguardaba una flota inglesa dirigida por Nelson.

El desastre de Trafalgar

Unas pocas jornadas después, el 21 de octubre de 1.805, Villeneuve dio las órdenes pertinentes para enfrentarse, con 18 navíos franceses y 15 españoles, a los 27 comandados por Nelson. No obstante, su anticuada forma de comprender las batallas navales y sus extrañas maniobras provocaron que la flota aliada se desordenara y fuera presa de la Royal Navy. De nada valió la intrepidez de marinos como Churruca pues, finalmente, la ineptitud del galo llevó a los aliados al desastre.

Una vez que se disipó el humo de los cañones, y tras horas de combate en la que los aguerridos españoles demostraron su fiereza frente a los experimentados marinos ingleses, la situación era dantesca para la flota combinada. La batalla de Trafalgar se saldó con 2.500 heridos y 4.500 muertos para los aliados, una cifra muy por encima de los 1.250 heridos y 450 fallecidos británicos.

Una extraña muerte

A su vez, y además de la estrepitosa derrota, el almirante francés fue capturado por la Royal Navy. No había, sin duda, peor destino para Villeneuve el cual, a pesar de haberse batido valientemente contra los casacas rojas, demostró al mundo su ineptitud en el mando.

Con todo, la suerte quiso que Villeneuve fuese liberado, tras lo cual, decidió partir hacia París para dar explicaciones a Napoleón. No obstante, nunca llegó a su cita pues, el 22 de abril de 1.806, su cuerpo apareció apuñalado en el torso varias veces en un hotel de Rennes. La investigación posterior determinó que había sido un suicidio, pero, como es lógico, las sospechas de asesinato se cernieron sobre el «pequeño corso». Así, en una sucia habitación, y lejos del mar, acabó la historia de este desdichado almirante.


http://www.abc.es/historia-militar/20131102/abci-villeneuve-almirante-frances-provoco-201311011423.html

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 Asunto: Re: Historia militar española. ABC
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 Asunto: Re: Historia militar española. ABC
NotaPublicado: 03 Nov 2013 12:29 
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(like) Buena entrevista. El señor Pérez-Reverte siempre tan clarito. =D> =D>

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 Asunto: Re: Historia militar española. ABC
NotaPublicado: 09 Nov 2013 07:12 
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 Asunto: Re: Historia militar española. ABC
NotaPublicado: 23 Nov 2013 19:18 
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Pavía,donde el arcabuz español aplastó a la caballería francesa

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