Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

Nuevo tema Responder al tema  [ 184 mensajes ]  Ir a página Anterior  1, 2, 3, 4, 5, 6, 7 ... 16  Siguiente
Autor Mensaje
 Asunto:
NotaPublicado: 23 Ago 2008 16:02 
Desconectado
Madre Fundadora
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 21:47
Mensajes: 18371
MariaHelena escribió:
Kalli, si quieres puedo aportar mi insignificante granito de arena transcribiendo lo que la misma Federika contó en sus memorias. Ahora bien no tengo imágenes de su infancia ni juventud, sólo de su época como reina de Grecia.
La madre de la reina Sofía me puede. Admito que era arrogante y muy orgullosa, pero también creo que la historia ha sido muy injusta con ella. Aún se dicen auténticas barbaridades de ella en Grecia. Pero de eso habría que hablar más adelante.

Os pido permiso para ponerme cuanto antes en ello.


Claro, querida. De hecho, te estábamos esperando como agua de mayo, jajaja. Fue Licorne quien quiso un espacio para Freddie...y se lo improvisamos como buenamente pudimos, con las pocas fotos que yo tenía a mano y algunas pinceladas acerca de sus orígenes familiares. Pero, ciertamente, vendría bien más material para analizar y debatir esa figura.

Yo pienso que Freddie debía ser arrogante como el demonio, jajaja. Se me viene a la memoria aquella conversación telefónica con Ena tras el compromiso de Juan Carlos con Sofía. Ya sabes, Freddie estaba metida hasta el cogote en la organización de una fastuosa boda en Atenas, así que, para que todo se amoldase a SUS designios, empezó a querer mangonearles a unos y otros. Hubo sus más y sus menos. En una ocasión, digamos que perdió el norte hablando con Ena. Y Ena, que era inglesa, por tanto bastante flemática, le dejó despacharse, pero, a continuación, en un tono helado, le asestó la frase: "Freddie, dear, no olvides que yo también soy REINA".

Con Juan Carlos, al parecer, hubo una conversación parecida. Freddie estaba "queriendo salirse con la suya" y, en una notable falta de tacto, empezó a alardear de quien era su marido, quien era ella, cuáles eran sus conexiones dinásticas, etc. Supongo que el mensaje subyacente era del tipo "nosotros QUE REINAMOS y vosotros QUE YA NO PINTÁIS NADA". Claro, Juan Carlos debió arquear mucho las cejas porque su árbol genealógico le daba ciento y raya al de Freddie, jajajaja. Así que le soltó un: "No es cuestión de sacar a relucir aquí el pedigree y los parentescos, querida prima Freddie, pero, si te pones así...bla bla bla bla". (Lo cierto es que, mucho realengo, mucho realengo, pero Freddie en cuestión de ancestros no estaba a la altura de Juan Carlos. Entre las antepasadas de su abuela Thyra de Dinamarca, por ejemplo, había una superabundancia de simples condesas germánicas, y también se había discutido mucho el pedigree de su otra abuela, Augusta Viktoria, Dona, en ocasión de la boda de ésta con Wilhelm, el que sería káiser Wilhelm II).


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: 23 Ago 2008 16:15 
Desconectado
Madre Fundadora
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 21:47
Mensajes: 18371
¡Ah, por cierto...! Qué cabeza la mía, ya se me pasaba por alto poneros una foto muy pero muy curiosa, jajajaja.

Corresponde a la joven Viktoria Luise, la que luego se convirtió en madre de Freddie. Viktoria Luise aparece luciendo una bonita versión de traje tradicional GRIEGO. Desconozco en qué circunstancias se hizo la foto...me imagino que a raíz de alguna visita a su tía paterna Sophie "Sossy", reina de Grecia. Hay que recordar que Viktoria Luise era prima hermana de los hijos e hijas de Constantinos I y Sophie "Sossy".

En fín...como para que le hubiesen "soplado al oído" a Viktoria Luise los geniecillos del destino que décadas después su hija Freddie sería reina de Grecia y que su nieto Constantinos II sería el último rey de Grecia ;)

Imagen


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: 23 Ago 2008 16:35 
Desconectado
Madre Fundadora
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 22:02
Mensajes: 27027
Ubicación: ESPAÑA
Muy buena foto..
tiene que haber más de Frederika pequeña, pero mientras nos aparecen... una foto de ella con su prometido, futuro Rey Pablo de Grecia, padres de la Reina Sofía.


Imagen

_________________
Imagen


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: 23 Ago 2008 16:37 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 25 Mar 2008 16:26
Mensajes: 1420
Ubicación: España
Quizá la imagen de Victoria Luisa fue tomada en alguno de los viajes que realizaba el káiser a Corfú. Creo que allí pasaba sus vacaciones para disgusto del rey Jorge I que lo recibía simplemente para que tuviera en cuenta que se encontraba en el reino de Grecia. :wink:


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: 23 Ago 2008 17:14 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 25 Mar 2008 16:26
Mensajes: 1420
Ubicación: España
Transcribo, antes que nada, la propia introducción que Federica escribió en sus memorias. En ellas denota de forma evidente su carácter orgulloso, su espiritualidad y sus sentimientos.

“Volvió a ocurrir. El ascensor se detuvo en el tercer piso y salí; pero mis habitaciones estaban en la séptima planta del hotel Hilton de Roma. ¿Cuándo aprenderé que el que las puertas se abran ante mí no supone una invitación para que yo las cruce? Estaba tan decidida a recordar esto que olvidarlo e incurrir en el error, me humillaba.

No hace mucho, una joven amiga me impidió subir a un coche que no era el mío aunque estuviese esperando en la puerta principal del hotel. Instintivamente supuse que – como mi oficio me había enseñado – cualquier coche que esté en la puerta de donde viva, ha de estar esperando a que yo suba. Tal vez dejaría de cometer estos errores tontos si antes de dirigirme a mis habitaciones me metiera en la cabeza la palabra « ascensor », y antes de salir a la calle la palabra « coche ». Pero en cuanto me distraigo y pienso en otra cosa, mi reacción ante las puertas que se abren y los coches que esperan vuelve a ser la misma.

El panorama de Roma visto desde los pisos altos del Hilton, era maravilloso. Pero ¿cómo dos habitaciones de hotel, por muy cómodas que sean, podrían convertirse en mi casa, cuando acababa de dejar atrás tantas cosas… mi vida con Palo, el ambiente familiar, mi reinado junto a un Rey sabio y cariñoso, la tierra en que los sueños se hacen realidad?

Desde luego, el amor no me ha abandonado. Mi amor a Palo, a mis hijos, a mis nietos y a Grecia me acompaña siempre, me ayuda a disipar todas las sombras y a mirar con serenidad el pasado y el futuro.

Cuando contemplo la ciudad de Roma a mis pies, pienso que estoy en una montaña. Siempre amé las montañas, bien fueran las de Austria en las que pasé mi infancia, bien el Himeto que domina Atenas, en dónde viví y reiné feliz junto a mi marido, o la Table Mountain sobre Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, donde estuve refugiada durante la Segunda Guerra Mundial con mis tres hijos pequeños, frecuentemente separada de Palo.

Creo que las personas amantes de las montañas aspiran, sin darse cuenta, a una altura espiritual desde la que puedan verse a ellas mismas y contemplar el mundo que las rodea.

Durante toda mi vida he buscado la Verdad. Y he tratado de aprender en los acontecimientos del mundo las lecciones que el Destino o el Todopoderoso quiso darme.

Todavía sigo aprendiendo, aunque sea con incidentes tan nimios como los del ascensor o el coche. Quizá deba seguir haciéndolo para igualarme más con mis semejantes.

Mi existencia ha sido distinta a la de los demás solamente por mi condición de reina, pero no por las emociones que he experimentado. He reído y he llorado como todo el mundo. También he amado y he perdido. Incluso he tenido momentos de desesperación. Pero también he sentido el deseo de hallar la Verdad sobre el significado profundo de la vida, así como el de saber qué hacer con ella. Si he alcanzado cierto grado de comprensión, deseo compartirlo mis semejantes, a quienes dedico este libro”.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: 23 Ago 2008 17:16 
Desconectado
Madre Fundadora
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 21:47
Mensajes: 18371
MariaHelena escribió:
Quizá la imagen de Victoria Luisa fue tomada en alguno de los viajes que realizaba el káiser a Corfú. Creo que allí pasaba sus vacaciones para disgusto del rey Jorge I que lo recibía simplemente para que tuviera en cuenta que se encontraba en el reino de Grecia. :wink:


Ahora que lo dices...se me ha encendido la luz, jajaja. El káiser adquirió, a principios del siglo XX, el palacio Achilleion de Corfú. Sí, aquel lugar de ensueño que había mandado construír la emperatriz Elisabeth "Sissi" de Austria. En su testamento, Sissi legó el Achilleion a su hija Gisela, esposa de Leopold de Baviera. Lo cierto es que Gisela salió malparada en relación con su hermana menor, Valerie, la indiscutible favorita de Sissi. A Valerie le correspondió la Hermesvilla, un precioso palacio situado muy cerca de Viena, mientras que Gisela se quedaba el Achilleion. Para entonces, se atribuía al Achilleion un valor de unos 60.000 gulden, según relata Hammann, pero lo cierto es que el mantenimiento anual de ese palacio ubicado en Corfú ascendía a 50.000 gulden. Así que, visto la ruína económica que representaba, Gisela enseguida lo vendió. El káiser se hizo con el palacio y lo usaba como residencia estival. La familia real griega, por su parte, tenía ya a modo de residencia estival "Mon Repos", también en Corfú ;)


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: 23 Ago 2008 17:20 
Desconectado
Madre Fundadora
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 21:47
Mensajes: 18371
Ah...y sin querer interrumpir (perdóname, por favor, Maria Helena: hoy se me van encendiendo las lucecitas de una en una, para mi gran bochorno...) una foto interesante desde el punto de vista histórico. El káiser Wilhelm y la kaiserina Dona posan con su hija Viktoria Luise y los tres hijos mayores de ésta, lo que incluye a Freddie ;)

Imagen


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: 23 Ago 2008 18:17 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 25 Mar 2008 16:26
Mensajes: 1420
Ubicación: España
De perdón nada, :D pues me viene de perlas la foto para que quede ilustrado el principio del relato de Federica.


“El origen de mi familia es, en cierto modo, mitológico. Su historia empieza en un castillo desconocido en el que la joven esposa de su propietario dio a luz a dos niños. En aquellos remotos tiempos era vergonzoso para una mujer tener más de un hijo en un parto, por lo que la joven castellana colocó a los niños en una cesta con el propósito de deshacerse de ellos antes de que volviera su marido. Se encontró en el bosque con su esposo, quien le preguntó qué llevaba en la cesta. « Unos guelphs, señor », contestó llena de terror. La palabra « guelph » significa en alemán antiguo « cachorro de perro ». El marido le pidió que se los enseñara. Al ver a los niños se llenó de alegría e impidió su sacrificio. Esta vieja tradición explica el origen y el apellido de mi familia.

Mi padre, hijo del príncipe heredero de Hannover, nació en Viena. Hasta que en Alemania se proclamó la república después de la Primera Guerra Mundial, fue duque de Brunswick y vivió en su ducado. Luego se trasladó a Austria, en donde su padre, el duque de Cumbeland, vivía desde 1866.

Mi abuelo paterno, el duque de Cumberland, era nieto del viejo duque Ernesto Augusto, tío de la reina Victoria. Debido a la ley sálica, las mujeres no podían heredar el trono en Hannover, por lo que durante el reinado de la reina Victoria se separaron Inglaterra y Hannover y el duque Ernesto Augusto continuó con la dinastía de los Guelphs en Alemania. Cuando después de la guerra de 1866 los Guelphs se establecieron en Alemania, mi abuelo, príncipe heredero de Hannover, contrajo matrimonio con una princesa llamada Thyra, hija del rey Christian IX de Dinamarca. Una de sus hijas sería la emperatriz María Dagmar de Rusia, otra la reina Alejandra de Gran Bretaña, y la tercera, mi abuela, la princesa heredera de Hannover, duquesa de Cumberland.

Su hermano el príncipe Guillermo de Dinamarca, fue elegido por Grecia para ser rey de los helenos con el nombre de Jorge I. Salió de Dinamarca a los diecisiete años de edad y reinó durante cincuenta años en Grecia. Mi marido era nieto suyo. La dinastía danesa ha dado ya seis reyes a Grecia: el rey Jorge I, su hijo Constantino I, los tres hijos de éste, Jorge II, Alejandro I y Pablo I, y por último, nuestro hijo el rey Constantino II. Durante sus reinados, Grecia recuperó sus provincias septentrionales, que estaban en poder de los turcos, las Islas Jónicas, ocupadas por los ingleses, y el Dodecaneso poseído por los italianos.

Debido a la guerra de Prusia, en la que los prusianos ocuparon el reino de Hannover, las relaciones entre los Guelphs hannoverianos y la Casa de Hohenzollern, reinante en Prusia, no eran muy cordiales. Las circunstancias en que mis padres se conocieron fueron extraordinarias.

Mientras desayunaban una mañana en la residencia de sus padres en Austria, mi tío Jorge Guillermo de Hannover, dijo a mi padre: « Esta noche he tenido un sueño extraño. He soñado que, conduciendo mi coche por el norte de Alemania, chocaba contra un árbol y me mataba. El emperador que en aquel momento se encontraba en su palacio de verano, muy próximo al lugar del accidente, envió a dos de sus hijos para que acompañasen mi féretro, así como un destacamento de su Guardia para escoltarlo mientras estuviese en su territorio ». Los dos jóvenes se rieron mucho, pues era divertido pensar que, dadas las circunstancias y la tensión existente entre ambas familias, el Káiser actuara de ese modo. « La verdad es que si hubiese hecho tal cosa, yo incluso estaría furioso », dijo mi tío.

Poco después de aquella conversación, mi tío perdió la vida exactamente como la había soñado. Se dirigía a Dinamarca y el accidente tuvo lugar en el norte de Alemania, donde su coche se estrelló contra un árbol. El Emperador, Guillermo II, envió a dos de sus hijos y a un destacamento de su Guardia para escoltar al féretro. Mi padre no tuvo más remedio que ir a la Corte de Berlín, a dar las gracias personalmente al Emperador por su gesto amistoso, y allí conoció a la única hija del Káiser, con la que se casaría poco después. Su boda sería el último acontecimiento internacional, antes de la Primera Guerra Mundial, que reuniera a reyes y príncipes de todo el mundo.

Recuerdo a mi abuelo Hohenzollern, el Káiser, siendo ya un anciano exiliado en Holanda. La familia Hannover seguía muy distanciada de la familia prusiana, incluso después de la boda de mis padres. Mi madre iba a ver a su padre todos los años el 27 de enero, día de su cumpleaños, pero ni mi padre ni mis hermanos la acompañaban. A mí me llevaba mi madre, ya que, por ser niña, la cosa tenía menos importancia política, pero hacía el viaje a regañadientes, pues mi orgullo y mi sangre Guelphs estaban, naturalmente, del lado de mi padre y mis hermanos. Sin embargo, cada vez que veía a mi abuelo, el orgullo se venía abajo, pues era cariñosísimo conmigo.

Su trato hacia mí era totalmente distinto al que daba a sus hijos. Entre éstos y él parecía existir un abismo. Ya hombres hechos y derechos y casados, seguían besándole la mano. Lo mismo hacían sus nietos, excepto los Guelphs. De sus siete hijos, mi madre había sido la única hembra, por lo que su padre la adoraba. No obstante, ya mayor seguía besándole la mano. La etiqueta de la Corte prusiana y la actitud general ante el Káiser eran tales, que parecía no existir contacto alguno entre las generaciones.

El Káiser sólo era capaz de demostrar cariño a su nieta, única hembra entre varios varones, por lo que cada vez que iba a verle nuestras relaciones no podían ser más afectuosas. Me llevaba con él al jardín para que le ayudase en sus trabajos de carpintería. Mi compañía le divertía mucho y le hacía feliz. Yo podía decirle lo que quisiera y exponer mis ideas y mis opiniones por atrevidas que fueran. En la Corte sorprendía mucho mi modo de tratarle, cosa que encantaba a mi abuelo.

Después de la guerra, mi madre me contó que había seguido la campaña de Grecia con gran interés, no por saber si la victoria sonreía a las tropas alemanas, sino por lo que a mí pudiera ocurrirme. Cuando se estaba muriendo supo que me hallaba en peligro en Creta. Mi madre le dijo, incluso antes de saberlo exactamente, que había llegado sana y salva a Egipto. Una vez oído esto, se tranquilizó y se sintió feliz”.


Última edición por MariaHelena el 23 Ago 2008 19:36, editado 1 vez en total

Arriba
 Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: 23 Ago 2008 19:27 
Desconectado
Madre Fundadora
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 22:02
Mensajes: 27027
Ubicación: ESPAÑA
Gracias Maria Helena, tenemos a la propia Federica contando su vida, mejor imposible... No la tengo a ella llegando a Roma, pero tengo ésta de sus hijos los Reyes Constantino y Ana María, quizá no pegue mucho ahora, pero igual si no la pongo ahora, no pegue nunca...


Imagen

_________________
Imagen


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: 23 Ago 2008 19:38 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 25 Mar 2008 16:26
Mensajes: 1420
Ubicación: España
Qué triste que debió ser esa llegada. :(


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: 23 Ago 2008 19:38 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 25 Mar 2008 16:26
Mensajes: 1420
Ubicación: España
“Los recuerdos de mi niñez pasan por mi memoria como estampas sin relación unas con otras. Entre ellas hay dos grandes zonas vacías. Veo, por ejemplo, a una niña pequeña dando vueltas alrededor de una mesa preparada para un banquete. Había unos floreros enormes. Yo paseaba como si estuviese en el país de las hadas, rodeada de gigantes que me tomaban en sus brazos, me llevaban de un lado a otro y al fin me dejaban en mi habitación. Otro recuerdo de aquella época es de una cena celebrada en un castillo en Gmunden, en Salzkammergut, Austria, perteneciente a mi abuelo el príncipe heredero de Hannover, duque de Cumberland, en el que tenía su residencia y su corte. No me acuerdo muy bien de mi abuelo, pero sí de que era chato y llevaba gafas. Los demás comensales sentados en la mesa eran miembros de la Corte. Entre ellos estaba el médico, al que yo quería mucho porque me cogía en brazos y me tiraba al aire. También me acuerdo del músico de la Corte, un hombre bajo, moreno, con ojos grandes y enormes orejas.

Entre aquellas caras destacaba la hermosa cabeza blanca de mi abuela. Todavía puedo evocar su dulce rostro. Sus grandes ojos y sus cejas negras contrastaban con su pelo blanco como la nieve, coronando su frente. Era una señora encantadora, amabilísima, que irradiaba amor. Cuando éramos niños nos decían que debíamos dar la mano a las gentes y preguntarles qué tal estaban. A los niños no les gusta que se les obligue a hacer eso, pero mi abuela me explicaba por qué debía ser cortés. « Piensa – me decía – que, al hacerlo, no saludas a un hombre o a una mujer, sino que saludas a un alma que pertenece a Dios »

Después de su muerte soñé con ella infinidad de veces, sobre todo cuando estaba triste. La veía sentada en su butaca. Corría hacia ella y me refugiaba en su regazo para que me consolase. Siempre que he contado este sueño a alguien, no he podido por menos que echarme a llorar.

Mis padres vivían en una villa, en Gmunden, más abajo del castillo de mi abuelo, rodeada de un hermoso jardín. Mis cuatro hermanos y yo pasamos nuestra niñez entre Blankenbrugo, un castillo inmenso situado en las montañas del Harz en Alemania, y este bello lugar de Austria.

Uno de mis primeros recuerdos se relaciona con el agua, con algunas caras asustadas y con muchas manos acariciándome. Por lo visto, mi niñera, que me llevaba en brazos, tropezó con un tronco y se cayó al lago. Como no sabía nadar, recuerdo que nos hundíamos en el agua y volvíamos a salir a flote. La verdad es que no tuve miedo, pues no sabía lo que eran la vida y la muerte, por lo que me limité a aceptar un hecho en el que se mezclaban el agua, las caras y las manos.

Un niño no comprende la muerte, y no se le debe enfrentar con ella. Sin embargo, a mí, siempre que moría un criado antiguo me llevaban a ver su cadáver, yaciente en un ataúd abierto. No sé por qué lo hacían. Acaso para inspirarme simpatía por la familia doliente. Cuando sólo tenía seis años, me llevaron a ver a mi abuelo muerto en su cama. Creo que no es oportuno enfrentar a un niño con algo incomprensible y que nadie trate de explicarle. El extraño comportamiento de las personas mayores, sus lágrimas y suspiros, le llenan de confusión. Las flores, los cirios, el entierro y el silencio que sigue a las preguntas del niño son suficientes para producirle conmociones y traumas para toda su vida. La naturaleza es más sabia que las personas mayores. Envuelve al niño en el olvido y despierta su interés por nuevos juegos y risas.

Tengo cuatro hermanos, con los que jugué casi exclusivamente durante mi infancia. Dos de ellos eran mayores que yo y dos más pequeños. El mayor de todos, Ernesto Augusto, me llevaba bastantes años y no podía ser para mí un compañero de juegos. Era más bien el responsable y el enlace entre nuestros padres y nosotros. Jorge, el segundo, era un pacificador. Comprensivo y cariñoso, se ocupaba mucho de mí y me evitaba problemas.

Con el que yo jugaba más era con Christian, el tercero. Muy fanfarrón, alardeaba de que, a pesar de ser más pequeño que yo, me superaba en todo. Era incapaz de reconocer que algo pudiera darle miedo. No le gustaba montar a caballo y, sin embargo, lo hacía para que yo le respetara y admirara.

Entre él y yo había un acuerdo comercial. Cambiábamos nuestros juguetes siempre con ventaja para él, pues como a mí me gustaba con delirio el chocolate, lo pagaba con lo que fuera. Christian robaba chocolate en la cocina y me lo daba a cambio de cualquiera de mis tesoros, pero cuando a mí se me acababa el chocolate, mi hermano seguía en posesión del precio de su venta. Nuestros sentimientos respecto a las cosas que nos pertenecían eran muy curiosos. Los juguetes, las pelotas de tenis e incluso el más insignificante trozo de madera tenían su personalidad propia. Si por casualidad los olvidábamos y se quedaban de noche a la intemperie, no nos podíamos dormir, angustiados por la idea de su soledad, y algún sirviente tenía que meterlos en la casa. Nuestro hermano más pequeño, Guelph, no recibía muy buen trato de nosotros dos y era víctima de todos nuestros experimentos y travesuras.

Siempre he oído decir que una niña que sólo tiene hermanos varones se vuelve melindrosa a causa de los mimos. Conmigo no sucedió así. Mientras fui niña, mis hermanos me dominaron. Ya de mayor se convirtieron en mis defensores, gracias a lo cual mi vida fue más agradable que la de los demás.

Aunque veíamos a diario a nuestros padres a la hora de almorzar y a la de la oración de la tarde, la verdad es que vivían muy lejos de nuestro mundo, como era habitual en aquellos tiempos. En la mesa no se hablaba de cosas privadas, ya que por estar presentes el preceptor de mis hermanos y mi institutriz, la comida era un acto oficial. Ignorábamos lo que hacían nuestros padres durante el día, ni se nos ocurría preguntárselo. Supongo que mi padre estaba muy ocupado con la administración de la propiedad. Pasaba mucho tiempo en su despacho y siempre había alguien con él, por lo que los hijos no le interrumpíamos, pues nos dábamos cuenta de que estaba trabajando. Pero cuando podíamos hablarle era muy cariñoso con nosotros.

Los domingos íbamos con nuestros padres a la iglesia que había hecho construir mi abuelo para el culto de una pequeña comunidad protestante en una ciudad prácticamente católica. Al entrar en el templo me daban dos monedas que debía depositar en la bolsa de las colecta, pero no me lo explicaron bien o yo no lo entendía. El caso es – y me avergüenza confesarlo ahora – que sólo echaba una de las monedas y me guardaba la otra. Poco a poco reuní una fortuna que iba a para a la tienda para aumentar la provisión de chocolate escondido en mi habitación. Cuando mis padres se enteraron de aquello, me regañaron y me dijeron que había infringido el séptimo mandamiento, que dice « no hurtar ». Me dio mucha pena saber que no iría al Cielo para conocer a Jesús, y lloré tanto que al final hube de buscar refugio en los brazos de mi padre, sin poder articular una palabra. De pronto, me di cuenta de que también él estaba llorando, lo cual me consoló. En adelante, siempre que tenía algún problema acudía a mi padre, quién me decía las palabras adecuadas, con las que olvidaba fácilmente mis preocupaciones.

Mi padre nos enseñó a sentirnos responsables de los demás. Su actitud, como la de muchas personas de su generación, era la de que los miembros de una familia como la nuestra tenían que disculparse desde el fondo de sus almas, por ocupar una posición más privilegiada que ellos. Ahora pienso que, en muchos aspectos, nuestras vidas son más difíciles que las de las gentes sencillas. Sin embargo, como sus hechos se ajustaban a sus palabras, sus hijos aprendimos y comprendimos su conducta”.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto:
NotaPublicado: 23 Ago 2008 20:54 
Desconectado
Madre Fundadora
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 22:02
Mensajes: 27027
Ubicación: ESPAÑA
He conseguido encontrar una foto de Federica bebé, que desastre... pasamos de una cosa a otra con las fotos, menos mal que el relato va estupendo...


Imagen

_________________
Imagen


Arriba
 Perfil  
 


Mostrar mensajes previos:  Ordenar por  
Nuevo tema Responder al tema  [ 184 mensajes ]  Ir a página Anterior  1, 2, 3, 4, 5, 6, 7 ... 16  Siguiente


¿Quién está conectado?

Usuarios navegando por este Foro: No hay usuarios registrados visitando el Foro y 0 invitados


No puede abrir nuevos temas en este Foro
No puede responder a temas en este Foro
No puede editar sus mensajes en este Foro
No puede borrar sus mensajes en este Foro
No puede enviar adjuntos en este Foro

Buscar:
Saltar a:  



Style by phpBB3 styles, zdrowie zdrowie alveo
Powered by phpBB © 2000, 2002, 2005, 2007 phpBB Group
Base de datos de MODs
Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com
phpBB SEO
Crear Foro | Subir Foto | Condiciones de Uso | Política de privacidad | Denuncie el foro