Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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 Asunto: Re: FRANZ JOSEF. VIDA PRIVADA.
NotaPublicado: 18 Dic 2009 23:03 
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Es decir, que no hubo una fuga ni encuentro en el bosque, ni los famosos telegramas, ni el policía que se vuelve loco... OHHHH... :biggrin: :biggrin: >:)

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 Asunto: Re: FRANZ JOSEF. VIDA PRIVADA.
NotaPublicado: 18 Dic 2009 23:11 
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sabba, es que has visto muchas películas. :whistling: :whistling: :whistling: :-p :eyes:


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 Asunto: Re: FRANZ JOSEF. VIDA PRIVADA.
NotaPublicado: 18 Dic 2009 23:12 
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Demasiadas >:)

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 Asunto: Re: FRANZ JOSEF. VIDA PRIVADA.
NotaPublicado: 19 Dic 2009 08:01 
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Jajajajajaja.

Sí, aún me acuerdo de aquel policía de una pequeña localidad cuya distinción residía en el hecho de servir de escenario bucólico a los veraneos imperiales. Un tipo bastante limitadito y pomposo, pero absolutamente consagrado a la misión de mantener a salvo a su emperador de peligrosos nihilistas. Me encantaba el personaje, me hacía sonreír e incluso reír a mandíbula batiente.

Me imagino que las medidas de seguridad que rodeaban a Franz en Bad Ischl eran bastante más relajadas de las que le circundaban en Viena, pero seguía habiendo un dispositivo destinado a protegerle de cualquier ataque. En especial, me figuro, en aquel año 1853. Hay que recordar que Franz había sido objeto de un atentado en febrero de 1853, mientras paseaba por el baluarte vienés con uno de sus ayudantes de campo, el conde de orígen irlandés O´Donnell von Tyrconnell. Un sastre húngaro llamado János Libényi se había abalanzado hacia Franz Joseph portando un puñal o un estilete muy afilado, no recuerdo bien, dispuesto a matarle. La rapidez de reflejos de O´Donnell von Tyrconnell salvó a Franz, que salió del apuro simplemente con una herida superficial. Libényi era un nacionalista magiar, que al verse reducido por los escoltas lanzó al aire un estentoreo "Eljen Kossuth!". El episodio inspiró en Sophie un temor cerval que se tradujo en un incremento de medidas de seguridad en torno a Franz. En otro aspecto, por supuesto elevó al máximo la animadversión de Sophie hacia los húngaros ;)

Con esto quiero decir que en el verano de 1853 dudo mucho que Franz pudiese salir a cazar por los parajes montañosos que circundaban Ischl a solas. Generalmente le acompañaba su factótum, el conde de Grünne, pero también otros distinguidos miembros de su staff participaban en las cacerías y no faltaba la inevitable escolta. No me imagino a un Franz paseándose por ahí de manera que pudiese llegar a acercársele una bonita desconocida, jajajaja.- al menos no en esa época concreta, con los antecedentes que acabo de explicar.

La realidad fue menos romántica...o más, según se mire. Desde la perspectiva de Franz, que es el protagonista de este tema, el asunto tiene un cariz muy romántico. Él era un hijo devoto para su madre; valoraba sus opiniones, seguía sus consejos y no tenía por norma pasar por encima de la archiduquesa. Sophie había tenido fuerza suficiente para, por ejemplo, apartarle de la archiduquesa de la rama húngara de la familia, Elisabeth Franziska. Pero en Ischl, Franz Joseph experimentó un auténtico coup de foudre con la adolescente Elisabeth de Baviera. Aunque Helena de Baviera era una candidata a emperatriz bastante más plausible...algo mayor, con una excelente educación que armonizaba con el tipo de carácter adecuado, seria y responsable...él se empecinó en que quería a Elisabeth. Eligió según el dictado de su corazón, sin tener en cuenta las advertencias de Sophie en el sentido de que Elisabeth era demasiado inmadura.


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 Asunto: Re: FRANZ JOSEF. VIDA PRIVADA.
NotaPublicado: 19 Dic 2009 08:12 
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Una de las típicas imágenes pastelosas que proliferaron a raíz del anuncio de boda:

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 Asunto: Re: FRANZ JOSEF. VIDA PRIVADA.
NotaPublicado: 19 Dic 2009 08:27 
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Más iconografía...

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 Asunto: Re: FRANZ JOSEF. VIDA PRIVADA.
NotaPublicado: 19 Dic 2009 08:33 
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 Asunto: Re: FRANZ JOSEF. VIDA PRIVADA.
NotaPublicado: 19 Dic 2009 09:01 
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No se parece nada a Elisabeth :shock:

Lo de la peli era broma ¿Eh...? Hace tiempo que sé que recibimos demasiado azúcar en nuestra infancia, jaja. Así estamos. Lo malo es que muchos que no leen a Minnie para su desgracia, aún creen en los cuentos de hadas, las princesas del guisante, en los príncipes azules y en el Danubio Azul, la lá, la lá... :hehe:

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 Asunto: Re: FRANZ JOSEF. VIDA PRIVADA.
NotaPublicado: 20 Dic 2009 09:52 
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Elisabeth:

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 Asunto: Re: FRANZ JOSEF. VIDA PRIVADA.
NotaPublicado: 20 Dic 2009 10:14 
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Sabba, esa Elisabeth que aparece en los retratos anteriores es la adolescente que llegó a la corte imperial de Viena. La boda de celebró en abril de 1854: habían transcurrido apenas cuatro meses desde la conmemoración del decimosexto aniversario de Elisabeth, en la Nochebuena de 1853. Era extremadamente joven. En los cinco años siguientes, Elisabeth experimentaría una notable transformación física. Si nos ponemos poéticos, se podría decir que abandonó la crisálida metamorfoseada en una resplandeciente mariposa.

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Disponemos de múltiples testimonios acerca del impacto que ejercía en la gente la hermosura física de Elisabeth. Los primeros en reaccionar a ello fueron los vieneses, que habían asistido con asombro al cambio de aquella muchacha que había llegado a ellos con una carita todavía demasiado redonda, de trazos infantiles; les había parecido una fresca y lozana campesina bávara, pero, poco a poco, había emergido una mujer de aspecto fascinante. Sophie, la tía-suegra de Elisabeth, advirtió que los vieneses se agolpaban en las veredas del Prater cada vez que la soberana practicaba equitación en el parque. Querían regalarse la vista con la belleza de Elisabeth, cuya fama empezaba a traspasar fronteras gracias a las descripciones que hacían de su persona los embajadores extranjeros. En sus viajes a otros países, se repetía esa pauta. Por ejemplo, en 1864, Elisabeth se desplazó a Dresde, la capital de Sajonia, para asistir a la boda de su hermano predilecto, Carl Theodor, apodado "Gackel", con la princesa Sophie, una hermana menor de aquella Sidonie a la que se había sugerido como probable esposa para Franz Joseph y de aquel Georg con el que Ludovika había soñado emparejar a la misma Elisabeth. En su adolescencia, Elisabeth había estado en Dresde y había pasado desapercibida. En 1864, causó sensación en Dresde. La reina de Sajonia, tía de Elisabeth, escribió que el entusiasmo despertado por la presencia de Sissi había sido casi delirante; añadía que: "¡Nunca había visto tan excitados a mis tranquilos sajones!". El archiduque Ludwig Viktor, Bubbi, el cotilla y malicioso hermano menor de Franz Joseph, escribió a Viena que su cuñada Elisabeth había hechizado a Sajonia: "Sissi estaba resplandeciente de belleza y la gente se volvía loca. Nunca había visto yo nada igual". Podríamos encontrar docenas de relatos similares, a cuenta de cada una de las apariciones públicas de Elisabeth. La concordancia en los testimonios señala en una única dirección: todos se admiraban de lo que había llegado a ser la princesa de Baviera que había entrado con paso inseguro en la corte de Viena.


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 Asunto: Re: FRANZ JOSEF. VIDA PRIVADA.
NotaPublicado: 20 Dic 2009 11:03 
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Llegados a este punto, tengo un problema...

Elisabeth dispone de su propio hilo en el foro, con abundancia de información y de iconografía. No me gustaría caer en el error de concederle aquí tal protagonismo a Elisabeth que Franz Joseph acabase reducido, para no variar, a un personaje de repertorio en un relato centrado en torno a su carismática esposa. Así que eludiré a Elisabeth rápidamente, después de señalar lo que, para mí, son las claves de ese matrimonio imperial.

Franz Joseph había elegido esposa guiado por una atracción fulminante, un verdadero "coup de foudre". Acostumbrado desde la cuna a la estricta etiqueta y el rancio ceremonial de la corte vienesa, es probable que diese por descontado que su infantil novia bávara, una princesa que se había criado de manera en absoluto principesca, sólo necesitaba unos meses de entrenamiento previo y después una etapa de cuidadosa supervisión para acabar representando con gracia incomparable el papel de emperatriz consorte. No tuvo el cuenta el efecto casi traumático que podía tener en ella verse arrebatada de Possi, aquel palacete a orillas del Starnberg. Años después, una dama de compañía muy afecta a Elisabeth describiría Possi en términos cargados de lirismo, como una "vieja casa medio cubierta de vid silvestre y de hiedra" en un paraje espléndido, junto al lago, con las montañas recortándose en el horizonte. Pero la cuestión estribaba en que Possi representaba un estilo de vida apacible y relajada, al margen de cualquier protocolo. Al igual que sus hermanos menores, Elisabeth había crecido en un ambiente muy peculiar. El duque Max y Ludovika temían, no sin motivos, que la entrada en la corte imperial de Viena, gobernada con mano de hierro por la archiduquesa Sophie, ofreciese un grado de exigencia inasumible para su inmadura Elisabeth. Helena hubiera logrado adaptarse con relativa facilidad. En Elisabeth, era bastante dudoso.

La chica abandonó Munich entre compungida y emocionada por la despedida de sus conciudadanos. Viajó hasta Viena en un buque engalanado que remontaba el curso del Danubio, con algunas escalas en poblaciones que le tributaban a la novia imperial una jubilosa acogida. Poco a poco, sus nervios se incrementaron; tenía la mirada de una cervatilla acorralada por los cazadores y estaba mortalmente pálida; sólo las travesuras de sus hermanos pequeños aligeraban un poco la sensación de ir hacia un destino que se le hacía demasiado grande. La recepción de Elisabeth en el palacio de Schönnbrunn fue un trago para ella. La rodeaban cientos de desconocidos que volcaban en su personita una ferviente curiosidad. Esa atención desmedida acentuaba su timidez y su miedo a cometer algún error imperdonable. Cuando vió entre la multitud a dos princesas bávaras casadas con archiduques austríacos, Adelgunde e Hildegarde, Elisabeth se precipitó a sus brazos, sólo para recibir una áspera reprimenda de su tía e inminente suegra Sophie.

Esta anécdota es bastante reveladora. Adelgunde e Hildegarde eran hermanas entre sí, ambas hijas del depuesto rey Ludwig I y de su esposa Therese de Saxe-Hildburghausen. Venían siendo sobrinas tanto de la archiduquesa Sophie como de Ludovika, las dos medio hermanas menores de Ludwig I. Si uno se para a pensarlo, Adelgunde había abandonado Baviera para marcharse a Austria en calidad de prometida del archiduque Francis de Austria-Este, en marzo de 1842; en cuanto a Hildegard, se había ído de Baviera a Austria, como prometida del archiduque Albrecht, duque de Teschen, en mayo de 1844. Por tanto, Elisabeth tenía cinco años cuando se había producido la marcha de su prima Adelgunde y siete años cuando se había producido la marcha de su prima Hildegarde. Cierto que Adelgunde e Hildegarde aprovechaban sus ocasiones para visitar Munich, dónde reinaba el hermano de las dos, Maximilian II Josef. La familia del duque Max, no obstante, apenas frecuentaba la corte de Munich. Había habido pocos encuentros entre Elisabeth, una chiquilla, y sus adultas primas Adelgunde e Hildegarde.

Es un síntoma claro de lo apabullada que se sintió en su estreno ante la familia y la corte que la adolescente Elisabeth tuviese la reacción emocional de buscar seguridad en el abrazo de Adelgunde e Hildegarde, las únicas que eran conocidas para ella. Pero las reacciones emocionales no se correspondían con la dignidad de una futura emperatriz, razón que llevó a Sophie a reconvenir con dureza a Elisabeth. La atónita muchacha replicó en tono balbuceante un "¡Pero si somos primas...!" que enojó todavía más a Sophie. Durante décadas, Sophie había preconizado un sistema doméstico que hacía de la familia nuclear -su esposo, ella misma y los hijos de ambos- un grupúsculo que marcaba distancias incluso con el resto de miembros del extensísimo clan de los Habsburgo. Era su forma de impedir confianzas excesivas, porque el exceso de confianzas podía mermar el aire de reverencia casi sacralizada en torno a la figura del emperador que debían mostrar antes que nadie sus numerosos parientes Habsburgo de las distintas ramas. Teniendo en mente esa filosofía de Sophie, la actitud de Elisabeth estaba completamente fuera de lugar.

Sophie no era mala -ni albergaba malas intenciones-. Adoraba a su hijo y había transigido con la elección de esposa que había hecho éste, porque siempre había tenido claro que él necesitaba una muchacha a la que pudiese amar, que le gustase y le simpatizase. Ella se había arrogado la misión de preparar el entorno de la nueva pareja imperial. Había escogido los aposentos que se destinarían al matrimonio, decorándolos a su gusto sin reparar en gastos; hasta el juego de tocador de la que íba a ser su sobrina-nuera lo había adquirido la archiduquesa. Consciente de que Elisabeth, en los meses de noviazgo, había recibido una formación acelerada que no remediaba las carencias educativas de los años precedentes, había puesto empeño en escoger a la camarera mayor y a las damas de compañía. No por casualidad, Sophie se había decantado por otra Sophie, née Liechtenstein, condesa Esterházy por su matrimonio. La dama era incluso seis años mayor que la archiduquesa Sophie, a la que reverenciaba porque ambas compartían una personalidad recia así como una óptica profundamente conservadora y tradicionalista. El propio Hugo von Weckbecker, ayudante de Franz Joseph, juzgó que Sophie Esterházy era apropiada para el cargo solamente desde la perspectiva de la archiduquesa Sophie. Elisabeth enseguida descubrió que Sophie Esterházy mostraba las maneras de una estricta gobernanta o de una institutriz hacia la esposa bávara del emperador, aparte de que daba cuenta de todo lo que hacía o no hacía esta a la archiduquesa Sophie. Las damitas de honor, Paula Bellegarde y Caroline Lamberg, hubieran podido representar el papel de amigas para Elisabeth, dada su juventud y su feliz predisposición. Pero la archiduquesa Sophie y Sophie Esternázy coincidían en que esas condesas no estaban en escena para hacer buenas migas con la emperatriz.

Elisabeth se encontró en un dramático aislamiento, privada de su entorno natural y de su familia, rodeada de un staff a gusto de su suegra, en una corte aficionada al chismorreo malicioso que la miraba con franco desdén por su juventud y por sus orígenes "casi campesinos". La consumación física del matrimonio fue un fiasco, la luna de miel en Laxemburg demasiado breve y con la constante injerencia de Sophie, el programa de eventos a cumplir inmediatamente después de que se diese por finiquitada la luna de miel terriblemente exigente para una recien llegada. En conjunto, Elisabeth enseguida mostraría síntomas de agotamiento físico y, peor aún, psíquico. En sus poemas, se lamentaba amargamente de haber perdido la libertad y de encontrarse encerrada en una jaula de oro; lloraba de pura añoranza por sus hermanos y, más significativo aún, evocaba con nostalgia a su primer amor, aquel conde bávaro que había muerto prematuramente.


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 Asunto: Re: FRANZ JOSEF. VIDA PRIVADA.
NotaPublicado: 20 Dic 2009 12:17 
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¿Y Franz Joseph?

Para ser justos con él, habría que recordar aquí que Franz se había comprometido con Elisabeth en el mes de agosto de 1853. Concluído lo que se denominó entre las familias "divino séjour en Ischl", Franz había retornado a Viena para volver a ejercer su papel en tanto que Elisabeth volvía a Munich con Ludovika y la descorazonada Helena, a fín de prepararse para afrontar la boda imperial fijada en el mes de abril de 1854. Nadie juzgó conveniente informar a la futura emperatriz de que no era oro todo lo que relucía en Austria. El país estaba atravesando una etapa difícil en el aspecto económico; de hecho, en octubre de 1853, Franz Joseph hubo de tomar la para él durísima decisión de introducir serios recortes presupuestarios en el ejército imperial, lo que mermaba el número de oficiales, el número de efectivos, la calidad de las instalaciones castrenses y la adquisición de nuevas armas. Eso se hacía en una época en la que, además, habían surgido graves tensiones en los Balcanes. El 1 de noviembre de 1853, Turquía hacía pública una declaración de guerra contra la Rusia de los zares. A medida que se acercaba la Navidad, la situación empeoraba dramáticamente en esa área de alto valor geoestratégico, pero Franz Joseph marchó a Munich para estar presente en el decimosexto cumpleaños de Elisabeth, que coincidía en Nochebuena. Elisabeth recibió de su novio valiosos obsequios: un retrato de él, un surtido de joyas y un juego de desayuno para los viajes hecho en plata maciza por un reputado orfebre. Franz todavía estaba en tierras bávaras cuando se le informó de que una gran flota compuesta por buques de Francia e Inglaterra se dirigía hacia el Mar Negro. No se lo comentó a Elisabeth, lo que revela que no pensaba en su futura esposa como una compañera en el plano intelectual. La Guerra de Crimea había estallado sin que Franz Joseph mencionase siquiera el hecho a Elisabeth de Baviera.

Se suponía que Elisabeth íba a ser una figura decorativa en la corte de los Habsburgo. En su existencia, se mezclarían eventos cortesanos con la participación en actos religiosos de profunda raigambre y con el patrocinio de obras de caridad, mientras que se esperaba que cumpliese la principal misión de cualquier consorte real: proporcionar hijos al linaje de su marido. Franz Joseph amaba a Elisabeth, eso está fuera de duda. Pero entendía que las cualidades que tanto le habían atraído de "la pequeña", es decir, su candor casi infantil, su espontaneidad y su frescura, debían ser muy cuidadosamente matizadas para que encajase en el papel de emperatriz en la exigente corte vienesa. Dado el profundo respeto que le inspiraba su madre Sophie, Franz Joseph confiaba plenamente en que ella habría tomado las decisiones oportunas para conseguir que la tímida y asustadiza Elisabeth adquiriese pronto el aplomo requerido en una soberana. Él estaba tan ocupado con sus tareas que ni siquiera en la luna de miel pudo dedicarse al cien por cien en afianzar su reciente matrimonio. Los esposos se alojaron en el palacio de Laxenburg, en un entorno bastante romántico; pero el marido se levantaba cuando despuntaba cada nuevo día para desayunar rápidamente y marchar en carruaje al Hofburg de Viena, dónde trabajaba en su despacho hasta las seis de la tarde, hora en la que retornaba a Laxenburg para cenar con Elisabeth. Por tanto, Elisabeth se pasaba el día entero sola; únicamente de noche disponía de la compañía de Franz Joseph. Para empeorar las cosas, la archiduquesa Sophie se pasaba por Laxenburg un día sí y otro también. Sophie recibía informes constantes de la Esterházy, por lo que aprovechaba esas visitas a Laxenburg para leerle la cartilla a Elisabeth por cada pequeña equivocación que hubiese cometido la nueva emperatriz.

Eso no es lo que podríamos llamar "empezar con buen pie" una vida en común. No hubo apenas intimidad entre la pareja, que permitiese descubrir afinidades y desarrollar cierto grado de complicidad; eso hubiera ayudado también, quizá, a sortear el obstáculo levantado en su camino por el desastroso estreno sexual de la novia confiada a un novio cuya experiencia previa se reducía a sus encuentros con las condesas higiénicas. La falta de oportunidades de mejora en distintos aspectos acabaría incidiendo negativamente en ese matrimonio.

La llegada de los hijos complicó el panorama. En el primer embarazo de Elisabeth, ya quedó claro que Sophie pretendía controlar tanto el desarrollo de la gestación como el parto y posterior crianza del bebé. Elisabeth debía ceñirse a las pautas dictadas por Sophie para proteger a la criatura que llevaba en su seno; no podía dar ni un paso sin la aquiescencia de la archiduquesa, que no sólo había prohibido tajantemente la práctica de la equitación sino que exigía que su nuera dejase de visitar las pajareras para evitar que el feto adquiriese los rasgos físicos de un papagayo. En otro aspecto, Sophie obligaba a Elisabeth a pasearse por los jardines y parques marcando bien la barriga, para que nadie tuviese duda de que la emperatriz estaba verdaderamente embarazada. Elisabeth, una muchacha muy pudorosa, vivía esas escenas como un verdadero suplicio psicológico.

Era Sophie la que elegía el médico, la comadrona y el personal de la nursery, desde la ama de cría a la gobernanta pasando por los auxiliares. Elisabeth no tenía voz ni voto. La juventud de la emperatriz y las numerosas dificultades que estaban surgiendo en su "proceso de adaptación" a la corte imperial se esgrimían como armas contra ella. Verdaderamente...¿se podía aceptar que aquella muchacha que no lograba hacerse al estilo de la corte vienesa para representar adecuadamente su papel tuviese potestad alguna sobre los hijos imperiales? Desde el punto de vista de Sophie, no. En los años siguientes, Elisabeth entablaría una lucha a brazo partido con Sophie a cuenta de la tutela efectiva de las dos primeras hijas del matrimonio, las archiduquesas Sophie y Gisela. En ciertos momentos críticos, Elisabeth contó con el apoyo de Franz Joseph, pero sólo porque la emperatriz había demostrado que, si se sentía demasiado castigada, podía manifestar algunas reacciones "imprevisibles", como la de escaparse a casa de sus padres sin mantener ni un mínimo de discreción. Elisabeth podía protagonizar un escándalo, sin que le preocupase ni una pizca la imagen de la dinastía. Para evitar esas escenas, Franz Joseph estuvo dispuesto a darle soporte a Elisabeth. Los dos consiguieron cierto margen de acceso permanente a las niñas, que les acompañaron en algunos viajes contra el parecer de la archiduquesa Sophie. El que la niña mayor, Sophie, muriese con dos años de edad a cuenta de una enfermedad que se había desarrollado hallándose en Hungría con los padres y la hermana menor, tuvo un efecto devastador en Elisabeth. No podía evitar cubrirse a sí misma de reproches ni ceder a una profunda depresión.


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