Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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 Asunto: Re: FRANCISCO DE PAULA
NotaPublicado: 17 Sep 2010 21:39 
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La función primordial de María Luísa era la misma que se había atribuído a cientos de princesas en épocas anteriores o en su mismo período histórico: concebir, llevar sus gestaciones a término y parir un nutrido retén de infantes e infantas para garantizar la sucesión. En ese sentido, Carlos III era un monarca particularmente obsesionado con la materia porque su propia añorada consorte, María Amalia de Sajonia, las había pasado moradas para proporcionarle el ansiado heredero varón.

El primer embarazo de María Amalia no se había hecho esperar demasiado después de la boda con Carlos, acontecida cuando éste era todavía rey de Nápoles. Sin embargo, se había tratado de un embarazo plagado de dificultades, con un parto tremendamente laborioso que puso en serio peligro de muerte a la sajona. Finalmente, de aquel suplicio, se obtuvo una niña, bautizada con el nombre de María Isabel. La niña contaba apenas seis meses en el momento en que Carlos volvió a engendrar en María Amalia, pero otra preñez bastante fastidiosa derivó en la llegada al mundo de una infantita María Josefa que moriría a los tres meses de edad. Lo peor fue que, coincidiendo con el fallecimiento de María Josefa, María Amalia y su primogénita María Isabel estuvieron enfermas. María Amalia sobrevivió, pero no así María Isabel.

Por suerte, María Amalia concibió enseguida después de haber visto amortajar a María Isabel. Pero tuvo una tercera niña, que se llamó María Isabel en memoria a la difunta criatura. La cuarta niña sería una segunda María Josefa, por aquello de tributar idéntico homenaje a la segunda hija malograda. Todavía habría una quinta niña: María Luísa. Dar a luz cinco niñas consecutivamente fue lo que sacó a relucir una María Amalia permanentemente enojada, que se pasaba los días quejándose amargamente, repartiendo cachetes a sus infantas y maltratando de palabra a sus sirvientes. El sexto parto pudo haber remediado esa frustración acumulada, pues produjo el niño tan anhelado, Felipe. Pero el bebé enseguida padeció convulsiones epilépticas y a medida que pasaban los meses se hizo evidente que había en él un severo retraso mental; nunca llegaría a hablar, apenas emitía balbuceos. Se le declaró oficialmente incapaz, para que no pudiese heredar nunca los dominios de su progenitor. Para María Amalia, obviamente, eso supuso un tremendo fracaso personal; sólo se resarció mínimamente cuando después le llegó un segundo príncipe, Carlos, el que llegaría a ser Carlos IV. Luego, habría otra niña -María Teresa- antes de que surgiese el tercer varón, Fernando. Considerando el deplorable estado mental y físico de Felipe, hasta la llegada de Fernando la pareja sólo había tenido en realidad un hijo que pudiese valer para el trono: Carlos. Y cualquier pareja real que viese su linaje depender de un solo hijo vivía en un perpetuo nerviosismo, ya que muchos chiquillos se echaban a perder.

María Amalia siguió pariendo.En 1752 tuvo a su décimo hijo, el infante Gabriel, que sería el favorito indiscutible del padre. Después aparecería en escena María Ana (¡la séptima infanta, que parecía una burla para aquellos Borbones tan entusiasmados con la Ley Sálica!), Antonio Pascual y Francisco Javier.

El historial obstétrico de María Amalia de Sajonia ponía de relieve cuán difícil podía ser asegurar la sucesión incluso partiendo de la base de un matrimonio enamorado y fecundo. Si echáis cuentas, veréis que había hecho falta que la mujer pasase por el trance de trece embarazos y trece partos para obtener siete hijas a las que su sexo vedaba el acceso a la corona, siete niñas de las que, además, cinco murieron a temprana edad, así como seis hijos de los que el mayor era deficiente mental y el menor un chico destinado a perecer antes de convertirse en un hombre. Por tanto, María Amalia dejó a guisa de legado dos hijas y tres hijos útiles para la dinastía. Cinco de trece, un balance doloroso para Carlos III.

María Luísa de Parma corría el riesgo de seguir la pauta de su suegra María Amalia...


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 Asunto: Re: FRANCISCO DE PAULA
NotaPublicado: 17 Sep 2010 23:01 
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:D :D :D :D

lo prometido es deuda, aquí apoyando el tema del hijo de la mujer de los bonitos brazos....(lo que quedaría de la preciosa joven de los retratos en los posteriores goyescos).


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 Asunto: Re: FRANCISCO DE PAULA
NotaPublicado: 19 Sep 2010 22:15 
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Gracias, Riccardo ;) Tu apoyo siempre es un estímulo, faltaría más. Y llevas razón: lo de los brazos bellamente torneados no pudo negárselo ni siquiera Goya...

Retomando la historia:

A decir verdad, María Luísa íba a ser tan digna de compasión por su historial obstétrico como la suegra a la que nunca llegó a conocer, María Amalia de Sajonia. Entre 1765, año de su boda, y 1788, año en que la defunción de su suegro la elevaría al rango de reina consorte de España, María Luísa dió a luz nueve veces con un total de diez hijos, ya que uno de sus embarazos que llegó a término produjo gemelos. Pero de esos diez primeros hijos nacidos de María Luísa, es sintomático que solamente alcanzasen la edad adulta y sobreviviesen a los padres dos hijas -las infantas Carlota Joaquina y María Luísa- y dos hijos -Fernando y Carlos María Isidro-. A partir de 1788, fecha de la ascensión al trono de su marido Carlos bajo el nombre de Carlos IV, María Luísa volvería a dar a luz en varias ocasiones. En julio de 1789 alumbró a María Isabel, que sería de las que resistieron la infancia, la pubertad y la adolescencia. A mediados de febrero de 1791 tendría otra hija, la infanta María Teresa, que no llegaría a cumplir los cuatro años de edad. En marzo de 1792, María Luísa proporcionó a la dinastía un nuevo infante, Felipe María, que fallecería antes de que se llegase a su segundo aniversario. Hubo un aborto de la reina en esos dos años de vida de Felipe María y nueve días después de que se muriese ese infante, la soberana dió a luz a Francisco de Paula, el protagonista de nuestro tema. Hubo dos embarazos posteriores al que desembocó en el natalicio de Francisco de Paula, pero los dos concluyeron en abortos.

En conjunto, María Luísa concibió veinticuatro veces. Hubo diez abortos, catorce partos y al final de su existencia dejó en vida cinco hijos. El balance es, cuando menos, escalofriante. Ninguna mujer podía seguir fresca y lozana después de esa concatenación de embarazos, con abortos y partos alternándose entre sí. No cabe duda de que su salud y su aspecto físico se resintieron gravemente de semejante historial obstétrico.


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 Asunto: Re: FRANCISCO DE PAULA
NotaPublicado: 19 Sep 2010 22:47 
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Cuando nació Francisco de Paula Antonio, la reputación de María Luísa ya estaba absolutamente cubierta de fango. Pero, para situar las cosas en una perspectiva un tanto neutra acerca de esa mujer, hay que admitir que nadie había cuestioando abiertamente su virtud ni su fidelidad conyugal hasta el año 1782. Si recordamos que María Luísa de Parma se había casado con Carlos, luego Carlos IV, en 1765, obtenemos el dato de que en 1782 llevaba diecisete años de vida conyugal, en los que había tenido una larga ristra de embarazos de los que habían llegado a feliz término seis. De María Luísa se sabía que apreciaba mucho el aspecto lúdico de la vida, algo que contrastaba dolorosamente con el recio aburrimiento que preconizaba la corte de su suegro Carlos III. La princesa había demostrado afición por las veladas musicales y los bailes; lo mismo la atraían las verbenas populares que las fiestas palaciegas. Pero pocas oportunidades tenía, en realidad, de divertirse; su abúlico marido le hubiese permitido esas frivolidades, pero el suegro no pasaba ni media.

Eso precisamente fue lo que adujo María Luísa en su defensa cuando se la acusó de mantener relaciones adúlteras con un oficial de la guardia de corps llamado Diego en el año 1782. El rumor no surgió de manera natural y espontánea; de hecho, parece haber tenido su origen en el conde de Aranda. Aranda era un prohombre aragonés, en opinión de Carlos III extremadamente capaz pero terco como una mula; había desempeñado durante años el cargo de embajador ante la corte de Francia y de ahí procedían sus acusadas tendencias francófilas. En un momento determinado, Aranda se creyó capaz de reemplazar al frente del gobierno de España a su adversario político Floridablanca. La esposa de Aranda buscó la simpatía de la princesa de Asturias, María Luísa, pues se sabía que ni ésta ni por contagio su marido eran especialmente afectos a Floridablanca; posiblemente María Luísa cometió el faux pas de mostrarse lo suficientemente comprensiva y simpática para que la mujer de Aranda la considerase de acuerdo con la tesis de su marido de que había llegado el momento de que éste se presentase en Madrid, arrebatase el poder a Floridablanca y forzase la renuncia de Carlos III en favor de Carlos IV. Pero María Luísa no als tenía todas consigo respecto a un éxito del partido aragonés dirigido por Aranda: acto seguido, convenció a su marido Carlos de que se mantuviese leal a Carlos III y respaldase a Floridablanca en detrimento de Aranda a pesar de que no les entusiasmase Floridablanca. Lógicamente, Carlos III montó en cólera al salir a la luz aquella enrevesada historia. Los príncipes de Asturias hubieron de justificarse. Aranda se quedó, por decirlo en términos coloquiales, con el culo al aire; le retiraron su embajada en Francia, algo de lo que se sentía tan rematadamente orgulloso, a la vez que se vió sin ninguna opción de sustituír a Floridablanca ni a corto ni a medio plazo. El sentimiento de agravio de Aranda fue ciertamente profundo e intenso. Se suele creer que él mismo o gente muy allegada a él respondieron a la situación poniendo a hoja de perejil a María Luísa, lo que, de paso, rebotaba en el prestigio personal del príncipe Carlos. Es un hecho que María Luísa se quedó absolutamente abatida y afligida por los rumores que empezaron a circular, haciéndola culpable de adulterio con un guardia de corps llamado Diego que se decía que rasgueaba de maravilla las cuerdas de una guitarra; se añadían a la lista de acusaciones otros posibles amoríos con el conde de Teba y con Agustín de Lancaster. La princesa, completamente agobiada por el aluvión de comentarios, redactó una carta dirigida al influyente padre Eleta, confesor del rey Carlos III. En su misiva, se declaraba inocente y calumniada; ponía a Eleta por testigo de que la vigilancia constante de Carlos III le había impedido a menudo pequeñas frivolidades que en realidad ni siquiera constituían pecados veniales, de modo que de ninguna manera hubiera encontrado ocasión de hacerle el salto a su marido.

Probablemente, María Luísa llevaba razón. Sus argumentos a Eleta son una lógica aplastante: si ni siquiera podía darse el gusto de organizar en sus aposentos cuántas veladas musicales con juegos de lotería incluídos le apeteciesen, estaba claro que no se le hubiese brindado oportunidad de enredarse en una aventura con cualquier oficial de la guardia o aristócrata menor de la corte de su suegro. Al partido aragonés le convenía echar lodo encima de María Luísa: en el mejor de los casos, estropearían las relaciones de ésta con su suegro y su marido, restándole cualquier influencia política presente o futura; en el peor de los casos, al menos se aseguraban de que la princesa parmesana fuese objeto de malévolos cotilleos durante largo tiempo, enajenándole la simpatía popular que pudiera haber logrado.


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 Asunto: Re: FRANCISCO DE PAULA
NotaPublicado: 13 Oct 2010 18:04 
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Registrado: 10 Oct 2010 04:40
Mensajes: 113
Ubicación: Buenos Aires
Lo he encontrado tan abandonado este espacio, dedicado al infante Don Francisco, que voy a tratar de completar algunas trazas de su vida, empezando por su mujer, la princesa Doña Luisa Carlota de Borbón-Dos Sicilias.

Era hermana de la Reina Gobernadora, María Cristina, que como sabemos era la cuarta esposa de Fernando VII. Era hija del Rey Francesco I de las Dos Sicilias y de la infanta María Isabel de España -hija, a su vez, de Carlos IV-.

Luisa Carlota nació en Nápoles, en 1804, y como la mayor parte de las jóvenes princesas de la época, contrajo matrimonio a muy temprana edad y por razones de estado. El 12 de junio de 1819, con tan sólo 14 años, la princesa se casó con su tío, el infante Francisco de Paula; desde entonces ostentó el título de infanta de España y fue temporalmente duquesa de Cádiz; la pareja tuvo los siguientes hijos: Francisco de Asís, Duque de Cádiez; Francisco de Asís (Rey Consorte), Isabel Fernanda, Enrique (Duque de Sevilla), Duarte, Josefa, María Teresa, Fernando, María Cristina y Amalia.

Mujer de carácter fuerte e intrigante, ejerció una influencia muy grande sobre su cuñado el Rey Fernando VII, tratando de intervenir en todas las cuestiones políticas que afectaran al futuro de la monarquía española.

Su nieta, la infanta Doña Eulalia, escribió acerca de ella en las primeras páginas de sus Memorias: “La infanta Luisa Carlota (...) había jurado reiteradamente a Don Carlos [hermano de Fernando VII] que no sería rey de España, a pesar de que el hijo segundo de Carlos IV era ya para todos el heredero natural de su hermano Fernando, que no tenía hijo varón. Fernando VII había tratado en veces repetidas de abolir la Ley Sálica para burlar a su hermano y dejar el trono a mi madre, pero Calomarde, su primer ministro, era opuesto a esto por prever sus graves consecuencias y había ya disuadido al rey de ese empeño. Tenaz en sus rencores, la bella y caprichosa Luisa, ya moribundo mi abuelo, se las ingenió para convencerlo que de firmara el Real Decreto de la abolición. Aprovechó para esto un momento en que el rey, preagónico casi y sin voluntad, estaba sólo acompañado de mi abuela, presentándole el documento que apenas podía firmar y ayudándolo con su propia mano a estampar la autoritaria firma temblorosa. Y Luisa Carlota se retiraba triunfante y nerviosa, en busca del sello real, cuando llegó junto al lecho Calomarde, advertido acaso por alguien adicto a Don Carlos. El ministro increpó acremente a mi abuela, tratando de arrebatarle de las manos el decreto, pero ella respondió con una recia bofetada (…)”.

Tras las dos bofetadas, que pasaron a la historia, con gran cortesía el ministro replicó: “Señora, manos blancas no ofenden”.

El 23 de enero de 1836, cuando Isabel tenía tan sólo cinco años, Luisa Carlota hizo firmar un escrito a su hermana, la reina regente, que, en palabras de Carmen Llorca, “revela la estupidez común a las dos”. Según este documento, Fernando VII había expresado el deseo de que sus hijas “Isabel y Luisa Fernanda de Borbón se casen con los dos hijos mayores de mi querida hermana Carlota” -Francisco y Enrique de Borbón-, y seguía diciendo que ésa era su voluntad. Tres años después, Luisa Carlota, que guardó con alma y vida el escrito original, lo sacó a relucir en su exilio parisino ante el embajador español, marqués de Miraflores.

Éste inició entonces una correspondencia sobre el particular, que hoy se conserva en el Archivo del Palacio Real. El objetivo del embajador, que transmitió a la Reina María Cristina, era controlar a la pareja formada por Luisa Carlota y su esposo el infante Francisco de Paula, dejando siempre la puerta abierta a tales enlaces. En julio de 1840, ante unas cartas muy comprometedoras de Luisa Carlota a María Cristina, ésta le deja claro que sus ideas en cuanto al matrimonio de Isabel “están reducidas a dejar a su hija en libertad para elegir el esposo que más le agrade cuando se halle en estado de hacer la elección”. Los hechos, sin embargo, nunca se corresponderían con sus palabras.

La infanta fue a todas luces una mujer ambiciosa que deseaba posicionar a alguno de sus hijos en el trono español. No obstante, su temprana muerte a los 39 años le impidió presenciar el matrimonio de su primogénito, Francisco de Asís de Borbón con su sobrina, la reina Isabel II. Su marido volvió a contraer matrimonio en 1852 y ella está enterrada en San Lorenzo de El Escorial.

_________________
Darío

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 Asunto: Re: FRANCISCO DE PAULA
NotaPublicado: 17 May 2013 16:36 
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Registrado: 05 Oct 2009 05:01
Mensajes: 11540
El compañero del foro Álex Jabonero me ha pasado un artículo muy interesante de Antonio Manuel Moral Roncal (Universidad de Alcalá) que repasa la figura del infante Francisco de Paula. Sin duda es un trabajo serio y riguroso... y desmitificador... Reconozco que de Francisco de Paula siempre he sabido lo justito, pero siempre me resultó fascinante esa imagen un tanto subersiva que yo pensaba que tenía de infante progresita y masón, un punto y aparte con respecto a la pandilla de cafres que tuvo por familia... y, siempre a la luz de lo que se puede leer en el artículo, parece que ni masón, ni liberal, ni avanzado, ni nada, más gris que un cielo encapotado, un mero peón a la sombra de sus padres, de su hermano, de su esposa y de su nuera... en fin, quizá por prudencia no llegó a los niveles de imbecilidad y corrupción de otros parientes, pero tampoco tampoco destacó especialmente en la dirección opuesta... :hehe:

Claro que siempre nos quedará la posibilidad de que Doña Minnie se digne retomar este hilo y nos ofrezca otra versión de los hechos con un perfil un poco más atractivo del infante del 2 de mayo... :whistling:


Manejar Adjuntos:
Dialnet-ElInfanteDonFranciscoDePaulaBorbon-66477.pdf [1.08 MiB]
209 veces

_________________

"Buscad la Belleza, es la única protesta que
merece la pena en este asqueroso mundo"
(R. Trecet)
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 Asunto: Re: FRANCISCO DE PAULA
NotaPublicado: 09 Dic 2018 16:54 
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Registrado: 01 Oct 2008 23:32
Mensajes: 1819
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Infantes Sebastian Gabriel y Francisco de Paula


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