Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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NotaPublicado: 28 Ago 2008 08:46 
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En el hilo de HELENA-IRENE-CATALINA, paraíso ha puesto una estupenda foto del funeral del hijo de Georgios y Marie Bonaparte, y añade como comentario que Federica le negó el saludo a su viuda, así como otros miembros de la familia, ¿Se sabe por qué del gesto de Federica...??

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NotaPublicado: 28 Ago 2008 13:19 
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Aquí viene la última entrega dedicada a "Palo", como ella lo llama. A partir de aquí empieza a hablar de la guerra y no para. Para que os hagais una idea, todo lo que he escrito hasta ahora ocupa tan solo 40 páginas, y eso que me he saltado partes de flores silvestres, montañas y caballitos por las laderas de los montes. En cambio la Segunda Guerra Mundial y su refelxiones sobre el sentido de la existencia, abarcan 260 páginas. A mi, personalmente, lo que más me gusta son las 260 páginas que vienen tras este último capítulo.

“Mis dos hijos mayores, Sofía y Constantino, nacieron en mi salón, en nuestra casita. Mis padres fueron a Atenas para el nacimiento de Sofía, pero cuando nació Tino, la guerra había empezado y no les fue posible desplazarse. Palo estuvo todo el tiempo a mi lado apretándome la mano. El Jefe del Gobierno estaba en el salón de abajo con el Rey, pues era costumbre que el Primer Ministro se encontrara en la casa.

Al principio del embarazo de Sofía me sentí muy mal. Creí que se trataba de algo de estómago, pero Palo sabía que íbamos a tener un hijo, lo que me pareció increíble. Como ni siquiera se me había pasado por la imaginación semejante cosa, dije: « ¿Qué voy a tener un niño? ¡Ni pensarlo! ». Pero pronto empecé a pensar en ello como la cosa más natural.

Palo y yo hubiésemos querido que nuestra hija se llamara Olga. Pero cuando terminaron las salvas de ordenanza (veinte cañonazos si el príncipe que viene al mundo es una niña), la gente que se agolpaba alrededor de la casa empezó a gritar « ¡Sofía! ¡Sofía!...». En las familias griegas se acostumbra a dar a los hijos los nombres de los abuelos, y no hay manera de darles otros diferentes. Era tan feliz en mi nueva vida, que por nada del mundo la hubiese cambiado. No obstante, las primeras Navidades en mi hogar tuvieron un momento de tristeza, aunque esto me hiciera reír más tarde. Las Navidades en casa de mis padres fueron siempre un acontecimiento importantísimo. Antes de entregarnos los regalos, íbamos a la iglesia. Ahora, en Grecia, pensé que debía hacer lo mismo. Como por aquellos días yo seguía siendo protestante, acudí a una iglesia protestante sin darme cuenta de que ir sola cuando siempre lo había hecho con mis padres y mis hermanos. Resultaría triste para mí. Me pusieron un sillón enfrente de los bancos de la comunidad de fieles. El pastor leyó el Evangelio de la Natividad y los feligreses cantaron a coro un himno navideño. Me eché a llorar, y el pastor, al advertirlo, cerró el Libro, sacó un pañuelo del bolsillo, se sonó, dejó de hablar y se volvió hacia el altar. En aquel momento el resto de los fieles empezó también a llorar.

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Si no recuerdo mal, esta imagen es tuya Kalli. La pusiste en el tema de la reina Sofía.

Después de la guerra, ingresé en la Iglesia ortodoxa griega. Era la religión de mi pueblo, que había sufrido tanto y con el que cada día me sentía más identificada, por lo que pensé que también debía ser la mía.

En los dos primeros años de nuestro matrimonio, mi marido me enseñó toda Grecia y me hizo enamorarme de ella. Lo primero que me hizo ver fueron las islas, que son la parte más hermosa del país. Son tan fascinantes porque no se parecen en nada al resto de Europa. Como Palo era muy marinero, las llevaba muy dentro de su corazón.

El primer verano de casados alquiló un yate para llevarme a descubrir las islas. La verdad es que, por entonces, no me hacía mucha navegar. Recuerdo que al comenzar nuestro primer viaje el mar estaba en calma y no pudimos izar las velas. Luego se levantó una ligera brisa. Palo, encantado, las izó Como el balandro se inclinó un poco y yo me asusté mucho, no hubo más remedio que arriarlas y poner en marcha el motor. Cuando me acostumbré, descubrí el placer de navegar a vela y acabé por tener mi propio balandro.

Para mí era algo completamente nuevo tenderme en la blanca arena de las playas, adentrarme en las tibias aguas del mar y navegar de noche junto a Palo, que llevaba el timón. Una noche me quedé dormida en cubierta, porque el calor en el camarote era asfixiante. Me despertó un ruido como el de una tremenda tos ronca. Pregunté a Palo qué era aquel ruido y me contestó: « Lo creas o no ha sido un delfín acatarrado ». Ni él ni yo habíamos oído decir que los delfines se acatarrasen. Pero el animal salía del agua para respirar y toser terriblemente, se sumergía y volvía a reaparecer, tosiendo todavía.

Durante los años de la guerra, añoré mucho las islas. Hay un puñado cerca de Levkas en las que el mar que las rodea está tranquilísimo y el agua es tan transparente que desde bastante lejos de la playa se pueden ver los peces y las piedras del fondo. Es un paisaje marítimo de gran placidez. Si se llega a la costa a primera hora de la mañana y todavía dormidos, nos despierta el canto de las chicharras, podemos asegurar que estamos cerca de alguna de aquellas islas cubiertas de árboles, en donde las chicharras son más ruidosas que en cualquier otra parte.

El panorama más hermoso que recuerdo es el de Sunion por la noche. Echamos el ancla cerca de la isla una cálida noche de luna llena. En aquel tiempo, el lugar estaba desierto. A eso de medianoche, mi marido tomó una barquita de remos para llevarme al templo que se alza en el promontorio, construido sobre un acantilado. No se podía distinguir dónde empezaban y terminaban el mar, el cielo y la tierra. Todo estaba oscuro, menos el templo, blanquísimo bajo la luz de la luna. Contemplar Sunion a distancia desde una barca y ver reflejarse la luna sobre sus columnas es un espectáculo maravilloso e inolvidable. Ahora la isla está invadida por la multitud y no será tan encantadora como antes. Pero a pesar de todo, sigue siendo uno de mis lugares favoritos en Grecia.

En el primer viaje sufrí mucho con el calor, al que no estaba acostumbrada, y además, para empeorar las cosas, me encontraba embarazada de Sofía. En aquellos días no había aire acondicionado. Palo ponía grandes bloques de hielo en mi cama y enchufaba el ventilador para mantener fresco el aire. No creo que lo consiguiese, pero sólo con mirar el hielo me aliviaba.

Los habitantes de las islas se alegraban mucho de que yo fuese a tener un hijo. Paseando por los pueblecitos de Corfú, las mujeres se acercaban a tocarme. Viéndome embarazada pensaban que iba a dar un heredero al trono y levantaban las manos al cielo. Yo me sentía violenta, pero Palo se reía. No tardé en acostumbrarme y comprender sus sentimientos.

En todas partes, la gente nos rodeaba intentando darnos la mano y hablándonos como si fuésemos de la familia. Siempre hablaban de tú a mi marido, aunque, por lo general, usaban el usted más respetuoso para dirigirse a sus padres. Llamaban a mi marido por su nombre. No sólo mientras fue príncipe heredero, sino siendo ya rey, era para su pueblo « Pavlos » y nada más.

Yo era joven y estaba muy enamorada de mi marido. En aquello hermoso país era muy natural que empezara a sentirme parte integrante del mismo y de sus gentes, que poseen una maravillosa cualidad: que uno puede mostrarse ante ellas tal cual es. No hay nada que esconder. Y se puede manifestar libremente todas las emociones, pues es la mejor manera de hacerse comprender”.


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NotaPublicado: 28 Ago 2008 13:30 
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NotaPublicado: 28 Ago 2008 18:04 
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sabbatical escribió:
En el hilo de HELENA-IRENE-CATALINA, paraíso ha puesto una estupenda foto del funeral del hijo de Georgios y Marie Bonaparte, y añade como comentario que Federica le negó el saludo a su viuda, así como otros miembros de la familia, ¿Se sabe por qué del gesto de Federica...??


Más o menos, Sabba ;)
Peter, el hijo de Georgios y Marie, "sulfuró" a toda su familia al iniciar una relación con Irina Alexandrovna Ovtchinnikova. Ella era la hija de un orfebre que había trabajado para la corte de los Romanov y, en plena juventud, se había casado con un aristócrata francés, Jean de Máuleon. Al estallar la Revolución en Rusia, creo recordar que Jean de Máuleon e Irina Ovtchinnikova se encontraban en Crimea. Enseguida emprendieron el viaje de huída de los acontecimientos hacia Francia.

Irina estaba casada, por tanto, cuando Peter se enredó en una aventura con ella. Es posible que, al principio, la familia real griega lo considerase un asuntillo pasajero, algo a lo que más valía no prestar atención porque tendría una fecha de caducidad marcada de antemano. Pero las cosas no fueron así. Cuando la familia griega le pidió a Peter que volviese a Atenas, porque ocupaba el tercer lugar en la línea de sucesión al trono justo después de Pavlos y del príncipe Georgios, éste insistió en no regresar si ello significaba dejar tras sí a Irina. Según parece, Irina, temerosa de que el rey Georgios II convenciese a su primo Peter de que rompiese la historia y se casase adecuadamente, había amenazado a Peter con suicidarse si él se plegaba a los deseos del monarca. En fín, que hubo bastante jaleo. Por fín, Peter tomó la decisión de casarse con Irina, ya divorciada, en 1939. Georgios, su padre, se enfadó tanto por esa boda que no volvería a dirigirle la palabra a Peter...

Ulteriormente, a la muerte de Pavlos I, Peter fue "un grano en el culo" para Constantinos II. Antes de tener hijos con Anne Marie de Dinamarca, Constantinos había considerado presunta heredera a su hermana menor, Irene. Pero Peter protestó sonoramente, pues consideraba que, pese a su boda con Irina, él tenía precedencia sobre la princesa Irene en la línea de sucesión. Cuando Anne Marie tuvo el primer bebé, fue una niña: Alexia. Entonces se la consideró heredera eventual a ella (así se la vió hasta el nacimiento de su hermanito Pavlos, actual duque de Sparta). Y Peter siguió cuestionando a Alexia igual que había cuestionado a Irene.

Me imagino que Freddie estaba muy harta del primo Peter. Ir a su entierro constituía un deber familiar, pero en cierto modo se tomó la revancha no queriendo saludar a Irina, la rusa que, en opinión general, había influído negativamente en Peter durante décadas...


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NotaPublicado: 29 Ago 2008 17:17 
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“Recuerdo la noche en que el rey Jorge vino a nuestra habitación para decirnos: « Italia nos ha atacado. Desde hoy estamos envueltos en la contienda. Yo esperaba ser un Rey que no tuviese que ir a la guerra. Ahora, nuestro pueblo tendrá que sufrir mucho una vez más ».

Es posible que el destino nos golpee para que nos demos cuenta de nuestra pequeñez y aprendamos a servir mejor a Dios y al prójimo. Cuando esto se logre por la inteligencia y no por el sufrimiento, prevalecerá la armonía entre los pueblos y se evitará la guerra entre las naciones.

Desde luego, nuestro pueblo olvidó el egoísmo. Nunca había visto tanta generosidad. Dejaron de existir los intereses personales; las luchas políticas se relegaron al olvido y los enemigos se convirtieron en amigos. El espíritu de Grecia volvió a aletear dentro del alma de cada hombre, de cada mujer, de cada niño. Nada era imposible para aquel pueblo, que, rápidamente, ganó las primera batallas. Nuestra gente fue la que infundió el entusiasmo y la esperanza a un mundo abatido. « Grecia no lucha como los héroes: son los héroes quienes luchan como los griegos », se escribió en la prensa de aquellos días.

Seis meses de guerra encendieron mi fe en nuestro pueblo, una fe que nadie ni nada podrá destruir. Vi a los griegos en la cumbre de su grandeza. Si luego su conducta cambió, no por ello dejó de ser insuperable aquella grandeza.

Sé que las escenas de guerra se repiten, por lo que mi experiencia no sería muy diferente a la vivida por otras generaciones. Hay en ella momentos de gloria y de desesperación, de ridiculez y de nerviosismo. En ella hay hospitales abarrotados de cuerpos deshechos y de rostros sin afeitar, pero con los ojos alegres en espera de una palabra de consuelo que alivie la tensión del espíritu. Recorriendo las salas de los hospitales, capté el verdadero sentido de la plegaria: « El pan nuestro de cada día…». No son nuestros cuerpos los que padecen hambre; son nuestras almas las necesitadas de un alimento que únicamente pueden proporcionarles el amor y la compasión.

Aún me parece ver las filas y filas de ojos suplicantes en las distintas salas del hospital. Todos los heridos querían que me acercase y les hablara. No podía entrar en una sala con cara sonriente y acercarme solamente a unas camas, sino hacerlo una por una a todas y decir unas palabras a cada herido. Si me olvidaba de alguno de privaría de la única satisfacción de un día lleno de dolor y desconsuelo.

Entonces me di cuenta de que no me hubiera gustado ser enfermera y compartir tanto sufrimiento. El respeto que me inspiraban nuestras enfermeras era enorme y hoy sigo pensando que son las mejores del mundo, por su alto sentido de plena dedicación desinteresada a su trabajo. Una de esas admirables enfermeras era mi cuñada Catalina, enrolada voluntariamente en la Cruz Roja. Cada vez que uno de los heridos que había cuidado volvía al frente y moría, sufría una pena tan grande que no se le podía hablar durante varios días.

Una de las veces que visitaba el hospital, empezaron a repicar las campanas anunciando que nuestro ejército había logrado otra victoria. Casi todos los soldados heridos saltaron de sus camas llenos de alegría, arrojándose unos a otros almohadas. Salí corriendo para ir a la plaza en donde se alza el hotel de la Gran Bretaña –utilizado entonces como Cuartel General–, en el que se habían reunido varios miles de personas, con las que me mezclé y grité pidiendo que se asomasen el Rey y el príncipe heredero. Palo me vio desde el balcón y se echó a reír, pero el Rey mandó a varios policías para que me sacaran de aquella masa humana y me condujeran al interior del edificio. De pronto, un ataque aéreo obligó a todo el mundo a cobijarse en los refugios. Yo era la única mujer en aquel refugio utilizado por los miembros del Cuartel General y, en esta ocasión, también por el Rey, mi marido, el Jefe del Gobierno y varios ministros. El Rey y el Primer Ministro discutían. Como yo era muy joven y me impresionaba verme en medio de tantas personas importantes, me preguntaba qué tremendas decisiones estarían tomando. Palo me dijo que la discusión del Rey y el Presidente del Consejo no tenía nada que ver con el conflicto mundial, pues se trataba de si una burra preñada debía utilizarse o no para el transporte de ametralladoras a las montañas. El Rey opinaba que no era conveniente, pero el Primer Ministro pensaba lo contrario. Nunca supe quién de los dos se salió con la suya.

Mientras el agresor fue Italia, la guerra marchó muy bien. Nuestras tropas avanzaron hasta Albania y las italianas se retiraban. Sin embargo, nos preocupaba mucho lo que harían los alemanes.

Cuando Palo salía para el frente a inspeccionar el estado de nuestras tropas, yo me quedaba sola en casa y bastante nerviosa. Un día, el Rey, que había invitado a almorzar en Palacio al señor Eden, ministro de Asuntos Exteriores de Inglaterra, me pidió que asistiera. Eden había estado en Yugoslavia y en Turquía para tratar de convencerles de que luchasen sin eran atacados. Ésta era una cuestión de vida o muerte para nosotros. El almuerzo fue terriblemente lúgubre. El Rey tenía un aspecto triste. Eden trató de hacer agradable la conversación. A Dios gracias, la princesa Incola figuraba entre los comensales. Mi querida tía Ellen –como yo la llamaba–, Gran Duquesa rusa por su nacimiento, contrajo matrimonio con el príncipe Nicolás de Grecia. Era madre de Marina de Kent. Todavía en aquellos años conservaba una gran belleza. Sus enormes ojos oscuros eran capaces de helar y encantar a la vez a cualquiera. Tenía una tremenda fuerza interior originada por los sufrimientos, mantenida gracias a una profunda fe religiosa y cimentada en la tradición y en las enseñanzas de las generaciones. La tía Ellen y yo nos queríamos mucho. Su influencia de mujer fue la única que sentí en mi vida, ya que me había criado en un mundo de hombres.

Después de la comida pregunté al Rey si los yugoslavos y los turcos nos iban a ayudar.

-No -contestó el monarca-. No nos ayuda nadie…

Sabía que esto era el fin y que Grecia estaba perdida, por lo que me eché a llorar. La tía Ellen me cogió del brazo, me sacó del salón, me metió en el coche y me llevó a su casa. Una vez allí, me hizo sentar en una butaca y se puso frente a mí diciéndome con expresión amenazadora: « Recuerda siempre que las personas como nosotras no lloran. No olvides, Freddy, que las personas como tú y yo jamás lloran en público ». Desde entonces, aprendí a llorar sin lágrimas.

Alemania nos atacó. La mayor parte de nuestro ejército estaba en Albania luchando con los italianos. Las escasas tropas que había en la frontera búlgara se enfrentaron a los alemanes y lograron contenerlos durante más de seis semanas. Cuando al fin capitularon, el adversario les permitió conservar sus armas y les rindió honores militares".


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NotaPublicado: 29 Ago 2008 22:00 
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¿Kalli tienes alguna imagen de "tía Ellen"? Por esa época creo que ya estaba viuda.


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NotaPublicado: 29 Ago 2008 22:08 
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MariaHelena escribió:
¿Kalli tienes alguna imagen de "tía Ellen"? Por esa época creo que ya estaba viuda.


Muchas...y en distintas fases de su vida ;) Helen Vladimirovna es uno de "mis personajes especiales", jajajaja. He optado por poner una que no se cuenta entre las más repetidas de ella ;)

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NotaPublicado: 29 Ago 2008 22:54 
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Muchas gracias. Teníamos que ver esos profundos y hermosos ojos de nuevo.
Federica menciona a Helena bastante en sus memorias.


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NotaPublicado: 29 Ago 2008 23:03 
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MariaHelena escribió:
Muchas gracias. Teníamos que ver esos profundos y hermosos ojos de nuevo.
Federica menciona a Helena bastante en sus memorias.


A mí esto, referido a Helen, me ha dado que pensar...

Su influencia de mujer fue la única que sentí en mi vida, ya que me había criado en un mundo de hombres.

Parece un abierto reproche de Freddie hacia su madre, Viktoria Luise.


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NotaPublicado: 30 Ago 2008 13:57 
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Estoy de acuerdo.


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NotaPublicado: 30 Ago 2008 14:05 
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Lo que sigue a partir de ahora son cartas que Freddie escribe a sus familiares infomándoles de el transcurso de la guerra.

“A continuación reproduzco las cartas que escribí a mis padres, en las que puede apreciarse cuál era mi pensamiento frente a la invasión alemana y mis sentimientos al tener que abandonar Grecia”.



Atenas, 26 de marzo de 1941.

Queridos padres:


Cierto « varón Von G. » me informa que se encuentra aquí en misión del Ministerio alemán de Asuntos Exteriores y que mañana regresará a Berlín. Voy a darle esta carta para vosotros y quizá algunos cigarrillos. Como es muy posible que sea la última oportunidad de escribiros, voy a deciros francamente lo que pienso.

Todo el mundo está convencido aquí de que los alemanes nos atacarán de un momento a otro. No me sorprendería que el portador de esta carta haya traído a la Embajada alemana el ultimátum para el Gobierno griego y que el pobre Erbach (el embajador alemán) esté esperando el momento oportuno para presentarlo. ¿A qué se debe esa actitud? ¿Al deseo de ayudar a los fascistas? No creo que la necesiten, pues están totalmente derrotados. Si a pesar de ello Alemania ataca a Grecia, será la mayor gloria para Grecia hacer frente a dos potencias mundiales.

La segunda razón que Alemania puede inventarse para atacarnos es Inglaterra. Me parece estar oyendo a los alemanes decir: « No sólo no tenemos nada contra Grecia, sino que sentimos admiración por ella. Pero el Fuhrer ha dicho: Derrotaré a Inglaterra dondequiera que la encuentre ».

Pues bien, no encontrará a Inglaterra en nuestro país. Tal vez pueda vencer a los griegos, pero con el ambiente que aquí reina, no le va a ser muy fácil. Claro que, desde luego, es mucho más fácil para los alemanes venir a Grecia que ir a Inglaterra, y ésta es la única razón que, a mi juicio, pueden esgrimir. Es decir, la necesidad en que se encuentran de anunciar unas cuantas victorias.

Naturalmente, antes de invadirnos nos pedirán que nos unamos al Eje, etc., etc. Me parece que estoy oyendo decir a los alemanes: « ¿Por qué no sigue Grecia el ejemplo de Rumania de Bulgaria y ahora de Yugoslavia? ».

¿Sabéis que han prometido a Bulgaria satisfacer sus peticiones territoriales, es decir, entregarle Salónica y Tracia? ¿Sabéis que han prometido a Yugoslavia una salida al mar, a expensas de Grecia? Alemania puede luchar por su Pasillo, y al mismo tiempo dejar que se creen otros Pasillos. ¿Es éste el « orden nuevo » que quieren imponer al mundo? ¿Se puede permitir semejante cosa? Si nos uniésemos al Eje, perderíamos nuestra independencia.

Sé lo que me vais a decir: « Sí, pero sólo mientras dure la guerra ». Sin embargo, ¿quién garantizaría eso?

Si ahora nos uniésemos al Eje, lo primero que tendríamos que hacer sería expulsar a los ingleses; lo segundo, pedir al ejército alemán que nos invadiese y se apoderara de nuestros puertos y nuestro aeródromos; lo tercero, solicitar ayuda financiera y política, que se nos daría con mucho gusto, y cuarto, prescindir de nuestras tropas, innecesarias al estar protegidos por el ejército alemán. Como la desmovilización es muy barata y muy práctica, licenciaríamos a nuestros soldados. La quinta y última concesión sería entregar Salónica a Yugoslavia y Tracia a Bulgaria, como prueba de nuestro « afecto y adhesión » al Eje. Por amor a Mussolini, retiraríamos nuestras tropas de Albania y le brindaríamos la oportunidad de prepararse mejor para otra vez, y como formaríamos parte del Eje, le regalaríamos en prueba de amistad el Epiro que tanto codiciaba.

Nosotros ya no necesitaríamos de la Guardia Real, pues los alemanes, para honrarnos, pondrían una guardia alemana ante nuestra residencia. En vez de acudir con gran pompa a la ópera, iríamos a los estrenos de las películas sobre Bismarck y cosas por el estilo. El correo, el telégrafo y el teléfono, los transportes, la propaganda y las finanzas se entregarían a unas manos más hábiles que las de los griegos: las de los nazis. De este modo nos convertiríamos en un miembro leal y razonable del Eje y del Orden Nuevo del Mundo.

Aliarse con el Eje significa renunciar voluntariamente y sin lucha a la independencia o suicidarse antes de que nos maten.

Comprendo que os sorprenderá mucho esta carta. Pero cuanto digo en ella es exactamente lo que ocurriría, hablando del punto de vista griego.

Naturalmente, todo ello carece de importancia desde le punto de vista alemán. Si nos adherimos al Eje se ahorrará mucha sangre, a cambio de perder voluntariamente nustro país y nuestro honor.

Pero no ocurrirá tal cosa. Los griegos de hoy se defenderán contra cualquier atacante, aunque les ataque el mundo entero. Y resistirán hasta el límite de sus fuerzas. Apreciamos el honor y la gloria mucho más que la victoria. No hay un solo griego que piense de otro modo y yo pienso lo mismo que ellos.

Quizá no podáis comprender por qué os hablo así. Pero es que amo fanáticamente este país y a este pueblo. Nuestros soldados son dioses más que hombres, a juzgar por lo que han hecho en la campaña contra Italia.

Al principio, fueron las mujeres del Epiro las que salvaron la situación. Arrastraban las cajas de munición hasta las posiciones de las montañas, empujaban los cañones, subían víveres dos o tres veces al día hasta la misma línea de fuego para reducir el trabajo de los combatientes. Los soldados sienten profunda admiración por las mujeres del Epiro, gracias a cuyo esfuerzo para llevarles lo que necesitaban pudieron detener a los italianos.

Casi a diario visito y hablo a los heridos hospitalizados aquí. Algunos, mutilados de ambas piernas, están muy tristes porque no podrán volver al frente. Cuando les miro se me llenan los ojos de lágrimas. Luchan como leones en el frente, pero cuando vuelven de él son como niños, tiernos, dulces, afectuosos…

En esos momentos es evidente que Grecia ha dejado de formar parte de los Balcanes. Los griegos son un pueblo distinto, con almas de héroes incapaces de entregar sin lucha su libertad. De nuevo han vuelto a ser como en la Antigüedad, y yo estoy contenta de vivir con ellos estos días y orgullosa de que mi hijo sea su futuro rey.

Todos los soldados llevan una fotografía de Constantino en el bolsillo. Fue el regalo de Año Nuevo que hizo Palo a los soldados. Muchos de ellos escriben cartas al niño diciéndole que luchan por él y por su pueblo.

Jorge (que está actuando magníficamente, sobre todo desde la muerte del viejo [Metaxas] recibe cada día montones de cartas y telegramas de padres, esposas e hijos que le comunican la muerte en el frente y telegramas de padre, esposas e hijos que le comunican la muerte en el frente de un ser querido y terminan « ¡Viva el Rey! ¡Viva Grecia! ». Uno de los soldados heridos dijo a tío Jacobo que, al morir su hermano en el frente, se ofreció voluntariamente para vengarle. Ahora que se encuentra herido, su hijo, de diecisiete años, se ha presentado, voluntario también, para vengarle a su vez.

Con todo cuanto os digo podréis imaginar lo clase de atmósfera que aquí se respira.

El nuevo Primer Ministro es una persona honrada y encantadora. Palo le tuvo a su lado cundo intentó crear un movimiento para la juventud, que tan estropeada estaba por el viejo.

Bueno, creo que debo dejar de hablar de política y hablar de otras cosas, pues quién sabe quién leerá esta carta. La verdad es que no me importa, pues no contiene secreto alguno.

Espero que no os disguste mucho lo que os digo. Eso es lo que piensa todo el mundo, tanto los dirigentes como la masa.

En fin, confiaré hasta el último instante en que no ocurra nada. ¡Me apenaría tanto quedar incomunicada con vosotros, ahora que mis hermanos combaten en el frente y se espera para muy pronto el ataque a Rusia! En fin, creo que siempre habrá modo de enviar noticias a través de alguna embajada neutral. En todo caso, como las cosas no son eternas, dentro de uno o dos años nos reuniremos otra vez y volveremos a hablar de todo esto. ¡Qué felices nos sentiremos al ver que ha desaparecido la preocupación que ahora tenemos los unos por los otros!

Como todo es trágico y absurdo, no vale la pena hablar de ello. La justicia se impondrá en todas partes. A veces pienso que es mejor leer la historia que fabricarla. Por el contrario, tía María [María Bonaparte, mujer del príncipe Jorge] opina que es mucho más interesante vivir la historia. Tal ves esté en lo cierto.

Es una persona muy afectiva y filma todo lo que puede y lo que no puede. Tengo una carta suya para vosotros y estoy deseando saber si os cuenta cosas relacionadas con sus estudios.

Os incluyo un artículo, traducido, como es natural, publicado en uno de nuestros periódicos y que tuvo una gran resonancia. Es una carta abierta del pueblo griego a Hitler, escrita por el director del periódico. Por desgracia, es muy difícil de traducir, a pesar de lo cual creo que comprenderéis su sentido. El día que se publicó salieron ocho ediciones del periódico, que la gente arrancaba de las manos de los vendedores.

Siento mucho que no podáis ver a los niños, que están más hermosos que nunca. El libro de Mami ha tenido un éxito fenomenal con mi hija. Tenemos que leerlo todas las mañanas mientras desayunamos.

Tino también querría tener uno suyo, pues empieza a gustarle ver las estampas. Tengo que terminar, pues estoy muy cansada. Espero que podáis leer esta carta. Miles de saludos para mis hermanos. Pase lo que pase, mi pensamiento está siempre con vosotros, pues nada puede separarnos. Sé lo preocupados que estaréis por nosotros, como nosotros lo estamos por vosotros.

Que Dios os bendiga y os proteja y vuelva a reunirnos pronto. Besos de Palo para todos,

Con abrazos y todos mis pensamientos, vuestra siempre devota y agradecida,

Federica.



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NotaPublicado: 30 Ago 2008 14:34 
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Es curioso, MariaHelena...no sé lo que pensaréis el resto, pero la carta reproducida muestra a una Freddie más interesante de la que reflejan sus Memorias. Y eso que, evidentemente, es una carta redactada por alguien que está convencida de que el contenido no quedará simplemente entre ella y los destinatarios. A todas luces, es una carta en la que la esposa del príncipe heredero griego toma una actitud decididamente pro-helénica y se desmarca absolutamente de sus orígenes alemanes. Algo necesario, por si la carta caía en otras manos, por si acaso llegaba a filtrarse o por si convenía llegar a presentarla en un tiempo futuro.

Esto último no lo digo como una crítica hacia Freddie. Me figuro que, a esas alturas, cualquier princesa de origen germánico tenía plena conciencia de la necesidad de identificarse, antes que nada, con su país adoptivo. Durante la anterior guerra mundial, la primera, Elisabeth de Bélgica, nacida Elisabeth de Baviera, había sabido cómo mostrar de forma contundente su rechazo hacia las potencias centrales para, a cambio, encarnar en su persona la voluntad de resistencia de los belgas. Fue un triunfo personal de Elisabeth. En cambio, en esa misma época, en Grecia, la pobre reina Sophie "Sossy" no logró que sus súbditos la viesen profundamente implicada y comprometida con el resto de los griegos: la mayoría recelaban de ella debido a su origen prusiano. Son dos ejemplos de la difícil posición en que se veían esas princesas, y a la vez ilustran el hecho de que, según se manifestase cada una, podía superar o no superar las dudas y la desconfianza de los súbditos de sus esposos.

Freddie, en esa carta, demuestra ser inteligente y tener una clara visión política. Por eso pienso que la carta refleja a Freddie más que esas memorias tan azucaradas...


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