Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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 Asunto: ELIZABETH I, DE BESS A GLORIANA (DINASTÍA: TUDOR)
NotaPublicado: 19 Feb 2008 20:41 
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Elizabeth Tudor, única hija del rey Henry VIII con la segunda de sus seis consortes, Anne Boleyn. Elizabeth sucedió en el trono a sus dos medio hermanos: Edward VI (hijo de la tercera reina, Jane Seymour) y Mary I (hija de la primera reina, Catherine de Aragón).

El reinado de Elizabeth se prolongó desde el día 17 de noviembre de 1558 hasta el día 24 de marzo de 1603. En total, retuvo el poder durante casi cuarenta y cinco años. Esa larga etapa se ha considerado absolutamente crucial en la consolidación de Inglaterra como una de las destacadas potencias de Europa, aparte de una época inusualmente pacífica y próspera para sus súbditos, que solían llamarla "la buena reina Bess", "la reina de las hadas" (Faerie Queen), la "reina virgen" (Virgin Queen) o, en terminos más poéticos, "Gloriana".

Y esta es su historia...


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NotaPublicado: 19 Feb 2008 20:57 
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Henry VIII, el rey "Hal".

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Anne "Nan" Bullen o Boleyn, la reina de los mil días.

Elizabeth le debió la vida a una de esas intensas pasiones que fluyen a borbotones hasta salirse del cauce marcado, arrollándolo todo a su paso. El "coup de foudre" del maduro rey Henry hacia la joven lady Anne Boleyn podía haberse convertido en una simple aventura extramatrimonial para él, de no mayor envergadura que las que había mantenido con Bessie Blount (madre de su querido hijo ilegítimo Henry Fitzroy, duque de Richmond por designio del padre) e incluso con Mary Boleyn, hermana mayor de la propia Nan.

Pero Anne, que sumaba a su turbadora presencia física una notable astucia, se las apañó para mantener en vilo a su ferviente enamorado porque no quería ser una amante de ocasión, de las que fácilmente se dejan seducir y pronto se encuentran abandonadas. Anne logró lo que parecía imposible: no sólo capturó el interés de aquel monarca, sino que lo sostuvo a lo largo del tiempo, manejando la situación con tal destreza que él se decidió a obtener a cualquier precio un divorcio de su primera mujer para poder casarse con ella.


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NotaPublicado: 23 Feb 2008 10:03 
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Anne Boleyn.

La apoteósis de Anne Boleyn se inició, en realidad, en los últimos meses del año 1532. Catherine de Aragon, la esposa de Henry, había resistido con una energía y un coraje dignos de encomio la presión a la que se ha estaba sometiendo para que accediese a una anulación "en buenos honorables términos" de su matrimonio. Ella, mujer con un notable orgullo de casta y una firme conciencia religiosa, no estaba dispuesta a admitir la invalidez de los vínculos contraídos sobre la base de que había sido primeramente esposa del hermano mayor de Henry, Arthur príncipe de Gales. Desde el punto de vista de Catherine, su unión con Arthur nunca había alcanzado la plenitud derivada de la consumación física: se había quedado viuda siendo una virgen, había llegado doncella al lecho de su posterior marido Henry. A mayores, en su momento se había tramitado una dispensa papel que permitía las segundas nupcias hubiese habido o no intimidad conyugal entre Arthur y Catherine.

Catherine, una auténtica princesa real española, no admitía componendas de ningún tipo. Su vínculo con Henry existía, sólido e indisoluble; habían tenido diversos hijos, aunque, como ella misma expresó con profunda desolación, había placido a Dios privarla de todas aquellas criaturas concebidas legítimamente dejándole únicamente una niña, la princesa Mary. Catherine había apelado al Papa, que la respaldaba claramente, y contaba con recibir el soporte de su sobrino, el emperador Carlos, aunque, en ese punto de la historia, daba la sensación de que sus apoyos inmediatos residían en el embajador español en territorio británico, Chapuys; el distinguido caballero Antonio de Guaras y, por supuesto, sus damas de compañía particularmente encariñadas con esa reina maltratada sólo porque "se había estropeado con el paso del tiempo" sin haber "producido un príncipe que concitase las esperanzas de futuro" de la dinastía Tudor.

Henry y Ana, con un largo período de vibrante cortejo a sus espaldas, decidieron avanzar pese al obstáculo que representaba la fiera determinación de Catherine. A finales de 1532, estaba previsto que el rey Henry viajase desde Dover a Calais para participar en un gran encuentro diplomático con el rey François I de Francia: se trataba de una reedición, a menor escala pero igualmente significativa, de la famosa cumbre del "Campo de la Tela de Oro" que se había verificado años atrás. Al "Campo de Oro" Henry había llevado consigo a su consorte Catherine, que había sido acogida por la reina Claudia, esposa de François, mientras los maridos de ambas concertaban alianzas destinadas a romperse a la mínima de cambio. Ahora, Henry no llevó a Catherine, confinada en el palacio de Ampthill; en cambio, llevó a la "radiante" Anne Boleyn, a quien previamente había concedido el título de "marqués de Pembroke".

La señora "marqués" había recibido, simultáneamente, extensas propiedades. Su patrimonio, hasta entonces, había consistido en dos bellas mansiones con extensas propiedades ubicadas en Middleset que el rey le había otorgado, graciosamente, unos meses atrás; pero en ese momento recibió casas con fincas en Gales, Essex, Somerset y Hertfordshire. Dicho en pocas palabras, se le había proporcionado una "posición" espléndida, clara señal de los planes de Su Majestad de seguir enalteciéndola en un futuro inmediato. En Calais, los franceses acogieron con obsequiosa cortesía a la "Dame du Roi", si bien hubo un hecho que debió irritarla un tanto: ni la segunda consorte de François, Eleonore, ni la hermana de François, la gran Marguerite d´Angouleme, habían querido asistir al evento. En el caso de Eleonore, se comprendía: se trataba de una hermana del emperador Carlos, lo que la hacía sobrina carnal de la despreciada reina Catherine. Marguerite quizá prefirió sencillamente mantenerse al margen de una situación tan incómoda en términos de protocolo.

Pero la mayoría de los estudiosos resaltan la importancia de ese viaje a Calais porque se da por cierto que Henry y Anne, quienes en teoría habían mantenido relaciones sexuales pero no una cópula completa en años, por fín consumaron plenamente, en un sentido físico, su relación. También parece muy probable que los dos contrajesen matrimonio el catorce de noviembre, al día siguiente de haber vuelto a Dover, en Inglaterra: se trataba de la festividad de San Erkenwald. La boda (dudosa boda) del rey con la marqués se mantuvo en secreto, no obstante, hasta el mes de abril de 1533: para entonces, Anne estaba embarazada de cuatro meses, lo que indicaría una concepción en territorio francés durante la famosa cumbre real.


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NotaPublicado: 23 Feb 2008 10:25 
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Representación pictórica de Henry y Anne.

Catherine recibió la funesta noticia de que "su marido" se había casado con la señora marqués de Pembroke en Ampthill. Representaba un nuevo giro de la situación, así como un duro golpe emocional para la mujer extenuada por años de lucha sin cuartel contra las pretensiones de un marido de sacársela de encima para satisfacer su capricho con otra y procrear. No obstante, Catherine no íba a retroceder ni un palmo. Le daba igual que, oficialmente, se hablase de una reina Anne, mientras a ella se le otorgaba el tratamiento de princesa viuda de Gales (que aludía a su matrimonio con Arthur). Desde su punto de vista, ese afán de los cortesanos por halagar al monarca haciéndole la rosca a la concubina en detrimento de la auténtica soberana consorte no alteraba la realidad.

Mientras Catherine permanecía en Ampthill, Henry y Anne se preparaban a conciencia para la solemnísima coronación de ésta última, que tenía que verificarse a principios de julio de 1533. Se echó mano de una verdadera fortuna para representar con un esplendor inolvidable el ascenso de la reina Anne, que había decidido emplear, como lema personal, la frase "The Most Happi" (La Más Feliz, en esa época "happy" se escribía con una i latina en vez de una y griega al final). Esa jactancia presuntuosa cuadraba con el carácter de Anne, que observaba con deleite el vestido que luciría en el evento: elaborado con pesado y valioso brocado de un encendido carmesí, cuajado de piedras preciosas, se complementaría con el manto purpúreo orlado de blanco armiño.

Ni siquiera la muerte inesperada de la hermana del rey, Marie Rose, duquesa de Suffolk, acaecida en junio de 1533, supuso un "estorbo" para los planes fastuosos de la pareja. Marie había apoyado lealmente a su cuñada Catherine, que, probablemente, lloró su defunción en Ampthill; pero Anne no pensaba estropear su momento álgido guardando luto por una difunta princesa que se le había mostrado reservada e incluso fría. En los postreros días de junio, Henry y Anne salieron en la ornamentada barca real desde el embarcadero del palacio de Greenwich hacia la Torre de Londres; allí durmieron dos noches, hasta que el uno de julio Anne fue transportada en una lujosísima procesión a Westminter, para la ceremonia de coronación. Los londinenses asistieron a los festejos maravillados por el surtido de eventos que materializaban ante sus ojos, pero, a juzgar por los testimonios de la época, con "escaso entusiasmo".


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NotaPublicado: 23 Feb 2008 10:36 
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Anne no fue una reina popular. La gente del pueblo sentía veneración por la "buena reina Catherine", que nunca había hecho nada para merecer que la apartasen tan ignominiosamente en favor de una muchachita con excesivas aspiraciones. Sobre todo las mujeres inglesas sentían una natural empatía hacia Catherine, que las hacía experimentar rechazo hacia Anne. Anne representaba el arquetipo de la "tentadora", la mujer capaz de manejar con destreza la pasión suscitada en su maduro amante para llevar a éste a desdeñar a una esposa madura, gastada por los años y los achaques de salud, en favor de una fresca damisela que prometía llenar el reino de principitos.

La inmensa mayoría lamentaba sinceramente la mala fortuna de Catherine y de la hija de Catherine, Mary, que se encontraba apartada de la madre porque su padre le había designado una gran residencia propia a cargo de la venerable marquesa de Salisbury, Margaret. Tiempo antes, Henry había declarado que su Mary constituía la "perla de su reino", aunque el monarca no amaba menos a su hijo ilegítimo Henry duque de Richmond, fruto de una aventura intrascesdente con la dama de corte Bessie Blount (después de su parto, a ella se la había casado rápidamente con el caballero Gilbert Talboys). Sin embargo, ahora, Henry vivía "con el seso sorbido" por esa "bruja de pelo negro" que era Nan Boleyn, la misma que llevaba en el vientre un bebé a quien se había querido asegurar "un nacimiento legítimo".

Por supuesto, Henry y Anne esperaban con ansiedad a "su príncipe". Pero cuando a las tres de la tarde del día siete de septiembre de 1533 concluyó la ordalía del parto para Anne la pelinegra, no había un príncipe que exhibir orgullosamente. La criatura parecía grande, saludable y bonita, pero de inconfundible sexo femenino. En vez de un Henry, tenían a una Elizabeth (las dos abuelas de la recien nacida se llamaban Elizabeth, tanto la difunta madre del monarca, Elizabeth de York, como la madre de Anne, Elizabeth Howard Boleyn).


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NotaPublicado: 23 Feb 2008 11:17 
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Elizabeth, "Bess", fue el primer fracaso de Anne Boleyn. Su turbadora presencia, su magnetismo sexual y su astucia la habían llevado a la posición de reina, pero, en última instancia, esa posición dependía por entero de que complaciese a un esposo que esperaba, por encima de cualquier otra cosa en el mundo, un hijo varón. Cierto que Anne había probado que se embarazaba con pasmosa facilidad, completaba su período gestacional y daba a luz una criatura viva, por lo que se le podía dar "un margen de tiempo" para que produjese el ansiado heredero. Sin embargo, por el momento, sólo había una niñita.

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Anne Boleyn.

Cierto que la niñita desplazó de inmediato a su hermanastra mayor, Mary. Henry seguía furioso con Catherine porque ésta, trasladada para entonces de Ampthill a Buckden en Lincolnshire, no se doblegaba; quien pagaba los platos rotos era la jovencísima Mary. Para aquella criatura que había crecido sintiéndose la niña de los ojos de su egregio progenitor y recibiendo la tierna solicitud de su distinguida madre, tuvo que suponer un auténtica conmoción el cambio que se había producido en su vida. Otrora se habían negociado para ella brillantísimos matrimonios, con el delfín francés hijo de François y su reina Claudia, con el mismísimo emperador hijo de Felipe el Hermoso de Habsburgo y Juana I de Castilla; otrora también se habían empleado en los documentos oficiales el título de Mary, príncipe de Gales, cuando se la había mandado a Ludlow a presidir una mansión digna de la presumible heredera del reino. Y sin embargo, en ese momento, la Ley de Sucesión recientemente promulgada la había privado de su título de princesa: como hija "natural legitimada" del rey, fruto de un matrimonio contraído "de bona fides" pero declarado "inválido", se la reducía a la categoría de lady Mary. Simultáneamente, su medio hermana Elizabeth, el fruto de la escandalosa relación de Henry con la que se hacía llamar reina Anne "The Most Happi", se alzaba al rango de única princesa real.

En pocas palabras: se humilló a Mary. Y esa humillación partió de la voluntad decidida de Anne Boleyn, ofendida porque la hija de Catherine tomaba partido claramente por Catherine (algo absolutamente natural, desde luego). Guste o no guste Anne Boleyn como personaje histórico, se puede entender su lucha a cara de perro con la reina Catherine de Aragon: las dos ansiaban el mismo hombre y compartir con él un trono, así que se combatían con denuedo la una a la otra. Pero resulta un episodio ominoso en la vida de Anne el tratamiento ruín y vengativo hacia la joven Mary, que no hacía nada excepto manifestar una conmovedora fidelidad hacia Catherine.

Mary sufrió hasta el punto de enfermar físicamente cuando se le informó de que su casa, símbolo del rango que había ostentado, se había disuelto, clara señal de que se había devaluado en términos dinásticos; debía, por lo tanto, integrarse en la casa de la princesa Elizabeth, que se hallaba puesta bajo la tutela de lady Bryant. A Mary, de diecisiete años, se le clavó una daga en el corazón en el momento en que se le dijo que debía "presentar sus respetos" a la bebé pelirroja, recien destetada, que era su medio hermana: con lágrimas rodando por sus mejillas, musitó que no conocía ninguna princesa en Inglaterra excepto a sí misma. La respuesta no agradó a Henry y enojó a Anne.

Por supuesto, Elizabeth era todavía ajena a esas penosas circunstancias familiares. Su padre había roto con el Papado, negando la supremacía de Roma y erigiéndose en cabeza de la Iglesia Anglicana; su madre Anne surgía como una poderosa valedora de la reforma religiosa, frente a la antigüa tradición católica romana que encarnaba la reina Catherine ya desplazada de Buckden a Kimbolton, en Huntingdon. Su medio hermana Mary padecía las consecuencias de un traumático divorcio. Su medio hermano Richmond, casado con lady Mary Howard, hija del ambicioso duque de Norfolk, se consumía por la tisis. Pero ella, Bess, se mantenía, por su corta edad, en una dichosa ignorancia de lo que acontecía en su entorno. Eso le permitió no vislumbrar, asimismo, la paulatina caída en desgracia de Anne Boleyn, la mujer que la había llevado en el vientre y la había puesto en el mundo.


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NotaPublicado: 01 Mar 2008 11:16 
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Anne Boleyn, prisionera en la Torre.

La muerte de la confinada reina Catherine, acaecida en Kimbolton el 7 de enero de 1536, no mejoraría en absoluto la posición de la reina Anne Boleyn. Catherine había fallecido en los brazos de su fiel amiga María de Salinas, por matrimonio lady Willoughby, quien había utilizado un ardid para lograr acceso a ese castillo fortificado que era Kimbolton porque sabía que su señora se hallaba en fase terminal. Antes de morir, Catherine había tenido suficiente coraje para remitir una carta a Henry, exhortándole a volver al seno de la Iglesia antes que se perdiese su alma inmortal, encomendándole a la hija de ambos -Mary- y pidiendo amparo para los miembros de su casa; en un aspecto más personal e íntimo, esa última misiva de la infeliz mujer constituye una declaración de amor hacia el esposo que la había tratado de manera tan ignominiosa: sus ojos, afirmaba ella, le deseaban (ver a él) sobre todas las cosas.

Henry y Anne tuvieron un feísimo detalle al conocer la noticia de que Catherine se había muerto. Ambos se vistieron de amarillo, un color asociado al luto en la corte española, en lo que representaba una burla sutil hacia la familia de origen de la difunta; hubo un amplio surtido de festejos en la corte, porque, a fín de cuentas, "sólo se había perdido una princesa viuda de Gales demasiado renuente y problemática". Como es de imaginar, esa actitud provocativa de Henry y Anne no contribuyó a mejorar las relaciones con la "ex" princesa Mary, que se aferró a la idea de que la muerte de su madre no confería mayor legitimidad a "la concubina" del rey.

En última instancia, ése era el problema fundamental en lo concerniente a Anne Boleyn. Quienes aún se mantenían dentro de la línea de pensamiento tradicional, con un fuerte acervo de catolicismo, lamentaban la ruptura que había protagonizado el monarca con la iglesia romana y seguían confiando en una conciliación. A sus ojos, el fallecimiento de Catherine (la buena reina) no validaba el matrimonio contraído en vida de ésta por Henry y Anne. A cambio, admitían que el rey, ahora viudo, debía buscarse una esposa de estirpe regia, que le permitiese obtener los ansiados hijos dentro de un marco doméstico "honorable". En aquella época en que no existía una opinión pública conformada por los medios, la mayoría de los ingleses coincidían en esa apreciación básica. Anne seguía siendo la bruja pelinegra y la ramera, su conducta hacia la buena reina y la inocente princesa mayor no habían mejorado sino que habían empeorado la percepción del común de los mortales.

La seguridad de Anne dependía, y ella era consciente de ello, de que proveyese un heredero varón. El rey podía mostrarse afectuoso con Elizabeth (Madame Isabeau, la llamaban los diplomáticos extranjeros que solían usar el francés), pero igual que se había mostrado encandilado durante largos años con Mary. En última instancia, sin embargo, ninguna de las dos niñas cumplía con sus expectativas dinásticas. Podía engendrar un varón: el joven duque de Richmond Henry Fitzroy lo probaba. Pero ninguna de sus mujeres parecía capaz de concebir, llevar a término y conservar un varón. La culpa siempre recaía en ellas, pues.

Anne dependía de su suerte por entero. No gozaba de una base de poder sólida. Al contrario que la difunta Catherine, no provenía de un linaje real, no tenía ningún sobrino emperador ni numerosos parientes estratégicamente situados en distintas cortes de la época. Los Bolena eran advenedizos entre la nobleza de las islas; los Howard, la familia materna de Anne, ocupaban una posición ciertamente muy superior en el escalafón de las casas notables, pero el tío Thomas Howard, duque de Norfolk, no estaba en felices términos con su sobrina Anne. En opinión de Thomas, Anne había sido demasiado engreída, demasiado jactanciosa y demasiado prepotente; además, en otro sentido, el duque había casado a una de sus hijas, Mary Howard, con Henry Fitzroy, el hijo bastardo de Henry.

La soledad de Anne acabó siendo patética a medida que perdía las opciones de traer un hijo sano al mundo: un mal parto prematuro, o quizá aborto en fase muy avanzada, de un varón, el 29 de enero de 1536, apenas veintidós días después del fallecimiento de Catherine, selló el destino de la Boleyn. Henry no se mostró en absoluto conmovido por la desgracia que se había abatido sobre Anne: antes al contrario, declaró, en tono onimoso, que ella no tendría más hijos de él. A esas alturas, ya estaba cortejando con ahínco a la joven lady Jane Seymour, un absoluto contraste con Anne Boleyn: Jane era delicada, suave, dócil, mansa, sumisa, tierna y piadosa. Jane representaba un nuevo ideal femenino para un rey de edad avanzada, ya achacoso y cansado de su tormentosa relación con una reina por la que se lo había jugado todo pero de quien no había conseguido un príncipe de Gales.


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NotaPublicado: 01 Mar 2008 11:27 
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Anne fue arrestada y conducida a la Torre de Londres (en concreto a la Torre Beauchamp, una de las veintitrés que ornaban el gran edificio de piedra oscura) el 2 de mayo de 1536. Antes que ella, se había detenido a una serie de hombres de su entorno inmediato o que habían parecido estar demasiado cerca: su hermano George Boleyn, vizconde Rochford; los caballeros sir Henry Norris y sir Francis Weston; el gentilhombre de la cámara del rey William Brereton y la primera persona que había caído en la gran celada organizada, Mark Smeaton, un músico de origen flamenco. Mark Smeaton fue el primero en sufrir terribles interrogatorios que incluían tortura; William Brereton le siguió por ese amargo camino. A George Boleyn, Norris y Weston, presumiblemente, no se les torturó, pero sí se les interrogó con verdadera saña.

Thomas Cromwell, el poderoso secretario de Estado, cuyo ascenso se había debido en parte a su cercanía a Anne Boleyn, sirvió ahora, para mantener su posición privilegiada junto a Henry, de instrumento en la causa que se abrió contra la dama. Para quitársela de enmedio (al rey le urgía librarse de ella y casarse con Jane Seymour) no valían acusaciones de poco fuste. Había que infamarla por completo, dejarla hecha jirones ante el mundo entero. El cargo de adulterio se mezclaba con el cargo de incesto: teóricamente, George y Anne habían intercambiado comentarios sobre la "impotencia" del rey, buscando solución en la idea de concebir ellos un bebé que se haría pasar por el tan deseado príncipe. Había una obvia implicación: alta traición. Acostarse con la mujer del rey constituía alta traición. Querer introducir en el palacio un hijo falso del rey constituía alta traición.

A todos se les declaró culpables y todos fueron ejecutados. Anne Boleyn perdió, literalmente, su cabeza, el 19 de mayo de 1536.


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NotaPublicado: 01 Mar 2008 11:54 
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Así, con la cabeza de la Boleyn puesta sobre el tajo para que el verdugo le cortase el cuello con una bien afilada espada (toda una concesión, ya que por lo general se empleaba el hacha), finalizó el "gran romance" protagonizado por Henry y Anne:

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Henry.

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Anne.

Del colapso absoluto y brutal desenlace de la relación, sólo quedaba una niña, Elizabeth, a quien le faltaban cuatro meses para cumplir tres años de edad cuando su madre se halló públicamente deshonrada, privada de su rango, sentenciada a morir decapitada y, últimamente, decapitada. Elizabeth íba a ser la gran víctima de la situación: si el rey Henry no había dudado en proclamar a su princesa Mary una hija natural, fruto de un matrimonio inválido con Catherine de Aragon, ahora también Elizabeth se vió reducida de categoría. Ya no se trataba de la princesa Elizabeth, sino de lady Elizabeth, otra hija natural del rey.

Lady Bryan, el ama de la pequeña Elizabeth, resumió en pocas palabras el shock de todos los que componían la casa de la niña: "¿Cómo puede ser? Hasta ayer, la princesa Elizabeth, y hoy, nada excepto lady Elizabeth". Evidentemente, "podía ser" porque Henry, que no esperó a que se enfriase el cadáver de Anne para casarse con Jane Seymour, no quería que ninguna de sus hijas de los previos matrimonios hiciese sombra a los numerosísimos hijos con que, seguramente, Dios bendiciría esa boda sobre cuya validez no habría duda alguna (la propia madre de Jane, Margery Wentworth, una lejana descendiente del rey Edward III, había tenido diez hijos, lo que se tenía por un excelente augurio acerca de la fertilidad de la flamante reina de la casa Seymour).


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NotaPublicado: 01 Mar 2008 12:06 
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Para "lady Mary" y "lady Elizabeth" se había iniciado la larga época de las madrastras. Por sus vidas pasaría una colección de esposas de su padre:

JANE SEYMOUR
Lema personal: "Obligada a obedecer y servir".

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ANNE DE CLEVES
Lema personal: "Dios me envió para cumplir el bien".

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CATHERINE HOWARD
Lema personal: "Ninguna otra voluntad que la suya".

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KATHERINE PARR
Lema personal: "Ser útil en todo lo que hago".

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Última edición por Minnie el 18 Mar 2008 19:36, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: 15 Mar 2008 11:02 
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Elisabeth a los 14 años,
Observad que prodigio de vestido lleva, para a época.

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NotaPublicado: 16 Mar 2008 10:31 
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Ubicación: ESPAÑA
Ana Bolena

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Precioso el dibujo

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